En 2014 estamos celebrando el 150° aniversario de la muerte del Hno. Gabriel Taborin, el Fundador del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia. En los distintos lugares donde está presente hoy la Familia Sa-Fa se dan numerosas celebraciones. Es también una buena ocasión para recordar los puntos más importantes de su pensamiento, de su carisma, de sus intuiciones espirituales.

La interacción escuela-familia-parroquia.

Es el aspecto más original e incisivo del carisma del Hno. Gabriel con respecto a la misión. El Hno. Gabriel había experimentado como maestro en su pueblo natal y luego propuso a todos una actividad educativa que no considerara a la escuela como un elemento aislado, sino en relación con la comunidad cristiana y con las familias. Por eso más tarde pudo escribir: “Por mi posición y mis relaciones cotidianas con las escuelas, las iglesias y las familias, he podido darme cuenta de la utilidad de poner en manos de la juventud cristiana, especialmente de la que vive en las zonas rurales, un libro económico, que pueda servir a la vez en las escuelas, en las iglesias y en el seno de las familias, constituyendo la entera biblioteca religiosa de las más pobres” (Camino de la Santificación, Introducción).

La Sagrada Familia inspiradora de la acción educadora.

Cuando el Hno. Gabriel dio el nombre definitivo a su Instituto pensó en la Sagrada Familia de Nazaret. No se trataba simplemente de elegir un título entre otros, sino de darle una referencia espiritual, un modelo de identificación en la construcción de la comunidad y en la actividad educativa. La familia de Nazaret es el ambiente donde el Hijo de Dios creció. María y José fueron los educadores de Jesús; pero podemos decir también que Jesús era el educador de María y de José, con sus palabras, con su conducta, a veces misteriosa, con su humilde sumisión durante muchos años. Recordemos algunas expresiones del Hno. Gabriel: “En el mundo se piensa mucho en los antepasados y se glorían de sus hazañas: la religión no podría menos que hacer memoria de los suyos. El buen cristiano se transporta a menudo en espíritu de fe hasta el humilde techo de Nazaret, donde encuentra esta augusta familia que reúne todas las virtudes divinas y humanas” (El Ángel conductor de los peregrinos de Ars).

El “espíritu de familia” modelo de relaciones.

Como Superior de la familia religiosa que había fundado, el Hno. Gabriel se dedicó toda su vida a cultivar lo que él llamaba “espíritu de cuerpo y de familia” entre sus Hermanos: construyó una casa donde acogerlos a todos, escribía numerosas cartas para mantener las relaciones, visitaba las escuelas y comunidades, intervenía en los casos de conflicto y hacía todo lo posible para que las relaciones mutuas estuvieran presididas por la caridad, el respeto y la sencillez. En una de sus cartas circulares a los Hermanos podemos leer estas hermosas expresiones: “Todos los miembros que componen una Congregación (una familia o cualquier otro grupo) en la que, de verdad, exista este espíritu, tienen un solo corazón y un alma sola; se aman y se ayudan mutuamente, comparten las alegrías, las penas, los éxitos y los fracasos de todos; las atenciones recíprocas y una entrañable fraternidad unifican los espíritus y caracteres más diversos; lo que es de uno pertenece a todos y dejan de tener sentido las palabras “mío” y “tuyo”; cada uno se considera menos que los otros y Dios reina sobre todos” (Circular n° 21, 1864).

Hno. Teodoro Berzal