El perfil espiritual del Instituto 

     ¡Que nuestro Instituto sea tu obra!    

      Enraizados en la alegría   

      Ayudemos el actuar de Dios... 

      Una presencia viva entre nosotros

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El perfil espiritual del Instituto,

 

1. "Confirma fratres tuos" (Lc 22,32).
 

Éste ha sido el imperativo evangélico que me ha guiado durante la visita canónica a las Comunidades del Instituto, iniciada el 13 febrero del 2006 y acabada el 17 abril del 2007.

Para alcanzarlo, me propuse dialogar largo y tendido con cada Hermano; animar la conversión del corazón y la mente, un camino que en muchas partes se está haciendo con seriedad; invitar a cada Hermano a dejarse penetrar cada vez más por la Palabra de Dios, aprovechando el tiempo de la meditación y de la lectura espiritual; resistir a la tentación del activismo, que cansa físicamente, ofusca la mente y endurece el corazón; y estar abiertos siempre al Hermano, allá donde la obediencia nos llame a vivir nuestro apostolado. Añadamos, además, avivar y profundizar la relación con la Sagrada Familia, modelo y apoyo de nuestra vida espiritual, fraterna y apostólica; y redescubrir cada vez más en profundidad al Fundador, padre amoroso, guía seguro y estimulo constante.

Frente a las dificultades que hoy se pueden encontrar en el camino de la santidad y a los escasos éxitos obtenidos, he recordado a los Hermanos que no se desanimen, porque, a pesar de todo, cada uno de nosotros es un don específico de Dios a la Iglesia y al Instituto.

A los Hermanos más jóvenes les he pedido que tengan siempre presente que su joven sensibilidad religiosa puede ser un estímulo importante para el Instituto, porque todos estamos en formación permanente.

Si, durante la visita, en el encuentro con los Hermanos, hubo de mi parte, una insistencia mayor sobre un punto específico, tenía como finalidad llamar la atención sobre la dimensión espiritual de la vida del Hermano, base de la dimensión espiritual del Instituto.

Este aspecto ya traté de subrayarlo en la Circular del 12 de octubre de 2005, volviendo a llamar reiteradamente la atención sobre la necesidad de reforzar nuestra dimensión espiritual para vivir en plenitud como religiosos y apóstoles, y no sólo, o no tanto, como apreciados "obreros del bien". Convencido, por una parte, de que un Hermano es "fuerte" cuando está unido a sus Hermanos, sobre todo en el ámbito espiritual y que puede enriquecerse de sus experiencias espirituales, y por otra parte, seguro de que la fe se vuelve más fuerte si se comparte y se comunica, os propongo en la presente Circular, cuanto he recogido acerca de la incidencia que la Palabra, la presencia de la Sagrada Familia y el Fundador, tienen en nuestra vida de Hermanos de la Sagrada Familia.

En este intento me ha servido de estímulo el sentido profundo de vuestra collatio en la Lectio Divina, las propuestas del último Capítulo General y la sensibilidad de los Hermanos jóvenes que en su mensaje al Instituto, al término del Encuentro del Campanero en Uruguay, en el tema "EXPERIENCIA DE DIOS", se propusieron mantener viva la conciencia de la presencia de Dios en su vida. Y a partir de esta experiencia, ser testigos, compartiéndola en comunidad, comprometiéndose a estar cercanos, dispuestos, capaces de escuchar, de acompañar y de vivir el espíritu de Nazaret.

He podido constatar que muchos "Proyectos de vida comunitaria" expresan este deseo, pero, desafortunadamente, también he notado que este deseo muchas veces no se atiende suficientemente. El desafío de compartir en comunidad nuestra experiencia de Dios, en efecto, encuentra, un poco en todas partes, cierta dificultad. Hay como una resistencia interior a manifestarse. Y, hablan como de un desafío, también nuestros Hermanos jóvenes, que sienten la necesidad de compartir fraternalmente no sólo lo que hacen en su trabajo profesional o en el campo apostólico, sino también la dimensión más íntima de la vida: la fe, el encuentro con Dios, las relaciones personales con la Palabra, con la Sagrada Familia, con el Fundador.

Para poder dar una respuesta verdadera a este desafío, para un conocimiento más concreto y real, durante la reciente visita canónica he buscado de recoger de la viva voz de cada Hermano "la intimidad de sus experiencias espirituales", experiencias que difícilmente se pueden escuchar en los encuentros comunitarios. Me considero el primer beneficiado de esta íntima comunicación que me ha parecido venir del corazón de los Hermanos.

Hay que reflexionar intensamente frente a las maravillas que Dios cumple, maravillas que a menudo, sobre todo en los Hermanos más ancianos, permanecen en la sombra, escondidas tras un velo de modestia o de temor, fruto de una educación recibida. Alzar ese velo y descubrir lo que Dios puede hacer y ha hecho en el corazón de un Hermano, reconforta mucho, sobre todo en los momentos difíciles o de desorientación.

Cada "revelación" que el Hermano hace de su intimidad, por pequeña que sea, es un gran regalo a sus Hermanos. Es como la lámpara de que habla el Evangelio: ilumina la habitación "de la fraternidad". Cada "revelación" contribuye a reforzar el espíritu de familia que nos es absolutamente necesario para vivir en la alegría y en la paz del carisma del Hermano Gabriel. Es un himno de alabanza y agradecimiento por la historia de salvación que Dios escribe en la vida de los Hermanos y del Instituto.

Más de una vez, os lo confieso, he percibido vuestra alegría al expresaros libremente, precisamente porque no siempre, como ya he subrayado, uno se atreve a hacerlo en comunidad. En efecto, lo que tenemos de más íntimo como las relaciones con Dios, es tan delicado, único y precioso, que, a menudo, no estamos en disposición de darlo a conocer a quien no nos ha abierto su corazón para acogerlo. Para poder recibir en profundidad y dignamente cuanto un Hermano nos confía de su intimidad y, agradecidos, maravillarse del misterioso actuar de Dios, es necesario un corazón fraterno, humilde y atento.

Personalmente, y no me canso de repetir, lo que he recogido ha sido, y continúa a ser para mí, un verdadero motivo de admiración y gratitud a Dios. Y, precisamente por ello, os lo propongo también a vosotros, porque estoy convencido de que lo que dice un Hermano de su vida interior, de su encuentro con Jesús, con la Sagrada Familia y con el Fundador os servirá de estímulo para crecer interiormente.

Acercarnos al misterio del Hermano nos ayuda a acercarnos al misterio de Dios. El misterio de Dios y el misterio del Hermano caminan juntos, pero necesitan una buena dosis de contemplación para ser percibidos. Deseo que lo consigáis.

Al reflejar lo que me habéis dicho, he conservado el estilo coloquial, porque creo que vuestras respuestas llevan en si una fuerza particular y una delicada belleza, fácilmente perceptibles. Habría sido ciertamente aún más bonito, si hubiera podido también reflejar la vivacidad y el tono con que os habéis expresado.

En la clasificación del material recogido he tratado de destacar de cada uno de los temas, el sentir de los Hermanos. Lo he subdividido en tres grupos según la edad "religiosa": Hermanos de más de cincuenta años, los incluidos entre los veinticinco y los cincuenta, y los que están por debajo de los 25 años de vida religiosa.

En cada una de estas franjas emerge el "perfil de Hermano" con el que nos podemos confrontar.

Para otras consideraciones os remito a los textos, agrupados bajo títulos que ofrecen una cierta comodidad de consulta, aunque las respuestas contienen a menudo más de una perspectiva. A excepción de algunas repeticiones textuales, he preferido escribir las respuestas como han sido expresadas. Al transcribir lo que he escuchado, he tratado de ser lo más fiel posible. Pido disculpas si, a veces, no he logrado expresar toda su profundidad y belleza

Estoy convencido de que también vosotros, al terminar su lectura, constataréis lo mismo que yo he constatado y llegaréis a la misma conclusión, lógica y exaltante a la vez, que: ¡enraizados en la Palabra de Dios, particularmente en el Evangelio, siguiendo el ejemplo y con la ayuda de la Sagrada Familia, guiados y acompañados por el Hermano Gabriel Taborin, podemos ayudarnos a hacer del Instituto un nuevo Nazaret, una casa que revele que el Emmanuel, el Dios con nosotros está presente y es el Señor!

Hermanos, os devuelvo, por lo tanto, lo que me habéis confiado con expresiones sencillas y sinceridad de corazón: el perfil espiritual del Instituto que se desprende de las respuestas a tres aspectos sobre la realidad que estáis viviendo: ¿Qué texto bíblico, o qué actitud de Jesús u otro personaje bíblico, ha animado y está animando tu vida? ¿Quién es para ti la Sagrada Familia? ¿Quién es para ti el Hermano Gabriel Taborin?

¡Doy las gracias a cada uno de vosotros por lo que es y agradezco a Dios por haberme dado tales Hermanos!

 

I. MI ENCUENTRO CON DIOS EN SU PALABRA.

 

2.- ¿Qué texto bíblico o qué actitud de Jesús o de un personaje bíblico ha animado y está animando tu vida?

Nuestra Regla al referirse al encuentro diario del Hermano con la Palabra de Dios dice que tiene lugar sobre todo en cuatro momentos del día: en la liturgia de las horas, en la meditación, en la celebración litúrgica de la misa, en el estudio o en la lectura meditada de la palabra de Dios.

Cuando la Palabra puede entrar en la mente y echar raíces en el corazón se hace importante para la vida. La parábola del sembrador nos recuerda, en efecto, que la Palabra es germen de vida, pero que necesita la acogida del corazón para brotar y dar fruto.

El momento que ofrece el espacio de apertura a la Palabra es el de la meditación. No por nada en los últimos Capítulos Generales se ha insistido mucho en la meditación. Y de la importancia de la meditación también he hablado personalmente, en comunidad o en el coloquio personal. La meditación, en efecto, ayuda a tomar conciencia de quiénes somos, qué necesitamos, y qué tenemos que hacer, y de lo que la Palabra acogida puede obrar en nuestra vida.

Las respuestas dadas dejan entrever que la Palabra ha encontrado buen terreno en el corazón del Hermano, un terreno más o menos profundo, pero suficiente para permitir que engendre vida y la ilumine.

Si, como se dice, la boca habla de la abundancia del corazón, personalmente puedo dar testimonio de que en las respuestas escuchadas aparece algo largamente meditado, por mucho tiempo amado, y desde hace tiempo, experimentado. Por esto escuchar la experiencia que un Hermano hace de la Palabra es entrever lo que hay en el corazón del Instituto.
 

3. Perfil espiritual del Instituto que se desprende de las respuestas de los Hermanos de más de 50 años de vida religiosa

Para los Hermanos incluidos en este grupo la meditación debería ya haber alcanzado la contemplación, y la contemplación habría tenido que transformarse en gratitud, agradecimiento, alegría y paz.

Las respuestas, en base al texto elegido, también revelan el grado de experiencia contemplativa. Me he encontrado, Hermanos, con una gran riqueza interior, con el gusto de la contemplación sencilla y profunda, con la paz que viene de la sabiduría, propia también de la edad, con la alegría límpida del pobre que recibe todo como don.

Con igual honestidad tengo que decir, en cambio, que en algunos Hermanos el sentido contemplativo está poco desarrollado y es poco profundo. Ha faltado, quizás, una formación capaz de ayudarles a renovarse en el tiempo. Y esto aunque se sea fiel al tiempo de meditación previsto por la Regla.

Sí, para unos y otros se nota un fuerte sentido de fidelidad al propio deber, en todos los campos. Este sentido, en el ámbito de la oración, los lleva, (y siempre los ha llevado), a ser fieles a las prácticas de piedad, presentes y puntuales en los momentos establecidos. Es raro que el tiempo de la meditación supere la tradicional media hora prevista por la Regla. A pesar de estos límites, agradezco a Dios por lo positivo que he podido constatar en el corazón de los Hermanos.

La elección de textos sobre los que meditan es significativa. A algunos les gusta meditar los textos que la liturgia de la palabra de la misa del día propone. Se ve claro que en el amor al evangelio del día se manifiesta el amor en el "diario de la vida", un caminar con Jesús, día tras día entre la gente con la que se vive.

Esto llevaría a pensar que se trata de la "virtud de la costumbre", en realidad esconde otra dimensión, la de un ritmo de vida lleno de serenidad, de sencillez, de esperanza agradecida, de memoria, y también un saborear la esperanza de pequeños progresos. Es como uno que mira sereno hacia el encuentro definitivo.

Para muchos de estos Hermanos emerge fuerte el amor a Dios y al prójimo. En ellos es fuerte la llamada a "convertirse al amor de Dios y al prójimo". No es tanto una invitación a una conversión del último minuto, cuanto el deseo de llegar a la plenitud del amor de Cristo que, "los amó hasta al final" (= está amándolos hasta el final), y con esto nos indica cómo amar en plenitud a Dios y a los hombres.

Los dos amores, el de Dios y el de los hermanos, se reclaman mutuamente: "Aprende a querer al prójimo y aprenderás a querer Dios". Cuando el amor al hermano visible se convierte en "sabiduría", experiencia de vida, también el amor a Dios invisible se purifica y se hace permanente. Se vive con la certeza de que "Dios es amor" y fuente de todo amor. Y en el banco de prueba se ve si se acepta el "vosotros sois todos hermanos", y cómo continúa siendo siempre nuevo el mandamiento "amaos los unos a los otros como Yo os he amado", habiendo aprendido que cada cosa que se hace al hermano "me la habéis hecho a mí"´.

¿Cómo amar? El himno a la caridad de Pablo (cf 1 Cor 13), nos muestra el camino. La lectura de la parábola, habitualmente llamada del hijo pródigo, es leída sobre todo bajo el prisma del amor del Padre hacia los dos hijos, ambos necesitados del amor "paterno."

Siempre queda fuerte en bastantes Hermanos, la referencia a la vocación. Se inicia reconociendo que "no sois vosotros quienes me habéis elegido, sino que he sido Yo quien os he elegido" y se desarrolla como camino largo y a veces pesado: "¿Señor, a quién iremos? Tú tienes las palabras de la vida eterna". La vocación permanece como diálogo con Quien la ha dado, un diálogo que dura toda la vida.

La vocación es una respuesta continua, respuesta generosa que se convierte en deseo de "hacer la voluntad de Dios" hasta el final, porque "quien pone la mano en el arado no debe mirar atrás."

Aunque se envejece físicamente, se trata de tener fino el oído, porque "el Señor está a la puerta y llama", o sigue estimulándonos con su "duc in altum", hasta el último día de la vida, y no podemos simular no oírlo.

"Cristo es el centro de todo" y, como buen pastor nos atrae. Se le ve como la verdadera vid, el pan de vida, el camino, la verdad y la vida. Sobre todo es el buen samaritano. Se camina con Pablo hasta alcanzar el "para mí vivir es Cristo."

A todas las edades es importante "repartir de Cristo" cada día, y continuamente celebrar en la oración a "Dios mío y Señor mío".

Con los achaques que los años nos traen, se convierte en manantial de contemplación su "pasión, muerte y resurrección", su haber venido para servir, no para ser servido.

Jesús, en cambio, también es El que propone y enseña el camino de las bienaventuranzas y nos dice que éstas empieza por su amistad: "vosotros sois mis amigos."

Asumir la invitación de Pablo: "Tened los mismos sentimientos que Cristo Jesús", se convierte en la sabiduría mayor, en el compromiso más serio.

Para los Hermanos de esta edad no faltan las referencias a Maria: la Anunciación es la página evangélica más luminosa para entender su "fiat". Como no faltan una llamada a la importancia y belleza de la oración, a la alegría del canto, al estímulo que viene de los Salmos, sobre todo de los que invitan al encuentro con Dios.


4. Perfil espiritual del Instituto que se desprende de lo que dicen los Hermanos de edad de entre 25 y 50 años de vida religiosa

Estos Hermanos centran sobre todo su atención sobre el compromiso apostólico y sobre las responsabilidades que les son confiadas. La meditación, por lo tanto, todavía es búsqueda, pero se entrevé que poco a poco se convertirá en contemplación. El actuar se centra sobre todo sobre el "cumplir el propio deber", y sobre esto son a veces particularmente exigentes, incluso críticos, leyendo en este sentido el: "No el que dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad del mi Padre que está en los cielos".(Mt 7, 21)

Destacan algunas preferencias significativas.

Llevados por la certeza de que Dios nos ama, también para ellos, el evangelio de la liturgia del día es un punto de referencia importante. La parábola del amor misericordioso es leída colocándose de parte del hijo pródigo, pero ya se entrevé la sensibilidad del amor "escandaloso" del Padre hacia los dos hijos.

Entre las páginas más queridas del evangelio, tenemos los Evangelios de la infancia, con las figuras de José y de María, el Prólogo de San Juan, la samaritana, el samaritano, los evangelios de la resurrección y del juicio final, y sobre todo los capítulos 6 al 13 del evangelio de Juan.

El amor a Dios y al prójimo lleva a estos Hermanos a poner principalmente su atención sobre el amor al próximo. Se diría que la convicción de que cada hombre es tu hermano obedece a lo que dice Juan: "como puedes pensar de amar a Dios que no ves si no amas al hermano que ves". Por lo tanto la mirada se pone horizontal más que vertical: el otro es mi hermano. Detrás del rostro del hermano, se intuye el misterioso rostro de Dios.

Día tras día, algunos están descubriendo, la fuerza del "pero vosotros sois todos hermanos." La regla de oro "ama al próximo como a ti mismo" se vive "animados por el afecto fraterno", sobre todo en el saber perdonar, llevados por las indicaciones prácticas del "himno a la caridad", y con la constatación concreta, y ciertamente experimentada, de que "hay más alegría en el dar que en el recibir."

La actitud de "cercanía" de Jesús, a cada persona necesitada, se convierte en un ejemplo importante para el apostolado.

También para ellos la vocación es tema prioritario, del que habla el mayor número. Es vista sobre todo como respuesta explícita al "ven y sígueme" porque "eres tú quien me has elegido", reconociendo que continúa siendo una búsqueda que tiene que permanecer siempre viva y llevar al compromiso, porque: "¿A quién iremos? Tú tienes palabras que dan plenitud a la vida". Es una respuesta que se convierte en disponibilidad a Jesús y confiada entrega a su voluntad: "haz de mí lo que quieras, como quieras, y cuando quieras."

Son importantes algunos personajes bíblicos que han vivido su vocación en la dificultad y también en forma dramática: Abraham, el Siervo de dolores, Jeremías, Pedro, Zaqueo. Algunos la sienten y la viven como la lucha de Jacob en el río Yabbok, pero saben que puede convertirse en el perfume de Betania o en la experiencia sublime del "para mí, vivir es Cristo". Y en estos momentos difíciles se agarran al "te basta mi gracia."

La vocación para el apostolado trata de convertirse en "disponibilidad en el servicio, humildad en la acción, perseverancia en la oración" sin acepción de personas, confiados en que "el Señor completará por mí su obra".

En esta edad los Hermanos se sienten más fuertes y animados, y creen más firmemente en cuanto Jesús ha dicho: "No temáis!"

Debería aparecer más clara también la alegría, sea porque, como dice Nehemías, (Ne 8,10), "la alegría del Señor es vuestra fuerza", sea porque mostraría un rostro más atractivo paa las nuevas vocaciones y para el pueblo de Dios.

Se cree a cuanto Jesús ha dicho: "Venid todos los que estáis cansados y oprimidos, que yo os aliviaré", y por lo tanto, se busca para estar junto a Él. También el deseo de la oración se hace más insistente y frecuente.
 

5. El perfil espiritual del Instituto que se despende de cuanto dicen los Hermanos con menos de 25 años de Vida religiosa

Los Hermanos ponen sobre todo la atención: sobre la persona de Cristo, modelo fascinante y misterioso; sobre la vocación, que madurando nos envuelve más; y el amor fraterno se hace apoyo indispensable para se fiel a Dios y al apostolado.

La meditación es sobre todo búsqueda de comprensión del sentido de la misma vida religiosa. Aparecen las primeras experiencias de contemplación.

La experiencia más sentida es la vocación. Varios Hermanos evidencian la fuerza que tiene para ellos el texto: "¿Señor, a quién iremos? Eres Tú quien tienes palabras de vida eterna." Parece como si el joven Hermano buscase estar seguro de su elección. Los abandonos de algunos compañeros de camino han sido vividos como un replantearse aspectos, sentimientos, convicciones, decisiones, que durante el noviciado aparecían como ciertos.

En su respuesta vocacional el Hermano está descubriendo lo fundamental que es asumir poco a poco la invitación existencial de Pablo: "Tened entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús."

Al mismo tiempo, en cambio, tiene que controlar continuamente la búsqueda de la autoafirmación y el seguimiento de aquel Jesús que "no ha venido para ser servido, pero para servir". Convencido de que quien lo sigue tiene que hacer lo que Él ha hecho, para sentir y vivir como Él.

Los Hermanos están convencidos que la vocación es sobre todo respuesta personal: "te he llamado por tu nombre: me perteneces". Es personal incluso la experiencia del "te basta mi gracia". Aunque si te sientes "obrero de la última hora", el Señor te sostiene: "llevo tu nombre escrito en mi mano" y "antes de que fueses formado en el seno materno."

Por eso algunas vocaciones bíblicas les son particularmente significativas: la vocación de Abraham y más todavía la de Jeremías, que lleva a discutir con Dios: "Me has seducido, Señor, y me he dejado seducir". Convencidos, en cambio, que el atractivo del enamoramiento podría debilitarse si no se experimenta una verdadera seducción por Cristo. Con los discípulos de Emaús, el Hermano descubre que el Señor camina al lado, y que el Espíritu del Señor está sobre los que siguen a Cristo.

Unido al tema vocación-llamada está el de la vocación-perseverancia. No se tiene que olvidar nunca que la vocación "la llevamos en vasos de barro". La fidelidad se vive con paciencia día tras día:"Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Por eso es importante el ejemplo de Job que en las dificultades "permaneció fiel."

Con Jesús se puede llegar hasta poder decir: "Se cumpla, [oh Padre] tu voluntad y no la mía". Y en la medida que la vocación se descubre como don de Dios, aumenta la oración al "dueño de la mies para que mande a otros operarios".

La perseverancia requiere vigor: "revestíos con la coraza de la fe y la caridad teniendo como yelmo la esperanza de la salvación". Requiere confianza "ni un cabello de vuestra cabeza perecerá."

Muy importante es la fascinación que produce la figura de Jesús en el joven religioso.

En primer lugar Jesús es "el camino, la verdad y la vida", se revela indispensable: "yo soy la vid y vosotros, los sarmientos". En Él "hemos encontrado al Mesías", por Él "hemos dejado todo". Jesús es el buen pastor, el libertador, se identifica con el que se ama, "me lo habéis hecho a Mí". No teme decirnos "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo" y al mismo tiempo: "Permaneced en Mí" y "estaré siempre con vosotros". Jesús está "a la puerta y llama" cada día.

Para bastantes religiosos jóvenes empieza a ser importante la meditación de la palabra del evangelio de la misa del día. Les ayuda a buscar la orientación del propio camino y la voluntad de Dios, en lo cotidiano de la vida, allí donde se encuentran, con los demás, con la Iglesia.

Otro aspecto que está afirmándose en ellos es la atención al otro, reconocido y acogido como hermano. "Por encima de todo esté la caridad" porque "sois todos hermanos" y siguiendo el ejemplo de Cristo es posible "dar la vida por los mismos amigos." Están cada vez más atentos a reconocer la presencia de la "sabiduría de la vida" y el sentimiento de gratitud, hacia Dios y los hermanos.

Es difícil establecer un escalafón de las "páginas más queridas". Es como encontrarse en un jardín exuberante con la belleza genuina de los evangelios de la infancia y la delicada fragancia de la "contemplación nazarena" sobre el obrar sorprendente de Dios: "Te bendigo, o Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has tenido escondidas estas cosas a los sabios e inteligentes y las has revelado a los pequeños."

 

II. ¿QUIÉN ES PARA TI  LA SAGRADA FAMILIA?
 

6. El perfil espiritual del Instituto que se desprende de lo que dicen los Hermanos con más de 50 años de vida religiosa sobre la espiritualidad nazarena.

La atención de estos Hermanos se centra en definir y describir esta espiritualidad. En otras palabras: en quién es para ellos la Sagrada Familia; en cómo viven su sentido de pertenencia a la Sagrada Familia; en cómo dejarse llevar por este modelo vivo que engendra vida; en cómo viven con alegría y confianza la devoción a sus San Patrones.

La "definición" que los Hermanos dan de la Sagrada Familia es existencial, no intelectual: "Es nuestra familia, "nuestra 'santa' Familia", una familia "que tiene en sí todo nuestro ser HSF." La Sagrada Familia es el centro de su vida. Para ellos es "todo"; es la "familia en la que se sienten hermanos", la familia "en la que se busca vivir."

Nazaret (la palabra preferida es Sagrada Familia), es el lugar donde "ha nacido y crecido el Evangelio", "es mi casa, "es la fuente desbordante de todo lo que hemos recibido de bueno en nuestra familia natural", es "un modelo de vida."

El sentido de pertenencia es expresado de dos modos diferentes: como "nuestra familia" o como familia a la que pertenecemos. Dos modos diferentes de expresarse, que tienen, en cambio, el mismo contenido. En ambos casos se percibe que hay "familiaridad" con Jesús, María y José. Nazaret "es mi casa", la Sagrada Familia es "una familia donde es bonito vivir."

La Sagrada Familia es el modelo. Y los aspectos que hay que imitar sobreabundan. En primer lugar se desea imitar el amor que reinaba entre las tres personas, y, luego, la vida de familia hecha de unión, de trabajo, de oración, de vida oculta. Nuestro lema "in oratione, labore et caritate: pax" y el cuadro oficial que lo hace "visible", dicen claramente en lo que la Sagrada Familia es modelo. En ella está todo lo que necesitamos".

Nazaret es un estilo de vida. Tres son las enseñanzas importantes que Nazaret nos ofrece: el valor de lo cotidiano; el misterio de la encarnación; el espíritu de familia, el espíritu de amor y humildad, de oración y trabajo.

La "devoción" es muy apreciada y ocupa un puesto importante.

Se percibe que es, ante todo, una relación de confianza, un diálogo que se establece sobre todo con la oración, con frecuentes invocaciones. Se reconoce fácilmente la influencia de la formación del pasado que tuvo dos palabras claves: devoción e imitación.

Se mantiene un interés particular por María. Un poco menos por José. También aquí se reconoce la huella de la formación inicial, donde la "Consagración a María" (de Grignon de Montfort), fue propuesta y hecha por todos los Hermanos.

A quién me pregunta si se reconoce la espiritualidad nazarena, contesto que sí, aunque no es una espiritualidad conceptual y verbalmente muy elaborada. Se manifiesta sobre todo en el deseo de imitación y en el gran sentido de confianza.

7. El perfil espiritual del Instituto que se desprende de lo que dicen los Hermanos de 25 a 50 años de vida religiosa sobre la espiritualidad nazarena.

Los Hermanos de este grupo de edad, ponen su atención sobre todo en definir, (o describir), quién es la Sagrada Familia para ellos porque marca el estilo de sus relaciones. Viven intensamente el sentido de pertenencia: se sienten miembros de esa familia; la toman como modelo y apoyo; su sincera devoción, es expresión de confianza y amor; buscan con empeño asimilar la espiritualidad nazarena.

Se logra describir el objeto del propio amor e interés sólo cuando ya se ha vivido la relación de "familiaridad". Nazaret es ante todo un "lugar teologal y un estilo de vida espiritual". Es "la perfecta imagen en la tierra de la Santísima Trinidad y modelo perfecto de como vivir el Evangelio". "Nos introduce en lo íntimo del misterio de la encarnación del Hijo de Dios."

Nazaret en su aspecto exterior, encierra un misterio "interior": una vida en contacto con Dios, una vida que vive de Dios. La vida de Nazaret es la vida interior en lo cotidiano. La Sagrada Familia revela el misterio de la encarnación en la profanidad del vivir diario. Todo lo humano se convierte en lugar de fe, don de sí a Dios. Creer es vivir en relación con Dios en el día a día, en lo ordinario, fuera del templo.

Lo que más atrae es contemplar el misterio del Hijo de Dios que se hace hombre y vive con María y José bajo el humilde techo de Nazaret asumiendo la condición humana para hacer el bien a la humanidad. Ahora, "si Dios ha elegido este camino, quiere decir que es el más eficaz." Cada descripción propuesta por los Hermanos revela un intento de querer profundizar muy interesante y… laborioso.

El sentido de pertenencia de estos Hermanos es muy explícito. La Sagrada Familia "es nuestra familia y trato de vivir en ella". Nazaret es "nuestra casa". "Si entras en esta familia te sientes parte de ella". "Vivo enamorado de la Sagrada Familia y del espíritu de familia". "Para mí es fundamental iniciar el día en Nazaret y durante el día tratar de ver y contemplar todo con ojos nazarenos. Te hace partícipe de todo lo que interesa a tus hermanos y a las personas que encuentras."

Se llega a entender que la pertenencia es amor y adhesión al "carisma", donde la Sagrada Familia tiene su presencia indispensable.

La Sagrada Familia es, por lo tanto, vista como "modelo dinámico" que invita a ser imitada, que poco a poco engendra la espiritualidad. Es la dimensión más subrayada. La Sagrada Familia es el modelo, el arquetipo para todas las expresiones de nuestra vida, contempladas en nuestro lema: "in oratione, labore et caritate: pax" y las que llamamos "virtudes nazarenas."

Imagen de la Trinidad, la Sagrada Familia es modelo de amor, de unión, de vida cotidiana, de vida común y de comunión, de humildad y de sencillez. Nos enseña a obrar el bien "sin hacer ruido". "La Sagrada Familia es el modelo de mi fraternidad y de mi laicidad". Nazaret: es la vida de cada día donde todo invita a "hacer de cada comunidad un nuevo Nazaret". Es "modelo de tu sí" de HSF, de consagrado, como dice un conocido canto compuesto por un Hermano.

La devoción como expresión de amor, pone una atención particular sobre la figura de José. Pienso que esto es debido no sólo al hecho de que José es un maravilloso modelo de humilde laboriosidad y responsabilidad, sino, sobre todo, a la necesidad de concretarlo en la misma vida: "no quién dice Señor, Señor… sino quién hace las obras… ". José es el que ha cumplido fielmente la voluntad de Dios. Los hechos son su palabra, su respuesta.

La espiritualidad nazarena se reconoce en la incidencia que Nazaret tiene en el pensar y en el actuar de los Hermanos, en su vivir el "espíritu de familia". Está en vivir nuestra fraternidad y laicidad como en Nazaret, conscientes de que todo viene de la Trinidad. La espiritualidad, además, sabe "sublimar" todo lo bueno que hay en la familia cristiana. Consiste en descubrir que cada realidad trascendente se debe encarnar para poder manifestarse y engendrar vida.

Se trata, por lo tanto, de una espiritualidad que quiere vivir en la sencillez y en la humildad todas las "relaciones", con Dios, con los hombres y con el universo.

8. El perfil espiritual del Instituto que se desprende de lo que dicen los Hermanos con menos de 25 años de vida religiosa sobre la espiritualidad nazarena.

También para los Hermanos de este grupo, la atención está puesta, sobre todo, en algunas dimensiones importantes. como la búsqueda de una definición del misterio de salvación escondido en Nazaret; el descubrir las relaciones de mutua pertenencia; asumir el estilo nazareno de vida como modelo a imitar constantemente; considerar la devoción, como expresión de confianza y amor, un paso necesario para llegar a la espiritualidad nazarena.

Algunas definiciones son profundas y espontáneas: "Nazaret es el lugar teologal del encuentro de Dios". Los Evangelios de la infancia dan a entender que la Sagrada Familia es una "familia extraordinaria en lo ordinario de lo cotidiano". De ella viene nuestro "espíritu de familia". Y es por lo tanto lógico que "en Nazaret encontremos todo lo que necesitamos". Nazaret, además, también es "misterio de encarnación, misterio de inculturación", lugar donde descubrimos que "es en la humildad que Dios opera y no tanto en lo extraordinario."

El sentido de pertenencia ve en primer lugar al "Instituto como familia en torno a la Sagrada Familia de Nazaret."

Nazaret es como un "ámbito de vida", del que se trata de formar parte: "Con la profesión religiosa sé que he entrado a formar parte del Instituto, pero también de la familia de Nazaret."

Si la Sagrada Familia "es mi todo", siempre se presenta como modelo y apoyo.

"Es modelo de familia, de comunidad; es modelo de unión, de relación, de entendimiento, de humildad, de vida oscura, de sencillez, de oración." "Es modelo perfecto, al alcance de todos, y en todos los aspectos de la vida." "Es modelo dinámico que involucra. Es modelo y fuente del espíritu de familia que necesitamos en cada una de nuestras comunidades."

La devoción es sentimiento de confianza, de oración, de invocación que lleva a pedir la gracia de poder imitar su estilo de vida. "Mi confianza se transforma en oración, porque la Sagrada Familia es todo para mí".

Se considera como determinante y central para nuestra espiritualidad hacer cuanto nos dice el Fundador: "volver cada día bajo el humilde techo de Nazaret, escuela verdadera para aprender a vivir el evangelio. En Nazaret aprendemos las actitudes de una vida más evangélica y también más humanas y humanizadoras"..

Invocación e imitación, van de la mano. La Sagrada Familia es un modelo que nos involucra. Nosotros tenemos que ser Sagrada Familia en la oración, en el amor, en el trabajo. La gente, viéndonos, debería reconocer en nosotros, en nuestro modo de actuar, a la Sagrada Familia de Nazaret.


III. PRESENCIA VIVA DEL HERMANO GABRIEL
 

9. El perfil espiritual del Instituto que se desprende de lo que dicen los Hermanos con más de 50 años de vida religiosa sobre su relación con el Hermano Gabriel.

A la pregunta "quién es para ti el Fundador" la casi totalidad de los Hermanos ha dado una respuesta llena de afecto: es "mi/nuestro padre en el carisma", "es mi/nuestro Hermano."

Este amor al Fundador se expresa de varias formas y acentos, sea cuando se trata de "definirlo" para poder tener con él una buena relación; sea cuando lo consideran un modelo que arrastra a seguir a Jesús; sea en el amarlo porque es padre y hermano, vivo y presente.

Al definir al Fundador o al describir su personalidad, los Hermanos lo consideran "padre de nuestra familia religiosa", el que ha encarnado y trasmitido el carisma del Instituto; el "primero de la fila de los seguidores del carisma"; el modelo en el que todos debemos inspirarnos en nuestro vivir y actuar; un verdadero hombre de Dios que puso en Él toda su confianza. Pero también un luchador tenaz, un hombre de gran personalidad, decidido y confiado en la Providencia.

El Hermano Gabriel es, sobre todo, el modelo, el arquetipo para cada HSF. Lo es como "catequista, educador, enamorado de la liturgia", que se deja conducir del Espíritu Santo; modelo muy humano, que "alcanzó lo que se propuso", ejemplo de gran sabiduría.

El Hermano Gabriel es "maestro en enseñarnos a vivir la vida cristiana según un proyecto que parte del bautismo para llegar a poner en el centro de todo la eucaristía."

La relación del Hermano con el Fundador es descrita como una relación con una persona que "nos ama con amor de padre", que suscita el amor de los Hermanos porque: "es nuestro padre fundador", "porque lo siento como padre, amigo, compañero, Hermano", porque es "mi confidente de cada "día". De esta persona "estoy literalmente enamorado", "lo invoco a menudo" "y "merece que se conozca cada vez más", porque "cuanto más se conoce, más se hace grande a nuestros ojos". "Lo invoco constantemente, lo llevo en mi mente, en mi corazón, en mi obrar."

En muchas respuestas aparece claro que existe una verdadera devoción hacia el Fundador: "Lo recuerdo cada día, con muestras de afecto y con la oración". "Tengo hacia el Fundador una devoción cotidiana que trato de manifestar de muchos modos". "Tengo la certeza que nos sigue y nos ayuda cada día". Y las expresiones de devoción con éste sentir son numerosas.

No faltan, en cambio, también los que dicen que no se le conoce bastante. Y para ellos esto no se puede o no debería justificarse fácilmente.

Creen importante que un Hermano que se encuentra en esta franja de edad dedique más tiempo a conocer al Fundador, sobre todo si no lo ha hecho antes. Porque el conocimiento del Fundador puede ayudarlo a dar plenitud a la vida que se está viendo.
 

10. El perfil espiritual del Instituto que se despende de lo que dicen los Hermanos de 25 a 50 años de vida religiosa sobre su relación con el Hermano Gabriel

También para estos Hermanos, el amor al Fundador se manifiesta en las tres dimensiones: definirlo claramente, acogerlo como modelo que lleva al seguimiento de Jesús, amarlo como un padre.

Al describir la persona del Fundador, los Hermanos ponen de relieve algunos aspectos: hombre de fe, atrevido, paciente, fuerte, un auténtico "contemplativo en la acción", quien "continúa siendo el actor principal de la vida del Instituto", verdadero "padre de la familia donde he nacido como religioso". Un "loco de Dios", para algunos, "un hombre habitado por Dios", para otros. Se diría que es proyectado sobre el Fundador lo que uno quisiera ser como HSF.

El Hermano Gabriel "es nuestro Fundador, nuestro padre, nuestra raíz", es "punto de referencia para la vida de cada Hermano". Pero "es como nosotros un hermano, sencillamente hermano", el religioso Hermano, que se reconoce más grande aún "porque se ha hecho solo."

El Hermano Gabriel es un "fundador laico, un educador y catequista perfecto". Un cristiano siempre "de la parte de la Iglesia" y "en relación vital con la Sagrada Familia". Es "guía seguro para vivir el espíritu de familia", "persona con la que cada HSF tiene que medirse, enfrentarse", "persona sencilla, que no buscó honores sino hacer la voluntad de Dios."

Se subrayan algunas características que lo distinguen: la fe fuerte y luminosa, el ánimo en las pruebas, la perseverancia en perseguir el ideal, la humildad, el amor a la oración, el no conocer el cansancio en el trabajo, la devoción mariana. Todas estas realidades "están allí para implicarte". El Hermano Gabriel ha sido un incansable luchador enamorado de Dios, lleno de celo por el Reino y de inagotable amor por sus Hermanos.

La vida del Hermano Gabriel se ha desarrollado en una continua búsqueda hasta alcanzar el ideal que mantuvo en su corazón. Ha sido un hombre que ha interrogado a la vida y ha dado respuestas de fe. Ha elegido vivir la humildad, y "sin hacer ruido ha hecho muchísimo por la Iglesia, el Instituto y la educación."

El Hermano Gabriel es un claro modelo para cada HSF. Es el auténtico y seguro modelo del HSF.

En primer lugar se revela "maestro de vida que nos enseña la espiritualidad de ser Hermano", tanto que cada Hermano con humildad podría preguntarse: "¿Qué haría hoy el Hermano Gabriel a mi lugar"?, "Qué puedo hacer con él"? Nos enseña a ser fieles al ideal, a tener "firmeza de laico comprometido con la Iglesia", a ser catequista, educador, apóstol, verdadero hombre de Dios.

Alguno manifiesta su pesar por no conocer suficientemente al Fundador para poderlo amar como se merece y también la pena de no darlo a conocer como conviene.

Otros declaran que el conocerlo, el amarlo, el rezarlo todos los días, les da ánimo. "Leer su vida me anima", afirma alguno, "Lo siento vivo", "cuanto más lo conozco, más lo aprecio y amo." "De él, todo me interesa". "La confianza en él llega a tal punto que pongo en sus manos la búsqueda de la solución de cada problema". "Lo amo porque ha sido un gran luchador", pero también porque "me he sentido asistido por él y mi confianza en él ha ido creciendo."

11. El perfil espiritual del Instituto que se desprende de lo que dicen los Hermanos con menos de 25 años de vida religiosa sobre su relación con el Hermano Gabriel.

El amor al Fundador, para estos Hermanos, asume la característica de un gran afecto. Su fuerte personalidad suscita atractivo, admiración, confianza, deseo de imitación. El Hermano Gabriel es maestro de vida, modelo indiscutible para la vida religiosa de cada Hermano. El afecto suscita espontáneamente la devoción y la confianza en su ayuda.

Las expresiones, por el hecho de revelar un mundo afectivo auténtico, son poco exageradas, precisamente porque a veces son espontáneas, ingenuas y pobres. Son expresiones del corazón más que reflexiones de la mente.

Para los jóvenes Hermanos amar al Fundador como se ama al propio padre, es fundamental.

En la expresión "es para mí un verdadero papá" se percibe la fuerza de un ideal que, por una parte, roza la utopía y, por otra, va cargado de una inmensa confianza. El Hermano Gabriel es un papá con el que se puede compartir todo, es un papá del que se puede conseguir todo… precisamente porque se le ama y uno se siente amado por él.

Así el Hermano Gabriel para los jóvenes Hermanos es el que "continúa teniendo mucha paciencia con ellos, porque son sus Hermanos", el que, como padre, los ayuda a construir su familia que es "nuestra" familia, una familia que él "ama y cuida."

El Hermano Gabriel ¡quiere a todos los Hermanos y cuida a cada uno de ellos en particular! Hay quien afirma: "Es mi padre, y con el padre se tiene todo". "Tengo hacia él un amor sincero de hijo ", "un amor que ha ido creciendo día a día". "Es para mí una presencia. Alguien con quien dialogo sobre el vivir diario."

"El Hermano Gabriel es la persona que más amo en este mundo. He leído todo lo que he podido sobre él". "Es nuestro padre espiritual " pero también "nuestro hermano mayor". "Le amo como a un "hermano". Es más, me gusta "¡que el Hermano Gabriel haya permanecido Hermano"!

Cuando el afecto se convierte en confianza e invocación, encontramos expresiones sencillas y profundas: ya que "lo siento como hombre de Dios", "un santo", "lo rezo a menudo con confianza", "lo invoco junto a la Sagrada Familia." "Lo siento cercano, le amo mucho", "me encomiendo a él y le confío todos los demás". "Amo mucho al Fundador, su vida sencilla, su amor a los Hermanos, su modo de luchar". "Estoy seguro de qué ahora desde el cielo sigue ayudándonos."

También entre estos Hermanos algunos denuncian que no se le conozca bastante, y que conocerlo es señal de amor. Por esto se sienten un poco culpables de no conocerlo bastante.

La descripción que se hace de la persona del Fundador padece de cierto idealismo: El Hermano Gabriel es el modelo que cada Hermano debería imitar. Por esto el Hermano Gabriel "Fundador de los HSF" y "raíz de lo que somos" es el que ha sabido ser "diferente" en el contexto de la vida religiosa y cristiana y se ha convertido en "un verdadero modelo de vida religiosa" para el HSF.

Hermano entre sus hermanos, el mismo Hermano Gabriel es "nuestra regla de vida" y no sólo "nuestro maestro de vida."

Es modelo con gran fuerza de compromiso habiendo sido "persona de oración, constante en el obrar por el Reino", un hombre de profunda y atrevida vida espiritual. Es el hombre concreto, con un único objetivo: hacer la voluntad de Dios. "Es el que me da ánimo en los momentos difíciles, un testigo de que Dios nos ama."

Ha sido un hombre de mucha fe, un hombre sencillo, un catequista y amante de la liturgia, un verdadero guía para el educador, perseverante en las adversidades, generoso en el apostolado, confiado en la Divina Providencia, lleno de abnegación, generosidad y amor a sus Hermanos.

El Hermano Gabriel es nuestro maestro de vida: nos enseña a estar al lado de cada persona, sin sacrificar el tiempo de oración que nos hace estar cerca de Dios; nos invita a seguir a Cristo con su ejemplo; nos empuja a ser constantes en amar el bien de todos; nos anima a responder a las necesidades de nuestros tiempos como él lo ha hecho en su tiempo, fue de su tiempo.

El Hermano Gabriel es el "hombre que ha hecho el bien sin ostentación". "Si volviera hoy quizás nos invitaría a tener mayor espíritu de sacrificio entre nosotros."

"Deseo asumir y vivir el espíritu taboriniano", "trato de imitar su humildad, su sencillez."

Conclusión

Sobre los tres temas tomados en consideración (Palabra de Dios, espiritualidad nazarena, Fundador) las Constituciones presentan un perfil ideal que lleva en sí la fuerza de la utopía.

Sobre estos temas la descripción que hacen los Hermanos es más humilde, menos estructurada, pero lleva consigo la fuerza de la experiencia vivida que hace concreto elo ideal de las Constituciones.

Sobre el tema de la Palabra de Dios, las páginas "más significativas", en particular las del Evangelio desde la infancia de Jesús a su pasión, han sido evocadas por los Hermanos. Además, en lo que los Hermanos han dicho se percibe que viene de la profundidad de su corazón. Además, todas las referencias revelan siempre un profundo deseo de relación existencial con Jesús. Son una respuesta a la invitación de Pablo: "Tened los mismos sentimientos que tuvo Cristo Jesús". Tener los sentimientos de Jesús, tener los "sentimientos del Hijo" dice en síntesis el deseo de vida evangélica de los Hermanos.

Si se intentase decir lo que es importante para un Hermano de la Sagrada Familia en su relación con la Palabra de Dios, pienso que se podría resumir diciendo que se trata de hacer una lectura cotidiana del Evangelio, de todo el Evangelio, con ojos nazarenos, convencidos fuertemente de la certeza de que Dios nos ama, y nos pide perseverar en el amor hacia el hermano. La Palabra nos pide redescubrir y renovarnos cada día en la pasión por Cristo, guiados por el atractivo que emana de su persona contemplada y buscada, bien en la Palabra, bien en la Eucaristía. Además, la Palabra es el alma de nuestra vocación: cada día nos hace entender qué quiere Dios de nosotros, ilumina nuestra respuesta y se convierte en diálogo permanente de toda la vida.

Con la Sagrada Familia los Hermanos viven "relaciones familiares". Nazaret se ha convertido en su casa.

Y esto es muy hermoso y consolador. Aunque, a primera vista, en algunos parece que es algo "sentimental" y pobre, se descubre, en cambio, un íntimo sentir hecho de devoción-confianza, de humilde pero verdadera imitación y principio de una incipiente pero verdadera, espiritualidad "nazarena."

Bastantes Hermanos me han expresado claramente que a ellos lo que realmente les interesa es la experiencia de un verdadero amor hacia Jesús, Maria y José. Se sienten más a gusto al hablar de lo que sienten que disertar sobre lo teológico. Son conscientes de que para llegar a la espiritualidad, son necesarios amor, confianza, imitación, contemplación y vida.

El amor de los Hermanos al Fundador es sincero, aunque el conocimiento que poseen de su pensamiento, de su carisma, es limitado. Todos conocen las anécdotas de la infancia y las cuentan con agrado a los muchachos. Muchos confiesan que "no conocerlo bastante."

He notado, y esto me ha llenado de alegría, que cuando tienen que hablar del Fundador a las personas adultas tratan de informarse bien. Y que a bastantes les gusta oír a quienes han profundizado sus conocimientos sobre el Hermano Gabriel y les comunican aspectos nuevos e importantes de su vida religiosa y apostólica.

Mi deseo es que sobre todo los jóvenes se empeñen en conocerlo mejor, profundicen en lo que el Hermano Gabriel quiso que fuéramos los HSF.

Sigamos el ejemplo de algunas Congregaciones que de su Fundador saben evidenciar y proclamar aspectos que son una riqueza para toda la Iglesia.

Convenzámonos de que el Hermano Gabriel fue una personalidad, como lo fueron tantos otros fundadores, y lo será más en el futuro si nosotros sabemos ser dignos hijos suyos, si sabemos entenderlo y seguirlo en lo que nos sugiere hoy.

Que la Sagrada Familia y el Hermano Gabriel nos conduzcan y nos sostengan en este camino.

A la luz de la Palabra, en la escuela de Jesús, María y José, recorramos con entusiasmo el camino que el Hermano Gabriel nos ha trazado y seremos felices.

H. Lino Da Campo
Superior General
 

Roma, 14 de mayo de 2007
Aniversario del Decreto
Sobre la heroicidad de las virtudes del Hermano Gabriel

1

¡Que nuestro Instituto sea tu obra!
 

                                                                                                                                                                                                    
Queridos Hermanos
 
                A cada uno de vosotros, y de modo particular a los Superiores Provinciales, confío esta
Circular que pretende analizar el tiempo trascurrido de mi mandato y mirar confiadamente hacia el próximo Capítulo General.  
                Durante este tiempo no he enviado ninguna circular, aunque he tratado de estar presente con breves mensajes en los momentos más importantes de la vida de la Iglesia o de nuestra familia. Y siempre procurando llamar la atención sobre el fundamental mensaje que nos hizo nuestro 35° Capítulo General, rico en sugerencias e indicaciones concretas. 
                Por eso, desde los primeros días, con el Consejo General, diseñé un plan de "servicio", un proyecto de actuación que os he hecho llegar. Ahora, con la presente, quisiera manifestaros cómo lo hemos vivido, y hablaros de los frutos que ha originado. 
                Los momentos que más han marcado etapas importantes para el Instituto, porque gracias a la colaboración de todos han tenido una buena preparación y luego una excelente ejecución, son los siguientes. 
                Los recuerdo brevemente:   

- Octubre de 2002 - marzo de 2005: 

La visita canónica a todas las Provincias y lugares donde viven y trabajan los Hermanos, excepto a México que fue hecha por el Hno. Vicario, y a la India, de reciente fundación. En cada Provincia he dejado un mensaje particular y específico para la autoridad provincial y para cada Comunidad. Ha sido una experiencia importante y un momento propicio para recordar de nuevo a todos los Hermanos el mensaje del Capítulo y algunas consideraciones y compromisos a los que aludiré en esta circular. 

- Octubre de 2002:  

La Reunión del Consejo General con los Superiores Provinciales, en la que analizamos cómo se estaba llevando  a cabo en las Provincias lo indicado por el 35° Capítulo General; 

- Junio de 2003: 

Como sabemos muy bien, el día 6, tres Hermanos de la Provincia Nuestra Señora de la Asunción, daban vida a nuestra primera comunidad de la India, en Madurai, (Tamil Nadu), con la finalidad de ofrecer a aquellas gentes nuestro carisma, y con la esperanza de que pronto jóvenes indios lo propaguen con diligencia y fidelidad.  Ha sido un don para la Iglesia de la India y, también, para cada uno de nosotros, Hermanos de la Sagrada Familia, porque ha contribuido a reforzar, de verdad, nuestro compromiso misionero "ad gentes". 

- Julio de 2003:  

El Congreso Internacional de las Fraternidades Nazarenas, celebrado en Córdoba (Argentina), nos ha hecho experimentar el deseo de algunos laicos de vivir nuestra espiritualidad y colaborar en la difusión de nuestro carisma, y, al mismo tiempo, percibir su amor por el Hermano Gabriel, nuestro Fundador.  Además, la redacción del PLAN DE VIDA y la solicitud de un plan formativo, nos han dado a entender su deseo de profundizar nuestra espiritualidad para poder vivirla mejor  

- Mayo - septiembre de 2003: 

Fue el tiempo del proceso diocesano para la Causa de Beatificación de nuestro Fundador, organizado por el Obispo de la Diócesis de Azul y que tuvo lugar en Tandil. El Tribunal eclesiástico diocesano estudió el presunto milagro de la curación del niño Felipe Cifuentes. La Congregación para las Causas de los Santos de Roma ha reconocido válido este trabajo, en un decreto fechado el 18 de junio de 2004.   Para muchos Hermanos ha sido ocasión para reforzar el entusiasmo y la confianza filial en nuestro Padre Fundador. 

  - Noviembre de 2004:  

El Congreso Internacional de la Vida Religiosa. Tenía como objetivo tomar conciencia y alegrarse por el gran compromiso  de tantos consagrados y consagradas que trabajan por el Reino de Dios y el bien de los hermanos y las hermanas del mundo entero, y devolver la confianza y dar un nuevo impulso a cuantos se sienten cansados y, a veces, también, desalentados. Pero, además, indicar tímidas perspectivas de futuro, presentando los iconos de la Samaritana y del buen Samaritano, como camino que hay que recorrer con confianza.  

  - Diciembre 2004-enero de 2005:  

El Encuentro de los Hermanos jóvenes con el Consejo General. Las respuestas sinceras a las preguntas que les hizo la Administración General, mostraron su alegría por formar parte de una familia poco numerosa pero que los acoge como benjamines, los escucha, los interpela sobre el futuro de la Congregación, y los ve como continuadores responsables en el día de mañana de una obra de la que tienen que ser a partir de ahora auténticos testigos. Una ocasión que permitió también a la Administración General dar una respuesta a sus inquietudes, y que les permitió exponer sus dudas, sus problemas, sus debilidades y pedir explicaciones a sus interrogantes. 

- Octubre de 2005:  

El Encuentro del Consejo General con los Hermanos Provinciales, en el que los Provinciales, los antiguos y los nombrados recientemente, han tenido ocasión de dialogar entre ellos y con los miembros del Consejo General, escucharse, aclarar algunos puntos, y animarse para continuar juntos el camino hacia el 36° Capítulo General.   

                ¿De todo esto qué se desprende? En primer lugar que, aunque si no de forma brillante, el Instituto ha seguido progresando, y que son dos los objetivos fundamentales que nos tienen que seguir orientando: 

1) "Ser Hermanos", como lo pide el 35° Capítulo General; 
2)  Vivir el tiempo histórico presente, tanto en la Iglesia como en la sociedad, con una conciencia atenta y confiada ante las perspectivas de vida y vitalidad que Dios está preparando para la vida religiosa y para nuestro Instituto.   

                En el coloquio que he tenido con vosotros Hermanos, en la visita canónica, he advertido vuestra alegría de ser Hermanos de la Sagrada Familia y he recogido la certeza que la opción de "ser hermanos" es una elección válida, sobre todo hoy, en un mundo donde se impone la competencia y el abuso. 
                Somos conscientes de que la unidad entre hermanos, la fraternidad, es en sí un regalo que se nos ha dado y al mismo tiempo una dimensión que, para no perderla, Hemos de cultivar día a día. Por eso, debemos en todo momento reforzar la unión fraterna fuera y dentro de la Comunidad, desarrollar lo que es positivo, y recuperar a través de la reconciliación y del perdón lo que favorece el crecimiento de la fraternidad. 
                Se da, también entre nosotros, un interrogante de fondo que invade transversalmente toda la vida consagrada: ¿cómo será el futuro de la vida religiosa? Ciertamente si lo supiéramos, orientaríamos en esa dirección todas nuestras energías y conocer el futuro con suficiente seguridad nos daría paz y alivio. Pero, en cambio, estamos expuestos a la humildad de la encarnación, a los titubeos de la fe, a la fragilidad de nuestros gestos de caridad. Nos queda un amor hecho de esperanza, confianza y expectación. 
               Esa pregunta se planteó también en el Congreso Internacional de la Vida Religiosa, celebrado en noviembre de 2004, pero la conferenciante de turno no tuvo respuesta y se limitó a señalar cómo los votos podrán sobrevivir, quizás, en los contextos sociales futuros con características diferentes a las que estamos acostumbrados a vivirlos hasta ahora. 
                Es probable que nuestra fe tenga que purificarse todavía más para preparar en el presente lo que se espera del futuro. Una cosa parece cierta: ¡Para poder entrever cuanto dice el Apocalipsis, "He aquí que hago nuevas todas las cosas"(Ap. 21, 5-6), se deberá penetrar a fondo en el corazón de Cristo! Y no solamente eso. Un texto más extenso del Apocalipsis dice: "Y dijo el que estaba sentado en el trono: Escribe, porque éstas son las palabras fieles y verdaderas. Me dijo: Hecho está. Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin. Al que tenga sed le daré gratis de la fuente de agua vida" (Ap. 21, 5-6). Deja intuir cómo "la novedad" está en la adhesión al que es el Alfa y la Omega, el Principio y el Fin, al que la  Resurrección ya ha insertado visiblemente en la nueva creación y que es el manantial de la vida. 
              También nosotros, quizás, con la vista puesta en el futuro nos aferramos a todo lo que podemos. Mientras que, quizás, para poder hacer nuevas las cosas, es necesario que Dios en un primer momento nos arranque de nuestro universo en cuyo centro estamos nosotros, con nuestros egocentrismos personales y corporativos, para ofrecernos Su Universo en cuyo centro está Él, de quien deriva todo el resto.
 

1. El mandato del Capítulo 

           El 35° Capítulo ha dejado en nuestras manos algunas consignas comprometedoras:   

1. que continuemos avanzando por un camino de refundación que dé solidez a lo que es fundamental en nuestra vida de consagrados y de Hermanos de la Sagrada Familia; 
2. que mantengamos viva una animación vocacional convencida. Se ha insistido mucho en ello, sea por la situación histórica que estamos viviendo en Europa y América latina, sea porque deseamos mantener viva la preocupación del Fundador de servir a la Iglesia y al Reino de Dios a través del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia; 
3. que mantengamos el empeño de una formación continua
4. que sustentemos el coraje por la radicalidad evangélica
5. que nos comprometamos en evangelizar y en dejarnos evangelizar 
6. que aprendamos a compartir la misión evangelizadora…   

¡Todas estas inquietudes encuentran una respuesta dinámica en el único objetivo del Proyecto de vida que el Capítulo ha trazado para el Instituto: "Ser hermanos" 
                En todas las comunidades he tratado de dar a entender cómo el Proyecto de vida del Instituto, PVI, es portador de algunas novedades. No sólo porque es portador de un contenido nuevo, sino también de una nueva forma. Llamo la atención sobre algunos aspectos. 
                Coordinar todo el Proyecto de Vida alrededor de un único objetivo, ha sido muy importante porque ha dado a entender que se pueden satisfacer las complejas exigencias de la vida del Hermano de la Sagrada Familia partiendo de un único criterio evangélico: "ser Hermanos." 
                Cada comisión capitular buscó a su manera trazar la propia dimensión de vida como una conjugación de la expresión "ser hermanos."  
                Apareció una notoria diferencia con el estilo de los PVI anteriores. Los PVI de los Capítulos anteriores se articularon en torno a cinco grandes temas: la Identidad, la Vida consagrada en Comunidad, la Misión Apostólica, las Vocaciones y la Formación, el Gobierno y la Economía. 
                De este modo el PVI presentó una orientación aglutinante para la vida y la vitalidad del Instituto. Esto siempre permanece válido, también para el actual PVI. 
                La novedad, si así se la puede llamar, del último PVI consiste en poner más de relieve su fuente inspirador: es un proyecto evangélico y se apoya sobre una dinámica que quiere conjugar en la vida "ser sencillamente Hermanos como el Hermano Gabriel Taborin."  

                Incluso manteniendo la estructura de fondo de las cinco partes antes mencionadas, desarrolla una prospectiva dinámica que implica a cada Hermano y al Instituto en su conjunto: 
           La identidad está en: Ser sencillamente Hermanos como el Hermano Gabriel Taborin; 
           La vida consagrada en comunidad está en: Ser Hermanos de Cristo y hermanos entre nosotros; 
           La misión apostólica está en: Ser Hermanos de todos y con todos; 
           La vocación y la formación están en: Ser Hermanos y llamar a otros a serlo; 
           El Gobierno y la economía están en: Organizarnos como Hermanos.   

También en el método empleado en la redacción del Proyecto de vida, como he tratado de subrayar durante mi visita, el Capítulo trató de ampliar el horizonte de la atención.  
              La estructura clásica del ver, juzgar, actuar, toma una connotación más atenta a la persona de cada Hermano y se convierte en el punto de partida, de base, para una lectura más amplia, abierta a la comunidad, a la Provincia, al Instituto, a la Iglesia y a la sociedad. 
             Al esquema ya clásico, también en los documentos de la Iglesia, del ver la situación del Instituto en el contexto de la Iglesia y de la sociedad; del juzgar mediante la elección de los Documentos a los que hacer referencia, como la Escritura, la Regla, los documentos de la Iglesia etc.; y del actuar indicando las opciones operativas y  las estrategias que se deben tener en cuenta sobre todo la Comunidad y la Provincia, se propone una dinámica más articulada y, sin duda, más adherente a la vida de los Hermanos y del Instituto. 
                La estructura del proyecto del PVI lleva a mirar atentamente los "interrogantes que el Hermano lleva dentro de su corazón  y la visión la realidad" a juzgar movidos por el Espíritu, cuyas indicaciones las descubrimos a la luz de la Palabra de Dios y de la "palabra carismática", leída en los escritos de nuestra tradición, a indicar "orientaciones de vida" y por eso  ha propuesto líneas de acción y medios por nuestra acción. 
               El punto central fue  recoger las cuestiones profundas y permanentes que los Hermanos  "llevamos" en el corazón, más que centrarse en el Instituto en general. 
              Partiendo de nuestras "inquietudes", y por consiguiente, del vivir íntimo de la comunidad, nos dejamos mover por el Espíritu que nos ilumina mediante la Palabra de Dios, la palabra carismática del Fundador y las sugerencias importantes que recibimos de la vida del Instituto. Como mirar con los dos ojos da la proporción exacta y la profundidad de las cosas, así las dos "Palabras", la de Dios y la del Fundador, nos dan la justa proporción para considerar la vida de los Hermanos y sus obras. 
              Con esta base, se pueden hacer opciones de vida. Y el coordinar  todo en un único objetivo, estimula la unidad de vida personal, comunitaria y de Instituto.  
            
La invitación que he dirigido a cada comunidad ha sido que se haga en primer lugar la experiencia vivida por el Capítulo al preparar el proyecto comunitario: se pregunte qué dificultades, qué alegrías, qué esperanzas habitan en el corazón de los Hermanos de la comunidad y partiendo de ahí, se elabore  con creatividad el propio proyecto comunitario. 
 

2. Nuestra fraternidad: una casa en la que Dios habita 

               El profeta Ageo, en un momento en que los esfuerzos de renacimiento después del destierro, en pleno fervor por construir las ciudades del hombre, pero con resultados penosamente mediocres o tristemente desilusionantes, propone rehacer la lectura de la situación. ¡Hace falta volver a partir de la alianza! Para el profeta el punto fundamental es: si Dios no es el primero querido y servido, todo el resto no tendrá resultado. Intentarán construir casas, trabajar los campos, vestirse… con resultados mínimos: sólo si la primera casa fuera la de Dios, sólo si Él fuera el primero en ser servido y querido, entonces también ellos "existirán" y tendrán presente y futuro y "serán saciados" (Cf. Ageo 1,3-14.  Esto vale para la Vida Religiosa y para nosotros.
               A los Hermanos jóvenes les hemos hecho como primera pregunta la siguiente: qué importancia tiene Dios en tu vida. Cual es tu EXPERIENCIA DE DIOS. Las respuestas han sido profundas e interesantes. Son la expresión de las certezas en las que creen.  
              Hemos visto que para el joven Hermano de la Sagrada Familia son básicos dos aspectos: volver a Nazaret, donde Dios se ha hecho accesible, uno de nosotros, y la afirmación que, en la sencillez y humildad de nuestra vida, también nosotros queremos ser alcanzados por Dios. Y, además, piensan que la experiencia de Dios del Hermano Gabriel, sobre todo su confianza y abandono en Él, enriquece y sustenta nuestra experiencia de Dios. 
             Por eso, ellos mismos se plantean y nos plantean tres desafíos: mantener viva la conciencia de la presencia de Dios en la vida y a partir de esta experiencia ser testigos; hacer que la experiencia de Dios sea compartida en comunidad; y ser accesible, cercanos, dispuestos, capaces de escuchar, de acompañar y de vivir el espíritu de Nazaret.  
             Quedan abiertos algunos interrogantes: ¿cómo renovarnos permanentemente en una auténtica experiencia de Dios, y cómo compartir entre nosotros, Hermanos, y con los otros, la experiencia de Dios y la espiritualidad? 
            También en algunos Hermanos jóvenes la preocupación por "hacer el bien" tiene primacia sobre el "estar con Él", invirtiendo el acento que el evangelista Marcos pone cuando habla de la elección de los Apóstoles": Subió  a un monte, y llamando a los que quiso, vinieron junto a Él, y designó a doce para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar" (Mc 3,13-14). 
            Es significativo, a este respecto, cuanto Benedicto XVI  dijo a los seminaristas en las JMJ de Colonia: "Recordad siempre las palabras de Jesús: "permaneced en mi amor"(Jn 15, 9. Si permanecéis cerca de Cristo, con Cristo y en Cristo, daréis fruto abundante, como Él ha prometido. ¡No le habéis elegido vosotros, es Él quien os ha elegido (cfr. Jn 15, 16. He aquí el secreto de vuestra vocación y de vuestra misión! … (Mensaje a los seminaristas 19 de agosto de 2005).  
   
             
El 35° Capítulo nos invitaba a construir la casa de Dios con la fraternidad, convencidos que cuando dos o tres viven como hermanos, el Señor está con ellos (Cf. Mt. cap. 18). Su PVI es un estímulo continuo para responder a lo esencial de nuestra vida religiosa de Hermanos de la Sagrada Familia, personal y comunitaria. 
              Y la Fraternidad propuesta podemos concebirla como el "lugar teológico" de nuestro estar juntos con Él para ser por Él enviados.  
 

3. El Instituto de nuestros sueños   

¡El Instituto que podemos desear y el Instituto que podemos intentar construir es el Instituto que debemos soñar, porque "soñar" es apostar por su futuro! 
               En el nuevo milenio el Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia será como lo realicemos entre todos conjuntamente, permitiéndole a Dios remodelarnos según su corazón. Por eso, dejémonos guiar por la convicción de que debemos comportarnos como si todo dependiera de nosotros, sabiendo que todo depende de Dios, como S. Ignacio de Loyola se recordaba a sí mismo y a sus compañeros.   

El Proyecto de Vida del Instituto tiene dos grandes coordenadas: 
- un fuerte impulso profético
, que mira al futuro como historia de salvación que debemos construir juntos, con fidelidad creativa y con atención a las señales de los tiempos y los lugares, 
- una sabiduría lúcida, que cuenta siempre con la enseñanza y la vida del Fundador y de los Hermanos que nos han precedido y con la luz de la Palabra meditada y asumida.   

Ahora nos es posible reconocer que la base de nuestra esperanza y de nuestra confianza nos viene de cuánto hemos podido reconocer como "obra de Dios" en la vida y en las obras de los Hermanos. Releyendo la historia del Instituto contemplamos con admiración que este actuar de Dios en los Hermanos de la Sagrada Familia está hecho de fidelidad, apertura, coraje, creatividad y impulso apostólico.  
               Dios, también entre nosotros, ha dado comienzo a un futuro nuevo. Pero cuenta con nuestra "interesada" colaboración que nos lleva a buscar otros miembros para nuestro Instituto, de modo que  continúe siendo en la Iglesia y en la Sociedad,  presencia de gracia y servicio. 
                Pensando en el futuro del Instituto como instrumento de servicio al Reino, el Hermano Gabriel, recomendaba la promoción vocacional, no sólo a los Hermanos, también a los sacerdotes que deseaban tener  Hermanos como colaboradores en la evangelización.  
              En estos años se han escuchado razonamientos de todo tipo sobre la promoción vocacional. Algunos nos han parecido bastante lejanos de la preocupación que el Fundador tenía  por su familia religiosa.  
              Pienso, en cambio, que la invitación de Jesús de "pedir al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies" y de "rogar siempre sin desfallecer", unido al ejemplo de los Apóstoles y de Pablo que en cualquier lugar en que se encontraban proclamando el Evangelio buscaron obreros que continuaran su obra, y el ejemplo del Hermano Gabriel y de tantos otros santos Hermanos, son una llamada a no dejarnos paralizar por la escasez de los resultados.  
             Hoy, aunque sentimos el peso de la fatiga, que puede empujarnos a decirle a Dios, a la Iglesia, a los Hermanos, "hemos intentado todo lo que se podía intentar ", debemos estar seguros de que Jesús sigue invitándonos a adentrarnos mar adentro, a "lanzar las redes confiando en su Palabra" (Cf. Lc. 5,5). ¡Fiarse de su Palabra! ¡He aquí un punto que hay que meditar continuamente personal y comunitariamente, y no dejarnos conquistar por uno u otro razonamiento!  
             También la presencia de muchos laicos que se relacionan con nuestras comunidades es significativa y enriquecedora. Esos laicos se muestran como colaboradores valiosos en la escuela, en la catequesis, en la animación litúrgica, en la missio ad gentes, y algunos, miembros de las Fraternidades Nazarenas, se sienten felices de compartir la espiritualidad del Instituto.  
             Sus palabras, portadoras de compromiso y esperanza, coinciden con las nuestras y son: refundación, misión compartida, participación en el carisma, presencia compartida, proyecto común, atención a las personas, apoyo en la promoción vocacional, nuevos horizontes de propuesta del carisma, atención a las Provincias, missio a gentes.  
             La confianza en Dios nos tiene que infundir seguridad. No debemos, pues, tener miedo al futuro; se nos da  como gracia y como tiempo para nuevas conquistas. 
             Convenzámonos que el carisma que nos ha sido confiado, no es únicamente nuestro: es un don del Espíritu para la Iglesia. Y por eso, no tenemos que temer. Es más grande que nosotros; no es el resultado de un esfuerzo nuestro; lleva en sí la fuerza del Espíritu que nos lo ha confiado. 
             Y, además, re-fundar tiene que ser acogido como una perspectiva y un empeño de vida. 
             Hagamos nuestra la invitación: "Partir nuevamente de Cristo, decidirnos a ir mar adentro, ser memoria y profecía" (Cf. Tertio milennio ineunte y Caminar desde Cristo). 
           
             
Por esto, el Instituto que podemos "soñar" para los próximos años es:

Un Instituto que pertenezca ante todo a Dios.  

           Un Instituto consciente de depender de Dios, atento a la construcción de su Reino, que vive y le repite cada día "haz que sea tu obra y no de los hombres ".
Un Instituto que dedica tiempo a la adoración, a la contemplación, que hace suya la oración de S. Agustín: "Nos has creado para Ti, Señor, y nuestro corazón está inquieto hasta que no te descanse en Ti".
Un Instituto que hace  de la oración y de la “lectio divina”, columnas que sostengan su vida, como deseaba el Fundador (Cf. NG. P. XXVIII). 

Un Instituto cristocéntrico y eucarístico

          Cristo es y tiene que ser siempre el centro del Instituto, como lo es de la Iglesia, como fue de la Sagrada Familia de Nazaret. "Cristo ayer, hoy, y  siempre" no es sólo una fórmula de fe, es el punto de apoyo de la existencia del Instituto. En este sentido se requiere una particular atención a la presencia de Cristo en la Eucaristía, amor central del Hermano Gabriel y corazón de cada comunidad (Cost 90).  
          El H. Amadeo, treinta años después de la muerte del Fundador, recordaba: "Es al amor que el piadoso Hermano Gabriel tuvo a Jesús Hostia, a lo que se debe la creación de nuestro Instituto. Impulsado por el deseo de ser religioso, buscaba una congregación. Podría, sin duda, haberse dirigido a alguna dedicada a la  enseñanza de la juventud y poder dar así rienda suelta a  su inclinación,  pero ninguna le ofrecía las garantías suficientes para poder dedicarse al servicio de las iglesias y al cuidado de los altares donde reposa Nuestro Señor Jesucristo" (Conferencia del H. Amadeo Depernex, del  9.9.1894, Cf. Positio p. 1101).  
           En torno a Cristo se constituye la familia de Dios, la familia de Nazaret y la nuestra. 

Un Instituto que vive "implicado" en el hoy de la historia

         El Instituto, en la Iglesia y con la Iglesia, continúa una cierta "encarnación de Cristo" o mejor, una cierta prolongación de su obra hoy en el mundo, en la historia, en la vida humana, entre los pequeños, entre los pobres. El Instituto considera al mundo como su ambiente de vida y lo ama como objeto de su evangelización. Se siente implicado en el mundo para colaborar, según sus posibilidades, en la salvación del hombre. 

 Un Instituto misericordioso

     Siguiendo a Cristo que se ha hecho "diácono" y "samaritano" para manifestar el amor misericordioso de Dios, preocupado por curar las heridas del hombre, el Instituto quiere participar en su obra de misericordia y salvación.  
     El Hermano, "diácono y samaritano", es el que está atento a las necesidades del hombre de hoy, a sus heridas, a los pobres, a los marginados, a los olvidados y a los débiles.  
      Durante el Capítulo (y más todavía durante la visita canónica), he comprobado cómo más de un Hermano vive una vida austera, de cercanía a los pobres, de dedicación a los que están necesitados.  

Un Instituto evangelizador

      El Instituto nació para evangelizar y esta misión suya constituye su existir. Proponer continuamente el Evangelio, con la palabra y el testimonio de vida, le tiene que ser connatural, como es para el hombre el respirar.  
      Está encontrando nuevas posibilidades, en cualquier campo en el que se dedica a la evangelización. Pero para poder vivir y proclamar de manera digna "hoy" el Evangelio, tiene la obligación de ponerse al día continuamente. No es fácil pero merece la pena vivirlo en plenitud. Actualizarse se convierte en un deber de conciencia. 

Un Instituto "evangelizado." 

         La evangelización hacia fuera también presupone una evangelización hacia dentro: pide ser comunidad-comunión que nace del compartir la misma fe y el mismo carisma. La participación en el mismo carisma presupone la pluralidad de sensibilidades, y también la pluralidad de encarnaciones, pluralidades que tienen sentido y fuerza en la medida que nacen y llevan a la unidad. Cada Hermano tiene que sentirse Instituto y el Instituto tiene que poder alegrarse de la creatividad de cada Hermano.  

Un Instituto "familia adulta" 

          Un Instituto que concibe y vive "el espíritu de familia", el diálogo, la subsidiaridad, la corresponsabilidad y la colaboración a todos los niveles. 
         Familia adulta es, precisamente, aquella donde el diálogo es uno de los lazos más fuertes y evidentes, al mismo tiempo que, incluso, es el crisol dónde los valores se purifican y se afinan. 

Un Instituto en diálogo permanente. 

         Un profundo amor a los Hermanos y al Instituto tiene que mantenernos libres dentro y fuera. Tiene que impulsarnos a  buscar siempre la transparencia, superando desconfianzas o suspicacias que asfixian. El diálogo debe ser nuestro recurso fraterno de base, capaz de ayudarnos a una mutua comprensión y a una sincera y generosa colaboración. Esto nos lleva a superar cada dificultad y a implicarnos en las empresas que requieren audacia. 

Un Instituto flexible 

          En el Instituto, en las Provincias y en las comunidades, como en cada Hermano, no todo es esencial y, por tanto, inmutable. Un Instituto intocable, que no necesite reformas, no parece tener sentido. Y el impulso del Capítulo nos invita a ser valientes en la refundación. Tendremos que ayudarnos para distinguir las verdaderas de las falsas reformas. Y esto requiere discernimiento. Por lo tanto: asegurar lo esencial y relativizar lo que no lo es. Un serio discernimiento y la atenta fidelidad al carisma nos preservarán de caprichos y "vagabundeos". Nos sirve de guía el dicho evangélico: "El sábado está hecho para el hombre y no el hombre por el sábado" (Mc 2,27). 

Un Instituto reconciliado que engendra paz y alegría 

           Nuestro carisma engendra paz, alegría y santidad. ¡Tenemos que estar convencidos de ello! Por eso es "verdadero carisma", don del Espíritu Santo. Es estimulante saber reconocer a "nuestros santos" y también invocarlos pidiéndoles su ayuda. Si todos reconocemos como "santo" al Hermano Gabriel, en la espera de la confirmación de la Iglesia, existen también otros Hermanos que destacaron por su santidad. ¿Quién no es capaz de reconocer perfiles de santidad en Hermanos como Aimé Baffert, Eulogio Espinosa, Leandro Lázaro, Luigi Benso, Juvenal Fausone, Camille Mercier, etc?  
            Incluso es un Instituto en el que corre un sano "buen humor". Buen humor no quiere decir que uno sea superficial, ligero, de humor fácil, sino sereno, afable, amable, pacífico, alegre, simpático...   ¡Son los signos de un Dios que da alegría! Y en nuestro Instituto existen  y muchos lo reconocen. A estos signos podemos añadir los que cada uno lleva en su corazón y en su amor, para darles una solución positiva.   

¿Es sólo un sueño? Pienso que no. Es una mirada confiada y profética sobre nuestro futuro, sostenido más por la "santidad del Fundador y de los Hermanos" que por otras "hipótesis."  
 

  4. El Instituto visto por los Superiores Provinciales   

Dos años después de la celebración del Capítulo, los Superiores Provinciales fueron invitados a sintetizar en cuatro aspectos positivos y en cuatro aspectos que ofrecen alguna dificultad, la situación de vida y vitalidad de su Provincia. Pretendíamos dar un paso: de un Instituto "soñado" a un Instituto en lo concreto de la vida. Apareció un panorama del que he hablado en cada comunidad, haciendo referencia a lo que dijo cada Superior Provincial de su Provincia.  
              Los aspectos positivos son sin duda más fuertes que la parte negativa, pero serían aún más eficaces si se lograra dominar mejor la parte que lo paraliza. 
              Aquí querría, retomar sintéticamente desde otra perspectiva, lo dicho por los Superiores Provinciales, y agrupándolos de acuerdo a la temática.  No llegaremos a descubrir todo lo que dicen de la vida del Instituto, pero nos pueden descubrir todo lo que es capaz de estimularnos y lo que frena la vitalidad de una Provincia. Merece la pena volverlo a tomar en consideración, porque, en su conjunto, aparece un perfil preciso de Instituto, y cada Hermano puede reconocer lo que atañe más de cerca a su Provincia, a su comunidad, a él mismo.  Lo que sigue es una síntesis muy reducida, pero esencialmente fiel y respetuosa de la realidad.    

Los aspectos positivos y negativos que inciden en la vida de las Provincias:   

- El Fundador: por doquier se advierte que su presencia está más viva. No faltan laicos que nos estimulan a "valorar" más sus intuiciones y su mensaje. A algunos les parece que no se hace bastante. Y nosotros también tenemos que admitir que el amor al Fundador y a la Sagrada Familia podrían y deberían ser más vivos
             - El estilo de vida nazarena
se manifiesta en la sencillez de vida de muchos Hermanos. Pero no faltan señales de cansancio, de aburguesamiento, de insensibilidad a las propuestas de conversión. Algunos manifiestan temor a la novedad, a la desestabilización, al futuro incierto, y se repliegan y acomodan, en ellos ha hecho presa la inercia y la falta de iniciativas.  
             - La consagración y la oración
: es evidente el deseo de una fuerte espiritualidad, más encarnada, con la participación convencida y activa en la oración comunitaria. Hoy en todas partes se da mayor espacio a compartir la Palabra de Dios y al estudio de los documentos de la Iglesia y el Instituto, pero existen comunidades dónde ese compartir la Palabra y la creatividad en la oración son pobres, y hay un cierto abandono del sacramento de la Reconciliación.   Algunos Hermanos manifiestan bastante dificultad para entender y vivir el "seguimiento de Cristo", y superar su proyecto personal para insertarse en el comunitario. Todavía se dan  algunas imprudencias en las relaciones con el mundo femenino. 
              - Las relaciones fraternas
: son, sustancialmente, buenas. Se las considera como constitutivas de nuestra realidad de Hermanos y se manifiestan en creativas atenciones a los otros. Las relaciones fraternas buscan una verdadera comunión y una generosa participación, con mucho respeto para los Hermanos ancianos y enfermos. El clima de fraternidad es palpable. Se reconocen actitudes de escucha entre las distintas generaciones, e, incluso, se da una mayor atención al mundo y a algunas pobrezas de la sociedad. Los proyectos de vida provinciales y comunitarios son más claros, más elaborados y más concretos. 
              Sin embargo, en algunas comunidades hallamos una destacada tendencia al individualismo. Esto hace débil la vida fraterna. A veces, encontramos que el subjetivismo de unos pocos se "impone" sobre el modo de pensar de los otros. Donde hay conflictos generacionales y de mentalidad, la vida comunitaria está entorpecida.  Es significativo que algunos laicos sugieran a los Hermanos que acrecienten entre ellos las relaciones interpersonales, ya que comprueban que es más fácil a veces la relación entre Hermano y laico que entre Hermano y Hermano.  
                - La formación
: en la mayor parte de los Hermanos hay mayor conciencia acerca de la necesidad de la formación continua personal y comunitaria. Hay deseo de mejora porque se constata que para los educadores la formación permanente requiere una actualización constante. Sin embargo, en algunos Hermanos la preocupación por la formación, sobre todo la formación permanente, es débil o está ausente.  Se hace poco caso al proyecto formativo capaz de mantener o desarrollar una identidad fuerte, descuido en el que pueden caer algunos de edad madura. Y probablemente a causa de  esto, de algunos se apodera un cierto desengaño, cansancio e  indiferencia.
               - En la promoción vocacional, a pesar de fracasos y esterilidad, en algunos no ha disminuido su compromiso. ¡Que sea de estímulo para todos nosotros! 
             - El apostolado y la misión compartidas
con los laicos: es el aspecto más dinámico y vivo que se reconoce entre  los Hermanos. Se diría que tienen como peculiar un profundo sentido de servicio, y ha crecido en la inserción fecunda en la pastoral y en la vida litúrgica de las parroquias.
              En casi todas las Provincias hay un creciente sentido de responsabilidad misionera y mayor atención a los pobres. Una Provincia reconoce, como vivificante, la pluralidad de Comunidades que abarcan los aspectos de nuestro carisma: educación cristiana, catequesis, animación litúrgica y solidaridad misionera. Es importante la disponibilidad de numerosos Hermanos a dejarse implicar en servicios humanitarios y sociales  
             Otro aspecto que ha crecido y está madurando positivamente, es la relación con aquellos laicos que comparten la misma misión apostólica, el carisma, la espiritualidad, la preocupación por las vocaciones.  En no pocas obras nuestras los laicos ocupan puestos directivos.  
                Sin embargo se constata que no hay el mismo entusiasmo en todos los Hermanos para comunicar y compartir la riqueza de nuestro carisma con los laicos, para hacer que nazcan "Fraternidades Nazarenas". En algunos la conciencia apostólica que es inherente a la misión del Instituto es débil y la inquietud misionera poco incisiva o casi insensible frente a la pobreza y miseria del país d
onde viven. 
              - El gobierno y la economía
son un apoyo importante para la vida comunitaria y para el apostolado. La mayoría de los Superiores Provinciales reconoce que ha mejorado la distribución del personal y la organización económica, con una gestión más atenta de los bienes. Los Hermanos tienen una idea más clara de su responsabilidad.
            Se considera positiva la participación de los laicos en los organismos de la Congregación, como Capítulos Provinciales, Comisiones, Consejos ampliados y algunas responsabilidades directivas. 
            Hay nuevas experiencias y aperturas en la organización de las Comunidades. Son más los Hermanos dispuestos a participar en las reuniones provinciales: Capítulos, Cursos de formación, días de espiritualidad y de convivencia.  
             Sin embargo, en el terreno del gobierno y de la economía hay situaciones que entorpecen la fraternidad, el apostolado y quizás también la vida personal de algún Hermano. Notamos, por ejemplo, que algunos tienen una sobrecarga de responsabilidades y trabajo; que otros están poco desprendidos de los bienes materiales, en auténtico contraste con la virtud de pobreza. Hay, además, quienes afirman que la obsesión por mantener los colegios limita el compromiso apostólico del Hermano. Para algunos las dificultades financieras de la misma familia, y para otros la salud, se convierten en una preocupación absorbente.  
           
Se trata de modos distintos en los que nos podemos, quizá, encontrar en algún punto de los que hacen  referencia los Superiores Provinciales, pero, al mismo tiempo, tenemos que sentirnos implicados en lo que se está viviendo en el Instituto, y ayudar a dar los pasos necesarios, a partir de la modesta realidad que comprobamos, hacia el Instituto que deseamos. 
 

5. Los retos del tercer milenio   

En este punto quisiera destacar la observación que nos hacen algunos laicos cuando hablan de la identidad de los Hermanos ante los desafíos del tercer milenio. 
              Libres de preconcepciones de casta, y guiados quizás por la necesidad perentoria de encontrar el sentido de su vida y de su acción apostólica en la Iglesia y en la sociedad como "hijos del Hermano Gabriel Taborin", esos laicos quisieran  ver en los Hermanos de la Sagrada Familia, religiosos, compañeros de camino y guías de una fuerte vida espiritual.  
             Mientras dicen estar admirados y entusiasmados por el trabajo que los Hermanos desarrollan, comentan entre ellos que, al ser  poco visible nuestro " ser hombres de oración y apóstoles", nuestro punto débil está en no aparecer suficientemente "hombres de Dios" .  
             Somos testigos del  óptimo trabajo que nuestros Hermanos realizan, pero está un tanto desenfocado el perfil de apóstoles y de evangelizadores, o, si se quiere, ese perfil no aparece lo suficientemente incisivo. 
             He tenido la gracia de hablar con todos los Hermanos y he percibido que, más allá de las apariencias, son verdaderos hombres de Dios, con mucho respeto por el prójimo al que desean llevar el Evangelio. Pero, a veces, en cambio, "ese gran respeto por el otro" lleva al Hermano a manifestar en el apostolado más temor que valentía. 
             En una Asamblea Semestral de los Superiores Generales  sobre los desafíos del tercer milenio, se pidió el testimonio de Andrea Riccardi, -profesor de historia en la universidad de Roma, una persona muy comprometida en los campos social y  político, fundador de la Comunidad de S. Egidio, famosa internacionalmente-. Creo interesante recoger, como síntesis del amplio y complejo discurso que hizo, la llamada a un sólida y viva espiritualidad. Es en esta perspectiva donde el profesor ve como muy importante el papel de la vida religiosa. 
              Es una realidad, y no sólo en nuestra casa, que "frente a los horizontes del mundo contemporáneo, se da el riesgo de quedar desplazados, ante el tamaño de los desafíos y complejidad de los problemas. Es la condición del hombre contemporáneo, la de ser  un "hombre desorientado", como escribe muy bien al búlgaro Tzvetan Todorov. De esta desorientación nacen tantas y tan diversas actitudes: desde los que se encierran en sí mismos, casi presos por un sentido de impotencia, a los que se cierran en la misma institución o en el propio grupo social, convencidos de no poder entrar en un mundo tan complejo; los que se sumergen en el consumismo pensando que no se puede hacer otra cosa más allá del comer, beber y comprar; los que se entregan a uno de los muchos fundamentalismos existentes. También nosotros, a pesar de nuestra historia cristiana, podemos padecer esta desorientación, y no asomarnos ya más a la ventana de la vida con amor, o bien dejarnos dominar por un sentimiento de impotencia, o, en fin, dejar pasar los  años, dentro de los problemas - y problemas siempre existen - de nuestra institución o de nuestra grupo social. Autoconservarse  y no medirse con los desafíos del presente. "Adentrase mar adentro", que es la invitación de Juan Pablo II para el Tercer Milenio, no es ni natural ni sencillo. Quizás sea una de las invitaciones que son seguidas con menos intensidad en la Iglesia de hoy. En efecto, el instinto sería no el de adentrase, sino buscar un puerto seguro en un rincón tranquilo".  
                La seguridad que necesitamos no nos viene de los programas de futuro que trazamos o de los métodos o del repliegue sobre nosotros mismos. Tratar de afrontar los desafíos del futuro con programas, metodologías o en cerrándonos en nosotros mismos, no es la solución acertada. Más que programas bien hechos, que deberemos ciertamente también formular, se requiere una espiritualidad fuerte y auténtica. Y esto porque, para nosotros, religiosos, la verdadera solución nos la dicta el Espíritu, cuando acogemos la Palabra de Dios en el corazón.  
                Los verdaderos constructores del futuro, los auténticos revolucionarios son los santos, ha dicho Benedicto XVI a los jóvenes, reunidos en Colonia para la 25 JMJ. 
                 También para hoy y para mañana, la Palabra es y será "lámpara para nuestros pasos"(Cf Sal. 119, 105). 
                 Frente a la complejidad de los desafíos, necesitamos la espiritualidad de la escucha de la Palabra. ¡La capacidad de la escucha de la Palabra es obra del Espíritu! Estamos llamados a arraigarnos más guiados por la Palabra de Dios y a renovar nuestra oración. El resto brotará por sí mismo, como lo hemos visto en nuestro Fundador. 
               Tenemos que medirnos con el mandato del Evangelio y con la realidad de los desafíos del mundo, con el carácter específico de nuestra misión apostólica de Hermanos de la Sagrada Familia sin satanizar el presente, sino trabajando en él con esperanza.  
                Confiados en la fuerza del Evangelio, también nosotros, Hermanos de la Sagrada Familia, bajo el humilde techo de Nazaret, podemos ofrecer al hombre de hoy, oprimido por tantas dificultades, una dimensión de esperanza en la obra de un Dios que no considera indigno encarnarse en lo ordinario de una vida terrena durante treinta años antes de hacer brillar el resplandor de su Palabra. 
               Mientras por un lado seguiremos dialogando con Dios, por otro trataremos de aprender los continuos lenguajes culturales del hombre, porque siempre conociéndolos mejor, podemos ayudarles a entender su dignidad de hermano, porque es "hijo de un mismo Padre." 
                Los laicos, con su visión sencilla y simple pero exigente, de la dimensión espiritual y a veces con su sufrido pragmatismo social y político, nos estimulan a entender que no es cuestión de simplificar y eliminar las problemáticas, sino de  recobrar continuamente la claridad de una visión que hace fluir el Evangelio y el encuentro con el Señor Jesús, el Dios de la historia y del tiempo, el alfa y la omega. Y con Jesús encontrar al hombre, cada hombre. No es fácil, pero merece la pena dedicarle nuestra vida de consagrados a Dios y a los hermanos.   

6.    Que nunca decaiga la confianza y la esperanza.  

      
         Renovémonos, en cambio, con una buena formación permanente. 
                A tiempos difíciles se responde con mayor amor, confianza y esperanza. Fue en el momento más dramático de la Iglesia primitiva cuando el Espíritu hizo surgir el Apocalipsis. En él la Iglesia celebra los Himnos cristológicos más bellos y ricos en esperanza. Cristo, el Cordero inmolado, sigue dando sentido a la vida y al sufrimiento de cada uno y asegura que la verdadera historia, la última palabra, la tiene  Dios. 
               Cada momento es el un momento de la confianza y de la esperanza. No debe ser un intento de  huida hacia una espiritualidad vaga, sino la voluntad decidida y humilde de contemplar cuidadosamente con la mirada de la fe. 
              Si consideramos que nuestro punto "frágil", más que débil, es nuestra dimensión espiritual y la oración, y al mismo tiempo percibimos que nuestro punto "fuerte" es nuestro trabajo, un trabajo bien hecho, al que nos dedicamos con amor y muchas veces con satisfacción, el empeño más importante tiene que dirigirse a una formación de base y permanente valiosas, que nos ayudará a entender mejor lo esencial sin omitir el resto. 
                En primer lugar tendremos que procurar intensificar la dimensión espiritual tal como la propone el Evangelio y nuestro carisma. 
                En esta perspectiva pueden ser útiles los "modelos" de crecimiento espiritual que os he recordado durante la visita canónica. Se dan, como recordáis, el modelo de "tender a la perfección de la caridad", que ha orientado la formación de muchos de nosotros; el modelo de la autorrealización; el de la aceptación de sí; en la actualidad se habla del modelo de la integración.  Todos son más o menos válidos, porque lo que cuenta es el asumir en serio nuestra formación permanente. Es lo único que nos ayuda a superar etapas ya alcanzadas y situaciones de estancamiento.  
                Y por esto la formación permanente, para una conversión personal y también para una transformación colectiva, ha sido uno de los temas subrayados como fundamentales por el Congreso internacional de la vida religiosa.  
                Pero también sobre este punto sería oportuno ponernos de acuerdo sobre lo que entendemos por formación permanente.  
               Hoy se habla de una disponibilidad activa e inteligente del hombre espiritual que se deja formar por la vida y para toda la vida.  
               La condición, por lo tanto, para una auténtica formación permanente será la actitud interior del Hermano que, libre de corazón y de mente, aprende a aprender de la vida. Aprende ante todo de Dios, el verdadero autor de la formación, de su Palabra y de su misterio, de la liturgia y de la riqueza del carisma. Pero también aprende de los otros, de cada Hermano, santo o menos santo, de la gente, de los pobres, de cada cultura, en cada momento de la vida. Aprende en cualquier puesto que le asigne la obediencia. Aprende del éxito y del fracaso, de los jóvenes y de los ancianos, de los sanos y de los enfermos. Se deja tocar por la vida y recoge en toda circunstancia el mínimo fragmento de verdad y belleza.  
             Hasta el momento de la muerte, que señalará el fin de su formación permanente, el Hermano tiene que estar dispuesto a aprender.  
             La formación permanente, lo sabemos, es considerada a distintos niveles. Encontramos, en primer lugar, el nivel del cada individuo, primer responsable de su formación, responsabilidad que no puede delegar a nadie. Están, después, los niveles comunitario y provincial.  
             Existe una formación permanente ordinaria, del propio individuo que se apoya en lo que hacemos cada día, pues la formación sólo es permanente si es cotidiana. Pero existe también una formación permanente extraordinaria que las Constituciones proponen a varios niveles, hecha de encuentros particulares, de momentos espirituales prolongados, de puesta al día, de “reciclajes”…  
            Las dos formas normalmente deberían complementarse mutuamente. Paulatinamente se va abandonando la idea de que la formación permanente es algo extraordinario, hecha en algunos momentos, para algunas personas y que sólo afecta a algunas áreas de la personalidad. 
            La formación permanente del Hermano ilumina el proceso de su conversión personal, y su espiritualidad  sintetizará los diferentes ámbitos de la formación. 
            La formación permanente de cada Hermano posee, además, una gran fuerza de impacto en su comunidad e incide en la calidad de vida y del testimonio. Incluso, se convierte en el alma de la renovación y de la animación vocacional. Por consiguiente, un Instituto, una Provincia que invierte en la formación, invierte en su futuro.  
           También entre nosotros ha crecido el convencimiento de la urgencia de la formación permanente, entendida como recuperación de lo esencial, como una vuelta a las fuentes y al amor de un tiempo pasado, para que se convierta en pasión por la búsqueda personal de Dios, a la luz de su Palabra, para asumir las propias responsabilidades.  
           No todo es perfecto, desde luego,  y no necesitamos ocultar que, a nivel personal, alguno se atrinchera en una cierta rigidez mental, con el consiguiente sentido de autosuficiencia, de miedo, de cerrazón.  
           También a nivel comunitario se dan algunos elementos que interfieren negativamente, como un cierto  abandono del crecimiento comunitario o el excesivo trabajo que aleja de lo esencial, y que hacen menos significativas las relaciones y desorientan.  
           Los expertos ponen mucho énfasis en la revalorización de la vida fraterna como elemento indispensable para la formación.
           Nosotros, Hermanos de la Sagrada Familia, que con frecuencia hacemos referencia a la Familia de Nazaret, cada vez estamos más convencidos de la validez formativa de la vida en la oración, en la recíproca obediencia fraterna, en el "dejarnos tocar" por las limitaciones del otro y así poner remedio en él y en nosotros: cosas sencillas, pero básicas y eficaces. 
          Todos somos conscientes de que el proceso formativo es como un camino que, por su naturaleza, no acaba nunca. Siempre está necesitado de atención y cuidados, sea de parte de los formadores sea de la comunidad, unos y otros atentos al Espíritu y a la misma vida. 
 

7. Los motivos de nuestra esperanza:  

                Quisiera concluir esta circular enumerando algunos motivos de esperanza. 
               El primero de ellos es la certeza de que el Carisma del Instituto y el Instituto mismo como su portador, dones de Dios a su Iglesia, continuarán siempre siendo, de una u de otra manera, un don dinámico y actual para la Iglesia y para el hombre de hoy. 
                A este motivo de esperanza añado los siguientes:
             - ¡A todos y a cada uno de los Hermanos del Instituto: su vida, su fe, sus alegrías y dolores, sus esperanzas, sus compromisos apostólicos! 
          - ¡El mismo carisma que es, sobre todo, un espíritu y una espiritualidad unidos a la dimensión más permanente del hombre, su dimensión de fraternidad, de humanidad, de amor, de afectividad y de donación de sí, por el hecho que el amor es expansivum sui! 
         - El PVI del Instituto que está sustentando y llevando adelante la dinámica de la fraternidad como manifestación de la humanización más importante para el día de hoy y manifestación del amor con el que Dios nos quiere como Padre. 
       - La Causa de beatificación del Fundador, que tiene que convertirse en un motor que arrastre todo lo que somos y hacemos como Hermanos de la Sagrada Familia. ¡El Fundador es el padre que nos guía y sostiene, que camina a nuestro lado, que nos da seguridad y espacios de vida! 
        - La sensibilidad que el Instituto tiene por la missio ad gentes, incluso en los límites de su pobreza. 
       - Las "Fraternidades Nazarenas" que abren nuevas fronteras al carisma. 
      - Los Hermanos jóvenes que han podido experimentar que el Instituto los escucha, los interpela, los quiere…  y ciertamente la lista podría alargarse... 

          Entre todos estos motivos quiero subrayar dos:   

Las "Fraternidades Nazarenas" 

A los miembros de las Fraternidades Nazarenas les hemos dado la posibilidad de "compartir" el don del carisma a nivel de "espiritualidad", y les hemos pedido que nos digan cómo lo intuyen, lo entienden, lo sienten y lo viven. 
                Nos han hecho entrever que lo que llamamos "nuestra espiritualidad nazarena" puede iluminar su vida. Y de cómo la viven a la luz de Nazaret, nos ofrecen elementos para mirar con confianza la belleza y la fuerza que lleva en sí.  
              Con su sed y amor por la Palabra de Dios y del Hermano Gabriel también nos estimulan a volver a estas mismas fuentes con un mayor deseo por aprender.    

El encuentro de los Hermanos jóvenes 

Tuvo una preparación discreta. Sin embargo, su celebración resultó ser un acontecimiento particularmente significativo. Brevemente señalaré que los jóvenes se preocuparon de darnos a conocer alguna repercusión de lo que han vivido. Pero, lo realizado, es solo un primer paso: el proceso tiene que continuar. 
              El mensaje final, conciso, daría la sensación, quizás, de ser un memorándum. No se tiene que agotar en una primera lectura. Se le tiene que dar espacio y tiempo para llegar a entender lo que el Espíritu nos ha dicho.  
               
Tras sus expresiones hay aspectos que merecen ser desarrollados. 
 

Conclusión:   

Hagamos una relectura de las principales bases de vitalidad que la historia del Instituto nos ha entregado y veamos si existen otras que nos pueden ayudar a mejorar. ¡Cada Hermano está invitado a señalarlas! 
               Con su sencillez y humildad, los Hermanos que nos han precedido, nos han transmitido las bases siguientes: 

           Vivir la espiritualidad nazarena 
           Ser fieles al Carisma del Fundador 
           Amar  la Regla, porque es el camino de la caridad perfecta 
           Buscar ante todo el Reino de Dios  
           Ser fiel a los compromisos de la Consagración 
           Construir incansablemente la Comunidad 
           Hacer que la vida nazca y se desarrolle mediante una solicitud activa por las vocaciones. 
          Asegurar a los miembros del Instituto una sólida formación religiosa e intelectual, apostólica y misionera 
          No sacrificar nunca la vida religiosa al empleo 
          Ser colaboradores activos en la Pastoral de la Iglesia.   

Ciertamente estos son los criterios que también hoy permiten a una Comunidad el valorar su grado de auténtica vitalidad.   
               El camino de renovación, emprendido por el Concilio Vaticano II, que coloca la vocación religiosa como un "signo particular" dentro de la vocación universal a la santidad, apenas se ha iniciado.  
             Seguir a Jesús, virgen, pobre y obediente, para el Hermano de la Sagrada Familia, quiere decir vivir su filiación divina y, por lo tanto, su fraternidad. Que nuestra vida religiosa se ponga en su seguimiento con confiada esperanza. 
             El camino que hemos de recorrer es largo y accidentado; si lo recorremos unidos será más llevadero y seguro.   

¡Que la Sagrada Familia y el Hermano Gabriel nos guíen y sostengan en este camino!. 

 Fr. Lino De Campo 
 Superior General 

 Roma el 12 de octubre de 2005   
 

2

Enraizados en la alegría

    El Hermano, por el privilegio de la llamada especial que ha recibido, por la gracia de su consagración y por el empeño apostólico que lo lleva a colaborar de modo especialísimo con Cristo en la construcción del Reino de Dios, tiene que ser un hombre que emane alegría. Una alegría que nace y se expresa de manera particular en la fraternidad, en una comunidad de hermanos, alegres por compartir la vida para amar, alabar y servir a Dios: "O quam bonum et jucundum habitare fratres en unum!". (Sal 133,1).
 
¡Cuántas veces, por desgracia, la alegría no aparece en nuestros rostros, ni reina en nuestras comunidades!  ¡Cuántas veces en las conversaciones estamos propensos a subrayar los tiempos difíciles que estamos atravesando! Realmente hay motivos para mirar con pesimismo la situación actual. Pero también es evidente que este modo de ver la realidad a menudo nos paraliza. Nuestra experiencia así nos lo confirma. Si la alegría está ausente, disminuye el empeño vocacional, el trabajo apostólico nos parece cada vez más estéril, la vida comunitaria nos resulta difícil y disminuye el amor al Fundador y el interés por su causa de beatificación.
   A pesar de todas las dificultades y las contradicciones de nuestro tiempo, hoy tenemos que convertir en realidad entre nosotros la intuición que tuvo el cardenal Pironio que veía al religioso como "profeta de esperanza" y "testigo de la alegría de sentirse ya salvado", aunque todavía no en plenitud.
   Las comunidades que San Pablo animó no estuvieron exentas de formas y experiencias pesimistas. Por eso, el Apóstol se vio en la necesidad de hacer notar que la alegría es un don que ni el sufrimiento, ni las desgracias del momento, ni las persecuciones, ni las tragedias pueden arrebatarla si uno está abierto a la ación de Dios, al don del Espíritu... "Que el Dios de la esperanza os llene de cumplida alegría y paz en la fe para que abundéis en esperanza por la virtud del Espíritu Santo". (Rom 15,13) "Porque el reino de Dios no es comida ni bebida sino justicia y paz y gozo en el Espíritu Santo". (Rom 14,17-19)
    También San Juan en su primera carta nos invita a vivir en la alegría: "Lo que hemos visto y oído, os lo anunciamos a vosotros, afin de que viváis en comunión con nosotros. Y esta comunión nuestra es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os escibimos esto para que vuestro gozo sea colmado". ( 1 Jn 1,3-4)
    Con el salmista, al final de cada día, deberíamos poder cantar: "Aun en mi lecho me acuerdo de ti; en ti medito en las vigilias, pues tú eres mi auxilio, y salto de gozo a la sombra de tus alas". (Sal 63,7-8)
    Nuestras Constituciones nos invitan con particular insistencia a vivir con alegría y a compartirla. En el "Prólogo" leemos: "Sea tu alegría el amor del Padre que ha mirado tu pequeñez y ha querido que participes en su plenitud de amor trinitario por la imitación del hogar de Nazaret". "Ama a cada uno de tud Hermanos y a cuantos ponga Dios en tu camino con sencillez, alegría y humildad". "Ante el Padre eres respon sable de tus Hermanos. Que tu alegría sea tu alegría". "Vive hasta el fondo la muerte total. De este modo mostrarás tu resurrección por la paz, la alegría, la fraternidad".
    En las "Constituciones" la alegría aparece en la encrucijada de las experiencias profundas de vida, y nos recuerdan que constituye una señal, un testimonio de la obra del Espíritu en cada Hermano y en el Instituto. "El contacto continuo con el Fundador y su conocimiento cada vez más profundo llevan a los Hermanos a la gozosa afirmación de su identidad, iluminan el presente, y orientan el futuro del Instituto". (Cost. 3) "Recuerden con alegría los Hermanos que, bajo el techo humilde de Nazaret, vivía la familia más santa y noble y que de ella ha tomado la Congregación su hermoso nombre". (Cost. 5 - NG3 ) "Los Hermanos... se aman y ayudan mutuamente, comparten las alegrías, las penas, los éxitos y fracasos de todos... y contribuyen, en el medida del posible, a la alegría de sus Superiores y de sus Hermanos: en una Comunidad así se encuentran la paz, la satisfacción (alegría) y todas las virtudes". (Cost. 13 - Circ. n. 21, IV, del 2 de julio de 1864 -) "La paz y la alegría son dones pascuales que Cristo ofrece a los hombres de hoy en las Comunidades de los Hermanos". (Cost. 24)
    La alegría ayuda a asumir la soledad del celibato consagrado (cf Cost. 33); abre el corazón del Hermano en la espera de Dios (cf Cost. 35); hace que participe mejor en las celebraciones litúrgicas; y se convierte en una de las expresiones más significativas de su oración. (Cost. 137) "La oración personal y comunitaria de los Hermanos va más allá del marco litúrgico. Por ser expresión de un amor atento a la presencia de Dios, es sencilla, confiada y alegre como corresponde a unos hijos".
    La alegría se convierte en invitación a seguir nuestra vocación: "El ejemplo personal de su vida laboriosa, humilde y alegre dedicada al servicio del Reino es un medio excelente para suscitar vocaciones". (Cost. 149) La misma vocación es fuente de alegría: "Trabajan en estrecha unión y en un clima de familia con los jóvenes de quienes están encargados, para que éstos participen activamente en su propia formación y se sientan llenos de la alegría de su vocación". (Cost. 163) La alegría sostiene en las dificultades: "La Comunidad permanece atenta para ayudar a los Hermanos mayores o enfermos a que en esta hora de prueba puedan vivir las respuestas que el Señor les propone... en el gozo de la espera del Señor" .(Cost. 186) "Recuerden los Hermanos que el yugo del Señor es suave y ligero... y tendrán la dicha de dar gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Amén". (Cost. 280 - NG LXXV -).
    El Padre Fernando Torres enumera diez motivos para ser felices. Precisamente porque rayan la normalidad existe el peligro de no tenerlos en cuenta. Valela pena recordarlos: el sol sigue saliendo, una institución acogedora, la conciencia abierta, el encuentro con el Dios desde la experiencia de Jesús, el por qué lo queremos, abiertos al amor, unas relaciones humanas auténticas, el vivir en solidaridad, tener lo que necesitamos, Dios fundamento de nuestra vida.
    Los hemos meditado en la oración que precede a la reunión de Consejo general, y de nuestro corazón han brotado otros motivos: la alegría de tener como fundador al Hermano Gabriel y un carisma nazareno; la llamada a ser portadores de felicidad; el poder redescubrir a Dios cada mañana; el tener el don de la fe y a un Dios que nos quiere; la comunidad en que vivimos; la gente que nos rodea; la eucaristía; el ser sencillamente hermano en la Iglesia de Jesús; la Iglesia y la Congregación unidas por la comunión; la experiencia que los demás son mis hermanos....
    Son pepitas de oro que tienen que enriquecer nuestro tesoro. Por eso invito a cada Hermano y a cada comunidad a descubrir los motivos profundos de una alegría que será fuente de nuevas energías para la refundación y para un nuevo empuje apostólico.
    El Proyecto de Vida del Instituto nos plantea esta pregunta: "Hermano, ¿te sientes feliz?" No es una pregunta banal u obvia. No podemos olvidar que sólo demostrando que nos sentimos felices seremos testigos creíbles de nuestra consagración, y sin palabras, podremos invitar a otros a seguirnos como Hermanos de la Sagrada Familia.

  
Fr. Lino Da Campo,
  Superior General

 

3

Ayudemos el actuar de Dios en cada uno

            En la reunión del 7 al 9 de enero, el Consejo General, ha dedicado particular atención a algunos temas relacionados con la refundación y la vitalidad del Instituto. Te señalo, querido Hermano provincial,  tres para tu reflexión personal, y para que los des a conocer a tu Provincia: 

            La Fraternidad: Iluminada  por la contemplación de la encarnación del Primogénito de Dios y Hermano nuestro, la Iglesia, en el período de Navidad,  nos ha propuesto la lectura de la 1ª Carta de Juan. El apóstol preferido de Jesús pone como fundamento de la fraternidad nuestra filiación divina. Al mismo tiempo, trata de alejar de nuestra mente y corazón, cualquier forma de fraternidad que sea producto de un sentimentalismo marcado por la fantasía
             El modo de progresar que nos señala Juan es grandioso, claro y duro como un diamante. ¡O somos hijos de la luz o seremos hijos de las tinieblas! ¡O estamos en la vida o estaremos en la muerte! Y nos pregunta sin apelativos: ¿Cómo uno puede decir o imaginar amar a Dios que no ve, si no ama al hermano que ve, al hermano concreto, al hermano con sus cualidades y defectos, al hermano con quien comparte la vida de cada día?  
            Para Juan, el criterio para que esto sea una realidad no es el empleado por el mundo. Nos empuja (nos desequilibra), hacia el hermano. El mundo, quizás,  proclama con palabras una fraternidad que parece no conocer. El mundo no toma en serio la fraternidad, explota al hermano. En cambio, Juan nos dice que sólo quién ama al hermano, puede entender su verdadera filiación divina y encontrar a Dios. 
            ¿No será entonces el momento de fijarnos más en lo concreto de un amor fraterno que en los Hermanos jóvenes se muestra, sobre todo, en el servicio generoso, dentro y fuera de nuestras estructuras; en los Hermanos de edad madura, en el respeto, en la acogida y en la colaboración con todos; y que en los Hermanos de edad avanzada tiene sus manifestaciones en la gratitud por formar parte de una verdadera familia, humilde tal vez, pero iluminada por la fuerza que viene del amor del Padre y del sacrificio del Primogénito?  
            Juan, incluso, nos enseña que sólo una fe grande nos hace crecer en el amor. Y viceversa, diríamos nosotros. Erich Fromm llega a la misma conclusión: "El amor es un acto de fe, y quién tenga poca fe, tendrá poco amor". ¿Nosotros manifestamos tener fe? 
            Es necesaria la fe para entender las palabras de nuestro Fundador: "Los títulos de dignidades exigen respeto, pero el nombre de Hermano sólo manifiesta sencillez, bondad y caridad. ¿Qué hay más bonito que el nombre de Hermano"? (NG). Sin fe no entenderemos esto y, por tanto, no lo viviremos!   

            Por todo ello, interpelamos a nuestros Hermanos:  

            - Hermanos jóvenes: ¿hasta qué punto vuestro amor generoso se transforma en algo concreto como un don total de si mismo en una actitud de humilde servicio a los Hermanos, a la Iglesia y al mundo? Sabemos que toda nuestra vida será valorada por los resultados finales, cuando se nos recuerde: "Tuve hambre, tuve sed… tu Hermano anciano, enfermo, en dificultad, necesitó de tu ayuda, qué has hecho por él"? 
            - Hermanos en edad madura: ¿hasta qué punto vuestro amor se ha convertido en respeto por los demás, en atención a sus necesidades, en aceptación, en paciencia, en gratuidad, en un instrumento para suscitar  nuevas vocaciones,…? 
            - Hermanos ancianos: ¿Testimoniáis todavía  con vuestra vida y vuestras palabras que en esta vida vence quien más ama y no quien más sabe? ¿Seguís dando gratuitamente, sin dar muestras de egocentrismos, sin mostraros exigentes, amargos? ¿Podéis decir que la plenitud del amor es, como dice San Juan y  comenta San Francisco: ¡"…que no busque tanto el ser consolado como consolar, ser comprendido como comprender, ser amado como amar..."  ¡Ayudémonos mutuamente a ser hermanos!   

            La promoción vocacional: el año 2003 ha dado un duro golpe a nuestra familia religiosa: disminuyó en 11 miembros. 
            Ha habido 5 nuevas profesiones, "¡Señor, te doy las gracias!"; nos dejaron 4 Hermanos de votos temporales y 5 de votos perpetuos, "¡Señor, ayúdalos en el nuevo camino que han elegido!";  7 Hermanos han fallecido, "¡Señor, acógelos en tu Reino!". Son datos de familia que nos hacen reflexionar. 
            La promoción vocacional merece una atenta y especial consideración. Es un punto que tiene que interesar a todos los Hermanos de cualquier edad y lugar. Es, y sigue siendo, la forma de amor más auténtico y profundo por nuestro Padre Fundador y por su familia religiosa, que es también la nuestra. Y es un amor que tiene múltiples expresiones.
            En primer lugar, tiene que traducirse en oración constante al Dueño de la mies, porque  fue el primer mandato que Cristo nos dio respeto a las vocaciones; después está el testimonio alegre de ser y sentirse Hermano de la Sagrada Familia; y, luego, todas las iniciativas que no podemos, y no es ni razonable, ni comprensible, ni justo, delegar en determinados  Hermanos.  
            Es verdad que Dios es dueño de la vida y de la muerte y, también, que un Instituto religioso no tiene la garantía de la inmortalidad. Pero también es verdad que, si la Iglesia reconoce un carisma, lo bautiza para la vida y no para la muerte. Y nadie tiene derecho a decretar su fin. 
            El carisma confiado a la Congregación no es una carta que hay que enviar a alguien, sin más; no es una idea abstracta; no es un código moral de buena conducta; no es un título  para creernos mejores que los demás, sino una vida que se nos dio para que la saquemos adelante; se transforma en una descendencia bendita de generación en generación; es una presencia que se convierte en don profético; es compartir con los Hermanos cuanto el Fundador nos legó. ¡Unámonos a cuanto hizo el Fundador para sacar adelante el carisma recibido y unámonos a su oración constante! "Señor, escucha la oración que te hago y deseo hacer siempre por el querido Instituto a mí confiado y que pongo en tus manos. Haz que sea obra tuya y no mía…"  (Testamento espiritual). 
            Sin vocaciones el Instituto no puede ni podrá existir por mucho tiempo. Pero si, de verdad, quiero a mi familia, haré cuanto esté de mi parte para que continúe. No es egoísmo, al revés, convencido de que el carisma es un acto de amor de Dios a su Iglesia y al mundo, manifestaré a la Iglesia y al mundo este amor de Dios haciendo lo posible para que el carisma del Hermano Gabriel continúe en el tiempo.  
            No es justo ni oportuno afirmar  que queremos a la Iglesia, si no hacemos lo posible para que se extienda.  ¿Cómo podemos decir que queremos a la Congregación si no ponemos lo que esté de nuestra parte para que crezca?  Si comparamos el carisma con los talentos recibidos, sabemos también de él se nos pedirá cuenta.  
            El futuro del Instituto depende de los que lo aman. Y cuantos lo aman no se dejan engañar con determinados sofismas: "yo rezo por las vocaciones en general, y si  Dios quiere mandarnos alguna..." Hay que rezar, sin duda,  por todas las vocaciones, pero, en especial, por las de nuestro Instituto, no sólo para que haya Hermanos a disposición de la Iglesia, sino para que sean, para la Iglesia, una palabra de amor y luz que le llega de parte de Dios.  
            Y no se pueden aceptar impunemente ideas anticuadas, como que "esta clase de vocaciones deben desparecer para que nazcan otras nuevas". El cambio no viene anegando, sino dando pequeños pasos que trazan la senda de una historia de salvación. 
            Ni tampoco nos honra el dejar sólo a Dios la tarea de que el carisma siga vivo. Como don y riqueza para la Iglesia, no lo dejará perecer. Si no se da nuestra aportación, suscitará a otras personas.     
            Aunque en la Provincia y en las Comunidades se haya nombrado a alguien que dedique tiempo, energías y  creatividad, a la promoción vocacional y a la formación, todos tenemos que sentirnos implicados en este empeño, tan importante para el Instituto.  
            Es verdad que Dios es quien da y quita la vida. Pero por lo que nos concierne, esforcémonos para que la vida, puesta en nuestras manos, continúe y no nos volvamos con nuestra dejadez o poco amor, "abortistas" o "partidarios de la eutanasia".
            Ayudémonos a hacer una lectura del actuar de Dios en cada uno de nosotros, en la Iglesia y en el Instituto.
            Querido Hermano Superior Provincial, te comunico estas reflexiones para que las hagas fructificar en tu Provincia, del modo que creas más oportuno. 
            Me sentiré contento si esta carta fuera leída y, si fuere posible, comentada, en comunidad, y, ¿por qué no?, también hecha oración.  
            Que la Sagrada Familia de Nazaret bendiga a nuestro Instituto y el Hermano Gabriel acompañe a cada Hermano de la Sagrada Familia.

H. Lino Da Campo
Superior General

Roma 24/01/2004
 

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Una presencia viva entre nosotros

 


Queridos Hermanos:   

 

 La Causa de nuestro Fundador ha entrado en una fase nueva y todo el Instituto tiene que sentirse implicado ante este don de la gracia. Por ello, me es grato poder compartir agradecido con cada uno de vosotros algunas certezas marcadas por la esperanza. 

 

1. La presencia viva entre nosotros de nuestro Padre Fundador: 

- nos mantiene confiados en el carisma que nos dejó,  

- nos anima a perseverar en la animación vocacional,  

- nos estimula en una formación de base y permanente de gran valor, 

- nos lleva de la mano por el compromiso de la refundación, 

- nos compromete en el camino de la santidad, 

- nos asegura que el objetivo de la fraternidad, señalado en el último Capítulo General, entra dentro de  su sueño más profundo de padre, como podemos ver en su Circular N. 21 del 2 de julio de 1864.. 

 

2. La esperanza de poder verlo beatificado: 

- Hace algunos meses presentamos a la CCS (Congregación para la Causa de los Santos) una amplia documentación sobre un "presunto milagro" atribuido al Venerable Hermano Gabriel a favor del niño Felipe Cifuentes, de Tandil (Argentina). 

- El 25 de mayo de 2004 recibimos la "Copia Pública" sobre la que se está preparando el "Summarium super Miro." 

- El 25 de junio hemos recibido el decreto de validez de la documentación presentada. 
Todo ello nos estimula a continuar con entusiasmo y esperanza, no sólo por lo que favorecerá el reconocimiento del posible milagro por parte de la Iglesia, sino, sobre todo, por lo que significa en nuestro camino de religiosos Hermanos de la Sagrada Familia, seguros de tener siempre entre nosotros a un Fundador, vivo y siempre dispuesto a sostenernos en los momentos difíciles de nuestra vida personal, comunitaria y de Instituto. 

 

3. Un nuevo Postulador

            Ante este nuevo paso de la Causa de Beatificación del Hermano Gabriel Taborin con la presentación en Roma de la documentación sobre el niño Cifuentes, el Consejo General consideró la solicitud del Hermano Guillermo Capra, Postulador in urbe, de dejar el cargo, y, por tanto, nombrar un nuevo Postulador General.  

            Agradecemos al Hermano Guillermo Capra todo cuanto en estos años ha hecho  en servicio de la causa, años vividos con generosidad y competencia y no siempre años fáciles y serenos por muchos motivos, y estamos seguros de que continuará prestando su colaboración válida, seria, competente y profunda en pro del buen resultado de la causa.  

            Con el voto favorable del Consejo General, he presentado a la CCS como  Postulador general  al Hermano Carlo Ivaldi y mi petición ha sido aceptada. 

            Damos las gracias al Hermano Carlo por haber aceptado este servicio, y por haberse preparado adecuadamente frecuentando los cursos del Studium, al mismo tiempo que le prometemos todo nuestro apoyo y colaboración fraterna. 

            El nuevo Postulador General estará apoyado por los colaboradores provinciales, que serán nombrados con las nuevas administraciones provinciales, previstas para el próximo mes de octubre. 

            En la espera de nuevas disposiciones, pedimos a cuantos hasta la fecha han venido prestando su apoyo en este sector de la "causa de los santos" que continúen generosamente en su trabajo. 

            Que nuestro amor al Fundador renueve nuestro ánimo para testimoniar hoy el Evangelio. 
Fraternalmente en J.M.J. 

Fr. Lino Da Campo 
Superior General 
 

Roma, 25 de junio de 2004