Retraite Tamié (88)

El documento sobre la Identidad y Misión del religioso Hermano en la Iglesia viene a completar los tres círculos en los que se define nuestro ser. La exhortación Vita Consecrata nos ofrece la referencia para nuestra condición de religiosos, nuestras Constituciones nos dicen cómo ser Hermanos de la Sagrada Familia, y entre ambos se sitúa este nuevo documento. Los tres constituyen una base sólida para la formación de los Novicios y Escolásticos, como también para la formación continua de todos los Hermanos.

Vamos a señalar aquí tres puentes que nos permiten pasar de un documento al otro para poner de relieve la armonía existente entre ellos y la profunda unidad que los anima, como debería animar también nuestra vida en cualquiera de sus etapas y situaciones.

El nombre

Respondiendo a la profunda intuición y a los deseos del Hno. Gabriel Taborin (Nuevo Guía 6 y 7), las Constituciones dicen: “Todos los miembros del Instituto son Hermanos y llevan este nombre” (4). Y a continuación citan la hermosa síntesis de Vita Consecrata: “Están llamados a ser hermanos de Cristo, hermanos entre sí, hermanos de todo hombre, por el testimonio de la caridad de Cristo hacia todos, especialmente hacia los más pequeños, los más necesitados; hermanos para hacer que reine mayor fraternidad en la Iglesia”. Es lo que hace también el documento Identidad y Misión al final del capítulo primero.

El nombre, en efecto, expresa ya mucho de la identidad y de la misión y es una forma concreta y fácilmente reconocible para determinar la identidad tanto de las personas como de las instituciones. “El nombre de “hermanos” designa positivamente lo que estos religiosos asumen como misión fundamental de su vida” (Identidad y misión 11).

Sin pretender ninguna exclusividad en el uso de un nombre con un significado tan amplio en el ámbito humano y eclesial, los religiosos hermanos se sitúan en la función de signo reconocida por el Concilio Vaticano II a la vida consagrada para mantener viva en los bautizados la memoria de los valores fundamentales del Evangelio, entre los que se sitúa la fraternidad.

Por otra parte el nombre de hermano lleva consigo unas actitudes y un estilo de vida muy concreto en la vida de cada día. El Hno. Gabriel Taborin lo indicaba así: “El nombre de Hermano que lleva el religioso de la Sagrada Familia indica de forma natural la bondad que debe tener para con todos y de modo particular para con los niños” (Nuevo Guía, 685).

La relación

“El Misterio que nos ha sido revelado en Cristo, pretende establecer una relación horizontal entre Dios y la humanidad… Las relaciones de filiación se transforman así, simultáneamente en relaciones de fraternidad” (Identidad y Misión, 13). Es el fundamento de una comunión profunda que, desde el ámbito de la Iglesia, pretende llegar a los confines de la humanidad.

La primera parte de la exhortación Vita Consecrata se presenta la vida consagrada como “confessio Trinitatis, confesión de la Trinidad” y, en la lógica del don recibido para ser compartido, dice en el n° 21. “La referencia de los consejos evangélicos a la Trinidad santa y santificante revela su sentido más profundo. En efecto, son expresión del amor del Hijo al Padre en la unidad del Espíritu Santo. Al practicarlos, la persona consagrada vive con particular intensidad el carácter trinitario y cristológico que caracteriza toda la vida cristiana”.

En esa misma línea se colocan las Constituciones cuando dicen que “La vida comunitaria hunde sus raíces en la Trinidad, que introduce a los Hermanos en su misterio de amor, por la acción del Padre, que los llama, del Hijo, que los congrega en su persona, del Espíritu Santo, que los une entre sí”.(C. 90).

Todo esto tiene consecuencias importantes en la vida comunitaria para aceptar al hermano como “don del Padre” y para la vida de la comunidad cristiana: “La fraternidad de los religiosos hermanos es un estímulo para toda la Iglesia, porque hace presente el valor evangélico de las relaciones fraternas, horizontales, frente a la tentación de dominar, a la búsqueda del primer puesto, del ejercicio de la autoridad como poder” (Identidad y Misión, 7).

La conexión entre comunión y misión es uno de los ejes esenciales en todos los documentos actuales de la Iglesia. Es de agradecer que ésta reconozca hoy que “La fraternidad en el servicio ha sido una aportación fundamental de los Institutos religiosos de hermanos a la vida consagrada y a la Iglesia” (Identidad y Misión 23). Todo esto apoya el principio establecido por las Constituciones: “Los Hermanos desempeñan su trabajo apostólico principalmente como comunidad”(C 117).

La historia

Después de haber tratado de la vida del Hermano en todas sus dimensiones en los tres primeros capítulos, las Constituciones en el capítulo cuarto constituyen un nuevo comienzo: en él relatan la vida del Hermano en sus diversas etapas hasta llegar a su plenitud. Y es que “La vida de los hermanos es un relato, una historia de salvación para sus contemporáneos, y entre ellos, especialmente para los pobres” (Identidad y Misión 32).

La integración de los diversos elementos de la vida consagrada se realiza en cada persona de forma progresiva y dinámica, con altos y bajos, con avances y retrocesos. Lo importante es descubrir y entrar en el juego entre la gracia de Dios y la libertad humana que se va tejiendo en cada historia personal.

Pero hay que decir en seguida que no se trata de recorrer un camino de forma individual. “La pregunta sobre qué significa ser hermano hoy supone la siguiente: ¿Quién es mi hermano?” (Identidad y Misión 33). Y la respuesta tiene una vertiente comunitaria y otra que se realiza en la misión, dando la mano al otro en las actividades propias del carisma.

En ese mismo sentido hay que decir que la historia de cada uno se integra en la historia colectiva de la comunidad, de la Provincia, del Instituto, de la Iglesia… Además en la actualidad el camino de formación permanente se sitúa con frecuencia en relación con otras vocaciones (laicos, sacerdotes). “El religioso hermano encuentra en su familia carismática un entorno propicio para el desarrollo de su identidad. En dicho entorno los hermanos comparten la experiencia de comunión y promueven la espiritualidad de comunión como verdadera sangre que da vida a los miembros de la familia y desde ella se extiende a toda la Iglesia” (Identidad y Mision 38, Vita Consecrata, 51).

“El religioso hermano hace visible en la Iglesia el rostro de Cristo hermano, primogénito entre muchos hermanos (Rom, 9,29”. “Es el nombre que Jesucristo ha escogido para sí mismo cuando quiso expresamos con una sola palabra su inmensa bondad y su amor” (Nuevo Guía 6)

Hno. Teodoro Berzal

Belley, enero de 2016

Frère Teodoro Berzal

Belley, janvier 2016