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El perfil espiritual del Instituto,
1.
"Confirma fratres tuos"
(Lc 22,32).
Éste ha sido el imperativo evangélico que me ha guiado
durante la visita canónica a las Comunidades del
Instituto, iniciada el 13 febrero del 2006 y acabada el
17 abril del 2007.
Para alcanzarlo, me propuse dialogar largo y tendido con
cada Hermano; animar la conversión del corazón y la
mente, un camino que en muchas partes se está haciendo
con seriedad; invitar a cada Hermano a dejarse penetrar
cada vez más por la Palabra de Dios, aprovechando el
tiempo de la meditación y de la lectura espiritual;
resistir a la tentación del activismo, que cansa
físicamente, ofusca la mente y endurece el corazón; y
estar abiertos siempre al Hermano, allá donde la
obediencia nos llame a vivir nuestro apostolado.
Añadamos, además, avivar y profundizar la relación con
la Sagrada Familia, modelo y apoyo de nuestra vida
espiritual, fraterna y apostólica; y redescubrir cada
vez más en profundidad al Fundador, padre amoroso, guía
seguro y estimulo constante.
Frente a las dificultades que hoy se pueden encontrar en
el camino de la santidad y a los escasos éxitos
obtenidos, he recordado a los Hermanos que no se
desanimen, porque, a pesar de todo, cada uno de nosotros
es un don específico de Dios a la Iglesia y al Instituto.
A
los Hermanos más jóvenes les he pedido que tengan
siempre presente que su joven sensibilidad religiosa
puede ser un estímulo importante para el Instituto,
porque todos estamos en formación permanente.
Si,
durante la visita, en el encuentro con los Hermanos,
hubo de mi parte, una insistencia mayor sobre un punto
específico, tenía como finalidad llamar la atención
sobre la dimensión espiritual de la vida del Hermano,
base de la dimensión espiritual del Instituto.
Este aspecto ya traté de subrayarlo en la Circular del
12 de octubre de 2005, volviendo a llamar reiteradamente
la atención sobre la necesidad de reforzar nuestra
dimensión espiritual para vivir en plenitud como
religiosos y apóstoles, y no sólo, o no tanto, como
apreciados "obreros del bien". Convencido, por una parte,
de que un Hermano es "fuerte" cuando está unido a sus
Hermanos, sobre todo en el ámbito espiritual y que puede
enriquecerse de sus experiencias espirituales, y por
otra parte, seguro de que la fe se vuelve más fuerte si
se comparte y se comunica, os propongo en la presente
Circular, cuanto he recogido acerca de la incidencia que
la Palabra, la presencia de la Sagrada Familia y el
Fundador, tienen en nuestra vida de Hermanos de la
Sagrada Familia.
En
este intento me ha servido de estímulo el sentido
profundo de vuestra collatio en la Lectio
Divina, las propuestas del último Capítulo General y
la sensibilidad de los Hermanos jóvenes que en su
mensaje al Instituto, al término del Encuentro del
Campanero en Uruguay, en el tema "EXPERIENCIA DE DIOS",
se propusieron mantener viva la conciencia de la
presencia de Dios en su vida. Y a partir de esta
experiencia, ser testigos, compartiéndola en
comunidad, comprometiéndose a estar cercanos,
dispuestos, capaces de escuchar, de acompañar y de vivir
el espíritu de Nazaret.
He
podido constatar que muchos "Proyectos de vida
comunitaria" expresan este deseo, pero,
desafortunadamente, también he notado que este deseo
muchas veces no se atiende suficientemente. El desafío
de compartir en comunidad nuestra experiencia de Dios,
en efecto, encuentra, un poco en todas partes, cierta
dificultad. Hay como una resistencia interior a
manifestarse. Y, hablan como de un desafío, también
nuestros Hermanos jóvenes, que sienten la necesidad de
compartir fraternalmente no sólo lo que hacen en su
trabajo profesional o en el campo apostólico, sino
también la dimensión más íntima de la vida: la fe, el
encuentro con Dios, las relaciones personales con la
Palabra, con la Sagrada Familia, con el Fundador.
Para poder dar una respuesta verdadera a este desafío,
para un conocimiento más concreto y real, durante la
reciente visita canónica he buscado de recoger de la
viva voz de cada Hermano "la intimidad de sus
experiencias espirituales", experiencias que
difícilmente se pueden escuchar en los encuentros
comunitarios. Me considero el primer beneficiado de esta
íntima comunicación que me ha parecido venir del corazón
de los Hermanos.
Hay que reflexionar intensamente frente a las maravillas
que Dios cumple, maravillas que a menudo, sobre todo en
los Hermanos más ancianos, permanecen en la sombra,
escondidas tras un velo de modestia o de temor, fruto de
una educación recibida. Alzar ese velo y descubrir lo
que Dios puede hacer y ha hecho en el corazón de un
Hermano, reconforta mucho, sobre todo en los momentos
difíciles o de desorientación.
Cada "revelación" que el Hermano hace de su intimidad,
por pequeña que sea, es un gran regalo a sus Hermanos.
Es como la lámpara de que habla el Evangelio: ilumina la
habitación "de la fraternidad". Cada "revelación"
contribuye a reforzar el espíritu de familia que nos es
absolutamente necesario para vivir en la alegría y en la
paz del carisma del Hermano Gabriel. Es un himno de
alabanza y agradecimiento por la historia de salvación
que Dios escribe en la vida de los Hermanos y del
Instituto.
Más de una vez, os lo confieso, he percibido vuestra
alegría al expresaros libremente, precisamente porque no
siempre, como ya he subrayado, uno se atreve a hacerlo
en comunidad. En efecto, lo que tenemos de más íntimo
como las relaciones con Dios, es tan delicado, único y
precioso, que, a menudo, no estamos en disposición de
darlo a conocer a quien no nos ha abierto su corazón
para acogerlo. Para poder recibir en profundidad y
dignamente cuanto un Hermano nos confía de su intimidad
y, agradecidos, maravillarse del misterioso actuar de
Dios, es necesario un corazón fraterno, humilde y atento.
Personalmente, y no me canso de repetir, lo que he
recogido ha sido, y continúa a ser para mí, un verdadero
motivo de admiración y gratitud a Dios. Y, precisamente
por ello, os lo propongo también a vosotros, porque
estoy convencido de que lo que dice un Hermano de su
vida interior, de su encuentro con Jesús, con la Sagrada
Familia y con el Fundador os servirá de estímulo para
crecer interiormente.
Acercarnos al misterio del Hermano nos ayuda a
acercarnos al misterio de Dios. El misterio de Dios y el
misterio del Hermano caminan juntos, pero necesitan una
buena dosis de contemplación para ser percibidos. Deseo
que lo consigáis.
Al
reflejar lo que me habéis dicho, he conservado el estilo
coloquial, porque creo que vuestras respuestas llevan en
si una fuerza particular y una delicada belleza,
fácilmente perceptibles. Habría sido ciertamente aún más
bonito, si hubiera podido también reflejar la vivacidad
y el tono con que os habéis expresado.
En
la clasificación del material recogido he tratado de
destacar de cada uno de los temas, el sentir de los
Hermanos. Lo he subdividido en tres grupos según la edad
"religiosa": Hermanos de más de cincuenta años, los
incluidos entre los veinticinco y los cincuenta, y los
que están por debajo de los 25 años de vida religiosa.
En
cada una de estas franjas emerge el "perfil de Hermano"
con el que nos podemos confrontar.
Para otras consideraciones os remito a los textos,
agrupados bajo títulos que ofrecen una cierta comodidad
de consulta, aunque las respuestas contienen a menudo
más de una perspectiva. A excepción de algunas
repeticiones textuales, he preferido escribir las
respuestas como han sido expresadas. Al transcribir lo
que he escuchado, he tratado de ser lo más fiel posible.
Pido disculpas si, a veces, no he logrado expresar toda
su profundidad y belleza
Estoy convencido de que también vosotros, al terminar su
lectura, constataréis lo mismo que yo he constatado y
llegaréis a la misma conclusión, lógica y exaltante a la
vez, que: ¡enraizados en la Palabra de Dios,
particularmente en el Evangelio, siguiendo el ejemplo y
con la ayuda de la Sagrada Familia, guiados y
acompañados por el Hermano Gabriel Taborin, podemos
ayudarnos a hacer del Instituto un nuevo Nazaret, una
casa que revele que el Emmanuel, el Dios con nosotros
está presente y es el Señor!
Hermanos, os devuelvo, por lo tanto, lo que me habéis
confiado con expresiones sencillas y sinceridad de
corazón:
el
perfil espiritual del Instituto que se desprende de las
respuestas a tres aspectos sobre la realidad que estáis
viviendo: ¿Qué texto bíblico, o qué actitud de Jesús u
otro personaje bíblico, ha animado y está animando tu
vida? ¿Quién es para ti la Sagrada Familia? ¿Quién es
para ti el Hermano Gabriel Taborin?
¡Doy
las gracias a cada uno de vosotros por lo que es y
agradezco a Dios por haberme dado tales Hermanos!
I. MI ENCUENTRO CON DIOS EN SU PALABRA.
2.-
¿Qué
texto bíblico o qué actitud de Jesús o de un personaje
bíblico ha animado y está animando tu vida?
Nuestra Regla al referirse al encuentro diario del
Hermano con la Palabra de Dios dice que tiene lugar
sobre todo en cuatro momentos del día: en la liturgia de
las horas, en la meditación, en la celebración litúrgica
de la misa, en el estudio o en la lectura meditada de la
palabra de Dios.
Cuando la Palabra puede entrar en la mente y echar
raíces en el corazón se hace importante para la vida. La
parábola del sembrador nos recuerda, en efecto, que la
Palabra es germen de vida, pero que necesita la acogida
del corazón para brotar y dar fruto.
El
momento que ofrece el espacio de apertura a la Palabra
es el de la meditación. No por nada en los últimos
Capítulos Generales se ha insistido mucho en la
meditación. Y de la importancia de la meditación también
he hablado personalmente, en comunidad o en el coloquio
personal. La meditación, en efecto, ayuda a tomar
conciencia de quiénes somos, qué necesitamos, y qué
tenemos que hacer, y de lo que la Palabra acogida puede
obrar en nuestra vida.
Las respuestas dadas dejan entrever que la Palabra ha
encontrado buen terreno en el corazón del Hermano, un
terreno más o menos profundo, pero suficiente para
permitir que engendre vida y la ilumine.
Si,
como se dice, la boca habla de la abundancia del corazón,
personalmente puedo dar testimonio de que en las
respuestas escuchadas aparece algo largamente meditado,
por mucho tiempo amado, y desde hace tiempo,
experimentado. Por esto escuchar la experiencia que un
Hermano hace de la Palabra es entrever lo que hay en el
corazón del Instituto.
3.
Perfil espiritual del Instituto que se desprende de las
respuestas de los Hermanos de más de 50 años de vida
religiosa
Para los Hermanos incluidos en este grupo la meditación
debería ya haber alcanzado la contemplación, y la
contemplación habría tenido que transformarse en
gratitud, agradecimiento, alegría y paz.
Las respuestas, en base al texto elegido, también
revelan el grado de experiencia contemplativa. Me he
encontrado, Hermanos, con una gran riqueza interior, con
el gusto de la contemplación sencilla y profunda, con la
paz que viene de la sabiduría, propia también de la edad,
con la alegría límpida del pobre que recibe todo como
don.
Con igual honestidad tengo que decir, en cambio, que en
algunos Hermanos el sentido contemplativo está poco
desarrollado y es poco profundo. Ha faltado, quizás, una
formación capaz de ayudarles a renovarse en el tiempo. Y
esto aunque se sea fiel al tiempo de meditación previsto
por la Regla.
Sí,
para unos y otros se nota un fuerte sentido de fidelidad
al propio deber, en todos los campos. Este sentido, en
el ámbito de la oración, los lleva, (y siempre los ha
llevado), a ser fieles a las prácticas de piedad,
presentes y puntuales en los momentos establecidos. Es
raro que el tiempo de la meditación supere la
tradicional media hora prevista por la Regla. A pesar de
estos límites, agradezco a Dios por lo positivo que he
podido constatar en el corazón de los Hermanos.
La
elección de textos sobre los que meditan es
significativa. A algunos les gusta meditar los textos
que la liturgia de la palabra de la misa del día
propone. Se ve claro que en el amor al evangelio del día
se manifiesta el amor en el "diario de la vida",
un
caminar con Jesús, día tras día entre la gente con la
que se vive.
Esto llevaría a pensar que se trata de la "virtud de la
costumbre", en realidad esconde otra dimensión, la de un
ritmo de vida lleno de serenidad, de sencillez, de
esperanza agradecida, de memoria, y también un saborear
la esperanza de pequeños progresos. Es como uno que mira
sereno hacia el encuentro definitivo.
Para muchos de estos Hermanos emerge fuerte
el amor a
Dios y al prójimo. En ellos es fuerte la llamada a "convertirse
al amor de Dios y al prójimo". No es tanto una
invitación a una conversión del último minuto, cuanto el
deseo de llegar a la plenitud del amor de Cristo que, "los amó hasta al final" (= está amándolos hasta el
final), y con esto nos indica cómo amar en plenitud
a Dios y a los hombres.
Los dos amores, el de Dios y el de los hermanos, se
reclaman mutuamente: "Aprende a querer al prójimo y
aprenderás a querer Dios". Cuando el amor al hermano
visible se convierte en "sabiduría", experiencia de vida,
también el amor a Dios invisible se purifica y se hace
permanente. Se vive con la certeza de que "Dios es amor"
y fuente de todo amor. Y en el banco de prueba se ve si
se acepta el "vosotros sois todos hermanos", y
cómo continúa siendo siempre nuevo el mandamiento "amaos
los unos a los otros como Yo os he amado", habiendo
aprendido que cada cosa que se hace al hermano "me
la habéis hecho a mí"´.
¿Cómo amar? El himno a la caridad de Pablo (cf 1 Cor
13), nos muestra el camino. La lectura de la parábola,
habitualmente llamada del hijo pródigo, es leída
sobre todo bajo el prisma del amor del Padre hacia los
dos hijos, ambos necesitados del amor "paterno."
Siempre queda fuerte en bastantes Hermanos, la
referencia a la vocación. Se inicia reconociendo
que "no sois vosotros quienes me habéis elegido,
sino que he sido Yo quien os he elegido" y se
desarrolla como camino largo y a veces pesado: "¿Señor,
a quién iremos? Tú tienes las palabras de la vida eterna".
La vocación permanece como diálogo con Quien la ha dado,
un diálogo que dura toda la vida.
La
vocación es una respuesta continua, respuesta generosa
que se convierte en deseo de "hacer la voluntad de
Dios" hasta el final, porque "quien pone la mano
en el arado no debe mirar atrás."
Aunque se envejece físicamente, se trata de tener fino
el oído, porque "el Señor está a la puerta y llama",
o sigue estimulándonos con su "duc in altum",
hasta el último día de la vida, y no podemos simular no
oírlo.
"Cristo
es el centro de todo"
y, como buen pastor nos atrae. Se le ve como la
verdadera vid, el pan de vida, el camino, la verdad y la
vida. Sobre todo es el buen samaritano. Se camina con
Pablo hasta alcanzar el
"para
mí vivir es Cristo."
A
todas las edades es importante "repartir de Cristo"
cada día, y continuamente celebrar en la oración a "Dios
mío y Señor mío".
Con los achaques que los años nos traen, se convierte en
manantial de contemplación su "pasión, muerte y
resurrección", su haber venido para servir, no para
ser servido.
Jesús, en cambio, también es El que propone y enseña el
camino de las bienaventuranzas y nos dice que éstas
empieza por su amistad: "vosotros
sois mis amigos."
Asumir la invitación de Pablo:
"Tened los mismos
sentimientos que Cristo Jesús", se convierte en la
sabiduría mayor, en el compromiso más serio.
Para los Hermanos de esta edad no faltan las referencias
a Maria: la Anunciación es la página evangélica más
luminosa para entender su "fiat". Como no faltan
una llamada a la importancia y belleza de la oración, a
la alegría del canto, al estímulo que viene de los
Salmos, sobre todo de los que invitan al encuentro con
Dios.
4.
Perfil espiritual del Instituto que se desprende de lo
que dicen los Hermanos de edad de entre 25 y 50 años de
vida religiosa
Estos Hermanos centran sobre todo su atención sobre el
compromiso apostólico y sobre las responsabilidades que
les son confiadas. La meditación, por lo tanto, todavía
es búsqueda, pero se entrevé que poco a poco se
convertirá en contemplación. El actuar se centra sobre
todo sobre el "cumplir el propio deber", y sobre
esto son a veces particularmente exigentes, incluso
críticos, leyendo en este sentido el: "No el que
dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos,
sino el que hace la voluntad del mi Padre que está en
los cielos".(Mt 7, 21)
Destacan algunas preferencias significativas.
Llevados por la certeza de que Dios nos ama, también
para ellos, el evangelio de la liturgia del día es un
punto de referencia importante. La parábola del amor
misericordioso es leída colocándose de parte del hijo
pródigo, pero ya se entrevé la sensibilidad del amor "escandaloso"
del Padre hacia los dos hijos.
Entre las páginas más queridas del evangelio, tenemos
los Evangelios de la infancia, con las figuras de José y
de María, el Prólogo de San Juan, la samaritana, el
samaritano, los evangelios de la resurrección y del
juicio final, y sobre todo los capítulos 6 al 13 del
evangelio de Juan.
El
amor a Dios y al prójimo lleva a estos Hermanos a poner
principalmente su atención sobre el amor al próximo. Se
diría que la convicción de que cada hombre es tu
hermano obedece a lo que dice Juan: "como puedes
pensar de amar a Dios que no ves si no amas al hermano
que ves". Por lo tanto la mirada se pone horizontal
más que vertical: el otro es mi hermano. Detrás del
rostro del hermano, se intuye el misterioso rostro de
Dios.
Día tras día, algunos están descubriendo, la fuerza del
"pero vosotros sois todos hermanos."
La regla de
oro "ama al próximo como a ti mismo" se vive "animados
por el afecto fraterno", sobre todo en el saber perdonar,
llevados por las indicaciones prácticas del "himno a
la caridad", y con la constatación concreta, y
ciertamente experimentada, de que "hay más alegría en
el dar que en el recibir."
La
actitud de "cercanía" de Jesús, a cada persona
necesitada, se convierte en un ejemplo importante para
el apostolado.
También para ellos
la vocación es tema
prioritario, del que habla el mayor número. Es vista
sobre todo como respuesta explícita al "ven y sígueme"
porque "eres tú quien me has elegido",
reconociendo que continúa siendo una búsqueda que tiene
que permanecer siempre viva y llevar al compromiso,
porque: "¿A quién iremos? Tú tienes palabras que dan
plenitud a la vida". Es una respuesta que se
convierte en disponibilidad a Jesús y confiada entrega a
su voluntad: "haz de mí lo que quieras, como quieras,
y cuando quieras."
Son importantes algunos personajes bíblicos que han
vivido su vocación en la dificultad y también en forma
dramática: Abraham, el Siervo de dolores, Jeremías,
Pedro, Zaqueo. Algunos la sienten y la viven como la
lucha de Jacob en el río Yabbok, pero saben que puede
convertirse en el perfume de Betania o en la experiencia
sublime del "para mí, vivir es Cristo". Y en
estos momentos difíciles se agarran al
"te
basta mi gracia."
La
vocación para el apostolado trata de convertirse en "disponibilidad
en el servicio, humildad en la acción, perseverancia en
la oración" sin acepción de personas, confiados en
que "el Señor completará por mí su obra".
En
esta edad los Hermanos se sienten más fuertes y animados,
y creen más firmemente en cuanto Jesús ha dicho:
"No temáis!"
Debería aparecer más clara también la alegría, sea
porque, como dice Nehemías, (Ne 8,10), "la alegría
del Señor es vuestra fuerza", sea porque mostraría
un rostro más atractivo paa las nuevas vocaciones y para
el pueblo de Dios.
Se
cree a cuanto Jesús ha dicho: "Venid todos los que
estáis cansados y oprimidos, que yo os aliviaré", y
por lo tanto, se busca para estar junto a Él. También el
deseo de la oración se hace más insistente y frecuente.
5.
El perfil espiritual del Instituto que se despende de
cuanto dicen los Hermanos con menos de 25 años de Vida
religiosa
Los Hermanos ponen sobre todo la atención: sobre la
persona de Cristo, modelo fascinante y misterioso; sobre
la vocación, que madurando nos envuelve más; y el amor
fraterno se hace apoyo indispensable para se fiel a Dios
y al apostolado.
La
meditación es sobre todo búsqueda de comprensión del
sentido de la misma vida religiosa. Aparecen las
primeras experiencias de contemplación.
La
experiencia más sentida es la vocación. Varios
Hermanos evidencian la fuerza que tiene para ellos el
texto: "¿Señor, a quién iremos? Eres Tú quien tienes
palabras de vida eterna." Parece como si el joven
Hermano buscase estar seguro de su elección. Los
abandonos de algunos compañeros de camino han sido
vividos como un replantearse aspectos, sentimientos,
convicciones, decisiones, que durante el noviciado
aparecían como ciertos.
En
su respuesta vocacional el Hermano está descubriendo lo
fundamental que es asumir poco a poco la invitación
existencial de Pablo: "Tened
entre vosotros los mismos sentimientos de Cristo Jesús."
Al
mismo tiempo, en cambio, tiene que controlar
continuamente la búsqueda de la autoafirmación y el
seguimiento de aquel Jesús que "no ha venido para ser
servido, pero para servir". Convencido de que quien
lo sigue tiene que hacer lo que Él ha hecho, para sentir
y vivir como Él.
Los Hermanos están convencidos que la vocación es sobre
todo respuesta personal: "te he llamado por tu nombre:
me perteneces". Es personal incluso la experiencia
del "te basta mi gracia". Aunque si te sientes
"obrero de la última hora", el Señor te sostiene:
"llevo tu nombre escrito en mi mano" y "antes de
que fueses formado en el seno materno."
Por eso algunas vocaciones bíblicas les son
particularmente significativas: la vocación de Abraham y
más todavía la de Jeremías, que lleva a discutir con
Dios: "Me has seducido, Señor, y me he dejado seducir".
Convencidos, en cambio, que el atractivo del
enamoramiento podría debilitarse si no se experimenta
una verdadera seducción por Cristo. Con los discípulos
de Emaús, el Hermano descubre que el Señor camina al
lado, y que el Espíritu del Señor está sobre los que
siguen a Cristo.
Unido al tema vocación-llamada está el de la
vocación-perseverancia. No se tiene que olvidar nunca
que la vocación "la llevamos en vasos de barro".
La fidelidad se vive con paciencia día tras día:"Con
vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas". Por
eso es importante el ejemplo de Job que en las
dificultades "permaneció fiel."
Con Jesús se puede llegar hasta poder decir:
"Se
cumpla, [oh Padre] tu voluntad y no la mía". Y en la
medida que la vocación se descubre como don de Dios,
aumenta la oración al "dueño de la mies para que mande a
otros operarios".
La
perseverancia requiere vigor: "revestíos con la
coraza de la fe y la caridad teniendo como yelmo la
esperanza de la salvación". Requiere confianza
"ni
un cabello de vuestra cabeza perecerá."
Muy importante es
la fascinación que produce la
figura de Jesús en el joven religioso.
En
primer lugar Jesús es "el camino, la verdad y la vida",
se revela indispensable: "yo soy la vid y vosotros,
los sarmientos". En Él "hemos encontrado al
Mesías", por Él "hemos dejado todo". Jesús es
el buen pastor, el libertador, se identifica con el que
se ama, "me lo habéis hecho a Mí". No teme
decirnos "Si alguno quiere venir en pos de mí,
niéguese a sí mismo" y al mismo tiempo: "Permaneced
en Mí" y "estaré siempre con vosotros". Jesús
está "a la puerta y llama" cada día.
Para bastantes religiosos jóvenes empieza a ser
importante la meditación de la palabra del evangelio de
la misa del día. Les ayuda a buscar la orientación del
propio camino y la voluntad de Dios, en lo cotidiano de
la vida, allí donde se encuentran, con los demás, con la
Iglesia.
Otro aspecto que está afirmándose en ellos es
la
atención al otro, reconocido y acogido como hermano.
"Por encima de todo esté la caridad" porque
"sois
todos hermanos" y siguiendo el ejemplo de Cristo es
posible "dar la vida por los mismos amigos."
Están cada vez más atentos a reconocer la presencia de
la "sabiduría de la vida" y el sentimiento de gratitud,
hacia Dios y los hermanos.
Es
difícil establecer un escalafón de las "páginas más
queridas". Es como encontrarse en un jardín
exuberante con la belleza genuina de los evangelios de
la infancia y la delicada fragancia de la "contemplación
nazarena" sobre el obrar sorprendente de Dios:
"Te bendigo, o Padre, Señor del cielo y de la tierra,
porque has tenido escondidas estas cosas a los sabios e
inteligentes y las has revelado a los pequeños."
II. ¿QUIÉN ES PARA TI LA SAGRADA FAMILIA?
6.
El perfil espiritual del Instituto que se desprende de
lo que dicen los Hermanos con más de 50 años de vida
religiosa sobre la espiritualidad nazarena.
La
atención de estos Hermanos se centra en definir y
describir esta espiritualidad. En otras palabras: en
quién es para ellos la Sagrada Familia; en cómo viven su
sentido de pertenencia a la Sagrada Familia; en cómo
dejarse llevar por este modelo vivo que engendra vida;
en cómo viven con alegría y confianza la devoción a sus
San Patrones.
La
"definición" que los Hermanos dan de la Sagrada
Familia es existencial, no intelectual: "Es nuestra
familia, "nuestra 'santa' Familia",
una familia "que tiene en sí todo nuestro ser HSF."
La Sagrada Familia es el centro de su vida. Para
ellos es "todo"; es la "familia en la que se
sienten hermanos", la familia "en la que se busca
vivir."
Nazaret (la palabra preferida es Sagrada Familia), es el
lugar donde "ha nacido y crecido el Evangelio", "es
mi casa, "es la fuente desbordante de todo lo que
hemos recibido de bueno en nuestra familia natural",
es "un modelo de vida."
El
sentido de pertenencia
es expresado de dos modos diferentes: como "nuestra
familia" o como familia a la que pertenecemos. Dos
modos diferentes de expresarse, que tienen, en cambio,
el mismo contenido. En ambos casos se percibe que hay "familiaridad"
con Jesús, María y José. Nazaret "es mi casa", la
Sagrada Familia es
"una
familia donde es bonito vivir."
La
Sagrada Familia es el modelo. Y los aspectos que hay que
imitar sobreabundan. En primer lugar se desea imitar el
amor que reinaba entre las tres personas, y, luego, la
vida de familia hecha de unión, de trabajo, de oración,
de vida oculta. Nuestro lema "in oratione, labore et
caritate: pax" y el cuadro oficial que lo hace
"visible", dicen claramente en lo que la Sagrada Familia
es modelo. En ella está todo lo que necesitamos".
Nazaret es un estilo de vida. Tres son las enseñanzas
importantes que Nazaret nos ofrece: el valor de lo
cotidiano; el misterio de la encarnación; el espíritu de
familia, el espíritu de amor y humildad, de oración y
trabajo.
La
"devoción" es muy apreciada y ocupa un puesto
importante.
Se
percibe que es, ante todo, una relación de confianza, un
diálogo que se establece sobre todo con la oración, con
frecuentes invocaciones. Se reconoce fácilmente la
influencia de la formación del pasado que tuvo dos
palabras claves: devoción e imitación.
Se
mantiene un interés particular por María. Un poco menos
por José. También aquí se reconoce la huella de la
formación inicial, donde la "Consagración a María" (de
Grignon de Montfort), fue propuesta y hecha por todos
los Hermanos.
A
quién me pregunta si se reconoce la espiritualidad
nazarena, contesto que sí, aunque no es una
espiritualidad conceptual y verbalmente muy elaborada.
Se manifiesta sobre todo en el deseo de imitación y en
el gran sentido de confianza.
7.
El perfil espiritual del Instituto que se desprende de
lo que dicen los Hermanos de 25 a 50 años de vida
religiosa sobre la espiritualidad nazarena.
Los Hermanos de este grupo de edad, ponen su atención
sobre todo en definir, (o describir), quién es la
Sagrada Familia para ellos porque marca el estilo de sus
relaciones. Viven intensamente el sentido de
pertenencia: se sienten miembros de esa familia; la
toman como modelo y apoyo; su sincera devoción,
es expresión de confianza y amor; buscan con empeño
asimilar la espiritualidad nazarena.
Se
logra describir el objeto del propio amor e interés sólo
cuando ya se ha vivido la relación de "familiaridad".
Nazaret es ante todo un "lugar teologal y un estilo
de vida espiritual". Es "la perfecta imagen en la
tierra de la Santísima Trinidad y modelo perfecto de
como vivir el Evangelio". "Nos introduce en lo
íntimo del misterio de la encarnación del Hijo de Dios."
Nazaret en su aspecto exterior, encierra un misterio
"interior": una vida en contacto con Dios, una vida que
vive de Dios. La vida de Nazaret es la vida interior en
lo cotidiano. La Sagrada Familia revela el misterio de
la encarnación en la profanidad del vivir diario. Todo
lo humano se convierte en lugar de fe, don de sí a Dios.
Creer es vivir en relación con Dios en el día a día, en
lo ordinario, fuera del templo.
Lo
que más atrae es contemplar el misterio del Hijo de Dios
que se hace hombre y vive con María y José bajo el
humilde techo de Nazaret asumiendo la condición humana
para hacer el bien a la humanidad. Ahora, "si Dios ha
elegido este camino, quiere decir que es el más eficaz."
Cada descripción propuesta por los Hermanos revela
un intento de querer profundizar muy interesante y…
laborioso.
El
sentido de pertenencia de estos Hermanos
es muy explícito. La Sagrada Familia "es nuestra
familia y trato de vivir en ella". Nazaret es "nuestra
casa". "Si entras en esta familia te sientes
parte de ella". "Vivo enamorado de la Sagrada
Familia y del espíritu de familia". "Para mí es
fundamental iniciar el día en Nazaret y durante el día
tratar de ver y contemplar todo con ojos nazarenos. Te
hace partícipe de todo lo que interesa a tus hermanos y
a las personas que encuentras."
Se
llega a entender que la pertenencia es amor y adhesión
al "carisma", donde la Sagrada Familia tiene su
presencia indispensable.
La
Sagrada Familia es, por lo tanto, vista como "modelo
dinámico" que invita a ser imitada, que poco a poco
engendra la espiritualidad. Es la dimensión más
subrayada. La Sagrada Familia es el modelo, el arquetipo
para todas las expresiones de nuestra vida, contempladas
en nuestro lema: "in oratione, labore et caritate:
pax" y las que llamamos "virtudes nazarenas."
Imagen de la Trinidad, la Sagrada Familia es modelo de
amor, de unión, de vida cotidiana, de vida común y de
comunión, de humildad y de sencillez. Nos enseña a obrar
el bien "sin hacer ruido". "La Sagrada Familia
es el modelo de mi fraternidad y de mi laicidad".
Nazaret: es la vida de cada día donde todo invita a "hacer
de cada comunidad un nuevo Nazaret". Es "modelo
de tu sí" de HSF, de consagrado, como dice un
conocido canto compuesto por un Hermano.
La
devoción como expresión de amor, pone una
atención particular sobre la figura de José. Pienso que
esto es debido no sólo al hecho de que José es un
maravilloso modelo de humilde laboriosidad y
responsabilidad, sino, sobre todo, a la necesidad de
concretarlo en la misma vida: "no quién dice Señor,
Señor… sino quién hace las obras… ". José es el que
ha cumplido fielmente la voluntad de Dios. Los hechos
son su palabra, su respuesta.
La
espiritualidad nazarena se reconoce en la
incidencia que Nazaret tiene en el pensar y en el actuar
de los Hermanos, en su vivir el "espíritu de familia".
Está en vivir nuestra fraternidad y laicidad como en
Nazaret, conscientes de que todo viene de la Trinidad.
La espiritualidad, además, sabe "sublimar" todo lo bueno
que hay en la familia cristiana. Consiste en descubrir
que cada realidad trascendente se debe encarnar para
poder manifestarse y engendrar vida.
Se
trata, por lo tanto, de una espiritualidad que quiere
vivir en la sencillez y en la humildad todas las "relaciones",
con Dios, con los hombres y con el universo.
8.
El perfil espiritual del Instituto que se desprende de
lo que dicen los Hermanos con menos de 25 años de vida
religiosa sobre la espiritualidad nazarena.
También para los Hermanos de este grupo, la atención
está puesta, sobre todo, en algunas dimensiones
importantes. como la búsqueda de una definición del
misterio de salvación escondido en Nazaret; el
descubrir las relaciones de mutua pertenencia;
asumir el estilo nazareno de vida como modelo a
imitar constantemente; considerar la devoción,
como expresión de confianza y amor, un paso necesario
para llegar a la espiritualidad nazarena.
Algunas
definiciones son profundas y espontáneas:
"Nazaret es el lugar teologal del encuentro de Dios".
Los Evangelios de la infancia dan a entender que la
Sagrada Familia es una "familia extraordinaria en lo
ordinario de lo cotidiano". De ella viene nuestro "espíritu
de familia". Y es por lo tanto lógico que "en
Nazaret encontremos todo lo que necesitamos".
Nazaret, además, también es "misterio de encarnación,
misterio de inculturación", lugar donde descubrimos
que "es
en la humildad que Dios opera y no tanto en lo
extraordinario."
El sentido de pertenencia
ve en primer lugar al
"Instituto
como familia en torno a la Sagrada Familia de Nazaret."
Nazaret es como un "ámbito de vida", del que se trata de
formar parte: "Con
la profesión religiosa sé que he entrado a formar parte
del Instituto, pero también de la familia de Nazaret."
Si
la Sagrada Familia "es mi todo", siempre se
presenta como modelo y apoyo.
"Es
modelo de familia, de comunidad; es modelo de unión, de
relación, de entendimiento, de humildad, de vida oscura,
de sencillez, de oración." "Es modelo perfecto,
al alcance de todos, y en todos los aspectos de la vida."
"Es
modelo dinámico que involucra. Es modelo y fuente del
espíritu de familia que necesitamos en cada una de
nuestras comunidades."
La
devoción es sentimiento de confianza, de oración,
de invocación que lleva a pedir la gracia de poder
imitar su estilo de vida. "Mi confianza se transforma
en oración, porque la Sagrada Familia es todo para mí".
Se
considera como determinante y central para nuestra
espiritualidad hacer cuanto nos dice el Fundador:
"volver
cada día bajo el humilde techo de Nazaret, escuela
verdadera para aprender a vivir el evangelio. En Nazaret
aprendemos las actitudes de una vida más evangélica y
también más humanas y humanizadoras"..
Invocación e imitación, van de la mano. La Sagrada
Familia es un modelo que nos involucra. Nosotros tenemos
que ser Sagrada Familia en la oración, en el amor, en el
trabajo. La gente, viéndonos, debería reconocer en
nosotros, en nuestro modo de actuar, a la Sagrada
Familia de Nazaret.
III.
PRESENCIA VIVA DEL HERMANO GABRIEL
9.
El perfil espiritual del Instituto que se desprende de
lo que dicen los Hermanos con más de 50 años de vida
religiosa sobre su relación con el Hermano Gabriel.
A
la pregunta "quién es para ti el Fundador" la casi
totalidad de los Hermanos ha dado una respuesta llena de
afecto: es "mi/nuestro padre en el carisma", "es
mi/nuestro Hermano."
Este amor al Fundador se expresa de varias formas y
acentos, sea cuando se trata de "definirlo" para
poder tener con él una buena relación; sea cuando lo
consideran un modelo que arrastra a seguir a
Jesús; sea en el amarlo porque es padre y hermano,
vivo y presente.
Al
definir al Fundador o al describir su personalidad, los
Hermanos lo consideran "padre de nuestra familia
religiosa", el que ha encarnado y trasmitido el
carisma del Instituto; el "primero de la fila de los
seguidores del carisma"; el modelo en el que todos
debemos inspirarnos en nuestro vivir y actuar; un
verdadero hombre de Dios que puso en Él toda su
confianza. Pero también un luchador tenaz, un hombre de
gran personalidad, decidido y confiado en la Providencia.
El
Hermano Gabriel es, sobre todo, el modelo, el
arquetipo para cada HSF. Lo es como "catequista,
educador, enamorado de la liturgia", que se deja
conducir del Espíritu Santo; modelo muy humano, que "alcanzó
lo que se propuso", ejemplo de gran sabiduría.
El
Hermano Gabriel es
"maestro en enseñarnos a vivir la vida cristiana según
un proyecto que parte del bautismo para llegar a poner
en el centro de todo la eucaristía."
La
relación del Hermano con el Fundador es descrita como
una relación con una persona que "nos ama con amor de
padre", que suscita el amor de los Hermanos porque:
"es nuestro padre fundador", "porque lo siento
como padre, amigo, compañero, Hermano", porque es
"mi confidente de cada "día". De esta persona
"estoy
literalmente enamorado", "lo invoco a menudo"
"y "merece que se conozca cada vez más", porque
"cuanto más se conoce, más se hace grande a nuestros
ojos". "Lo invoco constantemente, lo llevo en mi
mente, en mi corazón, en mi obrar."
En
muchas respuestas aparece claro que existe una verdadera
devoción hacia el Fundador: "Lo recuerdo cada
día, con muestras de afecto y con la oración".
"Tengo
hacia el Fundador una devoción cotidiana que trato de
manifestar de muchos modos". "Tengo la certeza
que nos sigue y nos ayuda cada día". Y las
expresiones de devoción con éste sentir son numerosas.
No
faltan, en cambio, también los que dicen que no se le
conoce bastante. Y para ellos esto no se puede o no
debería justificarse fácilmente.
Creen importante que un Hermano que se encuentra en esta
franja de edad dedique más tiempo a conocer al Fundador,
sobre todo si no lo ha hecho antes. Porque el
conocimiento del Fundador puede ayudarlo a dar plenitud
a la vida que se está viendo.
10. El perfil espiritual del Instituto que se despende
de lo que dicen los Hermanos de 25 a 50 años de vida
religiosa sobre su relación con el Hermano Gabriel
También para estos Hermanos, el amor al Fundador se
manifiesta en las tres dimensiones: definirlo claramente, acogerlo como
modelo que lleva al
seguimiento de Jesús, amarlo como un padre.
Al
describir la persona del Fundador, los Hermanos
ponen de relieve algunos aspectos: hombre de fe,
atrevido, paciente, fuerte, un auténtico "contemplativo
en la acción", quien "continúa siendo el actor
principal de la vida del Instituto", verdadero
"padre de la familia donde he nacido como religioso".
Un "loco de Dios", para algunos, "un hombre
habitado por Dios", para otros. Se diría que es
proyectado sobre el Fundador lo que uno quisiera ser
como HSF.
El
Hermano Gabriel "es nuestro Fundador, nuestro padre,
nuestra raíz", es "punto de referencia para la
vida de cada Hermano". Pero "es como nosotros un
hermano, sencillamente hermano", el religioso
Hermano, que se reconoce más grande aún "porque
se ha hecho solo."
El
Hermano Gabriel es un "fundador laico, un educador y
catequista perfecto". Un cristiano siempre "de la
parte de la Iglesia" y "en relación vital con la
Sagrada Familia". Es "guía seguro para vivir el
espíritu de familia", "persona con la que cada
HSF tiene que medirse, enfrentarse",
"persona sencilla, que no buscó honores sino hacer la
voluntad de Dios."
Se
subrayan algunas características que lo distinguen: la
fe fuerte y luminosa, el ánimo en las pruebas, la
perseverancia en perseguir el ideal, la humildad, el
amor a la oración, el no conocer el cansancio en el
trabajo, la devoción mariana. Todas estas realidades "están
allí para implicarte". El Hermano Gabriel ha sido un
incansable luchador enamorado de Dios, lleno de celo por
el Reino y de inagotable amor por sus Hermanos.
La
vida del Hermano Gabriel se ha desarrollado en una
continua búsqueda hasta alcanzar el ideal que mantuvo en
su corazón. Ha sido un hombre que ha interrogado a la
vida y ha dado respuestas de fe. Ha elegido vivir la
humildad, y
"sin hacer ruido ha hecho muchísimo por la Iglesia, el
Instituto y la educación."
El
Hermano Gabriel es un claro modelo para cada HSF.
Es el auténtico y seguro modelo del HSF.
En
primer lugar se revela "maestro de vida que nos
enseña la espiritualidad de ser Hermano", tanto que
cada Hermano con humildad podría preguntarse: "¿Qué
haría hoy el Hermano Gabriel a mi lugar"?, "Qué puedo
hacer con él"? Nos enseña a ser fieles al ideal, a
tener "firmeza de laico comprometido con la Iglesia",
a ser catequista, educador, apóstol, verdadero hombre de
Dios.
Alguno manifiesta su pesar por no conocer
suficientemente al Fundador para poderlo amar como se
merece y también la pena de no darlo a conocer como
conviene.
Otros declaran que el conocerlo, el amarlo, el rezarlo
todos los días, les da ánimo. "Leer su vida me anima",
afirma alguno, "Lo siento vivo", "cuanto más
lo conozco, más lo aprecio y amo." "De él, todo
me interesa". "La confianza en él llega a tal
punto que pongo en sus manos la búsqueda de la solución
de cada problema". "Lo amo porque ha sido un gran
luchador", pero también porque "me
he sentido asistido por él y mi confianza en él ha ido
creciendo."
11. El perfil espiritual del Instituto que se desprende
de lo que dicen los Hermanos con menos de 25 años de
vida religiosa sobre su relación con el Hermano Gabriel.
El
amor al Fundador, para estos Hermanos, asume la
característica de un gran afecto. Su fuerte personalidad
suscita atractivo, admiración, confianza, deseo de
imitación. El Hermano Gabriel es maestro de vida, modelo
indiscutible para la vida religiosa de cada Hermano. El
afecto suscita espontáneamente la devoción y la
confianza en su ayuda.
Las expresiones, por el hecho de revelar un mundo
afectivo auténtico, son poco exageradas, precisamente
porque a veces son espontáneas, ingenuas y pobres. Son
expresiones del corazón más que reflexiones de la mente.
Para los jóvenes Hermanos
amar al Fundador
como se ama al propio padre, es fundamental.
En
la expresión "es para mí un verdadero papá" se
percibe la fuerza de un ideal que, por una parte, roza
la utopía y, por otra, va cargado de una inmensa
confianza. El Hermano Gabriel es un papá con el que se
puede compartir todo, es un papá del que se puede
conseguir todo… precisamente porque se le ama y uno se
siente amado por él.
Así el Hermano Gabriel para los jóvenes Hermanos es el
que "continúa teniendo mucha paciencia con ellos,
porque son sus Hermanos", el que, como padre, los
ayuda a construir su familia que es "nuestra" familia,
una familia que él "ama y cuida."
El
Hermano Gabriel ¡quiere a todos los Hermanos y cuida a
cada uno de ellos en particular! Hay quien afirma: "Es mi padre, y con el padre se tiene todo".
"Tengo
hacia él un amor sincero de hijo ", "un amor que
ha ido creciendo día a día".
"Es para mí una presencia. Alguien con quien dialogo
sobre el vivir diario."
"El
Hermano Gabriel es la persona que más amo en este mundo.
He leído todo lo que he podido sobre él". "Es
nuestro padre espiritual " pero también "nuestro
hermano mayor". "Le
amo como a un "hermano". Es más, me gusta "¡que el
Hermano Gabriel haya permanecido Hermano"!
Cuando el afecto se convierte en confianza e invocación,
encontramos expresiones sencillas y profundas: ya que "lo
siento como hombre de Dios", "un santo",
"lo rezo a menudo con confianza", "lo invoco
junto a la Sagrada Familia." "Lo siento cercano,
le amo mucho", "me encomiendo a él y le confío
todos los demás". "Amo mucho al Fundador, su vida
sencilla, su amor a los Hermanos, su modo de luchar".
"Estoy
seguro de qué ahora desde el cielo sigue ayudándonos."
También entre estos Hermanos algunos denuncian que no se
le conozca bastante, y que conocerlo es señal de amor.
Por esto se sienten un poco culpables de no conocerlo
bastante.
La
descripción que se hace de la persona del Fundador
padece de cierto idealismo: El Hermano Gabriel es el
modelo que cada Hermano debería imitar. Por esto el
Hermano Gabriel "Fundador de los HSF" y "raíz
de lo que somos" es el que ha sabido ser "diferente"
en el contexto de la vida religiosa y cristiana y se ha
convertido en "un verdadero modelo de vida religiosa"
para el HSF.
Hermano entre sus hermanos, el mismo Hermano Gabriel es
"nuestra regla de vida" y no sólo
"nuestro
maestro de vida."
Es
modelo con gran fuerza de compromiso habiendo sido "persona
de oración, constante en el obrar por el Reino", un
hombre de profunda y atrevida vida espiritual. Es el
hombre concreto, con un único objetivo: hacer la
voluntad de Dios. "Es el que me da ánimo en los
momentos difíciles, un testigo de que Dios nos ama."
Ha
sido un hombre de mucha fe, un hombre sencillo, un
catequista y amante de la liturgia, un verdadero guía
para el educador, perseverante en las adversidades,
generoso en el apostolado, confiado en la Divina
Providencia, lleno de abnegación, generosidad y amor a
sus Hermanos.
El
Hermano Gabriel es nuestro maestro de vida: nos enseña a
estar al lado de cada persona, sin sacrificar el tiempo
de oración que nos hace estar cerca de Dios; nos invita
a seguir a Cristo con su ejemplo; nos empuja a ser
constantes en amar el bien de todos; nos anima a
responder a las necesidades de nuestros tiempos como él
lo ha hecho en su tiempo, fue de su tiempo.
El
Hermano Gabriel es el "hombre que ha hecho el bien
sin ostentación".
"Si
volviera hoy quizás nos invitaría a tener mayor espíritu
de sacrificio entre nosotros."
"Deseo asumir y vivir el espíritu taboriniano", "trato
de imitar su humildad, su sencillez."
Conclusión
Sobre los tres temas tomados en consideración (Palabra
de Dios, espiritualidad nazarena, Fundador) las
Constituciones presentan un perfil ideal que lleva en sí
la fuerza de la utopía.
Sobre estos temas la descripción que hacen los Hermanos
es más humilde, menos estructurada, pero lleva consigo
la fuerza de la experiencia vivida que hace concreto elo
ideal de las Constituciones.
Sobre el tema de
la Palabra de Dios, las páginas
"más significativas", en particular las del
Evangelio desde la infancia de Jesús a su pasión, han
sido evocadas por los Hermanos. Además, en lo que los
Hermanos han dicho se percibe que viene de la
profundidad de su corazón. Además, todas las referencias
revelan siempre un profundo deseo de relación
existencial con Jesús. Son una respuesta a la invitación
de Pablo: "Tened los mismos sentimientos que tuvo
Cristo Jesús". Tener los sentimientos de Jesús,
tener los "sentimientos del Hijo" dice en
síntesis el deseo de vida evangélica de los Hermanos.
Si
se intentase decir lo que es importante para un Hermano
de la Sagrada Familia en su relación con la Palabra de
Dios, pienso que se podría resumir diciendo que se trata
de hacer una lectura cotidiana del Evangelio, de todo el
Evangelio, con ojos nazarenos, convencidos fuertemente
de la certeza de que Dios nos ama, y nos pide perseverar
en el amor hacia el hermano. La Palabra nos pide
redescubrir y renovarnos cada día en la pasión por
Cristo, guiados por el atractivo que emana de su persona
contemplada y buscada, bien en la Palabra, bien en la
Eucaristía. Además, la Palabra es el alma de nuestra
vocación: cada día nos hace entender qué quiere Dios de
nosotros, ilumina nuestra respuesta y se convierte en
diálogo permanente de toda la vida.
Con la Sagrada Familia los Hermanos viven "relaciones
familiares". Nazaret se ha convertido en su casa.
Y
esto es muy hermoso y consolador. Aunque, a primera
vista, en algunos parece que es algo "sentimental" y
pobre, se descubre, en cambio, un íntimo sentir hecho de
devoción-confianza, de humilde pero verdadera imitación
y principio de una incipiente pero verdadera,
espiritualidad "nazarena."
Bastantes Hermanos me han expresado claramente que a
ellos lo que realmente les interesa es la experiencia de
un verdadero amor hacia Jesús, Maria y José. Se sienten
más a gusto al hablar de lo que sienten que disertar
sobre lo teológico. Son conscientes de que para llegar a
la espiritualidad, son necesarios amor, confianza,
imitación, contemplación y vida.
El
amor de los Hermanos al Fundador es sincero, aunque el
conocimiento que poseen de su pensamiento, de su carisma,
es limitado. Todos conocen las anécdotas de la infancia
y las cuentan con agrado a los muchachos. Muchos
confiesan que "no conocerlo bastante."
He
notado, y esto me ha llenado de alegría, que cuando
tienen que hablar del Fundador a las personas adultas
tratan de informarse bien. Y que a bastantes les gusta
oír a quienes han profundizado sus conocimientos sobre
el Hermano Gabriel y les comunican aspectos nuevos e
importantes de su vida religiosa y apostólica.
Mi
deseo es que sobre todo los jóvenes se empeñen en
conocerlo mejor, profundicen en lo que el Hermano
Gabriel quiso que fuéramos los HSF.
Sigamos el ejemplo de algunas Congregaciones que de su
Fundador saben evidenciar y proclamar aspectos que son
una riqueza para toda la Iglesia.
Convenzámonos de que el Hermano Gabriel fue una
personalidad, como lo fueron tantos otros fundadores, y
lo será más en el futuro si nosotros sabemos ser dignos
hijos suyos, si sabemos entenderlo y seguirlo en lo que
nos sugiere hoy.
Que la Sagrada Familia y el Hermano Gabriel nos
conduzcan y nos sostengan en este camino.
A
la luz de la Palabra, en la escuela de Jesús, María y
José, recorramos con entusiasmo el camino que el Hermano
Gabriel nos ha trazado y seremos felices.
H.
Lino Da Campo
Superior General
Roma, 14 de mayo de 2007
Aniversario del Decreto
Sobre la heroicidad de las virtudes del Hermano Gabriel
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¡Que nuestro Instituto sea tu obra!
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Queridos
Hermanos:
A cada uno de vosotros, y de modo particular a los
Superiores Provinciales, confío esta
Circular
que pretende analizar el tiempo trascurrido de mi
mandato y mirar confiadamente hacia el próximo
Capítulo General.
Durante este tiempo no he enviado ninguna
circular, aunque he tratado de estar presente con
breves mensajes en los momentos más importantes de
la vida de la Iglesia o de nuestra familia. Y
siempre procurando llamar la atención sobre el
fundamental mensaje que nos hizo nuestro 35°
Capítulo General, rico en sugerencias e
indicaciones concretas.
Por eso, desde los primeros días, con el Consejo
General, diseñé un plan de "servicio", un proyecto
de actuación que os he hecho llegar. Ahora, con la
presente, quisiera manifestaros cómo lo hemos
vivido, y hablaros de los frutos que ha originado.
Los momentos que más han marcado etapas
importantes para el Instituto, porque gracias a la
colaboración de todos han tenido una buena
preparación y luego una excelente ejecución, son
los siguientes.
Los recuerdo brevemente:
- Octubre de 2002 - marzo de 2005:
La visita canónica
a todas las Provincias y lugares donde viven y
trabajan los Hermanos, excepto a México que fue
hecha por el Hno. Vicario, y a la India, de
reciente fundación. En cada Provincia he dejado un
mensaje particular y específico para la autoridad
provincial y para cada Comunidad. Ha sido una
experiencia importante y un momento propicio para
recordar de nuevo a todos los Hermanos el mensaje
del Capítulo y algunas consideraciones y
compromisos a los que aludiré en esta circular.
- Octubre de 2002:
La Reunión del Consejo General con los Superiores
Provinciales,
en la que analizamos cómo se estaba llevando
a cabo en las Provincias lo indicado por el 35°
Capítulo General;
- Junio de 2003:
Como sabemos muy bien, el día 6,
tres Hermanos de la Provincia Nuestra Señora de la
Asunción, daban vida a nuestra primera
comunidad de la India, en Madurai, (Tamil
Nadu), con la finalidad de ofrecer a aquellas
gentes nuestro carisma, y con la esperanza de que
pronto jóvenes indios lo propaguen con diligencia
y fidelidad. Ha sido un don para la Iglesia de la
India y, también, para cada uno de nosotros,
Hermanos de la Sagrada Familia, porque ha
contribuido a reforzar, de verdad, nuestro
compromiso misionero "ad gentes".
- Julio de 2003:
El Congreso Internacional de las Fraternidades
Nazarenas,
celebrado en Córdoba (Argentina), nos ha hecho
experimentar el deseo de algunos laicos de vivir
nuestra espiritualidad y colaborar en la difusión
de nuestro carisma, y, al mismo tiempo, percibir
su amor por el Hermano Gabriel, nuestro Fundador.
Además, la redacción del PLAN DE VIDA y la
solicitud de un plan formativo, nos han dado a
entender su deseo de profundizar nuestra
espiritualidad para poder vivirla mejor
- Mayo - septiembre de 2003:
Fue el tiempo del proceso diocesano para la
Causa de Beatificación de nuestro Fundador,
organizado por el Obispo de la Diócesis de Azul y
que tuvo lugar en Tandil. El Tribunal eclesiástico
diocesano estudió el presunto milagro de la
curación del niño Felipe Cifuentes. La
Congregación para las Causas de los Santos de Roma
ha reconocido válido este trabajo, en un decreto
fechado el 18 de junio de 2004. Para
muchos Hermanos ha sido ocasión para reforzar el
entusiasmo y la confianza filial en nuestro Padre
Fundador.
- Noviembre de 2004:
El Congreso Internacional de la Vida Religiosa.
Tenía como objetivo tomar conciencia y alegrarse
por el gran compromiso de tantos consagrados
y consagradas que trabajan por el Reino de Dios y
el bien de los hermanos y las hermanas del mundo
entero, y devolver la confianza y dar un nuevo
impulso a cuantos se sienten cansados y, a veces,
también, desalentados. Pero, además, indicar
tímidas perspectivas de futuro, presentando los
iconos de la Samaritana y del buen Samaritano,
como camino que hay que recorrer con confianza.
- Diciembre 2004-enero de 2005:
El Encuentro de los Hermanos jóvenes con el
Consejo General.
Las respuestas sinceras a las preguntas que les
hizo la Administración General, mostraron su
alegría por formar parte de una familia poco
numerosa pero que los acoge como benjamines, los
escucha, los interpela sobre el futuro de la
Congregación, y los ve como continuadores
responsables en el día de mañana de una obra de la
que tienen que ser a partir de ahora auténticos
testigos. Una ocasión que permitió también a la
Administración General dar una respuesta a sus
inquietudes, y que les permitió exponer sus dudas,
sus problemas, sus debilidades y pedir
explicaciones a sus interrogantes.
- Octubre de 2005:
El Encuentro del Consejo General con los Hermanos
Provinciales,
en el que los Provinciales, los antiguos y los
nombrados recientemente, han tenido ocasión de
dialogar entre ellos y con los miembros del
Consejo General, escucharse, aclarar algunos
puntos, y animarse para continuar juntos el camino
hacia el 36° Capítulo General.
¿De todo esto qué se desprende? En primer lugar
que, aunque si no de forma brillante, el Instituto
ha seguido progresando, y que son dos los
objetivos fundamentales que nos tienen que seguir
orientando:
1) "Ser Hermanos", como lo pide el 35° Capítulo
General;
2) Vivir el tiempo histórico presente, tanto
en la Iglesia como en la sociedad, con una
conciencia atenta y confiada ante las perspectivas
de vida y vitalidad que Dios está preparando para
la vida religiosa y para nuestro Instituto.
En el coloquio que he tenido con vosotros
Hermanos, en la visita canónica, he advertido
vuestra alegría de ser Hermanos de la Sagrada
Familia y he recogido la certeza que la opción de
"ser hermanos" es una elección válida, sobre todo
hoy, en un mundo donde se impone la competencia y
el abuso.
Somos conscientes de que la unidad entre hermanos,
la fraternidad, es en sí un regalo que se nos ha
dado y al mismo tiempo una dimensión que, para no
perderla, Hemos de cultivar día a día. Por eso,
debemos en todo momento reforzar la unión fraterna
fuera y dentro de la Comunidad, desarrollar lo que
es positivo, y recuperar a través de la
reconciliación y del perdón lo que favorece el
crecimiento de la fraternidad.
Se da, también entre nosotros, un interrogante de
fondo que invade transversalmente toda la vida
consagrada: ¿cómo será el futuro de la vida
religiosa? Ciertamente si lo supiéramos,
orientaríamos en esa dirección todas nuestras
energías y conocer el futuro con suficiente
seguridad nos daría paz y alivio. Pero, en cambio,
estamos expuestos a la humildad de la encarnación,
a los titubeos de la fe, a la fragilidad de
nuestros gestos de caridad. Nos queda un amor
hecho de esperanza, confianza y expectación.
Esa pregunta se planteó también en el Congreso
Internacional de la Vida Religiosa, celebrado en
noviembre de 2004, pero la conferenciante de turno
no tuvo respuesta y se limitó a señalar cómo los
votos podrán sobrevivir, quizás, en los contextos
sociales futuros con características diferentes a
las que estamos acostumbrados a vivirlos hasta
ahora.
Es probable que nuestra fe tenga que purificarse
todavía más para preparar en el presente lo que se
espera del futuro. Una cosa parece cierta: ¡Para
poder entrever cuanto dice el Apocalipsis, "He
aquí que hago nuevas todas las cosas"(Ap. 21,
5-6), se deberá penetrar a fondo en el corazón de
Cristo! Y no solamente eso. Un texto más extenso
del Apocalipsis dice: "Y dijo el que estaba
sentado en el trono: Escribe, porque éstas son las
palabras fieles y verdaderas. Me dijo: Hecho está.
Yo soy el alfa y la omega, el principio y el fin.
Al que tenga sed le daré gratis de la fuente de
agua vida" (Ap. 21, 5-6). Deja intuir cómo "la
novedad" está en la adhesión al que es el Alfa y
la Omega, el Principio y el Fin, al que la
Resurrección ya ha insertado visiblemente en la
nueva creación y que es el manantial de la vida.
También nosotros, quizás, con la vista puesta en
el futuro nos aferramos a todo lo que podemos.
Mientras que, quizás, para poder hacer nuevas las
cosas, es necesario que Dios en un primer momento
nos arranque de nuestro universo en cuyo centro
estamos nosotros, con nuestros egocentrismos
personales y corporativos, para ofrecernos Su
Universo en cuyo centro está Él, de quien deriva
todo el resto.
|
|
1. El mandato del Capítulo
El
35° Capítulo ha dejado en nuestras manos algunas
consignas comprometedoras:
1. que continuemos avanzando por un camino de
refundación que dé solidez a lo que es
fundamental en nuestra vida de consagrados y de
Hermanos de la Sagrada Familia;
2. que mantengamos viva una animación
vocacional convencida. Se ha insistido mucho
en ello, sea por la situación histórica que
estamos viviendo en Europa y América latina, sea
porque deseamos mantener viva la preocupación del
Fundador de servir a la Iglesia y al Reino de Dios
a través del Instituto de los Hermanos de la
Sagrada Familia;
3. que mantengamos el empeño de una formación
continua;
4. que sustentemos el coraje por la radicalidad
evangélica;
5. que nos comprometamos en evangelizar y en
dejarnos evangelizar
6. que aprendamos a compartir la misión
evangelizadora…
¡Todas estas inquietudes encuentran una respuesta
dinámica en el único objetivo del Proyecto de vida
que el Capítulo ha trazado para el Instituto: "Ser
hermanos"
En todas las comunidades he tratado de dar a
entender cómo el Proyecto de vida del Instituto,
PVI, es portador de algunas novedades. No sólo
porque es portador de un contenido nuevo, sino
también de una nueva forma. Llamo la atención
sobre algunos aspectos.
Coordinar todo el Proyecto de Vida alrededor de un
único objetivo, ha sido muy importante porque ha
dado a entender que se pueden satisfacer las
complejas exigencias de la vida del Hermano de la
Sagrada Familia partiendo de un único criterio
evangélico: "ser Hermanos."
Cada comisión capitular buscó a su manera trazar
la propia dimensión de vida como una conjugación
de la expresión "ser hermanos."
Apareció una notoria diferencia con el estilo de
los PVI anteriores. Los PVI de los Capítulos
anteriores se articularon en torno a cinco grandes
temas: la Identidad, la Vida consagrada en
Comunidad, la Misión Apostólica, las Vocaciones y
la Formación, el Gobierno y la Economía.
De este modo el PVI presentó una orientación
aglutinante para la vida y la vitalidad del
Instituto. Esto siempre permanece válido, también
para el actual PVI.
La novedad, si así se la puede llamar, del último
PVI consiste en poner más de relieve su fuente
inspirador: es un proyecto evangélico y se apoya
sobre una dinámica que quiere conjugar en la vida
"ser sencillamente Hermanos como el Hermano
Gabriel Taborin."
Incluso manteniendo la estructura de fondo de las
cinco partes antes mencionadas, desarrolla una
prospectiva dinámica que implica a cada Hermano y
al Instituto en su conjunto:
La identidad está en: Ser sencillamente
Hermanos como el Hermano Gabriel Taborin;
La vida consagrada en comunidad está en: Ser
Hermanos de Cristo y hermanos entre nosotros;
La misión apostólica está en: Ser Hermanos de
todos y con todos;
La vocación y la formación están en: Ser
Hermanos y llamar a otros a serlo;
El Gobierno y la economía están en:
Organizarnos como Hermanos.
También en el método empleado en la redacción del
Proyecto de vida, como he tratado de subrayar
durante mi visita, el Capítulo trató de ampliar el
horizonte de la atención.
La estructura clásica del ver, juzgar, actuar,
toma una connotación más atenta a la persona de
cada Hermano y se convierte en el punto de
partida, de base, para una lectura más amplia,
abierta a la comunidad, a la Provincia, al
Instituto, a la Iglesia y a la sociedad.
Al esquema ya clásico, también en los documentos
de la Iglesia, del ver la situación del
Instituto en el contexto de la Iglesia y de la
sociedad; del juzgar mediante la elección
de los Documentos a los que hacer referencia, como
la Escritura, la Regla, los documentos de la
Iglesia etc.; y del actuar indicando las
opciones operativas y las estrategias que se
deben tener en cuenta sobre todo la Comunidad y la
Provincia, se propone una dinámica más articulada
y, sin duda, más adherente a la vida de los
Hermanos y del Instituto.
La estructura del proyecto del PVI lleva a mirar
atentamente los "interrogantes que el Hermano
lleva dentro de su corazón y la visión la
realidad" a juzgar movidos por el Espíritu,
cuyas indicaciones las descubrimos a la luz de la
Palabra de Dios y de la "palabra carismática",
leída en los escritos de nuestra tradición, a
indicar "orientaciones de vida" y por eso
ha propuesto líneas de acción y medios por
nuestra acción.
El punto central fue recoger las cuestiones
profundas y permanentes que los Hermanos
"llevamos" en el corazón, más que centrarse en el
Instituto en general.
Partiendo de nuestras "inquietudes", y por
consiguiente, del vivir íntimo de la comunidad,
nos dejamos mover por el Espíritu que nos ilumina
mediante la Palabra de Dios, la palabra
carismática del Fundador y las sugerencias
importantes que recibimos de la vida del
Instituto. Como mirar con los dos ojos da la
proporción exacta y la profundidad de las cosas,
así las dos "Palabras", la de Dios y la del
Fundador, nos dan la justa proporción para
considerar la vida de los Hermanos y sus obras.
Con esta base, se pueden hacer opciones de vida. Y
el coordinar todo en un único objetivo,
estimula la unidad de vida personal, comunitaria y
de Instituto.
La invitación que he
dirigido a cada comunidad ha sido que se haga en
primer lugar la experiencia vivida por el Capítulo
al preparar el proyecto comunitario: se pregunte
qué dificultades, qué alegrías, qué esperanzas
habitan en el corazón de los Hermanos de la
comunidad y partiendo de ahí, se elabore con
creatividad el propio proyecto comunitario.
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2. Nuestra fraternidad: una casa en la que Dios
habita
El profeta Ageo, en un momento en que los
esfuerzos de renacimiento después del destierro,
en pleno fervor por construir las ciudades del
hombre, pero con resultados penosamente mediocres
o tristemente desilusionantes, propone rehacer la
lectura de la situación. ¡Hace falta volver a
partir de la alianza! Para el profeta el punto
fundamental es: si Dios no es el primero querido y
servido, todo el resto no tendrá resultado.
Intentarán construir casas, trabajar los campos,
vestirse… con resultados mínimos: sólo si la
primera casa fuera la de Dios, sólo si Él fuera el
primero en ser servido y querido, entonces también
ellos "existirán" y tendrán presente y futuro y
"serán saciados" (Cf. Ageo 1,3-14.
Esto vale para la Vida Religiosa y para nosotros.
A los Hermanos jóvenes les hemos hecho como
primera pregunta la siguiente: qué importancia
tiene Dios en tu vida. Cual es tu EXPERIENCIA DE
DIOS. Las respuestas han sido profundas e
interesantes. Son la expresión de las certezas en
las que creen.
Hemos visto que para el joven Hermano de la
Sagrada Familia son básicos dos aspectos: volver a
Nazaret, donde Dios se ha hecho accesible, uno de
nosotros, y la afirmación que, en la sencillez y
humildad de nuestra vida, también nosotros
queremos ser alcanzados por Dios. Y, además,
piensan que la experiencia de Dios del Hermano
Gabriel, sobre todo su confianza y abandono en Él,
enriquece y sustenta nuestra experiencia de Dios.
Por eso, ellos mismos se plantean y nos plantean
tres desafíos: mantener viva la conciencia de la
presencia de Dios en la vida y a partir de esta
experiencia ser testigos; hacer que la experiencia
de Dios sea compartida en comunidad; y ser
accesible, cercanos, dispuestos, capaces de
escuchar, de acompañar y de vivir el espíritu de
Nazaret.
Quedan abiertos algunos interrogantes: ¿cómo
renovarnos permanentemente en una auténtica
experiencia de Dios, y cómo compartir entre
nosotros, Hermanos, y con los otros, la
experiencia de Dios y la espiritualidad?
También en
algunos Hermanos jóvenes la preocupación por
"hacer el bien" tiene primacia sobre el "estar con
Él", invirtiendo el acento que el evangelista
Marcos pone cuando habla de la elección de los
Apóstoles": Subió a un monte, y llamando
a los que quiso, vinieron junto a Él, y designó a
doce para que estuvieran con él y para enviarlos a
predicar" (Mc 3,13-14).
Es significativo, a este respecto, cuanto
Benedicto XVI dijo a los seminaristas en las
JMJ de Colonia: "Recordad siempre las palabras
de Jesús: "permaneced en mi amor"(Jn 15, 9. Si
permanecéis cerca de Cristo, con Cristo y en
Cristo, daréis fruto abundante, como Él ha
prometido. ¡No le habéis elegido vosotros, es Él
quien os ha elegido (cfr. Jn 15, 16. He
aquí el secreto de vuestra vocación y de vuestra
misión! … (Mensaje a los seminaristas 19 de
agosto de 2005).
El 35° Capítulo nos invitaba a construir la casa
de Dios con la fraternidad, convencidos que cuando
dos o tres viven como hermanos, el Señor está con
ellos (Cf. Mt. cap. 18). Su PVI es un estímulo
continuo para responder a lo esencial de nuestra
vida religiosa de Hermanos de la Sagrada Familia,
personal y comunitaria.
Y la Fraternidad propuesta podemos concebirla como
el "lugar teológico" de nuestro estar juntos con
Él para ser por Él enviados.
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3. El Instituto de nuestros sueños
¡El Instituto que podemos desear y el Instituto
que podemos intentar construir es el Instituto que
debemos soñar, porque "soñar" es apostar por su
futuro!
En el nuevo milenio el Instituto de los Hermanos
de la Sagrada Familia será como lo realicemos
entre todos conjuntamente, permitiéndole a Dios
remodelarnos según su corazón. Por eso, dejémonos
guiar por la convicción de que debemos
comportarnos como si todo dependiera de nosotros,
sabiendo que todo depende de Dios, como S. Ignacio
de Loyola se recordaba a sí mismo y a sus
compañeros.
El Proyecto de Vida del Instituto tiene dos
grandes coordenadas:
- un fuerte impulso profético,
que mira al futuro como historia de salvación que
debemos construir juntos, con fidelidad creativa y
con atención a las señales de los tiempos y los
lugares,
- una sabiduría lúcida,
que cuenta siempre con la enseñanza y la vida del
Fundador y de los Hermanos que nos han precedido y
con la luz de la Palabra meditada y asumida.
Ahora nos es posible reconocer que la base de
nuestra esperanza y de nuestra confianza nos viene
de cuánto hemos podido reconocer como "obra de
Dios" en la vida y en las obras de los Hermanos.
Releyendo la historia del Instituto contemplamos
con admiración que este actuar de Dios en los
Hermanos de la Sagrada Familia está hecho de
fidelidad, apertura, coraje, creatividad y impulso
apostólico.
Dios, también entre nosotros, ha dado comienzo
a un futuro nuevo. Pero cuenta con nuestra
"interesada" colaboración que nos lleva a buscar
otros miembros para nuestro Instituto, de modo que
continúe siendo en la Iglesia y en la Sociedad,
presencia de gracia y servicio.
Pensando en el futuro del Instituto como
instrumento de servicio al Reino, el Hermano
Gabriel, recomendaba la promoción vocacional, no
sólo a los Hermanos, también a los sacerdotes que
deseaban tener Hermanos como colaboradores
en la evangelización.
En estos años se han escuchado razonamientos de
todo tipo sobre la promoción vocacional. Algunos
nos han parecido bastante lejanos de la
preocupación que el Fundador tenía por su
familia religiosa.
Pienso, en cambio, que la invitación de Jesús de "pedir
al Dueño de la mies que envíe obreros a su mies"
y de "rogar siempre sin desfallecer", unido
al ejemplo de los Apóstoles y de Pablo que en
cualquier lugar en que se encontraban proclamando
el Evangelio buscaron obreros que continuaran su
obra, y el ejemplo del Hermano Gabriel y de tantos
otros santos Hermanos, son una llamada a no
dejarnos paralizar por la escasez de los
resultados.
Hoy, aunque sentimos el peso de la fatiga, que
puede empujarnos a decirle a Dios, a la Iglesia, a
los Hermanos, "hemos intentado todo lo que se
podía intentar ", debemos estar seguros de que
Jesús sigue invitándonos a adentrarnos mar
adentro, a "lanzar las redes confiando en su
Palabra" (Cf. Lc. 5,5). ¡Fiarse de su Palabra!
¡He aquí un punto que hay que meditar
continuamente personal y comunitariamente, y no
dejarnos conquistar por uno u otro razonamiento!
También la presencia de muchos laicos que se
relacionan con nuestras comunidades es
significativa y enriquecedora. Esos laicos se
muestran como colaboradores valiosos en la
escuela, en la catequesis, en la animación
litúrgica, en la missio ad gentes, y
algunos, miembros de las Fraternidades Nazarenas,
se sienten felices de compartir la espiritualidad
del Instituto.
Sus palabras, portadoras de compromiso y
esperanza, coinciden con las nuestras y son:
refundación, misión compartida, participación en
el carisma, presencia compartida, proyecto común,
atención a las personas, apoyo en la promoción
vocacional, nuevos horizontes de propuesta del
carisma, atención a las Provincias, missio a
gentes.
La confianza en Dios nos tiene que infundir
seguridad. No debemos, pues, tener miedo al
futuro; se nos da como gracia y como tiempo
para nuevas conquistas.
Convenzámonos que el carisma que nos ha sido
confiado, no es únicamente nuestro: es un don del
Espíritu para la Iglesia. Y por eso, no tenemos
que temer. Es más grande que nosotros; no es el
resultado de un esfuerzo nuestro; lleva en sí la
fuerza del Espíritu que nos lo ha confiado.
Y, además, re-fundar tiene que ser acogido como
una perspectiva y un empeño de vida.
Hagamos nuestra la invitación: "Partir
nuevamente de Cristo, decidirnos a ir mar adentro,
ser memoria y profecía" (Cf. Tertio
milennio ineunte y Caminar desde Cristo).
Por esto, el Instituto que podemos "soñar" para
los próximos años es:
Un Instituto que pertenezca ante todo a Dios.
Un Instituto consciente de depender
de Dios, atento a la construcción de su Reino, que
vive y le repite cada día "haz que sea tu obra
y no de los hombres ".
Un Instituto que dedica tiempo a la adoración, a
la contemplación, que hace suya la oración de S.
Agustín: "Nos has creado para Ti, Señor, y
nuestro corazón está inquieto hasta que no te
descanse en Ti".
Un Instituto que hace de la
oración y de la “lectio divina”, columnas que
sostengan su vida, como deseaba el Fundador (Cf.
NG. P. XXVIII).
Un Instituto cristocéntrico y eucarístico.
Cristo es y tiene que ser siempre el centro del
Instituto, como lo es de la Iglesia, como fue de
la Sagrada Familia de Nazaret. "Cristo ayer,
hoy, y siempre" no es sólo una fórmula
de fe, es el punto de apoyo de la existencia del
Instituto. En este sentido se requiere una
particular atención a la presencia de Cristo en la
Eucaristía, amor central del Hermano Gabriel y
corazón de cada comunidad (Cost 90).
El H. Amadeo, treinta años después de la muerte
del Fundador, recordaba: "Es al amor que el
piadoso Hermano Gabriel tuvo a Jesús Hostia, a lo
que se debe la creación de nuestro Instituto.
Impulsado por el deseo de ser religioso, buscaba
una congregación. Podría, sin duda, haberse
dirigido a alguna dedicada a la enseñanza de
la juventud y poder dar así rienda suelta a
su inclinación, pero ninguna le ofrecía las
garantías suficientes para poder dedicarse al
servicio de las iglesias y al cuidado de los
altares donde reposa Nuestro Señor Jesucristo"
(Conferencia del H. Amadeo Depernex, del
9.9.1894, Cf. Positio p. 1101).
En torno a Cristo se constituye la familia de
Dios, la familia de Nazaret y la nuestra.
Un Instituto que vive "implicado" en el hoy de la
historia.
El Instituto, en la Iglesia y con la Iglesia,
continúa una cierta "encarnación de Cristo" o
mejor, una cierta prolongación de su obra hoy en
el mundo, en la historia, en la vida humana, entre
los pequeños, entre los pobres. El Instituto
considera al mundo como su ambiente de vida y lo
ama como objeto de su evangelización. Se siente
implicado en el mundo para colaborar, según sus
posibilidades, en la salvación del hombre.
Un
Instituto misericordioso.
Siguiendo a Cristo que se ha hecho "diácono" y
"samaritano" para manifestar el amor
misericordioso de Dios, preocupado por curar las
heridas del hombre, el Instituto quiere participar
en su obra de misericordia y salvación.
El Hermano, "diácono y samaritano", es el que está
atento a las necesidades del hombre de hoy, a sus
heridas, a los pobres, a los marginados, a los
olvidados y a los débiles.
Durante el Capítulo (y más todavía durante la
visita canónica), he comprobado cómo más de un
Hermano vive una vida austera, de cercanía a los
pobres, de dedicación a los que están necesitados.
Un Instituto evangelizador.
El Instituto nació para evangelizar y esta misión
suya constituye su existir. Proponer continuamente
el Evangelio, con la palabra y el testimonio de
vida, le tiene que ser connatural, como es para el
hombre el respirar.
Está encontrando nuevas posibilidades, en
cualquier campo en el que se dedica a la
evangelización. Pero para poder vivir y proclamar
de manera digna "hoy" el Evangelio, tiene la
obligación de ponerse al día continuamente. No es
fácil pero merece la pena vivirlo en plenitud.
Actualizarse se convierte en un deber de
conciencia.
Un Instituto "evangelizado."
La evangelización hacia fuera también presupone
una evangelización hacia dentro: pide ser
comunidad-comunión que nace del compartir la misma
fe y el mismo carisma. La participación en el
mismo carisma presupone la pluralidad de
sensibilidades, y también la pluralidad de
encarnaciones, pluralidades que tienen sentido y
fuerza en la medida que nacen y llevan a la
unidad. Cada Hermano tiene que sentirse Instituto
y el Instituto tiene que poder alegrarse de la
creatividad de cada Hermano.
Un Instituto "familia adulta"
Un Instituto que concibe y vive "el espíritu de
familia", el diálogo, la subsidiaridad, la
corresponsabilidad y la colaboración a todos los
niveles.
Familia adulta es, precisamente, aquella donde el
diálogo es uno de los lazos más fuertes y
evidentes, al mismo tiempo que, incluso, es el
crisol dónde los valores se purifican y se afinan.
Un Instituto en diálogo permanente.
Un
profundo amor a los Hermanos y al Instituto tiene
que mantenernos libres dentro y fuera. Tiene que
impulsarnos a buscar siempre la
transparencia, superando desconfianzas o
suspicacias que asfixian. El diálogo debe ser
nuestro recurso fraterno de base, capaz de
ayudarnos a una mutua comprensión y a una sincera
y generosa colaboración. Esto nos lleva a superar
cada dificultad y a implicarnos en las empresas
que requieren audacia.
Un Instituto flexible
En el Instituto, en las Provincias y en las
comunidades, como en cada Hermano, no todo es
esencial y, por tanto, inmutable. Un Instituto
intocable, que no necesite reformas, no parece
tener sentido. Y el impulso del Capítulo nos
invita a ser valientes en la refundación.
Tendremos que ayudarnos para distinguir las
verdaderas de las falsas reformas. Y esto requiere
discernimiento. Por lo tanto: asegurar lo esencial
y relativizar lo que no lo es. Un serio
discernimiento y la atenta fidelidad al carisma
nos preservarán de caprichos y "vagabundeos". Nos
sirve de guía el dicho evangélico: "El sábado
está hecho para el hombre y no el hombre por el
sábado" (Mc 2,27).
Un Instituto reconciliado que engendra paz y
alegría
Nuestro carisma engendra paz, alegría y santidad.
¡Tenemos que estar convencidos de ello! Por eso es
"verdadero carisma", don del Espíritu Santo. Es
estimulante saber reconocer a "nuestros santos" y
también invocarlos pidiéndoles su ayuda. Si todos
reconocemos como "santo" al Hermano Gabriel, en la
espera de la confirmación de la Iglesia, existen
también otros Hermanos que destacaron por su
santidad. ¿Quién no es capaz de reconocer perfiles
de santidad en Hermanos como Aimé Baffert, Eulogio
Espinosa, Leandro Lázaro, Luigi Benso, Juvenal
Fausone, Camille Mercier, etc?
Incluso es un Instituto en el que corre un sano
"buen humor". Buen humor no quiere decir que uno
sea superficial, ligero, de humor fácil, sino
sereno, afable, amable, pacífico, alegre,
simpático... ¡Son los signos de un
Dios que da alegría! Y en nuestro Instituto
existen y muchos lo reconocen. A estos
signos podemos añadir los que cada uno lleva en su
corazón y en su amor, para darles una solución
positiva.
¿Es sólo un sueño? Pienso que no. Es una mirada
confiada y profética sobre nuestro futuro,
sostenido más por la "santidad del Fundador y de
los Hermanos" que por otras "hipótesis."
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4. El Instituto visto por
los Superiores Provinciales
Dos años después de la celebración del Capítulo,
los Superiores Provinciales fueron invitados a
sintetizar en cuatro aspectos positivos y en
cuatro aspectos que ofrecen alguna dificultad, la
situación de vida y vitalidad de su Provincia.
Pretendíamos dar un paso: de un Instituto "soñado"
a un Instituto en lo concreto de la vida. Apareció
un panorama del que he hablado en cada comunidad,
haciendo referencia a lo que dijo cada Superior
Provincial de su Provincia.
Los aspectos positivos son sin duda más fuertes
que la parte negativa, pero serían aún más
eficaces si se lograra dominar mejor la parte que
lo paraliza.
Aquí querría, retomar sintéticamente desde otra
perspectiva, lo dicho por los Superiores
Provinciales, y agrupándolos de acuerdo a la
temática. No llegaremos a descubrir todo lo
que dicen de la vida del Instituto, pero nos
pueden descubrir todo lo que es capaz de
estimularnos y lo que frena la vitalidad de una
Provincia.
Merece la pena volverlo a tomar en consideración,
porque, en su conjunto, aparece un perfil preciso
de Instituto, y cada Hermano puede reconocer lo
que atañe más de cerca a su Provincia, a su
comunidad, a él mismo. Lo que sigue es una
síntesis muy reducida, pero esencialmente fiel y
respetuosa de la realidad.
Los aspectos positivos y negativos que inciden en
la vida de las Provincias:
-
El Fundador:
por doquier se advierte que su presencia está más
viva. No faltan laicos que nos estimulan a
"valorar" más sus intuiciones y su mensaje. A
algunos les parece que no se hace bastante. Y
nosotros también tenemos que admitir que el amor
al Fundador y a la Sagrada Familia podrían y
deberían ser más vivos
-
El estilo de vida nazarena
se manifiesta en la sencillez de vida de muchos
Hermanos. Pero no faltan señales de cansancio, de
aburguesamiento, de insensibilidad a las
propuestas de conversión. Algunos manifiestan
temor a la novedad, a la desestabilización, al
futuro incierto, y se repliegan y acomodan, en
ellos ha hecho presa la inercia y la falta de
iniciativas.
-
La consagración y la oración:
es evidente el deseo de una fuerte espiritualidad,
más encarnada, con la participación convencida y
activa en la oración comunitaria. Hoy en todas
partes se da mayor espacio a compartir la Palabra
de Dios y al estudio de los documentos de la
Iglesia y el Instituto, pero existen comunidades
dónde ese compartir la Palabra y la creatividad en
la oración son pobres, y hay un cierto abandono
del sacramento de la Reconciliación.
Algunos Hermanos manifiestan bastante dificultad
para entender y vivir el "seguimiento de Cristo",
y superar su proyecto personal para insertarse en
el comunitario. Todavía se dan algunas
imprudencias en las relaciones con el mundo
femenino.
-
Las relaciones fraternas:
son, sustancialmente, buenas. Se las considera
como constitutivas de nuestra realidad de Hermanos
y se manifiestan en creativas atenciones a los
otros. Las relaciones fraternas buscan una
verdadera comunión y una generosa participación,
con mucho respeto para los Hermanos ancianos y
enfermos. El clima de fraternidad es palpable. Se
reconocen actitudes de escucha entre las distintas
generaciones, e, incluso, se da una mayor atención
al mundo y a algunas pobrezas de la sociedad. Los
proyectos de vida provinciales y comunitarios son
más claros, más elaborados y más concretos.
Sin embargo, en algunas comunidades hallamos una
destacada tendencia al individualismo. Esto hace
débil la vida fraterna. A veces, encontramos que
el subjetivismo de unos pocos se "impone" sobre el
modo de pensar de los otros. Donde hay conflictos
generacionales y de mentalidad, la vida
comunitaria está entorpecida. Es
significativo que algunos laicos sugieran a los
Hermanos que acrecienten entre ellos las
relaciones interpersonales, ya que comprueban que
es más fácil a veces la relación entre Hermano y
laico que entre Hermano y Hermano.
-
La formación:
en la mayor parte de los Hermanos hay mayor
conciencia acerca de la necesidad de la formación
continua personal y comunitaria. Hay deseo de
mejora porque se constata que para los educadores
la formación permanente requiere una actualización
constante.
Sin embargo, en algunos Hermanos la preocupación
por la formación, sobre todo la formación
permanente, es débil o está ausente.
Se
hace poco caso al proyecto formativo capaz de
mantener o desarrollar una identidad fuerte,
descuido en el que pueden caer algunos de edad
madura. Y probablemente a causa de esto, de
algunos se apodera un cierto desengaño, cansancio
e indiferencia.
-
En la promoción vocacional, a pesar de
fracasos y esterilidad, en algunos no ha
disminuido su compromiso. ¡Que sea de estímulo
para todos nosotros!
-
El apostolado y la misión compartidas
con los laicos: es el aspecto más dinámico
y vivo que se reconoce entre los Hermanos.
Se diría que tienen como peculiar un profundo
sentido de servicio, y ha crecido en la inserción
fecunda en la pastoral y en la vida litúrgica de
las parroquias.
En casi todas las Provincias hay un creciente
sentido de responsabilidad misionera y mayor
atención a los pobres. Una Provincia reconoce,
como vivificante, la pluralidad de Comunidades que
abarcan los aspectos de nuestro carisma: educación
cristiana, catequesis, animación litúrgica y
solidaridad misionera. Es importante la
disponibilidad de numerosos Hermanos a dejarse
implicar en servicios humanitarios y sociales
Otro aspecto que ha crecido y está madurando
positivamente, es la relación con aquellos laicos
que comparten la misma misión apostólica, el
carisma, la espiritualidad, la preocupación por
las vocaciones. En no pocas obras nuestras
los laicos ocupan puestos directivos.
Sin embargo se constata que no hay el mismo
entusiasmo en todos los Hermanos para comunicar y
compartir la riqueza de nuestro carisma con los
laicos, para hacer que nazcan "Fraternidades
Nazarenas". En algunos la conciencia apostólica
que es inherente a la misión del Instituto es
débil y la inquietud misionera poco incisiva o
casi insensible frente a la pobreza y miseria del
país donde
viven.
-
El gobierno y la economía
son un apoyo importante para la vida comunitaria y
para el apostolado. La mayoría de los Superiores
Provinciales reconoce que ha mejorado la
distribución del personal y la organización
económica, con una gestión más atenta de los
bienes. Los Hermanos tienen una idea más clara de
su responsabilidad.
Se considera positiva la participación de los
laicos en los organismos de la Congregación, como
Capítulos Provinciales, Comisiones, Consejos
ampliados y algunas responsabilidades directivas.
Hay nuevas experiencias y aperturas en la
organización de las Comunidades. Son más los
Hermanos dispuestos a participar en las reuniones
provinciales: Capítulos, Cursos de formación, días
de espiritualidad y de convivencia.
Sin embargo, en el terreno del gobierno y de la
economía hay situaciones que entorpecen la
fraternidad, el apostolado y quizás también la
vida personal de algún Hermano. Notamos, por
ejemplo, que algunos tienen una sobrecarga de
responsabilidades y trabajo; que otros están poco
desprendidos de los bienes materiales, en
auténtico contraste con la virtud de pobreza. Hay,
además, quienes afirman que la obsesión por
mantener los colegios limita el compromiso
apostólico del Hermano. Para algunos las
dificultades financieras de la misma familia, y
para otros la salud, se convierten en una
preocupación absorbente.
Se trata de modos distintos
en los que nos podemos, quizá, encontrar en algún
punto de los que hacen referencia los
Superiores Provinciales, pero, al mismo tiempo,
tenemos que sentirnos implicados en lo que se está
viviendo en el Instituto, y ayudar a dar los pasos
necesarios, a partir de la modesta realidad que
comprobamos, hacia el Instituto que deseamos.
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5. Los retos del tercer milenio
En este punto quisiera destacar la observación que
nos hacen algunos laicos cuando hablan de la
identidad de los Hermanos ante los desafíos del
tercer milenio.
Libres de preconcepciones de casta, y guiados quizás
por la necesidad perentoria de encontrar el sentido
de su vida y de su acción apostólica en la Iglesia y
en la sociedad como "hijos del Hermano Gabriel
Taborin", esos laicos quisieran ver en los
Hermanos de la Sagrada Familia, religiosos,
compañeros de camino y guías de una fuerte vida
espiritual.
Mientras dicen estar admirados y entusiasmados por
el trabajo que los Hermanos desarrollan, comentan
entre ellos que, al ser poco visible nuestro "
ser hombres de oración y apóstoles", nuestro punto
débil está en no aparecer suficientemente "hombres
de Dios" .
Somos testigos del óptimo trabajo que nuestros
Hermanos realizan, pero está un tanto desenfocado el
perfil de apóstoles y de evangelizadores, o, si se
quiere, ese perfil no aparece lo suficientemente
incisivo.
He tenido la gracia de hablar con todos los Hermanos
y he percibido que, más allá de las apariencias, son
verdaderos hombres de Dios, con mucho respeto por el
prójimo al que desean llevar el Evangelio. Pero, a
veces, en cambio, "ese gran respeto por el otro"
lleva al Hermano a manifestar en el apostolado más
temor que valentía.
En una Asamblea Semestral de los Superiores
Generales sobre los desafíos del tercer
milenio, se pidió el testimonio de Andrea Riccardi,
-profesor de historia en la universidad de Roma, una
persona muy comprometida en los campos social y
político, fundador de la Comunidad de S. Egidio,
famosa internacionalmente-. Creo interesante
recoger, como síntesis del amplio y complejo
discurso que hizo, la llamada a un sólida y viva
espiritualidad. Es en esta perspectiva donde el
profesor ve como muy importante el papel de la vida
religiosa.
Es una realidad, y no sólo en nuestra casa, que
"frente a los horizontes del mundo contemporáneo, se
da el riesgo de quedar desplazados, ante el tamaño
de los desafíos y complejidad de los problemas. Es
la condición del hombre contemporáneo, la de ser
un "hombre desorientado", como escribe muy bien al
búlgaro Tzvetan Todorov. De esta desorientación
nacen tantas y tan diversas actitudes: desde los que
se encierran en sí mismos, casi presos por un
sentido de impotencia, a los que se cierran en la
misma institución o en el propio grupo social,
convencidos de no poder entrar en un mundo tan
complejo; los que se sumergen en el consumismo
pensando que no se puede hacer otra cosa más allá
del comer, beber y comprar; los que se entregan a
uno de los muchos fundamentalismos existentes.
También nosotros, a pesar de nuestra historia
cristiana, podemos padecer esta desorientación, y no
asomarnos ya más a la ventana de la vida con amor, o
bien dejarnos dominar por un sentimiento de
impotencia, o, en fin, dejar pasar los años,
dentro de los problemas - y problemas siempre
existen - de nuestra institución o de nuestra grupo
social. Autoconservarse y no medirse con los
desafíos del presente. "Adentrase mar
adentro", que es la invitación de Juan Pablo II para
el Tercer Milenio, no es ni natural ni sencillo.
Quizás sea una de las invitaciones que son seguidas
con menos intensidad en la Iglesia de hoy. En
efecto, el instinto sería no el de adentrase, sino
buscar un puerto seguro en un rincón tranquilo".
La seguridad que necesitamos no nos viene de los
programas de futuro que trazamos o de los métodos o
del repliegue sobre nosotros mismos. Tratar de
afrontar los desafíos del futuro con programas,
metodologías o en cerrándonos en nosotros mismos, no
es la solución acertada. Más que programas bien
hechos, que deberemos ciertamente también formular,
se requiere una espiritualidad fuerte y auténtica. Y
esto porque, para nosotros, religiosos, la verdadera
solución nos la dicta el Espíritu, cuando acogemos
la Palabra de Dios en el corazón.
Los verdaderos constructores del futuro, los
auténticos revolucionarios son los santos, ha dicho
Benedicto XVI a los jóvenes, reunidos en Colonia
para la 25 JMJ.
También para hoy y para mañana, la Palabra es y será
"lámpara para nuestros pasos"(Cf Sal. 119, 105).
Frente a la complejidad de los desafíos, necesitamos
la espiritualidad de la escucha de la Palabra. ¡La
capacidad de la escucha de la Palabra es obra del
Espíritu! Estamos llamados a arraigarnos más guiados
por la Palabra de Dios y a renovar nuestra oración.
El resto brotará por sí mismo, como lo hemos visto
en nuestro Fundador.
Tenemos que medirnos con el mandato del Evangelio y
con la realidad de los desafíos del mundo, con el
carácter específico de nuestra misión apostólica de
Hermanos de la Sagrada Familia sin satanizar el
presente, sino trabajando en él con esperanza.
Confiados en la fuerza del Evangelio, también
nosotros, Hermanos de la Sagrada Familia, bajo el
humilde techo de Nazaret, podemos ofrecer al hombre
de hoy, oprimido por tantas dificultades, una
dimensión de esperanza en la obra de un Dios que no
considera indigno encarnarse en lo ordinario de una
vida terrena durante treinta años antes de hacer
brillar el resplandor de su Palabra.
Mientras por un lado seguiremos dialogando con Dios,
por otro trataremos de aprender los continuos
lenguajes culturales del hombre, porque siempre
conociéndolos mejor, podemos ayudarles a entender su
dignidad de hermano, porque es "hijo de un mismo
Padre."
Los laicos, con su visión sencilla y simple pero
exigente, de la dimensión espiritual y a veces con
su sufrido pragmatismo social y político, nos
estimulan a entender que no es cuestión de
simplificar y eliminar las problemáticas, sino de
recobrar continuamente la claridad de una visión
que hace fluir el Evangelio y el encuentro con el
Señor Jesús, el Dios de la historia y del tiempo, el
alfa y la omega. Y con Jesús encontrar al hombre,
cada hombre. No es fácil, pero merece la pena
dedicarle nuestra vida de consagrados a Dios y a los
hermanos. |
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6. Que nunca decaiga la
confianza y la esperanza.
Renovémonos, en cambio, con una buena formación
permanente.
A tiempos difíciles se responde con mayor amor,
confianza y esperanza. Fue en el momento más
dramático de la Iglesia primitiva cuando el
Espíritu hizo surgir el Apocalipsis. En él la
Iglesia celebra los Himnos cristológicos más
bellos y ricos en esperanza. Cristo, el Cordero
inmolado, sigue dando sentido a la vida y al
sufrimiento de cada uno y asegura que la verdadera
historia, la última palabra, la tiene Dios.
Cada momento es el un momento de la confianza y de
la esperanza. No debe ser un intento de
huida hacia una espiritualidad vaga, sino la
voluntad decidida y humilde de contemplar
cuidadosamente con la mirada de la fe.
Si consideramos que nuestro punto "frágil", más
que débil, es nuestra dimensión espiritual y la
oración, y al mismo tiempo percibimos que nuestro
punto "fuerte" es nuestro trabajo, un trabajo bien
hecho, al que nos dedicamos con amor y muchas
veces con satisfacción, el empeño más importante
tiene que dirigirse a una formación de base y
permanente valiosas, que nos ayudará a entender
mejor lo esencial sin omitir el resto.
En primer lugar tendremos que procurar
intensificar la dimensión espiritual tal como la
propone el Evangelio y nuestro carisma.
En esta perspectiva pueden ser útiles los
"modelos" de crecimiento espiritual que os he
recordado durante la visita canónica. Se dan, como
recordáis, el modelo de "tender a la perfección
de la caridad", que ha orientado la formación
de muchos de nosotros; el modelo de la
autorrealización; el de la aceptación de
sí; en la actualidad se habla del modelo de
la integración. Todos son más o menos
válidos, porque lo que cuenta es el asumir en
serio nuestra formación permanente. Es lo único
que nos ayuda a superar etapas ya alcanzadas y
situaciones de estancamiento.
Y por esto la formación permanente, para
una conversión personal y también para una
transformación colectiva, ha sido uno de los temas
subrayados como fundamentales por el Congreso
internacional de la vida religiosa.
Pero también sobre este punto sería oportuno
ponernos de acuerdo sobre lo que entendemos por
formación permanente.
Hoy se habla de una disponibilidad activa e
inteligente del hombre espiritual que se deja
formar por la vida y para toda la vida.
La condición, por lo tanto, para una auténtica
formación permanente será la actitud interior del
Hermano que, libre de corazón y de mente,
aprende a aprender de la vida. Aprende ante
todo de Dios, el verdadero autor de la formación,
de su Palabra y de su misterio, de la liturgia y
de la riqueza del carisma. Pero también aprende de
los otros, de cada Hermano, santo o menos santo,
de la gente, de los pobres, de cada cultura, en
cada momento de la vida. Aprende en cualquier
puesto que le asigne la obediencia. Aprende del
éxito y del fracaso, de los jóvenes y de los
ancianos, de los sanos y de los enfermos. Se deja
tocar por la vida y recoge en toda circunstancia
el mínimo fragmento de verdad y belleza.
Hasta el momento de la muerte, que señalará el fin
de su formación permanente, el Hermano tiene que
estar dispuesto a aprender.
La formación permanente, lo sabemos, es
considerada a distintos niveles. Encontramos, en
primer lugar, el nivel del cada individuo,
primer responsable de su formación,
responsabilidad que no puede delegar a nadie.
Están, después, los niveles
comunitario y provincial.
Existe una formación permanente ordinaria,
del propio individuo que se apoya en lo que
hacemos cada día, pues la formación sólo es
permanente si es cotidiana. Pero existe
también una formación permanente extraordinaria
que las Constituciones proponen a varios niveles,
hecha de encuentros particulares, de momentos
espirituales prolongados, de puesta al día, de
“reciclajes”…
Las dos formas normalmente deberían complementarse
mutuamente. Paulatinamente se va abandonando la
idea de que la formación permanente es algo
extraordinario, hecha en algunos momentos, para
algunas personas y que sólo afecta a algunas áreas
de la personalidad.
La formación permanente del Hermano ilumina el
proceso de su conversión personal, y su
espiritualidad sintetizará los diferentes
ámbitos de la formación.
La formación permanente de cada Hermano posee,
además, una gran fuerza de impacto en su comunidad
e incide en la calidad de vida y del testimonio.
Incluso, se convierte en el alma de la renovación
y de la animación vocacional. Por consiguiente, un
Instituto, una Provincia que invierte en la
formación, invierte en su futuro.
También entre nosotros ha crecido el
convencimiento de la urgencia de la formación
permanente, entendida como recuperación de lo
esencial, como una vuelta a las fuentes y al amor
de un tiempo pasado, para que se convierta en
pasión por la búsqueda personal de Dios, a
la luz de su Palabra, para asumir las propias
responsabilidades.
No todo es perfecto, desde luego, y no
necesitamos ocultar que, a nivel personal, alguno
se atrinchera en una cierta rigidez mental, con el
consiguiente sentido de autosuficiencia, de miedo,
de cerrazón.
También a nivel comunitario se dan algunos
elementos que interfieren negativamente, como un
cierto abandono del crecimiento comunitario
o el excesivo trabajo que aleja de lo esencial, y
que hacen menos significativas las relaciones y
desorientan.
Los expertos ponen mucho énfasis en la
revalorización de la vida fraterna como elemento
indispensable para la formación.
Nosotros, Hermanos de la Sagrada Familia, que con
frecuencia hacemos referencia a la Familia de
Nazaret, cada vez estamos más convencidos de la
validez formativa de la vida en la oración, en la
recíproca obediencia fraterna, en el "dejarnos
tocar" por las limitaciones del otro y así poner
remedio en él y en nosotros: cosas sencillas, pero
básicas y eficaces.
Todos somos conscientes de que el proceso
formativo es como un camino que, por su
naturaleza, no acaba nunca. Siempre está
necesitado de atención y cuidados, sea de parte de
los formadores sea de la comunidad, unos y otros
atentos al Espíritu y a la misma vida.
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7. Los motivos de nuestra esperanza:
Quisiera concluir esta circular enumerando algunos
motivos de esperanza.
El primero de ellos es la certeza de que el Carisma
del Instituto y el Instituto mismo como su portador,
dones de Dios a su Iglesia, continuarán siempre
siendo, de una u de otra manera, un don dinámico y
actual para la Iglesia y para el hombre de hoy.
A este motivo de esperanza añado los siguientes:
- ¡A todos y a cada uno de los Hermanos del
Instituto: su vida, su fe, sus alegrías y dolores,
sus esperanzas, sus compromisos apostólicos!
- ¡El mismo carisma que es, sobre todo, un espíritu
y una espiritualidad unidos a la dimensión más
permanente del hombre, su dimensión de fraternidad,
de humanidad, de amor, de afectividad y de donación
de sí, por el hecho que el amor es expansivum
sui!
- El PVI del Instituto que está sustentando y
llevando adelante la dinámica de la fraternidad como
manifestación de la humanización más importante para
el día de hoy y manifestación del amor con el que
Dios nos quiere como Padre.
- La Causa de beatificación del Fundador, que tiene
que convertirse en un motor que arrastre todo lo que
somos y hacemos como Hermanos de la Sagrada Familia.
¡El Fundador es el padre que nos guía y sostiene,
que camina a nuestro lado, que nos da seguridad y
espacios de vida!
- La sensibilidad que el Instituto tiene por la
missio ad gentes, incluso en los límites de su
pobreza.
- Las "Fraternidades Nazarenas" que abren nuevas
fronteras al carisma.
- Los Hermanos jóvenes que han podido experimentar
que el Instituto los escucha, los interpela, los
quiere… y ciertamente la lista podría
alargarse...
Entre todos estos motivos quiero subrayar dos:
Las "Fraternidades Nazarenas"
A los miembros de las Fraternidades Nazarenas les
hemos dado la posibilidad de "compartir" el don del
carisma a nivel de "espiritualidad", y les hemos
pedido que nos digan cómo lo intuyen, lo entienden,
lo sienten y lo viven.
Nos han hecho entrever que lo que llamamos "nuestra
espiritualidad nazarena" puede iluminar su vida. Y
de cómo la viven a la luz de Nazaret, nos ofrecen
elementos para mirar con confianza la belleza y la
fuerza que lleva en sí.
Con su sed y amor por la Palabra de Dios y del
Hermano Gabriel también nos estimulan a volver a
estas mismas fuentes con un mayor deseo por
aprender.
El encuentro de los Hermanos jóvenes
Tuvo una preparación discreta. Sin embargo, su
celebración resultó ser un acontecimiento
particularmente significativo. Brevemente señalaré
que los jóvenes se preocuparon de darnos a conocer
alguna repercusión de lo que han vivido. Pero, lo
realizado, es solo un primer paso: el proceso tiene
que continuar.
El mensaje final, conciso, daría la sensación,
quizás, de ser un memorándum. No se tiene que agotar
en una primera lectura. Se le tiene que dar espacio
y tiempo para llegar a entender lo que el Espíritu
nos ha dicho.
Tras sus expresiones hay
aspectos que merecen ser desarrollados.
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Conclusión:
Hagamos una relectura de las principales bases de
vitalidad que la historia del Instituto nos ha
entregado y veamos si existen otras que nos pueden
ayudar a mejorar. ¡Cada Hermano está invitado a
señalarlas!
Con su sencillez y humildad, los Hermanos que nos
han precedido, nos han transmitido las bases
siguientes:
Vivir la espiritualidad nazarena
Ser fieles al Carisma del Fundador
Amar la Regla, porque es el camino de la
caridad perfecta
Buscar ante todo el Reino de Dios
Ser fiel a los compromisos de la Consagración
Construir incansablemente la Comunidad
Hacer que la vida nazca y se desarrolle mediante una
solicitud activa por las vocaciones.
Asegurar a los miembros del Instituto una sólida
formación religiosa e intelectual, apostólica y
misionera
No sacrificar nunca la vida religiosa al empleo
Ser colaboradores activos en la Pastoral de la
Iglesia.
Ciertamente estos son los criterios que también hoy
permiten a una Comunidad el valorar su grado de
auténtica vitalidad.
El camino de renovación, emprendido por el Concilio
Vaticano II, que coloca la vocación religiosa como
un "signo particular" dentro de la vocación
universal a la santidad, apenas se ha iniciado.
Seguir a Jesús, virgen, pobre y obediente, para el
Hermano de la Sagrada Familia, quiere decir vivir su
filiación divina y, por lo tanto, su fraternidad.
Que nuestra vida religiosa se ponga en su
seguimiento con confiada esperanza.
El camino que hemos de recorrer es largo y
accidentado; si lo recorremos unidos será más
llevadero y seguro.
¡Que la Sagrada Familia y el Hermano Gabriel nos
guíen y sostengan en este camino!.
Fr. Lino De Campo
Superior General
Roma el 12 de octubre de
2005
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El Hermano, por el privilegio de la llamada especial
que ha recibido, por la gracia de su consagración y por el empeño apostólico que lo lleva a colaborar de modo especialísimo con Cristo
en la construcción del Reino de Dios, tiene que ser un hombre que emane
alegría. Una alegría que nace y se expresa de manera particular en la
fraternidad, en una comunidad de hermanos, alegres por compartir la vida
para amar, alabar y servir a Dios: "O quam bonum et jucundum habitare
fratres en unum!". (Sal 133,1).
¡Cuántas veces, por desgracia, la alegría no aparece
en nuestros rostros, ni reina en nuestras comunidades! ¡Cuántas veces en
las conversaciones estamos propensos a subrayar los tiempos difíciles que
estamos atravesando! Realmente hay motivos para mirar con pesimismo la
situación actual. Pero también es evidente que este modo de ver la
realidad a menudo nos paraliza. Nuestra experiencia así nos lo confirma.
Si la alegría está ausente, disminuye el empeño vocacional, el trabajo
apostólico nos parece cada vez más estéril, la vida comunitaria nos
resulta difícil y disminuye el amor al Fundador y el interés por su
causa de beatificación.
A pesar de todas las dificultades y las contradicciones
de nuestro tiempo, hoy tenemos que convertir en realidad entre nosotros la
intuición que tuvo el cardenal Pironio que veía al religioso como
"profeta de esperanza" y "testigo de la alegría de
sentirse ya salvado", aunque todavía no en plenitud.
Las comunidades que San Pablo animó no estuvieron
exentas de formas y experiencias pesimistas. Por eso, el Apóstol se vio
en la necesidad de hacer notar que la alegría es un don que ni el
sufrimiento, ni las desgracias del momento, ni las persecuciones, ni las
tragedias pueden arrebatarla si uno está abierto a la ación de Dios, al
don del Espíritu... "Que el Dios de la esperanza os llene de
cumplida alegría y paz en la fe para que abundéis en esperanza por la
virtud del Espíritu Santo". (Rom 15,13) "Porque el reino
de Dios no es comida ni bebida sino justicia y paz y gozo en el Espíritu
Santo". (Rom 14,17-19)
También San Juan en su primera carta nos invita a
vivir en la alegría: "Lo que hemos visto y oído, os lo
anunciamos a vosotros, afin de que viváis en comunión con nosotros. Y
esta comunión nuestra es con el Padre y con su Hijo, Jesucristo. Os
escibimos esto para que vuestro gozo sea colmado". ( 1 Jn 1,3-4)
Con el salmista, al final de cada día, deberíamos
poder cantar: "Aun en mi lecho me acuerdo de ti; en ti medito en
las vigilias, pues tú eres mi auxilio, y salto de gozo a la sombra de tus
alas". (Sal 63,7-8)
Nuestras Constituciones nos invitan con particular
insistencia a vivir con alegría y a compartirla. En el
"Prólogo" leemos: "Sea tu alegría el amor del Padre
que ha mirado tu pequeñez y ha querido que participes en su plenitud de
amor trinitario por la imitación del hogar de Nazaret". "Ama a
cada uno de tud Hermanos y a cuantos ponga Dios en tu camino con
sencillez, alegría y humildad". "Ante el Padre eres respon
sable de tus Hermanos. Que tu alegría sea tu alegría". "Vive
hasta el fondo la muerte total. De este modo mostrarás tu resurrección
por la paz, la alegría, la fraternidad".
En las "Constituciones" la alegría aparece
en la encrucijada de las experiencias profundas de vida, y nos recuerdan
que constituye una señal, un testimonio de la obra del Espíritu en cada
Hermano y en el Instituto. "El contacto continuo con el Fundador y
su conocimiento cada vez más profundo llevan a los Hermanos a la gozosa
afirmación de su identidad, iluminan el presente, y orientan el futuro
del Instituto". (Cost. 3) "Recuerden con alegría los
Hermanos que, bajo el techo humilde de Nazaret, vivía la familia más
santa y noble y que de ella ha tomado la Congregación su hermoso
nombre". (Cost. 5 - NG3 ) "Los Hermanos... se aman y
ayudan mutuamente, comparten las alegrías, las penas, los éxitos y
fracasos de todos... y contribuyen, en el medida del posible, a la
alegría de sus Superiores y de sus Hermanos: en una Comunidad así se
encuentran la paz, la satisfacción (alegría) y todas las virtudes".
(Cost. 13 - Circ. n. 21, IV, del 2 de julio de 1864 -) "La paz y
la alegría son dones pascuales que Cristo ofrece a los hombres de hoy en
las Comunidades de los Hermanos". (Cost. 24)
La alegría ayuda a asumir la soledad del celibato
consagrado (cf Cost. 33); abre el corazón del Hermano en la espera de
Dios (cf Cost. 35); hace que participe mejor en las celebraciones
litúrgicas; y se convierte en una de las expresiones más significativas
de su oración. (Cost. 137) "La oración personal y comunitaria de
los Hermanos va más allá del marco litúrgico. Por ser expresión de un
amor atento a la presencia de Dios, es sencilla, confiada y alegre como
corresponde a unos hijos".
La alegría se convierte en invitación a seguir
nuestra vocación: "El ejemplo personal de su vida laboriosa,
humilde y alegre dedicada al servicio del Reino es un medio excelente para
suscitar vocaciones". (Cost. 149) La misma vocación es fuente de
alegría: "Trabajan en estrecha unión y en un clima de familia
con los jóvenes de quienes están encargados, para que éstos participen
activamente en su propia formación y se sientan llenos de la alegría de
su vocación". (Cost. 163) La alegría sostiene en las
dificultades: "La Comunidad permanece atenta para ayudar a los
Hermanos mayores o enfermos a que en esta hora de prueba puedan vivir las
respuestas que el Señor les propone... en el gozo de la espera del Señor"
.(Cost. 186) "Recuerden los Hermanos que el yugo del Señor es
suave y ligero... y tendrán la dicha de dar gloria al Padre, al Hijo y al
Espíritu Santo. Amén". (Cost. 280 - NG LXXV -).
El Padre Fernando Torres enumera diez motivos para ser
felices. Precisamente porque rayan la normalidad existe el peligro de no
tenerlos en cuenta. Valela pena recordarlos: el sol sigue saliendo, una
institución acogedora, la conciencia abierta, el encuentro con el Dios
desde la experiencia de Jesús, el por qué lo queremos, abiertos al amor,
unas relaciones humanas auténticas, el vivir en solidaridad, tener lo que
necesitamos, Dios fundamento de nuestra vida.
Los hemos meditado en la oración que precede a la
reunión de Consejo general, y de nuestro corazón han brotado otros
motivos: la alegría de tener como fundador al Hermano Gabriel y un
carisma nazareno; la llamada a ser portadores de felicidad; el poder
redescubrir a Dios cada mañana; el tener el don de la fe y a un Dios que
nos quiere; la comunidad en que vivimos; la gente que nos rodea; la
eucaristía; el ser sencillamente hermano en la Iglesia de Jesús; la
Iglesia y la Congregación unidas por la comunión; la experiencia que los
demás son mis hermanos....
Son pepitas de oro que tienen que enriquecer nuestro
tesoro. Por eso invito a cada Hermano y a cada comunidad a
descubrir los motivos profundos de una alegría que será fuente de nuevas
energías para la refundación y para un nuevo empuje apostólico.
El Proyecto de Vida del Instituto nos plantea esta
pregunta: "Hermano, ¿te sientes feliz?" No es una
pregunta banal u obvia. No podemos olvidar que sólo demostrando que nos
sentimos felices seremos testigos creíbles de nuestra consagración, y
sin palabras, podremos invitar a otros a seguirnos como Hermanos de la
Sagrada Familia.
Fr. Lino Da Campo,
Superior General
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Ayudemos el actuar de Dios en cada uno |
En la
reunión del 7 al 9 de enero, el Consejo General, ha dedicado
particular atención a algunos temas relacionados con la refundación
y la vitalidad del Instituto. Te señalo, querido Hermano provincial,
tres para tu reflexión personal, y para que los des a conocer a tu
Provincia:
La
Fraternidad: Iluminada por la contemplación de la
encarnación del Primogénito de Dios y Hermano nuestro, la Iglesia,
en el período de Navidad, nos ha propuesto la lectura de la 1ª
Carta de Juan. El apóstol preferido de Jesús pone como fundamento de
la fraternidad nuestra filiación divina. Al mismo tiempo, trata de
alejar de nuestra mente y corazón, cualquier forma de fraternidad
que sea producto de un sentimentalismo marcado por la fantasía
El modo de
progresar que nos señala Juan es grandioso, claro y duro como un
diamante. ¡O somos hijos de la luz o seremos hijos de las tinieblas!
¡O estamos en la vida o estaremos en la muerte! Y nos pregunta sin
apelativos: ¿Cómo uno puede decir o imaginar amar a Dios que no ve,
si no ama al hermano que ve, al hermano concreto, al hermano con sus
cualidades y defectos, al hermano con quien comparte la vida de cada
día?
Para Juan, el
criterio para que esto sea una realidad no es el empleado por el
mundo. Nos empuja (nos desequilibra), hacia el hermano. El mundo,
quizás, proclama con palabras una fraternidad que parece no
conocer. El mundo no toma en serio la fraternidad, explota al
hermano. En cambio, Juan nos dice que sólo quién ama al hermano,
puede entender su verdadera filiación divina y encontrar a Dios.
¿No será
entonces el momento de fijarnos más en lo concreto de un amor
fraterno que en los Hermanos jóvenes se muestra, sobre todo, en el
servicio generoso, dentro y fuera de nuestras estructuras; en los
Hermanos de edad madura, en el respeto, en la acogida y en la
colaboración con todos; y que en los Hermanos de edad avanzada tiene
sus manifestaciones en la gratitud por formar parte de una verdadera
familia, humilde tal vez, pero iluminada por la fuerza que viene del
amor del Padre y del sacrificio del Primogénito?
Juan,
incluso, nos enseña que sólo una fe grande nos hace crecer en el
amor. Y viceversa, diríamos nosotros. Erich Fromm llega a la misma
conclusión: "El amor es un acto de fe, y quién tenga poca fe, tendrá
poco amor". ¿Nosotros manifestamos tener fe?
Es necesaria
la fe para entender las palabras de nuestro Fundador: "Los títulos
de dignidades exigen respeto, pero el nombre de Hermano sólo
manifiesta sencillez, bondad y caridad. ¿Qué hay más bonito que el
nombre de Hermano"? (NG). Sin fe no entenderemos esto y, por tanto,
no lo viviremos!
Por todo ello, interpelamos a nuestros Hermanos:
- Hermanos jóvenes: ¿hasta qué punto vuestro amor
generoso se transforma en algo concreto como un don total de si
mismo en una actitud de humilde servicio a los Hermanos, a la
Iglesia y al mundo? Sabemos que toda nuestra vida será valorada por
los resultados finales, cuando se nos recuerde: "Tuve hambre,
tuve sed… tu Hermano anciano, enfermo, en dificultad, necesitó de tu
ayuda, qué has hecho por él"?
-
Hermanos en edad madura: ¿hasta qué punto vuestro amor se ha
convertido en respeto por los demás, en atención a sus necesidades,
en aceptación, en paciencia, en gratuidad, en un instrumento para
suscitar nuevas vocaciones,…?
-
Hermanos ancianos: ¿Testimoniáis todavía con vuestra
vida y vuestras palabras que en esta vida vence quien más ama y no
quien más sabe? ¿Seguís dando gratuitamente, sin dar muestras de
egocentrismos, sin mostraros exigentes, amargos? ¿Podéis decir que
la plenitud del amor es, como dice San Juan y comenta San
Francisco: ¡"…que no busque tanto el ser consolado como consolar,
ser comprendido como comprender, ser amado como amar..."
¡Ayudémonos mutuamente a ser hermanos!
La promoción vocacional: el año 2003 ha dado un duro golpe a
nuestra familia religiosa: disminuyó en 11 miembros.
Ha habido 5
nuevas profesiones, "¡Señor, te doy las gracias!"; nos dejaron 4
Hermanos de votos temporales y 5 de votos perpetuos, "¡Señor,
ayúdalos en el nuevo camino que han elegido!"; 7 Hermanos han
fallecido, "¡Señor, acógelos en tu Reino!". Son datos de familia que
nos hacen reflexionar.
La promoción
vocacional merece una atenta y especial consideración. Es un punto
que tiene que interesar a todos los Hermanos de cualquier edad y
lugar. Es, y sigue siendo, la forma de amor más auténtico y profundo
por nuestro Padre Fundador y por su familia religiosa, que es
también la nuestra. Y es un amor que tiene múltiples expresiones.
En primer
lugar, tiene que traducirse en oración constante al Dueño de la
mies, porque fue el primer mandato que Cristo nos dio respeto
a las vocaciones; después está el testimonio alegre de ser y
sentirse Hermano de la Sagrada Familia; y, luego, todas las
iniciativas que no podemos, y no es ni razonable, ni comprensible,
ni justo, delegar en determinados Hermanos.
Es verdad que
Dios es dueño de la vida y de la muerte y, también, que un Instituto
religioso no tiene la garantía de la inmortalidad. Pero también es
verdad que, si la Iglesia reconoce un carisma, lo bautiza para la
vida y no para la muerte. Y nadie tiene derecho a decretar su fin.
El carisma
confiado a la Congregación no es una carta que hay que enviar a
alguien, sin más; no es una idea abstracta; no es un código moral de
buena conducta; no es un título para creernos mejores que los
demás, sino una vida que se nos dio para que la saquemos adelante;
se transforma en una descendencia bendita de generación en
generación; es una presencia que se convierte en don profético; es
compartir con los Hermanos cuanto el Fundador nos legó. ¡Unámonos a
cuanto hizo el Fundador para sacar adelante el carisma recibido y
unámonos a su oración constante! "Señor, escucha la oración que
te hago y deseo hacer siempre por el querido Instituto a mí confiado
y que pongo en tus manos. Haz que sea obra tuya y no mía…"
(Testamento espiritual).
Sin
vocaciones el Instituto no puede ni podrá existir por mucho tiempo.
Pero si, de verdad, quiero a mi familia, haré cuanto esté de mi
parte para que continúe. No es egoísmo, al revés, convencido de que
el carisma es un acto de amor de Dios a su Iglesia y al mundo,
manifestaré a la Iglesia y al mundo este amor de Dios haciendo lo
posible para que el carisma del Hermano Gabriel continúe en el
tiempo.
No es justo
ni oportuno afirmar que queremos a la Iglesia, si no hacemos
lo posible para que se extienda. ¿Cómo podemos decir que
queremos a la Congregación si no ponemos lo que esté de nuestra
parte para que crezca? Si comparamos el carisma con los
talentos recibidos, sabemos también de él se nos pedirá cuenta.
El futuro del
Instituto depende de los que lo aman. Y cuantos lo aman no se dejan
engañar con determinados sofismas: "yo rezo por las vocaciones en
general, y si Dios quiere mandarnos alguna..." Hay que rezar,
sin duda, por todas las vocaciones, pero, en especial, por las
de nuestro Instituto, no sólo para que haya Hermanos a disposición
de la Iglesia, sino para que sean, para la Iglesia, una palabra de
amor y luz que le llega de parte de Dios.
Y no se
pueden aceptar impunemente ideas anticuadas, como que "esta clase de
vocaciones deben desparecer para que nazcan otras nuevas". El cambio
no viene anegando, sino dando pequeños pasos que trazan la senda de
una historia de salvación.
Ni tampoco
nos honra el dejar sólo a Dios la tarea de que el carisma siga vivo.
Como don y riqueza para la Iglesia, no lo dejará perecer. Si no se
da nuestra aportación, suscitará a otras personas.
Aunque en la
Provincia y en las Comunidades se haya nombrado a alguien que
dedique tiempo, energías y creatividad, a la promoción
vocacional y a la formación, todos tenemos que sentirnos implicados
en este empeño, tan importante para el Instituto.
Es verdad que
Dios es quien da y quita la vida. Pero por lo que nos concierne,
esforcémonos para que la vida, puesta en nuestras manos, continúe y
no nos volvamos con nuestra dejadez o poco amor, "abortistas" o
"partidarios de la eutanasia".
Ayudémonos a
hacer una lectura del actuar de Dios en cada uno de nosotros, en la
Iglesia y en el Instituto.
Querido
Hermano Superior Provincial, te comunico estas reflexiones para que
las hagas fructificar en tu Provincia, del modo que creas más
oportuno.
Me sentiré
contento si esta carta fuera leída y, si fuere posible, comentada,
en comunidad, y, ¿por qué no?, también hecha oración.
Que la
Sagrada Familia de Nazaret bendiga a nuestro Instituto y el Hermano
Gabriel acompañe a cada Hermano de la Sagrada Familia.
H. Lino Da Campo
Superior General
Roma
24/01/2004
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Una presencia
viva entre nosotros |
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Queridos
Hermanos:
La Causa de nuestro
Fundador ha entrado en una fase nueva y todo el Instituto tiene que
sentirse implicado ante este don de la gracia. Por ello, me es grato poder
compartir agradecido con cada uno de vosotros algunas certezas marcadas
por la esperanza.
1. La presencia
viva entre nosotros de nuestro Padre Fundador:
- nos mantiene
confiados en el carisma que nos dejó,
- nos anima a
perseverar en la animación vocacional,
- nos estimula en una
formación de base y permanente de gran valor,
- nos lleva de la mano
por el compromiso de la refundación,
- nos compromete en el
camino de la santidad,
- nos asegura que el
objetivo de la fraternidad, señalado en el último Capítulo General, entra
dentro de su sueño más profundo de padre, como podemos ver en su Circular
N. 21 del 2 de julio de 1864..
2. La esperanza de
poder verlo beatificado:
- Hace algunos meses
presentamos a la CCS (Congregación para la Causa de los Santos) una amplia
documentación sobre un "presunto milagro" atribuido al Venerable Hermano
Gabriel a favor del niño Felipe Cifuentes, de Tandil (Argentina).
- El 25 de mayo de
2004 recibimos la "Copia Pública" sobre la que se está preparando
el "Summarium super Miro."
- El 25 de junio hemos
recibido el decreto de validez de la documentación presentada.
Todo ello nos estimula a continuar con entusiasmo y esperanza, no sólo por
lo que favorecerá el reconocimiento del posible milagro por parte de la
Iglesia, sino, sobre todo, por lo que significa en nuestro camino de
religiosos Hermanos de la Sagrada Familia, seguros de tener siempre entre
nosotros a un Fundador, vivo y siempre dispuesto a sostenernos en los
momentos difíciles de nuestra vida personal, comunitaria y de Instituto.
3. Un nuevo
Postulador
Ante este
nuevo paso de la Causa de Beatificación del Hermano Gabriel Taborin con la
presentación en Roma de la documentación sobre el niño Cifuentes, el
Consejo General consideró la solicitud del Hermano Guillermo Capra,
Postulador in urbe, de dejar el cargo, y, por tanto, nombrar un nuevo
Postulador General.
Agradecemos al Hermano Guillermo Capra todo cuanto en estos años ha hecho
en servicio de la causa, años vividos con generosidad y competencia y no
siempre años fáciles y serenos por muchos motivos, y estamos seguros de
que continuará prestando su colaboración válida, seria, competente y
profunda en pro del buen resultado de la causa.
Con el
voto favorable del Consejo General, he presentado a la CCS como
Postulador general al Hermano Carlo Ivaldi y mi petición ha sido
aceptada.
Damos las
gracias al Hermano Carlo por haber aceptado este servicio, y por haberse
preparado adecuadamente frecuentando los cursos del Studium, al mismo
tiempo que le prometemos todo nuestro apoyo y colaboración fraterna.
El nuevo
Postulador General estará apoyado por los colaboradores provinciales, que
serán nombrados con las nuevas administraciones provinciales, previstas
para el próximo mes de octubre.
En la
espera de nuevas disposiciones, pedimos a cuantos hasta la fecha han
venido prestando su apoyo en este sector de la "causa de los santos" que
continúen generosamente en su trabajo.
Que
nuestro amor al Fundador renueve nuestro ánimo para testimoniar hoy el
Evangelio.
Fraternalmente en J.M.J.
Fr.
Lino Da Campo
Superior General
Roma, 25 de junio
de 2004
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