Proponemos como motivo de esta novena algunas expresiones del documento con el que el Papa Francisco instituyó el ministerio laico de catequista. La catequesis está en el centro de la misión del Instituto fundado por el Hermano Gabriel Taborin y la Familia Sa-Fa. A lo largo de estos días encontraremos algunos ecos de su testimonio personal y en sus escritos.

 Día 16

“El ministerio de Catequista en la Iglesia es muy antiguo. Entre los teólogos es opinión común que los primeros ejemplos se encuentran ya en los escritos del Nuevo Testamento. El servicio de la enseñanza encuentra su primera forma germinal en los “maestros”, a los que el Apóstol hace referencia al escribir a la comunidad de Corinto: «Dios dispuso a cada uno en la Iglesia así: en primer lugar están los apóstoles; en segundo lugar, los profetas, y en tercer lugar, los maestros » (1 Co 12,28-31) (Antiquum ministerium 1).

Palabras del Hno. Gabriel T.: “La pequeña Asociación de Hermanos de la instrucción cristiana, conocida con el nombre de Hermanos de la Sagrada Familia, tiene como finalidad dedicarse a toda clase de buenas obras, pero su objetivo principal es secundar a los señores curas del campo y de la ciudad en calidad de maestros en las escuelas parroquiales, catequistas, ayudantes del culto, cantores y sacristanes” (Guía 1839, Estatutos 1).

Oración para cada día
Dios Padre nuestro, que has suscitado en la Iglesia
al Venerable Hermano Gabriel Taborin
para promover la educación cristiana,
la catequesis y la animación litúrgica,
concédenos que, compartiendo su carisma,
sepamos cumplir hoy nuestra misión
para bien de la familia y de la sociedad
con la fuerza de tu Espíritu.
Y, si es tu voluntad,
haz que sea inscrito en el número de los santos,
concediéndonos por su intercesión la gracia que necesitamos…
(mencionar los nombres de las personas por las que se desea rezar)
Te lo pedimos insistentemente por nuestro Señor Jesucristo. Amén

Día 17

“Desde sus orígenes, la comunidad cristiana ha experimentado una amplia forma de ministerialidad que se ha concretado en el servicio de hombres y mujeres que, obedientes a la acción del Espíritu Santo, han dedicado su vida a la edificación de la Iglesia. Los carismas, que el Espíritu nunca ha dejado de infundir en los bautizados, encontraron en algunos momentos una forma visible y tangible de servicio directo a la comunidad cristiana” (AM 2).

Palabras del Hno. Gabriel T.: “Le dije últimamente, Monseñor, el atractivo particular que siempre sentí para catequizar y exhortar a la juventud y a los fieles” (Carta del Hno. Gabriel a Mons Billiet 09-03-1857).

Día 18

“Toda la historia de la evangelización de estos dos milenios muestra con gran evidencia lo eficaz que ha sido la misión de los catequistas. Obispos, sacerdotes y diáconos, junto con tantos consagrados, hombres y mujeres, dedicaron su vida a la enseñanza catequética a fin de que la fe fuese un apoyo válido para la existencia personal de cada ser humano. Algunos, además, reunieron en torno a sí a otros hermanos y hermanas que, compartiendo el mismo carisma, constituyeron Órdenes religiosas dedicadas completamente al servicio de la catequesis» ( A M 3).

Palabras del Hno. Gabriel T.: “No hay actividad más bella, más honrosa y más meritoria que la de catequista, si se ejerce con fe” (N Guía 892).

Día 19

“No se puede olvidar a los innumerables laicos y laicas que han participado directamente en la difusión del Evangelio a través de la enseñanza catequística. Hombres y mujeres animados por una gran fe y auténticos testigos de santidad que, en algunos casos, fueron además fundadores de Iglesias y llegaron incluso a dar su vida. También en nuestros días, muchos catequistas capaces y constantes están al frente de comunidades en diversas regiones y desempeñan una misión insustituible en la transmisión y profundización de la fe» ( A M 3).

Palabras del Hno. Gabriel T.: “El ministerio de aquél es flexible y se adapta a las necesidades de un mayor número de almas. El método de enseñanza del catequista conviene mejor que ningún otro a los niños, a las personas sencillas, ignorantes y sin posibilidad de educarse por SÍ mismas, es decir, por lo menos a las tres cuartas partes del género humano” (N Guía 893).

Día 20

“Sin ningún menoscabo a la misión propia del Obispo, que es la de ser el primer catequista en su Diócesis junto al presbiterio, con el que comparte la misma cura pastoral, y a la particular responsabilidad de los padres respecto a la formación cristiana de sus hijos, es necesario reconocer la presencia de laicos y laicas que, en virtud del propio bautismo, se sienten llamados a colaborar en el servicio de la catequesis. En nuestros días, esta presencia es aún más urgente debido a la renovada conciencia de la evangelización en el mundo contemporáneo” ( A M 5).

Palabras del Hno. Gabriel T.: “La Iglesia permite que algunos fieles piadosos y de modo especial los religiosos de las congregaciones dedicadas a la enseñanza, aunque no hayan accedido a las sagradas órdenes ni siquiera en sus grados menores, enseñen también la doctrina cristiana. Habiendo recibido, pues, la misión de parte de la legítima autoridad, también ellos enseñan en nombre de Jesucristo” (N Guía 891).

Día 21

“Despertar el entusiasmo personal de cada bautizado y reavivar la conciencia de estar llamado a realizar la propia misión en la comunidad, requiere escuchar la voz del Espíritu que nunca deja de estar presente de manera fecunda. El Espíritu llama también hoy a hombres y mujeres para que salgan al encuentro de todos los que esperan conocer la belleza, la bondad y la verdad de la fe cristiana” ( A M 5).

Palabras del Hno. Gabriel T.: “Los Hermanos catequistas estimarán más importante su función que cualquier dignidad humana y la considerarán como verdaderamente apostólica. En efecto, dar catequesis es enseñar la ciencia de la salvación, la ciencia de la religión, la ciencia de los Santos. Es enseñar lo mismo que Jesucristo vino a enseñar a la tierra. El divino Salvador es el modelo de todos los catequistas » (N Guía 891).

Día 22

La particular función desempeñada por el Catequista, en todo caso, se especifica dentro de otros servicios presentes en la comunidad cristiana. El Catequista, en efecto, está llamado en primer lugar a manifestar su competencia en el servicio pastoral de la transmisión de la fe, que se desarrolla en sus diversas etapas: desde el primer anuncio que introduce al kerygma, pasando por la enseñanza que hace tomar conciencia de la nueva vida en Cristo ( A M 6).

Palabras del Hno. Gabriel T.: (En Jeurre) “Al terminar la oración, el Hermano Gabriel con la fluidez de palabra que le era natural, contó una parábola del Padre Buenaventura, explicándola a continuación con un estilo que llegaba a los corazones. De vuelta a sus casas, los niños contaron ilusionadamente todo lo que había sucedido durante aquel día. Por su parte, aquellas personas que habían asistido a la oración de la tarde fueron por el pueblo diciendo: “No nos han mandado a un maestro sino a un misionero; ¡si le oyerais hablar!” (Hno. Federico, Vida)

Día 23

“Es conveniente que al ministerio instituido de Catequista sean llamados hombres y mujeres de profunda fe y madurez humana, que participen activamente en la vida de la comunidad cristiana, que puedan ser acogedores, generosos y vivan en comunión fraterna, que reciban la debida formación bíblica, teológica, pastoral y pedagógica para ser comunicadores atentos de la verdad de la fe, y que hayan adquirido ya una experiencia previa de catequesis” ( A M 8).

Palabras del Hno. Gabriel T.: “El buen catequista sabe explicar las cosas más sublimes con las expresiones más sencillas y es capaz de revestir con formas sensibles y ya conocidas por sus discípulos las verdades más abstractas y que están más alejadas de la percepción de los sentidos. Como el soberano Maestro, habla con frecuencia en Parábolas» (N Guía 891).

Día 24

“En consecuencia, después de haber ponderado cada aspecto, en virtud de la autoridad apostólica instituyo el ministerio laical de Catequista. Invito, pues, a las Conferencias Episcopales a hacer efectivo el ministerio de Catequista, estableciendo el necesario itinerario de formación y los criterios normativos para acceder a él” ( A M 8,9).

Palabras del Hno. Gabriel T.: “Desde la vuelta a mi diócesis de origen hasta 1829, fui enviado a varias parroquias como catequista. Me entregaba a ese santo ministerio con gran alegría y procuraba dar toda la solemnidad posible a las primeras comuniones de los niños” (Autobiografía).