Las tentaciones en los desiertos de la vida

Evangelio según san Mateo (4,1-11):
EN aquel tiempo, Jesús fue llevado al desierto por el Espíritu para ser tentado por el diablo. Y después de ayunar cuarenta días con sus cuarenta noches, al fin sintió hambre. El tentador se le acercó y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en panes». Pero él le contestó: «Está escrito: “No solo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”». Entonces el diablo lo llevó a la ciudad santa, lo puso en el alero del templo y le dijo: «Si eres Hijo de Dios, tírate abajo, porque está escrito: “Ha dado órdenes a sus ángeles acerca de ti y te sostendrán en sus manos, para que tu pie no tropiece con las piedras”». Jesús le dijo: «También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”». De nuevo el diablo lo llevó a un monte altísimo y le mostró los reinos del mundo y su gloria, y le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». Entonces le dijo Jesús: «Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”». Entonces lo dejó el diablo, y he aquí que se acercaron los ángeles y lo servían. 

Lectio
Mateo se propone hacer comprensibles las tentaciones: tentación del pan, del prestigio, del poder. Se trata de muchas formas de esperanza mesiánica que ya existían en aquel tiempo. El Mesías glorioso como un nuevo Moisés, habría alimentado al pueblo en el desierto: di que estas piedras se conviertan en panes El Mesías desconocido hasta entonces se habría impuesto a todos con un gesto espectacular en el Templo: Tírate abajo. El Mesías nacionalista habría venido a dominar el mundo: “Todo esto te daré”. En el antiguo Testamento, tentaciones idénticas hicieron caer al pueblo en el desierto, después de la salida de Egipto. Pero Jesús ha cambiado la historia, resistiendo a la tentación de pervertir el plan de Dios para conformarlo a intereses humanos.
La tentación fue constante en la vida de Jesús: lo acompañó desde el bautismo hasta la muerte en la cruz, porque en la medida en que el anuncio de la Buena Nueva se difundía entre el pueblo, también crecía la presión ejercitada sobre Él para que asumiera las expectativas mesiánicas del pueblo, para volverse el Mesías que los demás deseaban y querían: Mesías glorioso y nacionalista, Mesías rey, sumo sacerdote, juez, guerrero, guardián de la ley. Pero la tentación no logró nunca desviar a Jesús de su misión, pues continuó siempre por el camino del “Mesías Siervo”, anunciado por el profeta Isaías y esperado sobre todo por los pobres del pueblo, los anawim. Jesús no ha temido provocar conflictos, ni con las autoridades ni con las personas amadas, si intentaban hacerlo desviarse de su camino: Pedro, sus parientes, los apóstoles, el pueblo. En el bautismo y en la transfiguración Él recibió del Padre la confirmación de su misión. Es sobre todo la profecía del Siervo, anunciada por Isaías, lo que lo animó dándole el ánimo de seguir adelante. Orientándose con la Palabra de Dios, en la que encontró luz y alimento para profundizar la conciencia de su misión y buscando fuerza en la oración, Jesús afrontó las tentaciones y resistió unido al Padre, integrado entre los pobres y siguiendo el camino del Mesías Servidor. Él mismo había declarado: “El Hijo del hombre no ha venido para ser servido sino para servir y dar su vida por la redención de muchos”. Contaba además con el ejemplo de su madre, que había respondido al ángel: “He aquí me la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra”.

Con ojos nazarenos
“Como sabéis, queridos Hermanos, todos somos de la estirpe de Adán, y es difícil combatir permanentemente sin recibir alguna herida. A veces se tratará de una tentación del demonio, del mundo o de nosotros mismos, que habrá que rechazar con la rapidez del rayo o como sacudiríamos una víbora o un carbón ardiente que cayera sobre .nosotros. Otras veces será el esfuerzo que hay que realizar para ser fieles a los votos, para soportar las penas inherentes a nuestra profesión o para resignarse a pasar la vida en un trabajo monótono. Sean cuales fueran nuestras heridas, no debemos desanimarnos nunca. Jesucristo en su infinita bondad, curará nuestras llagas. Seámosle fieles y muramos con las armas en la mano en el combate que hemos entablado por su gloria, por nuestra salvación y por el bien del país en donde la Providencia nos ha colocado.” (Circular del Hno. Gabriel Taborin del 15 de agosto de 1853,

Oremos
Perdónanos, Señor: hemos pecado contra ti (Sal51)

En Nazaret
El único nacido libre del pecado, hijo de madre “inmaculada” desde la concepción para liberarnos del pecado, nos enseña los sentimientos que nos conducen del pecado a la casa del Padre. Un día lo explicará con la parábola del hijo pródigo. Y este porque el Padre nos espera con ternura y misericordia y se hace pródigo de amor hacia quién vuelve a Él con corazón contrito y humilde. (Hno. Lino da Campo)

Intenciones
Deseosos de vivir con un corazón renovado en la libertad de los hijos, pidamos al Padre que nos dé la fuerza de cumplir su voluntad, acogiendo con gratitud la invitación a la conversión de este tiempo cuaresmal y comprometiéndonos en el itinerario de redescubrimiento de una fe auténtica. Roguemos para que el Señor venza nuestras resistencias y nos abra a su voz que es una llamada de amor.