“Cada uno, como buen administrador de la multiforme gracia de Dios, ponga al servicio de los demás el carisma recibido” 1ª Pe 4, 10.

 

Estimados Hermanos, miembros de las Fraternidades Nazarenas, Aspirantes a Hermanos, Comunidades Educativas, Comunidades cristianas, Catequistas y amigos de la Familia Sa-Fa:

El mes de noviembre nos trae la cita obligada con nuestro Fundador, el Venerable Hermano Gabriel Taborin. Estamos convocados de nuevo a celebrar el día 24 el aniversario de su paso al cielo. Este año además, se celebra el 220 aniversario de su nacimiento (1 de noviembre de 1799). Hagamos que esta celebración nos acerque a su persona y nos haga ver en él un testigo de fe inquebrantable, de fidelidad a su vocación y de generosidad en la misión evangelizadora.

Esta mirada a su testimonio de fe, de respuesta vocacional y de misión la situamos en continuidad con el mes misionero extraordinario que ha vivido la Iglesia el pasado mes de octubre. Una llamada dirigida a los cristianos para despertar el anhelo de Jesús por llevar a todo el mundo el mensaje del Evangelio.

Como Familia Sa-Fa además, somos invitados a vivir y anunciar la alegría del Evangelio. Nuestro reciente Capítulo General nos pide transparentar la razón profunda de nuestra alegría que nace del encuentro personal con Jesucristo y poner los dones recibidos al servicio de la misión. Descubrir esos dones debe suscitar en nosotros la alegría, y esta alegría nos llevará a la misión.

El depositario de nuestro carisma fue el Vble. Hermano Gabriel. Este don de gracia personal ha pasado a ser don compartido por muchos. Así, la vocación personal se convierte a su vez en convocación a una familia carismática. Desde esta perspectiva, toda la Familia Sa-Fa se hace corresponsable de comunicar este don a los hombres: “Cada uno, como buen administrador de la multiforme gracia de Dios, ponga al servicio de los demás el carisma recibido”.

Os invito a fijarnos en dos momentos especiales que el Hermano Gabriel recordaba con gran alegría. Dos experiencias que nos pueden ayudar a enfocar nuestra respuesta de vida y de misión.

“Me resultaría difícil describir la alegría interior que experimenté”

El Vble. Hno. Gabriel escribió esta frase cuando recordó su toma de hábito en la iglesia de Les Bouchoux, hecha con otros cinco compañeros en presencia del párroco y de unas ocho mil personas. “Ese día fue sin lugar a dudas uno de los más hermosos y consoladores de mi vida” comenta en su autobiografía. De nuevo vemos este especial gozo “tuve la alegría” en el día de su Profesión Perpetua en Belmont, ante Monseñor Devie. Día en el que este Obispo le dio el cargo de Superior: “Fue un día memorable para mí”.

En estas ceremonias el Vble. Hno. Gabriel estaba cumpliendo el sueño que tenía de consagrarse a Dios, de entregarle su vida para hacer su voluntad. No es solo el sueño humano de haber llegado a una meta final sino el comienzo de un gran deseo: dar su vida a Dios. El Hno. Gabriel no trazó un plan para su vida, se dejó guiar por un sueño, como tantos hombres y mujeres que han cambiado la Iglesia y el mundo.

Este sueño se hizo camino guiado por la fe que fue madurando con numerosas pruebas, que en vez de desanimarle, le impulsaron a vivir de una forma coherente y a asumir los riesgos de aceptar los caminos del Señor. Difícilmente lo podría haber conseguido solo, siempre estuvo abierto a la ayuda de las mediaciones de hombres de Iglesia y de los propios Hermanos. Su sueño se realizó en comunidad.

Todos nosotros hemos vivido un itinerario de fe que posiblemente tenga rasgos parecidos a los pasos dados por el Hno. Gabriel. Ante nuestra propia fe podemos conformarnos con estar etiquetados como cristianos o bien podemos vivir una fe comprometida y generadora de vida. A veces nos abandonamos a otros dioses o a actitudes cómodas que tienen poco que ver con las exigencias del Evangelio. Vivir la fe cristiana implica relación con Jesús y con Dios pero también con la comunidad cristiana. Descubrir la fe para quien aún está lejos supone abrir la puerta a la relación con Jesús, o al menos dejarse encontrar por su Palabra.

Haciendo memoria de nuestra vida, tratemos de fijar la atención en aquello que nos hizo feliz, que nos llenó de ilusión y fuerza para seguir la vida. Preguntémonos porqué, qué había en el fondo de aquel momento y tratemos de resituarlo en el contexto de lo que quiero que sea mi vida. Que el testimonio de fe y de vida del Vble. Hno. Gabriel nos lleve a encontrar nuestra respuesta personal a las llamadas del Señor.

Me entregaba a ese santo ministerio con gran alegría”

Desde 1826 a 1829 el Hno. Gabriel vivió la experiencia de catequista itinerante en Châtillon-les-Dombes, Brénod y Hauteville… y de ese momento recuerda “me entregaba a ese ministerio con gran alegría”. El modo de realizar y de entender la misión del Hno. Gabriel manifestaba su fecunda vida espiritual. Su misión no era un trabajo sino una vocación. La totalidad de su vida estaba enfocada a la misión como última razón de su entrega a Cristo. Esto llenó su vida.

 

La misión del Hno. Gabriel presenta algunas características que iluminan nuestra propia misión. Destacaría dos de ellas entre otras muchas posibles: su entrega generosa y poner en el centro a la persona.

La preocupación por realizar bien la misión le llevó a dar su tiempo sin límites, a no escatimar esfuerzos, a cuidar las relaciones, a ser creativo… esto es, a vivir la misión con generosidad, con pasión. La monotonía, el profesionalismo o las exigencias de nuestra misión nos pueden llevar a perder la ilusión, a actuar sin convicciones o a entrar en un camino de negatividad. Mirar al Hno. Gabriel nos hace descubrir el valor de poner el objetivo en el otro: pensar en su necesidad, buscar su bien; en palabras de nuestro Capítulo “Vivir tu vocación con generosidad, audacia y creatividad”.

Su sensibilidad espiritual y las experiencias personales negativas que vivió en algunos momentos de su educación le llevaron a poner mucho cuidado en el trato amable y atento a los destinatarios de la misión. Sus escritos pedagógicos son muestra de poner por encima de todo la atención al niño o al adulto a quien pretende educar o formar. Igualmente sus cartas dejan ver su sensibilidad humana siempre orientada hacia un bien mayor. También nosotros hemos sido invitados por nuestro último Capítulo General “al cuidado integral de la persona…. dando respuestas a las necesidades reales de cada persona y a apreciar en cada uno la riqueza de la diversidad…”. Nuestro carisma nazareno nos pide esta pedagogía de la cercanía.

Con motivo de esta Fiesta, vivamos la espiritualidad de la alegría y la gratitud de quiénes nos sentimos amados por Dios. Vivamos con coherencia y compromiso nuestra fe. Vivamos nuestra misión con generosidad poniendo en el centro a la persona. La alegría compartida y celebrada, reconcilia y crea fraternidad. Feliz Fiesta a todos.

Roma, 5 de noviembre 2019

H. Francisco Javier Hernando de Frutos AG