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El Pensamiento del Hermano Gabriel |
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“La instrucción
y la educación son dos cosas que se confunden con
frecuencia. Por ello, nos vemos en la obligación de pediros
que expliquéis a los niños la diferencia que hay entre
ellas; de este modo, los predisponéis para las acertadas y
útiles lecciones que vosotros podéis darles sobre la
educación.
Por sí sola la instrucción no basta para formar a
un hombre honrado, a un ciudadano, a un verdadero cristiano.
Hay que añadir a todo ello la educación, es decir, hay que
enseñarle a encauzar su conciencia y sus costumbres, y
proporcionarle a la vez, luces y fuerzas, que le ayuden
poderosamente a cumplir sus deberes para con Dios, para
consigo mismo y para con sus semejantes”
.
(Circular n. 12.
30 julio
1856) |
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“La educación de
los niños es una de las necesidades más urgentes e
indispensables para la sociedad; si es descuidada, ¿qué será
de las familias?, ¿qué será de los intereses de la Religión
y del Estado? ¿qué será de los niños? Los bienes y las
riquezas, sin la educación, no pueden hacer felices a los
niños: al contrario, sólo les servirían para su perjuicio y
el de los demás” . (El
ángel conductor de los peregrinos de Ars)
“Educar a
un niño es, en términos generales, desarrollar, fortalecer y
perfeccionar los órganos de su cuerpo y las facultades de su
espíritu y, sobre todo, educar su corazón, su voluntad, su
carácter, su conciencia y su juicio”
.
(Nuevo
Guía 643) |
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“Dedicarse
a formar buenos ciudadanos para la sociedad e inteligencias
dignas de Dios es, como ha dicho un célebre autor, una
sublime misión. Quien se entrega a ella responsablemente es
el hombre más grande del país y el más noble a los ojos de
Dios, de la religión y de la humanidad.
Otro autor añade: "De ahora en adelante será el maestro y no
el cañón el árbitro de los destinos del mundo". Los
servicios que presta el soldado son grandes, pero menores
que los que presta el maestro, pues los de aquél son con
frecuencia gloriosos pero pasajeros.
Los del ciudadano virtuoso que consagra su vida a la
educación de la juventud tienen ciertamente menos brillo,
pero se puede decir que ninguna misión es más noble aquí en
la tierra que la de actuar sobre el espíritu humano
transmitiéndole la luz, la verdad y la virtud.
Estimamos a un gran, pintor o a un hábil escultor, pero ¿qué
es su arte al lado de quien trabaja, no con la tela o el
mármol, sino con las inteligencias?”
(Nuevo Guía 637) |
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“No se debe
tratar a todos los niños de la misma manera. Es de gran
importancia observar el modo de ser de cada uno y tener en
cuenta su temperamento.
Al hablar con un niño miedoso y
tímido, los que enseñan no deben hablar con un tono de voz
prepotente, agrio o rudo. En lugar de rechazar a los que son
de carácter lento y temeroso, hay que atraerlos con
amabilidad y bondad para no desanimarlos.
Si hay que hacerse
respetar por los niños, mucho más hay que hacerse amar por
ellos y ganar su confianza.
Los maestros y las maestras sin
paciencia y sin moderación, de temperamento colérico,
caprichoso o violento no son adecuados para esta profesión;
echan a perder el espíritu de los niños”.
(El ángel
conductor de los peregrinos de Ars) |
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“Los
Hermanos en sus clases se atendrán al programa que
corresponda al nivel en que enseñan. Se esforzarán porque
los alumnos progresen y se cuidarán mucho de tener
preferencias con algunos de ellos, pues todos los que
frecuentan la escuela tienen el mismo derecho a la atención
del maestro y él, a su vez, a todos deben su tiempo y su
atención durante las horas de clase.
La causa
del escaso progreso de los alumnos con frecuencia está en el
maestro. Para que haya progreso en el aprendizaje, es
necesario que el Hermano dedicado a la enseñanza sea amable
y tema el rechazo de sus alumnos por tener una severidad
excesiva.
Procure
hacerles tomar gusto por el estudio. Dé las definiciones
claras y exactas. Suscite el interés mediante preguntas,
pidiendo resúmenes o haciendo aplicaciones concretas de lo
explicado a la moral y a la vida pública. Pero lo más
importante es proporcionar alimento al espíritu en la medida
que puede asimilarlo: para que el niño se eleve a nuestra
altura, tenemos que saber descender a donde él está.
Tampoco
hay que pretender que los alumnos avancen demasiado de
prisa; cada cosa a su tiempo. Antes de querer ir más lejos
hay que afianzar bien los fundamentos. Habrá incluso que
volver a ellos de tiempo en tiempo, pues nunca llegarán a
saber nada si no lo saben perfectamente.
El
maestro debe conocer a sus alumnos para no exigir más de lo
que pueden, de lo contrario se desanimarían. No hay que
abandonar a la mayoría para atender sólo al pequeño grupo de
los que pueden progresar con más rapidez”
(Nuevo Guía
651 -653) |
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“Pero los Hermanos se preocuparán por encima
de todo de la educación religiosa y moral de sus alumnos habituándolos a las
prácticas religiosas, inspirándolos el amor a la virtud y grabando
profundamente en su alma la responsabilidad de sus deberes para con Dios,
para con sus padres, para con todos los hombres y para consigo mismos.
Se esforzarán por corregir sus vicios y defectos, por reprimir en ellos el
deseo de dominar, por dignificar a los pobres, por prevenir la envidia de
éstos últimos contra los ricos y la soberbia de éstos contra los pobres.
A todos por igual les enseñarán a practicar la virtud de la caridad que
afianza y perfecciona todas las otras virtudes y crea entre todos relaciones
de caridad, humanidad y cortesía”
(Nuevo Guía 646) |
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“Los Hermanos
catequistas estimarán más importante su función que cualquier dignidad
humana y la considerarán como verdaderamente apostólica.
En efecto, dar
catequesis es enseñar la ciencia de la salvación, la ciencia de la religión,
la ciencia de los santos. Es enseñar lo mismo que Jesucristo vino a enseñar
a la tierra.
El divino Salvador es el modelo de todos los catequistas y
podemos decir que la manera como El ha proclamado el Evangelio se parece más
a la de una catequesis que a la de un sermón.
Pues aunque la función del
catequista no sea tan brillante como la del predicador no es por ello menos
elevada, puesto que ambos enseñan los mismos misterios y las mismas
verdades”
(Nuevo Guía 898) |
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“En su misión de
catequista, la primera cosa que debe hacer un Hermano es aprender a dar
catequesis, pues es un grave error pensar que es una cosa fácil y que
requiere poco estudio y escasa preparación el enseñar el catecismo de manera
provechosa a los niños o a los adultos. Al contrario, el dar la catequesis
supone un raro talento y pocos son los que lo poseen. Para merecer el nombre
de catequista se necesita:
1.° Poseer
el arte de atraer la atención de los niños y demás auditorio, cautivarlos y
hacer que escuchen complacidos.
2.° Conocer
perfectamente la doctrina cristiana y estar imbuído de ella con un estudio
prolongado y diario.
3.° Haber
adquirido, con la reflexión y la experiencia, la capacidad de ponerse al
alcance de los oyentes, hablándoles para ello con claridad y exactitud.
4.° Saber
presentar las verdades sagradas de manera interesante, y especialmente para
que lleguen al corazón de modo que nazcan en él santos deseos y piadosos
sentimientos; en una palabra, hay que tener a la vez el don de enseñar, de
agradar y de interesar” (Nuevo Guía 900)
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“La
segunda cosa necesaria para dar bien la catequesis es prepararla bien. Hay
dos clases de preparación: la preparación próxima y la preparación remota.
La preparación remota es el estudio profundo de la religión, de sus dogmas,
de su moral, de su culto y de su historia. Este estudio no tiene límites.
Debe ser cotidiano y durar toda la vida, porque la religión es por su propia
naturaleza la más vasta de todas las ciencias y porque cuanto más se la
conoce mayor es la capacidad que uno tiene de enseñarla y hacerla amar.
La preparación próxima consiste:
1.° En aprenderse de memoria, en cuanto sea posible, el capítulo del
catecismo que se va a explicar.
2.° En
preparar preguntas concretas que sirvan para desarrollar las preguntas y las
respuestas del catecismo.
3.° En
organizar la explicación, es decir, el tema que se quiere tratar,
reduciéndola a dos o tres puntos fundamentales a los que harán referencia
las preguntas concretas.
4.° En
escoger los hechos de la historia y los ejemplos adecuados para aclarar o
confirmar las explicaciones.
5.° En
preparar los ejercicios prácticos para después de la explicación.
6.°
En encomendar a Dios, a la
Santísima Virgen y a los ángeles de la guarda de los oyentes el éxito de la
catequesis” (Nuevo Guía 901) |
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“El
buen catequista sabe explicar las cosas más sublimes con las expresiones más
sencillas y es capaz de revestir con formas sensibles y ya conocidas por sus
discípulos las verdades más abstractas y que están más alejadas de la
percepción de los sentidos.
Como
el soberano Maestro, habla con frecuencia en Parábolas. Sabe pintar siempre
la virtud con rasgos atractivos y describe al vicio como lo que es en
realidad: como un tirano que sólo con desgracias paga a sus esclavos.
Los
niños ven al buen catequista como un padre amable, que sabe ponerse a su
alcance para elevarlos a la más alta contemplación y hacerles pasar con
suavidad y sin mucho esfuerzo de los conocimientos que ellos tienen a los
que él quiere darles.
Finalmente, el buen
catequista no olvida que es inútil plantar y regar si Dios no hace crecer” (Nuevo
Guía 912).
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