El Monasterio de La Canal es un lugar de encuentro, con Dios y con las personas que dan vida a ese lugar. Desde Merche que está para todo lo que necesite quien sea y cuando sea, como Gelo que aporta su conocimiento infinito sobre Dios y su ejemplo de fe inquebrantable, hasta los cocineros que en silencio y sin recibir halagos no salen de la cocina con tal de que el resto de personas coman cuando quieran y puedan. En La Canal tienen una forma muy característica de vivir y celebrar la Pascua, muy sentida, de entrega al prójimo y diferente en cada una de las personas que año tras año se acercan a vivirla allí, por algo será.
Y es que lo más destacable de allí no es su preciosa localización en los valles pasiegos o que tan curiosas sean sus canciones, sino la gente tan distinta que se junta allí de todos los lugares se España a vivir la Pascua. Familias enteras con sus hijos y adolescentes, parejas, jóvenes, de allí cerca, del centro peninsular, sur e incluso de las islas baleares todos ellos hacen de la pascua única. Todos participan ayudan y relatan historias de cómo en su vida La Canal también ha sido un punto de encuentro personal y con Dios, cambios y evoluciones, alguno incluso llegó con apenas meses y ahora le quedan unos pocos más para ser adulto. Vivir la Pascua en el monasterio de La Canal es vivir una pascua en familia, la que tienen allí formada y que te abren los brazos a entrar y una Pascua servicial ya que como buena familia, al igual que en Nazaret, cada uno aporta para todos sus manos y tiempo para que salga adelante cada año.
Víctor Fernández Blázquez

