El carisma: una mirada nazarena para humanizar la historia.

Introducción:
Toda cultura es una cosmovisión sustentada por discursos, ideologías, creencias que justifican prácticas, organizaciones, modos de concebir la existencia.
Una mirada desde Nazaret implica reconocer la centralidad de la persona, la igualdad de todo ser humano, en tanto hermano.
Cada hombre ha de ser “otro yo mismo”, mi hermano, a fin de permitirnos la experiencia fundamental del valor del otro, respetando su alteridad, su diversidad.
Humanizar la historia implica…

Cuidar la vida, sintiendo devoción por ésta, en la situación existencial de todos y cada uno de los miembros de nuestras comunidades educativas.

Crear una espiritualidad para la vida, que la honre, valore, coopere en la construcción del bien común, la justicia, la gratuidad, los valores del Reino.

Construir entre todos una ecología (EKos = casa)[1] humana, para lo cual será necesario crear un ambiente sano, fraterno. Todos somos responsables de ello en tanto seres relacionales.

Interpretar la realidad, no crearla, o acomodarla como mejor convenga. Sólo así se podrá tomar conciencia de situaciones o dinámicas que excluyen, a fin de convertirlas.

Globalizar la solidaridad, para humanizar la cultura, recuperando la memoria histórica del orgullo de pertenecer a la gran familia humana para fomentar la fraternidad que de esto se deriva y/o reforzarla.

Una sociedad podrá ser plenamente humana si respeta, cuida, ama y sirve la vida, al otro. Sólo de ese respeto surge la fraternidad como acto ético, es esa proximidad con el otro diferente y hasta distante.
Cuidar de los otros Etimológicamente viene del latín “cura”: curar, atender, puesto en contextos de relación y amistad expresa actitud de desvelo, preocupación, e inquietud por el otro.

Dimensiones del cuidado:

Cuidar significa sentir al otro, acogerlo, respetarlo. Significa vivir la experiencia fundamental del valor del otro, su alteridad en sentido intrínseco. Significa sentir ternura y devoción por la vida en todas las situaciones existenciales. Significa poder captar la esencia de Dios en los demás, las cosas, las realidades.
El cuidado ha de ser el sustrato del ethos fundamental, ha de servir de paradigma inspirador para una nueva forma de convivencia, un nuevo pacto social: “Una ética nueva supone una óptica nueva”[2], logrando por medio de su internalización moldear experiencias y prácticas a fin de interactuar desde la comunión y no desde el dominio.
Ethos entendido como cuidado necesariamente implica generar actos en este sentido, además de construir estructuras de significación en relación al ser del hombre, la vida, el destino común.
¿Acaso, no tendríamos que poner el cuidado en el centro de nuestras prácticas de modo de terminar con la indolencia, la indiferencia que sólo conduce a la muerte del cuidado y del amor.?

Resonancias del cuidado :
Estas son: cordialidad, gratuidad, compasión, amor como apertura y comunión con el otro, cooperación y coexistencia igualitaria, aceptación humilde de los límites, ternura, que sólo puede emerger cuando hay descentramiento hacia los demás. Todas esas resonancias se traducen en tres actitudes básicas :

  • Convivialidad[3] : capacidad de hacer convivir las dimensiones de cuidado, efectividad, compasión…
  • Compasión (padecer con el otro) misericordia (sentir la realidad del otro) construir la comunión desde el que sufre. Tal como Jesús ser inclusivo, compasivo splanjnidsomai implica abrazar visceralmente, con las propias entrañas, los sentimientos o la situación del otro.
  • Misericordia, entendida como: acción o re-acción ante el sufrimiento ajeno, se vincula con la compasión, pues es sufrimiento[4] que ha llegado hasta las entrañas y el corazón.

Concretización del cuidado :

  • Será posible siempre que el rostro del otro sea una pro- vocación, e-vocación y con-vocación a su cuidado.
  • Cuando se pongan los compromisos éticos por encima de los intereses personales. El cuidado mas que meta es principio que acompaña al hombre y le permite renacer a una humanidad perdida, a construir proximidad, fraternidad y que conduce necesariamente a una ética de la vida.

M. M Guerrero

 

[1]EV 42; CA 38
[2]Boff. L “Cuidar la tierra” Ediciones Dabar, Méjico. 2001 pp. 32-43
[3]Boff L Ídem. p. 126
[4] Sobrino, J “El principio misericordia”, UCA Editores, 1993. p.33