Hermano. João Wohlfart

Después de un largo y frío invierno y una noche oscura, surgió una nueva primavera franciscana en la Iglesia. Francisco y la Encíclica Laudato Si representan la aurora del Espíritu en una Iglesia entumecida durante siglos, y de un mundo marcado por el antropocentrismo y el egoísmo de la sociedad, que piensa demasiado en el consumo de cosas materiales. Es la “carta magna” de la nueva civilización y que amplía el evangelio en una perspectiva de solidaridad universal. El texto de la Encíclica expresa una significativa novedad para nuestro tiempo, nos desafía a cambiar la forma en que pensamos y actuamos y nos urge a adoptar nuevas prácticas éticas y políticas. Ante una Iglesia excesivamente centralizada en sí misma, preocupada por sus dogmas y verdades absolutas, Francisco ofrece un proyecto de Iglesia que extiende su mensaje a los campos de la economía y de la política y que tiene que ver con la preservación de la casa común.

El significado más profundo de la encíclica es la noción epistemológica de que todo está interrelacionado. Una especie de estribillo musical se repite varias veces a lo largo del texto, abandonando la concepción tradicional vertical del mundo y reemplazándolo por la imagen de una red en la que todo está conectado e interrelacionado. No existe sólo un tejido horizontal de relaciones, sino una estructura relacional dinámica que incluye varios sistemas y los dinamiza en un conjunto organizado. La sociedad humana se organiza en macro-relaciones políticas, sociales y económicas de sociabilidad estructurando la socialización en movimientos multilaterales de interculturalidad que forman una sociedad planetaria. La ecología es otro círculo que integra el agua, el aire, la luz, la tierra, los mares, los ríos, ecosistemas, microorganismos y el clima que forman el ecosistema global. El concepto de la ecología integral busca integrar la naturaleza y de la sociedad en una ciudadanía ecológica destinada a preservar la vida en el planeta.

Otra esfera está compuesta por todo el Universo estructurado por miles de millones de galaxias, por los sistemas galácticos y movimientos relacionales en un Cosmos en permanente organización y expansión. Para Francisco, “en este universo, compuesto por los sistemas abiertos que se ponen en comunicación entre sí, podemos descubrir innumerables formas de relación y participación” (FRANCISCO, 2015, § 79). Se trata de una referencia macro-sistemática según la cual en el Universo se describen movimientos retroactivos que se combinan en la actualidad de su evolución con las fuerzas y las estructuras previamente acumuladas, en los movimientos hacia adelante que se extienden en la flecha de la evolución, los que se mueven hacia adentro en la calidad de la reflexividad espiritual y los que se mueven hacia lo alto delineando sistemáticamente otros nuevos círculos. La última esfera evocada por Francisco es la noción del Dios Trino que compenetra e impregna todo el Universo, el mundo y la sociedad como un tipo de estructura dinámica universal. Esta compenetración se da por la significatividad espiritual y trascendente del Padre como principio Fontal del Universo, por las estructuras materiales y galácticas correlacionadas con la Encarnación del Hijo y por la relacionalidad universal y sistemática del Espíritu que transforma el Cosmos en un sistema de relación universal. Para Francisco,

“El Padre es la fuente última de todo, fundamento amoroso y comunicativo de cuanto existe. El Hijo, que lo refleja, y a través del cual todo ha sido creado, se unió a esta tierra cuando se formó en el seno de María. El Espíritu, lazo infinito de amor, está íntimamente presente en el corazón del universo animando y suscitando nuevos caminos. El mundo fue creado por las tres Personas como un único principio divino, pero cada una de ellas realiza esta obra común según su propiedad personal. Por eso, «cuando contemplamos con admiración el universo en su grandeza y belleza, debemos alabar a toda la Trinidad» (FRANCISCO, 2015, § 238).

Es éste uno de los mejores y más importantes textos de Laudato Si, y expone una visión filosófica y teológica actualizada, en que las personas trinitarias aparecen en su diferencia, en su identidad y en su relación. En este movimiento trinitario, el texto destaca la circularidad de la relación inmanente a la Trinidad en la que cada persona contiene sintéticamente a las otras dos en la condición de configuraciones y de relaciones amplias, que se desbordan en la estructuración del Universo formada por el espacio, el movimiento, la energía y la estructura de la materia. Como la creación no se acaba con lo que ocurre en el libro del Génesis, sino que está inscrita en la noción evolutiva de permanente formación y transformación, cualquier acción es obra de toda la Trinidad. En esta lógica, cada Persona se mueve en la Trinidad entera que converge en cada Persona como relación subsistente. Del mismo modo, en un movimiento de expansión, el universo de los sistemas solares y galaxias forma el Universo y las estructuras cósmicas forman los planetas y los seres humanos. Dentro de esta visión antropológica dinámica es superada la moderna visión individuo-céntrica por una visión sistémica en la que el hombre es un nudo de las relaciones sociales, lo cual conecta a todos los seres humanos en una estructura de solidaridad universal.

Las cuatro esferas que Francisco expone la Encíclica, la sociedad, la ecología, el Cosmos y Dios forman una sucesión de ondas dinámicamente integrados en los movimientos que empiezan por la sociedad y la ecología, van más allá de la estructura del Universo en sus galaxias, conglomerados y súper-conglomerados de galaxias interrelacionados por tejidos cósmicos que llegan hasta Dios. Por otra parte, Dios en su trinidad y su tri-personalidad divina, constituida por relaciones subsistentes, conecta todas estas estructuras y esferas con todas las otras de manera que todo está en Dios y Dios está en todo. Dios está en todo a través de todo, y todo está relacionado sistemáticamente con todo. El sistema global está articulado por movimientos dinámicos en los que se integran diferentes esferas, se inter-penetran, se sobrepasan y se acogen mutuamente. Esta circularidad esboza movimientos que partiendo de Dios penetran todos los elementos de la sociedad, de la naturaleza y del Cosmos; y los movimientos que parten de las partículas subatómicas de la física cuántica y de los microorganismos, del ser humano y se extienden hasta las más complejas estructuras cosmológicas.

La novedad de la Encíclica es de un alcance fantástico. El texto presenta varias expresiones prohibidas y diabolizadas por la Iglesia hasta hace poco. La plataforma filosófica de fondo que proporciona la base teórica se incorpora por primera vez en un texto pontificio, lo que significa que representa el inicio de una nueva síntesis entre la fe y la razón, entre la Filosofía y la Teología. Para Francisco, ” El universo se desarrolla en Dios, que lo llena todo.” (FRANCISCO, 2015, § 233). Esta frase significa un diálogo con Baruch Spinoza (1632-1677), cuyo Panenteísmo dice que Dios está en todo y todo está en Dios. Ya no necesitamos buscarlo en una iglesia, en la plaza de San Pedro, en el cielo o en cualquier otro espacio sagrado, sino que Dios está totalmente en todo y en todos los espacios, por lo que nos movemos sistemáticamente en él. Otro filósofo implícito en el texto es Hegel (1770-1831), la articulación lógica de las diferentes esferas de la realidad a través de la universalidad de los conceptos, la particularidad y singularidad, para proporcionar métodos de agregación y singularización, en particular en la relaciones intratrinitarias y las relaciones entre Trinidad y Universo. Teilhard de Chardin ocupa un espacio teórico significativo en la Encíclica porque el Papa se inspira en este pensador para formular una síntesis entre el creacionismo y el evolucionismo, en una creación evolutiva. La encíclica esboza una comprensión del mundo sistémico y complejo inspirado en Edgar Morin, un importante filósofo francés actual. La realidad y los conocimientos son muy complejos, debido a las múltiples relaciones y movimientos en todos los sistemas que se expanden y mediatizan de forma dinámica. En Leonardo Boff encontramos la base teórica para el concepto de la ecología extendida a los ámbitos de la naturaleza, de la mente, de la sociedad y de la integridad ecológica.

Estas reflexiones tienen múltiples consecuencias para la vocación del hermano. En una primera aproximación, la noción de la espiritualidad en el texto necesita ser tenida en cuenta. Tiene que superar todas las formas de dualismo entre el cuerpo y el alma, entre Dios y el mundo, entre el espíritu y la materia que causaron tantos problemas para los seres humanos en el pasado y en el presente. La espiritualidad aparece como la fuerza sistemática y continua que mantiene la unidad del hombre abierto a sus estructuras relacionales, como la naturaleza, la sociedad, el Cosmos y Dios, expresada en las categorías de subjetividad, objetividad, intersubjetividad y Absoluto. En la Encíclica, la formación de la interioridad y la subjetividad está condicionada directamente por la apertura relacional multidimensional del hombre con los universos de Dios, del cosmos, de la naturaleza y de la sociedad. En esta lógica, la interioridad y la exterioridad, la identidad y la relación no son polos antinómicos y exclusivos, sino integrados, porque el hombre cuanto más se relaciona con las diferentes instancias de lo real, más profunda será su interioridad, y cuanto más penetra en sí mismo, más fuerza de apertura tiene. En otras palabras, el texto de la Encíclica subraya el carácter implosivo de dicotomías como antropocentrismo y el biocentrismo, cuerpo y alma, espíritu y materia, sustituyéndolas por trilogías como cuerpo, alma y espíritu; Padre, Hijo y Espíritu; economía, política y sociedad; ética, política y sociedad, etc.

En la vocación del hermano, el modo de la experiencia de Dios es fundamental hoy. No se trata sólo de una experiencia profunda de Dios, sino que es mucho más significativo decir de qué concepción de Dios se trata. En la lógica de la Encíclica, es necesario superar la noción tradicional de origen medieval, de un Dios transcendente y exterior al mundo, por un Dios inmanente e intrínseco al desarrollo del Universo y de la naturaleza. Para Francisco, “El ideal no es sólo pasar de lo exterior a lo interior para descubrir la acción de Dios en el alma, sino también llegar a encontrarlo en todas las cosas” (FRANCISCO, 2015, § 233). Se trata de una creación evolutiva por la que Dios obra en las cosas, en la piedra, en el árbol, en la comunidad, en la naturaleza, en la historia y en el Cosmos, en la condición de una fuerza espiritual que organiza y espiritualiza todas estas esferas de lo real desde el interior. En resumen, este es el Dios de la tradición dialéctica, de la cosmología y de la astrofísica contemporánea, es la síntesis del Dios trinitario y las teorías actuales de la complejidad y de los sistemas. Es una espiritualidad que hace la síntesis entre Absoluto y Relativo, pues la sociedad humana, la naturaleza, el cosmos y Dios son un sistema relacional que es Absoluto. El sentido más profundo de la espiritualidad contenida en la Encíclica es hablar de Dios como relación absoluta que extiende el sistema relacional del universo, la naturaleza y la sociedad, y desde allí vuelve a Dios.

La fraternidad universal, repetidamente subrayado por el texto de Laudato Si, es un reto para la vocación del hermano. En contra de la hegemonía de algunas culturas dominantes, el Papa rescata una dimensión típica del mundo contemporáneo que es la interculturalidad incluida en el universo de macro-relaciones sociales, culturales y políticas. El hermano, en consecuencia, es parte de una cultura local en la que opera, y no está solamente presente en las ceremonias típicamente sacerdotales, sino que está dentro de los acontecimientos sociales, culturales y políticos locales donde vive. Pero no está sólo como un hermano individual, sino el hermano está en la perspectiva más amplia de la comunidad y de la congregación, basada en el proyecto evangélico de la fraternidad universal. Para Francisco, “Por eso, la Iglesia propuso al mundo el ideal de una «civilización del amor». El amor social es la clave de un auténtico desarrollo” (FRANCISCO, 2015, § 231). Como hermanos, debemos vivir con múltiples culturas que expresan diferentes visiones del mundo y diversos contextos sociales y geopolíticos. No es raro el caso de que en la misma ciudad y en la misma región encontramos diferentes formas de expresión cultural. Por lo tanto, cómo fantásticamente el papa Francisco nos da ejemplo, tenemos que dar la bienvenida al lenguaje del corazón de todas las culturas, especialmente de los más marginados, como los negros, los indios, los pobres… etc. Es necesario superar las actitudes culturales hegemónicas y dominantes que son excluyentes e impiden la realización de la civilización del amor.

En la lógica de Laudato Si, la vocación del hermano se expresa en su presencia radical en el mundo y en la naturaleza que forman la Ecología integral. Es necesario superar las actitudes que desprecian al mundo como un lugar de pecado y morada del demonio. La vocación del hermano está estrechamente ligada al cuerpo, a la materia, a la naturaleza, a la realidad, y es ahí donde se hace la experiencia de Dios. Con mucha fuerza, Francisco enfatiza la lógica intrínseca de la realidad y de la naturaleza como una Filosofía de la naturaleza y una Ontología, según las cuales lo verdadero lleva en sí una lógica en la cual y a partir de la cual se dinamiza. Basta con mirar a la estructura dinámica de la sociedad y la ecología como un proceso espiritual en el que el hermano se inserta y se libera. Según Francisco, “Para el creyente, el mundo no se contempla desde fuera sino desde dentro, reconociendo los lazos con los que el Padre nos ha unido a todos los seres” (FRANCISCO, 2015, § 220). La construcción de las relaciones fraternas, la lectura e interpretación de la Palabra de Dios, la experiencia de la fe y la construcción del conocimiento acontecen en el mundo y están mediados por él.

No se puede olvidar el concepto de la ecología en las modalidades de la ecología ambiental, económica, social y cultural. Para el Papa, “Hay una interacción entre los ecosistemas y entre los diversos mundos de referencia social, y así se muestra una vez más que “el todo es superior a la parte”” (FRANCISCO, 2015, § 141). Una de las innovaciones significativas de Francisco es la superación del antropocentrismo y el biocentrismo por una visión sistémica e integradora de las diferencias y oposiciones. Los ecosistemas ecológicos y las distintas configuraciones de la sociedad forman un todo integrado, y la totalidad de los ecosistemas y las múltiples sociedades son el único sistema planetario. Lo que el Papa quiere decir con el concepto de la ecología integral es que el equilibrio del ecosistema planetario es coextensivo al equilibrio económico y social distribuido en la comunidad en esferas locales, regionales, nacionales e internacionales, todas ellas con sus respectivas organizaciones.

Para la vocación del hermano de esta postura es fundamental. El hermano necesita desarrollar la noción epistemológica de la visión del todo capaz de integrar la multiplicidad y las diferencias culturales en un único sistema interrelacionado. Pero esta noción debe ser acompañada directamente por una práctica consciente en relación con la realidad y con el acto de consumir. Dentro de casa, en la vida cotidiana, entran en juego los bienes materiales, la energía, los elementos naturales como el agua, la nutrición adecuada, el uso de productos como automóviles y electrodomésticos, etc. A los efectos de una espiritualidad ecológica, el uso racional de estos elementos afecta a la conciencia y a una acción ecológica mucho más amplia.

La Encíclica Laudato Si, así como el propio Francisco, es sorprendente y una gran novedad del Espíritu para nuestro tiempo. Siendo oriundo de una región geográfica distante del centro del mundo, ha sabido imprimir una lógica diferente de la que siempre ha sido dominante en la economía, la política y la religión. Al frente de la barca de Pedro, el ministerio de Francisco no consiste en la defensa egoísta de verdades absolutas y eternas, o la elevación de las almas mediante la salida de la cárcel del cuerpo para ir al cielo, sino una Iglesia en salida para traducir el Evangelio de Jesús en una nueva civilización. Por esta razón, Francisco sale de los límites de la religión y aborda las cuestiones económicas, políticas, culturales, sociales, ecológicas, cosmológicas y de civilización. Su mayor preocupación es la construcción de una nueva civilización, capaz de garantizar el equilibrio ecológico y prevenir los desastres sociales y climáticos de grandes proporciones. En este contexto, la vocación del hermano tiene contornos mucho más amplios para insertarse en la perspectiva de la fraternidad universal y la convivencia entre los seres humanos y de todos los seres.