Bell Ville, 02 de octubre de 2015
Para el Hno. Mario Fierro

Querido amigo, tal como me solicitaste te envío este relato:
Un día de noviembre de 1996 viajábamos con mi esposa Mercedes y nuestros tres hijos, Pablo, Santiago y Lucas a Córdoba, distante a 200 km de nuestro hogar en Bell Ville. Durante el trayecto de ese viaje tuvo lugar el primer episodio de la manifestación de la epilepsia en nuestro hijo mayor, Pablo, por entonces de 10 años.
Recuerdo a mi esposa, mirando con angustia hacia el asiento trasero de nuestro R 12, y casi gritando, preguntar “¿Qué te pasa, Pablo?, ¿qué te pasa…?”
Inmediatamente estacioné el coche en la banquina, para asistir a nuestro hijo, quien luego de vomitar se repuso. Después de esto emprendimos nuevamente el viaje con Mercedes llorando por lo ocurrido. En ese momento yo minimicé la gravedad del hecho y consideré excesiva la angustia de mi esposa; pero, evidentemente, por mi condición de chofer no había podido presenciar como ella todo lo ocurrido.
De regreso de ese viaje, Mercedes insistió en que lleváramos a Pablo donde nuestro Pediatra, el Dr. Carlos Marcos. El nos aconsejó hacer una consulta con algún neurólogo infantil. Fue así que nos derivó al Dr. Zenón Sfaello, de la ciudad de Córdoba; luego de comunicarnos por TE. su secretaria nos dio turno recién para un mes más tarde para acudir a una consulta.
Antes de esa consulta, a las 8.30hs del día 21/12/96, aún dormíamos con toda la familia, pues la noche anterior habíamos asistido a una fiesta de fin de año organizada en el club donde nuestros hijos jugaban al básquetbol. Fue en ese momento que me despertó un ruido proveniente de la habitación donde dormían nuestros hijos. Acudí inmediatamente allí y vi a Pablo en el inicio de un episodio convulsivo, de rodillas en la cama con sus manos apoyadas en la almohada, con una manifiesta incapacidad para respirar. Cuando acudió mi esposa yo tenía a Pablo en brazos y trataba inútilmente de introducir mi mano en la boca pues veía como se retraía su lengua. Luego de esto nuestro hijo quedó inconsciente y así lo llevamos a una clínica donde lo asistieron y quedó internado ese fin de semana. Al día siguiente, lunes 23 por la mañana, logramos contactarnos directamente por TE con el Dr. Sfaello, quien obviando el turno para un mes más tarde, nos dijo que nos esperaba ese mismo día en su consultorio de la ciudad de Córdoba. Allí le realizaron a Pablo su primer encefalograma.
Sfaello confirmó el diagnóstico de epilepsia. Nos explicó que algunas personas necesitan tomar medicación solo un período de tiempo, según cómo evolucionen con el tratamiento y otras deben tomarlos de por vida. En el caso de nuestro hijo el Dr. creía que era de buen pronóstico.
El primer medicamento que recibió Pablo le produjo una alergia y un edema en el rostro por lo que debieron suplantarlo por otro.
Así comenzó el peregrinaje del tratamiento que consistió en visitas al doctor, encefalogramas, controles y regulación de medicamentos.
Nuestro hijo Santiago por entonces de siete años, quien había presenciado aquel episodio convulsivo que derivó en la internación, se convirtió en un segundo Ángel de la Guarda de Pablo. Y fue, por iniciativa propia, el encargado de recordarnos constantemente el horario en que su hermano debía recibir su “pastillita”; de ese modo Pablo nunca olvidó una dosis del “Luminal” gracias a Santiago.
De aquella época recuerdo la preocupación de los buenos amigos de nuestro hijo, quienes velaban en las fiestas a las que asistían para que a Pablo “ni se le ocurriera ingerir bebidas” alcohólicas, tal como se lo había aconsejado el médico. También recuerdo algunos acontecimientos donde, por ignorancia, sufrió la discriminación de algunas personas. Esto hizo que evitáramos mencionar fuera nuestro hogar lo referido a la epilepsia.
Dos años más tarde de aquel primer episodio me invitaron a colaborar con la catequesis de Confirmación de los alumnos de 5to año del colegio San José de Bell Ville, Instituto del cual también yo egresé en el año 1977.
Quien coordinaba la catequesis era el Hno. Alejandro Ferrer y en una de las tantas charlas que manteníamos se enteró de lo de Pablo. Alejandro tuvo la amabilidad de regalarme una estampita muy especial con la imagen del Hno. Gabriel Taborin. Y digo que era muy especial porque además de tener impresa la oración al Fundador del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia, también tenía adherida como reliquia un trocito de su sotana. El Hno. Alejandro junto con la estampita me dio el consejo de que le rezara al Hermano Gabriel por la “curación completa de Pablo”.
Desde ese momento el tratamiento de nuestro hijo se convirtió en una sucesión de buenas noticias. El Dr. Sfaello decidió ese año reducir primero y suspender completamente luego, la medicación que Pablo recibía. Complementariamente siguieron los controles con la esperanza de que no se diera ningún episodio convulsivo.
Cuando visitamos por última vez al Dr. Zenón Sfaello Pablo tenía ya 14 años. Recuerdo con emoción que luego de ver los resultados de aquel último encefalograma el doctor dijo: “Bueno, Pablito, me alegro decirte que ya no tenés que regresar más a visitarme. Estás curado”. A mi esposa y a mí se nos salía el corazón del pecho por la alegría. Lo primero que se nos ocurrió preguntar al Dr. fue cuál era la posibilidad de que Pablo volviera a padecer esta enfermedad en el futuro. La respuesta de Sfaello fue contundente: “La posibilidad de que Pablo vuelva a sufrir de esto es la misma que tiene usted, su esposa o yo. Su hijo está sano”. Recuerdo también el fuerte abrazo que nos dimos al salir del consultorio antes de subir al auto para emprender el viaje de regreso a casa.

Córdoba, 26 de Septiembre de 2010

Estimado Hno. Mario:

Somos Guillermo Haller y Marcela Rauch, un matrimonio que desea compartir con usted y con la comunidad S.A.F.A. un PEQUEÑO-GRAN milagro.

Nos conocimos allá por el año 1992 y desde ese día jamás nos separamos. En 1997 sellamos nuestro amor y compromiso ante Dios, Nuestro Señor. Al poco tiempo de estar unidos en matrimonio comenzamos con nuestro deseo de ser padres.

El tiempo transcurría lento, entre nuestros estudios en la Universidad y las ganas de formar una familia. Hasta que en un momento nos comenzamos a preguntar por qué no llegaba ese hijo tan ansiado.

Entonces, comenzamos a visitar a varios médicos, los cuales nos indicaban que nos realizáramos los estudios correspondientes para determinar la causa por la cual no podíamos concebir. Me diagnosticaron obstrucción total en una de las trompas de Falopio y en la otra en un 90%, lo cual requería de una intervención por video laparoscopía. Ya estaba todo preparado para someterme a la cirugía (en el año 2004) cuando contraje una enfermedad bastante grave: Neumonía atípica en ambos pulmones, lo que me provocó una gran infección que me mantuvo internada por doce días y un mes de reposo en casa para recuperar las defensas de mi organismo.

Los profesionales me pidieron que por un año aproximadamente no me expusiera a la operación ginecológica.

Esta enfermedad hizo que me replanteara muchas cosas en mi vida, como que si lo que estaba estudiando (Ingeniería en Sistemas de Información) era lo que realmente me gustaba. Fue así que un día sentí el llamado de Dios, una serie de señales que me llevaron al camino de la docencia, hubo dudas al comienzo, ya que tenía 28 años y pensaba que era grande para empezar de nuevo…pero nuevamente una señal: en una fiesta conocí a una docente jubilada que me alentó, me animó a seguir el camino.

En 2005 ya cursaba mi primer año en el Instituto Católico Superior, y el 6 de mayo de 2008 obtuve mi título. Comencé a hacer suplencias en varias escuelas, algunos días trabajaba por la mañana y por la tarde… ¡Esto era lo que realmente me hacía feliz: el estar con los niños, el brindarles todo de mí, el compartir la educación! Realmente sentía que estaba cumpliendo con mi misión.

Al finalizar el año 2008 me llamaron del Colegio Gabriel Taborin para realizar una suplencia de dos días, a la semana siguiente una de tres días, ya llegaba fin de año.

Cuando comenzaron las semanas pedagógicas el 14 de febrero de 2009 me convocaron desde la Dirección para ofrecerme comenzar a trabajar a cargo de un grado: ¡Fue uno de los días más felices de mi vida! El primer día que llegué al cole me encontré con una oración al Hno. Gabriel que se visualizaba a través del vidrio de la mesa en la sala de maestros. La leí, la releí, y con mucha fe

hice la petición: quería ser mamá. ¡La repetí tantas veces y tantos días seguidos! Había rezado mucho, pero esa oración era distinta, me llamaba a rezarla…

El 11 de abril de ese año, es decir un mes después de haber comenzado las clases, nos enteramos que íbamos a ser papás, era DOMINGO de PASCUAS. No podemos explicar lo que sentimos en ese momento, fueron tantas emociones juntas, tanta FELICIDAD, que no encontramos palabras para hacerlo, después de once años de espera. El embarazo y el parto fueron un éxito.

Hoy queremos compartir esta felicidad con ustedes, que conozcan a nuestra María Sofía, que nació el 14 de diciembre, pero por sobre todo agradecer infinitamente al Hno. Gabriel, ya que estamos convencidos de que por su intercesión, Nuestro Papá Dios nos envió a Sofi para que la cuidemos y velemos por ella en esta maravillosa vida que nos regaló.

Saludos cordiales.

Seño Marcela Rauch Ing. Guillermo Haller

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Docente de primer grado del Colegio Gabriel Taborin

Gracias a Dios, gracias al Hermano Gabriel y gracias a todas las personas que rezaron y nos acompañaron durante la hospitalización de María Isabel. Nuestra familia se ha sentido acompañada y querida por cientos de personas de distintos países, colegios y comunidades de los Hermanos.
En estos momentos en que María Isabel está en nuestra casa, queremos hacerles llegar la alegría, la esperanza y la confianza en Dios que hemos sentido y seguimos sintiendo.
María Isabel les manda a todos un gran abrazo.

               Familia Martínez-Riveiro
Publicado el 21 de abril de 2005