UN LENTO AMANECER...

    Últimamente la vida consagrada está dando pasos importantes por itinerarios un tanto inexplorados en el pasado, con implicaciones a veces arriesgadas, y que abren, sin duda, horizontes insospechados. Son  expresiones nuevas de unos carismas empeñados en permanecer fieles a sí mismos en este momento crucial e importante de la historia.
     Nos sorprende y admiramos los gestos de riesgo de muchos consagrados, empeñados en crear vida en su entorno, y que no les importa sacrificar la propia por unos valores que emanan del Evangelio. En ocasiones, al abrir las páginas de la prensa, nos encontramos con casos marcados por el heroísmo que sólo en Dios tienen su justa explicación. Desearíamos que estos hechos no fuesen patrimonio de minorías, pues toda la vida consagrada está llamada a desplazarse a zonas de frontera en las que se siente a gusto y  encuentra la expresión de su razón de ser.


1. Compás de espera.

    Pero un cierto compás de espera nos envuelve. Un compás que dificulta el que nuestra vida no sea del todo expresión de la radicalidad evangélica que le es propia y que, en ocasiones, la gente nos recuerda que "no es significativa" para muchos hombres de hoy. Se dan casos en los que el pretexto para permanecer estancados y a veces atrincherados, es porque, decimos, no ver claro por dónde exactamente la vida consagrada debería caminar, sabiendo de sobra que la itinerancia siempre ha sido llamada insistente del Dios que llama.
    Frecuentemente el lenguaje que oímos tiene visos demoledores. Se habla de crisis, de disminución numérica, de envejecimiento, de "ya no es lo que fue"... En el fondo, son excusas que nos impiden centrar nuestra mirada en  los signos de los tiempos y lugares a través de los cuales Dios nos sigue interpelando.
    No es raro contemplar cómo el pesimismo y desánimo de algunos provocan la sonrisa un tanto bonachona y complaciente de otros cuando se oyen fórmulas y compromisos que lindan con lo utópico. Daría la impresión, a veces, de que estamos resguardados esperando que pase el temporal  

2. Momento crucial e importante también para nuestro Instituto.
    También nuestro Instituto está viviendo un momento histórico, importante y crucial. Determinadas situaciones que en él se dan provocan reflexión y compromisos muy al día. Nuestros Capítulos y encuentros elaboran textos de valía que si se pusiesen en práctica sus exigencias apenas dejarían fisuras de escape y serían fuente de vitalidad. Aunque, luego, vemos que la realidad  es muy otra. Se nos marcan metas dignas de todo elogio y, luego, la inconsciencia, la desilusión o el cansancio mandan muchas cosas al garete.
    Estamos pasando momentos de un lento amanecer que nos invita a  despertar del sueño y nunca ha sido agradable interrumpir unos sueños en los que nos hemos sentido a gusto. Y hay que reconocer que la vida consagrada ha dado muestras de sentirse a gusto en lo que en otro tiempo hacía.


3. Llamados a vivir el riesgo en la debilidad.

     Cuando uno visita lugares que un tiempo estuvieron marcados por presencia  en pobreza y debilidad de determinados elegidos  -pienso en Asís con Francisco, Ars con Juan Bautista Vianney, Belley con Gabriel Taborin- , todos "hombres de Dios" que se transformaron en lo que fueron en la dura brecha de la contemplación y la ascesis, me lleva a vislumbrar el futuro que espera a la vida consagrada, un futuro hecho, sobre todo de experiencia de Dios, de entrega, compromiso e itinerancia. Son condiciones que nuestra debilidad necesita para que Dios actúe.
    Los peligros que nos rodean hoy tienen nombres nuevos. Se presentan como intimismo para unos, activismo gratificante para otros, gratuidad compensatoria..., inconsciencia, seguridad y evitar en lo posible determinadas complicaciones... Y así el riesgo está herido.

4. Un carisma con expresiones por manifestar
    Nuestro carisma contiene expresiones ocultas que todavía no han visto la luz. El pretender centrar únicamente nuestra fidelidad en conservar y defender lo que hasta ahora ha sido, puede resultar peligroso. Y un gran peligro encierra el no favorecer o impedir que aparezcan todas las posibilidades que puede ofrecer al hombre de hoy.
    El don que hemos recibido está muy vivo. Está llamado a dar vida abundante, por una razón bien sencilla: porque hay manifestaciones de que Dios así lo quiere. Apareció débil en sus orígenes pero sorprende los pasos que se ha visto obligado a dar para abrirse camino. La historia nos recuerda sus horas grises y amargas pero también los momentos felices y de tabor.
    Se presentó con la debilidad de neonato al principio; los primeros Hermanos lo trataron con delicadeza y tacto favoreciendo su frescor; sufrió un duro revés a principio de siglo pero emprendió un renacer importante en algunos países de Europa; en América Latina vivió días de gloria encarnado en Hermanos cuya memoria todavía nos alienta  y perdura en el tiempo; y en países de una fuerte raigambre religiosa se abre camino y culturiza con un futuro prometedor.


5. Y ahora, ¿qué?

    Sería lamentable ignorar lo que en nuestro entorno está sucediendo. El protagonismo de los laicos en la Iglesia se abre paso con fuerza. Impulsado por el Espíritu es imposible prever las consecuencias que el hecho puede acarrear. Está ahí, llamando con insistencia a nuestras puertas. El número de los que colaboran en nuestras obras sobrepasa ya al de Hermanos. El carisma es también suyo. Se abren unas posibilidades nuevas para muchos seglares. Son laicos que no pretenden llevar la vida de Hermano sino participar de nuestra espiritualidad como laicos comprometidos.
    Por eso es muy loable que en capítulos y reuniones algunos laicos hagan oír su voz. Y en ellos hablan de "lo suyo", de algo que en el carisma del Hermano Gabriel les pertenece. Sus intervenciones caben de lleno en él y manifiestan que nuestra espiritualidad está llamada a enriquecerse con aspectos de vida y apostolado que por circunstancias históricas hemos ignorado o no hemos dado la suficiente importancia. Ya no se conciben documentos sin que a ellos se haga referencia. Y preveo un debilitamiento del protagonismo que los Hermanos hemos gozado y un relevante papel de las Fraternidades y Grupos de laicos que quieran compartir nuestro modo de vivir. Con la sorpresa que  no tenemos mapas hechos, sólo la orientación de la brújula. El rostro del Instituto está cambiando, se rejuvenece, pero es el mismo Instituto. No podemos ignorar ya la complementariedad que constatamos ya.
 

6. Un futuro marcado por el optimismo.
    Si tomamos en serio esta nueva situación, se disipan cara el futuro muchos nubarrones. Nuestra vida va ser distinta, sin duda; pero será una vida consagrada más en consonancia con las exigencias evangélicas de la sociedad y de la Iglesia de hoy, e, incluso, diría, se sentirá "arropada" y sostenida por nuevos compañeros de camino. No podemos dar cobijo a cierto vacío de ánimo difuso que permanece expectante ante lo que pueda venir. Lo nuestro es favorecer la acción de Dios que marca el camino. Nuestra pastoral primera es trabajar sin desfallecer para que, cuantos lo deseen, pongan su mirada en nuestro Fundador, se sientan a gusto entre nosotros y orienten su vida hacia la Familia de Nazaret. 
    Con esta nueva aportación laical ganará nuestra vida de consagrados y en ella muchas personas seglares descubrirán un nuevo modo de vivir las exigencias bautismales. Nuestro "espíritu de familia" se enriquecerá de humanidad, de ternura, de amistad, de una nueva dimensión de sentimientos que nos llevará a ser, tal vez, más "significativos". Nos sentiremos arropados y más acompañados en nuestro apostolado, tendremos ocasiones de compartir nuestros planes y anhelos, será una ocasión propicia para dejar rincones de poder en los que tal vez nos hemos sentido necesarios pero que, a la larga, resultan un tanto sofocantes. La "apertura" de nuestras Comunidades será de verdad una gozosa realidad.  

7. Las Fraternidades Nazarenas
    Como partícipes de la misma espiritualidad taboriniana, cada vez más, Hermanos y laicos estamos llamados a descubrir  las virtualidades de un carisma común. Sin protagonismos. En él nadie es superior, dueño. Los unos desde la sencillez y humildad, los otros con el entusiasmo que les da el que Dios les haya abierto este camino nuevo.
    En especial las Fraternidades Nazarenas deberán ocupar un puesto relevante en la estructura actual de nuestro Instituto. Hemos de llegar al convencimiento de que ya son Instituto. Están llamadas a ser el nuevo corazón y, en algunos casos, los nuevos brazos tendidos en la misión que la Iglesia ha confiado al Instituto. Con ojos nazarenos se acercarán al hermano y al necesitado para compartir y ofrecer un servicio que les devolverá la serenidad y gozo a veces perdidos. Y si la vida es celebración, habrá que determinar momentos de oración, convivencia y ocio en aras a un enriquecimiento mutuo. Nadie puede permanecer al margen de la acogida y simpatía que el proceso requiere. 

8.  Abrir las puertas.
    Quizás estemos en el límite de lo utópico. Pero también en la utopía está Dios, porque Dios quiere y está en la vida hecha fraternidad, en la acogida del hermano, en su Palabra compartida, en la amistad leal, en una ternura rica en detalles, en la entrega gratuita, en el sacrificio que no descarta el heroísmo, en la cruz de lo cotidiano... sobre todo si nuestra mirada está fija en la Familia de Nazaret.
    Ha llegado el momento histórico de abrir las puertas de recintos de nuestra vida institucional celosamente custodiados, para que una nueva luz y aire fresco le dé nuevo vigor y muestre al mundo las riquezas que encierran. Nazaret, Fundador, fraternidad, contemplación, solidaridad y misión han de seguir siendo las bases sólidas en las que se asiente nuestro futuro carismático. 
                                                                                                                                 
                                                                                                        
  Hno. José María Esgueva