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ESCRIBE EL HERMANO FERNANDO
La comunidad de
Bucaramanga ha seguido trabajando este año en el
objetivo principal de la comunidad: la promoción y
animación de las vocaciones para Hermano. Las
visitas a los centros de estudio de bachillerato ha
sido el medio destacado para proponer nuestra
vocación. Junto con este medio, las convivencias y
visitas a algunos grupos juveniles han acompañado
nuestra actividad. Este modo de darse a conocer y
entrar en contacto con los muchachos fue el
procedimiento principal que se nos indicó al
principio como el más conveniente para que los
chicos, a punto de terminar el bachillerato, nos
conocieran y pudieran tener la oportunidad de
interesarse por nosotros.
Los encuentros
mensuales que hemos realizado cada mes, al
principio de un día y después de un fin de semana,
han intentado dar respuesta a los muchachos que en
estas visitas a los colegios nos entregaban el
recortable de la propaganda, mostrando, en
principio, interés. Estos encuentros han servido
para mantener el contacto con ellos e iniciar con
algunos un proceso de acompañamiento. La casa que
estrenamos en febrero favoreció la realización de
estos encuentros y la organización de la vida en
común.
El número de los que
han respondido o han permanecido estables en cada
peldaño de este proceso ha sido escaso: pocas
respuestas en las visitas, escasa asistencia y
fidelidad a los encuentros, y dificultades para
iniciar y continuar un proceso de seguimiento. Pero
hemos seguido trabajando en esta línea durante estos
dos años que estamos a punto de cumplir.
A mediados de
octubre tendremos un encuentro de “decisión de
tres días” con algunos de estos jóvenes con el
objetivo de que decidan su entrada en el próximo
curso escolar en nuestra casa. Anhelamos que
algunos puedan seguir estudiando en algún colegio de
la ciudad mientras viven y se forman en régimen de
internado con nosotros; y otros, que terminan el
bachillerato, deseamos que comiencen el
prepostulantado. Es difícil adelantar resultados.
Estamos a la expectativa de la asistencia a la
invitación que se les ha hecho y de la respuesta que
podamos tener.
Como siempre sucede
en este campo, y más cuando se es nuevo, no resulta
fácil acertar con los mejores caminos para motivar,
ilusionar, para hacerse comprender. “Amañarse”, como
dicen aquí, a los procesos de respuesta y de
madurez y decisión “normales” de los muchachos y
jóvenes de hoy, tiene su dificultad. El desafío de
“buscar formas adecuadas de proponer y hacer
deseable nuestra vocación de Hermanos de la
Sagrada Familia a los jóvenes y sus familias”,
sigue siendo una preocupación para nuestra
comunidad: ¿cómo hacer deseable la vocación de
Hermano a muchachos que en ocasiones les resulta
extraña o poco estimada la vocación de Hermano?
¿qué medios utilizar para ello? ¿Cómo organizar el
acompañamiento y que respondan?
En estos dos años,
también unos 14 jóvenes adultos en situaciones
personales muy diversas se han interesado por
nuestra vida, con diversas intenciones. Algunos
llegaron a iniciar un proceso de acompañamiento.
Sólo uno se mantiene por ahora.
Quisiéramos presentar
frutos y éxitos. Pero no es la pastoral vocacional
la más propicia para para presentar los resultados
proporcionales al trabajo que se realiza. Por ahora
seguimos ofreciendo la disponibilidad a seguir en
esta tarea que nos ha encomendado el Instituto
haciéndolo lo mejor que sabemos y podemos. Hay que
esperar al final de este curso para ver las
posibilidades que se ofrecen para el siguiente
curso. Habrá que afianzar algunas “estrategias”
revisar los métodos y errores cometidos, seguir
aprendiendo de lo que te dicen y experimentas,
abrir más los campos, alejarse más…, y sobre todo
seguir ilusionado porque estás trabajando en una de
las “áreas” más sensibles de la pastoral y más
difíciles de la misión del Instituto, pero de las
más necesarias e imprescindibles.
Junto con esta tarea
primordial de las vocaciones hemos venido apoyando
estos dos años a la Fundación Piccoli Saggi
que educa a niños de escasos recursos, participando
con dicha fundación en algunas brigadas de salud y
alimentación que atiende a los desplazados en sus
asentamientos. Hemos mediado entre Carumanda y
situaciones de necesidad de esta fundación y la
Fundación Niños de Papel, que acoge a niños
de la calle. Hemos creado momentos, espacios y
estructuras de humanidad y ,sobre todo, hemos
tratado de dar testimonio de algo muy valioso en la
vocación de Hermano: la acogida, la sencillez, la
apertura, el servicio, la relación humanizadora con
la gente que hemos conocido: profesores, muchachos,
amigos, sacerdotes…
Creemos en la orientación que nos
daba el último Capítulo General.
“El carisma del Venerable Hno.
Gabriel es un don para la Iglesia Universal. Por
ello, asumimos con agrado como deber misionero,
ofrecerlo generosamente a todo el mundo, también
fuera del territorio habitual de nuestras
Provincias”.
La comunidad de Bucaramanga, como
cada comunidad nueva que se abre, especialmente si
son de misión y de carácter vocacional, revela a
cada Hermano del Instituto y a los que se
identifican con nuestras obras y espiritualidad que
vivimos un tiempo de esperanza, que la experiencia y
la edad no limita, sino que exige, la necesidad de
seguir aprendiendo; que es posible la conversión de
las personas y las estructuras, que la paciencia y
la confianza en Dios siguen siendo virtudes del
Reino necesarias en la evangelización, que la vida
del creyente está apoyada en Dios no en las cosas,
recursos, métodos y esfuerzo personal. Revelamos
que la parábola del grano de mostaza se puede
vivir en la vida diaria. Una comunidad de Fundación
que se esfuerza en promover la vocación de Hermano,
muestra que nuestra vocación
“no es un privilegio personal que
salvaguardar, sino un mandato de evangelización”
Hno. Fernando Cob
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