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Familia Sa-Fa

La “Familia Sa-Fa” está formada por el Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia y las personas y asociaciones que comparten su espiritualidad y su misión en distintos grados de participación y compromiso.

La Iglesia Pueblo de Dios y la Iglesia-comunión impulsada por el Concilio Vaticano II ha sido el punto clave para el desarrollo de un proceso de valoración de cada una de las vocaciones y la complementariedad entre ellas.

La Exhortación Christifideles Laici de Juan Pablo II invitó a participar en los diversos carismas : « Los carismas se conceden a la persona concreta; pero pueden ser participados también por otros y, de este modo, se continúan en el tiempo como viva y preciosa herencia, que genera una particular afinidad espiritual entre las personas”. “Los dones del Espíritu Santo exigen —según la lógica de la originaria donación de la que proceden— que cuantos los han recibido, los ejerzan para el crecimiento de toda la Iglesia, como lo recuerda el Concilio » (nº 24).

La incorporación de seglares a las obras educativas y catequéticas del Instituto ha generado un proceso para asumir progresivamente responsabilidades en la misión y un sentimiento de pertenencia a la institución en muchos seglares. Aunque a veces este sentimiento no esté bien definido, se percibe en la adhesión a los elementos distintivos del Instituto como son: los símbolos, las fiestas, los lemas, el estilo de relación y gestión, el proyecto educativo, etc.… Una expresión muy significativa que se está empleando desde hace unos años es la de “misión común”. En efecto, cada miembro de la familia Sa-Fa, cada grupo y asociación, está contribuyendo a la misión que comparte con los otros desde sus posibilidades y características propias.

Algunos seglares cercanos a las Comunidades de Hermanos han mostrado interés por vivir la espiritualidad propia del Instituto. Ésta atracción por la espiritualidad se ha desarrollado a medida que han conocido aspectos más concretos de la misma y más cercanos a su propio estado de vida. El interés despertado por la espiritualidad se ha ido consolidando en un conocimiento y en una vivencia de la misma.

Las Constituciones de los Hermanos de la Sagrada Familia de 2007 hacen esta constatación: “Los Hermanos acogen como un don del Espíritu Santo el interés mostrado por algunas personas y grupos hacia su carisma. Ven en ello una llamada a vivir la comunión eclesial en la complementariedad de las vocaciones. Su carisma puede ser compartido con los laicos y sacerdotes, invitados a participar, en diversas formas, de la espiritualidad y de la misión del Instituto”.

El Hno. Gabriel Taborin es el punto común de referencia en cuanto Fundador del Instituto, al que puso bajo el patrocinio de la Sagrada Familia e indicó el “espíritu de familia” como estilo de vida. Quienes comparten el carisma del Hno. Gabriel encuentran en la Sagrada Familia la inspiración para su vida y acción.

En la Iglesia se encuentran grupos de Institutos religiosos y otras asociaciones que hacen referencia a un mismo carisma. Algunas veces se ha dado a estos grupos en nombre de “familias carismáticas” y tienen experiencias positivas. Ha habido también un esfuerzo por relacionarse con las congregaciones de la Sagrada Familia y recientemente con los Institutos de Hermanos con encuentros y reuniones periódicas que están dando buenos resultados. Este grupo se llama “Tutti Fratelli” y tiene su propia organización.

La constatación de que hoy existe y se desarrolla la Familia Sa-Fa es motivo de agradecimiento y compromiso. Agradecimiento porque “Los carismas han de ser acogidos con gratitud, tanto por parte de quien los recibe, como por parte de todos en la Iglesia” (Ch L 24). La misma Iglesia está impulsando en la actualidad el compromiso de la evangelización y el desplazamiento hacia las periferias. “El Espíritu Santo también enriquece a toda la Iglesia evangelizadora con distintos carismas. Son dones para renovar y edificar la Iglesia. No son un patrimonio cerrado, entregado a un grupo para que lo custodie; más bien son regalos del Espíritu integrados en el cuerpo eclesial, atraídos hacia el centro que es Cristo, desde donde se encauzan en un impulso evangelizador. Un signo claro de la autenticidad de un carisma es su eclesialidad” (E G 130). El horizonte último es la construcción de la fraternidad universal (Cf Jn. 11, Fratelli tutti)

Corresponde a la Familia Sa-Fa impulsar su propia vitalidad espiritual mediante el “espíritu de la familia, la fraternidad, la comunión eclesial y la formación para la misión.

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