Reconforta escuchar, en este tiempo de acelerados cambios y de crisis en casi todo, la propuesta del “Pacto educativo global” promovido por el Papa Francisco. Mi primera impresión es que se trata de un sueño a conquistar, no de un programa a cumplir con fechas determinadas. Es un tiempo abierto al futuro que quiere implicar y poner a trabajar a todas las fuerzas educativas en una misma dirección.

Los Hermanos de la Sagrada Familia tenemos como misión principal la educación. El Hermano Gabriel entendió la educación como una de las tareas más nobles, porque era un bien para las personas, las familias y la sociedad: “¡Qué misión más hermosa la de la educación! Estáis encargados de formar buenos miembros de las familias y de la sociedad y santos para el cielo”. (Circular 8, VIII, 1852). El paso del tiempo le ha dado la razón y nadie pone en duda el valor esencial de la educación para el crecimiento de las personas y los pueblos. En este empeño estamos las Escuelas de la Familia Sa-Fa extendidas por el mundo.

Entendemos que en el centro de la educación está la persona. A cada uno se le considera único y le debemos ofrecer motivación, cultura y formación para que saque lo mejor de sí mismo. A su vez debemos abrirle a la relación, al compromiso y a la integración en la sociedad.

A veces, cargamos el acento educativo sobre los conocimientos y la dotación de recursos intelectuales y manuales. Hoy vemos que la persona cuenta con una inteligencia emocional que le hace proyectarse y formar parte de un mundo en relaciones; relación entre personas, con la naturaleza, con la sociedad, con la trascendencia… todo está conectado. “La educación no es llenar un cubo, sino encender un fuego”  (Malafa Yousafzai, premio Nobel de la Paz 2014).

Se hace necesario alimentar el ideal de cuidar la casa común y construir la familia humana promoviendo los valores y la cultura del encuentro. En palabras del propio Pacto educativo global: “Unir esfuerzos para alcanzar una alianza educativa amplia con vistas a formar personas maduras, capaces de reconstruir el tejido relacional y crear una humanidad, más fraterna, equitativa, solidaria y sostenible”. Estos cuatro adjetivos últimos me parecen muy sugerentes para las Escuelas Sa-Fa porque conectan con nuestro Proyecto Educativo.

Los desafíos que tiene nuestro mundo nos exigen caminar juntos y unir fuerzas. Vivimos un momento histórico en el que nos sentimos en la misma barca y hemos de sumar lo mejor de cada uno en un proyecto común. Estamos invitados a ser cooperativos, corresponsables, colaboradores y comprometidos en nuestras tareas educativas. Asimismo estamos invitados a asociarnos, agruparnos y proyectarnos en sintonía con quienes perseguimos el mismo sueño.

Nada será posible sin la voluntad firme de los agentes educativos y todo será posible desde la apertura al cambio que busque dar al mundo un rostro más humano y evangélico.

Francisco Javier Hernando de Frutos. AG