El viernes 6 de agosto de 2021, en compañía de Nicla, mi sobrina y de su marido Marco, del hermano de Nicla, Paolo, y de Marisa Beccaria, responsable del Centro de Animación Misionera (CAM) de los Hermanos de la Sagrada Familia, fui a Belley para dar gracias a la intercesión del Hermano Gabriel, a quien invocamos la noche en que mi sobrina Nicla Bonardi iba a recibir dos pulmones nuevos.

A mediados de julio de 2010, Nicla, de 22 años, enferma de fibrosis quística desde su nacimiento, ingresó en el hospital en un estado considerado extremadamente grave. En los días siguientes, tras un colapso pulmonar, fue puesta en circulación extracorpórea (ECMO) e inscrita en la lista nacional de espera urgente para recibir un trasplante de pulmón.

La noche del 28 de julio se sometió a una larga operación de trasplante dirigida por el equipo del profesor Santambrogio en el Policlínico de Milán. Para agravar más esta ya gravísima situación, Nicla fue invadida por una bacteria (Burkholderia -cepacia) resistente a cualquier antibiótico.

Al final de la operación, las únicas palabras del profesor Mario Nosotti, miembro del equipo, fueron “¡Nicla respira!

La madre de Nicla, Daniela, afirma textualmente que: “Cuatro días después del trasplante y de los cuidados intensivos, a Nicla se le retiró la ECMO y se le quitó el respirador, Nicla fue llevada a la habitación. En la puerta de la habitación estábamos el profesor Nosotti y yo. Cuando pasó, miré al profesor Nosotti y le dije: “Ya ve, profesor, ha obrado usted un milagro”. Me miró y dijo: “No, señora, no hicimos un milagro con Nicla. Muchas personas habrán rezado”. Y le dije: “Sí, es verdad, porque tenemos mucha gente que quiere a Nicla”.

Y a partir de ese momento, la recuperación de Nicla fue progresiva y constante, con la sorpresa de la desaparición definitiva de la bacteria “cepacia”, inexplicable incluso para los médicos. Me gustaría señalar que, hasta el día de hoy, la presencia de esta bacteria hace que la esperanza de vida sea casi nula, porque el paciente pierde la posibilidad de un trasplante.

 Este año, habiendo sido invitado a la casa de sus padres, Ugo Bonardi y Castellini Daniela, he podido celebrar con su familia el undécimo año de su nuevo nacimiento y agradecer al Señor la gracia recibida por la intercesión de su siervo, el Hermano Gabriel Taborin, al que invocamos intensamente en el momento de la operación y después.

Hermano Giacomo Bonardi FSF