Una perspectiva histórica

Al escribir sobre la vida religiosa, el Hno. Gabriel lo hace naturalmente con la mentalidad y las expresiones de su tiempo. Su vocación y sus responsabilidades como Superior lo llevaron a adquirir una buena formación sobre la vida religiosa a través de la lectura, la escucha de la predicación, la consulta a expertos en casos particulares y, sobre todo, la experiencia de guiar y animar durante muchos años en lo concreto de la vida, con sus problemas, esperanzas e ilusiones, al grupo de religiosos que constituían la Congregación en sus comienzos.

Es interesante constatar que varias veces el Hno. Gabriel trata de la vida religiosa con una perspectiva histórica. Lo hace tanto desde el punto de vista de la vida religiosa en general, como del período en que él vivió, en el que se inscribe la fundación de la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia y su propia experiencia como religiosos y Fundador. Veamos las expresiones que emplea:

La vida religiosa.

“Desde los primeros tiempos del cristianismo, ha habido en la Iglesia corporaciones religiosas, en cuyo seno ha venido a refugiarse una infinidad de personas, con el deseo de santificarse con más seguridad que en el mundo y de practicar las obras de caridad prescritas por la Regla que abrazaban. Tal es igualmente el motivo que han debido y deben tener los Hermanos que tienen la suerte de ser miembros del Instituto.” (Nuevo Guia 1)

El período de después de la Revolución francesa

“En el período de los últimos sesenta años, se han fundado en la Iglesia católica, especialmente en nuestra querida Francia, más congregaciones religiosas que durante los dieciocho siglos precedentes. Nunca jamás el catolicismo ha sido más fecundo que después que la Revolución desterró a las órdenes religiosas, destruyendo monasterios, apoderándose de sus bienes, arrojando a los calabozos o arrastrando al cadalso a los religiosos fieles a sus compromisos, de manera que podríamos decir, parafraseando a Tertuliano: “Las piedras de los monasterios destruidos han sido en cierta manera, semilla que ha producido una cosecha del ciento por uno”. En un siglo materialista, como el nuestro, debemos admirar y bendecir la divina Providencia, al ver la resurrección tan rápida de las corporaciones religiosas que la tempestad había arrasado” (CIRCULAR N°15 (24-6-1859)

Los Hermanos de la Sagrada Familia

“Nuestra Congregación, queridos Hermanos, al igual que todas las cosas ha tenido un comienzo. Recordar aquí las dificultades de todo género que ha tenido que padecer en sus comienzos, desbordaría los límites que nos hemos trazado. Algún día la historia las contará para gloria del Autor de todo bien. Por nuestra parte nos limitamos a decir que nuestra Congregación es menos la obra de un hombre que la obra de Dios. Cuando nació no era más que un grano de mostaza y estuvo muchas veces amenazado de ser ahogado, pero con las bendiciones del cielo y con la alta y benevolente protección del ilustre y santo Obispo de Belley, Mons. Devie, de eterna memoria, este grano de mostaza ha crecido con tanta rapidez que es hoy ya un gran árbol”. (Nuevo Guia, Proclamación)

“La divina Providencia, en sus santos decretos, parece haber reservado al Reverendo Hermano Gabriel Taborin el trabajar de una manera muy especial en la formación de la interesante Congregación que es objeto de esta reseña. Se entregó a ello desde su más tierna edad con un valor y una constancia increíbles”. (Reseña histórica)

 La realidad de la vida religiosa

Para el Hno. Gabriel la realidad de la vida religiosa se traduce en una sola expresión: poseer el “espíritu propio de su estado de vida”. Más que una cuestión de observancias, de actividades, de organización, es una cuestión de “espíritu”, de estilo de vida, de ser (o de no ser). Recordemos que las gentes de Belleydoux y sus alrededores lo llamaban “Hermano” ya antes de haber tomado el hábito religioso.

En sus muchos escritos sobre la vida religiosa tomaremos en cuenta algunas de sus expresiones en la ceremonia de la profesión religiosa y en sus explicaciones de la Regla.

La profesión religiosa

El Hno. Gabriel con su fina sensibilidad litúrgica escribió el ritual (modificado varias veces) para la toma de hábito y la profesión de los Hermanos, colocando en él los elementos esenciales de la vida religiosa.

En la ceremonia de entrada en la vida religiosa escenifica la acogida de la comunidad a los jóvenes con la llamada a la puerta de la capilla, donde se encuentra la comunidad, y la apertura de la misma. En ese momento el maestro de novicios dirá: “Reverendo padre, pido que deis entrada en la casa del Señor a (aquí dirá los nombres de los aspirantes) a quienes he formado y que desean cumplir los consejos evangélicos”. Esa acogida llagará a su punto culminante cuando al final de la ceremonia el Superior y los otros Hermanos dan a los nuevos Hermanos el abrazo fraterno diciendo: “Somos un solo corazón y una sola alma”.

Durante la celebración el celebrante se encarga de recordar cuáles son las exigencias de la vida religiosa a quienes han pedido hacer la profesión. – El celebrante: “Deseáis que Jesús, María y José sean vuestros patronos y queréis ser religiosos de la Sagrada Familia, pero para eso no es suficiente con renunciar al mundo y a sus consignas, tendréis que renunciar también a vuestros familiares, a vuestros amigos y a los bienes de este mundo, llevar una vida pobre y laboriosa y, finalmente, estar dispuestos a ir a pedir limosna para vuestros hermanos si la necesidad así lo exige, y no ver en todas las cosas más que a Jesucristo pobre y mortificado.”

La profesión se integra en varios momentos de la Eucaristía y la fórmula de profesión es pronunciada inmediatamente antes de la comunión con estas palabras: “En presencia de la Santísima Trinidad, de la Santísima Virgen y de San José, hago en la Asociación de los Hermanos de la Sagrada Familia aprobada por Nuestro Santo Padre el Papa Gregorio XVI los votos (TEMPORALES o PERPETUOS) de castidad, pobreza, obediencia y estabilidad, según los Estatutos, Constituciones y Reglas de dicha Asociación a la cual me uno de alma y corazón, con la finalidad de santificarme en ella y de procurar la gloria de Dios.”

Antes de la bendición final hay también una alusión a la generosidad en las actividades de la misión: “Así pues, ya habéis sido admitidos para siempre en la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, como vosotros deseabais. Vivid pues, santamente hasta el día de vuestra muerte, realizad con generosidad, fe y caridad todas las obras que vuestros superiores os confíen y que están descritas en los Estatutos de vuestra Congregación. Con estos piadosos deseos recibid la bendición.”

Las explicaciones de la Regla

El Hno. Gabriel no veía la Regla de vida de la Congregación solo como un conjunto de normas; en todas las versiones de la misma que escribió, la parte normativa y de organización iba acompañada por importantes motivaciones para vivir las exigencias de los votos, de la vida comunitaria, de las actividades de la misión, etc. En el texto de la Regla podemos encontrar una explicación orgánica de todos los temas, en las circulares y otros escritos algunas explicaciones complementarias.

Veamos algunos aspectos en el Nuevo Guía:

Los votos son la ofrenda a Dios de la propia vida: “Por los votos de religión uno ofrece totalmente a Dios su propia voluntad y toda su libertad. Esta es la mayor ofrenda y el mayor sacrificio que se puede hacer a Dios. ¡Dichoso y mil veces dichoso el Hermano que de tal manera se ha entregado al Señor para agradarlo! Ha hecho de él su heredad, y en él tiene el mayor de los tesoros: sólo en la eternidad alcanzará a comprender el valor de su ofrenda”. (32)

La castidad. El Hno. Gabriel concluye una larga lista de motivaciones con esta expresión : “Los Hermanos de la Sagrada Familia, a ejemplo de sus augustos y Santos Patronos, amarán, pues, la castidad de todo corazón y la preferirán a cualquier otra cosa; sin este gran amor por esta virtud evangélica les será imposible mantenerla y serían indignos de formar parte de su Asociación.” (58)

La pobreza. El capítulo sobre la pobreza comienza con estas expresiones: “Los Hermanos recordarán que, por el voto de pobreza, han tomado a Dios por su único y soberano bien, y que sólo a este bien verdadero y permanente han unido su corazón el día de su profesión. En ese día memorable han renunciado a las riquezas de aquí abajo y a toda pretensión mundana, para seguir a Jesucristo pobre”. (78)

La obediencia: La relación entre obediencia y unión comunitaria es así motivada: “Al entrar en la Asociación de la Sagrada Familia, todos los que forman parte de ella han pretendido encontrar la paz, la santidad y la salvación, pero sin la obediencia, es imposible tanto a los inferiores como a los Superiores disfrutar de esos beneficios. Sin la obediencia a la Regla y a los Superiores, la unión que da belleza, fuerza y vigor a una comunidad, desaparece y sólo queda la división, el desorden y el pecado”. (142)

La estabilidad: Por el voto de estabilidad los Hermanos se comprometen a permanecer en el Instituto mientras dure su voto. “A lo que fundamentalmente se comprometen con este voto es a sostener a su Congregación y a mantener la Regla y la finalidad de la misma. Por lo demás, nada hay más coherente y razonable, pues para vivir en una comunidad lo primero que se necesita es que tal comunidad exista, y para que exista necesariamente tiene que estar sostenida por sus miembros. Igualmente es necesario… La gran máxima de San Pablo es que cada cual debe perseverar en la vocación a la cual Dios lo ha llamado.” (181-183)

Para el Hno. Gabriel el amor fraterno tenía expresiones muy concretas: participación en la oración y demás actividades de la vida comunitaria y de la misión del Instituto. “Una vez al año, durante las vacaciones, todos los Hermanos de la Congregación, salvo en caso de enfermedad o de dispensa del Superior General, van a una de las Casas de Noviciado en el tiempo señalado por el Superior General. El fin de esta reunión es asistir al retiro anual de la Comunidad, mantener a los Hermanos en el espíritu de su santo estado, estrechar entre ellos los lazos del amor fraterno, corregir las faltas que se hubieren deslizado en su enseñanza o en los otros trabajos y, finalmente, contribuir al mayor bien de los Hermanos y de su Instituto” (LXIX). “Si mantenemos fuerte la unión que hemos realizado con el fin de santificarnos, siguiendo los consejos evangélicos y dedicándonos a toda clase de buenas obras por amor a Dios y a los hombres, nos apoyaremos mutuamente para vencer al demonio y a sus secuaces.” (CARTA N°. (3) 1845)

Identidad religiosa y espiritualidad propia

Para el Hno. Gabriel la espiritualidad propia del Instituto no es algo sobreañadido a su identidad religiosa: está en el corazón mismo de su consagración religiosa. En efecto, el Hermano hace su profesión, como hemos visto más arriba: “En presencia de la Santísima Trinidad, de la Santísima Virgen y de San José”.

La Regla recuerda al Hermano cuáles son las actitudes cristianas características de su estilo de vida, todas ellas expresiones del “espíritu de cuerpo y de familia”: “Las virtudes que distinguen a un auténtico Hermano de la Sagrada Familia son una fe viva, una obediencia pronta y total, un celo ardiente y desinteresado, una profunda humildad, una pureza constante y, finalmente, el amor al trabajo, al retiro y al silencio”. (LXXIII)

Y finalmente la vida religiosa le proporciona los medios para llegar a la plenitud de la vida cristiana: “Recuerden todos los miembros del Instituto que el yugo del Señor es suave y ligero; amen su Regla y síganla en todos los puntos con verdadero espíritu de fe, persuadidos que ella les llevará directamente a Dios, haciéndoles evitar el pecado y practicar la virtud. De este modo, se atraerán las gracias de Jesús y la protección de sus augustos y Santos Patronos María y José, y tendrán la dicha de procurar la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén”. (LXXV).

Belley, Enero de 2015.

Hermano Teodoro Berzal