“Al llegar la plenitud de los tiempos envió Dios a su Hijo nacido de una mujer para que recibiéramos la adopción de hijos”( Gal. 4.4-5).

 

Estimados Hermanos, miembros de las Fraternidades Nazarenas, Aspirantes a Hermanos, Comunidades Educativas, Comunidades cristianas, Catequistas y amigos de la Familia Sa-Fa:

 

Comienzo mi mensaje de Navidad con esta cita de la carta de San Pablo a los Gálatas que oiremos con frecuencia estos días en la liturgia navideña y que sintetiza el misterio de la Navidad. Estas palabras del apóstol Pablo resumen la teología del nacimiento de Jesús, testifican nuestra condición de hijos de Dios y enseñan cómo Dios actúa en la historia de los hombres a través de las personas y en esta ocasión mediante la colaboración creyente de la Virgen María y de San José.

Por esto mismo, en este saludo os invito a entrar en el misterio de la Navidad de la mano de los padres del Niño Jesús porque con sus respectivos síes facilitaron que “la Palabra de Dios acampara entre nosotros”. Pero entrar de la mano de María y de José en la Navidad nos obliga a situarnos en los marcos simbólicos de Belén y Nazaret, contextos naturales del misterio de la Encarnación por el que Jesús se hace presente en las realidades concretas de nuestro mundo.

Decir Belén y Nazaret equivale dar valor a lo cotidiano, a lo pequeño, a lo simple, al silencio y al anonimato. Significa saber descubrir el valor redentor de una vida sencilla con sus penas, trabajos y alegrías.  En la tradición Sa-Fa repetimos con frecuencia la invitación a encontrar en el misterio de la Encarnación “la sabiduría que nos guíe en la vida”, una excelente máxima para meditar, celebrar y vivir la Navidad de este año.

El camino de esta sabiduría exige practicar el silencio interior para estar en sintonía con el Señor; facilitar que el Niño-Dios se encarne en nuestra manera de pensar y hacer; dejarnos interrogar por su Palabra para saber orillar nuestros proyectos personales; aceptar decididamente nuestra disponibilidad para la misión;  confiar en que Dios no nos dejará solos y en poseer la valentía necesaria para aceptar el Plan de Dios en nuestras vidas. Recorrer los pasos de dicha sabiduría es una manifestación clara de nuestro carisma nazareno para saber estar en el mundo, comprenderlo, quererlo y hacer realidad nuestra fe.

Vivir con esta sabiduría especialmente en el tiempo de la Navidad es también una buena oportunidad para fortalecer nuestros vínculos familiares, renovar nuestro amor mutuo y asumir las alegrías y contratiempos que la vida nos depara. Cuidemos los unos de los otros para llegar a ser especialmente estos días signos de ternura y atención navideñas en nuestras familias, comunidades y lugares de trabajo.

Nuestra misión de educadores y catequistas nos pone en relación con muchos jóvenes y sus familias. A todos ellos tengámoslos presentes esta Navidad y confiemos al Niño-Dios todas sus esperanzas, alegrías y preocupaciones. Meditemos estos días en el misterio del nacimiento de Jesús, en los síes de María y de José; en la alegría de los pastores junto al pesebre, en la adoración de los Magos; en la huida a Egipto y en la promesa cumplida para Simeón y Ana en el templo… ¡Este es el misterio de la Navidad y la sabiduría de Nazaret!

El domingo dentro de la octava de la Navidad celebraremos la fiesta de la Sagrada Familia, un momento importante para pedir por su mediación por el bienestar humano y espiritual de todas nuestras familias. Igualmente recordemos a la Familia Sa-Fa para que sea una institución de acogida de cada uno de sus miembros; para que sea signo de esperanza para transmitir el sentido de la vida; para que sea capaz de decir sí a Dios sin conocer del todo las exigencias; para que esté preocupada por transmitir el Evangelio de Jesús; para que esté atenta al sufrimiento humano y para que podamos cantar nuestro Magníficat porque el Señor va haciendo cosas grandes a pesar de nuestra pequeñez.

El ciclo de Navidad termina con la fiesta del Bautismo del Señor, ya en pleno mes de enero, mes dedicado a la Sagrada Familia y tiempo para seguir contemplando el misterio de la Encarnación y para vivir el “espíritu de familia” que practicaron Jesús, María y José en su vida cotidiana de trabajo, amor y oración.

También del 22 al 27 de enero del 2019 tendrá lugar en Panamá la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) que -como en otras ocasiones- congregará a miles de jóvenes de los diversos continentes en un ambiente festivo, orante y celebrativo. Ofrezcamos nuestra oración por los frutos de ese encuentro y por la adecuada preparación espiritual de los que participarán en él.

Con la mirada en la Sagrada Familia recordemos que la semilla de la Navidad va haciendo en la sencillez, en la disponibilidad y en el servicio de la vida cotidiana.

Feliz Navidad y próspero Año Nuevo.

Roma, a 5 de diciembre de 2018

H. Juan Andrés Martos Moro SG