1. Asia: diversidad de religiones y culturas.

Asia es una parte del mundo muy variada, donde existen grandes diferencias entre religiones y culturas y donde viven casi dos tercios de la población mundial. Las características que señalaré se refieren sobre todo a la India y pienso que son válidas en general para Indonesia. Filipinas tiene características distintas en bastantes puntos, pues es el único país asiático donde los católicos son la gran mayoría.

Una realidad multicultural y plurirreligiosa: La población vive generalmente con fuerte adhesión a su propia religión: hinduismo, budismo, islamismo, cristianismo (protestantismo y catolicismo), confucionismo, y sin olvidar las personas tribales que siguen practicando sus religiones tradicionales. En un mismo país nos encontramos con culturas y lenguas muy diferentes pues cada nación está formada por un conglomerado de pueblos que han vivido independientes y separados entre sí durante milenios. Su agrupación como estados es relativamente reciente.

Grandes diferencias sociales: con una minoría rica y cultivada intelectualmente, en posesión del poder político y económico, y con una mayoría pobre y educación deficiente, con grupos dentro de ella especialmente marginados y necesitados.

– Están haciendo un gran esfuerzo por mantenerse unidos y por vivir en concordia, pero no les resulta nada fácil. Se está incrementando una cierta tendencia al predominio de la mayoría hindú (India) o islámica (Indonesia) sobre la minoría sin el suficiente respeto en muchas ocasiones hacia ella. Hay además movimientos independentistas en lo político y fundamentalistas en lo religioso. Existen grupos guerrilleros muy activos y persecución religiosa más o menos velada en diversos lugares.

– La Iglesia está perfectamente estructurada a nivel local y nacional. Tiene sus conferencias episcopales bien organizadas. Su influencia es muy superior al que podría indicar el reducido número de católicos. Proyecta su acción en muchas obras sociales y de promoción humana sobre toda la población y no sólo sobre la católica. Pero a veces se nota en ella algunos defectos comunes a la misma sociedad como es el sistema de castas o la influencia de diversos grupos de poder que atenta contra la dimensión de comunión que en la Iglesia debe ser esencial. Prácticamente todos los religiosos y religiosas son autóctonos y los misioneros extranjeros son muy pocos y tienen muchas dificultades por parte del Gobierno para entrar, permanecer y realizar un trabajo apostólico directo.

2. Desafíos actuales y respuesta desde nuestro carisma.

1. Necesidad de diálogo interreligioso y de inculturación

Los cristianos en Asia viven en minoría en medio de una población mayoritariamente hindú (India) o musulmana (Indonesia). Esto supone importantes desafíos filosóficos, teológicos, sociales y políticos a la misión de la iglesia. Es necesario que los teólogos se comprometan en un sano diálogo con los pensadores de las otras religiones y de otras culturas en un intento de búsqueda de la verdad que existe por debajo de las diferencias, y en un clima de mutuo respeto y tolerancia. La persona de Cristo no es un obstáculo sino una figura atractiva en el continente asiático. El corazón de Asia no descansará hasta que no encuentre su paz en Cristo: “Contemplando a Jesús en su humana naturaleza, los pueblos de Asia encuentran en él respondidas sus cuestiones más profundas, sus esperanzas satisfechas, su dignidad reconocida y su desesperación superada (“Ecclesia in Asia” 14).

Las dificultades vienen de otros campos como por ejemplo de la memoria de la historia colonial con sus heridas aún no cicatrizadas en la que el cristianismo era la religión de los colonizadores o los perjuicios de los que se sienten víctimas ocasionados por ciertos países considerados cristianos.

En este contexto, el carisma nazarenos centrado en el misterio de la encarnación de Jesús y el ejemplo de las comunidades de los Hermanos de la Sagrada Familia viviendo inculturadas en el lugar en que están insertas, serán un magnífico ejemplo que ayudará a la convivencia pacífica y fraterna.

2. Urgencia de Nueva Evangelización.

Como en otras partes del mundo, la presión desde el poder político (p. e. discriminación económica para los “dalits” cristianos), el paso del medio rural al urbano, el intento de las sectas y otros grupos por atraerse seguidores… constituyen una tentación para abandonar la Religión Cristiana. Es urgente revitalizar la fe de los católicos como exigencia de la misión de la Iglesia. La principal finalidad de los Planes de Pastoral es fortalecer el seguimiento de Jesucristo y formar a los católicos en la oración y la utilización de la Sagrada Escritura con la intención de ayudarles a vivir su fe y a que puedan presentarla a los demás. Nuestro carisma Sa-Fa que ofrece una atención primordial a la catequesis, tiene un magnífico campo de acción para ayudar a que los cristianos profundicen su Fe y puedan “dar razón de su esperanza”.

3. Promoción del laicado.

Muchos cristianos tienen muy escaso conocimiento de la Religión. En muchas parroquias la catequesis queda reducida y generalmente de forma breve y superficial, a la preparación para la Primera Comunión.
Con algunas excepciones, la Iglesia en Asia es vista como una institución predominantemente clerical: en la administración, la liturgia, la formación, etc. Los laicos más conscientes y especialmente las mujeres y los jóvenes están bien dispuestos a comprometerse más en la iglesia local. Es deseable una mayor cooperación entre los diferentes estados en la Iglesia (sacerdotes, religiosos y seglares) para que la misión evangelizadora sea más efectiva. La vocación de religioso Hermano por su doble condición de persona consagrada y al mismo tiempo laica puede ser un buen puente de unión.

4. Aumento de persecuciones y leyes anti-conversión

En los países democráticos de Asia está reconocida oficialmente la libertad de religión. En la India, por ejemplo, el artículo 15 de la Constitución así lo proclama: Cada ciudadano indio tiene derecho a practicar y promover su religión pacíficamente. Sin embargo está aumentando la intolerancia religiosa que tiene como consecuencia una creciente violencia contra los cristianos. Y esto a veces promovido o tolerado desde ámbitos cercanos al poder. Algunos Estados prohíben convertirse a la religión cristiana. La Iglesia en la India vive por una parte en un contexto de riqueza cultural y pluralidad religiosa y por otra parte es víctima de un fundamentalismo religioso con desafíos sociales añadidos como corrupción, violación de derechos humanos, pobreza, sistema de castas, marginalización de la mujer… En medio de estos retos la Iglesia busca desarrollar su misión, evitando la doble tentación de huida o de inhibición.

El Mensaje Final del Sínodo sobre la Nueva Evangelización reconoce esta dura realidad y anima a los cristianos de Asia a ser fuertes: “Vuestra presencia, a pesar de ser una pequeña minoría, es una semilla profunda confiada a la fuerza del Espíritu que crece en diálogo con las diversas culturas, con las antiguas religiones y con tantos pobres. Aunque a veces está situada al margen de la vida social y en diversos lugares incluso perseguida, la Iglesia de Asia, con su fe fuerte, es una presencia preciosa del Evangelio de Cristo que anuncia justicia, vida y armonía” (n. 13).

Nuestro lema congregacional nos invita a trabajar, a esforzarnos, a comprometernos aun en medio de dificultades (labore) por conseguir la paz (pax), (caritate). Debe ser un buen instrumento para responder a estos desafíos.

3. Aspectos de la cultura asiática que pueden enriquecer el carisma Sa-Fa.

Acabamos de citar los principales desafíos que tiene Asia en estos momentos. Hemos señalado cómo nuestro carisma SAFA puede y debe contribuir a darles respuesta adecuada. Apuntemos cómo nuestro carisma puede salir renovado y profundizado en este contexto.

1. Revitalizar del espíritu de familia.

Sabemos que éste es un elemento esencial de nuestro estilo de vida y acción. Conviene prestar atención a los siguientes aspectos:

– Susurrar el Evangelio al alma de Asia. No emplear lenguaje agresivo o posturas violentas. Estar atentos al suspiro milenario de millones de asiáticos y al mismo tiempo estar abiertos a las nuevas ideas válidas hoy procedentes de cualquier parte del mundo. Tender puentes entre ideologías, filosofías y civilizaciones, sin defender particulares intereses, promoviendo armonía y mutua comprensión.

– Dialogar con el pueblo sencillo no sólo con la élite. Prestar atención no sólo a la cultura de las castas dominantes que ha marginado durante siglos a la población “dalit”, a la gente tribal y a las culturas regionales. Estas comunidades humildes forman el 85 % de la sociedad india actual. A ellas pertenecen la mayoría de los cristianos de la India y la práctica totalidad de las personas con las que nosotros nos relacionamos habitualmente. Nazaret es atender a la gente sencilla escogida por Dios para “realizar obras grandes”.

– Dialogar con seres humanos “de carne y hueso”, no sólo con teorías e ideas. El hombre no vive únicamente con el cerebro sino también con el corazón y con la experiencia de la vida. Nazaret es la Encarnación del Verbo en un ser humano concreto: Jesús, en un contexto determinado.

2. Irradiar Fraternidad.

Nuestras Comunidades integradas por miembros de diferentes estados, lenguas y culturas, sirviendo con amor a alumnos, formandos y personas adultas, pertenecientes a diversas religiones y culturas, constituirán un magnífico estímulo para superar las barreras de separación y construir puentes de tolerancia y cooperación.   Impulsado por la necesidad de ser promotor de esta nueva humanidad de solidaridad y hermandad, nuestro carisma puede ser “refundado” profundizando de forma creativa nuestra identidad de Hermano y ofreciendo un espacio donde se vivan a fondo las virtudes nazarenas como la amabilidad acogedora, la confianza mutua, la reconciliación generosa, la sencillez humilde, el servicio desinteresado, la comunicación sincera, la alegría compartida, etc.

3. Favorecer la elocuencia del testigo.

Jesús vivió en su vida oculta durante treinta años lo que luego proclamaría en su vida pública durante tres. Ello nos habla de la importancia del ejemplo, de la coherencia entre vida y verdad a transmitir. Hay mucha gente en Asia que busca un mensaje vital, algo más que un mero entretenimiento o una retórica vacía. Persigue una verdad por la cual pueda vivir y morir. Y ésta sólo puede ser transmitida por testigos, personas cuyo estilo de vida se acomode a este mensaje. “Cada uno debe dar testimonio insustituible para que el Evangelio pueda cruzarse con la existencia de tantas personas. Por eso se nos exige la santidad de vida” (Sínodo 3). “Cada situación es una oportunidad para los cristianos para mostrar con fuerza el poder que la verdad de Cristo ha adquirido en sus vidas” (Ecclesia in Asia 42). Esto se proyecta principalmente en el amor hecho servicio generoso.

4. Promover una educación integral e integradora.

Uno de los campos preferentes de nuestra misión ha sido y sigue siendo también hoy el de la educación. En gran parte de Asia la escuela ha sido un medio privilegiado para la primera evangelización y también para la actual. Así lo proclama la experiencia realizada por los primeros misioneros y por sus seguidores, lo reconocen las Conferencias Episcopales en sus planes pastorales y en el terreno práctico en las muchas escuelas que han creado y dirigen actualmente. Se abre una escuela cristiana y acude la población circundante independientemente de su credo y convive armónicamente, conoce los valores evangélicos y se siente satisfecha del servicio que se le ofrece. Para los alumnos más alejados en lugares más recónditos con difícil acceso a la educación se crean albergues estudiantiles. En Asia la escuela Sa-Fa puede ser un medio muy válido de promoción humana y educación cristiana, que responda a una fuerte demanda social y a una exigencia evangelizadora.

5. Potenciar una catequesis de la experiencia.

Recordamos al Ven. H. Gabriel, su experiencia como catequista y su insistencia en la importancia de la educación de la Fe de niños y jóvenes. Evocamos su consejo de ponernos al alcance de los niños. Comprobamos la necesidad que los asiáticos tienen de cultivar su fe en la catequesis y su buena disposición y pensamos: la unión de la demanda y de la oferta auguran un futuro prometedor. Hemos de prestar atención al Evangelio pero también a los destinatarios. Hemos de sembrar y regar la semilla que transforme desde dentro las mentes, y los corazones de los niños y jóvenes asiáticos, sin descuidar la atención a la educación de la fe de los adultos y la pastoral familiar. La futura creación y desarrollo de fraternidades nazarenas, de catequistas, profesores y otros grupos de la Familia Sa-Fa supondrá importantes pasos adelantes en los objetivos perseguidos.

6. Celebrar la Liturgia acentuando su belleza y su sentido de adoración.

Para nuestro Fundador la escuela, la catequesis y la celebración litúrgica están en estrecha relación. Con el Sínodo sobre la nueva Evangelización reconocemos que “la fe se decide sobre todo en la relación que establecemos con la persona de Jesús, que sale a nuestro encuentro” y que “la belleza de la fe debe resplandecer, en particular, en la sagrada liturgia, sobre todo en la Eucaristía dominical (Mensaje final n. 3) En Asia tiene gran importancia la Misa de cada domingo, que se celebra sin prisa, cuidando todos sus elementos desde los cantos de la asamblea con sus ritmos e instrumentos propios hasta el sentido profundo de adoración que lo impregna todo. Igualmente el marco artístico en el que se realiza la celebración debe estar de acuerdo con la sensibilidad estética asiática: templos, imágenes, ornamentos, etc.

También son muy importantes las procesiones y las peregrinaciones a santuarios en las que participan con frecuencia y entusiasmo colectivo. Ahí puede tener nuestro carisma una expresión propia, como en otras partes del mundo, con Hermanos atendiendo a los peregrinos y sirviendo a los centros de peregrinación.

Conclusión.

Si para nuestra Congregación el siglo 19 fue el del comienzo en Europa y primera proyección a Sudamérica, el siglo 20 fue el de su expansión en África, este siglo 21 puede ser el de su apertura a Asía sin detrimento de su presencia en las demás partes del mundo. Para ello será necesario un diálogo fecundo entre población asiática y carisma Sa-Fa. Que la Sagrada Familia que vivió en este continente y nuestro V. Hermano Gabriel, de alma misionera que soñó un mundo sin fronteras, nos ayuden a encarnar esta esperanza que ya empieza a ser una prometedora realidad.

Hermano Justo Rubio