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Una Pascua de servicio

Este año las comunidades de tercero y cuarto de carrera de la pastoral de Sa-Fa Madrid hemos tenido la suerte de vivir la Pascua en la Casa de la Misericordia (en Alcuéscar, Cáceres). Es una casa regentada por la congregación de los Esclavos de María y de los Pobres, que tiene como misión acoger a personas que necesitan un lugar donde vivir y ser atendidos acorde a sus necesidades.

En general, las personas acogidas provienen de contextos complicados. Muchos padecen alguna discapacidad o enfermedad que limita su independencia, otros tienen situaciones familiares difíciles y no tienen a nadie se haga cargo de ellos… En definitiva, son personas que han tenido vidas complicadas y ahora viven sus últimos años en esta casa, en un régimen muy similar al de cualquier residencia de ancianos.

Nuestra labor allí ha consistido en acompañar a los residentes, haciendo juegos y actividades (nos hemos hecho expertos en la petanca, el bingo, las canciones…) y ayudando al personal de la residencia con sus tareas diarias. También hemos podido compartir con ellos los oficios, el viacrucis y la Vigilia Pascual. Por otro lado, hemos tenido nuestros momentos de oración y de compartir entre nosotros que nos han ayudado a dar sentido a estos días y vivirlos con mayor profundidad.

Han sido unos días realmente bonitos que nos han permitido profundizar en el verdadero sentido del acompañamiento. Hemos aprendido que, muchas veces, no es necesario hacer mucho ni encontrar las palabras adecuadas: basta con estar, con permanecer al lado del que sufre, para que no se sienta solo. Y esta misma filosofía nos ha servido también para acompañar a Cristo en su paso por la cruz.

Volvemos a Madrid con el corazón lleno y muy agradecidos a Dios por las vidas de los residentes, de los sacerdotes y de los trabajadores. En sus rostros hemos podido reconocer el silencio y el dolor de la pasión de Cristo, pero sobre todo la alegría y la esperanza de la resurrección. Gracias, Señor, por habernos llevado a esta casa, donde tu amor es tan puro y tangible. Allí hemos podido experimentar con más claridad que nunca que Dios es amor. Nos llevamos una lección de vida y una experiencia que recordaremos toda la vida.