Desde el principio de su itinerario el Hno. Gabriel tuvo a algunos sacerdotes que lo acompañaron en los momentos de discernimiento de su vocación o lo aconsejaron en sus múltiples responsabilidades como Superior de una Congregación en fase de fundación o de consolidación.

Con muchos otros sacerdotes entró en contacto a través de las actividades de los Hermanos en las parroquias, entre los que destaca naturalmente el párroco de Ars, o por otros motivos.

En esta breve presentación nos fijaremos solamente en los primeros y citaremos los que ejercieron un influjo más importante y duradero en el Hno. Gabriel.

P. Santiago Charvet

Fue párroco de Belleydoux de 1815 a 1818. Durante la Revolución, antes de ser sacerdote, acompañaba como catequista a los misioneros clandestinos en la región de Brénod. Fue él quien inició a Gabriel en las funciones de cantor, sacristán y maestro. Descubrió en él excelentes cualidades y lo hizo su brazo derecho. Será para Gabriel un punto de referencia irreemplazable. Cuando el P. Charvet deja Belleydoux y es nombrado párroco de Brénod, Gabriel, de 1818 a 1824, iba frecuentemente a ver a su amigo y consejero en Brénod: “estas dos bellas almas se comprendían mutuamente”. (Carta del P. Bernardo Alombert al Hno. Amadeo, 1869).

Al volver a la diócesis de Belley, a comienzos 1827, el Hno. Gabriel va a ver al P. Charvet en Brénod y es precisamente él quien lo aconseja que vaya a ponerse a disposición de Mons. Devie. Y éste lo enviará en un primer momento como catequista a Brénod, desde donde colaboraba en varias parroquias sobre todo para la preparación de los niños a la primera comunión.

P. Juan Francisco Roland (1794 – 1865)

El Hno. Gabriel encontró al P. Roland en Courtefontaine (Jura) como párroco. Durante los meses de 1826 en que el Hno. Gabriel permaneció en el antiguo convento de los agustinos, el P. Roland era el capellán y profesor de los novicios y apoyaba económicamente a la comunidad. Su nombramiento como padre espiritual del seminario de la diócesis de Saint-Claude motivó la salida de la pequeña comunidad del Hno. Gabriel de Courtefontaine. El P. Roland tuvo la delicadeza de acompañarla hasta Ménestruel-Ponzin (Ain), donde se integró en la de la Cruz de Jesús del P. Bochard. Pero el P. Roland permaneció durante toda la vida como un excelente consejero y amigo del Hno. Gabriel. Puede seguirse las huellas de esa relación en las más de 30 cartas del uno al otro que se conservan en los archivos.

El Hno. Gabriel le confiaba con frecuencia sus proyectos y siempre recibía consejos acertados. “Deseo ardientemente su éxito, pero para eso, ponga bases sólidas. Confianza en la providencia es necesaria; ella debe tener parte importante en empresas de esta naturaleza, pero tampoco hay que tentarla temerariamente”, escribía el P. Roland al joven Fundador en 1827.

Ya en Belmont, el Hno. Gabriel propuso al P. Roland que viniera a hacerse cargo como Superior de la congragación que estaba fundado, es más, le proponía incluso la fundación de una rama femenina: “Tengo la seguridad de que nuestro santo Obispo le recibirá con gusto y le ayudará lo mejor que pueda en sus empresas, cuando sepa que acepta estar a la cabeza de la Sociedad de los Hermanos y de las Hermanas de la Sagrada Familia. (Carta del Hno. Gabriel del 21/07/1836). Pocos años después, al ser nombrado por Mons. Devie Superior de por vida, el Hno. Gabriel confía al P. Roland: “Pero en esta ceremonia no he sido yo el más favorecido, pues el prelado ha dado a mis Hermanos una corona de rosas y ha puesto en mi cabeza una de espinas de la que siento ya los pinchazos” (Carta del 01-01-1839).

Más tarde, fue el P. Roland quien aconsejó al Hno. Gabriel que formara Hermanos para trabajar como auxiliares en los Seminarios y fue también él quien propició varias fundaciones de la Congregación en el Franco Condado, al este de Francia.

P. Marino Gache (1798 –1853)

Mientras estaba en Brénod en 1827 el Hno. Gabriel entró en contacto con el P. Gache, párroco de Champdor. Ambos pueblos distan pocos kilómetros y el Hno. Gabriel a finales de agosto se estableció en la casa parroquial de Champdor porque disponía de espacio suficiente para albergar a algunos novicios que había reunido.

Cuando ya estaba en Belmont, y tras las grandes dificultades de los primeros años, el Hno. Gabriel consiguió que Mons. Devie nombrara al P. Gache párroco de dicha localidad. La confianza recíproca entre ambos hizo del P. Gache un excelente colaborador en el nacimiento de la Congregación y al Hno. Gabriel un buen animador de la parroquia.

El P. Gache iba con frecuencia al Noviciado y participaba en la formación de Novicios y Hermanos. Su apoyo a la fundación se puso de manifiesto de forma evidente cuando el Hno. Gabriel se ausentó en 1834 por algunas semanas para ir a Vourles, cerca de Lyon, con el P. Luis Querbes, que estaba a su vez fundando la Congregación de los Clérigos de San Viator, una institución similar a la del Hno. Gabriel. Fue el P. Gache quien avisó al Hno. Gabriel que su obra estaba a punto de perecer si no regresaba inmediatamente a Belmont.

El P. Gache permaneció como párroco de Belmont hasta su muerte y el Hno. Gabriel le testimonió siempre un recuerdo agradecido en sus cartas.

P. Pedro Augusto Gourmand (1814 – 1872)

El Hno. Federico presenta así a este sacerdote llegado a Belmont en 1839: “Otro motivo de consuelo para el Hermano Fundador fue el nombramiento del Rvdo. Gourmand como capellán de la comunidad. Este sacerdote joven, inteligente, celoso y lleno de buena voluntad, llegó a Belmont el día de la Sagrada Familia, 19 de Septiembre de 1839. Todos los Hermanos estaban allí reunidos, como era costumbre. Pudo ir conociéndolos a lo largo de un mes, pues la clausura del retiro tuvo lugar aquel año el 21 de Octubre. Monseñor la presidió y recibió los votos de cinco nuevos Hermanos”. En el momento de extrema dificultad que supuso el paso de Belmont a Belley, el mismo Hno. Federico comenta: “No fue pequeño estímulo para ellos el ejemplo del Rvdo. Gourmand, su capellán, quien, con espíritu de sacrificio, quiso someterse a las privaciones de todos”.

El P. Gourmand, además de capellán, era profesor en el Noviciado. Tanto en Belmont como luego, en Belley hasta 1848, fue profesor de gramática, religión y matemáticas. Era particularmente experto en esta última materia. Recordemos que en aquel tiempo en el Noviciado los Hermanos se formaban para la vida religiosa, pero también como maestros de las escuelas primarias.

En 1848 el P. Gourmand fue nombrado párroco de Neuville-les-Dames (Ain), pero continuó manteniendo el contacto con el Hno. Gabriel a través de la correspondencia y de alguna visita. El Hno. Gabriel le enviaba cada año la circular dirigida a los Hermanos. En 1853 le envió también los estatutos a los cuales el P. Gourmand hizo algunas observaciones sobre los votos. Como conocía a muchos Hermanos, le gustaba conocer las noticias sobre la Congregación y su desarrollo. En 1849 aconsejó al Hno. Gabriel dirigirse al célebre político cristiano Carlos de Montalembert para solicitar la aprobación del Instituto por parte del Gobierno francés.

Al enterarse de la muerte del Hno. Gabriel, envió su testimonio al Hno. Amadeo, que había sido alumno suyo.

P. Juan María Desseignez (1794 -1878)

El P. Desseignez era párroco en Genay, cerca de Trévoux, en 1827 cuando el Hno. Gabriel tuvo su encuentro decisivo con Mons. Devie. Años después, en 1851, llegó a Belley como canónigo de la catedral. Entre otras actividades tenía como misión la de confesor ordinario de la comunidad de la Casa Madre, actividad que ejerció hasta su muerte, como afirma el Hno. Federico: “Este venerable sacerdote, lleno de celo por la gloria de Dios y con experiencia en la dirección espiritual, hizo mucho bien en la Congregación. Le gustaba estar con nosotros. Le encantaba sustituir a nuestro capellán en las celebraciones litúrgicas, cuando éste se encontraba ausente. Este santo sacerdote, con más de ochenta años de edad, quiso trabajar hasta el fin en la santificación de nuestras almas”.

El P. Desseignez, como confesor del Hno. Gabriel, lo asistió en sus últimos momentos. Podemos ver su figura detrás de estos pasajes que narran los últimos días del Fundador: “El 18 de este mes, viernes, recibió los últimos sacramentos, acompañado por toda la comunidad. Jamás olvidaremos la fe viva y la piedad enternecedora que manifestó durante esta emocionante ceremonia. Cuando nos pidió a todos perdón por las penas que hubiera podido causarnos a lo largo de su vida y por no habernos dado buenos ejemplos, como era su obligación, rompimos a llorar copiosamente. El día 22, martes, recibió, visiblemente arrepentido, la indulgencia plenaria para el momento de la muerte y dijo con voz en la que se traslucía la emoción: ‘¡Cuántos favores me ha concedido el Señor durante mi enfermedad. Le doy gracias con toda mi alma’. Muchas otras veces le hemos oído manifestar el profundo agradecimiento que brotaba de su corazón”.

Después de la muerte del Hno. Gabriel el P. Desseignez dio este magnífico testimonio sobre la fe del Hno. Gabriel, recogido por su biógrafo: “Su fe brillaba esplendorosamente, de modo especial en el sacramento de la Penitencia, al que se acercaba con gran alegría y en el que experimentaba hermosos consuelos. Realmente veía en el sacerdote al ministro de Jesucristo. Nosotros ya sabíamos esto; pero el canónigo, Rvdo. Desseignez, su confesor, nos dijo, algún tiempo después de su muerte: “¡Qué fe tan grande tenía el Hermano Gabriel en el sacramento de la penitencia! Así como era firme, cuando se trataba del gobierno de su Instituto, así también era humilde y sumiso, cuando se encontraba ante su confesor: era un verdadero cordero. Podían percibirse claramente dos hombres en él: el cristiano perfectamente sumiso, por una parte, y el hombre encargado de dirigir una comunidad, por otra”

Mons. Alejandro Raimundo Devie (1767 – 1852)

La función de guía que Mons. Devie ejerció con respecto al Hno. Gabriel merece un capítulo (y un amplio capítulo) aparte. Aquí daremos solamente algunas indicaciones esenciales.

El primer encuentro del Hno. Gabriel con Mons. Devie tuvo lugar el 25 de febrero de 1827 en Genay (distrito de Trévoux). “En cuanto pude abrir mi corazón al santo obispo de Belley sobre mi vocación, sobre la Asociación que yo quería fundar y sobre las pruebas a las que la divina Providencia había querido someterme desde el principio, el venerable prelado me predijo que me esperaban otras aún mayores; pero me dijo expresamente que no debía desanimarme. Me prometió su ayuda y protección, e incluso su apoyo económico si era necesario. Y tengo que decir que ha sido fiel a sus promesas hasta el día de su muerte”. De ese encuentro nació una confianza mutua que fue creciendo con el tiempo, conoció momentos de dificultad, pero no se desmintió jamás.

Mgr Devie

Durante el período que el Hno. Gabriel vivió en Belmont ejerció su actividad pastoral con respecto a la naciente Congregación de varias maneras, algunas muy positivas otras más difíciles de interpretar:

Proporcionó a la comunidad algunas personas de apoyo: nombramiento del P. Gache y de los capellanes P. Jeannet y P. Gourmand.

Propuso o aceptó la propuesta de integración de la comunidad de Belmont en otros proyectos de fundación: Clérigos de San Viator, Catequistas de Saint Arthaud, Sociedad de María.

Nombró como delegado suyo para la Comunidad al canónigo Luis Francisco Robert, cuyo modo de proceder ocasionó bastantes dificultades al Hno. Gabriel.

Hizo algunas visitas pastorales a la Casa durante las cuales presidía la toma de hábito o la profesión religiosa. Durante la de 1838 nombró al Hno. Gabriel como Superior de por vida.

Aprobó la Regla de la congregación y recomendó a los párrocos el envío de novicios a Belmont.

A través de las cartas y de las entrevistas personales daba orientaciones concretas y consejos espirituales al joven Fundador.

Propició el traslado de la Casa Madre a Belley.

Los principales aspectos en que Mons. Devie y el Hno. Gabriel entraron en una intensa relación durante el período en que ambos vivieron en Belley fueron:

La formación personal del Fundador y Superior.

El Hno. Gabriel dice en la súplica dirigida al Papa pidiendo la aprobación del Instituto en 1841: “Mi propia formación para la vida religiosa se la debo al celo y a la profunda piedad de este dignísimo y venerable Obispo”. Según el testimonio del P. Cognat, biógrafo de Mons. Devie, éste recibía al Hno. Gabriel a diario en el palacio episcopal y le aconsejaba en algunos puntos tan esenciales como la práctica de la oración y de la dirección de los Hermanos.

Otro aspecto que menciona el Hno. Federico: “Si la fe es el fundamento de las virtudes cristianas y religiosas, la humildad vela sobre todas ellas. Nuestro Fundador tuvo la suerte de encontrar en Mons. Devie a un maestro excelente para enseñásela y, a la vez, un modelo perfecto en la práctica de esta virtud… Su Excelencia quiso que viviera en actitud de humildad; que hablase poco de su Congregación; que él y los suyos hicieran el bien sin ostentación, como lo habían hecho sus Patronos, Jesús, María y José en Nazaret”.

La garantía institucional civil y eclesial.

Junto con el arzobispo de Chambéry, Mons. Devie apoyó la petición de aprobación pontificia del Instituto. Lo mismo hizo para solicitar la aprobación del Gobierno Francés en varias ocasiones. Al no haberla conseguido, era el obispo el garante ante las autoridades civiles: administrativas, académicas, judiciales, militares. Mons. Devie tenía que intervenir en las gestiones importantes y lo hizo prudentemente con sus consejos o sus autorizaciones. En varias ocasiones prestó un apoyo económico a la Congregación.

El desarrollo del Instituto.

Podemos citar algunos aspectos. Autorizó que los Hermanos pronunciaran votos perpetuos en 1844. Bastantes peticiones de fundación de comunidades llegaban directamente al obispo y él las transmitía al Superior. Aceptó la ordenación sacerdotal de algunos Hermanos. Aprobó la creación de la fiesta de la Sagrada Familia. Y finalmente podemos citar aquellas palabras de Mons. Devie: “Salvaremos a las familias por medio de la Sagrada Familia”.

El Hno. Gabriel resume así la acción de Mons. Devie en la circular en que anuncia su muerte a los Hermanos: “Mons. Devie nos hizo un gran bien, queridos Hermanos, ocupándose constantemente de nosotros con sus benévolos y prudentes consejos, que para nosotros eran como oráculos” (Circular de 1852).

Mons. Alejo Billiet (1783 – 1873)

Antes de empezar su ministerio como arzobispo de Chambéry en 1840, había sido obispo en Saint-Jean de Maurienne, también en Saboya. Al llegar a la diócesis de Chambéry, hizo una encuesta en sus parroquias y publicó el resultado en una “Memoria sobre la instrucción primaria en el Ducado de Saboya”, que tuvo una gran resonancia.

Muy interesado por el desarrollo de la educación, ayudó a varias congregaciones a establecerse en Saboya. A principios de 1841 escribía al Hno. Gabriel: “Deseo, sinceramente, que Dios derrame sus bendiciones sobre su Sagrada Familia. Haré con gusto todo lo que de mí dependa para favorecer a todos los establecimientos que ya ha fundado en Saboya. Lo esencial para una obra de esta naturaleza es la elección de los hombres y un buen noviciado. Es preferible ir despacio, crear pocos establecimientos en princi­pio, pero con gente segura y bien preparada”. Y bajo su protección el Hno. Gabriel, desde 1846 a 1850, abrió 45 escuelas en Saboya y Alta Saboya y cierra solamente 12. En 1849 sus Hermanos dirigen 31 escuelas.

Mgr Billiet

El otro aspecto en el que la benevolencia del Arzobispo de Chambéry se manifestó respecto al Hno. Gabriel y su Congregación, fue su apoyo institucional en las relaciones con las autoridades civiles y eclesiales. Ya hemos visto su intervención con motivo de la aprobación pontificia del Instituto. Hay que añadir la ayuda prestada al Hno. Gabriel en sus gestiones ante el Gobierno de los Estados Sardos para conseguir la autorización concedida por el Rey Carlos Alberto y la exención del servicio militar de los Hermanos saboyanos; así como su intervención favorable en el asunto de la Escuela de Método y en la compra del monasterio de Tamié.

Las visitas del Hno. Gabriel a la curia de Chambéry y sus más de 150 cartas (y otras tantas recibidas) manifiestan unas relaciones fluidas y, a pesar de momentos de tensión y dificultad, una reciproca confianza y voluntad de colaboración. El Hno. Gabriel sintetiza así su agradecimiento a Mons. Billiet en una carta de 1853: “Su Excelencia le dio la vida (al Instituto) en Saboya. Creo que no hubiese podido vivir sin Monseñor Billiet, en quien he tenido la dicha de encontrar un Padre, un amigo y un gran protector. ¿Qué hubiese sido de nuestro proyecto de Tamié sin Su Excelencia?”.

Conclusión

En su libro “El Ángel conductor de los peregrinos de Ars” el Hno. Gabriel dice que Dios ha querido “darnos, para conducirnos en la peregrinación de esta vida, dos amigos sinceros a los que tenemos que considerar como nuestros ángeles conductores en los caminos de la salvación. Estos dos amigos fieles, que quizá hemos ignorado o despreciado hasta ahora, y cuyos nombres deberían estar grabados con letras de oro en todos los corazones, son: el Ángel custodio y el buen Sacerdote.” Y a continuación traza un perfil del “buen sacerdote”, que aparece sobre todo como acompañante y guía para quienes caminan hacia el cielo: “Dios no podía hacer al hombre mejor presente, ni darle un mejor guía visible en la peregrinación de esta vida. El sacerdote no niega a nadie la ayuda de su ministerio: es el consuelo de la viuda, del huérfano, del pobre y del enfermo, como también el consejero de los ricos. ¿Qué sería de nosotros sin el ministro de la religión?”

Detrás de ese perfil aparece explícitamente el Santo Cura de Ars, pero quizá también los otros sacerdotes y obispos que lo acompañaron a él personalmente.

Hno. Teodoro Berzal

Belley, enero de 2015