La inculturación del carisma y la evangelización de las culturas por el carisma.

Los Hermanos de la Sagrada Familia tienen comunidades y misiones en distintas regiones de Latinoamérica: México, Colombia, Ecuador, Brasil, Uruguay y Argentina. Cada uno de estos países tienen costumbres y tradiciones muy ricas y diversas: arte, música, literatura; sin embargo comparten valores y características similares cuando nos referimos a la esencia humana, a su espiritualidad y a la práctica de su fe.

La población latinoamericana está conformada por una mezcla de razas: pueblos originarios, descendientes de colonizadores europeos, descendientes africanos, inmigrantes y el mestizaje derivado de ellas.

Las características de esta cultura varían según nos ubiquemos en grandes ciudades o en poblaciones más pequeñas o del interior de cada país. Las comunidades que se encuentran en grandes ciudades están integradas por una población de clase media, mayormente católicos, que conservan los valores de la familia; sin embargo el consumismo, el interés por la ascensión económica y social, el hedonismo, el secularismo y el hecho de que la mujer también trabaje fuera del hogar, hace que algunas personas se alejen cada vez más de Dios o busquen otros espacios para satisfacer sus problemas como sectas u otras religiones.

Las regiones donde se encuentran las misiones o los colegios de poblaciones más pequeñas están integradas por familias que tienen una situación económica menos acomodada, donde las familias están más unidas y el diálogo es más visible, donde la presencia de la madre en el hogar es más frecuente aún, donde se practica la fe con mayor devoción, una fe popular, donde el carisma prende más rápidamente.

Otro aspecto alarmante dentro de la sociedad latinoamericana en las últimas décadas es la desintegración familiar. Los factores son diferentes, por un lado está la migración de los padres, ya sea a las grandes ciudades o al extranjero, supuestamente buscando una mejor calidad de vida, quedando los hijos a cargo de los abuelos o algún familiar. Por otro lado están los divorcios lo que conlleva a los niños a sufrir una serie de conflictos psicológicos. Y también está el incremento de madres solteras, especialmente adolescentes de 14, 15 y 16 años que por consecuencia abandonan sus estudios.

Los aportes del carisma nazareno para estos tiempos son siempre una “buena noticia”. Si tenemos en cuenta cuáles son los aportes fundamentales de nuestro carisma nazareno podemos destacar: 1- el espíritu de familia, 2-la humildad y la sencillez, 3- el espíritu de servicio, 4-el espíritu de fraternidad e igualdad, 5- la educación y evangelización de sus miembros.

1.  Con respecto al espíritu de familia: dijo Benedicto XVI en el discurso inaugural de Aparecida :

“La familia, “patrimonio de la humanidad”, constituye uno de los tesoros más importantes de los pueblos latinoamericanos. Ella ha sido y es escuela de la fe, palestra de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente.” (D. Aparecida Benedicto XVI discurso Inaugural.)

A este espíritu de familia, característico de nuestro carisma hay que incentivarlo y remarcarlo ya que transmite la importancia de la unidad familiar, redescubre el valor trascendental que tiene la familia para mantener los valores esenciales de la ética y la moral del hombre, lo importante que es cultivar un hogar donde el amor a Dios se manifieste a través de las obras, de la solidaridad, de la imagen de hogar- escuela- iglesia como vivió el Hno. Gabriel. Nuestras comunidades tienen que cultivar este espíritu en cada alumno, en cada docente, en cada miembro que pertenezca a la familia Sa-Fa para que desde allí se irradie aún más. Por otra parte en las culturas latinoamericanas el rol de la mujer es muy importante en la educación y transmisión de estos valores y en el carisma nazareno la imagen de la madre está siempre presente como cuidadora y trasmisora de educación, y sobre todo de los valores cristianos. Ella es uno de los pilares fundamentales de la familia y es la primera evangelizadora de sus hijos.

“Las mujeres constituyen, en general, la mayoría de nuestras comunidades, son las primeras transmisoras de la fe y colaboradoras de los pastores, quienes deben atenderlas, valorarlas y respetarlas”. (D. Aparecida 454.)

2. La humildad y la sencillez: estas virtudes tan características de nuestro carisma deben destacarse siempre, sobre todo en la actualidad donde el hombre cree que para ser, tiene que obtener fama, riqueza, títulos, poder. Una de las mayores virtudes de esta congregación es la humildad que profesan, ese ejemplo es altamente valorable en estos tiempos donde el ser humano cree que depende de los logros económicos, o de los ascensos obtenidos, donde cree que el liderazgo es someter al otro, cuando en realidad el líder debe estar al servicio de sus compañeros. Trasmitamos la sencillez de los discípulos, la humildad de María, el ejemplo de vida que Jesús nos enseñó.

3. El espíritu de servicio: este valor cristiano de solidaridad y de acogida para con el prójimo debe ser destacado y fomentado también. Nuestras comunidades tienen siempre lugares donde practican actividades de ayuda social a centros carenciados, realizan misiones a poblaciones marginadas, ONG que colaboran con lugares necesitados y eso es muy valorado por todos los que reciben la ayuda, pero sobre todo inculca en nuestros alumnos o miembros que participan, este espíritu de solidaridad que es lo que el mismo Cristo nos enseñó.

“El hombre latinoamericano posee una tendencia innata para acoger a las personas; para compartir lo    que tiene, para la caridad fraterna y el desprendimiento, particularmente entre los pobres; para sentir con el otro la desgracia en las necesidades. Valora mucho los vínculos especiales de la amistad, nacidos del padrinazgo, la familia y los lazos que crea.” (D.Puebla.)

 4. El espíritu de fraternidad e igualdad entre sus miembros : el sentirse todos hermanos, que todos somos hijos del mismo Dios Padre y que todos tenemos iguales derechos, es una virtud de nuestro carisma que debemos aprovechar y destacar sobre todo en estos tiempos donde el individualismo, el egoísmo y la indiferencia prevalecen. Además en Latinoamérica con el advenimiento de las democracias en general o en casi todos los países, rescatar la igualdad entre las personas, los derechos y la dignidad de los pueblos, sobre todo la de los pueblos originarios, es una virtud digna de ser promovida.

 

5. La educación y evangelización de sus miembros: son pilares fundamentales para la construcción de “buenos ciudadanos para la sociedad y santos para el cielo”, como decía nuestro fundador. Deberíamos aprovechar la diversidad y la riqueza de nuestras culturas, promover la educación en todos los estamentos sociales y sobre todo profundizar la catequesis y la difusión del carisma en los ámbitos de nuestras comunidades.

“Ante todo, Cristo se nos da a conocer en su persona, en su vida y en su doctrina por medio de la palabra de Dios. ……Por esto, hay que educar al pueblo en la lectura y meditación de la palabra de Dios: que ella se convierta en su alimento para que, por propia experiencia, vean que las palabras de Jesús son espíritu y vida” (cf. Jn. 6, 63). (D. Aparecida).

Con respecto a las fortalezas de la cultura latinoamericana que pueden enriquecer el carisma nazareno podemos destacar principalmente el valor que tiene la familia en las culturas latinas. Para la mayoría de nuestros pueblos la familia sigue siendo el espacio donde se viven y se aprenden los valores morales, éticos y espirituales de una persona.

Otro aspecto característico de Latinoamérica es la solidaridad de las personas, siempre están dispuestas a ayudar a los más necesitados, a colaborar en fundaciones u organizaciones de bien público, a realizar colectas o distribuciones de alimentos o ropa, a tender una mano en momentos de catástrofes.

Los pueblos latinoamericanos manifiestan siempre su hospitalidad, están siempre dispuestos a ayudar, a recibir en sus hogares, a acompañar a los que necesiten. Esta característica es un aspecto que se destaca también en nuestro carisma, la disposición a recibir, ayudar, servir, acoger, escuchar al prójimo, acompañar.

La paciencia, la humildad, el respeto por la naturaleza, también son características de estos pueblos, (sobre todo los pueblos autóctonos), que se deben tener en cuenta para aprender, mostrar y compartir.

La piedad popular, “precioso tesoro de la Iglesia católica en Latinoamérica”, como dijo Benedicto XVI, es otra virtud de estos pueblos. La sabiduría de los pueblos originarios sumada a la fe cristiana ha logrado una síntesis rica y profunda, de la cual se manifiesta: la devoción por la Virgen, a los Santos, al rezo del Rosario, a las procesiones en fiestas patronales.

“La revalorización de la religiosidad popular, a pesar de sus desviaciones y ambigüedades, expresa la identidad religiosa de un pueblo y, al purificarse de eventuales deformaciones, ofrece un lugar privilegiado a la Evangelización. Las grandes devociones y celebraciones populares han sido un distintivo del catolicismo latinoamericano, mantienen valores evangélicos y son un signo de pertenencia a la Iglesia.” (D. Puebla.)

La participación de la mujer en la Iglesia: La mujer ha dado grandes cambios en la Iglesia de los últimos tiempos, colabora en la iglesia de la comunidad en la lectura de la palabra, como monaguillo, en la catequesis, en pastoral familiar, brinda la comunión, forma parte de los grupos misioneros. Esto se nota inclusive en las comunidades indígenas.

Se debería tener en cuenta entonces que para refundar el carisma nazareno habría que: primero conocerlo bien, amarlo, vivirlo, y así testimoniarlo con mayor convicción para poder transmitirlo. Considerando que la mayor fortaleza de nuestro carisma es la familia, tanto los hermanos como los laicos tendríamos que asumir el compromiso de luchar contra este mundo tan secularizado con mayor insistencia, para hacer que este carisma siga creciendo hoy más que nunca, ya que la familia está siendo muy combatida y vapuleada. Sabemos que la familia es la base de la sociedad, por lo tanto no tendríamos que permitir esa destrucción y es ahora precisamente cuando nuestro carisma debería tomar más fuerza e impulso para luchar y difundir el legado del Hno. Gabriel.

Nuestro carisma es actual, sigue vigente y debe sembrarse cada día con nuestra experiencia y testimonio. Debemos transmitirlo desde los niños y los jóvenes en los colegios, llegando a los adultos de toda la familia SA.FA, con métodos atractivos, con perseverancia, con ejemplos de vida.

Los métodos que se utilicen no deben olvidarse de promover el diálogo, la escucha, el interés por el otro, la amabilidad, el respeto, la muestra de confianza, la no discriminación. Y deben ser promovidos entre todos, alumnos, docentes, colaboradores, con relaciones intergeneracionales.

Las comunidades deberían, no sólo seguir creciendo en los distintos continentes como se está haciendo hasta ahora, sino que se deberían cuidar con fuerza y celo los lugares donde ya están y debemos prevenir que las escuelas se conviertan en centros educativos solamente, donde se pierda la fuerza del carisma nazareno, ya que la formación de una persona es mucho más que la instrucción académica, la misión debe ser educar y evangelizar en el carisma.

El Hno. Gabriel decía: “Por sí sola la instrucción no basta para formar a un hombre honrado, a un ciudadano, a un verdadero cristiano. Hay que añadir a todo ello la educación es decir, hay que enseñarle a encauzar su conciencia y sus costumbres y proporcionarle a la vez luces y fuerzas que le ayuden poderosamente a cumplir sus deberes para con Dios, para consigo mismo y para con sus semejantes. (Circular N° 12).”

Tenemos que tener en cuenta también las comunidades de base, que en estos últimos tiempos han madurado y se han multiplicado, existen cada vez más laicos comprometidos que ejercen diversos ministerios, servicios y funciones en las comunidades eclesiales de base o actividades enlos movimientos eclesiales. “Crece siempre más la conciencia de su responsabilidad en el mundo y en la misión «ad gentes». Aumenta así el sentido evangelizador de los fieles cristianos. Los jóvenes evangelizan a los jóvenes. Los pobres evangelizan a los pobres. Los fieles laicos comprometidos manifiestan una sentida necesidad de formación y de espiritualidad”, (D Santo Domingo conclusiones 95). Nuestro carisma tiene como ejemplo de ello a las fraternidades nazarenas, espacio que ofrece vivir la espiritualidad nazarena, formarse en la Palabra y en el carisma y evangelizar.

Finalmente deberíamos aprovechar el impulso que está tomando la Iglesia hoy, mirar nuestra realidad con ojos de discípulos y misioneros y por sobre todo con ojos nazarenos para poder evangelizar nuestros espacios y difundir nuestro carisma con fuerza, con convicción y sobre todo con mucha fe, profundizando la misión compartida entre hermanos y laicos, promoviendo espacios de formación y evangelización, teniendo en cuenta siempre los dos pilares fundamentales de los cristianos: La Palabra y la oración.

Mónica Martínez.