La marginalidad es un concepto que presenta muchas facetas según se aplique a una realidad espacial o humana. La marginalidad puede ser una simple situación de hecho (estar en la periferia) que no supone una exclusión ni autoexclusión. Aunque a veces se tiñe también de una cierta minusvaloración. La marginalidad sirve igualmente para detectar la problemática de una sociedad o de un período histórico, quizá mejor que los lugares centrales ocupados por el poder o por las tendencias mayoritarias o más dinámicas.

Aquí lo aplicaremos para una consideración muy sintética sobre el significado de la vida y la obra del Hno. Gabriel Taborin.

Podemos hablar en su caso de una marginalidad :

 geográfica

Las zonas donde vivió y desarrolló su obra el Hno. Gabriel eran marginales. Los departamentos franceses del Ain y del Jura eran marginales no solo respecto a París, sino también a Lyon y sus alrededores. Saboya era marginal en los Estados Sardos con respecto a Turín, la capital del Piamonte. Es cierto, sin embargo, que el Hno. Gabriel fundó hasta seis comunidades en París, su Instituto estaba presente en 16 diócesis y, al final de su vida, intentó tender un puente con los Hermanos de San Gabriel en el oeste de Francia.

socio-económica

El Hno. Gabriel y la casi totalidad de los Hermanos procedían de las zonas rurales y de montaña. La implantación del Instituto se hizo en esas mismas zonas entre la gente del pueblo, entre las capas sociales que menos evolucionaron en esa época. Los grandes fenómenos de la primera industrialización, de la urbanización, de los ejes de comunicación y comercio, quedaban lejos. El Hno. Gabriel decía, sin embargo, con cierta ironía que había salido de Belleydoux con seis francos en el bolsillo, pero al final de sus días era el principal contribuyente en la ciudad de Belley.

 eclesial

La fundación del Hno. Gabriel se sitúa entra las congregaciones de Hermanos que nacieron entorno a la de los Hermanos de las Escuelas Cristianas que ocupaba un lugar central. Estas congregaciones eran valoradas por la Iglesia sobre todo por su actividad educativa y catequética, más que por el testimonio de una vida religiosa renovada y adaptada a los tiempos modernos (relación comunidad-misión). En el caso del Hno. Gabriel, al ser un laico fundador, las incomprensiones y dificultades se multiplicaron.

numérica

Los casi 200 entre Hermanos y Novicios que constituían la congregación y sus 50 establecimientos en los últimos años del Hno. Gabriel eran ciertamente un resultado muy bueno. El mismo estaba admirado de ese insospechado crecimiento. Sin embargo, esas cifras comparadas con las de otras congregaciones similares fundadas en el mismo período (Hermanos Maristas, de San Gabriel, de la Instrucción Cristiana, Marianistas, etc.) son reducidas. Puede también decirse ciertamente que otras eran aún más pequeñas e incluso desaparecieron.

 de existencia legal

El Hno. Gabriel, al final de sus días, era muy consciente de la fragilidad de la Congregación, desde el punto de vista legal. Después de la anexión de Saboya a Francia (1860) estaba prácticamente en el límite de la ilegalidad. En un autógrafo que el Hno. Amadeo conservó cuidadosamente, el Hno. Gabriel escribió: “La Sociedad de la Sagrada Familia tiene una razón de ser y se apoya en el hecho de que ha sido aprobada por el Soberano Pontífice y por el Rey de Cerdeña y que, sabiendo que existe, el Gobierno Francés la ha tolerado”

La marginalidad es el lugar donde mejor se revelan las tensiones, grandes necesidades y carencias de una época, pero también sus oportunidades de desarrollo. Algunas de las grandes aspiraciones en tiempos del Hno. Gabriel, quizá más percibidas en las zonas marginales, eran las de :Marginal 1Marginal 2

 

 fraternidad

El deseo de fraternidad sobre las bases de la igualdad y la libertad proclamadas por la Revolución Francesa atraviesa todo el siglo XIX. Situándose en la línea de la vida religiosa laical, que se remonta al primer monaquismo, y en último término al Evangelio, el Hno. Gabriel promueve con su vida y con su obra una fraternidad que pone en primer término las relaciones sencillas entre las personas y la común dignidad de todos.

responsabilidad de los laicos en la Iglesia

La situación precaria en que la Revolución Francesa dejó a la Iglesia fue el choque que produjo el despertar de muchos cristianos que se consideraban responsables del porvenir de las comunidades cristianas. Gabriel captó muy pronto esa situación y desde su niñez y juventud puso manos a la obra, desde su condición de laico, primero de forma espontánea y luego asumiendo verdaderas responsabilidades eclesiales y sociales.

enseñanza y educación

El derecho a la educación para todos fue abriéndose camino a lo largo de todo el siglo XIX. Pero en Francia, como en otros países, el Estado no disponía de maestros para extender la educación a todos los ciudadanos. Fue en esa coyuntura cuando el Hno. Gabriel, como otros muchos fundadores, intervino con la fundación de su Instituto. Él lo dotó desde el principio de una gran flexibilidad para llegar a los pueblos más apartados y desatendidos.

ampliar horizontes

El Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia tuvo desde los comienzos un cierto carácter internacional: la casa madre estaba en Francia pero la mayor parte de los Hermanos eran saboyanos y muchas escuelas estaban en los Estados Sardos. El temperamento y la obra del Hno. Gabriel eran misioneros. Su actividad se inscribió en el movimiento de evangelización y recristianización de Francia y en un segundo momento no dudó en participar en las misiones externas “ad gentes”.

Hoy los religiosos recibimos la invitación de ir a las periferias humanas precisamente porque en ellas existe la oportunidad no solo de ayudar a quienes más lo necesitan sino porque en esos lugares y situaciones se dan las condiciones para mejor actualizar el carisma que hemos recibido y para descubrir nuevas dimensiones del mismo que difícilmente se encuentran en otras partes. Además con frecuencia ocurre hoy que ahí es precisamente donde se encuentran jóvenes dispuestos a responder a la llamada de Dios para encarnar, transmitir y llevar adelante la misión.

 

Hno. Teodoro Berzal

Belley, enero de 2015