Encuentro de Formadores
Sigüenza – España, Septiembre 2016

SER HERMANO EN AFRICA

La Iglesia de Dios está bien establecida en el continente africano. El cristianismo se está “convirtiendo en el más importante cuantitativamente del planeta.” La vocación a la vida consagrada tiene todavía bastante éxito. Pero, en realidad, ¿Qué significa ser Hermanos en África? ¿Qué importancia o qué lugar se concede a los Hermano? ¿Hay alegría o interés de ser Hermano en África? ¿Qué hace el Hermano en el continente? Pero la situación en África en comparación con el mundo, ¿no está reclamando al Hermano una seria y profunda actualización de su estado de vida en nombre del Evangelio y de la credibilidad del testimonio que debe dar ante el mundo en general, y en particular a los africanos? En otras palabras, el Hermano, ¿no se puede hacerlo mejor y ser mejor de lo que es y hace ahora? (Hemos recibido de los Hermanos fundadores una formación Occidental sobre la base de la cual trabajamos y en la que nos basamos).
Para entender la situación del Hermano África, hay que tener en cuenta tanto la historia de la vocación a la vida consagrada en el continente como la mentalidad o la vida social tradicional en África, que está todavía activa hoy.

I) Datos de la vocación a la vida consagrada en África

Si tomamos el caso de la evangelización de Burkina Faso: fueron los Padres Misioneros de África (Padres Blancos) los que nos trajeron la buena nueva de Jesucristo. En cuanto a la promoción de las vocaciones, los Padres Blancos promovieron en primer lugar la vocación sacerdotal y luego la de la vida religiosa femenina y, en última instancia, la de Hermano. Además, el Hermano fue visto al principio como un servidor de los sacerdotes; tenía que hacerse cargo de las tareas domésticas. (Testimonio de los primeros FSF de Burkina: debían cultivar mijo para alimentar a los seminaristas). Esta realidad de la vida de los Hermanos ha marcado mucho la mentalidad de los fieles y se mantiene firme en su conciencia, a pesar de los cambios que han tenido lugar (ahora se sabe que el trabajo y los estudios de Hermano son tan exigentes como los del sacerdote).
Por otra parte, nos encontramos con que hay un problema en la visibilidad del Hermano en la sociedad africana de hoy y de ayer. La visibilidad que queremos destacar aquí es bastante diferente de reconocimiento. Observamos que el Hermano no tiene ninguna marca externa que lo identifica como un Hermano. Cuando se usa la sotana, se lo equipara o confunde con el Sacerdote. Además de eso, algunos no llevan ni siquiera una cruz como distintivo. Esto conduce a una situación poco clara que tiene ventajas y desventajas. De hecho, puede ser para nosotros un signo de discreción y de humildad, como también puede darnos la posibilidad de disimular y de permitirse algunas cosas que uno no se atrevería a hacer fácilmente si se lo pudiera identificar.
Una Hermana, por el contrario, es fácilmente identificable, incluso si su congregación no usa el hábito religioso, por su forma de vestir. Debido a su no admisión al sacramento del Orden, es un recurso (un modelo) para comprender el estatuto del Hermano: él puede decir “Soy la versión masculina de la Hermana.”
Por otra parte, se cree en la Iglesia, que el Hermano está destinado sólo a actividades de baja categoría. Incluso los Sacerdotes no valoran la vocación del Hermano. Este hecho contribuye a la no visibilidad de Hermano en África. Pero la vocación del sacerdote y el la del Hermano son complementarias. Aunque un Hermano puede desarrollarse fuera de las actividades de Iglesia, a través de sus habilidades profesionales.
Observamos que la vida del Hermano desde este primer punto de vista histórico no es atractiva.

II) Aspectos socio-psicológicos de la sociedad tradicional africana

La sociedad africana (por ejemplo la de Burkina Faso y aún más específicamente la de los Mossi) es muy jerárquica. Las clases superiores de la jerarquía: el rey y sus ministros, los notables de la población, que incluyen también al sacerdote, son las más atractivas. Los que forman parte de estas clases son bien vistos y todos quieren ser como ellos. Este aspecto socio-psicológico sigue el principio de la filosofía de Plotino (una filosofía africana) según el cual: “Todo inferior busca lo que es superior”; es decir, los ministros quieren convertirse en rey, los notables de Ministros, y la gente común como notable. (Esta aspiración natural del corazón ¿acaso no es contraria a la virtud de la humildad que predica el Evangelio?)
Así pues, el sacerdote es reconocido en la sociedad tradicional africana y su situación es incluso envidiable y sigue siéndolo hoy día. Este no es el caso del Hermano. De hecho, el Hermano, en cuanto tal, no existe en la sociedad tradicional africana. Así pues, en esta situación y con el hecho de que esa es la mentalidad todavía hoy “Ser Hermano” significa de alguna manera carecer de ambición en la vida; además también es “remar contra la corriente.” Ser Hermano África es, pues, poco atractivo.
Si tenemos en cuenta estas observaciones (los hechos históricos de la vocación en África y la mentalidad africana), vemos que ser Hermano en África no es viable. Esto es lo que justifica el hecho de que los Hermanos son y corren el riesgo de seguir siendo en número minoritario. Sin embargo, las obras y los servicios de los Hermanos son muy apreciados, deseados o pedidos e incluso reclamados en determinadas situaciones, como cuando se trata de cerrar algunas estructuras u obras dirigidas por las comunidades de los Hermanos, por una razón u otra, o la apertura de algunas instalaciones públicas dirigidas por los Hermanos. Las poblaciones africanas, incluyendo muchas comunidades musulmanas, aprecian las obras que gestionan los Hermanos, en especial en ámbito escolar.
Entonces, ¿qué significa ser Hermano en África hoy?

III) “Ser Hermano África en la actualidad”

Ser Hermanos en África, es ante todo aceptar y esperar ser un don del Espíritu Santo para la Iglesia y el mundo y ser transformados por la gracia de Dios para convertirse en un testimonio vivo del amor misericordioso de Jesús de Nazaret. Es comprometerse con el seguimiento de Cristo y con Cristo en la búsqueda de la realización de este gran y noble proyecto divino para construir el Reino de Dios iniciado por Jesucristo y todavía no completado.µ
En otras palabras, ser Hermano en África es asumir la persona de Cristo y convertirse en otro Cristo (hay una cierta analogía entre la vida de Cristo y la del Hermano en este aspecto): amamos a Cristo, la facilidad de su palabra, su conocimiento, su poder para hacer milagros, y queremos ser como él; pero tememos su pasión, su muerte en la cruz. El mundo africano también ama el trabajo, las obras y los servicios del Hermano, pero. Pero no quiere hacerse Hermano, porque su vida no sólo es vinculante, sino también el Hermano no está reconocido y su vocación no coincide en realidad con las inclinaciones naturales de su ser para ser valorada. Así pues, ser Hermano en África es estar dispuestos a ser una manifestación de la presencia de Dios que ilumina, conforta, tranquiliza a los hermanos. Esto es ser un humilde mensajero de Dios sirviendo en su presencia y en el lugar de Cristo, de quien recibe la alegría y reconocimiento.
Este testimonio como Hermano, está en los servicios a los que es enviado el Hermano: la educación, la salud y el apoyo a los débiles, frágiles, pobres, los sin voz, los abandonados… es llevar a cabo cualquier servicio, trabajo necesario o útil que consuela y restaura la dignidad humana.
Ser Hermanos en África, es dar el gusto por el trabajo bien hecho de sus hermanos y hermanas africanos, como igualmente dar un buen testimonio de que el buen trabajo es también una fuente de alegría. Para ello, es necesario que el Hermano esté ahora mejor calificados en el campo de su actividad. La buena voluntad por sí sola es insuficiente. Incluso puede empañar la imagen del Hermano en ciertas circunstancias.

IV) La fraternidad africana

La vocación del Hermano es muy importante en África porque recuerda y va más allá de la fraternidad africana, que es un aspecto central en la vida cotidiana de los africanos. En efecto, allí donde se encuentran los africanos, se les llaman “hermano”, “hermana”. La fraternidad africana cree que todos somos hijos e hijas de un mismo Padre (en mi lengua materna, sólo hay una expresión para traducir “queridos hermanos y hermanas” es “N saam Bisi” este que significa “queridos hijos del mismo padre”). Entonces, ¿cómo recuerda el Hermano y supera esta fraternidad africana? La vida del Hermano nos recuerda que tenemos un solo Padre, Dios (todos me llaman Hermano cuando saben mi estado de vida); Además, el Hermano lleva a Jesús a sus hermanos y hermanas en África. Llevar a Jesús a los demás es llevar el amor, la verdad en la fraternidad (entre hermanos y hermanas), misericordia en las relaciones de todos los días. Y eso no tiene precio; más bien se trata de una gran riqueza incalculable; este es el real y el mayor bien que se puede hacer al prójimo o que un ser humano puede tener en su vida.
¿Cómo lleva el Hermano a Jesús a sus Hermanos y toda la sociedad africana? A través de su vida comunitaria y el testimonio dado y recibido por todos los otros Hermanos, que se realiza en el amor, la oración y trabajo en común.
Sin embargo, el estatuto actual del Hermano en África, ¿acaso no ganaría si se hiciera en el nombre de la fuerza liberadora del Evangelio y de la credibilidad de su testimonio que tiene el deber de dar al mundo de hoy? En otras palabras, el Hermano ¿no debería captar la principal necesidad de sus contemporáneos, y responder con acciones apropiadas, que demuestran la fuerza y ​​el poder liberador del Evangelio a los pobres?
Esto comienza con un buen conocimiento de los principales representantes de la enseñanza de la Iglesia en África (como lo son sus pastores y grandes teólogos) y su interiorización y apropiación por el Hermano. Esa enseñanza a menudo es ignorada o mal entendida por la mayoría de los fieles e incluso por los consagrados, en este caso por el Hermano, que es el tema principal de este día.

Conclusión

Ser Hermanos en África, es ante todo dejarse arrastrar por el viento del Espíritu Santo y no tener como principal alegría más que la que da el mismo Espíritu Santo y el trabajo bien hecho, siendo bien conscientes de que “lo mejor no se alcanza sino a precio de sufrimiento” y que “hay que ir hasta el final de su sufrimiento para encender la esperanza como un fuego”

Hermano Henri Zabsonré