escriben los hermanos

 
 

H. José María Esgueva 

Es inútil intentar detener la pimavera

   H. Aurelio Arreba    Algunos puntos del Capítulo General
   H. José María Esgueva    Convocados a responder con gozo al amor gratuito y fiel de Dios

1

Es inútil intentar
detener la primavera

  Una mente privilegiada de estos tiempos, en el atardecer de sus días se dejó escapar, creo que conscientemente dada su talla intelectual, esta llamativa queja: "La esperanza ha sido mi mayor tormento". Él, que siempre había dado muestras de ser fiel a sus creencias. Todos constataban que la fe iluminaba su vida, que la caridad ocupaba un puesto privilegiado en sus opciones… pero confesó que el punto débil de su espiritualidad había sido la esperanza teologal.

  La frase no tiene desperdicio en los tiempos que corremos. No es difícil constatar que hoy la esperanza es ave herida o parece estar adormecida. En la mayoría de los casos, dada su escasez extrema, necesitaría un alto precio para su adquisición, pero, por el cansancio generalizado y la mediocridad galopante, es muy difícil que se dé y ocupe el lugar que merece.

  Si echamos una mirada en nuestro entorno, enseguida nos damos cuenta de su escasez y necesidad. Nuestro mundo es pobre en esperanza. Los ideales que en un tiempo provocaban grandes y meritorios esfuerzos, poco a poco han sido sofocados por el bienestar, la inconsciencia o las preocupaciones del vivir diario, y el horizonte de la esperanza queda ensombrecido.

  En mis paseos por esta ciudad en que vivo, me encuentro con frecuencia con madres que acompañan y cuidan con mimo a sus pequeños. En éstos veo encarnada la esperanza. Nada más frágil que un niño, pero ¡cuántas posibilidades futuras tan difíciles de prever! A falta de palabras me llama la atención sus gestos y miradas que manifiestan una total confianza en la madre. Con ella se sienten confiados y seguros.

  Ocurre algo parecido con la esperanza. Débil, frágil y expuesta a la intemperie, a los rigores del clima invernal que hoy la envuelve. Pero, no podemos olvidar que, como el niño se siente arropado por el amor de la madre, nuestra esperanza cuenta con el mimo de Dios. Y con gozo constatamos que se está abriendo camino sin que nadie ni nada la puedan detener. Lleva en sí la fuerza de Dios... Presiento que sus frutos están ya cercanos, por eso, adelanto que lo nuestro será cultivar retoños de vida, podar no talar lo anteriormente vivido, la tradición. 

  Todos nos hemos preguntado alguna vez cómo será la vida consagrada del futuro y los expertos coinciden en unas pautas de comportamiento que los libros y revistas especializados no dudan en señalar, a las que no hago alusión por ser asaz conocidas. No obstante, permitidme que aproveche esta ocasión para decir que nuestra vida consagrada, si quiere responder con fidelidad creativa a lo que la Iglesia y la Sociedad le piden, ante todo tiene que estar animada por la esperanza en Dios y en el hombre.

  Pero, seamos sinceros, no es fácil abrirse caminos cuando encuentra parajes desérticos en los que domina el cansancio, la rutina o el miedo; personas que tienen puesta la vista y añoran en demasía el pasado; hombres y mujeres que la comodidad les lleva a encerrarse en su cuartel de invierno a pesar de que se les dice que en la Iglesia está apareciendo una nueva primavera que no quieren ver. Y, por experiencia sabemos que en ese cuartel, dadas las bajas temperaturas, poco a poco se van agostando los ideales, se teme la novedad y la generosidad brilla por su ausencia.

  Los que nos conocen nos piden que en nuestra sencillez y cercanía, seamos Hermanos de la Sagrada Familia marcados por la esperanza; que respiremos esperanza; que contagiemos esperanza; que seamos auténticos testigos de esperanza. Hay una razón fundamental que nos impulsa a ello: la esperanza lleva a la oración confiada, fecunda la misión, nos mantiene en nuestro empeño de ser "sencillamente Hermanos"; genera confianza, ofrece cercanía, facilita el compartir y nos da la ocasión y la fuerza necesaria para vivir en las fronteras con los marginados y pobres.

  Y a propósito. En cierta ocasión leí que en 1995 Taizé organizó su habitual encuentro mundial de jóvenes en Viena. Los periodistas entrevistaron al Hno. Roger y entre otras cosas le preguntaron: "¿Quién puede dar esperanza hoy a los jóvenes?". La respuesta fue muy sencilla y espontánea como suelen ser los dichos de los hombres de Dios: "Los pobres, los contemplativos y los que saben de fraternidad". Un programa a ser tenido muy en cuenta por un Hermano de la Sagrada Familia. En el fondo, son las marcas de nuestra identidad.

  ¡Contemplativos en la acción! hemos oído decir hasta la saciedad. Quien en su vida reserva "largos ratos perdidos" de capilla, momentos gratuitos de intimidad con el Señor, el Espíritu le abre a una vida nueva marcada por la esperanza. Es un medio que no falla.

  Los discípulos de Emaus en su día nos marcaron el camino. Fue el coloquio con Jesús que les hizo abrir los ojos. Fue en la fracción del pan que le reconocieron. En la compañía de Jesús les envolvió una esperanza desbordante que en seguida sintieron la necesidad de compartir con los otros discípulos en Jerusalén (Lc 24,3 l). Si nos sentimos débiles, la humildad nos llevará al encuentro fraterno para compartir vida y misión.

  Únicamente quienes han recorrido el camino de la esperanza, como los de Emaus, lo pueden proponer a los demás. En medio de los silencios en los que la verdad, el amor, la libertad, la paz, la alegría parecen enmudecidas hay que seguir esperando y afirmar que es posible otro mundo, otro hombre, otra tierra; en una palabra, es posible salir de la esclavitud de Egipto y poner los ojos en la tierra prometida.

  No puedo por menos que recordar que la Sagrada Familia es para nosotros modelo de nuesro esperar. En ella está la fuente de nuestra esperanza. María nos abre las puertas y con frecuencia le pedimos que "mantenga el ritmo de nuestra espera". Mirar y escuchar a María es caminar hacia la esperanza, ya que como Dante cantó: "María de esperanza es fuente viva". Y José nos enseña a esperar contra toda esperanza (Rom 4, 18). Su vida sólo encuentra una explicación: siempre se fió de Dios: sus dudas, la huida a Egipto...

  Nuestro último Capítulo nos invitaba a ser "constructores de humanidad", expertos en humanidad. Hemos sido convocados a vivir en familia junto a Jesús, María y José en la escuela de Nazaret. Ellos nos enseñan, como nadie, a ser humanizadores, a empeñarnos en que el hombre llegue a su plenitud. Es ahí donde debe estar puesta nuestra mirada y corazón. Eso nos llevará a interpretar los signos de los tiempos, a conocer los anhelos y esperanzas de nuestros contemporáneos y a confiar en el futuro.

  En nuestra vida de Hermanos se están dando signos evidentes de un lento amanecer marcado por la esperanza: la serenidad de los mayores, el empeño de los más, la generosidad de nuestros misioneros, los que se mantienen a pesar de su dureza en el campo educativo, la cercanía a la gente de los medios rurales, el silencio y la aceptación serena de los aquejados por el dolor y la enfermedad, el que tantos laicos se empeñen en vivir nuestro carisma. Son signos inequívocos de que una nueva primavera está despuntando.

  No ha mucho Benedicto XVI nos confiaba su segunda encíclica "Spe salvi" que es un auténtico canto a la esperanza. En ella el Papa no duda en afirmar que un mundo sin Dio es un mundo sin esperanza. Pero también hacemos nuestras las palabras de Boff, "la Iglesia y la Vida consagrada de ese milenio tendrán que reactivar con palabras nuevas el potencial revolucionario de la fe". Es lo que hicieron Francisco de Asís, Teresa de Calcuta, Juan XXIII, el Hermano Gabriel y tantos otros.

  Y termino. A los Hermanos de la Sagrada Familia nos compete asumir con coraje nuestro carácter de kénosis y de debilidad institucional. Estoy convencido de que únicamente lo podemos llevar acabo si nos orienta la esperanza. Nuestro apoyo es de carácter radicalmente evangélico y místico. No tenemos las energías necesarias para luchar abiertamente contra el Goliat de la realidad sociopolítica, económica y cultural actual. Nuestra fuerza y esperanza han de estar puestas únicamente en Jesús, María y José.

H. José María E€€sgueva
 

2Desarrollo de algunos puntos de los Documentos
del 36º Capítulo General - Julio 2007


  El Capítulo General nos hizo una invitación  a reflexionar sobre el sentido y el alcance de nuestra Misión hoy desde la perspectiva que este Capítulo le dio como “pietas educativa”, “compasión – pasión educativa”, “Nazaret escuela de humanidad”. Profundización y reflexión, tanto a nivel personal como comunitario, a partir de la vivencia que tenemos; desde la práctica de vida de la vivencia carismática. La misión es un aspecto esencial de nuestra identidad y hoy estamos llamados a desarrollar el alcance de la misma desde la dinámica que le imprimió el Hno. Gabriel con su “compasión educativa” con la que intentó dar una respuesta a las carencias de humanidad y distorsión de la dignidad humana de su época. Sin duda que esta reflexión sobre la misión establece una continuidad con  la reflexión que durante el sexenio posterior se realizó sobre nuestra identidad con la mirada puesta en Nazaret. “Ser hermano”, “sencillamente hermano” fue la línea orientadora  del anterior Capítulo que nos centró en la contemplación del misterio de Nazaret; en el ir y contemplar, mirar y empaparse de la vida de Nazaret. Este Capítulo nos invita a salir de Nazaret y andar los caminos de la humanidad  desde la experiencia de “ser sencillamente hermano” para hacernos más humanos y humanizar a nuestros hermanos.

1-. La  Misión desde Nazaret.

Ir a Nazaret a contemplar el misterio de la encarnación y salir de NAZARET  a anunciarlo al mundo.

Tomamos la misión como “el estar con los hombres y hacerse cargo de su situación”, “como pasión-compasión” evangélicas.  Como el ir y estar con los hombres, como acción y actitud transformadora en todos los ámbitos y a través de todas las acciones pequeñas y grandes. Acción transformadora desde la fe y la esperanza en que, dejando a Dios espacio en nosotros, es capaz de transformar y glorificar nuestra realidad humana.

Ir a Nazaret  para aprender de Dios cómo mira y ve al hombre, a la humanidad, cómo la acompaña, cómo la trabaja, cómo la educa. Aprender la paciencia del alfarero en el proceso de formación del ser humano.

Salir de Nazaret, esta es la invitación del Capítulo con esa nueva manera de ver, comprender, mirar y acercarnos a los hombres. Apasionarse por Dios y por la humanidad como El lo hizo solamente es posible desde Nazaret. La pasión por Dios y por la humanidad se aprende y se asimila a través de la contemplación del Misterio de la encarnación en Nazaret. Aquí descubrimos lo que es la compasión por la humanidad caída, sumergida, desfigurada. Mirando Nazaret y mirando la historia humana descubrimos lo que es “la pietas educativa”.  

Consideramos la misión del Instituto como la profundización y ampliación del “ministerio educativo del Hno”. Vocación y ministerio educativo como: cercanía, proximidad, contacto y acompañamiento de todo lo humano. Estando cerca, próximo, frente al otro, al lado del otro posibilito que la otra persona se reconozca y comience así un proceso de concientización, identificación, responsabilización y compromiso.

Educar como creación de espacios y ambientes afectivos compartidos facilitadores y autorizadores de procesos de aprendizaje. Como capacidad de liderar procesos de conocimiento personal, de interiorización, de confrontación y diálogo; pero sobre todo como proceso de apego, desapego y autodeterminación. Como proceso de aprendizaje de un estilo de vida y de visión del mundo que surge de la jerarquización y consolidación de valores que permiten dar un sentido-significado a la vida, una confianza en el futuro y por lo mismo dan una capacidad de tomar decisiones orientadas hacia esos valores. Educar como la capacidad de crear espacios afectivos y espirituales comunes y consensuados basados en el respeto, la confianza y el servicio. Educar como ejercicio para el respeto mutuo entendido como aceptación del otro diferente, legítimo, autónomo.

 

2-. La misión desde la pedagogía de la Encarnación: crear vínculos, lazos vitales, acercarse, aproximarse; crear un espacio afectivo-espiritual nuevo, relación empática.

Educar y evangelizar desde la pedagogía nazarena. Esta está marcada por el estilo de relaciones que se establecieron en la “escuela nazarena” con la presencia del Dios de Jesús hecho hombre. Está marcada por el tipo de relaciones, el modo de relacionarse y convivir que abarcan las posturas existenciales estructurales fundamentales de la persona humana. Estas son: relación con uno mismo, relación con los demás, relación con el medio ambiente y relación con Dios.  

El ser humano se define por su capacidad de relación, el ser humano es un ser relacional y el destino del ser humano se juega en el acierto o fracaso de sus relaciones. Por esto mismo la pedagogía  de la comunión es pieza esencial en la realización y humanización de la persona. Por eso la primera iniciativa de Dios respecto del ser humano es relacional y de proximidad.

La humanización, la acción humanizadora, la educación y evangelización como acción humanizadora  solamente es posible desde la pedagogía de la Encarnación, desde la espiritualidad de la comunión, del espíritu de cuerpo y de familia.

Pedagogía de la comunión que es: cercanía, humildad, obediencia, proximidad y contacto con lo humano desde la caridad trinitaria, desde el amor nazareno. Pedagogía que implica contar con lo humano,  partir de lo humano, seguir y recorrer el camino del hombre en sus distintas situaciones. Es un estilo de acercamiento y de estar con el otro.

Pedagogía desde una espiritualidad y camino espiritual que empieza desde abajo, desde la propia y circunstancial situación humana, desde la historia concreta, desde los sentimientos humanos más profundos.

Humildad y obediencia evangélicas describen el acontecimiento de la Encarnación del Hijo de Dios, de cómo este Hijo de Dios se fue haciendo humano. Humildad es aceptar la verdad. Obediencia es escuchar al otro.

Esta pedagogía implica humildad y obediencia; aceptación de los límites, apertura y escucha.

Humildad como el coraje de percibir y aceptar la propia condición humana con sus grandezas y miserias; es decir, dejarnos humanizar, que se compadezcan de nosotros y ofrecer la posibilidad de que nos humanicen. Sin pasar por aquí no podemos hacer proceso con los demás. Nuestros pecados y miserias pueden convertirse para nosotros en fuente de humildad y amor. Gracias a ellos podemos experimentar cómo nos vamos haciendo humanos. Estar inmersos en la humildad es estar inmersos en Dios ya que Dios es el fondo del abismo. La humildad nos obtiene las cosas que son demasiado altas para ser enseñadas; alcanza y posee lo que la palabra no alcanza.

Obediencia como escucha de la propia condición humana, de la realidad, de los otros y de Dios. Escuchar a la realidad, escuchar al otro. Escuchar, entender, comprender y compenetrarse de la realidad humana. Obediencia como dejarse  hacer, modelar, experimentar, educar y guiar por Dios y su Palabra.

No es la dimensión religiosa la que deshumaniza al hombre, lo que le deshumaniza es lo inhumano. La dimensión religiosa abre al futuro, a la esperanza y amplia la capacidad de vinculación de la persona.

El futuro no es de la ciencia y de la técnica, aunque son muy importantes en el desarrollo del ser humano, pues, son herramientas al servicio de la vida pero no son las fuentes de la vida. El futuro es de la mística y de la santidad como generadoras del amor, del respeto, del servicio y de la esperanza.

Desde esta pedagogía lo humano es el elemento clave y el punto de partida de todo proceso espiritual. Lo humano es el material más precioso para el desarrollo espiritual.

Esta pedagogía permite contemplar la dinámica de la realidad humana, de la condición humana y así escucharla e iluminarla desde la Palabra de Dios.

Desde este punto de partida lo más real de cada uno son las historias personales, ellas son lo más cierto de cada cual. Contarnos nuestras historias de humanización y deshumanización, nos permite tomar contacto con lo verdaderamente humano y con el proceso de cómo Dios y a través de qué nos ha ido humanizando.

Escuchar las historias humanas para aprender. Contemplar las historias humanas para descubrir. Admirar las historias humanas como palabra e historia de Dios.

 

3-. La presencia como lenguaje total, como “palabra educadora”.

La presencia: palabra y gesto fundamentales. Presencia es la palabra y el gesto a través del cual Dios nos dice que está presente ante nosotros y nos dice quién es él.

La presencia es la palabra y el gesto reveladores de la identidad, afirmación, reconocimiento y aceptación de la existencia del otro. Estar presente ante el otro es decirle; estar diciéndole que existe, es revelarle su existencia y dignidad.

La presencia como dinámica encarnadora, habilitadora, liberadora,  autorizadora y transmisora de calidad humana y del propio carisma.

La dinámica de la presencia como oportunidad y ocasión propicia para la acción de la gracia, como oportunidad para acercarse al otro y que el otro venga a mi.

La presencia permite: habilitar, autorizar, organizar, identificar, ordenar, clarificar, propiciar, gestionar, decidir.

La presencia como palabra fundamental que expresa la realidad toda, como lenguaje global del ser humano para otro ser humano.

Por lo cual importa mucho que hagamos conciencia del don y riqueza de la presencia. Por la presencia puedo oír y me pueden oír, puedo hablar y me pueden escuchar, puedo conversar con otro y por lo mismo decirme, expresarme y expresar al otro. Puedo intercambiar, podemos inventarnos al decirnos y escucharnos. Podemos intimar, podemos tocar y ser tocados, acariciar y ser acariciados, pedir, dar y recibir.

Una presencia así es generadora de IDENTIDAD, RECIPROCIDAD Y ALTERIDAD.

Cuando Dios se quiere hacer presente en medio de los hombres dice: “Padre dame un cuerpo” y “La Palabra se hizo carne”. Se hace presente a través de un cuerpo.

La presencia humana, la figura humana, el estar entre los hombres es la primera palabra de Dios y el lenguaje por El elegido para comunicarse con nosotros.

La palabra más hermosa pronunciada por Dios, la palabra más querida por Dios y la primera palabra que habitó entre nosotros, adquirió figura humana y presencia humana.

Nos resulta determinante recuperar la dinámica de la presencia humana, del estar, de la mirada, del rostro. Estando soy y hago ser, acompaño, toco, miro, veo, hablo, me acerco y me alejo, despierto vivencias, etc. Estar presente es reproducir la palabra creadora, transformadora, educadora, salvadora de Dios.

La presencia como forma de mirar al ser humano, a la persona, a la humanidad, a la realidad. 

Presencia como mirada empática: que se pone en el lugar del otro y  no solamente mirada simpática, narcisista.

Presencia como mirada compasiva- algésica: compasiva, misericordiosa, gratuita y no anestésica.

Presencia como mirada laboriosa: trabajadora, esforzada, servicial, recíproca y no hedonista.

 

ALGUNAS CONSECUENCIAS PARA SER UNA PRESENCIA:
SIGNIFICATIVA, EDUCADORA, CONVOCANTE Y CORRESPONSABLE.


1-. El crecimiento y el desarrollo humano y espiritual.

Alguien, algo para ser aceptado y amado tiene que ser primero conocido.

Lo que no es asumido no puede ser redimido: conocernos, aceptarnos, entregarnos.

Conocerse es la primera exigencia de la humanización. Conocernos, determinar un proceso de conocimiento, interiorización, maduración, desapego y liberación nos resulta imprescindible para poder hacer proceso con los demás.

Nadie hace con los demás más proceso que el que ha hecho con uno mismo. Para poder humanizar y realizar un proceso de humanización con los demás el primer paso es el conocimiento, el determinar, dibujar y establecer el “mapa interior” de cada uno.

Autoconocimiento junto con la autoevaluación  y la autocrítica necesarias para poder seguir creciendo.

Realizar un proceso también y sobre todo de “alfabetización emocional”. Nos han preparado para leer y escribir, para manejar muchas otras herramientas para aprender a pensar y hablar pero no nos han preparado de la misma manera para la lectura,  interpretación y comunicación de los sentimientos, emociones y toda la dimensión afectiva de la persona.

La comunicación empática es otra de las dimensiones que tenemos que cultivar para humanizarnos y humanizar. Se trata de una práctica, de un ejercicio que invita a generar un estilo de relaciones  personales y de vida mejor y más sana. Nada más importante en el proceso de crecimiento que la interacción.

La diferencia fundamental en el tipo de persona que logremos reside en el tipo de relaciones, en la manera cómo nos relacionamos con los demás, cómo nos relacionamos con nosotros mismos y cómo nos relacionamos con Dios.

Somos seres “conversacionales”, decía Martín BUBER, por eso la atención al contenido de nuestras relaciones y conversaciones es otro aspecto clave en nuestro proceso de humanización. En ellas expresamos lo más íntimo, el contenido del alma, aquello que realmente somos y de lo que estamos hechos. 

 

2-. La formación y la inversión en la capacitación de las personas e instituciones.

“En tiempos de cambio, quienes están abiertos al aprendizaje se adueñarán del futuro, mientras aquellos que creen saberlo todo estarán bien equipados para un mundo que ya no existe”. (Eric HOFFER)

Sin formación y capacitación no hay cambio posible. Formación para conocerse y conocer la realidad y así poder incidir en ella.

Formación como aprendizaje para leer e interpretar la propia vida a la luz de la Palabra de Dios y de la ciencia. 

No hay cambio más importante en la historia de la humanidad que el que transforma radicalmente  la concepción que tenemos de nosotros mismos. De la concepción que tengamos de cómo somos, se deriva todo el resto de lo que pensamos y hacemos; lo que comunicamos.

El tipo de ser que somos se va constituyendo en las conversaciones que mantenemos con nosotros mismos, con los demás y con el misterio de la vida. Quien logra acceder a nuestras conversaciones más íntimas con nosotros mismos, logra asomarse al dominio misterioso y no atrapable del alma humana.

En las conversaciones encontramos, entonces, las claves para entender mejor cómo somos cada uno, por qué tenemos los problemas que tenemos, cuáles son las raíces de nuestras alegrías y sufrimientos y cómo podemos abrirnos paso en la vida.

Las conversaciones participan en la construcción de nuestras identidades, en la formación de nuestras relaciones, en la creación de posibilidades y futuros diferentes.

Más importante que conocerse a sí mismo, por más importante que ello pueda resultar, es participar activamente y responsablemente en el proceso de nuestra propia construcción.

Recocer que hay cosas que no sé o  no conozco, que hay cosas en las que no tengo competencia; implica operar desde la humildad  como requisito para aprender. La arrogancia y el fanfarronerismo, nos llevan a la falsa creencia de saberlo todo y desde esa actitud nos cerramos las puertas para el aprendizaje, el diálogo y la relación.

Humildad es estar orgullosos de lo aprendido, pero ubicándonos siempre en  la mente, en el alma o en la actitud del aprendiz, del que está abierto al aprendizaje.

El perfeccionismo en el que nos hemos educado   ha generado una competencia y peor todavía un temor al no saber y al no quedar bien  en vez de considerarlo, el no saber y la carencia, como una oportunidad. Y es justamente ese temor el que nos impide aprender.

El amor y el reconocimiento de la carencia son los que alejan el temor. Formación y aprendizaje como acciones recíprocas de interacción de igual a igual con los otros y con la realidad.

Sin capacitación y deseos de aprender no hay cambio posible. La actitud de capacitación y formación permanente son fundamentales.

Sin inversión en horas y en dinero en la formación y capacitación de las personas y en la mejora de las instituciones al servicio de la misión  no puede haber cambios importantes ni modo de preparar el futuro.

 

3-. La gestión, la conducción, el discernimiento y la orientación.

Hoy, día gestionar y gestionar bien es parte de la responsabilidad en la educación y evangelización. Hoy es muy importante la gestión de los recursos para llevar a delante y proyectar al futuro nuestro carisma. 

Hoy dada la situación que nos toca vivir, tenemos la responsabilidad de gestionar bien los  recursos para que la obra y el carisma continúen. La acción humanizadora y la transmisión del carisma tienen que ver hoy con  una buena gestión.

También en esto tenemos que formarnos, prepararnos y considerarlo como una herramienta importante en nuestra misión.

El gran desafío hoy es aprender. Enseñar el oficio de aprender es ir más allá de transmisión de información. Aprender es expandir nuestra capacidad de acción efectiva.

Todo aprendizaje y camino hacia lo nuevo implica salir de la zona de confort y bienestar o comodidad en que me encuentro. Esta salida implica una herida narcisista, cierto dolor ya que requiere una declaración de no saber que muchas veces puede herir nuestra autoestima. Es un reconocimiento de que hay algo “que no sé”  pero, al mismo tiempo, requiere una voluntad de aprender. “No sé pero quiero aprender”. En este sentido consideramos el aprendizaje como un proceso y una responsabilidad.

La verdadera gestión hoy es y se llama participación. El verdadero poder creador del futuro no lo dan ni el capital, ni el trabajo, ni los recursos, el verdadero poder lo dan la gestión partida, la comunión, la comunidad de aprendizajes, la capacidad de crear espacios nuevos. La verdadera autoridad surge de la sabiduría compartida, de los saberes compartidos, de la experiencia de vida compartida, gestionada y orientada.

El mayor poder de gestión reside en la capacidad de construir con los otros un espacio ético-emocional-espiritual basado en el respeto, la confianza y el compromiso decidido del servicio y la responsabilidad. Gestionar bien es autoevaluación, evaluación, monitoreo, dejarse cuestionar y participación  desde valores y metas comunes.  

4-. Liderar procesos de búsqueda, de crecimiento; buscar nuevos horizontes. 

“Relata un cuento Zen que en un monasterio había un discípulo que siempre desafiaba a su maestro. Cierta vez, ocultando a sus espaldas un pájaro que sostenía en las manos, el discípulo se paró desafiante ante el maestro y le preguntó: “Maestro, detrás de mí tengo un pájaro. Dígame Ud. Que lo sabe todo: ¿Está vivo o muerto?”.   (De tal modo, si decía que el pájaro estaba vivo lo ahorcaba y si decía que estaba  muerto abriría sus manos y lo dejaría volar.) El maestro lo miró a los ojos con respeto y compasión, respiró profundamente y con mucho amor le respondió: “Eso depende de ti. ¡La solución… está en tus manos!”.

¿Cómo quieres vivir tu vida? ¿Cómo quieres usar el poder que está en ti? ¿Cómo quieres invertir lo que has conseguido? Eso está en ti. El fututo y el destino de tu vida están en ti.

Generar contextos y ambientes de confianza, confiabilidad,  respeto, humildad, compasión y amor. Contextos aprendientes para expandir capacidades de acción efectiva: esta es la actitud de un potencial líder y del acompañante.

Liderar y acompañar procesos de búsqueda es: un arte, una técnica, una disciplina que se aprende, un estilo de lideranza y gerenciamiento. Es la capacidad de inducir a alguien a atravesar la brecha del aprendizaje que se constituye a partir del deseo o de la insatisfacción. Sin ella, no hay proceso de aprendizaje y por lo tanto de cambio o mejora del futuro. Liderar y acompañar es inducir al proceso de aprendizaje a través del cual acortamos la brecha con nuevas respuestas y acciones. Como proceso, el acompañamiento, es una invitación a salir de la zona de la comodidad y bienestar para cuestionarse y cuestionar el modo de pensar, de comunicarse, de observar, de actuar; para aprender nuevas respuestas ante los viejos y los nuevos desafíos.

Es un proceso para diseñar futuro. Es cuestión de responsabilidad.  

Responsabilidad es la habilidad para responder a las situaciones que se nos presentan. No es cuestión de ponerse en víctimas ante las situaciones sino de observar cómo nos posicionamos frente a las cosas que nos suceden y elegir las acciones desde una libertad esencial a la que ningún ser humano puede negarse.

Frente a las distintas situaciones que nos encontramos en la vida, en general, estamos dando dos tipos de respuestas: las tranquilizadoras o reactivas y las generadoras de posibles soluciones.

Las tranquilizadoras no resuelven nada y el problema sigue existiendo, pues, trasladamos la culpa a los demás, a las circunstancias o a no sé quien. En esas respuestas me declaro inocente, no me involucro y pongo la responsabilidad en el sistema, o en la cultura, o en el tiempo. Es una explicación irresponsable. Dar estas respuestas no es gratuito. Tiene el enorme costo de ubicarnos en el rol de “víctima”. Me declaro inocente, pero al mismo tiempo impotente e incompetente. Estas explicaciones cierran posibilidades de acción. Cierran posibilidades de responder a una situación.

En cambio, si me hago parte del problema y me considero parte del problema, es decir, me involucro, puedo ser parte de la solución. Aquí está la diferencia con la respuesta tranquilizadora: lo que obtengo, como resultado cuando me involucro, es lo que contribuyo a producir.

La cuestión pasa por asumir responsabilidad=habilidad para responder a una situación. Pasa por tomar conciencia, de que, aunque las circunstancias sean difíciles, puedo elegir quién voy a ser y cómo lo voy a hacer. Si extiendo mi mano para estrechar otra mano, estaré eligiendo ser el tipo de persona que extiende su mano y colabora; y eso independientemente de de si el otro la extiende o no.

Mi ser es definido desde mí, no desde la actitud del otro. Actuamos como somos pero también somos como actuamos. LA  ACCIÓN GENERA SER, O EL TIPO DE SER QUE YO DECIDO.

La libertad íntima nunca se pierde. Es esa libertad íntima que nunca se nos puede arrebatar, lo que hace que la vida tenga sentido y propósito”. (Víctor FRANKL, en el libro, “El hombre en busca de sentido”).

Nunca deberíamos vernos como víctimas de diversas fuerzas. Lo que somos, es siempre fruto de nuestra decisión.

El proceso de acompañamiento y liderazgo es siempre un proceso de asunción de responsabilidad.

El Hno. Gabriel se definía como animador y formador de animadores, pues, claramente comprendía lo que con esto se jugaba en la comunidad, en la educación, en la evangelización etc. 

 

“ La personalidad evangelizadora del Hno. Gabriel se configura como animadora y como formadora de animadores de la comunidad cristiana. El Hno. Gabriel es ante todo un animador. Ya desde pequeño muestra su capacidad de convocar, de reunir y de guiar a un grupo. Propone una serie de actividades e iniciativas para que la comunidad local cristiana tome conciencia de si misma. Anima al grupo desde dentro: es sencillo y cercano. No se impone por sus conocimientos y estudio, sino por la experiencia y las convicciones profundas que trasmite. Es capaz de concebir y proponer un proyecto de vida basado en el Evangelio, comunicándolo y trasmitiéndolo de muchas maneras, desde un sencillo prospecto, una carta o una conversación, hasta su máximo desarrollo en el Nuevo Guía. De temperamento fuerte y sólido, nunca se avergüenza de sus convicciones, pero sabe aconsejarse y dejarse guiar, tiene la valentía y humildad de empezar de nuevo después de cada fracaso y mantener firme su proyecto hasta el final sabiéndolo adaptar a los cambios que se van produciendo en la iglesia y en la sociedad de su tiempo”.

 ( La Misión del Instituto, Nº 13)

“ Como formador de animadores, conoció y acompañó a cada Hermano desde los comienzos de su vocación hasta el final de sus días: el diálogo personal y las charlas en grupo, la correspondencia y las visitas, las reuniones anuales, las circulares, eran medios preferidos de formación. A través de  ellos sabía proponer las metas, estimular al crecimiento, corregir los desvíos, afianzar las convicciones, superar las dificultades, crear espíritu de cuerpo y de familia, organizar y confiar las responsabilidades. En sus escritos, sobre todo, en las varias ediciones de las reglas de vida, supo dar un perfil bien definido a la vocación de Hermano como religioso laico, animador de la comunidad cristiana, mediante el ejercicio de varios ministerios laicales y de una serie de actividades tendentes a la construcción de la comunidad  eclesial y de la evangelización;  entre ellas privilegiaba la educación cristiana, la catequesis y el servicio litúrgico. Veía en la Sagrada Familia de Nazaret, imagen de la Santísima Trinidad, el modelo a la vez ideal y concreto de toda comunidad, y supo proponerla a los Hermanos y a las familias como lugar de encuentro y punto focal de una espiritualidad que valora la sencillez en las relaciones, la humildad, la entrega generosa a los demás, la unión y la obediencia, el amor a la vida de trabajo y de silencio, la fe y la confianza en Dios. Como hombre concreto y práctico, supo sintetizar y proponer para las escuelas los mejores métodos pedagógicos de su tiempo, escribiendo libros y ofreciendo materiales didácticos, dio preciosas indicaciones para los catequistas y para los Hermanos empleados en las iglesias y elaboró preciosas síntesis de la doctrina cristiana al servicio de la catequesis, completándolo con textos litúrgicos, oraciones, cantos y sugerencias para la vida cristiana y la participación en las celebraciones litúrgicas”. ( La Misión del Instituto, Nº 14) 

Animar, acompañar, liderar es aprender a revisar nuestros juicios, nuestros procesos de razonamiento, de las respuestas que damos, de reacciones que tenemos y aprender a darnos explicaciones generativas. A ser protagonistas con posibilidades de acción efectiva. Es aprender a dar explicaciones en primera persona.  

Por ejemplo, una cosa es decir: “mi jefe es un injusto” y otra muy diferente: “no sé cómo hacer para que mi tarea sea reconocida”.

En el primer caso soy y me pongo en actitud de víctima y se cierran todas las posibilidades de acción a menos que mi jefe cambie de actitud; o sea, que delego en él el poder que también está en mis manos. En la segunda, declaro mi incompetencia y al mismo tiempo asumo poder, abriéndome a otras posibilidades de acción  que puedan ser operables desde mí persona.

 

LIDER Y ACOMPAÑANTE ES:

·        Aquel que abre caminos nuevos e inexplorados superando miedos e inercias que atan y hartan; que esclavizan al pasado y que consciente de las herencia que custodia no deja que esta se ancle en viejos odres sino que hace que se convierta en sabiduría existencial que ilumina el presente y orienta hacia el futuro.

  • El que promueve una visión a largo plazo, de futuro, que construye futuro con significado y sentido. Necesitamos narraciones y narradores de aquello en lo que queremos convertirnos.

  •  Aquel que asume riesgos y arriesga, se involucra y es motor del cambio. Lo que posibilita el futuro son las decisiones arriesgadas. Han sido y serán las situaciones difíciles las que hicieron crecerse y asumir responsabilidades comunitarias.

  • El que tiene la capacidad de convencer, de mover  y conmover a las personas. El líder no es individualista – personalista, necesita de otros. Por eso genera procesos en los que se permita que todo el equipo participe del liderazgo  como fuerza dinamizadora de toda la institución. Sin duda esto viene de la fuerza interior.

  • Aquel que trasmite seguridad y sobre todo que estimula y promueve relaciones de confianza. Es muy importante, quizás lo más importante, estimular los encuentros personales  en los que compartimos: discursos, dificultades, sueños, metáforas, pero también logros, experiencias y recuerdos enriquecedores. No olvidemos que la fe es también el relato de los creyentes.

  • El que genera cambios, define rumbos. La acción sigue a la imaginación: aquello que anticipamos determina lo que nos encontramos al final del camino. El “no tengáis miedo”, es una llamada constante a ser creativos como forma de fidelidad lo cual genera esperanza.

Concluimos con otro relato esclarecedor sobre el acompañamiento y liderazgo.

“Érase una vez un escritor que vivía en una playa tranquila, junto a una colonia de pescadores. Todas las mañanas, temprano, paseaba por la costanera para inspirarse y de tarde se quedaba en casa escribiendo.

Un día, caminando por la orilla de la playa, vio una figura que parecía danzar. Al aproximarse, observó a un joven agarrando estrellas de mar  en la arena y, una a una, arrojarlas de vuelta al océano.

-¿Por qué estás haciendo esto?- preguntó el escritor.

- ¿No lo ves?- dijo el joven-. La marea está baja y el sol está brillando. Si las dejo en la arena, se secarán al sol y morirán.

- Muchacho, existen miles de kilómetros de playa en este mundo y cientos de miles de estrellas de mar desparramadas a lo largo de ellos. ¿Qué diferencia hace? Tú devuelves algunas al mar, pero la mayoría morirá de cualquier forma.

El joven tomó una estrella más e la arena y la arrojó de vuelta al océano. Miró al escritor y dijo:

-Para ésa ya marqué la diferencia.

Aquella noche el escritor no logró dormir; tampoco pudo escribir.

Por la mañana fue a la playa, aguardó al joven y junto con él comenzó a devolver estrellas al mar”.  

Liderar es el arte de soplar brasas, de facilitar el aprendizaje, el que acompaña al otro para generar nuevas respuestas. Es sobre todo animar y dar aliento.

Hno. Aurelio, Julio de 2008

 

3                                       Convocados a responder con gozo
                                              al amor gratuito y fiel de Dios

  Cinco y media de la tarde. La Basílica de San Pedro ofrecía un aspecto insólito, espectacular y único. Una tenue oscuridad envolvía a quienes estaban en su recinto y se disponían celebrar el rito de la luz. Miles y miles de consagrados y consagradas, silenciosos, se mantenían expectantes ante la inmediata aparición del Pontífice.

  Apenas Benedicto XVI hizo su aparición, su voz recorrió el recinto sacro y con fuerza y ánimo gozoso, proclamaba: "También nosotros, convocados por el Espíritu Santo, vamos al encuentro de Cristo que reconoceremos en la fracción del pan". Y se dispuso a bendecir las candelas que en las manos tenía los asistentes.

   La procesión lentamente se dirigía hacia el altar, mientras la asamblea, con fervor, cantaba: "Condúceme Tú, mi luz, condúceme en medio de las tinieblas que me envuelven, porque la noche es oscura y la casa, aún lejana"

   Para un Hermano de la Sagrada Familia la procesión que desfilaba ante sus ojos ofrecía un aspecto que colmaba muchas de sus ilusiones. Veía cómo el H. Lino da Campo, Superior General, representando al Instituto, portaba uno de los grandes cirios que durante la Eucaristía permanecieron encendidos en torno al altar de la celebración. Y otro detalle a destacar: el H.Carlo Ivaldi tuvo la dicha de recibir la comunión de manos del Pontífice.

    Sentimos satisfacción cuando descubrimos que es Dios quien guía los pasos de la historia y, esta vez, quiso que la valiosa aunque tal vez débil luz de la vida de entrega de nuestros Hermanos, estuviese presente en este día 2 de febrero, dedicado a la "la vida consagrada". La vocación del Hermano cuenta poco para algunos de nuestros contemporáneos, pero el criterio de Dios difiere enormemente de sus esquemas mentales.

   La técnica hace milagros. De repente, la Basílica se vio envuelta en una luminosidad deslumbrante. Y todo cambió... Fue entonces cuando, sin pretenderlo, mi pensamiento rememoró la aportación clarividente y valiosa de tantos consagrados en un mundo envuelto en incertidumbres, densas tinieblas de error e ignorancia. Son personas frágiles, sin duda, pero que, armados de la fuerza de Dios y de forma gratuita y con una generosidad que a veces raya el heroísmo y hasta se hace martirial, gastan su vida en llevar el bien a los rincones más apartados del planeta. Son "las manos de Dios" siempre dispuestas a curar dolencias, educar en valores, acompañar a muchos en su soledad... ¡Cuántas personas, obligadas a vivir en las "periferias", sólo reciben este consuelo que los religiosos derraman a raudales!

   ¡Qué bien lo va asimilando el nuevo rostro de la vida religiosa actual! ¡Qué despliegue del vigor que da la debilidad, gracias a los consagrados, se está adueñando del mundo que sufre!¡Qué milagros están produciendo ciertas cercanías!

   En Quito, en una espera obligada por caprichos del Pichincha, tuve ocasión de leer a Ernesto Sabato y me recordó que hoy, Dios se manifiesta especialmente en los pobres, enfermos y excluidos, en quienes viven con sencillez, en los que pretenden ser sus testigos. Es ahí donde sigue oculto el rostro verdadero de Dios y sólo se manifiesta a una minoría que lo busca.

   En más de una ocasión hemos oído que esas personas "nos evangelizan"; que con su situación ofrecen su don a quienes quieren descubrirlo. Las palabras evangélicas: "Tuve hambre y me disteis de comer...." calan muy hondo en quienes apuestan por una vida centrada en Dios.

   En una de esas lecturas que hacemos en el correr del día, de vez en cuando aparecen ideas que uno asume perplejo. "Es en el otro donde reside la voluntad de Dios. Cualquiera a quien rechazamos es un mensaje perdido en nuestra vida". (Joan Chittister)

   Parecería que hoy nuestra vocación está llamada a aceptar sin exclusivismo a cuantos Dios pone en nuestro camino, sea cual sea su situación, especialmente a los niños y jóvenes con carencias que necesitan nuestro aporte de educadores. Una vez más aparece plenamente vigente lo que el Hermano Gabriel nos legara como algo peculiar el "espíritu de cuerpo y de familia" y que con tantas luces y sombras tratamos de hacer patrimonio nuestro.

   Las palabras del Papa en su homilía son un valiosos comentario al episodio de la Presentación de Jesús en el Templo, vivido fielmente por la Sagrada Familia. Según el Papa, nuestra vida, como religiosos, hoy:

* Es signo elocuente de la presencia del Reino de Dios en el mundo...
* Manifiesta la plena pertenencia al único Señor...
* Es un anuncio que nuestros contemporáneos pueden comprender...
* Es el primer servicio que la vida consagrada hace a la Iglesia y al mundo...

   Cuando los brazos de muchos, cansados o víctimas del desencanto, dejan de alzarse a lo alto y de sus labios brotan estériles lamentaciones que con frecuencia oímos, las palabras del Papa dirigidas a los religiosos como "centinelas que descubren y anuncian la vida nueva ya presente" pueden servir de revulsivo en estos tiempos difíciles pero apasionados, que nos toca vivir.

   Tras la homilía, el Papa invitaba a renovar "el compromiso de seguir a Cristo obediente, pobre y casto". Y al lado del Papa aparecieron seis consagrados que, de forma diferente, respondían a este deseo del Papa. Cerraba las intervenciones el H. Lino, proclamando con voz clara y digna de la circunstancia que vivíamos: "Gracias, Padre, por el don de Cristo, esposo virgen de la Iglesia virgen. Con gozo confirmamos hoy nuestro compromiso de guardar casto el cuerpo y puro el corazón, de vivir un amor indiviso para tu gloria y la salvación del mundo". Un amén, tres veces repetido y melodioso, era la respuesta que confirmaba la disponibilidad de todos.

   Mañana los medios de comunicación apenas se harán eco del evento que estábamos viviendo en San Pedro, pero Dios sigue obrando en su pueblo prodigios que pasan ocultos para muchos pero que están ahí enriqueciendo a los hombres por Él creados, sus hijos, y llevando la historia a su plenitud.

    No puedo por menos que hacer referencia a un hecho banal que atrajo mi atención: detrás de mí se encontraba un padre de familia que atentamente seguía la ceremonia religiosa. Tenía en sus brazos un niño de pocos años . El niño se sentía muy a gusto arropado en los brazos de su padre. Caprichos del azar, el hecho me llevó a ver en esa escena un símbolo de la vida consagrada actual, protegida y mimada, en los brazos del Padre. ¿Por qué temer su futuro? Suceda lo que suceda nuestra vocación está en los brazos de Dios.

   Y para terminar hago mío el deseo del Papa: "Como candelas encendidas, irradiad siempre y en todo lugar el amor de Cristo, luz del Mundo".

H. José María Esgueva
del Centro de Espiritualidad

Roma, 08.02.2006