Una expresión de los Hechos de los Apóstoles orienta este método de lectura de la Palabra de Dios: «lo que Jesús vivió y enseñó» (Hech 1,1), recogida por las Constituciones: «Los Hermanos aprenden a meditar y a vivir el Evangelio a la luz del misterio de Nazaret, donde Jesús comenzó a cumplir lo que más tarde había de predicar» (Constituciones, 7). Por otra parte hay que tener siempre en cuenta el gran principio enunciado por los Padres de la Iglesia según el cual Cristo entero está presente en cada uno de sus misterios.

Un pasaje de la segunda conferencia preparada por el Hno. Esteban Baffert para el retiro de 1934 nos da la clave para una lectura del misterio de Nazaret a la luz del Evangelio y por extensión de toda la Palabra de Dios. He aquí el texto.

«La vida de familia en Nazaret, evangelio del Hermano de la Sagrada Familia.

Pero, preguntará alguno, cómo podemos meditar la vida oculta de Jesús de Nazaret y su vida de familia si no tenemos detalles sobre ella, si los evangelios son tan parcos o casi mudos en este punto. La respuesta es ésta: los treinta años de la vida oculta de Jesús pueden meditarse sirviéndose del Evangelio entero. Para estudiar, comprender, y gustar los treinta años de la vida oculta basta proyectar sobre ellos la luz de cada una de las verdades expresadas en el mensaje de los evangelios. Las verdades del Evangelio escrito son como otros tantos reflectores que iluminan los oscuros años del Evangelio vivido.

Pongamos un ejemplo. Jesús dice en el Evangelio: «Yo soy el camino, la verdad y la vida». Apliquemos esas palabras a la infancia del Salvador, a su obediencia, a su silencio, a su trabajo oscuro y penoso, a sus relaciones de sumisión, respeto y ternura con María y José. Podemos contemplar para ello un cuadro de la Sagrada Familia que represente a Jesús cumpliendo con sus deberes de respeto, afecto y obediencia hacia María y José. Oigamos, mientras nuestros ojos están fijos en la imagen, a Jesús que nos dice: «Mira, hijo, cómo me comporté con mi padre y mi madre, mira cómo los amo, los respeto y obedezco. Hago esto para mostrarte el camino y ya sabes que mi ejemplo es el único camino de salvación. Todo hombre y todo religioso que quiera ponerte en oposición a tu Superior está fuera del camino y de la verdad y, si lo sigues, caerás como él en el precipicio. Mi ejemplo de amor y de obediencia da la vida a los que me siguen. Quienes desean obrar de otro modo encuentran la muerte».

Basta un poco de reflexión para comprender que este método puede ser fecundo y que nos descubrirá muchas maravillas en un campo que a primera vista podría parecer desierto.

El resultado de la proyección de la luz del Evangelio sobre la vida oculta del Salvador es algo que puede sorprender al principio pero que la reflexión puede ayudar a comprender. El Jesús de la vida de familia y del taller de Nazaret es el mismo que predicaba en Cafarnaún y a la orillas del lago de Tiberiades. Ahora bien, Jesús no pudo predicar una doctrina distinta de lo que había vivido en Nazaret. Hay una identidad entre su comportamiento y su doctrina. Su doctrina debió ser la mejor explicación de su vida, y de modo particular de esa parte más oscura de su vida, la que vivió en Nazaret que el Espíritu Santo parece haber querido dejar que descifren las personas destinadas a estudiarla y conocerla como lo son los Hermanos de la Sagrada Familia.

Meditemos, pues, la vida oculta de Nazaret a la luz del Evangelio; aprendamos en ella, como santa Teresa del Niño Jesús, el espíritu de familia en el estilo de vida de la familia más santa que haya existido».

Estas reflexiones del Hno. Esteban Baffert señalan un camino, un método de lectura y meditación: «Los treinta años de la vida oculta de Jesús pueden meditarse sirviéndose del Evangelio entero». Naturalmente ese camino puede recorrerse también en sentido inverso, es decir, desde el misterio de Nazaret hacia los diversos pasajes de la Palabra de Dios en el Antiguo y en el Nuevo Testamento.

Es el itinerario propuesto en los apuntes de meditación «Volver a Nazaret», comprende estos pasos : – la lectura del texto, – la búsqueda del mensaje central de lo leído, – la meditación e interpretación del mensaje a la luz del misterio de Nazaret, – la reflexión sobre nuestra vida, que queda abierta al discernimiento, a la oración y a la contemplación.