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En la
iconografía del Hermano Gabriel hay que colocar, en primer
lugar, las fotografías originales que se realizaron durante
su vida. El Hermano Gabriel fue dos veces al fotógrafo e
hizo dos sesiones de fotografía en París, una en 1859 y otra
en 1863.
Primera sesión fotográfica en 1859.
Testimonios:
1- En el "Régistre de
dépenses de 1854 à 1862", el 20 de mayo de 1859 se puede
leer: "Retrato del Superior, 15 francos".
2- Carta del 14/05/1861 del Sr. C.
Bertin, impresor. Rue Saint Sulpice, Paris, al Hno. Gabriel
Taborin (ASFB catálago n. 1036)
"Mi buen Padre:
.......
He visto
su retrato en
casa del fotógrafo. Yo no sé si usted lo tiene.
Pero es muy hermoso y usted estará satisfecho,
como también sus Hermanos estarán muy contentos de
poseerlo. "
Hipótesis:
. El fotógrafo puede ser
el mismo que el de la sesión 1863.
. La fotografía que
corresponde a esta sesión es únicamente la de gran formato
22 por 31 cm. (ASFB catálogo n. 253).
Motivo: en ella el
Hermano Gabriel aparece relativamente más joven que en las
de la sesión de 1863.
Conservación:
De esta fotografías
conserva un sólo ejemplar, en los ASFB.
Adaptaciones:
1) Copias.
De esta fotografía, pero sólo en parte y en
tamaño menor (10,5 por 6 cm.) se hicieron
copias para ser
distribuidas
después de la muerte del Hermano Gabriel entre los Hermanos
y otras personas. Pero de hecho se realizaron copias ya
antes (Cf. más abajo la carta del Hno. Eduardo Chamoud y la
del Hno. Gabriel a su sobrino). En los ASFB se conservan
siete
ejemplares (ASFB
252).
Testimonios:
1-
Carta del Hno. Eduardo Chamoud al Hno. Amadeo del
09/12/1864:
"La adhesión que
siempre he profesado
a nuestro R. P.
Superior me ha llevado a procurarme su
retrato varias veces de contrabando.¿No sería
conveniente ahora permitir a los
fotógrafos que la publicaran y autorizar a los
Hermanos que pudieran obtenerla? ¿No se podría también
grabarla para poder reproducirla más fácilmente y a
menor precio, como las imágenes de la Sagrado Familia
o de Santa Ana, poniendo como pie: Hermano
Gabriel, Superior General de los Hermanos de la Sagrada
Familia, nacido en Belleydoux el ... muerto en
Belley el ... etc. Termino, Reverendo Hermano,
pidiendo honrarme con una respuesta.
Hermano
Eduardo"
2-
Carta del Sr. C. Bertin, impresor. Rue Saint Sulpice,
París, al Hno. Amadeo del 12/ 12/ 1864 (ASFB catalogo
n.1114)
"Mi querido Hermano:
No he podido
responder antes
a su deseo de
tener los retratos de su difunto Fundador. El
cliché de la fotografía ha sido destruido. Sólo existe
el pequeño para restablecer el primero.
Precios: Comprados en
cantidad, el tamaño tarjeta de visitas 0,50, la hoja
grande 2,50, el formato primero 3,50. Todos ellos en
cantidad. Para grabar el pequeño, el millar con viñetas
50 fr.
y 3 más por unidad si se hace con encaje.
Y para grabar la plancha habrá que añadir 125 fr.
Quedo a sus órdenes.
Su atento servidor
C. Bertin"
3.
Carta del Hno.
Agustín Richard desde
Belley al Hno. Amadeo, que se encuentra en Paris
(12/06/1865)
"El
Sr. Bertin ha
enviado una prueba del retrato del R. P. Difunto. No
he respondido, porque pienso que Usted lo verá en París.
"
2)
El cuadro de Villa Brea.
El cuadro coloreado y enmarcado en un cuadro negro que se
encuentra en Villa Brea (Chieri - Italia) parece ser una
adaptación de la fotografía grande de 1859. Las dimensiones,
disposición del personaje y de los objetos corresponden a la
de la sesión de 1859.
Hipótesis:
Fue coloreado por el Hno.
Prudencio Arod.
Segunda sesión
fotográfica en 1863:
Testimonios:
1- Carta
del Hno. Gabriel al Sr. Petit, fotóografo (Plaza Cadet 31,
Paris) 14/03/1863
"Señor:
Acuso recibo de
mi
retrato que tan bien realizó en distintas posiciones,
sin que yo me diera cuenta de ello y sin que yo se lo
pidiera. Las 30 fotos pequeñas, que no me esperaba
recibir en tan gran número, y las dos grandes son
perfectas.
Debía hacerme un
retrato para
mi Comunidad, al
ser su Fundador y su primer Superior General; únicamente
ese motivo me ha llevado a realizarlo.
Pero no debo
ocultarle, señor, que nada ganará conmigo,
pues no soy un personaje ilustre y no quiero
absolutamente que sea reproducido de ninguna manera
mientras yo viva; a no ser con un permiso expreso de
parte mía. Después de mi muerte, ya no existirá esta
prohibición y entonces usted tendrá completa libertad
para reproducirlo.
Nuestros numerosos
Hermanos
y mis parientes, entonces quizá se lo pidan y no me
sentiré molesto, si tengo la dicha de formar parte del
numero de los santos; únicamente eso daría un verdadero
mérito a mi retrato, aunque ya tenga mucho por la
habilidad del artista que lo ha realizado.
Le ruego acepte,
señor,
mi agradecimiento más sincero por su generoso envío. En
compensación formulo los votos más fervientes por su
salud y felicidad y por la prosperidad de su
establecimiento que me parece perfecto en su género.
Reciba también,
señor, la seguridad de
mi consideración
más distinguida y afectuosa... "
2-
Carta del 09/09/1863 del Hermano Gabriel al Sr. Gabriel
Taborin, Capitán de Gendarmería, Tours (Indre-et-Loire).
"Querido sobrino:
Me alegro de haber
recibido
tu retrato y el de tu digna esposa. Los he
besado y los conservaré afectuosamente con todo
el afecto que os tengo y que me lleva a
desear vuestra felicidad y que viváis unidos como
buenos esposos. Eso es muy importante para que
vuestra vida sea agradable y para merecer una
vida aún más feliz en el mundo futuro.
Te agradezco tu envío
y para
corresponder a él, te mando yo también mi
retrato de tamaño pequeño esperando poderte dar después
el de formato más grande. Te diré que jamás en la vida
había tenido la idea de hacerme un retrato, pero los
Hermanos me han forzado a ello diciéndome que se lo
debía a nuestra Congregación. Así, pues, sólo a
instancias de ellos me he dejado fotografiar, pero he
prohibido que lo reproduzcan antes de mi muerte.
A pesar de la prohibición, algunos de ellos lo tienen en
sus casas y yo los he reñido por ello".
Conservación
En los ASFB se conservan dos fotos del Hermano Gabriel
sentado en un sillón (ASFB catálogo n. 254 y n. 255) de
tamaño grande (19 por 26 cm) y tres de tamaño pequeño (6 por
10 cm.) en varias posturas (ASFB catalogo n. 249, n. 250 y
n.251) De ellas una sóla es de cuerpo entero.
Adaptación:
Una de las dos fotos grandes, la ASFB 255, fue coloreada y
reproducida por el fotógrafo Rodríguez, de París, por
encargo del Hno. Tarsicio Ducruet en 1959.
La obra pictórica del
Hermano Prudencio Arod (1826 – 1917)
El Hno. Prudencio Arod era dibujante y pintor retratista ya
antes de entrar en el Instituto y continuó ejerciendo su
arte también después, aunque de forma intermitente. (Ver su
biografía en el Vocabulario Taboriniano).
1) El perfil del Hno.
Gabriel Taborin
Se le atribuye un perfil del Hermano Gabriel dibujado,
probablemente, en los últimos años de vida del Hermano
Gabriel
Consevación:
El original se conserva en los ASFB (catálogo n. 256) en una
hoja de dibujo de 26,5 por 20 cm, pero el perfil, dibujado a
lápiz, mide solo 7 cm de alto.
2)
El grabado del Hermano Gabriel Taborin
Este grabado está colocado en el libro de gran formato (39
por 28 cm) publicado por
Víctor Frond
en
1865 con el título:
"Panthéon des illustrations françaises au
XIXe siècle"
Edit. Abel Plon, París.
El grabado del Hermano Gabriel mide 26,5 por 23 cm y lleva
debajo una reproducción de su firma, tan característica. Al
imprimirlo, el dibujo del Hno. Prudencio Arod pudo sufrir
algunas modificaciones.
Testimonios:
1- Carta
del Hno. Clemente Duclos al Hno. Prudencio Arod del
23/02/1865.
"Muy estimado
Hermano Prudencio:
Vengo en nombre de
nuestra R. P. Superior
a pedirle un
pequeño servicio. Se trata de dibujar, lo mejor que
pueda hacerlo, el retrato de nuestro R. Padre Fundador,
tal y como está en la fotografía que le adjunto y
estando en la misma postura; pero reducido a las
proporciones del grabado de Mons. Pellerin que también
le envío. Tenga cuidado de no hacerle una cabeza más
grande que la de este obispo. Añada a la derecha del R.
P. Gabriel una mesa, un tintero y un crucifijo, más o
menos como los que se ven en la imagen del Beato de la
Salle que también le mando, pero colocándolos a la
derecha, en vez de estar a la izquierda como en esta
imagen.
Recordará, sin duda,
querido Hermano, que nuestro venerado Padre decía que le
parecía mejor
un crucifijo sobre
la mesa ante su retrato que la imagen de la Virgen,
sobre todo la que le han puesto, que está tan mal hecha.
Me recuerdo que lo
decía algunas veces, ese buen Padre. Así tendrá usted
una vez más la ocasión de hacerlo todo como él quería,
que es lo que Usted ha hecho siempre. Deseamos que ponga
manos a la obra de inmediato: para ella contamos con su
premura, su destreza y su piedad filial. Ya entiende lo
que deseamos hacer con el trabajo que le confiamos, se
trata de un grabado con el retrato del R. H. Gabriel
parecido al de Mons. Pellerin. Pero los grabadores
desean tener todos los grabados de las mismas
dimensiones, por eso tiene que darle las mismas
dimensiones que las del obispo que le enviamos como
modelo. No deseamos que su obra esté totalmente
terminada, es suficiente que tenga las dimensiones, la
postura y las adaptaciones mencionadas. Pensamos hacer
otro grabado de dimensiones más grandes para ser
colocado en un cuadro.
Tenga la bondad de
devolvernos las imágenes que le enviamos
con la que usted
haga.
Reciba, querido
Hermano, con el
afectuoso saludo
de nuestro R. P. Superior, el de quien se recomienda a
su fervorosa oración y le abraza en los sagrados
corazones de Jesús y de María.
Hno. Clemente."
2-
Carta del Hno. Prudencio Arod al Hno. Amadeo del 24/03/1865
"Reverendo
Padre:
.... He empezado el
retrato sólamente el jueves
(16 de marzo)
y desde entonces no lo he vuelto a tocar.
Le pido me conceda
otros dos jueves, pues
tengo poco tiempo
a disposición a causa de las actividades
de la cuaresma que requieren nuestra presencia en
la iglesia.
Termino porque
tengo prisa.
Su atento y
obediente hijo. Hno. Prudencio"
3-
H. Amadeo: Conferencias del retiro de 1867:
"Retrato del
Reverendo
Padre Fundador: Encuadrarlo en todas las casas.
Se podrá dar también
a
aquellos que lo deseen. Para ello, comunicarme los
nombres con una pequeña nota explicativa por escrito.
Necesito saber a qué personas se les ha dado para no
hacerlo yo también. Precio:
un ejemplar
2 francos, dos
ejemplares 3 francos, tres ej. 3 francos" (Cahier n° 3,
Conférences de la retraite de 1867)
Adaptaciones
1.
En la edición de las
Reglas
de los Hermanos de la Sagrada Familia de 1882
el Hno. Amadeo
colocó una adaptación del grabado del Hno. Prudencio Arod.
El grabado es diferente del publicado en el libro de Victor
Frond. El Hermano Gabriel está en la misma pastura pero el
trazo esta simplificado y algunos detalles modificados. Ver
por ejemplo el crucifijo y la pluma del tintero. Ese grabado
modificado fue también editado corno estampa por C. Bertin,
rue de Saint Sulpice, 6 Paris, con el n°. de referencia PL
656.
Hipótesis:
La adaptación fue realizada por el mismo Hno. Prudencio Arod
a partir de la edición del grabado hecha para el libro de
Victor Frond o bien se reprodujo en 1882 el dibujo original
que el Hno. Prudencio había hecho sin ninguna modificación.
2 - En la edición de la
vida del Hermano Gabriel escrita por el
P. Louis Carlier
(1927) figura una foto de
9 por 11,5 cm del grabado del Hno. Prudencio editado en el
libro de Víctor Frond.
Conservación:
. El libro de Víctor Frond está conservado en los ASFB (catálogo n. 55)
. Además en los ASFB
hay 9 litografías de 24,5 por 30,5 cm con el grabado del
Hermano Gabriel realizado por el Hno. Pudencio Arod,
impresas por Lemercier & Cie. Rue du Seine 57, París. De
esta litografía se conservan también otras copias,
algunas de ellas en cuadro. Deben corresponder a los
retratos de que habla el Hno. Amadeo en su conferencia
para el retiro de 1867 (Cf. más arriba)
. De la edición de
las Regla del Instituto de 1882 se conservan varios
ejemplares en distintas casas del Instituto.
. De la estampa hay
un ejemplar en el ASFB (catalogo n. 6155)
El cuadro de Heullant
Testimonios:
1-
Efemérides de la Casa Madre 30 de Noviembre de 1865:
"Llegada del retrato
del R. Hermano Gabriel, fundador de nuestra
Congregación. Este cuadro pintado al óleo, es de
dimensiones naturales
y ha sido regalado
al Hno. Eduardo (Chamoud) por el Sr. A. Heulland,
artista y autor de dicho cuadro".
2-
Carta del 04/12/1865 del Hno. Amadeo a Heullant, hijo,
calle Clichy, N. 43, París
"Señor:
Tengo el honor de
acusar recepción del magnífico cuadro que debemos a
su
talento y a su incomparable bondad.
El retrato de nuestro
venerado Fundador es para nuestra Congregación un tesoro
muy precioso, que contemplaremos siempre con alegría, no
solamente a causa de la persona amada que representa,
sino también como un objeto de arte, lo que le da un
doble valor a nuestra mirada.
Quisiera expresarle,
señor, nuestra felicidad por
su presente.
Quisiera expresarle también y, sobre todo, nuestro
agradecimiento. Por ello nos hacemos un deber de rezar
por su salud y por la de sus seres queridos.
Reciba el homenaje de
mi
sincera gratitud, corno también la expresión de profundo
respeto con la que quedo de usted, etc.
Hno. Amadeo".
Conservación:
El cuadro se encuentra en Villa Brea y ha sido restaurado en
2004.
H.Teodoro Berzal
Belley,
diciembre de 2005.
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Gabriel:
Hombre probado, educador fiel, lleno de
pasión, constante, tenaz, tesonero, entrenado en el
esfuerzo, en el trabajo y en la prueba. Resiliente,
transformado por la fe, la paciencia, la compasión y
comprensión propias y de su acompañante Mons. Devie.
Humillado por el mal, por
el que venía de su propia pobreza, como él reconoce, y
por el que le venía de los demás; se va purificando,
verificando, liberando, transformando. Pero sobre todo
se va mansificando en el silencio y la soledad de su
espíritu, como el carbón debajo de la tierra. Desde el
marco existencial en el que nace y lo educan, se va
afirmando y configurando en múltiples piedras preciosas
que se encarnarán en espiritualidad propia, pedagogía
concreta y práctica, y en acciones compasivas y
comprensivas pero sin ahorrarse ni sacarle el cuerpo a
ningún conflicto ni dificultad.
Enriquecido naturalmente y
por la tierna preocupación de sus padres, especialmente
de su madre, con un corazón y sensibilidad muy tiernos;
aparece al mismo tiempo la reciedad y fortaleza
temperamental.
“El padre de Gabriel Taborin,
Claudio-José Taborin, era de carácter amable, y habiendo
llegado a una edad avanzada, la alegría y el encanto que
ponía en sus conversaciones hacían de él una persona
agradable a los niños que se arremolinaban a su
alrededor para oirle contar historias. Tenía un carácter
fuerte, aunque moderado por su virtud. En la enfermedad
que le arrebató a su familia, demostró una paciencia tan
continua y perfecta que producía admiración. Fue un
cristiano modelo hasta sus últimos momentos”.
(
Vida del Hno. Gabriel por el Hno. Federico Bouvet ).
Desde su más temprana infancia. Gabriel
dio muestras de un genio y una impetuosidad poco
comunes:
“Había que ver cómo se movía , incluso en
la cuna – relata
Francisco Perrin, antiguo criado de los
Taborin -. Cuando lo tomaba en brazos , apenas si
podía disfrutar del pequeño torbellino, que hacía lo
posible para golpearme con sus manitas, en cuanto le
llevaba la contraria. Pero cuando fue creciendo y entró
en la sensatez, era un muchacho jemplar y extremadamente
bondadoso y compasivo con ellos y con todos”.
(Vida del Hno. Gabriel por el Hno. Federico Bouvet).
“La madre de Gabriel, María-Josefa Poncet-Montange,
era una mujer que se distinguía por su piedad. Se dice
que Gabriel era el benjamín de su madre y que a veces le
daba alguna golosina. Puede que, efectivamente, sintiera
predilección por él a causa del peligro que pasó cuando
nació. La señora Taborin educó a todos sus hijos en el
santo temor de Dios. Pero, bien porque Gabriel fuera el
más pequeño, bien porque le recordase el peligro sufrido
por ella al darle a luz, bien porque viera en él
disposiciones especiales hacia el bien y la virtud; lo
cierto es que trabajó sin cansancio para lograr del
pequeño Gabriel un joven según el corazón de Dios”.
(Vida del Hno. Gabriel por el Hno. Federico Bouvet)
“Mis padres, a quienes amaba con
el más tierno amor y con el que yo también era amado.
Mis cristianos padres quisieron destinarme al
sacerdocio. Las pequeñas capillas y actividades que yo
realizaba con los niños del pueblo, era un presagio de
que estaría un día destinado al servicio de Dios en la
vida religiosa”. (Historique).
Estas posturas estuvieron
marcadas por su temperamento fuerte, exigente, impulsivo
y batallador. En esto pagó su precio, lo podemos ver en
las entrevistas con Mons. Devie, por su tenacidad y
convicción personales de nunca dejar a pesar de los
desánimos porque se tenía fe y tenía fe. Fe que
descubrió por la aceptación de su propia pobreza, porque
supo dejarse acompañar, porque no escatimó esfuerzos y
porque se acostumbró a intimar con sus íntimos y sobre
todo con el Señor en largos ratos de oración donde se
fue templando y configurando la entereza de ánimo y la
esperanza sin límites en la Providencia.
Es muy interesante en todo
esto constatar el camino de humildad-verdad, aceptación,
compasión y verificación que hizo para llegar a esta
postura de fe y de confianza que en definitiva le
permitieron ser un hombre y un educador resiliente.
Nada como el camino de la humildad que
recorrió para descubrir cómo se hizo resiliente,
transformador, emprendedor, creador de nuevas realidades
a partir de una pobreza en todo sentido. El testimonio
de las entrevistas y correspondencia con Mons. Devie es
realmente elocuente. Y más elocuente todavía el hecho de
que lo haya guardado como constancia y trofeo de su
proceso.
De alguna manera es el
proceso que realiza gracias a todo lo que recibe desde
sus ancestros; lo que le ofrece la realidad como
posibilidad de ejercer su compasión-entrega, la
confrontación y el acompañamiento personal y familiar.
Hay que destacar, de todo
esto, lo que descubre a través de un largo periodo de
entrevistas y contacto con Mons. Devie. El cambio de
mirada, de forma de ver las cosas a partir de este
acompañamiento que hace con su Obispo protector merece
ser destacado de manera especial. Sin duda que son este
ejercicio y trabajo lo que producen en Gabriel un cambio
radical en su forma de encarar la vida, en la maduración
de su fe, espiritualidad y pedagogía. Nada mejor que
recorrer este proceso a través de la correspondencia de
que disponemos. Realmente uno descubre cómo es posible
adquirir un corazón manso y humilde a partir de la
pasión y fuerza temperamental.
Veamos un par de cartas solamente-
“…En cuanto a Ud. querido Hno.
tened siempre mucha confianza en Dios, un poco de
humildad y de desconfianza de vos
mismo; mucho valor para superar las dificultades
entonces podréis hacer el bien. Esto es lo que pido
para Ud. este año y siempre”
(Mons. R. Devie, BOURG 1/1/1839 )
“... Ya se lo había adelantado,
pero como siempre, prefiere su manera de ver las cosas.
Un poco más de confianza y docilidad en las personas que
le aconsejan le serían muy útil. He notado, sin embargo
un cambio en sus disposiciones, desde hace un tiempo le
he notado menos testarudo pero aún queda mucho por
hacer. La gracia de Dios le ayudará pero hay que
colaborar”. (Mons. R.
Devie, BOURG 23/5/1835 )
“Una mirada empática y de fe”
(Nº. 242 N.G)
“Si los Hermanos están siempre animados de este espíritu
de fe, tendrán siempre esta pureza de intención que nos
hace realizar todas las cosas para mayor gloria de Dios,
por su amor, para agradarle, y de este modo no perderán
todo el fruto de sus sufrimientos. Con el fin de hacer
todas las cosas con recta intención, los Hermanos
ofrecerán a Dios desde por la mañana todas las acciones
de la jornada. Renovarán este ofrecimiento con
frecuencia durante el trabajo tratando de purificar su
intención, elevando su corazón y su mente a Dios y
examinándose si en verdad actúan para agradarlo.
Procurarán no buscar su propio interés o su propia
satisfacción, no elegir lo que más les gusta a ellos, en
lugar de elegir lo que más agrada a Dios. Procurarán no
realizar las acciones por rutina, por propio interés,
por criterio propio y gustos personales, para ser vistos
y llamar la atención de los demás o por cualquier otro
motivo natural. Seguirán más bien el consejo de San
Pablo que recomienda a los primeros cristianos realizar
todas las acciones por Cristo y en Cristo”.
Si recorremos los testimonios de
Gabriel escritos de puño y letra en el “historique”, los
testimonios de sus contemporáneos recogidos poco
después de su muerte para intentar armar una biografía
sobre Gabriel; publicados más tarde en un folleto fruto
del trabajo del Hno. Firenzo Stanga; la correspondencia
tanto activa como pasiva, pero sobre todo las circulares
de los últimos cuatro años podremos descubrir esta
mirada empática que sin duda fue el inicio y principio
de su capacidad resiliente. Mirada que ya en sus inicios
infantiles llama la atención por su vivacidad y
penetración. Esto ya le va dando un modo de ser y de
instalarse en el mundo y frente a la realidad.
“¿De qué sirve que el
entendimiento se adelante, si el corazón se queda?”, se
pregunta Baltasar Gracián. Cuando anticipamos
vivencialmente una experiencia nos acercamos al propio
yo y al ajeno de una manera muy especial. Es una
sintonización emocional.
Un corazón empático entiende mejor.
La empatía abre los ojos del ciego y los oídos del
sordo. No se entra en la verdad si no es por el amor y
no se descubre la profundidad si no es en el amor. Hay
que dar a la voluntad y al sentimiento lo que es propio
de la voluntad y del sentimiento, a la razón lo que es
de la razón, y a ambos conjuntamente, enseñar a
racionalizar los afectos sin castrarlos. Pues, fuera del
orden de los afectos no hay orden en los valores y en
las virtudes. El valor IN-SISTE más que EX – SISTE.
Si pasamos a
recorrer el camino y la experiencia de empatía y mirada
profunda de Gabriel a través de los doce años de
acompañamiento que realizó con Mons. Devie nos
llevaremos gratas sorpresas sobre cómo esta realidad se
aprende con mucho trabajo y obediencia a la gracia y
cómo es principio de toda actitud resiliente.
Porque ante todo es mirarse a uno
mismo, descubrir la propia pobreza y aprender a ser
compasivo y comprensivo. Pobreza que me permite abrirme
a los demás y especialmente a Dios único interlocutor
válido. Quien no ha probado, experimentado y soportado
la soledad y el dolor que provienen de la soledad
existencial y del propio límite nunca podrá entender,
aceptar y vivir la solidaridad, la apertura, la
esperanza, el saber que alguien me espera, el que tengo
motivos para esperar a alguien, a ir más allá de mi
mismo, la compasión y hospitalidad. Esto posibilita la
mirada de fe que es esperar en lo que no veo desde la
penumbra en que apenas se espera la aurora.
No se me ocurre nada, dice aquel
cuya mirada resbala sobre las superficies porque nunca
se ejercitó en mirar más allá de sus propio ombligo.
Cuando vas caminando o cuando estás estando y
repentizas, cuando eres rápido y ocurrente; cuando
conviertes tu mirar en frívolo miradero y resultas
incapaz de algún miramiento con lo mirado. Cuando esto
no te entra, entonces tampoco ves, tampoco se te ocurre
nada, solamente fantaseas y fantasmagóoizas.
Cuando esto te ocurre es que se te ha encogido la mente
y el corazón para no sufrir, pero tampoco aprendes a
vivir.
Y es que ver, lo que se dice ver,
exige un mínimo de solidaridad. La compasión enseña a
mirar y la solidaridad madura la mirada.
¿Por qué ven en la Cruz, por
ejemplo, los mexicanos más pobres un símbolo tan
hondamente querido para ellos? Porque sienten que el
crucificado es uno de ellos, un crucificado muy especial
que desde la Cruz les lanza solidariamente una mirada
llena de ternura. Dime qué miras y te diré cómo te
proyectas en lo visto.
Más ¿por qué no
intentar aprender a mirar como los niños? Tal cosa
constituye un aprendizaje complicado, técnicamente
difícil, porque la curva de la retina, el espesor de la
iris, el cansancio de la córnea y demás partes
integrantes del órgano óptico emborronan con la edad la
deseada vuelta al candor de la mirada; sobre todo porque
hasta el alma vive en el exilio de su cansancio cuando
justamente no ha habido ese ejercicio de mirar y mirar
más allá de las propias narices.
Pocos logran
tornar a la más pura infancia desde la madurez: los que
saben implorar con la confianza de un niño: “¡Señor,
que se abran nuestros ojos!”(Mt.20, 33). Miremos lo
mismo de otra manera encontrando bello todo lo que
podamos. Ayudemos a ver y a mirar. Dejémonos ayudar a
mirar y a ser vistos.
“Desde hace ya casi sesenta años,
experimentamos la debilidad humana, como consecuencia
de los tristes efectos del pecado de Adán, y conocemos
el mundo cuyas heridas hemos experimentado en nosotros
mismos. Esto nos habría desanimado en nuestra vocación y
en nuestros trabajos y nos hubiera sido sumamente
funesto sin la gracia de Jesucristo. Como vosotros
estáis la mayor parte destinados por vuestros trabajos a
vivir en el mundo, podemos preveniros que os esperan un
gran número de pruebas. El enemigo del hombre no os va a
perdonar; empleará toda clase de astucias para perderos;
se servirá incluso de las penas y privaciones que
acabamos de hablar. Perro triunfaréis de él siguiendo
fielmente al Señor. Podréis superar todo eso imitando la
profunda humildad y la inefable caridad del hombre Dios,
que nos enseñó a amar a los niños, a hacernos pequeños y
sencillos como ellos, anunciándonos que solamente a
quienes se les parezcan pertenece el reino de los
cielos”.
(Introducción al N.G.)
La impulsiva, inquieta y terca
personalidad de Gabriel le trajo muchos problemas pero
también le posibilitó aprovechar de esa energía rebelde
que le mantuvo en acción y trabajo continuo. De
cualquier modo, el inconformismo del que venimos
hablando (nunca darse por vencido), es en si mismo
caligrafía o biografía; trazo bello. Aprovecha, pues, el
impulso momentáneo, repentino, fresco, irresistible que
has amasado con el momento de la suavidad y mansedumbre,
en la densidad clamada de lo profundo y del silencio
orante dentro de tu corazón.
Para poder comprender una obra de
arte, o los proyectos que durante mucho tiempo hemos
acariciado, necesitamos ponernos humildemente ante ellos
y esperar, con el aliento contenido, la menor sugerencia
que nos hagan.
Una vez que hayas emprendido mil
comienzos y te persiga el fracaso aparente o la abulia y
el aburrimiento, empieza otra vez. Renueva la esperanza
y tras aburrida calma chicha a veces, tumultuosa
tempestad otras y apasionante aventura de cuando en
cuando; desde tu soledad convertida en vigía, gritarás
en algún momento: “¡Tierra a la vista!”. La
laboriosidad nos lleva a aprovechar los propios defectos
haciendo de la necesidad virtud. Hay que aprender a
bailar sobre los propios dolores como nos dice Marilina
ROSS en su canción “danza”.
“El niño aprende su libertad
obedeciendo. La autonomía personal se construye sobre la
obediencia. Lo propio de inteligencia humana es sacar
más de menos. Conseguimos ser libres cuando obedecemos
las órdenes inteligentes que nos damos a nosotros mismos
o permitimos que nos den gente inteligente. Es decir,
las que han sido fruto de una deliberación que tiene en
cuenta lo que deseamos, las consecuencias de nuestra
acción, los conocimientos almacenados, los errores
vividos, los valores que queremos proteger. Tal compleja
habilidad no se improvisa. Es obra de un largo proceso
de construcción”.
(J.A. MARINA, “El vuelo de la
inteligencia”, Ed. Plaza&Janés, Barcelona, 2000)
La inspiración es decididamente
hermana del trabajo diario. No ser un repetidor,
rutinario, eso se consigue con una vida un poco larga,
no se improvisa. Lo que se da en la vida es, un 1% de
inspiración contra un 99% de transpiración. Comprométete
y la mente se caldeará, la creatividad se disparará.
Creatividad y habituación: la
creatividad hecha hábito no desaparece, al contrario, se
afirma y potencia. Imprescindible en la educación el
proceso de crear hábitos, de lo contrario no conseguimos
nada. Discrepo con quienes contraponen: hábito como
repetición, lo seguro; a creatividad como cambio y
novedad. Se complementan y no se dan la una sin el
otro.
“Semejantes a una corriente de
agua que va hacia el mar como hacia su centro, así
debemos volver nosotros a Dios que nos ha creado.
Debemos proponérnoslo en el comportamiento general de
nuestra vida y en todos sus detalles. Igual que la
corriente de agua que va hacia el mar no se detiene
entre las piedras y las zarzas que encuentra, ni tampoco
en los canales de metal o de piedra que recorre, ni
contra las riberas cubiertas de hierba y de flores, sino
que atraviesa todos los obstáculos que parecen estorbar
su paso; de la misma manera tampoco nosotros, queridos
Hermanos, debemos pararnos en el camino que nos lleva a
Dios: el demonio, el mundo y la carne, los
contratiempos, los sufrimientos, en una palabra, nada
debe impedirnos la
práctica de las virtudes que nos encaminan a Dios,
nuestro supremo bien. El agua parece que siempre está
inquieta; se diría que murmura y se queja por
encontrarse lejos del mar. Si amásemos a Dios no nos
gustaría estar lejos de El y abandonaríamos con toda
tranquilidad este mundo de destierro para reunirnos,
cuanto antes, con ese buen Padre”.
(Circulares a los Hnos. del Hno.
Gabriel. Circular Nº 15, del 24 de junio de 1859)
Nos
merecemos una reflexión profunda, desde el carisma del
Hno. Gabriel, sobre este binomio: Compasión – tesón,
pasión – tenacidad, ternura – firmeza, Providencia –
trabajo, Confianza en Dios – esfuerzo.
Es
significativa en su personalidad: la sensibilidad, la
conmoción, el conmoverse, la compasión, la pasión y
entrega pero también el tesón, tenacidad, tozudez,
esfuerzo, trabajo, exigencia cargando así con toda la
condición humana.
Junto
a este tema nos merecemos también una reflexión sobre la
COMPASIÓN con nosotros mismos para poder ser compasivos
con los demás.
Hno. Aurelio
16/03/08
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Frente a los desafíos de un cambio de época |
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1. Gabriel Taborin en "su" cambio de época
Ya es un
lugar común afirmar que estamos atravesando un cambio de época,
y no sólo una época de cambios. Cada día somos sorprendidos por
nuevos acontecimientos y modalidades culturales que antes
hubiesen requerido mucho tiempo. Hoy se dan en períodos muy
breves.
Cuando Gabriel Taborin nace en una aldea francesa de los montes
del Jura, el 1 de noviembre de 1799, la sociedad estaba
convulsionada par una Revolución que tuvo repercusiones no sólo
en Francia sino en todo Occidente. Era un cambio violento y
radical.
Las
Instituciones que parecían indestructibles habían sido
condenadas a la demolición Entre ellas, la Monarquía y la
Iglesia. El Rey, guillotinado. La Iglesia, desposeída de sus
bienes y propiedades, los sacerdotes, obligados al "juramento
constitucional", o sea puestos al servicio del estado
revolucionario. Los que se negaban, sometidos a prisión, a
muerte, a destierro... o a vivir en la clandestinidad. Los
monasterios, suprimidos. Las torres de las Iglesias, símbolos de
la cristiandad, fueron sistemáticamente demolidas, y las
campanas, fundidas para hacer cañones.
Gabriel nace
y crece en un ambiente de confrontación y de guerras. El siglo
XIX se abre con la toma del poder por parte de Napoleón, y todo
el despliegue de su ambición imperial. Hasta la aldea de
Gabriel, Belleydoux, llegan las noticias tardíamente. El
pueblito sigue su ritmo tradicional, aunque tratando de no
exponerse a las furias de la revolución. Soporta estoicamente
los atropellos.
A pesar de su
impulso anticlerical, la Revolución pregona valores que pueden
ser considerados esencialmente cristianos: libertad, igualdad,
fraternidad. El sentir mas profundo de los revolucionarios,
reivindicaba valores muy humanos y por eso muy de acuerdo al
Evangelio de Jesús.
Cuando
Gabriel llega a la edad de hacer un proyecto de vida, tiene como
plataforma de elaboración personal, la realidad de su familia
cristiana, del ambiente tranquilo de su pueblito, la relación
con sus amigos de infancia, y el contacto con la Iglesia
perseguida y purificada. Los sucesivos párrocos de su pueblo
campesino, son referencia válida para su fe, para su crecimiento
como persona y para su opción de vida.
Toma
conciencia de que no basta con lamentarse de lo acontecido. Para
él, los acontecimientos se convierten en desafíos. Se trata de
reconstruir una sociedad, siendo fiel a lo esencial: la
identidad de la misma. Su compromiso con su pueblo y con su
tiempo abarca dimensiones vitales:
. Frente al ataque a la institución, Gabriel se propone fundar
una comunidad que viva el Evangelio.
. Frente a la destrucción de las iglesias, Gabriel se propone
reavivar la vida de la litúrgica.
. A la supresión de los monasterios, que eran el lugar más
popular de difusión de la cultura, Gabriel responde con una vida
dedicada a la educación.
. Si muchos pregoneros de la Revolución anuncian el fin del
cristianismo, Gabriel dedicará lo mejor de sus fuerzas a la
evangelización de las nuevas generaciones.
. Ya que la revolución quiere destruir la jerarquía de la
Iglesia, Gabriel opta par permanecer en el llano, siendo laico,
aunque siempre fiel a la jerarquía.
Y en cierto modo se hace revolucionario: la fraternidad se hará
en su entorno, vida de Hermanos, sencillamente Hermanos, iguales
y libres. Para él, la revolución pudo tirar par la borda los
envases, pero el contenido se refugió en los corazones de su
generación. Desde ese refugio podrá verterse en nuevos envases,
mas adecuados a los tiempos. En los cambios de época se impone
saber discernir lo esencial de lo perecedero.
El proyecto
de Gabriel nace en un medio rural, crece en una familia unida, y
se fortalece gracias a la comunidad eclesial. A través de los
años, su acción tendrá como lugar natural los pueblos de la
campaña francesa, serán un respaldo permanente de la familia en
su misión educativa y se nutrirá de la vida de la Iglesia local
y universal. Quizás sea ése el secreto de su eficacia y
permanencia a través del tiempo y de las diferentes culturas que
ha abordado.
2.
El San Juan en los Albores del Siglo XXI
Nos podemos preguntar: ¿En qué medida nuestro Colegio San Juan
Bautista es fiel al proyecto del Hermano Gabriel? Y por otra
parte, ¿cómo encarar el cambio de época que estamos atravesando,
siendo fieles al Fundador de los Hermanos de la Sagrada Familia?
Tendríamos
que empezar estableciendo los parecidos y las diferencias con lo
acontecido a comienzos del siglo XIX.
. Hoy no se destruye violentamente la Institución, se la
desconoce.
. No se cierran las casas religiosas en forma compulsiva: los
jóvenes no parecen interesados par la vida consagrada.
. La fe no aparece coma un constitutivo vitalizante de la
persona. No pocos prescinden de ella, la ignoran o la marginan.
El medio en que esta nuestro Colegio no parece adherir
vitalmente a la Iglesia. Esta es una referencia más en el
contexto social, con cierto crédito, pero lejana. Todavía
bautizan a sus hijos, aunque aumenta el número de los no
bautizados, y celebran la primera Comunión, pero no frecuentan
los Sacramentos.
. La familia esta sometida a todo tipo de presiones y tiende a
desintegrarse.
. Los jóvenes están bombardeados por un sinnúmero de propuestas
que parecen más interesantes que vivir de acuerdo a una fe
cristiana.
. Todo parece indicar que se hundió para siempre un estilo de
Uruguay acuñado en el modelo liberal, y debemos pensar en otro
modelo socioeconómico.
En este
contexto, es muy difícil evaluar cuáles son los desafíos más
fuertes en épocas distantes de dos siglos. Pero resulta evidente
que nuestros desafíos no son pequeños. Y las respuestas
adecuadas no son fáciles de elaborar.
Llama la
atención, sin embargo, la vigencia de ciertos aspectos que
atraen a las familias, y que responden al perfil fundacional:
. Más que Institución, el Colegio intenta la integración de una
comunidad educativa, con ambiente de familia, donde los
educandos crecen en forman libre y responsable.
. En un clima de marginación creciente de la clase social más
carenciada, se estimula el valor de la solidaridad.
. Frente a una desesperanza general, a la emigración dolorosa de
miles de uruguayos, el San Juan intenta la valoración de nuestra
identidad, y de proyectar otro Uruguay posible.
. Cuando todo parece invitar a dejar muchas cosas válidas que se
realizaban, el San Juan, propone continuamente multiplicar el
dinamismo y la creatividad de todos. Con una respuesta increíble
de parte de las familias y de los chicos.
. A pesar de una marginación cada vez mas acentuada de lo
religioso de parte de la sociedad y de los jóvenes, se buscan
nuevos caminos de hacer presente a Jesús de Nazaret y su
Evangelio de vida y esperanza.
. Más allá del desánimo de los jóvenes frente al futuro y su
formación profesional y académica, nuestros educadores
permanecen con entrega y servicio en la línea de fuego de la
formación. Su testimonio de vida es tan válido como su capacidad
intelectual y pedagógica.
Vivimos una
encrucijada histórica. Aspiramos a ser fieles a la intuición de
Gabriel y "su" cambio de época. Nuestra acción educativa será
eficaz si llegamos a integrar una auténtica comunidad, si
estamos atentos a los signos de los tiempos, y realizamos una
lectura del Evangelio que responda a los desafíos del momento
que nos toca vivir.
H. Héctor da Rosa
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EXPERIMENTAR AL HERMANO GABRIEL COMO FUNDADOR
Hermano
comparte el carisma de tu Fundador…
Vive de nuevo
la experiencia del Hermano Gabriel
mostrándote
sensible a las necesidades de tu época y de tu
Iglesia.
(Prólogo de las
Constituciones)
El prólogo de las
Constituciones nos exhorta a los Hermanos a vivir
de nuevo la experiencia del Venerable Hermano
Gabriel. A lo largo de nuestra vida de Hermanos,
seguro que como fieles hijos de nuestro Padre y
Fundador, hemos experimentado algunas de las ricas
vivencias humanas y espirituales que atesoró en su
vida el Hno. Gabriel y hemos tratado de ser fieles
a esa herencia admirable de virtudes que constituye
nuestro mejor herencia. La edad, un apostolado
determinado, el proceso formativo desarrollado por
cada uno, las situaciones personales que vivimos,
nuestra historia vocacional, siempre original y
única nos conducen a acentuar más o menos algunos de
los rasgos del perfil del fundador en los diversos
momentos de nuestra vida.
Pero hay uno que es
difícil experimentar, porque es original y único en
el Hno. Gabriel: la experiencia de Fundador de
nuestra Congregación. Sin embargo, hay experiencias
que hemos vivido o podemos vivir que de alguna
manera se asemejan a ese “carisma de fundador” y nos
pueden aproximar a las vivencias que experimentó
nuestro Fundador cuando comenzaba y levantaba
nuestra Congregación: iniciar una obra
evangelizadora, dirigir un apostolado, comenzar una
comunidad, plantar el Instituto en un país… Estas
pueden ser experiencias de vida que nos recuerden
y nos hagan sentir al Hermano Gabriel como
Fundador.
El día 19 de
noviembre los Hermanos de Bucaramanga realizamos un
día de retiro y uno de los temas sobre los que
reflexionamos era ver cómo habíamos vivido este
año la fundación del Instituto en Colombia
iluminados por la experiencia del Hno. Gabriel como
Fundador. Algunas ideas que trabajamos y que
compartimos en comunidad fueron estas que
presento, apenas hilvanadas.
Eran los últimos días
de octubre y primeros de noviembre del año
pasado cuando visitábamos los primeros colegios
entre la incertidumbre y la esperanza,
presentándonos en algunos cursos y animando a los
jóvenes adolescentes, desde las charlas y los
trípticos vocacionales que entregábamos, a que se
interesasen por nosotros y se planteasen su
vida desde el servicio y la respuesta a Dios,
presentando la vocación de Hermano.
Comenzábamos a
“fundar” la Congregación en Colombia y nos
imaginábamos a Gabriel, poniendo también los
primeros ladrillos del Instituto: invitando a los
muchachos a abrazar la vida de Hermano, presentando
su proyecto de Congregación, el trabajo de los
Hermanos; recorriendo pueblitos haciendo la visita
al Santísimo cuando llegaba, ilusionando a sus
jóvenes oyentes con motivaciones evangélicas y
humanas, entregando los prospectos informativos en
las parroquias, estableciendo relaciones con
párrocos, autoridades…
Conocemos la
respuesta que tuvo en muchas ocasiones: poca
aceptación, abandonos de los primeros que se
atrevieron a acompañarle, dificultades con
autoridades y eclesiásticos y… volver a empezar,
sintiéndose en más de una ocasión decepcionado y
confuso.
Algo de esta medicina
hemos probado también nosotros este año: muchas
visitas a colegios de la ciudad y pueblos de la
diócesis, numerosas invitaciones a conocernos, a
construir el proyecto de su vida desde el
planteamiento de la vocación de hermano,
convivencias…, y del mismo modo que Gabriel, escasa
respuesta junto con abandonos de algunos que
iniciaron el seguimiento vocacional.
Creo que más de una
vez por la cabeza del Venerable Hno. Gabriel
resonarían las palabras del Eclesiastés:
“esto no tiene sentido, ¡nada a qué aferrarse!
¿Qué le queda al hombre de
todas sus fatigas cuando trabaja tanto bajo el sol?
(Ec. 1,2)
Y volvería a empezar con mucha fe,
animado también por la Palabra de Dios: “Si te
has decidido a servir al Señor, prepárate para la
prueba… Acepta todo lo que te pase y se paciente
cuando te halles tirado en el suelo…Confía en él…,
sigue el camino recto y espera en él (Si 2,1-6).
En más de una ocasión, también, parecidos
pensamientos han rondado por nuestras cabezas:
cuando después de pasar por las clases, ningún
muchacho entregaba el recortable interesándose por
nosotros, o esperábamos bastantes chicos a un
encuentro vocacional y se hacían presentes muy pocos
o ninguno, o cuando después de tres horas de viaje
para ir a un colegio rural, no era posible dar la
charla de valores ya acordada previamente.
Es el camino de la
fundación, de ir asimilando decepciones, de
acrisolar nuestra fe, de poner a prueba la
esperanza. El Hno. Gabriel tuvo que ir aprendiendo,
que ser Fundador era más que tener buenos proyectos,
buenas intenciones y santos deseos; no se trataba de
correr motivado por la urgencia de tener seguidores
para hacer mucho bien, sino de caminar al paso de
Dios, al ritmo que las circunstancias imponían, con
la compañía de los obispos y sacerdotes que no veían
siempre claro su proyecto o anteponían sus planes a
lo que Gabriel pretendía, como cuando Mons. Devie le
manda elaborar unas constituciones con el propósito
de fusionar la Congregación con otra, justo cuando
parecía que nuestra familia religiosa parecía
afianzarse en Belmont, en el año 1835. Pero sobre
todo, tuvo que aprender a contar con la misteriosa
libertad de las personas que respondían no desde la
lógica y expectativas del Hno. Gabriel, sino desde
las suyas.
Era necesario
encarrilar el proyecto suyo con el de Dios y
hacerles coincidir. Esto requería mucha fe,
paciencia, humildad y fidelidad a su vocación de
Hermano constantemente probada y cuestionada.
Sabemos que más de una vez tuvo que desechar la
tentación, presentada como propuesta, de hacerse
sacerdote para acelerar el crecimiento de la
fundación. Y como bien conocemos, su condición de
fundador laico, que no encajaba fácilmente en la
estructura y mentalidad clerical de la época, fue
una de las causas principales de las dificultades en
su tarea de Fundador y del lento crecimiento de la
Congregación en los orígenes.
Hoy, también, fundar
desde nuestra vocación de religiosos hermanos, en
ambientes eclesiales y religiosos excesivamente
clericales es todo un desafío. El desconocimiento de
lo original y específico de la Vida Religiosa, la
vida cristiana centrada en el sacramentalismo, y
las comparaciones obligadas con la vocación
sacerdotal se convierten en escollos en nuestra
tarea de animación vocacional y crea más de una
dificultad a la hora de ejercer atractivo en los
jóvenes.
Pero fundar, no es
sólo percibir el amor de Dios en la prueba y la
dificultad. Fundar es también sentir a personas
que se identifican con tu proyecto, ver a jóvenes
que reciben una palabra de esperanza y de sentido
para sus vidas, conocer a sacerdotes y amigos que te
acogen, te ayudan y te acompañan en el camino. Es
descubrir que no hay una manera única de vivir
como Hermano, de organizar la comunidad, de ejercer
el apostolado; es crecer en intrepidez y
creatividad: buscar, preguntar, crear, entusiasmarse
por lo que llegará…; es sentir la encarnación del
carisma en una cultura diferente de la que uno
viene o está acostumbrado, es aprender de los
destinatarios de la misión y ejercitar la virtud de
la paciencia y de la esperanza; es caminar con
decisión pero con prudencia, es responder a las
personas o instituciones que confían en ti; es ver
a Dios como lo único importante, sin tareas y
estructuras que opaquen su presencia, porque muchas
veces sólo te queda eso: Dios y tú. Fundar es
también, experimentar la providencia y el amor de
Dios en las pruebas y decepciones .
El Hno. Gabriel
sintió también esta providencia de Dios en las
dificultades que se le iban presentando. A Mons
Devie le confiaba en una ocasión:
“Le confieso, Monseñor, con toda
sinceridad, que no he experimentado nunca mayor
alegría que en esos momentos [de abandonos]. Estas
dificultades no me atemorizaban porque mi esperanza
estaba en Dios; confiaba que sabría guiar bien su
obra”
Para el que funda,
desde la mirada y el proyecto de Dios, todo le
parece poco, siempre queda mucho por hacer, siempre
falta algo, constantemente descubre que la misión
sobrepasa las capacidades. El “fundador” estima que
hay que ir más allá, que no se ha hecho lo
suficiente. Por esto, quizá, el Hermano Gabriel
tenía la sensación de de haber sido “solo capaz de
tejer telarañas” y de haber sido “un pobre y vil
instrumento en las manos de Dios”.
Pero, cuando
veía ya el final de su días, y contemplaba las
comunidades creadas, los Hermanos entregados con
pasión a su misión, la confianza puesta por muchos
párrocos en sus Hermanos entregados con amor a su
apostolado… seguro que retumbarían en su interior
las palabras de San Pablo:
“He combatido bien mi
combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la
fe. Ahora me aguarda la corona merecida con la que
el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no
sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su
venida (2 Tm 4, 7.)
Y Jesús, un 24 de
noviembre de 1864, le recibiría con las palabras
evangélicas de:
¡Muy bien, empleado bueno y
fiel! Has sido fiel en lo poco, te pondré al frente
de mucho; pasa a la fiesta de tu Señor. (Mat.25,21).
Tras el Hno. Gabriel
y guiados por él nos corresponde a todos seguir
sembrando, creando, fundando; cada uno a su manera y
donde esté, hacer el intento de vivir esta faceta de
fundador del Hno. Gabriel. Acercarse a la
experiencia de Fundador de Gabriel nos ayudará a
creer que no todo está hecho en nuestras vidas a
pesar de los años o la experiencia; permitirá que no
nos acostumbremos a hacer y pensar lo de siempre,
fortalecerá nuestra fe y esperanza en Dios, y
podremos contar con Él diariamente, renovando
nuestra consagración, sintiendo el Espíritu de Dios
que camina con nosotros, más allá de los éxitos o
los fracasos.
El prólogo de
nuestras Constituciones sigue alentando a los
Hermanos:
El Hermano
Gabriel permanece entre nosotros:
te corresponde
asegurar su presencia,
realizar y
transmitir su mensaje,
multiplicar sus
discípulos
por medio de
tu vida de fe,
esperanza y caridad,
tu diálogo
constante con Dios,
tu paciencia en
las pruebas,
tu entrega total
y desinteresada,
tu devoción a
Jesús, María y José.
Ha
pasado un año desde que tres Hermanos iniciábamos la
fundación en Colombia. Después del trabajo realizado
en promoción vocacional, tenemos la casa, el apoyo
de la Congregación, el conocimiento del medio,
esperanza, personas que han oído hablar de los
Hermanos y nos conocen. ¿Todo esto es sólo “tejer
telarañas”? Creemos que no, sino los primeros pasos
de un gran proyecto. Habrá que seguir, revisar
modos, encontrar cauces y formas de que calemos, de
que los jóvenes vean el camino de ser Hermano de la
Sagrada Familia como un camino muy válido de
realización personal, impregnar nuestras palabras de
esperanza, seguir confiando en el Espíritu que
reparte sus dones cuándo y cómo quiere. O sea:
seguir fundando con pasión a ejemplo del Hno.
Gabriel y creer en su proyecto, aceptando
esperanzados que “el
don de la vocación no depende sólo de nuestros
esfuerzos sino que viene de Dios.”
Estamos convencidos que está amaneciendo, porque en
un proceso de fundación siempre está el sol
saliendo, aunque no acabe de aparecer completo en el
horizonte. Con el Hno. Gabriel seguimos diciendo:
“si esta obra es de
Dios, él sabrá cómo mantenerla y hacerla prosperar”
Hno.
Fernando Cob
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