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Nuestro venerable
Fundador profesa un gran aprecio por
la catequesis. Escribe:
«No
hay actividad más bella, más honrosa y más meritoria que la de
catequista, si se ejerce con fe".
Tal aprecio tenía por este servicio eclesial que solicitó y
obtuvo del Papa Gregorio XVI el título de
"Catequista
apostólico".
Nuestros centros educativos, en la medida de lo
posible, promueven la creación de grupos de profundización en
la fe y de catecumenado. En ellos se madura la experiencia de
fe y se responde a las necesidades de cada joven.
Los catecumenados de la Eucaristía y de la Confirmación
son considerados
como momentos de excepcional valor educativo-catequético.
En este proceso además de las reuniones semanales se cuidan
determinados "tiempos fuertes" como: c
onvivencias cristianas,
celebraciones de Pascua, campamentos...
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La Catequesis
familiar en el Colegio de Madrid |
Un año más la Catequesis
Familiar ha
tratado, con la participación
de
padres,
niños, guías y
catequistas,
de motivar y potenciar la labor evangelizadora que las
familias deben de tener en la época actual, sobre todo
dentro del ámbito de lo religioso. Año a año nos vamos
dando cuenta de la importancia de esta labor: tratamos
de construir hogares y familias edificados sobre roca
firme, una roca firme formada por los valores que
consideramos necesarios dentro de la familia
actual. Unos valores que, además, los construimos desde
la importancia que tiene el SI comprometido que implica
la preparación de un sacramento.
Seguramente todos hemos leído en alguna ocasión artículos
o
reflexiones que analizan
el
fenómeno social en las que se ha convertido la
celebración de las Primeras Comuniones de los niños en
la actualidad.
Nosotros, todas
las
personas que trabamos en la Catequesis Familiar,
no
somos ciegos ante unas manifestaciones así, pero
reaccionamos y queremos ir mucho más allá. La
celebración del sacramento de la Eucaristía es un
momento muy importante en la vi da de cualquier
cristiano, el encuentro y la cercanía con Jesús
Resucitado mediante la Comunión tiene que ser mucho más
que una fiesta,
mucho más que
unos regalos,
mucho más que unos vestidos bonitos. ¿Pero realmente
somos capaces de diferenciar lo que es y lo que no es la
Celebración del Sacramento? ¿Somos coherentes con
los compromisos que como familia cristiana adquirimos en
el sacramento del Matrimonio y en el propio Bautismo de
los niños?
Permitidme que que traiga aquí,
en este momento, unas palabras que el Papa
Benedicto XVI nos dirigió a todos en el pasado
Encuentro Mundial de las Familias celebrado este verano
en Valencia:
"La
fe no es,
pues, una
mera herencia cultural, sino una acción continua de
la gracia de Dios que llama y de la libertad humana
que puede o no adherirse a esa llamada.
Aunque nadie responde
por otro,
sin embargo, los padres cristianos están llamados a
dar un testimonio creíble de su fe y esperanza
cristianas. Han de procurar que la llamada de
Dios y la Buena Nueva de Cristo lleguen a sus hijos
con la mayor claridad y autenticidad.
Con el
pasar de los años, este don de Dios que los padres
han contribuido a poner ante los ojos de los
pequeños necesitará también ser cultivado con
sabiduría y dulzura (...)
De este modo,
con el
testimonio constante del
amor conyugal de los padres, vivido e impregnado de
la fe, y con el acompañamiento entrañable de la
comunidad cristiana, se favorecerá que los hijos
hagan suyo el don mismo de la te.
La familia cristiana transmite la fe cuando los
padres enseñan a sus hijos a rezar y rezan con
ellos; cuando los acercan a los sacramentos y los
van introduciendo en la vida de la Iglesia; cuando
todos se reúnen para leer la Biblia, iluminando la
vida familiar a la luz de la fe y alabando a Dios
coma Padre."
La familia, por tanto, corno máxima responsable de la
transmisiónde la fe de padres a hijos, debe introducir a
los niños en la oración y, también, en la iniciación de
los sacramentos. La familia tiene que vivir unida la
celebración del sacramento del niño ya que, en cierta
manera, lo reciben junto a él. Esta es la coherencia
sobre la que nos preguntábamos antes: dejemos en un
segundo plano todos los factores externos y centremos
nuestra atención, coma familia cristiana que somos, en
la preparación y celebración del Sacramento.
Es el momento de anunciar, reivindicar, proclamar
y VIVIR los valores
de la familia
cristiana. Transformemos nuestros matrimonios cristianos
en familias cristianas que viven y anuncian en su vida
el Evangelio, la Buena Noticia que viene de Dios y nos
lleva a Dios.
Vivamos
como
cristianos la preparaci6n del Sacramento de la
Eucaristía de los niños que, después de una preparación
de dos años
junto a su
familia, reciben el Cuerpo y la Sangre de Jesús con la
alegría y la ilusión de una primera vez que es el
comienzo, el inicio de la vida cristiana adulta de ese
niño o niña, pero es el continuar, revivir y reafirmar
la vida cristiana de esa familia.
En la Catequesis Familiar queremos empaparnos de eso,
queremos vivir y manifestar el mensaje de Benedicto XVI
en el Encuentro Mundial de las Familias. Queremos poner
el camino, poner los mimbres, tender las manos
que
sean
necesarias para que
todas
las familias que participáis en la Catequesis Familiar
os empapéis de estos valores y, lo que es mas
importante, viváis como familia cristiana la preparación
y celebración de la Primera Comunión de los niños.
Preparar y celebrar corno familia cristiana será
consecuencia de vivir corno familia cristiana.
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IGNACIO JOSÉ
MINUESA "MINU"
Coordinador Catequesis
Familiar
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Hno. Daniel Zúñiga
Cada domingo, después de recorrer una hora en autobús
desde la ciudad de Guaranda, el Hno. Daniel, con ilusión y
la Biblia bajo el brazo, llega a dar catequesis a un lugar
inhóspito del páramo andino donde el frío y el pajonal,
parecen que son los únicos habitantes del lugar.
A 4500 metros del nivel del mar se encuentra la comunidad
de indígenas denominada "Cruz del Arenal" perteneciente a la
provincia de Bolívar. Debido a la elevación, los fuertes
vientos y las heladas, sus tierras son improductivas salvo
la presencia de pajonal. La única fuente de trabajo que les
queda es el cuidado de ovejas y de llamas.
Las condiciones de vida en esta zona son realmente precarias
puesto que no poseen los recursos básicos: agua potable, luz
eléctrica, alcantarillado, asistencia médica...
Muy pocos niños tienen la suerte de asistir a clases debido
básicamente a tres factores: el primero el económico; no les
alcanza para costear la educación de sus hijos que en
ocasiones san varios; otro factor es la distancia, puesto
que algunos deben caminar hasta dos horas para llegar a la
escuela; y el último factor es la mentalidad ya que
consideran que es "mas productivo y rentable" que sus hijos
trabajen antes que vayan a clases.
A pesar de este panorama desolador, ellos mantienen una fe y
esperanza admirable en Diosito y en la Virgencita - como
ellos los llaman - Cuando hay Eucaristía o novenas al
"Niñito Jesús" lo viven con gran fervor, procurando asistir
todos.
En coordinación con las Hermanas Salesianas nos hemos puesto
a colaborar en la catequesis, no sólo con el objetivo de
"dar", sino de recibir aquellos dones que muy bien saben
vivir ellos, como son la sencillez y la humildad.
El
apostolado le realizamos los fines de semana, en este ano
asistieron doce niños, hubo en ellos gran fidelidad a los
encuentros, venciendo las dificultades climáticas y de
caminatas.
En las reuniones catequéticas lo más sobresaliente que se
percibía era la confianza que tenían los niños y las niñas
por Dios, demostrándolo en las oraciones, peticiones,
opiniones, etc. que expresaban.
Durante todo este año se prepararon con gozo e ilusión al
sacramento de la Primera Comunión, que curiosamente era el
primer grupo que iba a recibir este sacramento en su
comunidad.
Nos hemos sentido unos privilegiados en medio de estas
personas porque he constatado que Jesús ha estado muy cerca
de nosotros, no decimos por la altura de aquel sitio sino
porque Él se ha sabido manifestar de una manera más "pura"
en estos nuestros hermanos.
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Cuando un espacio nos habla... |
En ocasiones hablamos de la problemática actual qua conlleva
la catequesis y cargamos las tintas hacia un ambiente social
aparentemente desfavorable, una realidad personal y
familiar muy compleja en el joven, una vida vertiginosa en
la qua se "consume" lodo y no queda tiempo ni espacio para
Dios.
Por eso precisamente quería hablar de los "espacios" y su
importancia en la catequesis. Y más concretamente de los
espacios "físicos": las salas de reuniones de nuestros
grupos, nuestras capillas, etc. Y os preguntaréis ¡Qué se
puede decir de lodo esto? Pues creo qua al menos algunas
cosas importantes.
Pues a veces los espacios nos hablan. En ocasiones nos
dicen qua no son el lugar más adecuado para una reunión de
grupo por lo limitado o su demasiada amplitud, por el ruido,
etc. Otras veces cumplen unas características qua favorecen
la reunión corno puede ser la calidez del lugar, la no
proliferación de ruidos del exterior, una ambientación
adecuada, etc.
Esta ambientación juega un papel creo importantísimo,
porque predispone al grupo. Motiva lo qua entra por los
ojos. A veces la simple disposición de unas sillas en
círculo cuando entran a una sala ya les dice algo. Otras
veces es a partir de lo trabajado el día anterior (quizás
objetos, carteles...) porque ' sirve de eje conector. Otras
veces será una música tranquila qua invita a la reflexión.
EI espacio entonces cobra vida y esa vida puede ser
significativa para los chavales. En algunas comunidades
juveniles el lugar habitual de reunión se ha convertido en
espacio significativo donde se han dicho cosas importantes,
donde se han vivido experiencias de crisis y crecimiento
de la comunidad e incluso experiencias de reconciliación.
Esto no quiere decir qua no se pueda reunir en otro lugar,
lo importante es que cumpla las condiciones para lo que
queremos en ese momento. Está claro qua para un momento de
oración la ambientación que nos propone una capilla nos
predispone (o no, depende de más cosas) hacia el encuentro
con Dios.
Una experiencia. Recuerdo que en un grupo para tratar temas
conflictivos cambiábamos de espacio y disposición. Nos
sentábamos en unas sillas en circulo al otro lado de la sala
(era un espacio bastante amplio) cuando normalmente lo
hacíamos en el suelo. Los chicos y chicas del grupo
asimilaron de tal forma la nueva situación en el espacio
que cada vez qua teníamos una situación conflictiva nos
sentábamos en aquel mismo lugar con la misma disposición
(y a muchos automáticamente les cambiaba la cara también).
Quizás estas cosas san demasiado simples pero en ocasiones
no las prestamos la importancia que tienen. Mi invitación
para todos los qua estamos en la dinámica de grupos es a que
prestemos atención a estos detalles que en ocasiones se nos
escapan.
Un observador |
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