C O
M P A S I Ó N Y T E N A C I D A D
Gabriel:
Hombre probado, educador fiel, lleno de
pasión, constante, tenaz, tesonero, entrenado en el
esfuerzo, en el trabajo y en la prueba. Resiliente,
transformado por la fe, la paciencia, la compasión y
comprensión propias y de su acompañante Mons. Devie.
Humillado por el mal, por
el que venía de su propia pobreza, como él reconoce, y
por el que le venía de los demás; se va purificando,
verificando, liberando, transformando. Pero sobre todo
se va mansificando en el silencio y la soledad de su
espíritu, como el carbón debajo de la tierra. Desde el
marco existencial en el que nace y lo educan, se va
afirmando y configurando en múltiples piedras preciosas
que se encarnarán en espiritualidad propia, pedagogía
concreta y práctica, y en acciones compasivas y
comprensivas pero sin ahorrarse ni sacarle el cuerpo a
ningún conflicto ni dificultad.
Enriquecido naturalmente y
por la tierna preocupación de sus padres, especialmente
de su madre, con un corazón y sensibilidad muy tiernos;
aparece al mismo tiempo la reciedad y fortaleza
temperamental.
“El padre de Gabriel Taborin,
Claudio-José Taborin, era de carácter amable, y habiendo
llegado a una edad avanzada, la alegría y el encanto que
ponía en sus conversaciones hacían de él una persona
agradable a los niños que se arremolinaban a su
alrededor para oirle contar historias. Tenía un carácter
fuerte, aunque moderado por su virtud. En la enfermedad
que le arrebató a su familia, demostró una paciencia tan
continua y perfecta que producía admiración. Fue un
cristiano modelo hasta sus últimos momentos”.
(
Vida del Hno. Gabriel por el Hno. Federico Bouvet ).
Desde su más temprana infancia. Gabriel
dio muestras de un genio y una impetuosidad poco
comunes:
“Había que ver cómo se movía , incluso en
la cuna – relata
Francisco Perrin, antiguo criado de los
Taborin -. Cuando lo tomaba en brazos , apenas si
podía disfrutar del pequeño torbellino, que hacía lo
posible para golpearme con sus manitas, en cuanto le
llevaba la contraria. Pero cuando fue creciendo y entró
en la sensatez, era un muchacho jemplar y extremadamente
bondadoso y compasivo con ellos y con todos”.
(Vida del Hno. Gabriel por el Hno. Federico Bouvet).
“La madre de Gabriel, María-Josefa Poncet-Montange,
era una mujer que se distinguía por su piedad. Se dice
que Gabriel era el benjamín de su madre y que a veces le
daba alguna golosina. Puede que, efectivamente, sintiera
predilección por él a causa del peligro que pasó cuando
nació. La señora Taborin educó a todos sus hijos en el
santo temor de Dios. Pero, bien porque Gabriel fuera el
más pequeño, bien porque le recordase el peligro sufrido
por ella al darle a luz, bien porque viera en él
disposiciones especiales hacia el bien y la virtud; lo
cierto es que trabajó sin cansancio para lograr del
pequeño Gabriel un joven según el corazón de Dios”.
(Vida del Hno. Gabriel por el Hno. Federico Bouvet)
“Mis padres, a quienes amaba con
el más tierno amor y con el que yo también era amado.
Mis cristianos padres quisieron destinarme al
sacerdocio. Las pequeñas capillas y actividades que yo
realizaba con los niños del pueblo, era un presagio de
que estaría un día destinado al servicio de Dios en la
vida religiosa”. (Historique).
Estas posturas estuvieron
marcadas por su temperamento fuerte, exigente, impulsivo
y batallador. En esto pagó su precio, lo podemos ver en
las entrevistas con Mons. Devie, por su tenacidad y
convicción personales de nunca dejar a pesar de los
desánimos porque se tenía fe y tenía fe. Fe que
descubrió por la aceptación de su propia pobreza, porque
supo dejarse acompañar, porque no escatimó esfuerzos y
porque se acostumbró a intimar con sus íntimos y sobre
todo con el Señor en largos ratos de oración donde se
fue templando y configurando la entereza de ánimo y la
esperanza sin límites en la Providencia.
Es muy interesante en todo
esto constatar el camino de humildad-verdad, aceptación,
compasión y verificación que hizo para llegar a esta
postura de fe y de confianza que en definitiva le
permitieron ser un hombre y un educador resiliente.
Nada como el camino de la humildad que
recorrió para descubrir cómo se hizo resiliente,
transformador, emprendedor, creador de nuevas realidades
a partir de una pobreza en todo sentido. El testimonio
de las entrevistas y correspondencia con Mons. Devie es
realmente elocuente. Y más elocuente todavía el hecho de
que lo haya guardado como constancia y trofeo de su
proceso.
De alguna manera es el
proceso que realiza gracias a todo lo que recibe desde
sus ancestros; lo que le ofrece la realidad como
posibilidad de ejercer su compasión-entrega, la
confrontación y el acompañamiento personal y familiar.
Hay que destacar, de todo
esto, lo que descubre a través de un largo periodo de
entrevistas y contacto con Mons. Devie. El cambio de
mirada, de forma de ver las cosas a partir de este
acompañamiento que hace con su Obispo protector merece
ser destacado de manera especial. Sin duda que son este
ejercicio y trabajo lo que producen en Gabriel un cambio
radical en su forma de encarar la vida, en la maduración
de su fe, espiritualidad y pedagogía. Nada mejor que
recorrer este proceso a través de la correspondencia de
que disponemos. Realmente uno descubre cómo es posible
adquirir un corazón manso y humilde a partir de la
pasión y fuerza temperamental.
Veamos un par de cartas solamente-
“…En cuanto a Ud. querido Hno.
tened siempre mucha confianza en Dios, un poco de
humildad y de desconfianza de vos
mismo; mucho valor para superar las dificultades
entonces podréis hacer el bien. Esto es lo que pido
para Ud. este año y siempre”
(Mons. R. Devie, BOURG 1/1/1839 )
“... Ya se lo había adelantado,
pero como siempre, prefiere su manera de ver las cosas.
Un poco más de confianza y docilidad en las personas que
le aconsejan le serían muy útil. He notado, sin embargo
un cambio en sus disposiciones, desde hace un tiempo le
he notado menos testarudo pero aún queda mucho por
hacer. La gracia de Dios le ayudará pero hay que
colaborar”. (Mons. R.
Devie, BOURG 23/5/1835 )
“Una mirada empática y de fe”
(Nº. 242 N.G)
“Si los Hermanos están siempre animados de este espíritu
de fe, tendrán siempre esta pureza de intención que nos
hace realizar todas las cosas para mayor gloria de Dios,
por su amor, para agradarle, y de este modo no perderán
todo el fruto de sus sufrimientos. Con el fin de hacer
todas las cosas con recta intención, los Hermanos
ofrecerán a Dios desde por la mañana todas las acciones
de la jornada. Renovarán este ofrecimiento con
frecuencia durante el trabajo tratando de purificar su
intención, elevando su corazón y su mente a Dios y
examinándose si en verdad actúan para agradarlo.
Procurarán no buscar su propio interés o su propia
satisfacción, no elegir lo que más les gusta a ellos, en
lugar de elegir lo que más agrada a Dios. Procurarán no
realizar las acciones por rutina, por propio interés,
por criterio propio y gustos personales, para ser vistos
y llamar la atención de los demás o por cualquier otro
motivo natural. Seguirán más bien el consejo de San
Pablo que recomienda a los primeros cristianos realizar
todas las acciones por Cristo y en Cristo”.
Si recorremos los testimonios de
Gabriel escritos de puño y letra en el “historique”, los
testimonios de sus contemporáneos recogidos poco
después de su muerte para intentar armar una biografía
sobre Gabriel; publicados más tarde en un folleto fruto
del trabajo del Hno. Firenzo Stanga; la correspondencia
tanto activa como pasiva, pero sobre todo las circulares
de los últimos cuatro años podremos descubrir esta
mirada empática que sin duda fue el inicio y principio
de su capacidad resiliente. Mirada que ya en sus inicios
infantiles llama la atención por su vivacidad y
penetración. Esto ya le va dando un modo de ser y de
instalarse en el mundo y frente a la realidad.
“¿De qué sirve que el
entendimiento se adelante, si el corazón se queda?”, se
pregunta Baltasar Gracián. Cuando anticipamos
vivencialmente una experiencia nos acercamos al propio
yo y al ajeno de una manera muy especial. Es una
sintonización emocional.
Un corazón empático entiende mejor.
La empatía abre los ojos del ciego y los oídos del
sordo. No se entra en la verdad si no es por el amor y
no se descubre la profundidad si no es en el amor. Hay
que dar a la voluntad y al sentimiento lo que es propio
de la voluntad y del sentimiento, a la razón lo que es
de la razón, y a ambos conjuntamente, enseñar a
racionalizar los afectos sin castrarlos. Pues, fuera del
orden de los afectos no hay orden en los valores y en
las virtudes. El valor IN-SISTE más que EX – SISTE.
Si pasamos a
recorrer el camino y la experiencia de empatía y mirada
profunda de Gabriel a través de los doce años de
acompañamiento que realizó con Mons. Devie nos
llevaremos gratas sorpresas sobre cómo esta realidad se
aprende con mucho trabajo y obediencia a la gracia y
cómo es principio de toda actitud resiliente.
Porque ante todo es mirarse a uno
mismo, descubrir la propia pobreza y aprender a ser
compasivo y comprensivo. Pobreza que me permite abrirme
a los demás y especialmente a Dios único interlocutor
válido. Quien no ha probado, experimentado y soportado
la soledad y el dolor que provienen de la soledad
existencial y del propio límite nunca podrá entender,
aceptar y vivir la solidaridad, la apertura, la
esperanza, el saber que alguien me espera, el que tengo
motivos para esperar a alguien, a ir más allá de mi
mismo, la compasión y hospitalidad. Esto posibilita la
mirada de fe que es esperar en lo que no veo desde la
penumbra en que apenas se espera la aurora.
No se me ocurre nada, dice aquel
cuya mirada resbala sobre las superficies porque nunca
se ejercitó en mirar más allá de sus propio ombligo.
Cuando vas caminando o cuando estás estando y
repentizas, cuando eres rápido y ocurrente; cuando
conviertes tu mirar en frívolo miradero y resultas
incapaz de algún miramiento con lo mirado. Cuando esto
no te entra, entonces tampoco ves, tampoco se te ocurre
nada, solamente fantaseas y fantasmagóoizas.
Cuando esto te ocurre es que se te ha encogido la mente
y el corazón para no sufrir, pero tampoco aprendes a
vivir.
Y es que ver, lo que se dice ver,
exige un mínimo de solidaridad. La compasión enseña a
mirar y la solidaridad madura la mirada.
¿Por qué ven en la Cruz, por
ejemplo, los mexicanos más pobres un símbolo tan
hondamente querido para ellos? Porque sienten que el
crucificado es uno de ellos, un crucificado muy especial
que desde la Cruz les lanza solidariamente una mirada
llena de ternura. Dime qué miras y te diré cómo te
proyectas en lo visto.
Más ¿por qué no
intentar aprender a mirar como los niños? Tal cosa
constituye un aprendizaje complicado, técnicamente
difícil, porque la curva de la retina, el espesor de la
iris, el cansancio de la córnea y demás partes
integrantes del órgano óptico emborronan con la edad la
deseada vuelta al candor de la mirada; sobre todo porque
hasta el alma vive en el exilio de su cansancio cuando
justamente no ha habido ese ejercicio de mirar y mirar
más allá de las propias narices.
Pocos logran
tornar a la más pura infancia desde la madurez: los que
saben implorar con la confianza de un niño: “¡Señor,
que se abran nuestros ojos!”(Mt.20, 33). Miremos lo
mismo de otra manera encontrando bello todo lo que
podamos. Ayudemos a ver y a mirar. Dejémonos ayudar a
mirar y a ser vistos.
“Desde hace ya casi sesenta años,
experimentamos la debilidad humana, como consecuencia
de los tristes efectos del pecado de Adán, y conocemos
el mundo cuyas heridas hemos experimentado en nosotros
mismos. Esto nos habría desanimado en nuestra vocación y
en nuestros trabajos y nos hubiera sido sumamente
funesto sin la gracia de Jesucristo. Como vosotros
estáis la mayor parte destinados por vuestros trabajos a
vivir en el mundo, podemos preveniros que os esperan un
gran número de pruebas. El enemigo del hombre no os va a
perdonar; empleará toda clase de astucias para perderos;
se servirá incluso de las penas y privaciones que
acabamos de hablar. Perro triunfaréis de él siguiendo
fielmente al Señor. Podréis superar todo eso imitando la
profunda humildad y la inefable caridad del hombre Dios,
que nos enseñó a amar a los niños, a hacernos pequeños y
sencillos como ellos, anunciándonos que solamente a
quienes se les parezcan pertenece el reino de los
cielos”.
(Introducción al N.G.)
La impulsiva, inquieta y terca
personalidad de Gabriel le trajo muchos problemas pero
también le posibilitó aprovechar de esa energía rebelde
que le mantuvo en acción y trabajo continuo. De
cualquier modo, el inconformismo del que venimos
hablando (nunca darse por vencido), es en si mismo
caligrafía o biografía; trazo bello. Aprovecha, pues, el
impulso momentáneo, repentino, fresco, irresistible que
has amasado con el momento de la suavidad y mansedumbre,
en la densidad clamada de lo profundo y del silencio
orante dentro de tu corazón.
Para poder comprender una obra de
arte, o los proyectos que durante mucho tiempo hemos
acariciado, necesitamos ponernos humildemente ante ellos
y esperar, con el aliento contenido, la menor sugerencia
que nos hagan.
Una vez que hayas emprendido mil
comienzos y te persiga el fracaso aparente o la abulia y
el aburrimiento, empieza otra vez. Renueva la esperanza
y tras aburrida calma chicha a veces, tumultuosa
tempestad otras y apasionante aventura de cuando en
cuando; desde tu soledad convertida en vigía, gritarás
en algún momento: “¡Tierra a la vista!”. La
laboriosidad nos lleva a aprovechar los propios defectos
haciendo de la necesidad virtud. Hay que aprender a
bailar sobre los propios dolores como nos dice Marilina
ROSS en su canción “danza”.
“El niño aprende su libertad
obedeciendo. La autonomía personal se construye sobre la
obediencia. Lo propio de inteligencia humana es sacar
más de menos. Conseguimos ser libres cuando obedecemos
las órdenes inteligentes que nos damos a nosotros mismos
o permitimos que nos den gente inteligente. Es decir,
las que han sido fruto de una deliberación que tiene en
cuenta lo que deseamos, las consecuencias de nuestra
acción, los conocimientos almacenados, los errores
vividos, los valores que queremos proteger. Tal compleja
habilidad no se improvisa. Es obra de un largo proceso
de construcción”.
(J.A. MARINA, “El vuelo de la
inteligencia”, Ed. Plaza&Janés, Barcelona, 2000)
La inspiración es decididamente
hermana del trabajo diario. No ser un repetidor,
rutinario, eso se consigue con una vida un poco larga,
no se improvisa. Lo que se da en la vida es, un 1% de
inspiración contra un 99% de transpiración. Comprométete
y la mente se caldeará, la creatividad se disparará.
Creatividad y habituación: la
creatividad hecha hábito no desaparece, al contrario, se
afirma y potencia. Imprescindible en la educación el
proceso de crear hábitos, de lo contrario no conseguimos
nada. Discrepo con quienes contraponen: hábito como
repetición, lo seguro; a creatividad como cambio y
novedad. Se complementan y no se dan la una sin el
otro.
“Semejantes a una corriente de
agua que va hacia el mar como hacia su centro, así
debemos volver nosotros a Dios que nos ha creado.
Debemos proponérnoslo en el comportamiento general de
nuestra vida y en todos sus detalles. Igual que la
corriente de agua que va hacia el mar no se detiene
entre las piedras y las zarzas que encuentra, ni tampoco
en los canales de metal o de piedra que recorre, ni
contra las riberas cubiertas de hierba y de flores, sino
que atraviesa todos los obstáculos que parecen estorbar
su paso; de la misma manera tampoco nosotros, queridos
Hermanos, debemos pararnos en el camino que nos lleva a
Dios: el demonio, el mundo y la carne, los
contratiempos, los sufrimientos, en una palabra, nada
debe impedirnos la
práctica de las virtudes que nos encaminan a Dios,
nuestro supremo bien. El agua parece que siempre está
inquieta; se diría que murmura y se queja por
encontrarse lejos del mar. Si amásemos a Dios no nos
gustaría estar lejos de El y abandonaríamos con toda
tranquilidad este mundo de destierro para reunirnos,
cuanto antes, con ese buen Padre”.
(Circulares a los Hnos. del Hno.
Gabriel. Circular Nº 15, del 24 de junio de 1859)
Nos
merecemos una reflexión profunda, desde el carisma del
Hno. Gabriel, sobre este binomio: Compasión – tesón,
pasión – tenacidad, ternura – firmeza, Providencia –
trabajo, Confianza en Dios – esfuerzo.
Es
significativa en su personalidad: la sensibilidad, la
conmoción, el conmoverse, la compasión, la pasión y
entrega pero también el tesón, tenacidad, tozudez,
esfuerzo, trabajo, exigencia cargando así con toda la
condición humana.
Junto
a este tema nos merecemos también una reflexión sobre la
COMPASIÓN con nosotros mismos para poder ser compasivos
con los demás.
Hno. Aurelio
16/03/08
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