He aquí un itinerario en 30 etapas que, siguiendo los pasos de la vida del Hno. Gabriel Taborin, nos ayuden y estimulen a meditar y orar personalmente. Es también una forma de acercarnos a su persona y de hacerlo nuestro compañero de camino.

La propuesta es muy sencilla y comprende para cada día:

  • La evocación de un momento o de un aspecto de la vida del Hno. Gabriel.
  • Algunas preguntas que lleven a meditar, a interiorizar, a actualizar y personalizar la experiencia de vida del Hno. Gabriel con la que yo vivo, de manera que el proceso desemboque en una oración y en un compromiso personal para la jornada.
  • Una fórmula de oración escrita o propuesta, en todo caso rezada por el Hno. Gabriel que ayude y sostenga nuestra propia oración.

Hno. Teodoro Berzal
Belley, agosto de 2016

 FGT en prière

Fecha y lugar de nacimiento

Gabriel Taborin nació en Belleydoux (Ain – Francia) en 1799. Todavía no se habían apagado los ecos de la Revolución, pero se estaba abriendo un nuevo período en Francia y en Europa bajo el dominio de Napoleón I.
Belleydoux es un pueblo de media montaña (900 metros de altitud) situado entre las estribaciones del Jura y la meseta del alto Bugey, cerca de las ciudades de Nantua (Ain) y Saint-Claude (Jura). Hoy forma parte de la comunidad de municipios de Oyonnax y del departamento del Ain.
La parroquia de Belleydoux había pertenecido a la diócesis de Ginebra, después de la Revolución fue incorporada a la de Lyon y luego a la de Belley.
En el momento del nacimiento de Gabriel la población era de unos 800 habitantes agrupados en unos 200 hogares y distribuidos en varios caseríos además de Belleydoux: Gobet, Le Délivret, Orvaz, Bellevoîte.
Los recursos de estos montañeses, de constitución robusta, temperamento fuerte y acostumbrados al trabajo, eran los típicos de una agricultura de montaña: la cría de ganado, la madera de los abundantes bosques, la artesanía en los largos meses de invierno.
Las comunicaciones para llegar al fondo del valle del Semine eran difíciles por entonces. Los caminos y sendas de acceso quedaban con frecuencia interrumpidos en invierno por las abundantes nevadas y por el ímpetu de los torrentes.
El Hno. Gabriel no olvidó nunca su lugar de origen. Volvió en varias ocasiones en visita, estableció una escuela de los Hermanos en Belleydoux, contribuyó a la reconstrucción de la capilla de Santa Ana. Por su parte, la población de Belleydoux le dispensó una calurosa acogida con motivo de la inauguración de la capilla.

Para la reflexión y la oración:

  • ¿Cómo puedo sintetizar los orígenes del Hno. Gabriel en el tiempo y en el espacio?
  • ¿En qué han contribuido mis orígenes de tiempo y lugar a la construcción de mi personalidad?
  • ¿Cómo puedo expresar en la oración mi agradecimiento a quienes han contribuido a mi crecimiento?

Una oración del Hno. Gabriel:
Dios mío, te doy gracias humildemente por haberme creado y conservado hasta este día; por haberme hecho cristiano y católico; por haberme llamado al estado religioso; por haber perdonado mis pecados y por todas las demás gracias que me has concedido desde que existo. ¿Qué podré yo darte, Dios mío, por tantos beneficios? Con la ayuda de tu gracia, haré todo el bien de que sea capaz y evitaré todo lo que pueda desagradarte. 

  • La familia Taborin

La familia de Gabriel estaba bien implantada en la comarca desde hacía tiempo. Los padres de Gabriel, Claudio José Taborin y María Josefa Poncet-Montange se casaron en 1786. María Josefa había quedado viuda de un primer matrimonio que sólo duró cinco meses. Tuvieron siete hijos, de los cuales sólo cuatro llegaron a la edad adulta: Francisco, José María, Santiago y Gabriel. Los otros tres murieron muy pequeños.Tanto el padre como la madre de Gabriel tenían una personalidad fuerte y al mismo tiempo eran amables y abiertos a los demás, con capacidad de iniciativa. Ambos eran buenos cristianos.
Además de las actividades de agricultura y ganadería, la familia tenía una casa bastante espaciosa para albergar una posada con varias habitaciones, tenía un pequeño comercio de quesos y durante algún tiempo también de alfarería. En esas actividades colaboraban también dos criados. Todo ello indica que el núcleo familiar se veía ampliado con la presencia de otras personas de forma más o menos permanente.
Como en las demás familias, los hijos desde la niñez y adolescencia ayudaban en los trabajos domésticos y en el campo.
Si la relación de Gabriel con sus padres fue siempre buena, hay testimonios que indican algunas dificultades con sus hermanos. Aun siendo el menor, su fuerte personalidad se impuso pronto en la fratría y sus numerosas actividades religiosas causaban la envidia y las críticas de sus hermanos y de otras personas en el pueblo.
El Hno. Gabriel se mantuvo siempre en contacto con su familia, ayudó a sus sobrinos en los estudios y acogió a varios de ellos en el Noviciado. También ayudó moral y económicamente a su madre y a sus hermanos.

Para la reflexión y la oración:

  • ¿Cómo era la relación del Hno. Gabriel con los miembros de su familia?
  • ¿Cómo puedo calificar la relación que mantengo con mi familia y con cada uno de sus miembros?
  • ¿Con qué expresiones manifiesto al Señor mi agradecimiento por mi experiencia de vida en familia?

Una oración del Hno. Gabriel:
Señor Jesús, Hijo único de Dios, que por nuestro amor te hiciste niño y no desdeñaste llevar, durante treinta años, una vida pobre y apartada del mundo, sometiéndote humildemente a María, tu madre, y a san José, concédenos las gracias que te pedimos con estas preces y, sobre todo, imitar tu profunda humildad, para que podamos gozar de tu gloria en el cielo; tú que vives y reinas con el Padre y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén. (NG)

  • La educación y vocación del joven Gabriel

Como no había una escuela en Belleydoux, era el párroco quien se encargaba de los primeros elementos de enseñanza y catequesis para los niños del pueblo. Gabriel empezó muy pronto a asistir a esas lecciones en la iglesia parroquial y a ayudar al párroco como monaguillo.
A los once años recibió la primera comunión, el día de la Santísima Trinidad, y luego también la confirmación de manos del cardenal Fesch en Oyonnax.
Después de esos acontecimientos, que marcan su entrada en la adolescencia, Gabriel empezó sus estudios, primero durante un año en el pueblo vecino de Plagne y luego en Châtillon de Michaille, en un internado que preparaba a los adolescentes para entrar en el seminario. El proyecto de sus padres y de su párroco era, en efecto, que llegara a ser sacerdote.
Los tres años de Châtillon marcaron al joven Gabriel por varias razones. La recia personalidad del P. Colliex, el ambiente de trabajo de la escuela seminario, la regularidad en las ocupaciones y actividades, el sentido de obediencia, el respeto por la vocación sacerdotal y las lecturas que hacía, constituyeron la base de una espiritualidad que nunca abandonó. Fue en ese período de estudios cuando hizo el propósito de rezar todos los días la oración “Veni, Sancte” para pedir al Espíritu Santo que le iluminara y dirigiera a lo largo de la jornada; la antífona “Salve, Regina”, pidiendo ayuda a la Madre de la Misericordia, y la invocación “Angele Dei” para conseguir la protección del ángel de la guarda. Su biógrafo afirma que se mantuvo fiel a estas prácticas durante toda la vida, hasta tal punto que le había oído decir que creía no haberlas omitido ni un solo día.
Pero Gabriel, leyendo la vida de los santos y de los monjes, llegó a una convicción: había intuido profundamente que su vocación no era el sacerdocio, sino la vida religiosa. Su biógrafo dice: “Durante su permanencia en este internado, un pensamiento importante fue apoderándose de él con tanta fuerza que llegó a obsesionarlo. Sin cesar, le asaltaba la mente durante los estudios y clases, en el bullicio de los recreos; no le abandonaba ni de día ni de noche. Empleamos sus propias palabras: “Era la idea de adoptar un género de vida que uniera a los ejercicios propios de la vida religiosa la educación de los jóvenes, el cuidado y adorno de los altares y las demás funciones secundarias del culto”.
Así pues, con gran disgusto de sus padres y de su párroco, tomó la decisión de interrumpir los estudios comenzados y regresó a su pueblo natal cuando estaba en el 5° curso y contaba 16 años.
El Hno. Gabriel recodó siempre esa experiencia como uno de los momentos clave de su vida.

Para la reflexión y la oración:
¿Cuál fue la intuición central en la vocación del Hno. Gabriel?
¿Puedo identificar los momentos clave en que he comprendido cuál era mi vocación?
¿Cómo puedo agradecer a Dios por el don de mi vocación y por el camino que he recorrido hasta ahora?

Una oración del Hno. Gabriel:
Oh Dios, cuya sabiduría gobierna todas las cosas y cuya Providencia destina a cada uno al estado que le conviene para que se salve, te doy gracias por haberme llamado a la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia. Concédeme la gracia de guardar el voto de estabilidad que me une a ella. Ilumíname acerca de los deberes de mi estado de vida y ayúdame a cumplirlos fielmente. Haz que amando y estimando esta santa vocación, me haga digno de ti que me has llamado a ella.( NG)

  • Las actividades de Gabriel en Belleydoux

Gabriel empieza desde muy joven una serie de actividades que en principio se confunden con los juegos infantiles, pero que muy pronto adquieren un carácter religioso: procesiones, oraciones, imitación de los actos litúrgicos en los campos y bosques o en la casa de la familia. Sus cualidades de líder lo llevan a reunir a sus compañeros y organizar esas actividades cada vez más extensas y comprometidas.
Al interrumpir sus estudios, las circunstancias lo llevan a ser el primer maestro de Belleydoux: su escuela es en una sala de la casa familiar. Esa actividad profesional se añade a la de “clerc” de la parroquia, función que comportaba varias responsabilidades como ayudante del párroco.
Ambas vertientes: la enseñanza y las actividades parroquiales configuran su perfil de laico consciente de su responsabilidad de bautizado y entregado a una misión de Iglesia.
Gabriel se sitúa en el corazón mismo del dispositivo que la Iglesia había puesto en marcha en Francia para reavivar la vida cristiana: las misiones populares en las parroquias (Gabriel participa en varias de ellas), las cofradías y sobre todo la catequesis infantil y la educación cristiana para actuar en profundidad.
Hay además en Gabriel una mirada de compasión sobre el estado de abandono de los niños y jóvenes y sobre el estado de abandono de las iglesias. He aquí algunas expresiones de su biógrafo: “Hoy que vemos la educación religiosa extendida por todas partes, apenas podemos hacemos una idea del abandono en que se encontraban entonces muchas parroquias en el aspecto de la instrucción. Los niños se encontraban metidos de lleno en la vida, expuestos al peligro, sin una instrucción que les aclarase las ideas, sin una educación que les confirmase en el buen camino. Estas miserias morales afectaban mucho a Gabriel, que soñaba a menudo con remediarlas… Otro fallo impresionaba a su fogoso temperamento. Sufría mucho al ver la pobreza de los altares de las parroquias rurales, él, que había deseado siempre y en todo la mayor gloria de Dios.”
La presencia de Gabriel como animador en la parroquia de un pueblo en pleno período de restauración de todos los ámbitos de la vida religiosa y social le dan un dinamismo misionero que mantendrá durante toda su vida.

Para la reflexión y la oración:

¿Qué motivaciones decidieron a Gabriel para actuar responsablemente en su pueblo y en su parroquia?
Viendo la situación y las carencias del medio donde vivo ¿En qué actividades puedo comprometerme?
¿Qué expresiones pueden motivar mi oración para actuar en la educación de niños y jóvenes?

Una oración del Hno. Gabriel:
Maestro divino, que has instruido a los doctores de la ley con tus adorables enseñanzas, haz que enseñe a los niños por amor a ti y como tú lo hiciste. Bendícelos y hazlos dóciles a tu voz. Dame la inteligencia, la amabilidad y la paciencia que necesito en mi trabajo.
Te doy gracias, Señor, por haber querido servirte de mí, que soy un pecador, para instruir a la juventud en tu santa doctrina. Haz que la semilla divina germine en sus corazones y que produzca abundantes frutos de virtud. Que yo mismo practique lo que he predicado en tu nombre a los demás. (NG)

  • La salida de Belleydoux

Gabriel había vivido con gozo y entusiasmo su misión en Belleydoux. En los últimos años había tenido incluso un auxiliar que le permitía ampliar y extender sus actividades educativas e integrarlas armoniosamente en la vida parroquial como era su ideal. La gente de su pueblo y de los alrededores lo llamaban ya “Hermano”.
Pero en 1821 había tomado la decisión de seguir la vocación religiosa que había empezado a sentir desde su adolescencia. Sus padres y su párroco se oponían, sin embargo, a su proyecto, pues conservaban aun la idea de verlo un día ser sacerdote.
Gabriel en 1824, a la edad de 25 años, deja Belleydoux y se pone en camino para buscar una comunidad religiosa que respondiera a sus deseos.
Gabriel opta por una solución original. Abandona su pueblo para vivir una vocación cristiana de laico, pero en la forma tradicional de la vida religiosa. Así da vida a la vocación de “Hermano”: un laico religioso que vive en comunidad en el corazón de la parroquia, al lado del sacerdote, pero con una identidad y una misión que lo diferencian de él netamente. La pretensión de realizar ese ideal era ciertamente muy difícil en una Iglesia muy clerical, y en una sociedad jerarquizada y cada vez más secularizada, como eran las de su tiempo.
Un secuencia de acontecimientos (Gabriel afirmará con toda certeza que fue la divina Providencia divina) lo llevó a fundar la Congregación que andaba buscando.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué aspectos puedo admirar en la decisión de Gabriel de dejar su pueblo para seguir la vocación religiosa?
¿Cómo me planteo yo las decisiones importantes en mi vida?
Buscar en la oración algunas expresiones que me lleven a cumplir la voluntad de Dios en este día.

Una oración del Hno. Gabriel:
Dios mío, luz verdadera, ilumíname y dirígeme en este momento. Dame la sabiduría y la prudencia que necesito para no emprender ninguna acción contraria a tu santa ley o a la obediencia que debo a la Regla y a los Superiores. Te ofrezco la acción que voy a comenzar; bendícela y dale éxito. Si lo que te agrada es otra cosa, renuncio a lo que voy a hacer, para cumplir tu santa voluntad. (NG)

  • Empezar una comunidad y quedarse solo.

La coincidencia entre el deseo de Gabriel de ser religioso y el proyecto del obispo de Saint-Claude (Jura), Mons. de Chamon, de contar con una comunidad religiosa dedicada a la educación cristiana de los niños de su ciudad llevó la creación de la comunidad de los Hermanos de San José.
Los amigos de Gabriel le ayudaron a convocar a cinco jóvenes de los alrededores y con ellos realizó un retiro de preparación a la toma de hábito en Les Bouchoux (Jura) dirigido por el P. Manuel Charvin y el canónigo Desrumeaux. Este último ayudó luego al Hno. Gabriel a escribir la primera regla de vida de la comunidad.
Para Gabriel el día de la toma de hábito fue un momento decisivo, lo vivió con gran intensidad y fue uno de los más hermosos de su vida. De hecho, ya nunca abandonaría el hábito religioso y desde ese momento se consideró siempre religioso.
La joven comunidad se hizo cargo de la escuela y del servicio de la catedral el 1 de noviembre de 1814. Pero muy pronto sus compañeros se desanimaron y algunos meses después el Hno. Gabriel se quedó solo.
Fue entonces cuando el Hno. Gabriel supo expresar toda su capacidad de asumir un fracaso y de continuar con su proyecto basándose en la fe: Padecí esta humillante prueba, que era la primera, con una gran resignación, diciéndome: si esta obra es solamente tuya, es una obra que ha nacido muerta; pero si es la obra de Dios, él sabrá sostenerla frente a todos y contra todos”.

Para la reflexión y la oración:

¿Cómo llegó el Hno. Gabriel a asumir el fracaso?
¿Cuáles suelen ser mis reacciones en caso de fracasar en una iniciativa o en una actividad?
¿Qué expresiones de oración pueden consolarme y ponerme de nuevo en camino?

Una oración del Hno. Gabriel:
Señor, has permitido que ahora esté afligido. Me uno a lo que tú quieres, adoro tu santa voluntad y me someto a ella. Que saque de esta aflicción el fruto que tú esperas y que acabe ya, si ésa es tu santa voluntad, Dios mío; pero si tú quieres que se prolongue para gloria tuya y bien mío, sostenme con tu mano. Bendito seas por los siglos de los siglos. Amén. (NG)

  • Vivir la precariedad y la fragilidad

Los dos años que siguieron el fracaso de Saint-Claude fueron para el Hno. Gabriel un tiempo de precariedad y de fragilidad.
Aunque personalmente el Hno. Gabriel podía desempeñar su trabajo de maestro y de catequista, su proyecto de fundar una comunidad se encontró con graves dificultades.
Cuando trató de reunir algunos jóvenes postulantes en Jeurre, la casa que estaban reparando para albergalos cayó en ruinas. Cuando luego fue a habitar a Courtefontaine, el gran edificio de un antiguo monasterio agustino que le ofrecieron era completamente inadaptado a los cinco o seis novicios que componían la comunidad. A pesar del apoyo del párroco, el P. Roland, que fue un amigo y buen consejero del Hno. Gabriel por largos años, las carencias de todo tipo se acumulaban.
En esa situación de incertidumbre y de fragilidad, el Hno. Gabriel aceptó el consejo de volver a su diócesis natal de Belley y de refugiarse con su grupo de novicios en la casa religiosa de Ménestruel (Poncin, Ain), donde el P. Bochard estaba iniciando la Sociedad de la Cruz de Jesús.
Pero muy pronto comprendió que ese no era el lugar donde podía vivir su vocación y pocos meses después se marchó entre las fuertes críticas de los responsables de esa comunidad, quienes no lo crían apto para fundar una congregación.
El Hno. Gabriel se quedó nuevamente solo.

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo vivió el Hno. Gabriel la alternativa entre continuar solo o fundar una comunidad?
¿Qué motivos tengo yo para compartir proyectos con otros?
¿Cómo buscar en la relación con Jesús un camino en mi vida?

Una oración del Hno. Gabriel:
Señor, el siervo no debe ser mayor que su dueño. Ahora que permites que se me persiga y se me trate mal, haz que a ejemplo de tu divino Hijo, soporte con paciencia los desprecios, las injurias y las calumnias por amor a ti. Perdono de todo corazón a mis enemigos, te ruego que me defiendas de ellos y que perdones mis pecados y los suyos. Amén. (NG)

  • El Hno. Gabriel confía su proyecto a la Virgen María y se pone a disposición del Obispo

Cuando el Hno. Gabriel dejó la Congregación de la Cruz de Jesús en febrero de 1827 se dirigió al santuario marial de Fourvière (Lyon). Se sabe que muchos otros personajes han confiado sus proyectos y pedido la protección de Nuestra Señora del Buen Consejo en ese santuario; entre ellos los fundadores de la “Sociedad de María”.
Inmediatamente después, el Hno. Gabriel fue a Brénod, donde era párroco su amigo y consejero el P. Charvet. Este le aconsejó ir entrevistarse con Mons. Devie, quien empezaba en esos años a organizar la diócesis de Belley. El encuentro con el Obispo tuvo lugar en Genay.
Para el Hno. Gabriel fue un momento decisivo en la realización de su proyecto de fundación. El mismo lo explica en estos términos: “Volvimos, pues, a la diócesis de Belley y nos presentamos por primera vez a Mons. Devie que se dignó acogernos con mucha amabilidad. Después de haberle abierto nuestro corazón y haberle expuesto nuestros planes y los motivos que nos habían obligado a dejar la diócesis de Saint-Claude, este digno Prelado aprobó nuestro proyecto y nos prometió su ayuda y protección. Nunca nos han faltado. Nos predijo que en lo sucesivo no faltarían obstáculos y contrariedades, pero al mismo tiempo nos garantizó que con las armas de la oración, la prudencia, la paciencia y la humildad llevaríamos adelante todo. Estos alentadores resultados de nuestra primera entrevista con este santo Obispo nos animaron enormemente y nos ligaron inviolablemente a él.”
Las palabras del Obispo dieron nuevos ánimos a este joven y entusiasta religioso lleno de buena voluntad, quien a sus 28 años intentaba reunir entrono a sí una comunidad.

Para la reflexión y la oración:
¿Cuáles son los dos elementos que permiten al Hno. Gabriel efectuar su discernimiento?
¿Cuál es mi confianza en la oración y en el consejo de la autoridad?
¿Cómo buscar en la oración el abandono a la voluntad de Dios?

Una oración del Hno. Gabriel:
Santa María, Madre de mi Dios y Señor Jesucristo, siempre virgen, elevada al cielo en cuerpo y alma, que has sido concebida sin mancha de pecado original, ruega por mí ahora y en la hora de mi muerte; protégeme en todas mis empresas (y en particular en esta que hoy te confío) y atiende a mi salvación. En ti, después de Dios, he puesto toda mi confianza, oh Madre de misericordia, que jamás has sido manchada por el pecado. Así sea.

  • Vida itinerante

Después de la entrevista con su Obispo le esperaban al Hno. Gabriel todavía dos largos años de vida itinerante en los que no encontró ni el lugar ni las circunstancias apropiadas para que su proyecto de fundación echara raíces.
Estuvo primero unos meses en Brénod, donde el P. Charvet, que conocía desde que fue párroco en Belleydoux las buenas cualidades de Gabriel para la catequesis, le confió la preparación de los niños a la primera comunión. Lo mismo hizo el P. Gache, párroco del vecino pueblo de Champdor. En la casa parroquial de éste último pueblo el Hno. Gabriel disponía de un poco más de espacio y reunió a algunos jóvenes con la idea de establecer una comunidad, pero a finales del mes de octubre de 1827 sólo uno de ellos permanecía con el Hno. Gabriel.
Fue en ese momento cuando el Hno. Gabriel, que había realizado algunas actividades también en Hauteville, fue contactado por el alcalde y el párroco de esta localidad para ser nombrado maestro de la escuela municipal y para el servicio de la parroquia, actividades que coincidían con su experiencia de Belleydoux.
El Hno. Gabriel desempeñó con satisfacción de todos esas funciones durante el primer curso escolar. Pero cuando durante el segundo quiso crear un internado para los jóvenes de otros pueblos y con la idea de la creación de una comunidad religiosa, las dificultades con las autoridades locales fueron tales, que se decidió por marcharse a otro lugar.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué elemento clave faltaba al Hno. Gabriel para afianzar su fundación?
¿Cómo sé distinguir entre lo transitorio y lo que dará una permanencia y fecundidad a mis proyectos?
¿Qué relación establezco entre mi comportamiento diario y mi oración?

Una oración del Hno. Gabriel:
Dios mío, hazme prudente en mis acciones, valiente en los peligros, paciente en las dificultades y humilde en los éxitos. – No permitas que olvide la atención en la oración, la sobriedad en las comidas, la puntualidad en el trabajo y la constancia en mis buenos propósitos. – Señor, que sepa siempre cuidar la rectitud de conciencia, la modestia en mi comportamiento externo, la delicadeza en las conversaciones y la regularidad en mi conducta. – Que me esfuerce sin cesar en dominar mi naturaleza, en secundar la acción de la gracia, en cumplir la ley y en trabajar por mi salvación. (NG)

  • Una casa para albergar un proyecto

El Hno. Gabriel, después de sus años de itinerancia, consideró su llegada a Belmont y la adquisición de una casa espaciosa con la ayuda del Sr. De Lauzière como algo providencial. “La parroquia de Belmont, cerca de Belley, fue elegida para ser la cuna de nuestra Sociedad y para formar en ella nuestra primera casa de noviciado.”
Habiendo sido nombrado maestro de la escuela municipal de Belmont, El Hno. Gabriel empieza esa actividad provisionalmente en su propia casa mientras el municipio construye la escuela. Pero enseguida obtiene el diploma del Rector de la Academia de Lyon para tener también un internado.
Ambas actividades tuvieron que ser interrumpidas al cabo de un año por causa de la Revolución de julio de 1830. El Hno. Gabriel deja la casa de Belmont al cuidado de la criada Juana Villermoz y trabaja como administrador en el castillo del barón de Champdor, puesto que abandona sin dudarlo un momento, a pesar de la insistencia del barón para que abandonara su proyecto de fundación y permaneciera con él.
De vuelta a Belmont, el Hno. Gabriel se ve privado de la función de maestro municipal y se entrega completamente al desarrollo del internado, que aumenta en número de alumnos año tras año.
El nacimiento de la nueva congregación se produjo a través de la progresiva transformación de ese internado en noviciado, cuando varios de los jóvenes residentes aceptaron la propuesta de vida religiosa del Hno. Gabriel. “Algunos de esos jóvenes internos ya no quisieron separarse de mí y, con el permiso de sus padres, decidieron compartir mis planes y dedicarse al estado religioso, como yo lo había hecho”, dice el Hno. Gabriel a Mons. Devie.
Esa transformación fue simbólicamente materializada en el cambio de nombre: de Hermanos de San José, bajo el cual el Hno. Gabriel había vivido desde 1824, a Hermanos de la Sagrada Familia.

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo interpretó el Hno. Gabriel la adquisición de una casa en Belmont?
¿Qué medios concretos busco para poner por obra lo que Dios me está pidiendo?
¿Cómo cuidar en la oración de aquellos que me son confiados?

Una oración del Hno. Gabriel:
Gran San José, que eres ese servidor sabio y fiel a quien Dios ha entregado el cuidado de su familia; tu que has sido constituido conservador y protector de la vida de Jesucristo, consolador y apoyo de su Santa Madre, y cooperador fiel al gran designio de la redención del mundo; tu que has tenido la dicha de vivir con Jesús y María y de morir entre sus brazos; casto esposo de la Madre de Dios, modelo y patrono de las almas puras, humildes, pacientes e interiores: que llegue a ti la confianza que en ti ponemos, y recibe con bondad los testimonios de nuestra devoción. Agradecemos a Dios los favores singulares con los que te ha colmado y le suplicamos, por tu intercesión, que nos haga imitadores de tus virtudes. Ruega, pues, por nosotros, gran Santo, y por ese amor que has tenido a Jesús y a María, y que Jesús y María han tenido por ti, alcánzanos la felicidad incomparable de vivir y de morir en el amor de Jesús y de María. Así sea. (CSF)

  • La pobreza y la alegría de los comienzos

La primera impresión del joven Juan Charrière cuando llegó a Belmont era la de entrar en una casa pobre. En efecto, las cuotas pagadas por los alumnos internos y los primeros postulantes eran muy reducidas y muchas veces inexistentes.
Para alimentar a la treintena de muchachos en edad escolar y proveer a sus otras necesidades, a pesar de los productos del huerto que rodeaba la casa, bien administrados por la sirvienta y cocinera Juana, y de algunas ayudas ocasionales, los recursos eran insuficientes.
Ante esa situación casi permanente, el Hno. Gabriel se veía obligado con frecuencia a pedir limosna. Lo hacía yendo a la ciudad de Lyon con una carta de recomendación de Mons. Devie. Esa actividad le resultaba penosa y cansada, poco grata, pues junto a algunas personas generosas había otras que no dudaban en llegar a un trato humillante, e incluso peligrosa, pues la policía tenía orden de prohibir la mendicidad. A pesar de ello, el Hno. Gabriel lo hacía con gusto pues era el medio de poder continuar su proyecto.
En medio de esas dificultades económicas y de la fragilidad de la institución, de las que el Hno. Gabriel era muy consciente, la alegría reinaba en Belmont.
Estaba en primer lugar la alegría interior. Decía el Hno. Gabriel a Mons. Devie: “Estas dificultades eran fuertes, pero tengo que manifestarle, Excelencia, con toda sinceridad de mi alma, que nunca jamás como en aquellos momentos he experimentado tanta alegría”.
Había también algunos momentos de especial satisfacción y gozo comunitario como cuando la casa pudo contar con una capilla y un capellán, en el momento de las visitas del Obispo o cuando tuvieron lugar las primaras tomas de hábito y las primeras profesiones. El Hno. Federico lo sintetiza así: “La alegría inundaba todos los corazones y se reflejaba en todos los rostros.
Algunas anécdotas revelan ese espíritu juvenil y alegre, como cuando los novicios lanzaron al vuelo la campana de la casa para anunciar el “bautismo” del vino que el Hno. Juan Charrière estaba haciendo en la bodega o cuando, ante la acusación hecha a Mons. Devie de que el Hno. Gabriel conservaba en esa misma bodega algunas botellas de buen vino embotellado, el Hermano respondió al Obispo: “Ciertamente, Monseñor, así es; pero es para obsequiar a su excelencia o a nuestro Padre espiritual (el canónigo Robert) cuando vienen a visitarnos”.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué rasgos evangélicos caracterizan la vida de la comunidad de Belmont?
¿Cómo contribuyo a crear un clima sereno y alegre en los ámbitos donde vivo?
¿Cómo crear en mi corazón mediante la oración una actitud de desprendimiento y de liberación que me abra a la vida comunitaria?

Una oración del Hno. Gabriel:
Jesús, Salvador mío, que has vivido en la tierra entre privaciones y pobreza, y que has dicho que para ser perfecto hay que abandonarlo todo y seguirte, yo me he despojado de todos los bienes de la tierra para agradarte. Te pido, pues, que liberes cada vez más mi corazón de esos bienes para unirme sólo a ti que eres mi verdadera riqueza y haz que practique hasta en los mínimos detalles la pobreza que he prometido, para que reciba en la otra vida el céntuplo que has prometido a quienes dejan todo y te siguen. Lo espero por tus méritos infinitos y la intercesión de la Virgen María y de san José, modelos perfectos de pobreza. Así sea. (NG)

  • Fusiones y confusiones

El Hno. Gabriel escribía a Mons. Devie : « Siento en mi interior una voz que parece decirme que, a pesar de mi debilidad y de mi poco talento, Dios quiere servirse de mí para fundar una congregación distinta, por sus fines, de todas las existentes hoy”. Había hecho un retiro con el P. Favre, Superior de los misioneros de Saboya, poniendo como punto de discernimiento su proyecto de fundar una nueva congregación y la respuesta había sido plenamente positiva.
A pesar de ello, se le presentaron bastantes ocasiones a lo largo de la vida en la que se planteó la cuestión de la fusión de su Congregación con otras: en los comienzos, con la Sociedad de la Cruz de Jesús, con los Clérigos de San Viator del P. Querbes, con la Sociedad de María del P. Colin, el intento de Mons. Devie de fundir todas las formas de vida religiosa de su diócesis en una sola; más tarde de nuevo con la Sociedad de la Cruz de Jesús y hacia el final de su vida con los Hermanos de San Gabriel.
En todos los casos el Hno. Gabriel manifestó unas actitudes constantes. En primer lugar, la íntima convicción de la llamada de Dios a fundar una nueva congregación, pero también una apertura y una disposición a dialogar, no considerando su institución como un absoluto y tomando en consideración lo bueno que veía en las otras; hay que añadir además su franqueza con las autoridades eclesiales y su fuerte defensa de la identidad de su Congregación, actitud ésta última que hizo fracasar todos los intentos de fusión.

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo compagina el Hno. Gabriel la flexibilidad y la firmeza cuando se trata de su Congregación?
¿Cuál es mi actitud ante la pluralidad de instituciones y de proyectos?
¿Cómo ver en la oración que nuestra obra es la obra de Dios?

Una oración del Hno. Gabriel:
Dios mío, haz que nuestra casa sea tu obra y no la de los hombres; bendícela y protégela, cuida de nosotros en todo tiempo y lugar y no nos abandones al poder de nuestros enemigos. Ayúdanos a renunciar a nuestra propia voluntad para hacer la tuya aquí en la tierra como los bienaventurados la hacen en el cielo. Te pedimos estas gracias por los méritos de nuestro Señor Jesucristo, por intercesión de la Virgen María y de san José, nuestros gloriosos Patronos. Así sea. (Primera versión de la oración por el Instituto en el Guía)

  • Una regla de vida para la Congregación

Una de las actividades a las que el Hno. Gabriel se dedicó en Belmont con mayor intensidad y cuidado fue a escribir la regla de la Congregación que estaba formándose. La carta con la que presenta esas Constituciones a Mons. Devie describe en detalle todos los pasos del proceso de discernimiento que el Fundador había efectuado y somete su texto a la corrección y autorización del Obispo.
Desde los primeros párrafos el Hno. Gabriel presenta la intuición central de su carisma y de la espiritualidad de su Congregación: construir la comunidad teniendo como modelo la Sagrada Familia de Nazaret en referencia a la Trinidad divina y dedicándose a toda clase de buenas obras, pero en particular a la educación de los niños y jóvenes, a la catequesis y a las demás actividades parroquiales.
En los artículos sucesivos describe la identidad de una congregación religiosa de Hermanos, de carácter laical, y da todas las indicaciones y normas necesarias para vivir los votos religiosos y demás aspectos de la vida comunitaria y de la misión en las escuela y en las parroquias.
Las etapas de la formación de los Hermanos y las motivaciones para un crecimiento espiritual tienen igualmente un puesto importante.
Completan su trabajo un libro de oración para la comunidad con las indicaciones y fórmulas para cada momento de oración comunitaria y un ritual para la toma de hábito y la profesión religiosa, donde el Hno. Gabriel desarrolla su fino sentido litúrgico y algunas intuiciones importantes sobre la vida religiosa.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué sabiduría practica y concreta muestra el Hno. Gabriel al escribir una regla de vida?
¿Cómo concretizo mis ideas para que puedan ser seguidas por otros?
¿Cómo recrear en la oración y en la vida la intuición central del Hno. Gabriel?

Una oración del Hno. Gabriel:
Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, que eres el principio y el creador de todo lo que está en el cielo y en la tierra, protege a su pueblo, aleja de su Iglesia toda clase de maldad; conduce nuestros pasos, nuestras acciones, nuestras voluntades, y las de todos tus siervos por el feliz camino hacia tu gloria. Aumenta nuestra fe, nuestra esperanza, nuestra caridad y el arrepentimiento de nuestros pecados; consolídanos en la gracia del hombre interior, por el Espíritu Santo; que todos tus santos, y sobre todo aquellos de quienes la Iglesia celebra hoy la fiesta, nos asisten en todas partes y en todo momento, para que honrando sus méritos, experimentemos los efectos de su intercesión, especialmente la de la bienaventurada Virgen María y la de San José, nuestros gloriosos Patronos y Protectores, cuya memoria celebramos con alegría y cuya asistencia especial reclamamos con confianza; presérvanos del pecado, de la muerte repentina y de todo accidente; que perseveremos hasta la muerte en nuestra vocación de Hermanos Sagrada Familia, y que cumplamos con exactitud y con celo todos los deberes que ella comporta.. Oración universal a la Santísima Trinidad y a la Sagrada Familia C 1836 libro de oraciones

  • Las primeras profesiones religiosas y las primeras comunidades

El año 1838 marca la salida definitiva del estado de incertidumbre y del carácter provisorio de la institución que el Hno. Gabriel estaba fundando. El 3 de noviembre en la pequeña capilla de Belmont, once Hermanos emitían sus primeros votos religiosos por tres años; y el Hno. Gabriel pronunciaba sus votos perpetuos en presencia de Mons. Devie. El mismo día, el Prelado le daba solemnemente posesión de sus funciones de Superior a perpetuidad. Poco después el Obispo informaba al clero de su diócesis sobre el nacimiento oficial de la Congregación de la Sagrada Familia e invitaba a sus sacerdotes a enviar novicios a Belmont. Por otra parte, aunque con muchas modificaciones y retrasos, había dado la aprobación a la Regla de la Congregación y luego había incluso financiado su publicación impresa. Todo ello daba un estatuto eclesial a la nueva Congregación
Al día siguiente de la profesión, el Hno. Gabriel abría tres nuevas comunidades, y los primeros Hermanos, ayudados por algunos novicios, se integraban a sus respectivos destinos. El Hno. Gabriel era ya, pues, el Superior de once Hermanos profesos y de un grupo numeroso de novicios, dirigía la casa de Noviciado de Belmont y podía contar con la presencia de sus Hermanos en seis parroquias.
Muy pronto, sin embargo, empezaron a surgir los problemas para el nuevo Superior: uno era el servicio militar de los nuevos profesos, otro las dificultades con el canónigo Francisco Robert, encargado por Mons. Devie de las relaciones con la Congregación. De manera que poco después el Hno. Gabriel pudo escribir al P. Roland: “Nuestro Prelado, mientras repartía coronas de rosas a mis Hermanos (alusión al ritual de la profesión religiosa), me ponía a mí una de espinas en la cabeza y ya empiezo a sentirlas”.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué aspectos intervienen en el reconocimiento eclesial de la Congregación del Hno. Gabriel?
¿Cuáles son los puntos fuertes y los puntos débiles de mi relación con la Iglesia?
¿Cómo vivo la oración que la comunidad cristiana hace por mí?

Una oración del Hno. Gabriel:
Dios infinitamente santo y bueno, que has dado con tu misericordia a estos siervos tuyos el poder de renunciar a todas las cosas que poseían en el mundo y unirse a ti como único bien, te pedimos que, con la ayuda de tu gracia, guarden las promesas que acaban de hacer, a las que tú los llamaste y con las que se han comprometido a un servicio tuyo más estricto, puedan cumplirlas fielmente y avancen con firmeza cada día por los caminos del espíritu para que, creciendo toda su vida en amor, se puedan unir a ti con el vínculo de la caridad, por los siglos de los siglos. Amén. (Ritual de la profesión religiosa)

  • El traslado a Belley

Durante el año 1840 entraron al noviciado 25 novicios. La Congregación aumentaba y la casa de Belmont se hacía insuficiente. Así pues, de acuerdo con Mons. Devie, el Hno. Gabriel organizó el traslado a Belley, aunque en la curia diocesana no todos estaban de acuerdo.
El antiguo convento de la Visitación, que había quedado abandonado después de la Revolución, parecía un lugar muy adecuado para una comunidad grande y con posibilidades de crecimiento. El Hno. Gabriel firmó un contrato de compraventa con el alcalde de Belley, pues el antiguo convento pertenecía al municipio.
Pero, ante la gran sorpresa del Hno. Gabriel y de sus acompañantes, el día en que efectuaron el traslado de la comunidad y de sus enseres, para instalarse en Belley, fueron informados de que el contrato había sido anulado por el Prefecto del Departamento del Ain y la numerosa comunidad se vio en la calle.
En esa situación tan embarazosa fue nuevamente el Obispo quien sacó de apuros a la comunidad poniendo a su disposición un pequeño edificio en la huerta del obispado. El Hno. Gabriel interpretó así ese momento tan difícil: “Estábamos ante una situación semejante a la que sufrieron nuestros Santos Patronos, María y José, cuando fueron a Belén. Parecía que todos nos rechazaban, y no encontrábamos una casa que comprar o alquilar.”
Más de cuarenta personas tuvieron que alojarse en aquel lugar tan reducido e incómodo durante más de un mes, hasta que el Hno. Gabriel pudo conseguir otros edificios cerca de la catedral. Pero, como anota un testigo presencial: “Jamás se oyó ni a novicios ni a Hermanos una palabra de queja; tampoco murmurar, ni siquiera ligeramente, ni expresar desánimo en medio de aquella situación de incomodidad general, de extrema necesidad que se experimentaba día y noche. Aquel espíritu estupendo hizo concebir las mejores esperanzas, de cara al porvenir de nuestra naciente Congregación.”

Para la reflexión y la oración:
¿Qué cualidades muestra el Hno. Gabriel en la conducción de un grupo en dificultad?
¿Cuál suele ser mi actitud cuando los grupos o comunidades a los que pertenezco están en dificultad o en crisis?
¿Cómo encontrar en la oración un camino para salir de las dificultades de forma constructiva?

Una oración del Hno. Gabriel:
Sagrada Familia, que después de darnos en la tierra ejemplo de las más sublimes virtudes, gozas ahora de la gloria en el cielo, mírame con bondad ya que tengo el honor de pertenecer a una Congregación colocada bajo tu poderosa protección. Sagrada Familia, deseo honrarte durante toda mi vida con un culto especial, por eso te consagro mi corazón y mi mente y todo lo que soy. Y, como necesito imitar tu santidad, acudo humildemente a ti, María, Madre buena, y a José, mi santo protector, para que me alcancéis de Jesús, mi Salvador, todas las virtudes propias de mi estado de vida. (NG)

  • Los primeros años de Belley

Los primeros años de Belley fueron todavía tiempo de pobreza, de privaciones e incomodidades. La anécdota de la pobre Juana que tenía que proveer a la numerosa comunidad sin que el Superior pudiera darle el dinero suficiente y que fue ayudada varias veces por las Hermanas Maristas con verduras de su huerta, revela la precaria situación económica.
En efecto, el Hno. Gabriel había tenido que endeudarse para comprar las primeras casas, situadas cerca de la catedral, donde habitaba la comunidad y que eran a todas luces insuficientes. Por ello, y a pesar de la insuficiencia de medios, el Hno. Gabriel, confiando en la divina Providencia, continuó con un vasto programa de adquisición de otras propiedades vecinas, en particular la antigua capilla de San Vicente y el pensionado Manjot. Las diversas construcciones fueron englobadas en un edificio único dando al conjunto el aspecto de una digna casa religiosa. Ese primer programa de construcciones culminó con la consagración de la capilla en 1844, a la que dio el nombre de Sagrada Familia.
Otro aspecto importante de estos primeros años de la vida del Hno. Gabriel en Belley fueron sus frecuentes entrevistas con Mons. Devie. Si hasta entonces se había entrevistado con el Obispo para tratar los asuntos de la Congregación, ahora lo hacía casi a diario con el objetivo de progresar en su formación como Superior y formador de los Hermanos y Novicios. Sabemos que el obispo cuidaba en estos coloquios dos puntos esenciales: el progreso en la oración y los consejos para la dirección espiritual de los Hermanos. Cabe pensar que algunas cuestiones morales eran también abordadas por quien había sido profesor de moral en el seminario y estaba haciendo lo posible para propagar la moral de San Alfonso de Ligorio, caracterizada por una mayor atención a la misericordia de Dios y a la persona que al rigor de las normas y a la especie de pecados.

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo vivía el Hno. Gabriel su atención a los Hermanos, sin descuidar su propia formación y crecimiento espiritual?
¿Cómo estoy viviendo yo actualmente esas dos dimensiones importantes de mi vida?
¿Cómo integrar armoniosamente en la oración el amor a Dios y el amor al prójimo?

Una oración del Hno. Gabriel:
Dios mío, creo en ti, pero fortalece mi fe; espero en ti, pero reafirma mi esperanza; te amo, pero aumenta mi amor; me arrepiento de haber pecado, pero aumenta mi contrición. Te adoro porque eres mi origen; te deseo porque eres mi fin; te doy gracias porque eres mi constante bienhechor; te invoco porque eres mi supremo defensor. Señor, regula mi vida con tu sabiduría, dirígeme con tu justicia, consuélame con tu misericordia y protégeme con tu poder. Te consagro mis pensamientos, palabras, obras y sufrimientos para que en adelante sólo piense en ti, sólo hable de ti, sólo actúe según tu voluntad y sólo sufra por ti. Señor, sólo deseo lo que tú quieres, porque tú lo quieres, como tú lo quieres y en cuanto tú lo quieres. Te ruego que ilumines mi entendimiento, impulses mi voluntad, purifiques mi cuerpo y santifiques mi alma. Dios mío, ayúdame a expiar las faltas pasadas, a vencer las tentaciones futuras, a corregir las pasiones que me dominan y a practicar las virtudes que necesito (NG).

  • Las aprobaciones

La aprobación por parte de la Sede Apostólica de Roma (1841) y del Gobierno de los Estados Sardos de Turín (1842) fueron dos puntos de apoyo muy importantes para el afianzamiento y desarrollo de la Congregación. El Hno. Gabriel veía cómo las comunidades de Hermanos se iban estableciendo en varias diócesis y las peticiones de nuevas fundaciones no dejaban de afluir a la Casa Madre. Por otra parte el número de Hermanos iba en rápido aumento. En esas condiciones no dudó en arriesgarse, a pesar de que parecía un objetivo difícil de alcanzar, en viajar a Roma acompañando al Vicario General de la diócesis de Belley, el P. Ireneo Depéry, para pedir al papa Gregorio XVI la aprobación de su Instituto. El Breve de aprobación conseguido ratificaba la autenticidad evangélica del proyecto del Hno. Gabriel e incorporaba la Congregación a la vida de la Iglesia universal.
Apoyándose en la aprobación eclesial, el Hno. Gabriel solicitó al año siguiente la del rey Carlos Alberto, cosa que parecía también difícil de conseguir. Pero el Soberano accedió a la petición del Fundador, que contaba con el apoyo de Mons. Billiet, Arzobispo de Chambéry, y que veía el bien que los Hermanos hacían en las escuelas. La Congregación pudo así tomar un nuevo impulso en las provincias de Saboya, territorio que formó parte de los Estados Sardos hasta su incorporación a Francia en 1860. Una consecuencia importante de esa aprobación fue la exención del servicio militar de los Hermanos saboyanos, que eran la mayoría en la Congregación.
Es cierto que el Hno. Gabriel nunca pudo conseguir, como tanto lo deseó y trabajó por ello, la aprobación del Instituto por el Gobierno Francés ni la aprobación de la Regla por parte de Roma. Aun así, las aprobaciones por parte de la Iglesia y del Estado daban una legitimidad a su proyecto de fundación, a pesar de las incomprensiones y grandes dificultades que le vinieron de una y otra parte.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué importancia tenían para el Hno. Gabriel la legitimidad eclesial y civil de su Congregación?
¿Cómo vivo esas dos dimensiones en mi actividad profesional u otras actividades?
¿Cómo integrar armoniosamente ambas dimensiones en mi oración?

Una oración del Hno. Gabriel:
Señor, escucha nuestra oración por nuestro santo padre el Papa, por nuestro Obispo, por nuestro Soberano y su familia y por todos los que nos gobiernan. Señor, ten piedad de tu Iglesia, de nuestro país, de nuestra diócesis, de nuestra parroquia, de nuestros familiares, amigos y bienhechores. Señor, ten misericordia de los fieles difuntos y, de modo especial, de nuestros familiares Hermanos y bienhechores. Santos Patronos del Instituto, todos los Santos y santas, ayudadnos, rogad al Señor que conserve nuestros días en la paz, que nos preserve de todo pecado y de todo accidente y nos conduzca a la vida eterna. Amén. (NG)

  • La creación de comunidades

El proceso de fundación de una nueva comunidad de Hermanos requería una atención particular por parte del Superior. La petición inicial podía llegar a la Casa Madre de varias formas: las más frecuentes provenían de párrocos deseosos de proporcionar una educación cristiana a los niños de su parroquia, pero había también peticiones de alcaldes, de presidentes de alguna asociación u otras instituciones privadas; algunas peticiones venía a través de las autoridades eclesiásticas o bien a través de los Hermanos de otras comunidades ya existentes.
El Hno. Gabriel hace mención en su correspondencia y en sus circulares a la gran cantidad de peticiones recibidas y a la posibilidad de atender solamente a una mínima parte de ellas. El único criterio de preferencia expresado a veces a los párrocos era que le proporcionaran postulantes para formarlos y así poderlos enviar luego en misión como Hermanos.
El hecho de que la mayor parte de los establecimientos creados fueran escuelas municipales requería naturalmente la intervención de las autoridades locales y de las autoridades académicas. Las normas variaban entre las escuelas de Saboya y de Francia, pero en todo caso había que atenerse a las leyes establecidas. Todo ello se concretaba en un contrato de fundación de una duración de diez años, en el que se establecían las condiciones de fundación (edifico y mobiliario de la escuela, salario de los Hermanos, etc.) firmado por el Alcalde y por el Superior. El Hno. Gabriel mostró muchas veces una capacidad de adaptación a los municipios con escasos recursos, con tal de llevar “el beneficio de la educación” a todos.
Una buena parte de la correspondencia, tanto activa como pasiva, de la Administración del Instituto, da cuenta de frecuentes conflictos con las autoridades locales: eclesiales, municipales, académicas, militares. A pesar de los contratos y de la buena voluntad, había, en efecto, situaciones poco claras o frágiles, teniendo en cuenta también de las limitaciones y la debilidad humana. Todo ello llevaba a limitar la duración de los establecimientos y a que se sucedieran con frecuencia los cierres y las nuevas fundaciones.
El Hno. Gabriel se hacía un deber de acompañar siempre a los Hermanos que abrían un nuevo establecimiento para hablar directamente con las autoridades y solucionar algunas cuestiones concretas, además cada año hacía al menos una visita a cada comunidad.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué cualidades se perciben la actuación del Hno. Gabriel?
¿Cómo preparo y asumo las dificultades de mis nuevas realizaciones educativas?
¿Cómo puedo transformar en oración las expresiones que siguen del Hno. Gabriel?

Una oración del Hno. Gabriel:
¡Qué hermosa y grande es la profesión de reinar sobre los corazones por medio de la educación!… Jesucristo, el Maestro de los doctores, se complacía conversando con los niños. Tal es, igualmente, la respetable misión de los maestros y de las maestras. ¡Cuánto deben alabar y agradecer a Dios por haberles llamado a una función tan elevada y responsable! A ustedes, maestros y maestras, el Señor les ha confiado la más querida y la más preciosa porción de su viña, poniendo en sus manos el cuidado de instruir a los niños, que son la esperanza del Estado, que deben ser un día el apoyo de sus pueblos, el consuelo de su familia, y llegar a ser santos para el cielo. Es un tesoro que merece toda atención, pues Dios y los hombres les pedirán cuenta de él. (ACPA)

  • La fundación de Ars

El Hno. Gabriel conservó toda su vida el recuerdo del primer encuentro con el Santo Cura, pues al final de su vida pudo declarar bajo juramento en el proceso de beatificación: “Quedé vivamente impresionado al ver su figura, sobre la que se diseñaban los rasgos de la santidad. Siempre he creído que al saludarme, me había llamado por mi nombre y que, después de haberme preguntado cómo estaba, se había informado sobre el estado de la pequeña Congregación de la Sagrada Familia. “¿Pero, Sr. Cura, – repliqué muy conmovido – cómo me conoce usted?” – “Oh, – contestó él con una graciosa sonrisa – los amigos del buen Dios deben conocerse bien”.
A partir de ese primer momento la relación amistosa entre ambos había perdurado como lo demuestran algunas cartas y sobre todo la fundación de la comunidad de Ars en 1849. Las circunstancias de esta fundación, con sus retrasos y obstáculos, muestran la fuerte voluntad de ambos de procurar el bien de la educación de los niños de Ars y la atención a la vida parroquial en todos sus aspectos.
Los diez años que los Hermanos permanecieron en con contacto directo con el santo Párroco de Ars dieron lugar a un intenso intercambio y se beneficiaron de su actividad pastoral, al mismo tiempo que encontraban un apoyo pleno a todas la expresiones de su carisma. Por su parte, el Hno. Gabriel expuso varias veces sus planes al Santo Cura pidiendo consejo y ayuda; éste envió al Noviciado de Belley cerca de cuarenta jóvenes, la mitad de los cuales perseveraron como Hermanos; el Hno. Gabriel le atribuyó su curación de una hernia doble y reconoció sus muchas liberalidades en favor de la Congregación.
El episodio relativo al libro El Ángel conductor de los peregrinos de Ars (el santo Cura rehusó aprobar el libro escrito por el Hno. Gabriel porque contenía algunos elogios a su persona en la introducción) muestra por una parte la intensidad y delicadeza de los sentimientos y por otra el deseo de insertarse activamente en el proyecto pastoral de la peregrinación de Ars y de su parroquia, además de una gran lección de humildad.

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo marcó la vida del Hno. Gabriel su contacto con el Santo Cura de Ars?
¿He tenido ocasión de entrevistarme con alguna persona que me haya impactado positivamente durante mucho tiempo?
¿Cómo progresar en la humildad por el camino de la oración?

Una oración del Hno. Gabriel:
Hijo eterno de Dios, que eres igual al Padre y que habiéndote anonadado al tomar la naturaleza humana y la forma de servidor, te humillaste haciéndote obediente hasta la muerte de cruz, enséñame la humildad. Haz que aprenda de ti que eres manso y humilde de corazón. Enséñame esta gran lección en la que consiste la ciencia del hombre: que no soy nada por mí mismo, y que si soy algo, lo he recibido de ti y lo debo a ti. Ponme bajo tu poderosa mano para que reconozca y sienta mi nada, mi debilidad y mis pecados… Que no me deje seducir por la adulación y las alabanzas, y que, dejándolas de lado, jamás las busque, y que gima y tiemble en mí mismo ante ti, cuando los hombres me las den. Que lejos de crecerme ante los demás y buscar los primeros puestos, me estime dichoso en el último lugar. Que mire a los otros como superiores a mí; que les ceda el honor, que acceda voluntariamente a sus deseos, que me alegre de ser preferidos a mí y de ser yo el último. En fin, haz, Dios mío, que sea verdaderamente humilde, que ame el ser desconocido y que teniendo humildes sentimientos sobre mi bajeza y sobre mi nada, consienta en ser despreciado por todos. (ACPA)

  • La vida de cada día

Un vistazo al horario de la Casa Madre da la mejor idea de la vida del Hno. Gabriel y de los Hermanos en Belley. Hay que tener en cuenta que además del ritmo diario estaba también el ciclo semanal y mensual, que modificaban algunas actividades, y que el Hno. Gabriel se ausentaba con frecuencia por sus muchos viajes.
En la introducción al horario leemos: “Los Hermanos deberán esforzarse por imitar cada día las virtudes y la vida santa de sus celestiales Patronos y Protectores Jesús, María y José. Para conseguirlo, la norma general es hacer todas las cosas con intención recta y pura, y en un orden tal que, una vez establecido, no debe sufrir más modificaciones que los cambios de hora de verano e invierno y las variantes establecidas por la Regla para los días de vacaciones y de retiro.”

A las 5,00, levantarse.

A las 5,20, oración y meditación.

A las 6,00, cada uno va a su trabajo.

A las 7,00, misa.

A las 7,30, desayuno y recreo.

A las 8,00, cada uno va su trabajo.

A las 11,15, lección de canto.

A las 11,45, examen particular y otras oraciones en uso en el Instituto.

A mediodía, comida; a continuación rezo de las letanías de la divina Providencia y recreo.

A la 1,30, cada uno va a su trabajo.

A las 4,30, recreo.

A las 5,00, lectura espiritual.

A las 5,20, cada uno va a su trabajo.

A las 6,25, oficio, rosario, visita al Santísimo Sacramento y canto de la Salve Regina.

A las 7,00, cena y a continuación recreo.

A las 8,30, oración y lectura del tema de la meditación.

A las 9,00, acostarse.

Y en la conclusión: “No olviden los Hermanos que nuestros días y nuestras horas están contados ante el Señor y que debemos vivirlos como si debiéramos morir al acabar cada hora o cada día. Por ello debemos realizar bien todas nuestras acciones.”

Para la reflexión y la oración:
¿Qué equilibrio concreto encontró el Hno. Gabriel para las diversas dimensiones de la vida?
¿Cómo está regulada normalmente mi jornada para encontrar tiempos de trabajo y de descanso, de oración y de vida personal y comunitaria?
¿Cómo ponerme en disposición en la oración para vivir mi jornada bajo la mirada de Dios?

Una oración del Hno. Gabriel:
¿Qué ocurrirá hoy, Dios mío? No lo sé. Lo único que sé es que nada acontecerá que tú no hayas previsto, regulado y querido desde toda la eternidad. Eso me basta, Dios mío, eso me basta. Adoro tus impenetrables y eternos designios y me someto a ellos por tu amor. Lo quiero todo, lo acepto todo, te ofrezco todo en sacrificio y uno ese sacrificio al de Jesucristo, mi divino Salvador. Te pido en su nombre y por sus méritos infinitos, la paciencia en las dificultades y la perfecta sumisión que te es debida en todo lo que quieres o permites. Así sea. 

21.- La Casa Madre

Si el horario nos da la distribución del tiempo, la casa es el espacio donde se desarrolla la vida de cada día. Para el Hno. Gabriel, la Casa Madre tenía un alto valor simbólico. Era el lugar donde los Hermanos habían comenzado su vida religiosa el día de su profesión y “donde pueden venir a terminar su santa existencia; en ella serán caritativamente atendidos en sus enfermedades, achaques y vejez, después de haber sido útiles al a prójimo con toda clase de buenas obras.”
La construcción de la Casa Madre había sido para el Hno. Gabriel una preocupación que duró hasta el final de sus días. La colocación de una gran cruz sobre la puerta de entrada y de una estatua de la Virgen en el jardín fueron algunos episodios. Pero la ampliación de los locales, contando con escasos recursos, suscitaba una gran confianza en la Providencia divina: “Ahí mismo, queridos Hermanos, durante más de treinta años, hemos encontrado nosotros los materiales necesarios para construir nuestra querida Congregación. Proclamamos esto para mayor gloria de Dios y también para que conozcáis esta cantera divina de la que tantos y tan buenos materiales podemos extraer.” No pudiendo contar con ayudas externas, el Hno. Gabriel podía decir a los Hermanos: “Nuestra Casa Madre es obra únicamente nuestra. Después de haber podido levantada, hemos de bendecir al Señor y darle gracias, pidiéndole, al mismo tiempo, que nos la conserve para hacer de ella el paraíso de todos sus actuales y futuros moradores”
Y dentro de la casa la capilla revestía un significado muy especial: “Consideramos la capilla de la Casa Madre como la piedra fundamental, sin la cual el edificio de nuestra Asociación se derrumbaría. Efectivamente, queridos Hermanos, en este lugar bendito reside noche y día Jesucristo, soberano Señor del cielo y de la tierra y nos fortalece con los sacramentos de la penitencia y la eucaristía.”
Una de las satisfacciones del Hno. Gabriel fue poder legar a los Hermanos una casa digna y adaptada a las actividades de la Congregación: “Las casas religiosas donde reina la santidad, son verdaderamente casas de Dios, porque en ellas su infinita bondad reúne a las almas fervorosas que lo alaban y sirven cada día con más fidelidad que las que ha dejado en el mundo. Nuestra Casa Madre es también la casa de Dios. Su hermoso campanario, rematado por una elegante y alta flecha, portadora del signo de la redención, anuncia a los que pasan que Dios habita en esta casa.”

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo puedo sintetizar el gran valor que la Casa Madre tenía para el Hno. Gabriel?
¿Cómo están dispuestas las distintas partes de la casa donde vivo?
¿Cómo hacer que mi casa sea también la casa de Dios?

Una oración del Hno. Gabriel:
Me acerco a ti, Señor, y me postro a tus pies para adorar tu sagrado Cuerpo por medio del cual hablaste a los hombres y después entregaste para la salvación del mundo. Confieso con el Centurión que no soy digno de recibirte en mi casa, pero ya que me acerco a tu santo altar, te ruego, Señor, que me des la humildad profunda del Centurión y la fe de Zaqueo, los cuales te recibieron en su casa y en su corazón. Ven a mí, Señor, divino huésped del alma, y haz morada en mí. Tu presencia será una fuente de gracias y de bendiciones. Así sea. (NG)

  • La reunión anual

La reunión anual de todos los Hermanos en la Casa Madre de Belley tenía una importancia vital para la Congregación.
El Hno. Gabriel preparaba con anticipación esas semanas importantes de convivencia de todos los Hermanos: enviaba una carta circular con la invitación y nuevas motivaciones cada vez, contactaba un predicador para el retiro, etc.
Había escrito un Reglamento para integrar todos los elementos que comprendía el encuentro: desde la organización de la economía con la presentación de las cuentas anuales hasta la nueva distribución de los Hermanos en las comunidades para el año siguiente. La semana de los ejercicios espirituales era el momento esencial de la revitalización personal y comunitaria. Pero había otros actos también muy importantes como el acto del perdón recíproco de las ofensas cometidas durante el año, la celebración de la fiesta de la Sagrada Familia para dinamizar el punto focal de la espiritualidad, las primeras profesiones y renovaciones de votos que mostraban el crecimiento de la familia, la misa celebrada por todos los Hermanos difuntos. Aunque era también tiempo de vacaciones, en los días que seguían el retiro tenían lugar los exámenes de los Hermanos más jóvenes y había algunas conferencias pedagógicas dadas por los Hermanos más experimentados para la formación profesional. El día de la despedida revestía un carácter solemne: durante la misa se cantaba el Credo como signo de unidad en la fe antes de ser enviados nuevamente a la misión.
Esa alternancia periódica de reunión para fomentar la comunión fraterna y de dispersión para la misión era lo que daba el impulso vital a la Congregación.
Para el Hno. Gabriel el período del encuentro anual era de intensa actividad: además de la organización general, tenía una entrevista personal con cada Hermano y durante la semana de retiro daba cada día al menos una conferencia, estaban además los ajustes de última hora en la distribución de los Hermanos y otros imprevistos. Por eso, después que los Hermanos habían ido a las diferentes comunidades, él hacía un retiro personalmente en Lyon.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué suponía para el Hno. Gabriel el doble movimiento de reunión y dispersión de todos los Hermanos cada año?
¿Cómo armonizo concretamente mis tiempos de encuentro para revitalizarme y de alejamiento para la misión?
¿Cómo vivir en la oración la llamada a una conversión permanente?

Una oración del Hno. Gabriel:Dios mío, acudo a tu infinita bondad para pedir el mayor, más precioso y más necesario de los favores del que depende mi salvación eterna: se trata, Dios mío, de una total y sincera conversión y de la perseverancia en tu amor. Te lo pido por la intercesión de la santa e inmaculada Virgen María a quien los pueblos nunca invocaron en vano. Virgen santa, concédeme la gracia de la conversión y de la perseverancia, sin la cual las demás gracias me serían inútiles. Y tú, Padre amoroso, bondadoso pastor de las almas, déjate conmover por las súplicas de María, asilo y refugio de los pobres pecadores, déjate conmover por los dolores y sufrimientos que tu divino Hijo ha padecido para salvarme. Que yo salga del pecado y que en este mismo instante me convierta totalmente por efecto de tu misericordiosa bondad. Haz que, cansado de tanto extravío, te ame sólo a ti hasta el día de mi muerte y actúe sólo para servirte y agradarte. Así sea. 

  • La formación

El Hno. Gabriel no tuvo una formación académica sistemática y completa, Llegó, sin embargo, a tener el diploma para ejercer la enseñanza primaria y para dirigir un internado. En los demás aspectos fue esencialmente un autodidacta.
El programa de formación que propuso para los Hermanos en la regla de vida estaba articulado en dos fases: La formación inicial durante el Noviciado (en general un año de duración), que comprendía la formación a la vida cristiana y a la vida religiosa y la formación a las actividades propias del Instituto (educación, catequesis, cuidado de la iglesia) y los servicios a la comunidad (actividades manuales). La formación permanente, que consistía en varios años de estudios religiosos (con un examen anual) y la preparación para obtener el diploma de maestro (para los Hermanos educadores). Estaban además los medios ordinarios de formación como la participación en el encuentro anual en la Casa Madre y los que proporcionaba la vida en la comunidad (lectura espiritual y otros). Como criterio en la formación profesional había propuesto a los Hermanos que “La formación del Hermano de la Sagrada Familia no debe ser inferior a la de los demás maestros seglares o religiosos de las escuelas primarias”.
Aunque tuvo varios colaboradores, como los Hnos. Mauricio, Amadeo y Raimundo, y los capellanes de la Casa Madre, el Hno. Gabriel se dedicó durante toda su vida a la formación de los Hermanos y Novicios: consideraba que ese era un aspecto fundamental de su tarea de Fundador y de Superior. Además de las lecciones y meditaciones colectivas, dedicaba mucho tiempo al acompañamiento personal mediante la entrevista a cada postulante que se presentaba a la casa de formación y luego periódicamente a cada Hermano, a las visitas a las comunidades, a la correspondencia, etc.
A pesar de todo ese esfuerzo, vivía la tensión entre exigencias de la formación inicial y las urgencias de la misión (me llevan los Hermanos a medio formar, decía); la tensión entre el programa de formación inicial y permanente y la escasez de formadores y de medios, como constataba Hno. Amadeo; tensión entre el momento fuerte de formación en la Casa Madre y la fragilidad de las situaciones en las comunidades; tensión entre la estabilidad de la formación propuesta por la Regla y la evolución de la sociedad, sobre todo en materia de educación (legislación, diplomas, contenidos y métodos de enseñanza, etc.).

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo vivía el Hno. Gabriel la problemática de la formación?
¿Me responsabilizo de mi propia formación y de la de los demás, como una tarea importante?
¿Cómo expresar en la oración la exigencia de mi crecimiento y maduración permanente en todas las dimensiones de mi vida?

Una oración del Hno. Gabriel:
Oh Dios, cuya sabiduría regula todas las cosas, y cuya providencia destina a cada uno la gracia que le es propia, yo te agradezco, y estoy contento del estado al que al que quisiste llamarme. Hazme conocer mis deberes y dame la gracia para cumplirlos. Haz que ame mi vocación, que sea fiel a ella, y que actúe de tal manera que sea digno de ti, que me llamaste.
No permitas que yo me deje arrastrar por las agitaciones de un espíritu inquieto, que se incomoda o se relaja en su trabajo, que le agradan los cambios, y que envidia la dicha que él se imagina en el estado de los otros. Dame la sumisión a tu voluntad; lléname de tu espíritu, de la sabiduría, de la inteligencia y de la ciencia que son necesarias en el trabajo que me confiaste; haz fructificar entre mis manos el talento que en ellas pusiste, y del que te debo dar cuenta. Concédeme dedicarme a todo lo que pides de mí, que realice todo el bien que pueda, para que cumpla tu voluntad en todo y en todas partes. Amén. (CS)

  • El crecimiento del Instituto

En la introducción al Nuevo Guía, decía el Hno. Gabriel: “Nuestra Congregación, queridos Hermanos, al igual que todas las cosas ha tenido un comienzo…Para nosotros es una satisfacción, queridos Hermanos, el ver que las ramas de este árbol tan querido se extienden por un gran número de diócesis y que bajo su sombra bienhechora vienen a cobijarse miles de niños.” A pesar de los difíciles comienzos de la fundación, el Hno. Gabriel constataba que el Instituto iba creciendo: las numerosas peticiones de Hermanos que recibía, sobre todo de parte de los párrocos, le confirmaban la utilidad de la Congregación para la Iglesia y para el Estado, no obstante los obstáculos que venían de una y otra parte.
En muchas ocasiones manifestó su profunda convicción de que si el Instituto crecía, era gracias a la protección divina. Así con motivo del primer Capítulo de la Congregación, dice: “Estamos convencidos de que en esta circunstancia, como en tantas otras, la mano de Dios actúa en él: esto nos da una nueva prueba de que el Instituto es más la obra de Dios que la de los hombres.” (N. G.).
El Hno. Gabriel manifestó muchas veces su admiración ante el desarrollo de una obra que, aunque de modestas proporciones, se había consolidado con el tiempo y presentaba buenas perspectivas para el futuro. Dice en su Testamento Espiritual: “Nunca pude imaginar que la divina Providencia, en la que siempre he tenido la mayor confianza y que siempre me ha ayudado de manera palpable, hubiera elegido un instrumento tan débil para fundar una Congregación religiosa, que el Soberano Pontífice se ha dignado aprobar, y para conducirla, con la ayuda de Dios, a la situación en que hoy se encuentra.”

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo interpretaba el Hno. Gabriel el crecimiento de la Congregación?
¿Veo la mano de Dios en el desarrollo de los grupos e instituciones en las que participo?
¿Cómo expresar el agradecimiento y pedir la bendición de dios sobre los ámbitos en que se desenvuelve mi vida?

Una oración del Hno. Gabriel:
La llamada “oración por el Instituto” fue una de las experiencias espirituales más profundas del Hno. Gabriel, como él mismo testimonia: “Esta oración le fue inspirada durante la misa en el momento de la elevación a uno de los primeros Superiores de la Sociedad cuando ésta se hallaba en sus comienzos.”
Dios mío, haz que nuestro Instituto sea tu obra y no la de los hombres; bendícelo y protégelo, cuida de él en todo tiempo y lugar y no lo abandones al poder del enemigo. Ayúdanos a renunciar a nuestra propia voluntad para hacer la tuya aquí en la tierra como los bienaventurados la hacen en el cielo. Te pedimos estas gracias por intercesión de la Virgen María y de san José, nuestros gloriosos patronos, y por los méritos de nuestro Señor Jesucristo. Amén.

  • El envío de Hermanos a Estados Unidos

La fundación del Hno. Gabriel se inscribe en el movimiento de la Iglesia de Francia que va desde las misiones populares parroquiales, promovidas para reconstruir las comunidades cristianas después de la Revolución, hasta la irradiación en las misiones en otros países. El modo de hablar y de expresarse del Hno. Gabriel desde su juventud estaba muy marcado por el de los misioneros.
A la petición del obispo de Saint-Paul (Minnesota) en 1854, el Hno. Gabriel respondió inmediatamente ofreciendo la colaboración del Instituto para “llevar el buen olor de Cristo más allá de los mares”. En la misma carta dice que él mismo hubiera ido, si le hubiera sido posible.
A pesar de esos buenos deseos, el Hno. Gabriel conocía lo arriesgado del envío de los Hermanos a una misión tan lejana. Además de las dificultades del viaje y de las comunicaciones, del aprendizaje de la lengua inglesa, del desconocimiento de la situación de destino, estaban los límites personales: sólo algunos Hermanos jóvenes se habían presentado como voluntarios y entre ellos ninguno con una experiencia suficiente para llevar a cabo tal misión.
Sin embargo, el Hno. Gabriel asumió el riesgo y envió a cuatro Hermanos. Los comienzos fueron esperanzadores: apertura de una escuela, de una casa para comunidad e incluso algo después de un Noviciado.
Pero muy pronto la situación de la comunidad se degradó por varias causas: dispersión de sus miembros para la misión, falta de entendimiento entre ellos y de confianza en el Director, fallecimiento del Obispo Mons. Cretin, que los había llamado, precisamente cuando más hubieran necesitado su apoyo.
Ante tal situación y viendo que, a pesar de todos sus esfuerzos, las cosas no se arreglaban, el Hno. Gabriel tomó la decisión de llamar a los Hermanos de nuevo a la Casa Madre. Trataba así de al menos salvar a las personas, ya que la misión había fracasado. Dos de ellos permanecieron en América (uno de los cuales se hizo sacerdote en la Congregación de la Santa Cruz) y los otros dos regresaron a Francia (uno de ellos fue luego sacerdote en Argentina).
En una carta de 1859 a Mons. Grace, el nuevo Obispo de Saint-Paul, el Hno. Gabriel hace un lúcido análisis de la evolución de los acontecimientos y asume con fe y humildad el fracaso de la misión.

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo vivía el Hno. Gabriel el espíritu misionero y evangelizador?
¿Tengo una visión amplia y universal de mi actividad en la Iglesia?
¿Cómo conjugar en la oración el compromiso concreto en mi lugar de trabajo con la apertura misionera?

Una oración del Hno. Gabriel:
Señor, vengo al lugar donde el Superior me envía, como iban los Apóstoles cuando tú los enviaste. Que animado con el mismo celo y el mismo espíritu que ellos, pueda hacer el bien aquí. Dispón a todos los habitantes de esta parroquia para que sean favorables a la obra a la que me voy a dedicar enteramente y te pido que la bendigas y protejas. Deseo extender por todas partes tu buen olor, amándote y haciendo que otros te amen, odiando el pecado y haciendo que los demás lo odien también, practicando la virtud y llevando a otros a practicarla. Te pido humildemente que me des las luces y las fuerzas que necesito para cumplir con fruto la misión que me has confiado. Señor, sé mi fuerza y mi apoyo en toda ocasión. Que tus Santos ángeles y nuestros Santos patronos sean siempre mis protectores y que mi intención al actuar sea siempre la expiación de mis pecados, mi propia santificación y el deseo de ser útil al prójimo, espiritual y materialmente. Purifica mis intenciones para que, en la misión que se me ha confiado tenga solamente como meta la gloria del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén. (NG)

  • El Nuevo Guía

El Hno. Gabriel escribió varias veces la regla de vida de su Congregación. Al igual que a otros fundadores, la tarea de redactar la Regla y de obtener su aprobación por parte de la autoridad de la Iglesia como discernimiento de la autenticidad cristiana del camino propuesto en ella, lo acompañó toda la vida.
Entre sus otros escritos, el Nuevo Guía representa la expresión más completa de su pensamiento y de su carisma. Al igual que el Camino de la Santificación (1843), escrito para las escuelas de los Hermanos, debía constituir “toda la biblioteca” de una familia, el Nuevo Guía era el libro fundamental del Hermano de la Sagrada Familia. En él, además de todas las indicaciones para explicar la naturaleza y organización de la Congregación, el Hermano encontraba las normas para todos los aspectos de su vida: la oración y las virtudes que lo deben caracterizar, las actividades de la vida comunitaria y de la misión, las diferentes funciones en la Congregación. Pero además el libro de la Regla tenía un eminente carácter formativo de la interioridad del Hermano: “Diseminadas entre las Reglas encontraréis enseñanzas para la vida mística. No hemos hecho esta mezcla sin un particular designio: hemos querido que al leer las normas y leyes de nuestro Instituto, pudierais hacerlo encontrando a un tiempo alimento apropiado para vuestra piedad” (NG). Por eso los Hermanos debían leerlo una vez al año.
El 8 de septiembre de 1858, a pesar de varias dificultades para su publicación, el Hno. Gabriel hizo la solemne distribución del libro a los Hermanos en el primer día del retiro anual. He aquí algunas de las expresiones de la introducción que dan a entender la importancia que Hno. Gabriel daba al Nuevo Guía: “Queridos Hermanos: Sentimos una gran alegría al publicar hoy el nuevo Guía, que lleváis esperando desde hace tanto tiempo. Os lo entregamos en nombre de Dios; recibidlo, pues, con respeto, considerándolo como un segundo Evangelio.” “Esta Regla, queridos Hermanos, es la herencia más hermosa que podemos dejaros. Guardadla con fidelidad y gustaréis la dulzura de una gran paz. Por feliz coincidencia, la publicamos el día en que se celebra, en la fiesta de Pentecostés, la venida del Espíritu Santo sobre los Apóstoles, la promulgación de la Ley nueva del Evangelio y la constitución de la Iglesia. Ojalá nos sintiéramos todos animados por este Espíritu de amor y nos hiciéramos dignos de sus preciosos dones; ojalá pudiéramos vivir en la práctica fiel de la ley evangélica”.

Para la reflexión y la oración:
¿Qué armonía encontró el Hno. Gabriel entre las normas que regulan la vida y las motivaciones que impulsan al crecimiento humano y espiritual?
¿Cómo acepto y vivo las distintas normativas que encuadran y dinamizan mi vida?
¿Cómo ver en la oración la expresión de la voluntad de dios en las normas y mandatos?

Una oración del Hno. Gabriel:
Recordad queridos Hermanos, que la exacta observancia de la Regla es la gloria, el ornato, la riqueza, la fuerza, la hermosura, la dicha del religioso y su santificación.(Circ 21)
Te agradezco, Señor y Dios mío, el haberme permitido estar en tu presencia y los buenos sentimientos que me has inspirado. Dame la gracia de evitar el mínimo pecado y de cumplir fielmente todas mis obligaciones de cristiano y de religioso, caminando por la vía de tus mandamientos y practicando constantemente la Regla de la Congregación a la que me honro de pertenecer. Haz que sólo busque tu mayor gloria en todas las cosas y que llegue un día a la vida eterna, para gozar de tu adorable presencia por siempre, en compañía de la Virgen María, de san José, de san N., mis gloriosos patronos, y la de todos los bienaventurados en la morada de la gloria. Amén. (NG)

  • Tamié

El Hno. Gabriel había escrito que “la vida del buen religioso es una oración continua” (NG). Y él mismo sintió toda su vida una cierta nostalgia por la vida contemplativa.
Por eso, cuando finalmente se le presentó la ocasión de comprar la abadía de Tamié en Saboya, dio el paso y la adquirió, aunque tenía que hacer un gran esfuerzo para hacerla habitable, ya que estaba abandonada desde los tiempos de la Revolución.
El proyecto que fue elaborando para el monasterio era bastante amplio y comprendía varios aspectos: el desdoblamiento del Noviciado con una Casa subsidiaria de la de Belley para la administración del Instituto; la creación de una casa de retiro para los Hermanos al término de sus actividades en las escuelas u otros empleos, la acogida de sacerdotes o seglares que desearan pasar un tiempo más o menos prolongado de serenidad, y finalmente la formación de un internado para jóvenes. Todo ello debía constituir una especie de “trapa mitigada”, como él la llamaba, lo que complicaba la naturaleza de su Instituto, que era netamente laical y de vida activa.
Después de las primeras actividades para restaurar el edificio, que fueron dirigidas personalmente por el Hno. Gabriel, empezaron a presentarse varios problemas: la negativa del Arzobispo de Chambéry para proporcionar un sacerdote como capellán (el Hno. Gabriel tuvo que acudir al de Belley o a otros sacerdotes en situaciones más o menos comprometidas), la dirección de la Casa (él o el Hno. Amadeo podían dirigirla, pero la presencia de ambos era necesaria en Belley), las quejas de los párrocos vecinos al monasterio que veían cómo sus fieles acudían con gusto al monasterio porque les era más cómodo y las celebraciones estaban bien organizadas… La organización del internado, aunque bien realizada, comportaba más necesidades de personal.
Además, el aislamiento del monasterio y la rudeza del clima contribuían a la reticencia de los Hermanos para ir a Tamié.
Ante tal situación, el Hno. Gabriel se decidió en 1862 a desprenderse de lo que él había deseado para él y para otros ser la “puerta del cielo” y lo vendió a sus antiguos moradores, los monjes cistercienses.

Para la reflexión y la oración:
¿Cuál es el significado de la fundación de Tamié para el Hno. Gabriel?
¿Veo en mi vida la necesidad de tiempos y lugares de silencio, de recogimiento de interiorización?
¿Cómo descubrir en los lugares habituales de mi vida la presencia de Dios?

Una oración del Hno. Gabriel:
La oración “es un encuentro del alma con Dios”
Dios mío, mi Creador, mi último fin y mi todo, creo firmemente que estás aquí presente; que estoy totalmente en ti y que tú estás en mí; que tus ojos se fijan en mí como si no hubiera nadie más en el mundo en quien tuvieras que pensar. Creo que no existe ningún lugar que no esté lleno de tu divina presencia. Persuadido de esto, Dios mío, me postro ante ti te adoro con el mayor respeto de que soy capaz, uniendo mi humilde adoración y admiración a la que recibes de los ángeles y de los Santos en el cielo y en la tierra. ¿Qué soy yo, Dios mío, para hablar contigo? No soy más que un pobre pecador que se ha rebelado contra ti. Te pido perdón, por mis numerosos pecados; los confieso delante de ti, de tu santa Madre, de los Apóstoles y de todos los Santos. (NG)

  • Vuelta a los orígenes

Después que el Hno. Gabriel salió de Belleydoux, regresó raramente a su pueblo (con motivo de la última enfermedad de su madre y en alguna otra ocasión), pero al final de su vida volvió dos veces con motivo de la fiesta de Santa Ana. Se han interpretado las iniciativas tomadas en estos viajes como una voluntad de dejar en su pueblo natal algunos signos concretos del carisma que él había recibido y empezado a vivir allí.
En primer lugar estaba la restauración de la comunidad de los Hermanos, que había sido suprimida hacía algunos años y que se encargaría de la escuela municipal y del servicio de la iglesia. Pero estaba también la restauración de la capilla de Santa Ana acometida algunos años antes. ¿No había sido San Ana la que le puso en camino hacia la Sagrada Familia? Y finalmente estaba la creación de la Cofradía de Santa Ana para la que el Hno. Gabriel había pedido la autorización al Obispo de Belley y algunos privilegios al Papa. El Hno. Gabriel había sido generoso con la Capilla, que antes de la Revolución había pertenecido a su familia. Le había proporcionado varios objetos y ornamentos litúrgicos, como también una campana y un armonio. Todo ellos subrayaba el interés del Hno. Gabriel por la celebración de la liturgia y por la vida parroquial.
Para la cofradía escribió un Manual que contenía una Vida de Santa Ana, los estatutos de la cofradía y un pequeño tratado de las virtudes cristianas, preparado para hacer una novena, junto con otras partes destinadas a la participación en la liturgia parroquial.
El Hno. Gabriel recibió en su pueblo muy buena acogida, según el testimonio de las Efemérides de la Casa Madre. “Sus compañeros de infancia, recordando la piedad que habían admirado antaño en él; los que fueron sus alumnos, evocando las santas enseñanzas que les dio con tanto celo; sus numerosos parientes, todos querían poderle expresar los lazos que les unían a él; los que nunca le habían visto… en fin, todos se precipitaban a su paso y difícilmente podía desprenderse de esta multitud, dichosa de verle”. Entre sus compañeros de infancia volvió a ver, no sin emoción, a Simón Poncet, que había sido uno de sus primeros Hermanos de San José en 1824. Pero además el Hno. Gabriel no volvió a Belley con las manos vacías, pues en esa ocasión, como en tantas otras lo había hecho, propuso la vida religiosa a dos de los hijos de Simón, quienes poco después se presentaron en el Noviciado de Belley. Era también una forma de retornar a los orígenes.

Para la reflexión y la oración:
¿Dónde estaban las raíces de la trayectoria del Hno. Gabriel?
¿Me pregunto algunas veces por el origen de mis creencias, de mis convicciones más profundas?
¿Cómo descubrir en la sencillez de la oración el sentido de la vida?

Una oración del Hno. Gabriel:
Dios te salve, María, llena de gracia, el Señor es contigo, que tu gracia me acompañe; bendita eres entre todas las mujeres, y bendita sea santa Ana, tu madre, de la que naciste sin mancha de pecado. ¡Oh Virgen María!, tú diste la vida a Jesucristo, el Hijo de Dios vivo. Así sea 

  • Término del recorrido

Los últimos años del Hno. Gabriel fueron de una actividad desbordante, como siempre había sido. Se ocupaba con todas sus fuerzas de la animación y gobierno del Instituto en todos sus aspectos: espiritualidad, formación, actividades de los Hermanos en la misión, economía, relaciones con el exterior, etc. Pero esas fuerzas iban disminuyendo y cada vez le pesaba más la carga de Superior, como a veces confiaba en sus Circulares, al no encontrar a veces respuesta suficiente el los Hermanos a sus llamadas a la unidad, a la caridad fraterna, el entusiasmo apostólico.
Por otra parte algunos hechos le había afectado profundamente: el final de Tamié y de la comunidad de Estados Unidos, la no aprobación del Instituto por parte del Gobierno Francés y de la Regla por las autoridades eclesiásticas, el conflicto con el Obispo de Belley, etc.
Su retorno a Belleydoux, la redacción de un Testamento Espiritual y de una autobiografía (incompleta) que hubiera dado cuenta también del desarrollo del Instituto, la disposición de sus bienes en favor del Vicesuperior y de un canónigo de Belley (al no estar reconocido el Instituto en Francia) son signos de que él mimo veía que se acercaba al término de su recorrido.
En una de sus Circulares había escrito: “No sabemos cuándo ni dónde moriremos, pero cuando nos encontremos cerca del último instante, si nos fuera concedido, nos gustaría terminar la vida en medio de vosotros, en nuestra Casa Madre de Belley o en nuestra casa de Tamié, os pido que vengáis a rodear nuestro lecho de muerte, no para llorar a quien fue vuestro Hermano y vuestro primer Superior religioso (ya que la Providencia os prepara otro mejor) sino que debéis de venir para cantar juntos el símbolo de nuestra fe, el Credo. En el caso de que no podamos unir nuestra voz a las vuestras, lo rezaremos interiormente, y de ese modo, confesaremos una vez más, al entregar nuestra alma a Dios, que hemos amado la hermosura de sus ceremonias y cantos y que nos ha complacido bendecir al Señor en la asamblea de los santos. Como señal de nuestro agradecimiento por el favor anticipado que os pedimos queridos Hermanos, os daremos nuestra última bendición como Padre. Quiera el Señor que vayamos después a esperaros en la eternidad bienaventurada.”
La situación del Instituto al morir su Fundador puede sintetizarse así. El personal comprendía 200 personas aproximadamente (contando también a los Novicios); los Hermanos en actividad eran 150 distribuidos en 50 establecimientos (la mayoría escuelas municipales); la economía se apoyaba en el trabajo de los Hermanos y contaba con un ligero balance positivo; las propiedades eran únicamente la Casa Madre y una finca en Belley y el Internado de Ars.

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo enfocaba el Hno. Gabriel el término de su vida?
¿Me he planteado algunas veces cuál es el sentido global de mi vida?
¿Cómo expresar en la oración el sentido de mi existencia?

Una oración del Hno. Gabriel:
Señor y Dios mío, vengo al fin de este día a postrarme a los pies de tu soberana majestad para adorarte y agradecerte todos tus beneficios. Tú eres, Señor, creador del cielo y de la tierra, y el dueño absoluto universo ante quien yo sólo soy polvo y ceniza. Te agradezco humildemente por haberme creado, por haberme hecho cristiano y católico, por haberme llamado al estado religioso, por haberme perdonado los pecados y por todas las gracias que me has concedido desde que existo. Creo firmemente, Dios mío, todas las verdades que cree y enseña tu santa Iglesia, porque tú mismo se las has revelado y no puedes ni engañarte ni engañarnos. Espero que por tus promesas y por los méritos infinitos de Jesucristo me darás tu gracia en este mundo y vida eterna en el otro. Te amo con todo mi corazón más que a todas las cosas porque eres infinitamente bueno y digno de ser amado y, por amor a ti, amo a mi prójimo como a mí mismo. (NG)

  • Vida eterna

El Hno. Gabriel murió en la Casa Madre el 24 de noviembre de 1864 rodeado del afecto y de los cuidados de los Hermanos. Sus últimas palabras fueron de satisfacción por la solución positiva de un problema con el Inspector de la Academia de Chambéry. “El Hno. Raimundo ha arreglado muy bien las cosas en Chambéry; estoy muy satisfecho”. Su solemne funeral tuvo lugar dos días después en la catedral de Belley. Sus restos mortales, después de haber sido colocados sucesivamente en el cementerio de Belley y en la Casa de los Hermanos, volvieron a esa misma catedral (capilla de Santa Ana) en 1998.
Bendecir al Señor en la asamblea de los santos“, es el deseo que el Hno. Gabriel había expresado, como hemos visto. Esa profunda aspiración la había transmitido a los Hermanos en una de sus Circulares: “Dios ha creado al hombre para hacerlo feliz, y es en el cielo, queridos Hermanos, donde le ha preparado la felicidad. Lo ha colocado por algún tiempo en la tierra con el fin de que merezca esa felicidad, que no quiere concederle sino a título de recompensa. Después de esto, el alma, salida de las manos de Dios, debe volver a él para reunirse por siempre con el autor de su ser. He aquí en qué consistirá esa felicidad: veremos a Dios, lo amaremos y lo poseeremos. Pero lo veremos sin velos, lo amaremos sin división y lo poseeremos sin temor de perderlo jamás.”
En su Testamento Espiritual había afirmado además su deseo de continuar una intercesión incesante por la Congregación que había fundado y por todos los que estuvieron y están en relación con él: “Si Dios me da la gracia de ir al cielo, no olvidaré en el descanso de la gloria eterna a la querida Comunidad de la Sagrada Familia ni a quienes han sido sus protectores y bienhechores. Tampoco olvidaré a mis queridos padres y amigos. Rezaré también por mis confesores y por quienes han sido mis Superiores en la tierra. Asimismo rezaré por Francia, mi querida patria, y por el pueblo que me vio nacer. Éstas son mis intenciones. Pido a Dios poderlas realizar en la morada de los bienaventurados. Ojalá que mis acciones puedan merecerme tal felicidad. »

Para la reflexión y la oración:
¿Cómo vivía el Hno. Gabriel su aspiración a la vida eterna?
¿Cómo interpreto y vivo la fe en la “comunión de los santos”?
¿Seseo asociarme una vez más a la oración del Hno. Gabriel y tenerlo como amigo e intercesor ante Dios?

Una oración del Hno. Gabriel:
Señor todopoderoso, Dios de Israel, escucha la oración que te dirijo y que deseo dirigirte eternamente por la querida Congregación que me has confiado y que yo pongo ahora entre tus manos. Haz que sea tu obra y no la mía; protégela, cuida de ella en todos los tiempos y en todos los lugares; no la abandones al poder de los enemigos; socórrela continuamente en sus necesidades y haz que bajo tu mano protectora procure tu gloria. Muéstrate propicio, Dios mío, con todos los Hermanos y Novicios de esta querida Sociedad; derrama sobre cada uno de ellos tus gracias abundantes; aumenta en ellos la fe, la esperanza y la caridad; inspíralos un vivo horror al pecado y un sincero arrepentimiento de cuantos hayan cometido, de los que yo pudiera ser la causa por mis malos ejemplos o por mi falta de vigilancia; haz que tengan en horror el vicio, que amen su vocación y sean fieles a ella, que viviendo así se santifiquen y trabajen por santificar a los demás; hazlos a todos felices en esta vida y en la otra. Ésta es la oración que te dirige, Dios mío, con el mayor ardor el más pobre de los religiosos y el más indigno de los Superiores. Escúchala, Señor, desde el alto trono de tu divina majestad y bendice a aquellos por quienes humildemente te la he dirigido. En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Así sea. (TE)