
 |
PASCUA 2007
“Pedro y el otro discípulo
salieron para el sepulcro.
Pedro entró en el sepulcro y vio
los lienzos por tierra.
Entonces entró también el otro
discípulo,
el que había llegado primero,
vio y creyó.
Pues no habían entendido
todavía la Escritura,
según la cual era preciso que
Él resucitase de entre los
muertos.
(Jn 20, 3. 8. 9),
|
|
Queridos
Hermanos y
Miembros de
las Fraternidades Nazarenas:
Cada año, en Pascua, la liturgia
coloca el misterio del Cristo
Resucitado en el corazón de
nuestra vida. Y nosotros
cantamos nuestra fe con alegres
aleluya. Pero todos los relatos
evangélicos que nos hablan del
Resucitado tienen algo de
misterioso que sólo la fe logra
entrever.
Juan, elegido por la liturgia de
Pascua de este año, nos recuerda
su propia experiencia para
llegar a creer en el Resucitado.
Con Pedro, corre al sepulcro
impulsado por el incoercible
amor hacia el Maestro. ¿Qué
creen encontrar ambos en el
sepulcro cuya piedra de entrada
ha sido removida? ¿El robo del
cuerpo del amado, como quiere
hacer creer María Magdalena?
"Su Cristo" ha muerto y ha sido
sepultado. De esto están
seguros. Es necesario aceptar el
hecho. Jesús no está ya en el
sepulcro ni tampoco su cadáver:
encuentran, en cambio, el
sudario y las vendas, pequeños
"signos", que Pedro, entrado el
primero, reconoce que habían
pertenecido a Jesús muerto. Pero
Él, Jesús, no está.
Aquellos pequeños "signos"
bastan para despertar en el
corazón de Juan el recuerdo de
las palabras del Amado
"después de tres días resucitaré”.
La fe se hace certeza: cuando
entró en el sepulcro "vio y
creyó." Ocurrió lo mismo al
principio de su aventura con
Jesús, cuando creyó aquellas
palabras suyas, ahora más
misteriosas: "venid y ved."
La
resurrección de Cristo es una
experiencia tan sorprendente e
irresistible que también Pedro y
Juan han tenido que
"esforzarse" para poder
aceptarla y entenderla.
Esperaban ver a un muerto, y
perciben una nueva presencia, la
del Resucitado, que supera
cualquier experiencia hasta
entonces vivida.
Juan, examinando aquellos
pequeños "signos", intuye la
verdad: "¡ved y creed!".
La
certeza le llega por haber
creído en la Palabra de Jesús.
La fe en el Resucitado nace de
la fe en la Palabra: “Pues
no habían entendido todavía la
Escritura, según la cual era
preciso que Él resucitase de
entre los muertos”.
(Jn 20, 9). La certeza de que
Jesús ha resucitado que pone el
sello de la certeza sobre quién
es y lo que nos dijo, hacen
nacer en Juan también las
intuiciones del amor, por ser "el
discípulo que Jesús amaba".
La sintonía de amor de lo
interior, las señales humildes
del exterior y la memoria de su
Palabra, engendran la certeza de
su fe en el Resucitado.
En
el momento histórico que estamos
viviendo, también para nosotros
el sepulcro de Cristo parece
estar vacío. Sin embargo, para
Juan, el descubrimiento del
sepulcro vacío pone en
movimiento a todos los
personajes que creyeron en Él.
Una vez en posesión de la
experiencia del Resucitado, lo
anuncia a pesar de la
incredulidad de quien le
escucha.
También para nosotros hoy esto
constituye un doble y continuo
empeño: descubrir un sepulcro
vacío y proclamar su
resurrección. La experiencia del
sepulcro vacío y la proclamación
de su resurrección pueden
convertirse en un programa de
vida espiritual y apostólica
para todo el Instituto. Pero
exige, ante todo, correr al
sepulcro con el amor de María y
con la ansiedad apasionada de
Pedro y Juan.
Estos son mis votos y deseo de Buena Pascua.
Que todos, Hermanos, miembros de
las Fraternidades Nazarenas,
amigos, redescubráis cada día
más la fuerza y la verdadera
libertad que la fe en el
Resucitado nos da.
Que os dejéis sorprender de la
presencia del Resucitado y lo
acojáis con la fe, la esperanza
y el amor del Hermano Gabriel
Taborin, nuestro Fundador.
¡BUENA Y
SANTA PASCUA ¡
Fr. Lino Da
Campo,
Superior General
|
|
"Entramos en
el establo de
Belén
y vemos a un Dios en un pesebre.
Su cuerpo
siente frío,
pero su
corazón arde de
amor
por nuestra
salvación.
Si llora es
para lavar
nuestras culpas…
También
nosotros
lloramos de
ternura,
al ver a un
Dios que tanto
nos amó.
Como los
pastores
ofrezcámosle
nuestros
corazones."
(Del "Tesoro
de las Escuelas
Cristianas"
o libro de
lectura para los
alumnos de los
Hermanos de la
Sagrada Familia) |
|
En nombre propio
y en el de todos
los miembros de
la
Administración
General los
mejores deseos
de
¡una Feliz Navidad y
un Próspero Año Nuevo 2007!
Hermano Lino Da
Campo
Superior General |
|
 |
|
|

"… Qué hermosos son sobre los montes los pies del
mensajero…
que trae la buena nueva".
(Is 52, 7)
Queridos Hermanos y amigos:
Como cada año, también en este mes de
noviembre de 2006 os ofrezco una reflexión sobre un
aspecto particular de la vida del Hermano Gabriel,
nuestro padre Fundador. Me refiero al deseo que
manifestó de ser “misionero ad gentes” en tierras
lejanas.
Me está sugerida al contemplar lo que
el Señor ha realizado y en estos momentos está
realizando en nuestra Congregación: concretamente, la
gracia de estar viviendo una destacada entrega en la
evangelización y en la promoción del hombre; la
capacidad y el coraje de algunos Hermanos jóvenes, que
dejando su tierra, su mundo con sus comodidades, les
lleva a ir allá donde hay quien sufre, a menudo
precisamente por el egoísmo de quienes podrían con un
poco esfuerzo aliviar sus sufrimientos.
Me permito recordar brevemente algunos
acontecimientos muy significativos, sobre todo para una
Congregación pequeña como la nuestra, para que, al mismo
tiempo que damos gracias a Dios por la valentía y la
generosidad de estos Hermanos, les acompañemos con la
oración y el apoyo fraterno.
El 27 de septiembre tres hermanos de la
Provincia de la Asunción (España), Fernando Cob,
Saturnino Álvarez y Carlos Amor, llegaron a Bucaramanga,
ciudad del Norte de Colombia, para fundar una nueva
comunidad. Una comunidad deseosa de transmitir en
aquellas tierras, no siempre en paz, la riqueza de
nuestro carisma taboriniano y el don de su presencia
hecha oración, atención a quien se encuentra en
dificultad, sobre todo, a los más pequeños, a menudo
víctimas de un sistema injusto.
No podemos olvidar el apoyo generoso en
dinero de muchas personas que, con el mismo espíritu
que los Hermanos, quieren contribuir a una idéntica
misión.
Precisamente unos días antes, el 1° de
octubre de 2006, se tuvo en Villa Brea el 4° Encuentro
de los “Campistas SaFa", un simpático encuentro que ha
vuelto a convocar a muchas personas jóvenes y menos
jóvenes, que dedican parte de su tiempo y sus fuerzas
para entablar fuertes relaciones de amistad y ayudar a
vivir con esperanza su futuro.
En esa ocasión se recordó, al ser presentado el libro
biográfico de la escritora Cristina Siccardi, la vida y
obra de un gran misionero, hijo espiritual del Hermano
Gabriel Taborin, uno que ha interpretado con fuerza su
sentido misionero. El Hermano Silvestro Pia, durante 46
años transmitió en Burkina Faso el carisma taboriniano
con el testimonio de su vida, hecha sonrisa, atención,
acogida del pobre, enseñanza a los jóvenes, sudor y
sufrimiento. La presencia multitudinaria en sus
funerales fue, sin duda, la confirmación de que alguien
les había querido de verdad y que por ellos, sobre todo
por los más pobres y abandonados, fue capaz de gastar su
vida.
La última llamada "misionera" la estamos
viviendo estos días en la Curia General de Roma, donde
un joven Hermano argentino, de 29 años, H. Miguel Del
Corro, está pasando unos días entre nosotros antes de
trasladarse a Filipinas, e integrarse en la Comunidad de
Lasang continuando así el camino misionero que nos
trazó el Hermano Gabriel Taborin, como leemos en algunas
de sus cartas al Obispo Mons. Joseph Cretin, con ocasión
del el envío de cuatro Hermanos a su diócesis de S.
Paul de Minnesota (EE.UU.).
Releamos juntos algunos párrafos de su
primera carta, escrita el 27 de febrero de 1854, de la
que emana con evidencia y fuerza su gran deseo de ser
misionero:
“…Qué
dichoso me sentiría si alguno de nuestros Hermanos fuera
a trabajar bajo su sabia dirección en la tierra del
Padre de familia que le ha tocado en suerte y llevar el
buen olor de Jesucristo allende los mares. Si mi edad y
los lazos indisolubles que me atan a la sede de nuestra
Sociedad no fueran obstáculo, sería el primero en
responder a su llamada pastoral, tan halagadora para
nuestra Congregación que Dios bendice. Personalmente,
deseo más el título de catequista en tierra de misiones
que cualquier otro de dignidad humana.
Está por demás decirle,
Monseñor. que estoy deseoso de enviarle un grupo de
catequistas y maestros, convencido de que, con el
auxilio de la gracia divina y con sus consejos, harían
mucho bien
".
En la carta del 25/10/1854, expresa al
Obispo sus esperanzas, sus deseos y su voluntad.
Manifiesta su corazón de padre, preocupado por sus
hijos:
“Monseñor:
…Los cuatro Hermanos que os prometí
salen hoy mismo de nuestra casa Madre rumbo a S. Pablo.
Recíbalos, Monseñor, con su paternal bondad. Sin dejar
de pertenecer a nuestra Sociedad, van a ser suyos.
La primera carta que tuve el honor de
dirigir a Su Excelencia con fecha 27 de febrero pasado,
le expuse las condiciones en las que le enviaba los
Hermanos. Será usted, Monseñor, el encargado de proveer
a sus necesidades en salud y enfermedad, a sus gastos de
viaje en el caso de que, por cualquier motivo, tuvieran
que volver.
Desearía ardientemente que, siguiendo
nuestros Estatutos de los que los Hermanos le
entregarán un ejemplar, se abriera en su ciudad
episcopal una casa noviciado del Instituto que daría
Hermanos no sólo para su diócesis sino también para
otras obras en América,
Podría también, Monseñor, abrir un
pequeño pensionado que funcionase junto al noviciado.
Proporcionaría algunos recursos económicos a la obra. En
fin, Su Excelencia arreglará todo según su gran
sabiduría y hará con nuestros Hermanos todo el bien que
pueda, asignando a cada uno las funciones a las que
deberán dedicarse. Espero sean todos hijos obedientes
Los Hermanos van a América con el
deseo de hacer el bien. Aceptaron la misión con un
fuerte espíritu de fe y han demostrado una gran
generosidad de sacrificio al querer ir allende los
mares, aunque les cuesta alejarse de sus padres, de sus
Hermanos, y de su patria. Deseo que se acostumbren a la
de Usted. Espero que Dios les dé las gracias necesarias
y perseveren en su santa vocación.
Le ruego, Monseñor, esté muy cerca de
ellos para que las asechanzas del demonio o el deseo del
dinero y otras cosas de este mundo, no hagan presa en
ellos como por desgracia ha sucedido a sacerdotes y
religiosos de otras congregaciones. Rezo para que una
tal desgracia no les suceda. Me causaría un gran dolor y
preferiría, aunque mucho les quiero, verlos morir antes
que enviarlos a su país, si supera que iban a cometer
semejante apostasía”.
Nuestras Constituciones
recogen esta herencia espiritual. Hay como un hilo
ininterrumpido que va desde el Fundador a nuestros días,
llevado adelante por muchos "Hermanos misioneros" que en
lugares de "missio ad gentes" todavía levantan hoy la
antorcha de la evangelización y el don del misterio de
salvación que es Cristo (cf. Ef 3, 1-3.5-12.).
Estos Hermanos nuestros nos
recuerdan cada día que también nosotros tenemos que ser
misioneros allí donde estemos y nos invitan a elevar la
mirada hacia otros horizontes de evangelización, a los
que el carisma del Hermano Gabriel puede ofrecer el don
de la fraternidad, su concreto ideal nazareno y el
anuncio explícito y fuerte del misterio de salvación que
es Cristo y su Evangelio.
Hoy con alegría reconocemos
que también muchos laicos, han entrado en este espíritu
y su participación en nuestras misiones de Burkina y
Ecuador lo confirman. La esperanza que tenemos y los
votos que formulamos es de verlos pronto también como
colaboradores en Filipinas, en la India y en Colombia.
Todos tenemos que reavivar
cada día nuestro empeño de "ser misioneros" donde
estemos. Y podemos hacerlo con nuestra fraternidad, con
nuestra palabra, anunciando la buena noticia de un mismo
Padre que nos hace hermanos y nos recuerda que lo
primero que debemos superar es nuestro egoísmo, el
permanecer encerrados en nosotros mismos. Si queremos
percibir el horizonte de su Reino tenemos que levantar
la mirada a Dios más que a las fronteras de la tierra.
Con el Fundador vivimos la certeza
evangélica que todo lo que hacemos a un hermano nuestro
lo hacemos a Dios, y que por lo tanto también merece el
sacrificio de la propia vida.
Fr. Lino Da Campo
Superior
General
24 de noviembre de 2006:
142° aniversario del nacimiento al cielo del Hermano
Gabriel Taborin
|
|