AUX COLLABORATEURS DU CENTRE DE SPIRITUALITÉ

A LOS COLABORADORES DEL CENTRO DE ESPIRITUALIDAD

AI COLLABORATORI DEL CENTRO DI SPIRITUALITA


Comme conclusion du mois de novembre, voci un mémoire de Licence en Théologie sur Frère Gabriel Taborin écrit par Fr. Roberto Cabello, actuellement missionnaire en Inde.

Como conclusion del mes de noviembre he aqui la tesina de Licencia en Teologia sobre el Hno. Gabriel Taborin escrita por el Hno. Roberto Cabello actualmente misionero en India.

Come conclusione del mese di novembre ecco la tesi per la Licenza in Teologia su Fr. Gabriele Taborin scritta da Fr. Roberto Cabello attualmente missionario in India.

Fr. Teodoro Berzal


 

"EL HERMANO GABRIEL Y LOS POBRES"

Respuestas del Fundador de los Hermanos de la Sagrada Familia

a las necesidades sociales de la Francia de la primera mitad del siglo XIX.

 

Presentada por Roberto Cabello Canalejo.

Índice

0.- Introducción: Statio – Preparación.

1.- Capítulo 1: Situación social en Francia durante la primera mitad del siglo XIX.

1.1.- Introducción: Lectio - Lectura.

1.2.- Revolución y Restauración.

1.2.1.- Revolución y resistencia.

1.2.2.- Restauración.

1.3.- Una región sumida en la pobreza intelectual, moral, religiosa y litúrgica.

1.4.- Situación educativa en Francia y Saboya.

1.4.1.- Francia.

1.4.2.- Saboya.

1.5.- Los Hermanos, hombres útiles a la sociedad.

1.6.- Conclusión.

2.- Capítulo 2: El carisma propio del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia.

2.1.- Introducción: Meditatio - Meditación.

2.2.- La Sagrada Familia, modelo de identificación.

2.3.- Estilo de relaciones caracterizado por el «espíritu de familia».

2.4.- Religiosos Hermanos para animar la comunidad cristiana.

2.5.- Misión carismática: educación cristiana, catequesis, animación litúrgica, toda clase de buenas obras.

2.5.1.- Maestros en la enseñanza primaria.

2.5.2.- Sacristanes y cantores al servicio de la liturgia.

2.5.3.- Catequistas en las parroquias rurales.

2.6.- Objetivo en la misión educativa: una síntesis entre la fe, la cultura y la vida.

2.6.1.- "Formar buenos ciudadanos para sociedad…".

2.6.2.- "…y santos para el cielo".

2.7.- Conclusión.

3.- Capítulo 3: El Hermano Gabriel: un amigo de Dios hermano de los pobres.

3.1.- Introducción: Oratio et Contemplatio – Oración y Contemplación.

3.2.- Gabriel, maestro, catequista y "clerc" en Belleydoux.

3.3.- Candidatos con pocos recursos económicos y pobres en cualidades intelectuales.

3.4.- Una caja común y un fondo de previsión para los Hermanos mayores y enfermos.

3.5.- Tras los Hermanos descarriados.

3.6.- Familiares y sirvientes a los que ayudar.

3.7.- Oración de intercesión por los necesitados.

3.8.- Toda clase de buenas obras para los pobres.

3.9.- Conclusión.

4.- Capítulo 4: Los Hermanos de la Sagrada Familia al servicio de los pobres.

4.1.- Introducción: Discretio et Collatio – Discernimiento y Compartir.

4.2.- Fundación de comunidades en zonas rurales pobres y desatendidas.

4.3.- Flexibilidad administrativa y económica para llegar a todos, incluso a los más pobres.

4.4.- Escuelas de enseñanza primaria populares y gratuitas.

4.5.- Niños y jóvenes de las clases pobres y obreras.

4.6.- Alumnos con necesidades educativas especiales.

4.7.- Los niños huérfanos.

4.8.- Al servicio del Evangelio: Catequesis para gente sencilla y Mision "ad gentes".

4.9.- Conclusión.

5.- Conclusión: Operatio - Respuesta.

6.- Bibliografía.



Introducción: Statio – Preparación.

He elegido este tema para mi memoria de licenciatura en ciencias religiosas porque es un aspecto no estudiado de nuestro Fundador. No es el aspecto más importante de su vida, pero si presente y hasta ahora no puesto de relieve. Es significativo pues sería el aspecto más generoso de su vida, pues cuando se ayuda a los pobres no se puede esperar nada a cambio.

El Hermano Gabriel Taborin nació en 1799 en Belleydoux, un pueblo de la Francia post-revolucionaria. Después de estudiar en su pueblo, en un internado y en el seminario menor diocesano de Belley; vuelve a su pueblo natal y trabaja como maestro, catequista y asistente del párroco. Pocos años después descubre su vocación a la vida consagrada y trata de fundar una congregación de Hermanos dedicada a la educación cristiana de los niños y los jóvenes y a la ayuda de las parroquias por medio de la catequesis y de la animación litúrgica. Tras varios fracasos finalmente comienza la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia en 1835 con la aprobación diocesana. Con el pasar de los años el Instituto se extiende por diferentes diócesis de Francia y Saboya y, al recibir la aprobación papal, pasa a ser una Congregación de derecho pontificio. El Venerable Hermano Gabriel Taborin murió en Belley (Francia) en 1864. En estos momentos su causa está en proceso de beatificación.

¿Quiénes son los pobres? Según Juan Pablo II son: los oprimidos, los marginados, los ancianos, los enfermos, los pequeños, los menores de edad, los emigrantes, los últimos de la sociedad, los que sufren hambre, violencia, angustia, miedo; los que son humillados, engañados, maltratados. Estos son algunos de sus rostros. Vivimos en un mundo en él que "oímos alzar el grito de los pobres, de su indigencia personal y de su miseria colectiva". Esta situación de pobreza, injusticia y subdesarrollo es una llamada que hemos de atender. Jesucristo es el modelo de respuesta a seguir: es consagrado para llevar la Buena Nueva a los pobres (Lc 4,16-19); se pone del lado de los pobres, al frente de los "anawin"; declara dichosos a los pobres y a los afligidos en las Bienaventuranzas; invita a dar limosna, a compartir con el que tiene necesidad (Él mismo da de comer a las turbas hambrientas). La Iglesia, desde la primera comunidad de Jerusalén que practicaba el reparto fraterno de bienes hasta el Concilio Vaticano II en el que es llamada a ser la Iglesia de los pobres, siempre ha ejercido su dimensión caritativa sirviendo a los pobres. En nuestros días son constantes las llamadas que los Papas nos hacen a servir a los pobres. La vida consagrada, como parte de la Iglesia, está llamada a abrazar la causa de los pobres como una opción preferencial y connatural a su identidad. La profesión de la pobreza consagrada implica un desprendimiento de sí que lleva a ponerse enteramente al servicio de los pobres y afligidos. La historia de la Vida Consagrada se inserta en la historia de solidaridad evangélica. Los Fundadores gastaron su vida para servir al Señor presente en los pobres, hoy los Consagrados han tomado contacto con los nuevas formas de pobreza y han descubierto nuevos servicios a los más pobres y olvidados.

El título podría haber sido: "El Hermano Gabriel y la pobreza", pues la ayuda a los pobres encuentra su soporte en una vivencia auténtica de la pobreza, pero esto me hubiera llevado a estudiar la vivencia de la pobreza en todos sus aspectos tanto en la vida del Hermano Gabriel como en la de los primeros Hermanos del Instituto. Con este título: "El Hermano Gabriel y los pobres", el área de investigación o estudio se restringe a un aspecto más concreto de su vida y obra.

La distribución en partes sigue este esquema: partiendo del contexto social que rodea la vida del Hermano Gabriel (Capítulo 1), paso a explicitar algunos de los rasgos característicos de la Asociación de los Hermanos de la Sagrada Familia (Capítulo 2), para después concretar las respuestas que el Hermano Gabriel, personalmente (Capítulo 3) y junto con sus Hermanos (Capítulo 4), dio a las necesidades de los pobres de su tiempo.

En el Capítulo 1 analizaremos el contexto social de la Francia de la primera mitad del siglo XIX: la Revolución, la Restauración, la pobreza, la situación educativa y la realidad de los Hermanos.

El Capítulo 2 reflexiona sobre la realidad carismática del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia: la Sagrada Familia, el «espíritu de familia», la consagración como Religiosos Hermanos, la misión carismática (educación cristiana, catequesis, animación litúrgica, toda clase de buenas obras).

En el Capítulo 3 contemplaremos al Hermano Gabriel como hermano de los pobres. Primero durante su juventud en su pueblo natal atendiendo fundamentalmente a los niños y después en su madurez como Fundador y Superior del Instituto: acogiendo a postulantes pobres, ayudando a los Hermanos necesitados, preocupándose por los allegados, orando por los necesitados y sirviendo ocasionalmente a los menesterosos.

El Capítulo 4 comparte como los Hermanos de la Sagrada Familia sirvieron a los pobres: yendo a las zonas rurales pobres y desatendidas, siendo flexibles en la admisión de alumnos, dirigiendo escuelas primarias, catequizando, yendo a tierras de misión, educando a los niños pobres, con necesidades educativas especiales o huérfanos.

Cada capítulo va asociado a una de los pasos de la Lectio Divina. El motivo es que, si la Palabra de Dios es la fuente de la espiritualidad cristiana y nos lleva a una relación personal con Dios; leer, meditar, contemplar, orar y compartir la vida y de la palabras del Hermano Gabriel han de ser una fuente de renovación para los Hermanos de la Sagrada Familia en nuestros días al llevarnos a una relación personal con él, pues bebiendo de la vida de los hombres de Dios podemos obtener nueva vida. "Vita Consecrata" dice en los números 93 y 94 que de la profunda vida espiritual depende la generosidad en el amor a los pobres. Prueba de ello es la vida de la Beata Madre Teresa de Calcuta.

La "Lectio Divina" busca el encuentro con la Palabra viva (Dios) a partir de la palabra escrita. Utilizando la mente, el corazón y el espíritu, el hombre se encuentra con Dios por medio de la Sagrada Escritura. Es un diálogo con Dios: hablamos con Él mientras le escuchamos hablar en nosotros, hasta gozar de Él y de su verdad. El Espíritu Santo puede hacer descubrir en la "Sacra Página" del Hermano Gabriel los tesoros de la ciencia y de la sabiduría divina depositados en él por Dios.

Esta introducción lleva como subtítulo: "Statio-Preparación". El paso previo al comienzo del itinerario de la "Lectio Divina" es preparar el ambiente exterior (los elementos de apoyo que crean el ambiente propicio), disponerse interiormente (pureza de corazón y humildad) y elegir la "Sacra Pagina" (en este caso la vida y obra del Hermano Gabriel).

Voy a seguir en esta memoria el método científico: desde la tesis o propuesta de investigación (el Hermano Gabriel sirvió a los pobres), pasaré a analizar la realidad (contexto socio-cultural, vida y obra del Hermano Gabriel, el Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia) y para llegar a una síntesis en la que por medio de las conclusiones comprobaré si la teoría inicial era acertada y hasta que punto. En este proceso utilizaré la inducción y la reflexión.

Como fuentes de investigación con las que contaré están: algunos documentos de la Iglesia (Vaticano II y Papas: Pablo VI y Juan Pablo II) y algún manual de teología del Instituto de Ciencias Religiosas a Distancia San Agustín ("La Lectio Divina", "Consejos y Misión Evangelizadora"); pero fundamentalmente obras escritas por el Hermano Gabriel (fuentes directas) y libros escritos sobre el Hermano Gabriel o la Congregación (fuentes indirectas).

Sin duda, no se puede juzgar la vida y obra del Hermano Gabriel desde las actuales llamadas para servir a los pobres provenientes de la Iglesia y del mundo, pero si se puede encontrar en ellas ejemplos y orientaciones de cómo responder al grito de los pobres de hoy con las requeridas adaptaciones de tiempo y lugar. Por ello voy a formular una serie de preguntas o criterios que nos pueden ayudar a descubrir las posibles aplicaciones que la vida del Hermano Gabriel tiene para la realidad de los Hermanos de hoy y para encontrar las conclusiones operativas de este trabajo de investigación.

-¿Sirvió realmente el Hermano Gabriel a los pobres?

-¿Fue el Hermano Gabriel un "Hermano de los pobres" como Jesucristo?

-¿Se sintió miembro de la Iglesia de los pobres?

-¿Participó de la opción preferencial de la Vida Consagrada por los pobres?

-¿Se puso a favor de los últimos comprometiéndose en suprimir las estructuras opresivas y promoviendo proyectos de solidaridad a favor de los pobres?

-¿Animó actividades de voluntariado y organizaciones humanitarias?

-¿Las obras apostólicas que emprendió estaban al servicio de los pobres?

-¿Se encontraba a gusto con los pobres? ¿Se sintió cerca de ellos? ¿Compartió su situación?

-¿Se dejó interpelar por las situaciones de miseria ayudando a los pobres a salir de ellas?.

Mi preocupación por ayudar a la gente necesitada me trajo hasta La India, donde ahora soy formador de los futuros Hermanos indios. A ellos deseo que este estudio les sirva de punto de referencia para servir a los pobres como lo hizo el Hermano Gabriel. Espero que estudiar este aspecto de la vida del Hermano Gabriel nos ayude a todos los Hermanos a reavivar nuestro celo en el servicio a los más necesitados refundando así nuestra misión carismática:

-denunciando las injusticias y comprometiéndose en la promoción de la justicia,

-poniendo en marcha nuevas formas de presencia en los frentes más avanzados de la pobreza,

-respondiendo generosamente y con audacia a las nuevas pobrezas en los lugares más abandonados,

-abriéndonos a la pobreza del Tercer Mundo y tendiendo un puente de comprensión y caridad entre los mundos primero y tercero,

-preguntándonos, en la reflexión sobre la nueva evangelización, como llegar a los pobres, los enfermos, los jóvenes, los marginados…

-anunciando apasionadamente Jesucristo a los pobres.

Esta memoria de licenciatura en ciencias religiosas tiene su punto de partida inspirador en la asignatura optativa de Vida Consagrada: "Consejos evangélicos y misión evangelizadora".

 

Capítulo 1.

Situación social en Francia durante la primera mitad del siglo XIX.

1.1.- Introducción: Lectio - Lectura.

En la práctica de la lectio divina, el tiempo de la "lectio" está constituido por la escucha del mensaje de la "sacra pagina". Es un momento importante porque abre al encuentro con la palabra de Dios. El fin de la "lectio" es recoger mensajes, sugerencias e inspiraciones que brotan del texto sagrado. La investigación exegética es útil cuando logra hacer que la palabra divina transmita mensajes, haga sugerencias, suscite inspiraciones en el lector y obtenga en él la disponibilidad a abrirse a la palabra. Así la "lectio" se trasforma en escucha. Escucha significa apertura a la palabra, capacidad de percibir sus mensajes, sugerencias e inspiraciones. El ojo, la mente y el oído son etapas de paso de la "lectio" que llevan al corazón.

En este capítulo presento a grandes líneas el contexto histórico en el que vivió el Hermano Gabriel y que influyó en su vida y actividad. Este capítulo es un momento para leer la realidad y escuchar la voz de Dios por medio de las circunstancias históricas. La investigación de la situación social, cultural y religiosa que vivió el Hermano Gabriel en Belleydoux nos permitirá recoger mensajes, sugerencias e inspiraciones que nos ayudarán a descubrir el motivo de sus acciones a favor de los pobres como respuesta a las llamadas de Dios en las necesidades de su tiempo. Al abrir nuestros ojos, oídos y mente a la realidad contextual del Hermano Gabriel en la Francia de la primera mitad del siglo XIX nuestro corazón sentirá con el latir del Dios de la historia.

En la redacción de este capítulo he seguido fundamentalmente las tesis realizadas por los Hermanos Enzo Biemmi ("El desafío de un religioso laico en el siglo XIX: El Hermano Gabriel Taborin") y Héctor da Rosa ("Hermano Gabriel Taborin: una fe creativa y contagiosa"). Ellas nos darán los datos necesarios para entender el panorama político, social, religioso y educativo de Francia, del departamento del Ain y de Belleydoux en particular, durante la revolución y la restauración. Esto nos ayudará a situar en el espacio y el tiempo la vida del Hermano Gabriel, a descubrir como influyeron en su vida, y a descubrir las claves que le llevaron a su compromiso apostólico a favor de los necesitados.

1.2.- Revolución y Restauración.

Cuando Gabriel Taborin nació el 1 de Noviembre de 1799, la Iglesia Católica pasaba por una de las situaciones más críticas de su historia: "Francia, su hija primogénita, infiel a todas sus tradiciones, había caído en la incredulidad; Italia, se encuentra anonadada, quebrada por la Revolución; Bélgica, incorporada a la República francesa; Alemania, contaminada por el siglo de las luces; Polonia, dividida entre las tres potencias vecinas; España y Portugal gobernadas por ministros hostiles a la Iglesia, y en Gran Bretaña, como en los Países Bajos, los católicos reducidos a la categoría de islotes. En resumen, el catolicismo, en su conjunto, parecía agonizar".

El pontificado de Pío VII fue más agitado que el de Pío VI, su predecesor. A lo largo de 23 años de lucha se mantuvo firme en medio de las dificultades. Cuando subió al solio pontificio, Napoleón era ya primer cónsul del gobierno revolucionario. Con un golpe de Estado había derribado al Directorio en Noviembre de 1799.

La firma del Concordato con la Santa Sede, en 1801, fue fruto de largas negociaciones. Napoleón consiguió vencer la repugnancia de Roma a tratar con un gobierno perseguidor. Una perspectiva mejor para la Iglesia en Francia, fue un motivo de aliento para el Sumo Pontífice. Sin embargo, la ambición del Emperador rompió la armonía a sólo un año de tantos gestos conciliatorios. Napoleón pasó por encima de las reclamaciones del Papa. Sin embargo, Pío VII fiel a las cláusulas del Concordato se reservó la nominación de los Obispos.

En 1814 Pío VII, tras su cautividad en Savona, volvió a Roma en la víspera del derrumbe total del Imperio. Con la vuelta Luis XVIII a Francia se iniciaba el período de la Restauración. Este monarca intentó durante cinco años (1816 –1821) una política de transacción. El nuevo Concordato de 1817 fue la repetición del de 1801. La ascensión al poder de Carlos X, en 1822, fue un retorno artificial a una situación completamente superada por los sucesos de 1789. En Julio de 1823 Monseñor Devie tomó posesión de la diócesis, un mes antes de la muerte de Pío VII. Sólo a partir de este momento se inició una verdadera Restauración religiosa en el departamento del Ain.

La política de los ultras, con Carlos X a la cabeza, fracasó. Su pretendido fervor religioso, provocó una nueva reacción de tipo revolucionario. La Revolución de Julio de 1830 destronó al Rey, y dio origen a una serie de atropellos, devastaciones y sacrilegios. El anticlericalismo triunfó y dio lugar a la irreligión en los ambientes oficiales.

1.2.1.- Revolución y resistencia.

En 1789 se reunieron en Francia los estados generales: representantes del clero, de la nobleza y de la pequeña burguesía. La asamblea nacional constituyente tomó decisiones como: la aprobación de la ley mayoritaria, la abolición de los derechos feudales y de las discriminaciones religiosas, la declaración de los derechos del hombre, la afirmación de que la soberanía residía en la nación, la libertad de opinión, el derecho a la propiedad privada, la nacionalización de los bienes del clero, la supresión de las órdenes religiosas.

La Convención nacional (1792): proclamó la república, abolió al cristianismo, reformó el calendario quitándole todo tinte religioso, introdujo el culto a la diosa razón, introdujo el matrimonio civil y el divorcio. Durante este periodo se produjo una sangrienta persecución contra la Iglesia.

Durante el periodo del Directorio (1795-1799) las relaciones entre la Iglesia y el Estado fueron de separación: continuaron las deportaciones de religiosos, Roma fue ocupada y proclamada república, el Papa fue deportado. El golpe de estado de Napoleón (1799) marca el fin de la persecución contra la Iglesia.

La revolución demolió, paso a paso, la situación de privilegio para la Iglesia en Francia: la secularización y la venta de los cuantiosos bienes eclesiásticos, la constitución civil del clero, el juramento constitucional de los diputados del clero, la libertad de cultos, la separación de la Iglesia y el Estado, y las persecuciones del primero y segundo Terror.

La imposición del juramento a la Constitución civil del clero creó la división en la Iglesia. La mitad de los clérigos la juraron (juramentados) y la otra mitad la rechazaron (refractarios). Dos jerarquía, dos cleros, se enfrentaron en toda Francia. Ochenta sedes episcopales fueron ocupadas por Obispos recién consagrados, bajo el juramento constitucional. El mismo desarrollo de los acontecimientos políticos permitió un acercamiento paulatino entre las diferentes fracciones del clero. Refractarios, constitucionales, exiliados, concordatarios, poco a poco se reunieron bajo la autoridad de la Santa Sede.

En medio de la confusión reinante al final del siglo XVIII y principios del XIX, buena parte del clero no abandonó sus puestos de combate y sus obligaciones pastorales. Escondidos de la persecución durante el Terror, o luchando contra la ignorancia y la indiferencia luego, muchos sacerdotes franceses salvaron los valores permanentes del catolicismo en su patria.

Se organizaron misiones diocesanas clandestinas. Los sacerdotes misioneros recorrían la campaña despertando la fe y llamando a una vida cristiana más intensa. Los catequistas laicos fueron los ayudantes inmediatos de los misioneros, les acompañaban y protegían frente a los perseguidores. En este contacto frecuente con los confesores de Cristo, ellos ganaron en instrucción cristiana y tomaron iniciativas propias en la evangelización.

El ataque más violento que sufrió la Iglesia en su vida íntima, fue el llevado a cabo contra la vida religiosa. A la secularización de los religiosos, siguió de inmediato la liquidación de los conventos. La tormenta puso a prueba la fidelidad de la vida conventual.

Durante los años del Terror, la catequesis se refugió en los hogares. Era función de la madre, o quizás de algún sacerdote oculto en la familia. Con el Concordato se reorganizó la Catequesis oficialmente. Cada diócesis imprimió su propio Catecismo pero encontró dificultades en un clero heterogéneo y poco instruido. El Catecismo Imperial, impuesto por Napoleón, fue resistido por los Obispos y no llegó a prosperar.

Los pueblos rurales conservaron sus hábitos tradicionales religiosos. Pero también allí hubo desorientación religiosa y falta de instrucción catequética.

En el departamento del Ain la situación revolucionaria no fue menos grave que en el resto de Francia. Albitte, procónsul de la Asamblea, pudo estar contento de su gestión. En tres meses (17 enero – 2 mayo de 1794) convirtió en toneladas de acero para cañones las campanas de las Iglesias; derribó 600 campanarios; hizo abdicar de sus funciones sagradas a más de 300 sacerdotes. Notre-Dame de Bourg y la Catedral de Belley, transformadas en Templos de la Razón, fueron escenarios de los nuevos ritos y orgías de las fiestas revolucionarias. A los encarcelamientos, apostasías, exilios voluntarios o forzados del Primer Terror, se agregaron los del Segundo con la ley promulgada en 1797 por el segundo Directorio. Centenas de sacerdotes de esta región pasaron la frontera huyendo a Suiza.

Belleydoux también sufrió los estragos de la Revolución. Los vasos sagrados y ornamentos de la iglesia fueron transportados al depósito de la capital de distrito. El campanario, el altar y la pequeña capilla de Santa Ana fueron demolidos. Los bienes pertenecientes a la Iglesia (la iglesia, la casa parroquial y ocho parcelas de tierra) fueron puestos en venta. Todo esto junto con la supresión de la parroquia, la anexión del municipio a Oyonnax y el aumento de los impuestos, llevaron pronto a sus habitantes a una resistencia pasiva y a la hostilidad frente a la Revolución. Hábilmente trataron de recuperar una de las dos campanas usurpadas y de conservar la casa parroquial, y colaboraron activamente con las misiones de sacerdotes clandestinos. Belleydoux, como otros pueblos circundantes, al terminar la Revolución eran más pobres que al final del Antiguo Régimen.

Gabriel nació en un clima de revolución. Sus primeros años de vida discurrieron en un ambiente de "resistencia", en el pueblo de Belleydoux. En su infancia las conversaciones familiares se centraban en la Revolución, en sus consecuencias sobre los pueblos, en sus valientes sacerdotes ocultos, perseguidos, asesinados, en los héroes del municipio, entre los que se cuenta su padrino. Gabriel quedó profundamente marcado por la Revolución. Quedó marcado ante todo por su pueblo, por su pobreza. Influenciado por la adhesión de su pueblo a la religión, por sus tradiciones populares, por sus objetos y lugares. Conservó la impronta del espíritu misionero que se respiraba. Quedó fascinado por la valentía de los catequistas que reemplazan a los sacerdotes, por sus iniciativas, por sus oraciones recitadas a escondidas en las casas y dirigidas por laicos, por esas "misas" cantadas, sin consagración, por los cánticos y por el rezo del rosario que reemplazaba a menudo a la Misa.

1.2.2.- Restauración.

Tras la caída de la Revolución Francesa, la mayoría de las naciones de Europa tomaron fuertes medidas durante las tres primeras décadas del siglo XIX para prevenir que en ellas sucediera algo similar. Francia fue nuevamente gobernada por los reyes Borbones. En el resto de países de Europa fueron establecidos monarcas absolutistas, pero pronto fueron sustituidos por gobiernos democráticos. La alianza entre la Iglesia y los Estados estaba a punto de caer.

De la fe purificada por la Revolución surgió el despertar religioso que se intensificó progresivamente con la Restauración. La vida cristiana se renovó desde dentro en medio de un ambiente oficial no favorable, al menos hasta 1830. Entre los recursos apostólicos para la evangelización de las masas, las Misiones y las Obras de Acción Católica ocuparon un lugar destacado.

En los primeros años de la Restauración, los prejuicios contra los religiosos se mantuvieron. La prensa anticlerical trató de mantenerlos en pie, especialmente contra los Jesuitas. La formación de nuevos Institutos religiosos era menos difícil que la reconstrucción de los antiguos. No hay muchos otros períodos en la Historia de la Iglesia que puedan ofrecernos tanta fecundidad de nuevas fundaciones, como el de la primera mitad del siglo XIX en Francia. Las Congregaciones "invadieron" el suelo regado por la sangre de los mártires de la Revolución. Se pueden distinguir dos epicentros en la gestación de las nuevas Congregaciones de hombres, dedicadas en su mayoría a la enseñanza y catequesis: Bretaña y Lyon.

Durante la Restauración, la Legislación tuvo muy presente la enseñanza religiosa. El artículo 30 de las Ordenanzas de 1816 estipulaba que la Enseñanza Primaria debía estar fundada "sobre la religión, el respeto de las leyes y el amor del soberano". El artículo 10 exigía al candidato a maestro, para obtener el certificado de capacidad, un certificado de buena conducta otorgado por el Cura y el Comité Central.

La ignorancia religiosa del pueblo no se podía subsanar solamente con decretos oficiales. Ni siquiera el fervor de los "ultras" durante la Restauración pudo combatir eficazmente la indiferencia y el olvido de Dios en la sociedad francesa. Paralelo a tales intentos oficiales se hallaba el esfuerzo anónimo de un núcleo de catequistas. Prelados, sacerdotes y laicos conscientes de la hora difícil que vivían, salvaron para Francia y para la Iglesia la Fe de su generación. Su esfuerzo fue tanto más digno de admiración cuando consideramos el estado precario en el que se encontraba la Catequesis en muchos pueblos de Francia.

La fe de los habitantes de Belleydoux contrastaba con el estado material de su iglesia. Por eso, la preocupación principal de estos montañeses, pasada la tormenta revolucionaria, fue la reorganización del culto. La comunidad se movilizó, una y otra vez, alrededor de un mismo fin: restablecer en toda su dignidad y solemnidad el culto y los edificios a él dedicados.

Hijo de la Revolución, Gabriel lo es, también, por varios motivos, de la Restauración. Los años de la educación y de los primeros compromisos de Gabriel en su pueblo se caracterizaron por un espíritu de "restauración", es decir de reconstrucción de la comunidad del pueblo alrededor de lo que antes constituía su centro unificador y que había sido ocultado por la Revolución: su identidad social y religiosa de cristiandad. Esta reconstrucción se hizo en dos direcciones: el restablecimiento del culto, en sus edificios y manifestaciones externas, y la animación de la vida cristiana de los feligreses, cultivada en el seno de la familia, primero, y luego, en el marco parroquial, por los medios ordinarios (catequesis, primera comunión, cofradía) y los medios extraordinarios de las misiones.

En este mismo contexto de animación espiritual, de una manera tímida pero progresiva, adquirió importancia un tercer medio: la escuela primaria. Las presiones por parte de las autoridades universitarias y del departamento, sumadas a una conciencia que se impone progresivamente sobre la necesidad de la instrucción de los niños, llevó al municipio de Belleydoux a discutir y encontrar las primeras soluciones para una escuela, donde se daba, ante todo, una formación moral y cristiana, lo que no excluía las primeras nociones de lectura, escritura y cálculo.

Podemos situar al Hermano Gabriel dentro del marco de las relaciones existentes entre el gobierno y la Iglesia (y más específicamente las Congregaciones docentes) en lo que respeta la enseñanza primaria. Gabriel, como todos los católicos de la primera mitad del siglo XIX, consideraba a la Iglesia con competencias para formar al hombre, porque ella recibió de su Maestro la misión de transmitir a todos la verdad.

1.3.- Una región sumida en la pobreza intelectual, moral, religiosa y litúrgica.

Valgan las palabras del Hermano Federico, primer biógrafo del Hermano Gabriel, para hacernos una idea de la situación de pobreza en la que la gente del Jura se encontraba durante la primera mitad del siglo XIX como resultado de la Revolución Francesa.

"Hoy que vemos la educación religiosa extendida por todas partes, apenas podemos hacemos una idea del abandono en que se encontraban entonces muchas parroquias en el aspecto de la instrucción. Esta antorcha, tan útil y luminosa, cuando la enarbola la religión, brillaba apenas nada en las zonas rurales donde reinaban las tinieblas de la ignorancia. En casa, los niños no podían que, bajo el techo de paja de la casa paterna, lo único que había era una gran pobreza y la más completa ignorancia. Para la Primera Comunión acudían al sacerdote, pero antes de este acto solemne no recibían la necesaria preparación remota de la escuela católica, de modo que, faltándoles esta ayuda después, la perseverancia en el bien no era muy segura. Los niños se encontraban metidos de lleno en la vida, expuestos al peligro, sin una instrucción que les aclarase las ideas, sin una educación que les confirmase en el buen camino. Estas miserias morales afectaban mucho a Gabriel, que soñaba a menudo con remediarlas.

Otro fallo impresionaba a su fogoso temperamento. Sufría mucho al ver la pobreza de los altares de las parroquias rurales, él, que había deseado siempre y en todo la mayor gloria de Dios. Cuántas veces, al ver que la casa de Dios parecía más una choza que un palacio, se le oprimía el corazón, y sentía un irresistible deseo de dedicarse al cuidado de los santuarios y formar a personas que quisieran cumplir junto con él este ministerio".

La ignorancia, la falta de instrucción religiosa, la pobreza de los altares, son algunos de los rasgos característicos de la situación social de necesidad en la que vivió el Hermano Gabriel, y que le impulsaron a dar una respuesta comprometida. Podemos afirmar que la interpelación del contexto social de pobreza fue el origen de su respuesta vocacional vital.

La falta de cultura era alarmante. El analfabetismo era generalizado, más del 50%, especialmente en las zonas rurales. Al poco interés que los habitantes de los pueblos tenían por proporcionar enseñanza a los niños, se unía la carencia de escuelas y la falta de maestros. Los maestros no querían ir a los pueblos porque el salario era miserable. La condición material de los maestros iba en consonancia con su valor intelectual y moral. Si el maestro no dependía de una Institución de beneficencia debía contentarse con lo que le daban los alumnos.

A la pobreza cultural se unía la pobreza religiosa. La Revolución Francesa había destruido los medios tradicionales de transmisión de la fe y los lugares celebrativos de la misma.

Belleydoux era un pueblo pobre de montaña. Estos habitantes de las montañas del Jura tanto en el Antiguo Régimen, como durante la Revolución y toda la parte del siglo XIX que nos interesa, se enfrentaron con la aridez del suelo, el rigor de los inviernos y la intransitabilidad de los caminos. Belleydoux era un pueblo pobre dadas las condiciones climatológicas y geográficas.

José Rey envió a los vicarios generales la descripción de la situación religiosa y moral de su parroquia a finales de 1804: "Aún no hay escuela establecida, espero la haya pronto (…). La iglesia está en malas condiciones, como también la sacristía, y el campanario ha sido totalmente destruido. Los altares se han arreglado algo. Los pocos ornamentos son viejos y casi fuera de uso. El cementerio está aún ocupado con los escombros del campanario y en la iglesia no tenemos ningún cuadro de santos, ni imágenes (…). Los libros de iglesia están en pésimo estado y si falta decoro en la casa de Dios, es por la falta de medios que han paralizado hasta ahora mis deseos y mi buena voluntad".

Si la fe de los habitantes de Belleydoux, a pesar de la Revolución, parecía gozar de buena salud, no sucedía lo mismo con su templo, su casa parroquial y su cementerio. Conocemos el estado material de la iglesia. El campanario estaba destruido, como también los altares y los crucifijos. Las campanas, los ornamentos y vasos sagrados habían sido llevados al depósito de Nantua. El interior de la iglesia estaba totalmente despojado de todo. No había casa parroquial.

1.4.- Situación educativa en Francia y Saboya.

1.4.1.- Francia.

La ideología revolucionaria sostenía el derecho exclusivo del Estado sobre la enseñanza. Esto supuso el trastorno total de la situación anterior a 1789. Hasta entonces la enseñanza estaba de derecho y de hecho en manos de la Iglesia. Al caos revolucionario siguió el proceso de estatalización completa bajo el imperio. Napoleón creó un instrumento de monopolio que resultó muy eficaz: la Universidad. Durante el Imperio, y luego, durante la Restauración, hasta 1830, los establecimientos primarios quedaron, en la práctica, en manos de la iniciativa privada.

La primera tentativa en Francia para organizar la escuela primaria de niños (el interés por las niñas fue más tardío) fueron las Ordenanzas del 29 de febrero de 1816. Ésta obligaba a los municipios a "procurar que los niños reciban la instrucción primaria, que los niños pobres la reciban gratuitamente" (art. 14) y que los padres enviaran sus hijos a la escuela (art. 17). La vigilancia de la escuela estaba confiada al párroco y al alcalde, que eran los que acreditan el certificado de buena conducta a los maestros. Estas Ordenanzas significaron un avance de la política fiscal en el orden de la Enseñanza Primaria. Sin tomar la iniciativa en la creación y dirección de las escuelas elementales, se dictaron normas para su funcionamiento, y se crearon organismos regionales destinados a la vigilancia de las escuelas establecidas.

Las Ordenanzas invitaban a las colectividades públicas y privadas, como también a las personas físicas a crear establecimientos escolares de "primer grado". Por colectividades públicas se entendían, por ejemplo, las "comisiones de Caridad". Las colectividades privadas hacían referencia sobre todo a las "asociaciones religiosas". Estas leyes jurídicas fueron la tierra favorable que permitió aflorar muchas "asociaciones religiosas".

Dos años después, en diciembre de 1819, cuando Gabriel cumplía funciones de maestro en Belleydoux, el prefecto del Ain decidió intervenir enérgicamente en la cuestión que cada día se deterioraba más y mandó una circular enérgica a las alcaldías. "Veo con pena, por los diferentes informes que me llegan, que las leyes y reglamentos relativos a la enseñanza de los niños en las zonas rurales, está en manos de una multitud de individuos sin título y que no ofrecen ninguna garantía, ni moral, ni de capacidad. Hay que temer los abusos y el desorden que puede resultar de un tal estado de cosas". El mismo Rector, escribiendo tres años después al Prefecto del Ain, reconocía que el defecto fundamental de la instrucción primaria en el Ain tenía su origen en un problema muy concreto: la remuneración de los maestros.

El 8 de Abril de 1824 salieron a la luz nuevas Ordenanzas consagradas a la educación. Los obispos pasaban a ser los presidentes de los Comités Cantonales. El destino de la Enseñanza Primaria pasó así de manos civiles a manos eclesiásticas. En Noviembre de 1824, Gabriel Taborin, estimulado a su vez por Monseñor de Chamond, Obispo de Saint Claude, abrió una escuela primaria en la misma ciudad.

Otro efecto positivo de las Ordenanzas de 1824, fue el obtener un informe sobre la persona de los institutores comunales. La casi absoluta libertad en el dominio de la enseñanza primaria había permitido el acceso a las escuelas de muchos hombres indignos. Aparte de su moral dudosa, muchos institutores no solicitaban la autorización exigida por las Ordenanzas de 1816. El número de los infractores era grande, como el de los maestros clandestinos y los que enseñaban "por voto popular". Otra rama de contraventores eran los maestros "ambulantes".

El Hermano Gabriel no pudo beneficiarse en Francia de las disposiciones favorables de las leyes escolares de las ordenanzas del 29 de febrero de 1816, de las del 12 de abril de 1824, ni de las del 21 de abril de 1828. Entre los privilegios que estas leyes otorgaban a las Congregaciones estaba la exención de todo examen para la obtención del título de Maestro y la dispensa del servicio militar.

El método individual, que no desapareció totalmente hasta alrededor del año 40, era el más extendido en los pueblos. Consistía en enseñar, individualmente, haciendo leer por turno mientras los demás alumnos se ocupaban o jugueteaban como podían. Sólo se podía corregir el desorden con una rígida disciplina. El método simultáneo de San Juan Bautista de la Salle, ciertamente más eficaz, no podía aplicarse en los pueblos, por falta de libros iguales para todos los alumnos, libros que los padres no podían o no querían comprar, considerando la instrucción de los niños como una ocupación durante la estación de invierno.

La ley Falloux (1850) favoreció mucho a los Hermanos y a las Congregaciones femeninas si los comparamos con los maestros y maestras laicos. El privilegio de la carta de obediencia se confirmó para las Hermanas y podía ser reemplazado por un certificado de tiempo de prueba para los Hermanos. El artículo 79 dispensaba del servicio militar a "los miembros o novicios de Asociaciones religiosas dedicadas a la enseñanza, autorizadas por la ley o reconocidas como establecimiento de utilidad pública".

El régimen de la ley Falloux tendría que haber favorecido al Hermano Gabriel. La autorización de su Congregación por el gobierno como institución de utilidad pública era posible e incluso fácil. Así fue para siete Congregaciones, entre ellas la de los Pequeños Hermanos de María de Champagnat y los Hermanos de la Cruz de Jesús de Menestruel, pero no para los Hermanos de la Sagrada Familia. La Congregación no recibió la autorización del Gobierno ni, por consiguiente, tampoco la exención militar. El decenio más favorable en Francia para las Congregaciones religiosas acabó sin ningún fruto. Las estadísticas de las escuelas que se abrieron entre 1850 y 1860 no dejan la menor duda: después de un progreso que culmina en 1854 en que llegó a dirigir 27 escuelas, comienza una caída hasta 1860 que tuvo 17 escuelas en Francia, es decir, solamente tres más que en 1850.

1.4.2.- Saboya.

El 15 octubre de 1814 se había establecido un Consejo de Reforma en Conflans, cerca del actual Albertville, que se ocuparía de la enseñanza. Su intención era poner en manos de los eclesiásticos la enseñanza pública.

Hasta 1848 la situación de la escuela primaria en Saboya fue paralela a la de Francia y se entendía como un aprendizaje, elemental, de lectura, escritura y aritmética, y, sobre todo, de educación moral y religiosa.

La situación favorable a las Congregaciones antes de 1848, la protección que las dispensó el Obispo Billiet y el privilegio de la exención del servicio militar de los Hermanos obtenido por Gabriel en 1842, explican el desarrollo de los establecimientos de los Hermanos de la Sagrada Familia hasta 1850. Desde 1846 a 1850 Gabriel abrió 45 escuelas en Saboya y Alta Saboya y cerró solamente 12. En 1849 sus Hermanos dirigían 31 escuelas en los Estados Sardos franceses.

Los años 1848-1850 muestran, en cierto modo, una inversión de tendencias en los Estados Sardos en lo que concierne al sistema escolar. Las leyes escolares sardas tendieron a establecer el monopolio del Estado en la enseñanza y un laicismo progresivo. El cambio en la Enseñanza Primaria en Saboya estuvo marcado por las leyes de 1847 y 1848 que inauguraron el régimen representativo de Carlos Alberto en esos Estados. Estas leyes contribuyeron, por una parte, a perfeccionar y a extender la enseñanza primaria y, por otra, a afirmar la intención formal de secularizar la enseñanza y substraerla de la influencia del clero.

Las leyes de 1848 causaron una disminución progresiva de escuelas dirigidas por los Hermanos que pasaron de 31 en 1849 a 22 en 1860. La gráfica comparativa de 12 años, que van desde 1848 a la anexión de Saboya en 1860, demuestra un crecimiento global muy débil.

En los Estados Sardos, donde Gabriel tenía la mayoría de sus Comunidades, la situación favorable solo duró seis años. Si en 1842 obtuvo la autorización para su Congregación del Rey Carlos Alberto y, al siguiente, la exención del servicio militar para sus Hermanos, a partir de 1848 sus escuelas fueron neutralizadas por leyes liberales (ley Buoncompagni) que tendían a establecer una laicización progresiva de la instrucción primaria. Una determinación soberana de 1853 privó a los Hermanos de la exención militar y otras restricciones paralizaron sus escuelas.

1.5.- Los Hermanos, hombres útiles a la sociedad y a la Iglesia.

El rápido nacimiento de varias Congregaciones de Hermanos en la primera mitad del siglo XIX se debió a las necesidades de la sociedad y las de la Iglesia, en el contexto de la Restauración. La coincidencia de los intereses de una y otra explica el apoyo que concedieron a los Hermanos y el consenso con que los rodeaban: les parecieron, en efecto, una respuesta adecuada a sus problemas.

El Hermano era un hombre socialmente útil. La consecuencia práctica e inmediata de esta utilidad fue la situación privilegiada que se le concedió en la legislación escolar desde la ley de 1816, la primera que organizó en Francia la instrucción primaria.

En cuanto al método pedagógico utilizado por los Hermanos, todas las congregaciones seguían el método simultáneo codificado por la prestigiosa "Conduite des Écoles" de La Salle, que era para todos la principal referencia. Sin embargo, bastante temprano los Hermanos del siglo XIX supieron mitigar y dar otra vida a la rigidez del método lasallano con elementos tomados del método mutuo. A partir de la Monarquía de Julio, entre los Hermanos se hablaba más bien de un método "mixto" o "simultáneo-mutuo".

La educación de los jóvenes era el problema prioritario en el plan de recristianización de Francia estimulado por los obispos; para ellos la escuela fue el medio más eficaz para la reforma cristiana de la sociedad y los Hermanos vinieron a ser los hombres de la Providencia para esta "penosa pero laudable función".

Se estableció una alianza muy fuerte alrededor de las Congregaciones docentes, entre la autoridad eclesiástica, las autoridades políticas conservadoras y la mentalidad de las familias. Los Hermanos estaban en el cruce de intereses de la sociedad y la Iglesia. Se adivina, inmediatamente, que, por encima de las motivaciones religiosas que explican su vocación, se escondían otras razones sociales que se mezclaban con ellas.

Lo que explica, en la primera parte del siglo, la acogida favorable dispensada a los Hermanos son las necesidades sociales a las que esta vocación respondió. Los Consejos Generales pidieron confiar la escuela primaria a los Hermanos para que ellos inspiraran a los niños "el espíritu de religión, de la patria, de la familia". Las leyes escolares de 1816, de 1824 y de 1833 (ley Guizot) respondían a esta esperanza y confiaron a la Iglesia la instrucción primaria.

Los Hermanos aseguraban la obediencia a la autoridad establecida, tanto civil como religiosa, en nombre de Dios y la practicaban por un voto, el de obediencia. Económicamente fueron ventajosos en cuanto eran célibes y frugales.

La Iglesia, a su vez, pedía Hermanos que reemplazaran en sus parroquias a los maestros de ocasión que vendían los servicios de su profesión, los ejercían sin amor y, a menudo, sin moral. Sin embargo, los Hermanos estaban animados por motivaciones religiosas y cumplían sus funciones vocacionados. Eran hombres útiles a la Iglesia y a la sociedad. Por eso se les pidió y sostuvo.

Como los Hermanos de las Escuelas Cristianas, Gabriel entró en este movimiento. Formó parte del grupo de nuevas Congregaciones de Hermanos que adaptaron la intuición de La Salle a las exigencias de las pequeñas parroquias rurales de Francia en el siglo XIX.

1.7.- Conclusión.

Durante la Revolución Francesa la Iglesia vive una situación de pobreza: persecución por parte del gobierno, matanzas, deportaciones y exilios de clérigos, nacionalización de los bienes eclesiásticos, supresión de las órdenes religiosas, aprobación de leyes contrarias a la moral católica, ocupación de Roma, imposición de la constitución civil del clero con la consecuente división del mismo en dos bandos, destrucción de Iglesias, desorientación religiosa y falta de instrucción catequética.

Gabriel Taborin es hijo de la Revolución, o mejor dicho, de la "resistencia" de un pueblo de montaña a la Revolución y a sus principios: adherido a la religión, ama las tradiciones populares, conserva el espíritu misionero de los valientes sacerdotes clandestinos perseguidos, imita a los laicos que catequizan y dirigen las oraciones en las casas. Podemos afirmar que Gabriel fue miembro de la Iglesia de los pobres y de una Iglesia en situación de pobreza.

La ignorancia, la falta de instrucción religiosa, la pobreza de los altares, interpelan al Hermano Gabriel y son el origen de su respuesta vocacional vital. Podemos afirmar que compartió la vida de los pobres y se dejó interpelar por sus necesidades.

No es predominantemente la pobreza material ni el sufrimiento físico lo que motiva su compasión sino la pobreza de humanidad. Él vive su época y el acontecimiento de la Revolución como un acontecimiento deshumanizante. Tal deshumanización la toma, sobre todo, como pobreza cultural de las personas, en particular de la juventud; una pobreza que pretende querer construir al hombre, en su dimensión personal y civil, sin el evangelio, o más aún contra el evangelio.

La Restauración trata de salvar los valores permanentes del catolicismo. Este periodo se caracteriza por: el despertar religioso, la renovación de la vida cristiana por medio de las Misiones y las Obras de Acción Católica, el esfuerzo anónimo de muchos catequistas que tratan de sacar al pueblo de la ignorancia religiosa, el restablecimiento del culto, el florecimiento de nuevos Institutos Religiosos, una legislación educativa favorable a la enseñanza religiosa, la multiplicación de escuelas primarias que responden a la necesidad de instrucción para los niños.

Gabriel es un producto de la Restauración religiosa y social del siglo XIX, pero de esa Restauración que conserva el carácter particular de un pueblo pequeño alrededor de su campanario, de su párroco, de su alcalde y de su escuela primaria. Su educación y sus primeros compromisos se enmarcan en el esfuerzo de la comunidad local por recuperar su identidad social y religiosa de cristiandad.

La situación educativa en Francia y Saboya comienza siendo a principios de siglos favorable a la Iglesia. Paulatinamente va cambiando hacia una progresiva secularización y estatalización de la enseñanza primaria. El interés estatal por organizar la escuela primaria, la carencia de recursos y la mala calidad de los maestros laicos, son unas de las razones que permiten el florecimiento de varias asociaciones religiosas privadas que tratan de dar respuesta a esta necesidad educativa.

Gabriel se inserta en este movimiento y trata de dar una respuesta fundando a los Hermanos de la Sagrada Familia. Él está profundamente convencido que la escuela primaria es el mayor servicio que se puede prestar a la Iglesia y al Estado, al cristiano y al ciudadano. Pero los cambios en las políticas y la falta de reconocimiento por parte del gobierno francés frustran sus buenas intenciones.

Las Congregaciones Religiosas de Hermanos, principalmente dedicadas a la educación y al servicio parroquial, experimentan un gran desarrollo porque son la respuesta a las necesidades de la sociedad y de la Iglesia. Gabriel y sus Hermanos son instrumentos útiles para la instrucción de los niños y la evangelización de las gentes de los ambientes rurales.

Estos hechos que he recogido en este primer capítulo son la lectura que el Hermano Gabriel hizo de la realidad en que le envolvía: Revolución, resistencia y restauración; pobreza intelectual, moral, religiosa y litúrgica; inicio de la escuela primaria; compromiso de los Religiosos Hermanos. A partir de esta lectura surge su respuesta fundando una Congregación Religiosa de Hermanos en la misma línea.


Capítulo 2
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El carisma propio del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia.

2.1.- Introducción: Meditatio - Meditación.

La meditación es el tiempo de la "lectio divina" que consiste en el desarrollo teológico-espiritual de los motivos surgidos en la "lectio. La mente busca con ardor, bajo la guía de la razón, el conocimiento de la verdad divina. El resultado es el descubrimiento del tesoro oculto en el texto de la Escritura. Consiste en rumiar el texto bíblico: repetir la palabra escuchada, volver al significado de la palabra para penetrar en el fondo de su mensaje, formular el mensaje de la palabra en una expresión concisa para gustarla, hacer que el mensaje descienda de la mente al corazón. La práctica de la "meditatio" requiere disponibilidad de tiempo y el silencio exterior e interior, para que sosegados se pueda escuchar la voz del Señor saboreando las Escrituras con el paladar del corazón.

En este capítulo presento la realidad carismática del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia: el modelo de identificación, el estilo de vida, la identidad eclesial, y la misión carismática. Esto ayudará a situar la ayuda a los pobres dada por el Hermano Gabriel en el contexto congregacional. Analizaré algunos de los elementos del carisma "Sagrada Familia" que son el "trampolín" para actuar a favor de los necesitados. Rumiando estos elementos carismáticos se saborea el mensaje de Dios oculto en la vida y obra del Hermano Gabriel. Esta meditación sobre la realidad carismática de la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia supone pasar de una reflexión meramente intelectual a otra de corte teológico-espiritual, en la que está implicado de manera más palpable el corazón. Los sentimientos acompañan la reflexión cuando se trata de una realidad no meramente del pasado, sino viva y de la que uno es miembro activo.

La Sagrada Familia, el espíritu de familia, la consagración en comunidad como Hermanos, los cuatro polos de la misión congregacional (educación cristiana, catequesis, animación litúrgica, actividades socio-caritativas); forman la estructura sobre la que se construyen las diferentes expresiones apostólicas, son como las coordenadas en las que se sitúa la atención a los pobres. Este capítulo es un paso más hacia la concretización de las opciones y acciones que el Hermano Gabriel, personalmente y junto con sus Hermanos, tomó como compromiso solidario con los pobres. Del amplio contexto socio-cultural de la Francia de la Revolución Francesa y de la Restauración, pasamos al contexto particular de una asociación religiosa de personas. La Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia es fruto de haberse parado y meditado sobre la realidad.

En este capítulo utilizo como fuentes algunos escritos del Hermano Gabriel ("Constituciones de 1836" y "Nuevo Guía"), la Tesis del Hermano Enzo ("El desafío de un religioso laico en el siglo XIX: El Hermano Gabriel Taborin") y otros documentos que hablan sobre la Congregación ("Comentario a las Constituciones de 1986", Circular "El espíritu de cuerpo y de familia", y "La misión del Instituto hoy"). Como Jesús sugiere en el Evangelio mezclo lo viejo del pasado lejano con lo nuevo de más reciente redacción.

2.2.- La Sagrada Familia, modelo de identificación.

"Salvaremos a las familias por medio de la Sagrada Familia". Estas palabras dirigidas por Monseñor Devie, Obispo de Belley, y recogidas por el Hermano Gabriel, adelantaban en el tiempo lo que León XIII expondría más tarde como doctrina para toda la Iglesia en el breve apostólico "Neminem fugit" del 14 de Julio de 1892: las familias cristianas han de imitar la vida de la Sagrada Familia para responder dignamente a su vocación. El prelado también aludía a la misión de la Congregación de la Sagrada Familia: salvar a las familias cristianas de las secuelas de la Revolución Francesa. Los Hermanos eran el puente entre la Sagrada Familia y las familias: viviendo como Jesús, María y José en Nazaret ofrecían a las familias el testimonio de lo que estaban llamadas a ser, Sagradas Familias.

En el artículo 5 de las Constituciones de los Hermanos de la Sagrada Familia de 1986 se dice que "La Sagrada Familia da su nombre al Instituto". El camino que siguió el Hermano Gabriel para elegir el nombre del Instituto fue bastante complejo. Sin embargo la Sagrada Familia fue ocupando progresivamente un puesto central en la espiritualidad del Fundador. Para el Hermano Gabriel, el nombre de la Congregación tenía un profundo significado: Jesús, María y José eran los mejores patronos a imitar y los mayores protectores a los que recurrir en las necesidades.

La Sagrada Familia como modelo a imitar y como patrones protectores de la Congregación es constante en las sucesivas redacciones de la Regla de vida. Aparece por primera vez en Regla de vida de 1836: "La Sociedad de la Sagrada Familia ha sido también fundada para honrar las virtudes de Jesús, María y José, y para atraerse su protección durante la vida y en la hora de la muerte". "La Sociedad no puede estar colocada bajo unos patronos más grandes, más santos y más poderosos que Jesús, María y José" .

En la última Regla de vida de 1858 se encuentra nuevamente las mismas ideas expresadas con más sentimiento: "En efecto, ¿existe alguien más grande en el cielo, después de la adorable Trinidad, que la Sagrada Familia de Jesús, María y José? ¿Quién ha dado lecciones: más hermosas de sabiduría, mayores ejemplos de virtud y de santidad? ¿Quién tiene más crédito y poder en el cielo que los santos y augustos Patronos de los religiosos de la Sagrada Familia? (…) Los Hermanos; deberán recordarse con santa alegría que, bajo el humilde techo de Nazaret, habitaba la familia más augusta y santa, y que de ella ha tomado su Congregación el hermoso nombre que lleva: nombre pronunciado y venerado por todos con respeto. (…)¡Qué inmensa ayuda puede encontrar el religioso de la Sagrada Familia en los santos Patronos de su Congregación! Nunca jamás perecerá, suceda lo que suceda (…) después de haberse consagrado a ellos y haberlos imitado durante toda su vida".

La relación entre la Sagrada Familia y la Trinidad se encuentra desde los orígenes del Instituto. La invocación y la imitación de Jesús, María y José, llevaban a los Hermanos a descubrir la profundidad trinitaria del misterio de Dios. La Sagrada Familia se presenta así como una comunidad familiar que remite a la familia divina. En los escritos del Hermano Gabriel y en su experiencia de vida aparece con toda nitidez la referencia a la Santísima Trinidad desde la Sagrada Familia.

En las Constituciones de 1836 la Santísima Trinidad es mencionada en primer lugar como para indicar que de ella procede todo. "La Sociedad de los Hermanos de la Sagrada Familia ha sido fundada para honrar a la Santísima Trinidad". En el Nuevo Guía aparece la misma idea. "En efecto, ¿existe alguien más grande en el cielo, después de la adorable Trinidad, que la Sagrada Familia de Jesús, María y José?".

El Hermano Gabriel desarrollaba algo más su pensamiento en la circulares de 1847 y 1861. "Única familia en relación directa con el cielo, esta trinidad de la tierra, como la llaman san Buenaventura y san Juan Damasceno, se presenta como objeto de nuestro amor". "¿Hay, por ventura, alguien a quien tengamos que querer más que a Dios, a María y a José o que, según nuestra fe, nos haya hecho mayores bienes que ellos? Movido por estos pensamientos he mandado imprimir una estampa de la Santísima Trinidad y de la Sagrada Familia".

La vida de Jesús, María y José, como familia es el punto central de la espiritualidad del Instituto entorno al cual los Hermanos construyen su modo de vida. En la tradición del Instituto se ha dicho siempre que la espiritualidad nazarena debe caracterizar tanto los aspectos esenciales de la vida cuanto los pequeños detalles de cada día. Las Constituciones de 1986, en el artículo 7, proponen un camino para meditar y vivir el evangelio entero a partir de una perspectiva concreta: el misterio de Nazaret. En Nazaret Jesús vivió ya con María y José el Evangelio que más tarde había de proclamar.

El Hermano Gabriel proponía las virtudes vividas por la Sagrada Familia como un modelo a ser imitado por los Hermanos. "Nuestro Señor dijo que "donde tengáis vuestro tesoro, tendréis el corazón". El corazón de todo cristiano y sobre todo de un Hermano de la Sagrada Familia debería estar con frecuencia bajo el humilde techo de Nazaret, en el hogar de esta augusta familia que reúne todas las virtudes divinas y humanas". "Se esforzarán, pues, por atraer la protección de sus santos patronos por medio de la práctica de todas las virtudes de las que ellos nos han dado ejemplo; sobre todo la caridad, la humildad, la castidad, la pobreza, la paciencia y la obediencia".

El culto a la Sagrada Familia, como dicen las Constituciones de los Hermanos de la Sagrada Familia de 1986 en el artículo 8, "es un camino providencial", que subraya el aspecto familiar en todo el misterio cristiano y "ayuda a comprender y a asumir mejor la vida cristiana". En la tradición congregacional siempre ha existido la preocupación de unir el culto a la Sagrada Familia con la vida. "Los hermanos tomarán todos los medios para estar unidos, ya desde aquí, a sus santos protectores por la oración y la meditación, para llegar un día junto a ellos a una eternidad feliz".

En la época del Hermano Gabriel había dificultades de tipo doctrinal para tributar un culto común a las tres personas de la Sagrada Familia. Sin embargo, él celebraba cada año con sus Hermanos en la Casa Madre la Fiesta de la Sagrada Familia e invitaba a invocarla con diferentes oraciones escritas con su pluma. Sin duda el aspecto devocional es al que dedicó más páginas. Con ello pretendía asegurar la unión de los Hermanos a sus patronos. He aquí algunos textos escritos por el Fundador.

La fiesta de la Sagrada Familia se celebraba anualmente con la mayor solemnidad posible. "La fiesta de la Sagrada Familia ha sido instituida por el Fundador como fiesta propia de la Asociación. Por ello debe de ser la más estimada por todos los Hermanos, quienes han tenido el honor de colocarse bajo la protección de Jesús, María y José al haberlos elegido como especiales patronos. (…) Deben honrarlos con un culto muy especial y por eso se ha instituido la fiesta de la que estamos tratando, como también su oficio propio que comprende la misa, las vísperas y las completas".

El Hermano Gabriel compuso diferentes oraciones a la Sagrada Familia, como la siguiente invocación:

"Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.

Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía.

Jesús, José y María, con vos descanse en paz el alma mía".

Sobre la promoción de la devoción a la Sagrada Familia, existe un texto del Hermano Gabriel particularmente significativo: "Quien quiera que seáis y en cualquier estado que os encontréis, tened siempre una grandísima devoción a la Sagrada Familia, invocadla frecuentemente en vuestras necesidades espirituales y materiales; no dejará de ayudaros con tal de que tengáis la intención sincera de imitar las virtudes de las que tan bellos ejemplos os ha dado mientras vivía en la tierra".

2.3.- Estilo de relaciones caracterizado por el «espíritu de familia».

"El espíritu de cuerpo y de familia contribuye en gran manera, queridos Hermanos, a la dicha, a la prosperidad y a la fuerza de una Congregación religiosa y alivia la carga de aquel a quien Dios ha elegido para Superior. Nace de la caridad y, en consecuencia de Dios, que es la caridad misma. Todos los miembros que componen una Congregación en la que de verdad exista ese espíritu, tienen un solo corazón y un alma sola; se aman y se ayudan mutuamente, comparten las alegrías y las penas, los éxitos y los fracasos de todos; las atenciones recíprocas y una entrañable fraternidad unifican los espíritus y caracteres más diversos; lo que es de uno pertenece a todos y dejan de tener sentido las palabras "mío" y "tuyo"; cada uno se considera menos que los otros y Dios reina sobre todos; se entregan a los cometidos más humildes y penosos y rivalizan por ser el más humilde, el más caritativo y el que más trabaje por Dios y por la comunidad; no temen tanto ser ellos atacados como que lo sea su Congregación, que es lo que más estiman después de Dios, y de cuyos intereses se preocupan constantemente; finalmente, la Regla y los Superiores reciben de ellos el debido aprecio; obedecen, practican la pobreza y contribuyen en la medida de lo posible, a la alegría de sus Superiores y Hermanos: en una comunidad así se encuentran la paz, la satisfacción y todas las virtudes".

En este texto de la Circular del 2 de Julio de 1864, El Hermano Gabriel sintetiza toda su experiencia de vida. Al final de sus días acuñó la expresión "espíritu de cuerpo y de familia", el espíritu que debía configurar al Instituto que estaba fundando. En este texto aparecen claras alusiones a textos del Nuevo Testamento: 1 Jn 4,7-8; Hch 4,32ss; Rm 12,14-16; Flp 2,2-4.

El Hermano Gabriel ofrece en este texto una serie de manifestaciones concretas y siempre válidas para la vida de comunidad del Hermano: la unanimidad de corazón, el amor y la ayuda recíprocos, el compartir alegrías y penas, la atención recíproca y la fraternidad entrañable, el poner realmente los bienes en común, el considerarnos inferiores a los demás y asumir los trabajos más humildes y penosos, ser sencillos y caritativos, amar la Congregación, la Regla, los Superiores, contribuir a la alegría de todos…

Anteriormente había empleado términos similares cuando había dicho: "El espíritu del Instituto es también necesariamente un espíritu de cuerpo, que hace que todos los Hermanos de la Sagrada Familia estén unidos estrechamente, que se amen unos a otros siempre, pero en todo momento por Dios y en Dios, que amen a su Instituto por encima de todo y que, suceda lo que suceda, jamás se aparten de él".

Veía en las reuniones anuales un medio adecuado para aumentar entre los Hermanos el espíritu de cuerpo, y recomendaba: "Todos los Hermanos deben considerarse miembros de una sola familia, pues tienen la misma Regla, trabajan por el mismo fin, tienen los mismos Superiores, sirven al mismo Dios y aspiran a la misma recompensa. Todos deben tener un solo corazón y una sola alma".

A lo largo de toda la historia del Instituto el espíritu de familia ha sido el espíritu propio del Instituto. Poco a poco ha ido apareciendo con claridad la relación entre el espíritu de familia y la Sagrada Familia. La Sagrada Familia es el mejor modelo que ha existido en este mundo para vivir el espíritu de familia.

La verdadera naturaleza del espíritu de familia se sitúa en el plano de la fe. No se trata, pues, de un espíritu corporativista o de compañerismo simplemente humano. En los textos del Hermano Gabriel aparece claramente cómo el espíritu de familia tiene su origen en Dios-Trinidad "que es la caridad misma".

El espíritu de familia es comunión de personas. Se sitúa en el plano de las relaciones interpersonales: relaciones recíprocas de amistad, de fraternidad, de intimidad. Es vivir en familia. Pretende expresar la comunión fraterna cristiana en su grado más alto.

El espíritu de familia consiste en vivir entre nosotros: las relaciones vitales que hacen de la familia humana una comunión de personas; las relaciones vitales que unían como familia a Jesús, María y José en Nazaret; las relaciones vitales entre las personas de la Trinidad en la que la comunión es total y perfecta. Establecer los nuevos vínculos de una familia, congregada por Cristo, no es únicamente esfuerzo humano; es ante todo gracia.

Entrar en la dinámica del espíritu de familia lleva a: una familiaridad creciente en las relaciones con el Dios Trinidad; un constante esfuerzo por acoger la comunión y construir relaciones de tipo familiar y fraterno; la atención para entenderse, reconciliarse y empezar de nuevo; la sensibilidad y solidaridad con quien vive situaciones precarias o difíciles; la esperanza de que un día será reunida la gran familia de los hijos del mismo Padre.

El espíritu de familia penetra en todos los aspectos de la vida del Hermano de la Sagrada Familia: sus relaciones con Dios, con sus Hermanos y con las demás personas, con las cosas y con el mundo en general. Comunica una forma de ser y de obrar que distingue a la persona que lo posee por su sencillez, humildad, amabilidad, atención a las personas. La manera de obrar e incluso las opciones del Hermano de la Sagrada Familia deben estar marcadas por el espíritu de familia. Los Hermanos procuran favorecer el desarrollo y cohesión de los vínculos de humana solidaridad, hasta realizar lo que ellos mismos viven en la comunidad, lo que contemplan en la Sagrada Familia de Nazaret y, en último término, en la Trinidad.

2.4.- Religiosos Hermanos para animar la comunidad cristiana.

"Los nombres de dignidad inspiran y exigen respeto, pero el nombre de HERMANO solamente comunica sencillez, bondad y caridad. Es el nombre que Jesucristo (…) ha escogido por sí mismo cuando quiso expresarnos con una sola palabra su inmensa bondad y su amor: "Id a decir a mis hermanos que vayan a Galilea: allí me verán". ¿No ha querido acaso el Divino Salvador haciendo ese gesto designar con tan amable nombre a aquellos a quienes llama a vivir en comunidad y que en ella quieren seguir los consejos evangélicos? En efecto, ¿hay cosa más dulce que el nombre de Hermano? Todos los miembros del Instituto deben amarle y jamás permitir que se les llame de otra manera".

En este texto el Hermano Gabriel presenta claramente la identidad de los miembros del Instituto fundado por él. Según el artículo 1 (modificado en el Capítulo General de 2007) de las Constituciones de 1986, la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia es, pues, un Instituto religioso de Hermanos de carácter laical. Con ello se sigue la actual terminología de "Vita Consecrata". Anteriormente era clasificado como "religioso laical", para diferenciarlo de los Institutos religiosos clericales.

Hay que situar al Hermano Gabriel y a su Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia dentro del contexto de las Congregaciones religiosas de Hermanos que surgieron en Francia tras la Revolución francesa.

El "Hermano", en su sentido moderno, es una invención francesa. Encuentra su realización primera en Juan Bautista de La Salle, en el Antiguo Régimen. La Revolución Francesa creó las condiciones para su reedición y puesta al día, en función de la Restauración.

La Salle fundó la Congregación de los Hermanos de las Escuelas Cristianas con tres rasgos particulares: los Hermanos eran laicos, dedicados exclusivamente a la educación de los niños; vivían en comunidad, con un hábito común y una regla que define la misión común y ordena toda su vida; eran, sin ninguna duda, religiosos.

Los fundadores de las nuevas Congregaciones de Hermanos siguieron el modelo del Hermano de las Escuelas Cristianas: un religioso laico que vivía en comunidad, con los tres votos tradicionales de religión; pero introdujeron innovaciones. Así apareció el modelo de "Hermano que vive solo" en una parroquia, bajo la dependencia directa del párroco, pero en contacto periódico y regular con su comunidad de origen, bajo una regla común y una reunión anual en la Casa madre. Su papel, que no se limitaba sólo a las funciones de maestro, sino que comprendía al mismo tiempo, las tradicionalmente desempeñadas por el "clerc" laico de la parroquia.

Todas las Congregaciones de Hermanos fundadas en el siglo XIX tenían una característica común: dejaban a los discípulos de La Salle los hijos de los obreros y artesanos de las ciudades mientras ellos se consagraban a los hijos del pueblo de villas y poblados. Había dos tipos de Institutos: los que se ocupaban exclusivamente de la enseñanza primaria en las escuelas rurales y los que se consagraban, simultáneamente, a tareas reservadas tradicionalmente a los "clercs" de la parroquia, que eran al mismo tiempo, sacristanes, cantores y catequistas.

Más allá de los matices que caracterizaban a las diferentes Congregaciones, los Hermanos tenían en común una misma misión: recristianizar por la escuela a aquella Francia revolucionaria. Por eso, daban preeminencia en la escuela a la formación cristiana de los niños, considerándola prioritaria a los conocimientos rudimentarios profanos. Las asignaturas profanas eran consideradas por todos los fundadores como un medio, por eso las escuelas dirigidas por los Hermanos parecían más salas de catecismo o pequeñas capillas que salas de clase.

Para esta tarea, más próxima a la catequesis y a la formación moral que a la enseñanza, los jóvenes candidatos a Hermanos recibían una formación profesional bastante limitada. Debía ser suficiente para enseñar a los niños del campo, las oraciones, el catecismo y los rudimentos de la lectura, la escritura y el cálculo. Su formación intelectual era acompañada siempre del trabajo manual.

El modelo de vida religiosa dominante en el siglo XIX era un modelo de carácter laical: numerosas familias de Hermanos y Hermanas. Su nacimiento y desarrollo se debió a la tolerancia hacia las "Asociaciones religiosas de utilidad pública". Por eso la necesidad de espiritualidad de las generaciones salidas de la Revolución francesa se orientó hacia esa forma de vida religiosa laical. Estas Congregaciones se caracterizaban por la preeminencia dada a las actividades docentes y caritativas.

Las estadísticas numéricas muestran los siguientes datos sobre la realidad de los Hermanos en Francia durante la primera mitad del siglo XIX. En 1830 había 14 Congregaciones de Hermanos en Francia. Los Hermanos de las Escuelas Cristianas eran 1420 y los otros Hermanos, 950. Estos últimos dirigían 281 escuelas en el campo, con 30.000 alumnos. Había en total cerca de 2.370 Hermanos que dirigían 661 escuelas con 117.000 alumnos. Entre 1830 y 1850, aparecieron siete congregaciones más de Hermanos consagrados a la educación de la juventud, de las cuales cinco resistieron durante todo el siglo XIX.

Es al interior de este vasto movimiento donde el proyecto de Gabriel Taborin encontró su lugar. El perfil de su Hermano tenía rasgos comunes con los Hermanos de las otras Congregaciones, pero, al mismo tiempo, también características propias y particulares. Gabriel no fue un innovador, pero tampoco un imitador pasivo de los modelos en circulación; fue más bien un laico que armonizó los diferentes elementos tomados de otros fundadores según su experiencia.

El Hermano, según Gabriel, era un hombre que trabajaba como laico en tareas que le ocupaban totalmente y que le sumergían en el mundo. Pero cultivaba al mismo tiempo el alma de un monje, pues estaba unido a Dios y trabajaba por su gloria. Se vestía como el sacerdote porque desempeñaba tareas sacerdotales en la iglesia de la parroquia y en su clase. En resumen: el Hermano de Gabriel era un monje, que trabajaba como laico y que vestía como un sacerdote. Trató así de componer y armonizar las principales aspiraciones y contradicciones religiosas del siglo XIX: voluntad de restaurar la vida monástica, preocupación pastoral, exigencias de laicidad, exaltación clerical.

Las nueve virtudes que habían de caracterizar al Hermano resumen bastante bien su retrato: sencillo, amante de la pobreza, humilde, bondadoso y paciente, caritativo, confiado en la Providencia, modesto, obediente a los superiores, fiel cumplidor de la regla. Este Hermano humilde y sumiso, amaba con pasión su trabajo y vocación. El nombre que llevaba todo lo dice y da razón de su ser, del estilo de su acción y la característica de su fisonomía espiritual.

"La intuición fundamental del Hermano Gabriel, que empieza ya a poner en práctica en su pueblo natal, en su edad juvenil, es la siguiente: el Hermano es, ante todo, un animador de la comunidad cristiana. Lo que importa, en definitiva, es la construcción de la comunidad. A esta finalidad van dirigidos los diferentes servicios que realiza: maestro, catequista, sacristán, cantor, administrador parroquial... El objetivo es único: dinamizar la comunidad cristiana local, ayudando a los seglares a tomar conciencia de su vocación y a realizar la misión que como bautizados les corresponde. A ello les estimula con su ejemplo y con su palabra cercana, no desde una posición de autoridad sino desde su misma situación laical compartida".

2.5.- Misión carismática: educación cristiana, catequesis, animación litúrgica, toda clase de buenas obras.

"La Sociedad de la Sagrada Familia tendrá como finalidad toda clase de buenas obras. El objetivo principal será ayudar a los Señores curas de los pueblos y de la ciudad como maestros de las escuelas parroquiales, ayudantes del culto, catequistas, cantores y sacristanes. Podrán también acudir, en caso de necesidad y a petición de las autoridades, a los hospitales para cuidar a los enfermos y a las cárceles para atender a los detenidos".

"Las actividades que los Hermanos de la Asociación están llamados a ejercer, según el artículo II de los Estatutos, son las de MAESTRO, CATEQUISTA, CANTOR Y SACRISTÁN. Todas ellas son funciones santas y honorables. (…) ¡Qué dignos de estima y respeto son quienes se dan a ellas santamente y con dedicación! Esta es la tarea que la Asociación de la Sagrada Familia impone a la mayor parte de sus miembros en su actividad externa".

Estos dos textos fueron escritos por el Hermano Gabriel en dos momentos diferentes: el primero corresponde al comienzo de la Asociación de la Sagrada Familia en 1836; el segundo pertenece a la última redacción de la Regla de vida que hizo el Fundador en 1858. Comparando ambos textos se ve la evolución de la misión en la Congregación. Sin embargo, las funciones a las que se dedicaban los Hermanos permanecen invariables: maestro, "clerc", cantor, sacristán y catequista.

Gabriel no se contentaba con que sus Hermanos fueran maestros. Los quería animadores de las parroquias, protagonistas en la instrucción primaria, la catequesis, la liturgia. Permitía, además, que pudieran estar solos, bajo la dependencia del párroco. El Hermano era, pues, el hombre que en el ambiente sencillo de una pequeña parroquia dedicaba su vida a la formación cristiana de los jóvenes y adultos, por medio de una estrategia convergente en la que los principales medios eran: la escuela parroquial, el catecismo y la liturgia.

Durante el período de Belmont (1829-1840) el Hermano Gabriel envía a los primeros Hermanos como sacristanes a la catedral de Belley y como maestros a varias escuelas. De 1840 a 1864, residiendo en la casa madre de Belley, orientó la actividad de los Hermanos hacia el servicio de la educación cristiana en las parroquias pobres del campo y la animación litúrgica en las iglesias de algunas grandes ciudades, estando abierto a "toda clase de buenas obras". Además impulsado por el espíritu misionero, envió un grupo de cuatro Hermanos a Estados Unidos.

En 1864 la Congregación contaba con 145 Hermanos colocados en diferentes puestos. Los Hermanos tenían 55 establecimientos, de los cuales 37 era escuelas, 11 sacristías, 1 escolanía, 1 servicio en seminario menor, 1 servicio en un colegio, 1 granja escuela, 1 casa de educación. Eran dos las actividades principales a las que se consagraban los Hermanos: las escuelas y el servicio de las iglesias (sacristías). Estas, en los últimos años fueron en aumento, las escuelas disminuyeron. El papel del Hermano tendió a estabilizarse alrededor de esas dos formas principales de apostolado.

A continuación presento algunos textos del "Nuevo Guía", última regla de vida redactada por el Hermano Gabriel, sobre los tres ámbitos principales donde se desarrollaba la actividad apostólica de los Hermanos: enseñanza, liturgia y catequesis. Leerlos ayudará a percibir con más detalle como la Congregación debía desarrollar estas funciones.

2.5.1.- Maestros en la enseñanza primaria.

El Hermano Gabriel era consciente de la valía de la labor educativa del maestro: "ninguna misión es más noble aquí en la tierra que la de actuar sobre el espíritu humano transmitiéndole la luz, la verdad y la virtud".

Y del profundo significado espiritual de la entrega de los Hermanos a la misión de enseñar. "El Hermano dedicado a la enseñanza ejerce desde la cátedra una especie de sacerdocio que sus Superiores le han confiado. En cierto modo, en ella se ofrece en sacrificio cada día por espíritu de fe y de caridad para ser útil a la juventud, que recibe sus lecciones y a la cual entrega sus talentos y su vida misma. En ella se desgasta con sacrificios que con frecuencia ni siquiera son valorados por sus beneficiarios, esperando la recompensa sólo en la vida eterna".

Sobre la formación intelectual de los Hermanos decía: "Para dar a los alumnos una instrucción conveniente, es necesario que los propios Hermanos dedicados a la enseñanza la posean primero. Sería una temeridad y una injusticia ponerse a enseñar sin tener los conocimientos suficientes. (…) Esto quiere decir que la instrucción del Hermano de la Sagrada Familia no debe ser inferior a la de los demás maestros seglares o religiosos de las escuelas primarias".

Pero el Hermano Gabriel consideraba más importante el ejemplo de vida de sus Hermanos que la ciencia aprendida. "Las virtudes cristianas y las que se refieren a la vida religiosa son necesarias a todos los Hermanos, pero quienes enseñan no deben olvidar que la sabiduría, la prudencia, la gravedad, el silencio, la humildad, la paciencia, la compostura, la entrega, la vigilancia, la piedad, la generosidad y la dulzura son las doce virtudes de un buen maestro". "Para poder dar esta educación religiosa y moral, los Hermanos no se limitarán a inculcarla de palabra y a hacer cumplir los deberes prescritos por la religión; deberán mostrar a los alumnos que también ellos cumplen sus deberes religiosos. Así pues, que no los vean faltar a ninguna de sus obligaciones, ni en ningún lugar o compañía que no convenga a la dignidad de su estado de vida o de sus funciones".

¿Qué es lo que enseñaban los Hermanos? Conocimientos profanos: "las cuatro artes fundamentales: hablar, leer, escribir y calcular"; buen comportamiento: "las normas de la buena educación y de la modestia cristiana"; la doctrina católica:"la religión debe ocupar siempre el primer puesto"; cómo rezar: "enseñar a rezar"; el canto: "formar en el canto".

¿Cómo debían ser las aulas, el lugar donde se desarrollaba el acto educativo? "Es importante que las clases sean sanas y apropiadas para que los alumnos y maestros puedan cumplir sus obligaciones. Para ello se requiere un local conveniente, espacio suficiente, aire sano y luz".

El Hermano Gabriel daba consejos pedagógicos sobre cómo se debía enseñar, que pueden parecer avanzados para su época. "Para que haya progreso en el aprendizaje, es necesario que el Hermano dedicado a la enseñanza sea amable y tema el rechazo de sus alumnos por tener una severidad excesiva. Procure hacerles tomar gusto por el estudio. Dé las definiciones claras y exactas. Suscite el interés mediante preguntas, pidiendo resúmenes o haciendo aplicaciones concretas de lo explicado a la moral y a la vida pública. Pero lo más importante es proporcionar alimento al espíritu en la medida que puede asimilarlo: para que el niño se eleve a nuestra altura, tenemos que saber descender a donde él está".

Sorprende, igualmente, cómo debían ser las entrevistas de los Hermanos con los padres de los alumnos. "Los Hermanos se mostrarán muy afables con los padres de los alumnos. Cualquiera que sea el comportamiento del niño, no es a los padres a quienes hay que reprender ni dirigir amenazas fuera de tono y menos aún decirles cosas humillantes o injuriosas. Si tienen que indicarles alguna falta o defecto de su hijo, se lo dirán de manera que no les irrite, dándoles a entender que, a pesar de esos defectos, cabe esperar mucho del muchacho y que con las debidas atenciones y actuando de común acuerdo llegarán a corregirlo, a educarlo y a hacer de él un hombre de provecho".

2.5.2.- Sacristanes y cantores al servicio de la liturgia.

La animación litúrgica es el segundo aspecto de la misión de los Hermanos que el Hermano Gabriel explica con detalle y con cariño en el "Nuevo Guía". Aquello que él había vivido desde su tierna infancia en su pueblo natal es lo que proponía para los Hermanos. Una de las razones que frustraron la unión con otras Congregaciones Religiosas es que no se dedicaban al cuidado de los altares.

Gabriel apreciaba esta función y justificaba el derecho de los Hermanos a ejercerla. "La religión tiene en gran estima el cargo de sacristán. Los Hermanos a quienes se les confía este honor están encargados del cuidado de la sacristía y de todo lo referente al culto divino". "La autorización concedida a los Hermanos de la Asociación por el ilustre papa Pío IX para poder tocar los ornamentos y vasos sagrados cuando realizan sus actividades de sacristanes, demuestra de manera evidente que están autorizados expresamente a ejercer esas funciones".

¿Dónde ejercían los Hermanos su servicio a la liturgia? "De entre los Hermanos sacristanes, hay algunos dedicados exclusivamente a este trabajo en las catedrales e iglesias de las grandes ciudades; otros son llamados por las parroquias rurales".

¿Cuáles eran las funciones que ejercían? ¿Cómo debían realizarlas? "Los Hermanos sacristanes ayudarán al Señor cura y a los otros sacerdotes en la administración de los sacramentos y en las demás ceremonias litúrgicas que requieran su presencia. Lo harán con el respeto, modestia y gravedad que conviene a los actos sagrados y nunca por rutina". "Normalmente los Hermanos irán revestidos de un sobrepelliz o de un roquete cuando están trabajando en el lugar santo. Su cargo de sacristán les obliga a mantener muy limpia la iglesia, los altares, la sacristía, los vasos y ornamentos sagrados confiados a sus cuidados. Se dedicarán a sus funciones con espíritu religioso puesto que ellas acercan a los santos altares a quienes las ejercen; en silencio por respeto a la majestad de Dios y a la presencia de la Eucaristía; con destreza, que es una buena señal de vocación para nuestro Instituto, y, finalmente, con limpieza y puntualidad, para que nada esté descuidado y para que todas las cosas queden debidamente ordenadas".

El canto tiene en la liturgia un puesto importante. Consciente de ello el Hermano Gabriel quería que sus Hermanos cantaran y enseñaran a cantar a otros. "Los Hermanos deben estar siempre dispuestos para enseñar a cantar y para unirse, junto con sus alumnos, a los ministros de la Iglesia, para entonar las alabanzas del Señor. Procurarán atraer a la Iglesia, de acuerdo con el Señor cura, un grupo numeroso de niños para enseñarles cantos religiosos, cuyas ondas armoniosas se unan a las espirales del humo del incienso, para elevarse hasta el cielo junto con la fe, la adoración, los anhelos de la esperanza, los impulsos de la caridad, la súplica y la acción de gracias".

2.5.3.- Catequistas en las parroquias rurales.

En los dos textos que siguen el Hermano Gabriel nos presenta la dignidad de la catequesis, el aprecio y valoración que los Hermanos debían tener por este ministerio eclesial, el modelo a seguir como catequistas y la definición de catequesis. "No hay actividad más bella, más honrosa y más meritoria que la de catequista, si se ejerce con fe. Para comprender toda su grandeza e importancia hay que considerar que dar catequesis es enseñar lo que debemos creer, lo que debemos hacer, lo que debemos evitar, lo que debemos recibir y lo que debemos pedir para salvamos, es decir, para ir al cielo."."Es enseñar lo mismo que Jesucristo vino a enseñar a la tierra. El divino Salvador es el modelo de todos los catequistas y podemos decir que la manera como Él ha proclamado el Evangelio se parece más a la de una catequesis que a la de un sermón".

Dos son los ámbitos en los que los Hermanos ejercían el ministerio catequético: la escuela y la parroquia. Esto dio lugar a dos tipos de Hermanos-Catequistas. "Hay que distinguir dos clases de catequistas en la Asociación: los catequistas de las escuelas y los catequistas parroquiales".

¿Quiénes eran los destinatarios de la actividad catequética? "Así pues, enseñen los Hermanos con gran interés el catecismo a los niños, a los jóvenes y a toda la gente, cuando reciban esta santa misión".

El Hermano Gabriel señala cuáles eran los contenidos que habían de transmitir los Hermanos en la catequesis. "Las principales cosas que deben enseñar son: 1.° Los misterios más importantes (…). 2.° La vida de Jesucristo (…). 3.° Las grandes verdades de la religión (…). 4.° La Iglesia (…). 5.° Lo que manda y prohíbe cada mandamiento de Dios y de la Iglesia. 6.° Los sacramentos. 7.° La Santa Misa. 8.° La oración. 9.° El pecado mortal (…). 10.° La manera de santificar las acciones".

En los dos siguientes textos el Hermano Gabriel explica sobre el saber hacer del catequista: las cualidades que había de adquirir el Hermano catequista para desempeñar bien su ministerio, y las técnicas pedagógicas que había de emplear para que su acción fuera provechosa. "Para merecer el nombre de catequista se necesita: (…) atraer la atención de los niños y demás auditorio, cautivarlos y hacer que escuchen complacidos; (…) ponerse al alcance de los oyentes, hablándoles para ello con claridad y exactitud;(…) saber presentar las verdades sagradas de manera interesante, y especialmente para que lleguen al corazón (…); en una palabra, hay que tener a la vez el don de enseñar, de agradar y de interesar". "El buen catequista sabe explicar las cosas más sublimes con las expresiones más sencillas (…). Como el soberano Maestro, habla con frecuencia en Parábolas (…). Los niños ven al buen catequista como un padre amable, que sabe ponerse a su alcance (…) para hacerles pasar con suavidad y sin mucho esfuerzo de los conocimientos que ellos tienen a los que él quiere darles".

2.6.- Objetivo en la misión educativa: una síntesis entre la fe, la cultura y la vida.

"Dedicarse a formar buenos ciudadanos para la sociedad e inteligencias dignas de Dios es, como ha dicho un célebre autor, una sublime misión. Quien se entrega a ella responsablemente es el hombre más grande del país y el más noble a los ojos de Dios, de la religión y de la humanidad".

El Hermano Gabriel, como hombre de la Restauración francesa, estaba profundamente convencido de que la escuela primaria era el mayor servicio que se podía prestar a la Iglesia y al Estado, al cristiano y al ciudadano. "Formar buenos ciudadanos para sociedad y santos para el cielo" era para él un binomio inseparable. Una educación humana que no fuera cristiana, para él, no era posible. Sólo había que dar un paso entre el ciudadano y el cristiano, entre la escuela y la Iglesia. Los Hermanos considerarían este lema como la meta que debía guiar su actividad apostólica en las escuelas.

2.6.1.- "Formar buenos ciudadanos para sociedad…"

La formación dada en las escuelas dirigidas por los Hermanos era integral. "Educar a un niño es, en términos generales, desarrollar, fortalecer y perfeccionar los órganos de su cuerpo y las facultades de su espíritu y, sobre todo, educar su corazón, su voluntad, su carácter, su conciencia y su juicio".

Un aspecto importante en la formación del buen ciudadano era la educación del comportamiento, o lo que hoy llamaríamos la educación en valores. El Hermano Gabriel presentaba las líneas para inculcar en los alumnos las virtudes humanas y cristianas: modestia, corrección, amabilidad, afabilidad, respeto, gratitud, limpieza, orden, cuidado de las cosas, caridad, compasión, decencia, pureza .

Los Hermanos preparaban a los alumnos para el futuro de sus vidas enseñándoles oficios prácticos con los que podían ser útiles a la sociedad. "Además se les enseñará algunos oficios que puedan ser útiles a la Sociedad y a ellos mismos cuando, dejada esta casa, se establezcan en el mundo donde se espera que vivan como buenos cristianos y se acuerden de los sabios principios que se les han inculcado desde la niñez".

2.6.2.- "…y santos para el cielo".

El Hermano Gabriel proponía algunos medios que ayudaran a los alumnos a vivir su vida cristiana apropiadamente.

Primero: colocar la religión como el eje de la escuela. "En el centro se colocará la religión y alrededor de ella se coordinarán los demás conocimientos que son convenientes para los alumnos".

Segundo: enseñar a rezar haciendo aprender las oraciones. "Exigirá que todos sepan las oraciones de la mañana y de la tarde que figuran en el catecismo diocesano. Comprobará si saben hacer la señal de la cruz, rezar el Padre nuestro, el Ave, María, el Credo, el Confiteor, los mandamientos de la ley de Dios y de la Iglesia, los actos de fe, esperanza, caridad y contrición, las oraciones de antes y de después de las comidas y el Angelus".

Tercero: ofrecer a Dios cada sesión de trabajo en el aula. "Antes de cada lección, el repetidor o quien deba comenzarla dirá: "Bendecid, Señor, esta lección". Los alumnos responderán: "Te la ofrecemos, Señor". Después de la lección, el maestro o el repetidor dirá: "Bendito sea Dios", y los alumnos responderán: "Por siempre".

Cuarto: enseñar el mensaje cristiano. "Los Hermanos dedicados a la enseñanza recordarán que para ellos es un deber sagrado el enseñar la doctrina cristiana a los niños que frecuentan su escuela. Entre todos los saberes, la religión debe ocupar siempre el primer puesto, porque es necesaria para la salvación".

Entre los cometidos del Hermano educador, el Hermano Gabriel destaca el de "iluminar con sus lecciones, dar a conocer las verdades eternas, educar los corazones en la virtud", en los verdaderos valores, siendo así constructores de felicidad. El compromiso educativo consiste en el servicio de promoción humana y religiosa, con particular atención a los pequeños, desempeñado como verdadera misión evangelizadora.

Es preciso reconocer que ya en tiempos del Fundador y durante toda la Historia del Instituto, la educación cristiana ha sido la actividad preponderante en el Instituto. En muchos casos ha sido y sigue siendo la base desde las que se ejercen las otras actividades de la misión (catequesis y animación litúrgica).

Nuestro Instituto, como muchos otros en el siglo XIX, surgió como consecuencia de la intuición de los Fundadores de ver en la incipiente organización de la educación una buena ocasión para insertar la evangelización en el ámbito de la educación, sobre todo la educación primaria.

El gran objetivo de la educación cristiana es la síntesis entre fe, cultura y vida. La educación según nuestro carisma prepara para vivir la identidad cristiana en el mundo, ayuda a los jóvenes a crecer en humanidad bajo la guía del Espíritu, contribuye a unir en síntesis armónica, lo divino y lo humano, evangelio y cultura, fe y vida. Así lo recogen las Constituciones de 1986 en el artículo 124: "Orientan los valores de la cultura en orden al anuncio de la salvación, para ayudar a los alumnos a realizar en sí mismos la unidad viva entre la cultura y la fe".

2.7.- Conclusión.

Jesús, María y José vivieron la humildad y la sencillez en Nazaret. La imitación de estas virtudes ayudó y ayuda a los Hermanos a hacerse uno con los pobres viviendo una vida similar a la suya.

El espíritu de familia impulsa a vivir en comunión con todos los hombres, a desarrollar los vínculos de humana solidaridad entre todos los miembros de la familia humana, a ser sensibles con los que viven en situaciones precarias o difíciles. La vivencia de este espíritu lleva a asumir actitudes que preparan para el servicio a los pobres: la ayuda recíproca, el compartir los bienes, la atención a las necesidades de los otros, la amabilidad, el hacer los trabajos más humildes y penosos.

Como el resto de Congregaciones fundadas en Francia a principios del siglo XIX, el Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia se dedicaba a actividades docentes y caritativas al servicio de los necesitados.

El Hermano del Hermano Gabriel es un laico, y por lo tanto más cercano a la gente sencilla. Vivía sólo para poder servir a las gentes de los pueblos, es decir a quienes viven en la periferia del progreso. Su formación era básica y acompañada del trabajo manual, lo cual le hacía ser no muy distinto a la gente de su entorno rural. Las virtudes que le caracterizaban, propias de un misionero, le permitían fácilmente trabajar con los pobres: sencillez, pobreza, humildad, bondad, paciencia, caridad, confianza en la providencia.

La misión congregacional evoluciona desde el "toda clase de buenas obras", propio de una realidad naciente difusa, y se concreta en "algunas buenas obras" (enseñanza, catequesis y animación litúrgica) que dejan la puerta abierta para otras posibles actividades caritativas no fijadas en la Regla. El Hermano trabaja en el ambiente sencillo de una pequeña parroquia rural ejerciendo las funciones de maestro, catequista y sacristán. Los Hermanos realizaban "otras buenas obras" como dirigir granjas escuelas y casas de educación o irse como misioneros al nuevo continente.

La opción educativa del Hermano Gabriel fue por las escuelas primarias rurales. En ellas los destinatarios son los niños, es decir los pequeños, los que carecen de cultura. Los Hermanos enseñaban al que no sabía, y lo hacían descendiendo a su nivel y proporcionando una educación de calidad. Su labor era un trabajo de promoción humana. Entre los cometidos de los Hermanos maestros estaba el de educar en la solidaridad promoviendo en los alumnos la compasión y la ayuda a los necesitados y a los que sufren.

La catequesis impartida por los Hermanos en las parroquias pobres del campo era de tipo popular: niños, jóvenes y adultos eran los destinatarios. Los Hermanos catequistas se ponían al alcance de la gente explicando las verdades de fe más sublimes con las expresiones más sencillas.

Todas estas conclusiones, que se desprenden de la reflexión sobre los elementos carismáticos, son el fruto de la meditación que el Hermano Gabriel hizo sobre el contexto en el que vivió. Su reflexión sobre la realidad le llevó a descubrir el carisma oculto en los signos divinos de su tiempo. Rumiando sobre este tesoro a lo largo de su vida, el Hermano Gabriel pudo estructurar poco a poco el armazón congregacional que le permitió realizar acciones concretas de ayuda a los necesitados.


Capítulo 3
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El Hermano Gabriel: un amigo de Dios hermano de los pobres.

3.1.- Introducción: Oratio et Contemplatio – Oración y Contemplación.

En este momento de la "lectio divina" la Palabra de Dios se transforma en oración. La persona habla a Dios y Él escucha. La oración brota espontánea en el encuentro amoroso del corazón del hombre con el corazón de Dios por medio de su Palabra. Este tiempo de la "lectio divina" se puede vivir personalmente repitiendo una breve fórmula de oración (oración del corazón) que exprese bien el amor a Dios, o comunitariamente formulando expresiones de oración sin muchas palabras. Sin embargo, es el Espíritu el que suscita la verdadera oración, la persona simplemente presta los labios y el corazón.

La contemplación es una experiencia personal que continúa y eleva la oración. Puede describirse como oración de simple mirada, de silencio, de reposo, de presencia de Dios, de pura fe. Consiste en el continuo deseo del Esposo y en la comunión de amor con Él. Se da contemplación cuando mientras que los labios están en reposo, simplemente se fija la mirada en el Señor, mientras que el corazón se proyecta en una oración sin palabras y la voluntad intenta unirse como una sola cosa a la suya. La contemplación no pertenece a la percepción real de los sentidos, sin embargo comparte el realismo del amor y de la fe. La "lectio divina" alcanza su vértice en la "contemplatio". Es un don de la gracia esencial para la vida cristiana. Todos los cristianos están llamados a la contemplación del amor. Cuando falta se ha de volver a la meditación. La contemplación es el principio inspirador y vivificador de la "operatio".

En este capítulo vamos a ver como gracias a su profunda vida de oración el Hermano Gabriel fue hermano de los pobres. Habló a Dios, se encontró con El en los necesitados, y se ofreció como un instrumento a la acción del Espíritu. En la contemplación del misterio divino su voluntad intentó unirse con la de Dios. La contemplación de Dios compasivo y actuante en la historia humana inspiró su compromiso con los pobres.

Desde el inicio de su apostolado en su pueblo natal, durante la fundación del Instituto y a lo largo de su vida los pobres estuvieron presentes en su vida bajo diferentes rostros: son los candidatos, con pocos recursos y con poca capacidad para los estudios, que llaman a la puerta del noviciado para ser admitidos en la naciente Congregación; son los Hermanos mayores, enfermos, infieles a su vocación, expulsados o acusados injustamente. El círculo de destinatarios de la preocupación por los necesitados se amplía a las personas cercanas (los amigos, los familiares, el personal de servicio) y a otras con las que no tiene lazos afectivos, pero por las que reza y proporciona ayuda puntual.

Los escritos del Hermano Gabriel ("Constituciones y reglamentos de la orden de San José", "Constituciones de la asociación de catequistas de Saint-Arthaud", "Guía de los Hermanos de la Sagrada Familia", "Circulares a los Hermanos de la Sagrada Familia", "Nuevo Guía de los Hermanos de la Sagrada Familia", "Camino de Santificación", "Cartas activas"), la primera biografía del Hermano Gabriel escrita por el Hermano Federico Bouvet ("Vida del Reverendo Hermano Gabriel Taborin") junto con los estudios de los Hermanos Enzo Biemmi ("El desafío de un religioso laico en el siglo XIX: El Hermano Gabriel Taborin") y Héctor Da Rosa ("Hermano Gabriel Taborin: una fe creativa y contagiosa"), y de la señora Francisca Bouchard ("El Hermano Gabriel Taborin, fundador de los Hermanos de la Sagrada Familia"); son los documentos que proporcionan la información necesaria para contemplar la misericordia de Dios en la acción del Hermano Gabriel y así elevar la plegaria agradecida al Dios cercano a los pobres.

3.2.- Gabriel, maestro, catequista y "clerc" en Belleydoux.

En el contexto de la Restauración la escuela primaria fue adquiriendo importancia como un medio de animación espiritual. Las presiones por parte de las autoridades universitarias y del departamento, sumadas a una conciencia que se iba imponiendo progresivamente sobre la necesidad de la instrucción de los niños, llevó al municipio de Belleydoux a discutir y encontrar las primeras soluciones para una escuela, donde se diera, ante todo, una formación moral y cristiana, junto con las primeras nociones de lectura, escritura y cálculo.

A partir de Todos los Santos de 1817 hasta el mes de junio de 1824, Gabriel Taborin, con dieciocho años, fue el primer maestro de Belleydoux. Comenzó así la instrucción primaria en este pueblo apartado de montaña. Su primer biógrafo nos cuenta que "se dedicaba con generosidad a la instrucción y a la educación cristiana de los niños que le eran encomendados". Prestaba atención a los más retrasados: se centraba primero en los que no sabían leer para ocuparse después de la escritura y el cálculo.

A falta de local, Gabriel da sus clases en una habitación de la casa paterna. Se trata de una habitación pequeña, para los niños y niñas. De acuerdo con la ordenanza real del 29 de febrero 1816, la escuela mixta estaba prohibida, sin embargo durante mucho tiempo fue letra muerta pues los pueblos no podían pagar a la vez a una maestra y tener local separado. Además de los alumnos del pueblo aceptó a los mediopensionistas (que traían la comida) y abrió un internado para los alumnos de las aldeas más distantes que no tenían posibilidad de ir a la escuela.

El método simultáneo de San Juan Bautista de la Salle, ciertamente más eficaz que el individual, no podía aplicarse en los pueblos, por falta de libros iguales para todos los alumnos, libros que los padres no podían o no querían comprar. Gabriel utilizaba el método individual, el más extendido en los pueblos. Consistía en enseñar, individualmente, haciendo leer por turno mientras los demás se ocupaban o jugueteaban como podían. Sólo se podía corregir el desorden con una rígida disciplina. Sin embargo, su severidad con los alumnos iba acompañada por su celo por el bien.

Gabriel no solo trató de poner solución a la pobreza educativa, sino también a la religiosa por medio de la catequesis y de la animación litúrgica. Pues la Revolución Francesa había destruido los medios de transmisión de la fe y los lugares celebrativos de la misma. El alma misionera de Gabriel encontró en la escuela un lugar especialmente apto y fecundo para interpretar y dar cuerpo a su pasión por "predicar, instruir y catequizar".

A la tarea de maestro unió la de "clerc" (ayudante parroquial), la de cantor y la de sacristán que ejercía ya desde el mes de enero del mismo año. Las funciones inherentes al cargo de "clerc" eran: ayudar al sacerdote en las diferentes funciones; acompañarle en la visita a los enfermos día y noche y en otras visitas que tuviera que hacer en el pueblo; ayudar en las misas, bautismos, bodas, bendiciones y demás ceremonias; tocar las campanas; abrir y cerrar la iglesia; encender y apagar la lámpara del Santísimo; barrer la iglesia y encargarse de adornarla para las funciones más solemnes; ser mayordomo de la iglesia y, por lo tanto, ocuparse de los arreglos corrientes, y sugerir al Consejo parroquial los más importantes; finalmente ser también enterrador.

A las actividades de "clerc" y de maestro, Gabriel añade la de catequista. El joven Gabriel al tomar conciencia de la ignorancia religiosa que le rodeaba, dio rienda suelta a su inclinación a comunicar la palabra de Dios. Era considerado un predicador. Le hubiera gustado ver a todos piadosos y entusiastas de la oración y de la gloria de Dios. Sus iniciativas apostólicas en la comunidad parroquial eran apoyadas por el Cura Párroco.

En una carta de 1835 resumió las actividades que realizó en su pueblo natal. La catequesis, la animación litúrgica y la educación son la respuesta meditada que el joven Gabriel da al Dios que le llamaba por medio de la necesidades sociales."Desde mi infancia mi inclinación fue la de ser catequista, adornar las iglesias en las fiestas, ayudar a los sacerdotes en las ceremonias del culto, instruir a los jóvenes en las escuelas, funciones todas a las que me he dedicado con celo desde muy joven".

3.3.- Candidatos con pocos recursos económicos y pobres en cualidades intelectuales.

"Sabemos, queridos Hermanos, que con frecuencia os preguntan por las riquezas materiales de nuestra Sociedad. (…) En los lugares donde los Hermanos trabajan, sólo poseen el uso del mobiliario de la casa donde se alojan, pues los propietarios son el municipio o las personas que se los proporcionan. (…) Cada Hermano que tiene buena salud trabaja en el empleo que se le asigna y se gana su vida sin ser gravoso a otros. Su modesto salario le basta para su alimentación y otros gastos personales. Ayuda también a la Casa de Noviciado que le ha acogido y le ha formado (…). Estas son todas nuestras riquezas en este mundo. No es mucho, pero en nuestra opinión y según san Pablo, es suficiente, pues, cuando se tiene el alimento, el vestido, el alojamiento, la luz y la calefacción, no hay por qué desear otras cosas".

Basta esta descripción para entender que los orígenes de la naciente Congregación fueron humildes. A menudo el Hermano Gabriel calificaba a los miembros de la misma como los "pobres" Hermanos de la Sagrada Familia. Los recursos económicos eran escasos, y los gastos numerosos. "El Hermano Gabriel no había pedido limosna el año anterior, los recursos aportados por algunos postulantes eran insignificantes y las retribuciones escolares de unos cuarenta alumnos externos (que, por cierto, sólo asistían a clase durante el invierno) no significaban gran cosa".

Sin embargo el Instituto iba adelante con unas limitadas fuentes de ingreso: las colectas de donativos que el Hermano Gabriel hacía en las grandes ciudades como Lyon, las aportaciones que cada año enviaban los primeros Hermanos que trabajaban en las pobres escuelas rurales, las cuotas de los internos de Belmont y las ayudas ocasionales de Monseñor Devie, Obispo de Belley y cofundador del Instituto.

El Hermano Gabriel necesitaba candidatos para, después de formarlos, poder enviarlos a las parroquias. Las peticiones de los municipios rurales eran abundantes y a menudo tenía que rechazar la apertura de nuevas comunidades por falta de Hermanos. Nos cuenta el Hermano Federico que "admitía en condiciones más favorables a quienes no tenían muchos bienes de fortuna y hacía cuantas concesiones podía a aquellos que, habiendo prometido pagar, después no podían hacerlo fácilmente".

El Hermano Gabriel hacía en algunos casos "rebajas" en las exigencias económicas fijadas para la admisión. Un hombre de oración como él, al meditar sobre el tipo de apóstoles que Jesús eligió, encontró la inspiración necesaria para actuar de este modo. Así, en 1837 había en Belmont 22 novicios, de los cuales 10 no podían pagar nada. Un joven fue admitido al Noviciado después de haber dejado el Seminario Diocesano por no poder pagar la pensión. Un sacerdote amigo recomendó a un candidato que no podía cumplir con "todas las condiciones materiales exigidas", éste fue admitido sabiendo que solo podía pagar parte de los gastos del Noviciado. Las "buenas disposiciones y las señales de vocación" llevaron al Hermano Gabriel a admitir a un joven que de momento no podía "cumplir con las exigencias económicas". A pesar del gran sacrificio económico que implicaba, un candidato que era "un pobre huérfano" fue admitido.

¿Cómo conseguía pagar los gastos que los postulantes y novicios pobres ocasionaban? Gracias a los ahorros que los Hermanos traían cada año: "Esta modesta contribución está destinada a proporcionar los medios para recibir a los postulantes que no pudieran pagar"; las colectas que el Hermano Gabriel hacía: "Para poder mantener a estos jóvenes pedía limosna en Lyon, provisto de una carta de recomendación en la que el señor Obispo explicaba el fin y las necesidades de la Congregación, recomendándola a la generosidad de los fieles"; y "las pequeñas ganancias provenientes de algunos alumnos internos y de la escuela de alumnos externos de Belmont".

Como se puede ver ya en las primeras redacciones de Reglas de vida el Hermano Gabriel muestra interés desde el principio de admitir a candidatos que no tengan mucha formación o que no están especialmente dotados para enseñar. Este tipo de personas formaban parte de la Congregación como Hermanos Legos. "Son llamados legos los hermanos que no hayan adquirido los conocimientos suficientes para poder dedicarse a la enseñanza. Están encargados de la cocina y de la huerta o llevan a cabo tareas de ese tipo en cualquiera de las casas del Instituto. Pueden, sin embargo, ejercer las funciones de ayudantes del culto, cantores y sacristanes".

El Hermano Gabriel acogió a los pobres intelectualmente y les dio un puesto en el Instituto conforme a sus posibilidades de modo que se sintieran útiles. Se encargaban de "los trabajos manuales" y en caso de necesidad del cuidado de los enfermos en los hospitales y de "los encarcelados en las prisiones". En estas actividades eran capaces de descubrir la presencia de Dios entre "los pucheros" y de encontrarse con Él en los que sufrían.

Además preparó para los Hermanos Legos un método de meditación más sencillo ya que encontraban dificultades para seguir el otro más largo y complicado. "No todos tienen la misma memoria, el mismo entendimiento ni la misma ciencia y, a pesar de su buena voluntad, algunos no pueden aprender y practicar lo que se dice en el método precedente. Pero el Espíritu Santo, que quiere la santificación de todos, lleva a cada uno por el camino que él quiere. Es más, con frecuencia permite, según la inteligencia que él mismo da, que los más sencillos hagan mayores progresos en la meditación siguiendo un método breve y fácil, como el que ahora presentamos".

3.4.- Una caja común y un fondo de previsión para los Hermanos mayores y enfermos.

En el apartado anterior señalé que las contribuciones anuales de los Hermanos que trabajaban en las parroquias eran una fuente de ingreso. Compartir los pocos ahorros que su trabajo les reportaba permitió crear una caja de caja de ahorro y previsión para atender a los miembros de la Congregación enfermos, inválidos o ancianos "cuando ya no puedan ganarse la vida haciéndose útiles a los demás".

Así los expresaba el Hermano Gabriel en la primera Regla de vida de los Hermanos de la Sagrada Familia aprobada por el obispo de Belley: "El párroco deberá asegurar que los hermanos podrán llevar una vida modesta pero digna, que les permita aportar cada año una pequeña suma a la caja de ahorro y previsión de la casa del noviciado de la que dependan, para que pueda mantenerse y asegurar la residencia a los hermanos enfermos o ancianos de la Sociedad".

En la última redacción de las Constituciones explica el motivo de este compartir los bienes materiales para atender las necesidades de los Hermanos. "Los Hermanos que tengan algún recurso personal, o que puedan trabajar para ganar algo, deben considerarse obligados a compartir con los otros aquello de lo que puedan disponer. El espíritu de la Regla y la caridad exigen la ayuda mutua". Los Hermanos que trabajaban en las escuelas rurales, recibían una paga anual de 200 francos de los cuales 100 eran destinados a la caja común o fondo de previsión. Poner en práctica lo que las Reglas indicaban sobre la comunión de bienes requería de los Hermanos la tensión espiritual necesaria para sacrificarse y ser generosos.

Las casas de Noviciado (primero Belmont, después la casa madre de Belley y más tarde Tamié) servían también como lugar de retiro donde acoger y cuidar a los Hermanos mayores jubilados. "En la Asociación se pueden distinguir dos clases de casas de retiro. En primer lugar las que se creen expresamente para los Hermanos ancianos, convalecientes o enfermos. Podrían llevar el nombre de asilo y establecerse en una zona de la misma casa de noviciado para los Hermanos de la provincia, que dependen de esa casa. Así la enfermería del noviciado formaría parte del asilo".

El enfermo es siempre una persona en situación de debilidad y por lo tanto necesitada de la ayuda de los demás. El Hermano Gabriel se preocupó por proporcionar los medios y dar la instrucciones necesarias para tratar a los Hermanos enfermos lo mejor posible.

En las casas había una habitación destinada al cuidado de los enfermos: "La enfermería estará en una habitación donde serán colocados los enfermos para que puedan permanecer más tranquilos y se pueda efectuar mejor su curación".

Algunos Hermanos estaban más directamente al cuidado de los enfermos: los superiores que debían "poner gran empeño en proporcionar a los Hermanos enfermos todos los cuidados que pide su estado"; los enfermeros que proporcionaban a los enfermos "los cuidados más asiduos", les suministraban "con la mayor puntualidad las medicinas recetadas", ponían "mucho esmero en cuidar a los enfermos"; los cocineros que ponían "un cuidado especial en preparar la comida"; y los ecónomos que llevaban a los Hermanos enfermos y convalecientes lo que era conveniente.

Por último recojo lo que se debía hacer con los Hermanos enfermos: el procedimiento, los cuidados y las atenciones. "Cuando un Hermano esté enfermo, debe informar a su Superior sin esperar a que vaya a peor; cualquiera que sea su indisposición debe darla a conocer. (…) Con los enfermos hay que hablar poco y siempre en voz baja o en un tono muy moderado. (…) Si parece necesario dar un aviso al enfermo, hay que dárselo con la mayor delicadeza y amabilidad posibles. Si el estado de un enfermo es grave, no se descuidará el que reciba pronto los sacramentos y que se prepare con las mejores disposiciones (…). El enfermero y todos los que hacen visitas a los enfermos procurarán sugerirles santos pensamientos, piadosos sentimientos y otros actos de virtud propios de la situación en que se encuentran, como también rezar por ellos en particular". Todos estos consejos incitan a un trato de suma delicadeza para con quien está sufriendo.

3.5.- Tras los Hermanos descarriados.

"Antes de dejar vuestro puesto de trabajo, mirad a vuestro alrededor y ved con los ojos de la caridad si no hay alguna oveja que quiera escaparse o extraviarse del querido rebaño que el Señor nos ha confiado, aunque seamos indignos de ello. Si lográis encontrar alguna que quiere huir, corred tras ella, y, si tiene miedo, infundidla serenidad. Si no puede caminar, cargadla sobre vuestros hombros y traedla. Así seréis semejantes al divino Pastor de las almas. Sí, queridos Hermanos, traed con vosotros a ese Hermano que es como la oveja de que acabamos de hablaros. (…) Asegurad también a ese Hermano infiel que le recibiremos con bondad, que tendrá cabida en nuestro afecto paterno y que como las demás ovejas del rebaño, será admitido durante el retiro a los pastos del Señor, quien le ayudará con su gracia y le fortalecerá con sus sacramentos. Si después permanece constante en el rebaño al que Dios le ha llamado, será preservado de las garras del león infernal del que deberá desconfiar aún más, dado que desgraciadamente ha experimentado ya sus mordeduras".

Diez años antes de su muerte, el Hermano Gabriel dejó escritas en la circular anual a los Hermanos estas conmovedoras reflexiones sobre los Hermanos con una conducta pecaminosa o infieles a su consagración religiosa, cuya vida se había apartado del Evangelio y era motivo de escándalo. Desde que asumió el cargo de Superior de la Congregación se había encontrado con muchos de estos casos. Ver como un Hermano se perdía y era infiel a su vocación era para él un motivo de sufrimiento. Sin embargo, siempre les acogía con bondad, les perdonaba y buscaba su arrepentimiento y conversión. Cuando no lo lograba y no tenía otra alternativa que expulsarlos, esto le causaba dolor. Los primeros Hermanos consideraron al Hermano Gabriel como demasiado transigente con estos Hermanos. Podemos adivinar en su comportamiento y decisiones su corazón de padre que sentía compasión por los pobres pecadores. Además invitaba a los Hermanos a interceder por ellos ante Dios con la oración.

El Hermano Federico, primer biógrafo del Hermano Gabriel, nos proporciona más detalles sobre el modo de proceder del Fundador y los motivos evangélicos que le llevaban a obrar de esta manera con los Hermanos pecadores o en peligro de perderse. "El Fundador se compadecía de los pecadores arrepentidos, actitud por la que le criticaron algunos. La humildad del culpable y su arrepentimiento le impresionaban, sobre todo preveía un buen comportamiento en el futuro. (…) Jamás se atrevió a romper la caña quebrada ni a extinguir la mecha humeante, sobre todo si, en una primera falta grave, él descubría más debilidad que malicia. Perdonaba, pues, muy a gusto. Pero cuando se daban casos de obstinación o se recaía una y otra vez en las mismas faltas, cumplía con su deber, sin permitir que una oveja apestada permaneciera entre sus Hermanos". "Cuando se trataba de ayudar a un Hermano a superar un disgusto, una prueba de conciencia o un peligro espiritual, todo le parecía poco. (…) Semejante al Buen Pastor, nuestro venerable Padre dejaba todo para ir en busca de la oveja descarriada o en peligro de perderse".

Las cartas que escribía a los párrocos o a los propios Hermanos son testigos de los sentimientos y del modo de proceder del Hermano Gabriel respecto a los Hermanos que tenían un comportamiento pecaminoso. Su modo de actuar es fruto del discernimiento que hacía en el diálogo con Dios por medio de la oración. A continuación recojo algunos casos que pueden servir de ejemplo. El Hermano Gabriel se alarmó al comprobar que el Hermano Luis no practicaba la Regla; como le quería y se interesaba por él pidió a su director espiritual que le corrigiera y le atrajera al cumplimiento de su deber. El Hermano Gabriel acostumbraba, tras amonestar a los interesados, pedir a los párrocos ayuda para vigilarlos y evitar así que cometieran nuevos errores; así sucedió con los Hermanos Luis, Gilberto y Bernardo. Otras veces, como en el caso del Hermano Estanislao, les llamaba a la casa del Noviciado para tratar de conseguir su cambio de comportamiento. No le gustaba precipitarse en expulsarlos, siempre tomaba la decisión tras consultar, así dejaba tiempo para un posible cambio. A veces, cuando las faltas se debían a la imprudencia o al carácter, incluso les justificaba.

El corazón compasivo del Hermano Gabriel le llevaba a sentir pena por los que habían abandonado la Congregación o habían sido expulsados. Tanto con unos como con otros no se limitaba al sentimiento sino que trataba por todos los medios de ayudarlos y recuperarlos. "El corazón del Fundador se emocionaba mucho, al ver la desdicha de aquéllos que habían tenido la desgracia de ser excluidos de la Congregación o que habían decidido por propia voluntad salir de ella, sin razones verdaderamente sólidas y justas. No les perdía de vista ni a unos ni a otros, a no ser que fueran ellos los que evitasen relacionarse con él; les hacía llegar la ayuda de sus consejos en las dificultades o malos momentos en que pudieran encontrarse".

El mismo Hermano Gabriel compartió con sus Hermanos una experiencia vivida por él en este sentido. Con lágrimas en los ojos, describía lo que su corazón sentía y como trataba a este tipo de personas. "Estábamos un día explicando el catecismo a los alumnos en la iglesia, lugar donde quería el párroco que tuviéramos esta hermosa y santa práctica, cuando, de repente, apareció en el fondo de la iglesia, el joven del que acabamos de hablar. (…) Cuando terminó la catequesis, entró en la sacristía, a donde acudió al instante. Nos echamos a llorar al verlo tan cambiado y, al decir que nosotros éramos felices por conservar aún la fe y los principios religiosos que tenía desde joven. (…)Intentamos que se convirtiera hablándole de la gran bondad de Dios y de su misericordia infinita con los pecadores y recordándole la maravillosa parábola del hijo pródigo; le ofrecimos, finalmente, hacer gestiones personales para conseguirle el perdón de sus Superiores, de modo que pudiera volver al monasterio para reparar allí los desórdenes cometidos, hacer penitencia y volver a ser feliz donde antes lo había sido. Pero, aunque su corazón se sintiera conmovido por estas palabras, todo fue inútil. De repente, nos agarró las manos y se marchó".

Finalmente recojo, con palabras del Hermano Federico, un ejemplo que muestra como el Hermano Gabriel se puso de parte de los Hermanos acusados injustamente, y por lo tanto heridos en su dignidad y su buen nombre."Otro Hermano pidió algo justo y razonable al Ayuntamiento, que se lo concedió. El Hermano fue acusado, dos días más tarde, de haber perdido la confianza de los fieles de la parroquia, por haber tomado parte en la oposición contra el párroco. Aquello era falso, ya que en la parroquia no se sabía nada de nada. Y menos se sabía aún que quería presentar al Hermano como sospechoso de inmoralidad, añadiendo que pronto saldría a la luz pública lo que todavía sólo era una sospecha. Había que cambiar, pues, al presunto culpable y llamar a Belley inmediatamente, sin darle explicaciones. El Fundador intuyó una oscura maniobra en aquel caso. Estando seguro de que aquel Hermano, ya de edad madura, no le había engañado, le contó todo lo que sabía, pidiéndole que, a su vez, le dijera con absoluta franqueza toda la verdad y cuáles podrían ser las causas de semejantes acusaciones. Habiendo hablado el Hermano con claridad y, contando además con informes de los superiores eclesiásticos del acusador, que afirmaban que toda la culpa era de éste, el Fundador le comunicó que el Hermano continuaría en la parroquia, según le habían aconsejado los mismos a quienes habían consultado".

3.6.- Familiares y sirvientes a los que ayudar.

Su preocupación por los necesitados no se restringía a los miembros de la Congregación. El círculo de su amor se amplía a sus familiares y al personal de servicio de las casas de los Hermanos.

El Hermano Gabriel se interesaba por sus familiares, especialmente por aquellos que estaban en situación de pobreza. En particular se preocupó por su hermano Francisco Taborin, al que envió dinero para ayudarle en sus necesidades.

En las Reglas de vida autorizó a los Hermanos la posibilidad de disponer de los bienes patrimoniales y del usufructo que producían para ayudar a los parientes pobres.

En la última Regla redactada por el Hermano Gabriel aconsejaba a los Hermanos a ser considerados con el personal de servicio y a tratarlos con respeto. "Los Hermanos que viven en la casa parroquial o en centros donde hay otras personas tendrán mucha consideración y caridad con la criada. Los sirvientes y los que están a las órdenes de otros son los más sensibles al trato que se tiene con ellos. Que tengan razón o no, importa poco; los Hermanos hacen mal si no tratan con amabilidad a las personas débiles y delicadas".

El Hermano Federico deja constancia de que esto es lo que el Hermano Gabriel, no solamente predicaba, sino que practicaba en su vida. Así, durante los años de 1863 y 1864 envió dinero a Francisco Perrin, quien fuera sirviente en su casa paterna de Belleydoux.

3.7.- Oración de intercesión por los necesitados.

Esta fue, sin duda, una de los tipos de oración que el Hermano Gabriel practicó a lo largo de su vida. Las necesidades de los demás fueron motivos para avivar su relación personal con Dios por medio de la oración intercesora. En la carta circular de 1848 expresa bien cuales han de ser las intenciones por las los Hermano han de orar: "la conversión de los pecadores, el alivio de los enfermos y de los pobres, la liberación de las almas del purgatorio".

En el Nuevo Guía las repite de nuevo cuando habla de la oración del Via Crucis: "Los Hermanos harán el Via Crucis por las siguientes intenciones: obtener la conversión de los pecadores, (…) aplicar las otras indulgencias para alivio de las almas de sus parientes, Hermanos difuntos y de los bienhechores de la Asociación".

En sus oraciones hay expresiones que muestran a Dios y a Jesús desde la perspectiva de los pobres. Dios es invocado como: "Providencia divina, esperanza de los pecadores abandonados, refugio de los míseros, apoyo del pobre, sostén de la viuda y del huérfano". Jesús es visto como el "padre de los pobres" que "distribuyó, dio a los pobres".

Siguiendo las instrucciones del Hermano Gabriel, los Hermanos intercedían por los necesitados: pecadores, afligidos, enfermos, pobres. "Señor, convierte a los pecadores, consuela a los afligidos, alivia a los enfermos, socorre a los pobres".

También escribió una oración que los Hermanos debían recitar al cuidar a los enfermos, huérfanos o afligidos: "Señor Jesús, que consideras como hecho a ti lo que por caridad hacemos para socorrer a tus miembros en la persona de los enfermos, los pobres y los afligidos, dame, como a san Vicente de Paúl y a otros grandes santos, la valentía y la fuerza de ser útil a su cuerpo y a su alma, y de actuar como yo desearía lo hicieran conmigo si estuviera en su lugar".

María es "madre de misericordia, refugio y asilo de los pobres pecadores". A ella se dirige para interceder por las almas sufrientes en el purgatorio. "Que tu compasión, Virgen María, venga en ayuda de los que están en el purgatorio acabando de expiar sus faltas en un fuego devorador que los atormenta cruelmente. María, ruega por ellos. De ti salió la fuente de la vida que lava los pecados, en la que todos los pecadores pueden purificarse. Tiende tu mano compasiva a estos desdichados sometidos a continuos suplicios y ruega por ellos".

3.8.- Toda clase de buenas obras para los pobres.

En las circulares el Hermano Gabriel expresó repetidamente la convicción de que los Hermanos se dedican a "toda clase de buenas obras por amor a Dios y a los hombres". Sin duda, las buenas obras que los Hermanos hacían tenían que ver fundamentalmente con la enseñanza, la catequesis y la animación litúrgica. Sin embargo, el Hermano Gabriel dejaba la puerta abierta para poder entregarse a "otras obras de caridad". ¿Cuáles eran estas obras de caridad?

Para el Hermano Gabriel ayudar al necesitado era algo normal que había aprendido de sus padres. El Hermano Federico recogió en la biografía una experiencia personal que le sucedió al Fundador y que podría titularse "el atracador perdonado". "Por entonces la vida del Hermano Gabriel corrió un gran peligro. Al regresar de Haute-Combe, según parece, le sorprendió la noche entre Béon y Talissieu. Al llegar a un determinado caserío, del que no quiso decir el nombre, un individuo se le acercó con toda rapidez e hizo contra él un disparo de pistola, al tiempo que mascullaba las siguientes palabras: "¿Pero es que nunca van a acabarse estos clérigos?". Afortunadamente, el disparo no dio en el blanco. El Hermano Gabriel se lanzó sobre su agresor y, agarrándole por el cuerpo, le dijo: "Desgraciado, de mí depende solamente hacerte pagar o no tu culpa; pero, en lugar de vengarme, prefiero rezar por ti". Aquel hombre, temblando de miedo le presentó sus excusas. El Hermano Gabriel, tras haberle dado una buena lección de moral, le dejó y continuó su camino".

Esta misma actitud de generosidad y de disponibilidad para ayudar a los demás, es la que quiso para sus Hermanos. Les aconsejaba a ser: "amigos de los pobres, consoladores de los afligidos y de los enfermos en todo cuanto podáis". Les hacía reflexionar sobre la situación de las personas necesitadas y aquella en la que ellos vivían. "Con frecuencia los humildes tienen poco peso en la balanza del mundo o incluso no tienen ninguno, y por ello se los deja de lado como a un metal sin valor; por el contrario, en la balanza de Dios los humildes cuentan más que los otros". "¿Cuántas personas habrá en el mundo en estos mismos momentos que sufren más que tú sin comparación, por la situación en que se encuentran. Demasiado feliz puedes considerarte, y deberías avergonzarte de tu exquisitez, que te lleva a no estar contento con tu suerte".

El Hermano Gabriel estaba convencido que sus religiosos debían ser "el consuelo de los pobres" y que debían esforzarse "por dignificar a los pobres, por prevenir la envidia de éstos últimos contra los ricos y la soberbia de éstos contra los pobres". ¿Cómo podían hacer esto? En su misión como maestros tenían que educando a los niños en la solidaridad: "Infundirles sentimientos de caridad y de compasión hacia los necesitados y hacia los que sufren". Y entrando en contacto directo con los menesterosos: "Visitar a los Hermanos o alumnos enfermos es un deber. Visitar a los enfermos en los hospitales, a los pobres, a los presos, y dirigirlos algunas palabras de consuelo, es un acto de caridad que los Hermanos pueden hacer".

Otra obra de caridad, que el Hermano Gabriel junto con sus Hermanos hacía, era dar limosnas a los pobres. Él sabía bien lo que significaba mendigar, pues lo había practicado en varias ocasiones para poder atender a las necesidades de la naciente Congregación. Los Hermanos eran pobres en recursos económicos, sin embargo esto no impidió que se dieran "pequeñas limosnas" a los pobres que llamaban a la puerta de la Casa Madre o de las otras casas de los Hermanos.

A lo largo de su vida el Hermano Gabriel escribió varios libros baratos de divulgación: "Camino de santificación", "El Ángel conductor de los peregrinos a Ars", "El tesoro de las escuelas cristianas", "Manual de los cofrades de Santa Ana", "Principios de lectura y de canto gregoriano", "Gramática francesa".

Su celo por "la salvación de las almas" se extiende a un mayor radio de acción con estas obras escritas, que llegaron más allá de lo que su persona o la Congregación alcanzaron por medio de la acción apostólica directa. En su época surgieron numerosas publicaciones católicas para contrarrestar la irreligiosidad de la prensa dominada por el liberalismo. El Hermano Gabriel no pretendía polemizar, simplemente perseguía animar el ejercicio de la vida cristiana en la gente humilde. Por eso en el plan de sus obras de divulgación, junto a la parte instructiva figuraban otras consagradas a la oración, a la liturgia, al canto.

Así lo expresaba en la introducción de uno de estos libros: "He podido percibir cual sería la utilidad de poner en manos de la juventud cristiana, especialmente de la juventud de las áreas rurales, un libro económico, que a su vez pueda servir en las escuelas, en las iglesias y en el seno de las familias, constituyendo la biblioteca religiosa de los más pobres".

3.10.- Conclusión.

La lectura que el Hermano Gabriel hace de la realidad se transforma en meditación sosegada, para convertirse en oración a Dios y contemplación de su voluntad. El fruto de la vida de oración del Hermano Gabriel es su respuesta personal de entrega a Dios a través de la ayuda a los pobres dentro y fuera de la Congregación.

El primer servicio que presta el Hermano Gabriel a los pobres se desarrolla en su pueblo natal. Su compromiso en la instrucción de los niños y niñas, en la catequesis y en la animación litúrgica son su respuesta a la pobreza educativa y religiosa en la que Belleydoux estaba sumido tras la Revolución Francesa.

A pesar de vivir en situación de pobreza, el Hermano Gabriel admitió candidatos con pocos recursos económicos haciéndoles concesiones. También hizo "rebajas" en la capacidad intelectual, pues admitió a candidatos que no tenían conocimientos suficientes para dedicarse a la enseñanza como Hermanos Legos. A estos miembros pobres en inteligencia les dio la oportunidad de ser útiles desempeñando otras funciones.

Los Hermanos pobres en salud y retirados de la labor productiva fueron atendidos dignamente proporcionándoles un lugar y personas que les cuidaran. Esto fue posible gracias a los ahorros depositados por los Hermanos en un fondo común de previsión.

Había otro grupo de personas dentro de la Congregación en situación de pobreza: los Hermanos pecadores, infieles a su vocación, expulsados o salidos de la Congregación, acusados injustamente. El Hermano Gabriel sintió compasión por ellos, les trataba con amor paternal y les ayudaba lo mejor que podía a superar la difícil situación y a restablecerse.

El Hermano Gabriel se interesó por ayudar a los familiares y sirvientes que estaban en situación de pobreza. Así mismo oró y mandó orar por las necesidades de los pecadores, los enfermos, los afligidos, los pobres, los huérfanos y las "almas sufrientes del purgatorio".

El Hermano Gabriel fue una persona generosa que no se contentó con cumplir con sus deberes, sino que hizo y urgió a sus Hermanos a hacer obras de caridad como: dar limosna a los pobres, educar en la solidaridad, visitar a los enfermos y presos, hacer accesible la cultura y la religión publicando libros económicos.


Capítulo 4
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Los Hermanos de la Sagrada Familia al servicio de los pobres.

4.1.- Introducción: Discretio et Collatio – Discernimiento y Compartir.

La "collatio" tiene como finalidad primera conseguir una mayor inteligencia de la palabra de Dios. La profundización del mensaje de la "sacra pagina" se realiza con provecho gracias a la aportación de las reflexiones de quienes participan en la lectio divina comunitaria. La "collatio" es diálogo de grupo, conversación comunitaria, y supone la participación de varias personas. Hay que participar con docilidad, y tener la disponibilidad de aprender de los otros. Responde al deseo actual de diálogo, de reflexión en grupo, de conversación fraterna, de búsqueda comunitaria de la voluntad de Dios. La conversación que tiene lugar en la "collatio" se mueve en el marco del discernimiento: ver, comprender y juzgar con miras a la acción.

El Hermano Gabriel compartió con los otros Hermanos de la Sagrada Familia el carisma recibido de Dios. Cada uno fue aportando en el diálogo personal y comunitario con el Fundador sus puntos de vistas, sus propuestas y su disponibilidad para llevar esta obra de Dios adelante. Fruto de este compartir y este discernimiento comunitario son las opciones y las expresiones apostólicas al servicio de los necesitados que aparecen en este capítulo. Estas acciones son más meritorias si cabe, si se tiene en cuenta que el Hermano Gabriel y los primeros Hermanos eran pobres materialmente, vivían de su trabajo y con muchas deudas, y que a pesar de ello fueron generosos y ayudaron a otros que estaban más necesitados.

Como fuentes utilizo en este capítulo: los escritos del Hermano Gabriel ("Constituciones y reglamentos de la orden de San José", "Constituciones y reglamentos de los Hermanos de la Sagrada Familia", "Guía de los Hermanos de la Sagrada Familia", "Circulares a los Hermanos de la Sagrada Familia", "Nuevo Guía de los Hermanos de la Sagrada Familia", "Cartas activas"), la primera biografía del Hermano Gabriel escrita por el Hermano Federico Bouvet ("Vida del Reverendo Hermano Gabriel Taborin") junto con los estudios de los Hermanos Enzo Biemmi ("El desafío de un religioso laico en el siglo XIX: El Hermano Gabriel Taborin") y Héctor Da Rosa ("Hermano Gabriel Taborin: una fe creativa y contagiosa"), y de la señora Francisca Bouchard ("El Hermano Gabriel Taborin, fundador de los Hermanos de la Sagrada Familia"). Estos documentos nos proporcionarán los datos necesarios para comprender el alcance de las acciones discernidas y compartidas al servicio de los pobres conforme al carisma fundacional del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia.

4.2.- Fundación de comunidades en zonas rurales pobres y desatendidas.

La pobreza y la ignorancia existían en toda Francia durante la primera mitad del siglo XIX, pero de forma más acusada en los pueblos pequeños y alejados del campo. Allí es donde el Hermano Gabriel mandaba a los Hermanos para que fueran la solución a estos problemas ejerciendo alrededor de las parroquias y escuelas rurales las funciones de maestros, catequistas, cantores, "clercs" y sacristanes.

El objetivo del Instituto fundado por el Hermano Gabriel era remediar la ignorancia cultural y religiosa de los niños del campo por medio de la escuela y de la parroquia. Varias son las ocasiones en las que el Hermano Gabriel mencionaba en las circulares que los lugares en los que los Hermanos desempeñan su misión son los pueblos del ámbito rural. El Hermano Federico incluso señalaba que existía una gran demanda de Hermanos para los ayuntamientos pequeños y desatendidos: "Muchos otros ayuntamientos desean tener a estos Hermanos, que, colocados de uno en uno, en los pueblos pequeños, se alojan y comen en la casa parroquial, lo que les ayuda en su género de vida, al mismo tiempo que resulta más económico para los ayuntamientos, cuya población sea pobre y no muy numerosa".

Los Hermanos de la Sagrada Familia educaban cristianamente a la juventud y ayudaban a los sacerdotes de las parroquias rurales "cumpliendo las funciones de maestros en la escuela parroquial, catequistas, clercs, cantores y sacristanes". Esto lo hacían "distribuidos de uno en uno o varios juntos, de acuerdo a las necesidades", "pudiendo de esta manera servir a las parroquias más pequeñas".

Estos pequeños y pobres municipios estaban situados muchas veces en las olvidadas zonas montañosas de Francia y Saboya. Algunos ejemplos servirán para conocer el lugar geográfico, el tipo de obra apostólica, la razón por la que se ejercía ese ministerio y el perfil del destinatario.

La primera obra apostólica del Hermano Gabriel como Hermano de la Sagrada Familia fue la casa de Belmont. En ella a parte de la escuela para los niños del pueblo, el Hermano Gabriel abrió un internado para los que venían de otros pequeños pueblos de la zona que no estaban atendidos educativamente de forma adecuada. Así lo relataba Él en una carta de 1831: "Esta Casa de educación está autorizada por el Consejo Real de la Instrucción pública, para tener alumnos pensionistas. Ofrece a los jóvenes de Belmont y de otros lugares preciosas ventajas respecto a la educación religiosa y civil, que la mayor parte de los niños del Valromey y de otros alrededores no pueden recibir de sus municipios, ya sea porque varios no tienen instructor, sea porque la mayoría de los instructores rurales sólo hacen la clase en invierno y así un gran número de jóvenes de a región vivirían en la ignorancia".

Este tipo de obra educativa se extendió a otros lugares. Los Hermanos frecuentemente dirigían internados, pensionados o casas de educación anejos a las escuelas que ellos regentaban. Así por ejemplo, el Hermano Gabriel se sentía alegre al ver cómo la Providencia había secundado el celo de los Hermanos de Ars, ya que habían podido agrandar el edificio del pensionado con una nueva construcción.

Las comunidades de los Hermanos se fueron multiplicando y llegaron a otras diócesis de Francia y de Saboya más alejadas de la diócesis de Belley y con mayores necesidades. Por eso el Hermano Gabriel envió Hermanos a la diócesis de Gap, situada en los Alpes, dónde la gente era pobre. En Saint-Pierre-d’Albigny los Hermanos a parte de la escuela diurna para los niños daban cursos de noche para instruir a los adultos que no sabían leer ni escribir.

Al final de su vida el Hermano Gabriel puso empeño en abrir una comunidad en medio de las montañas de la Alta Saboya. El lugar se llamaba Tamie. Era un lugar remoto donde la gente carecía de atención pastoral. Los Hermanos acogían, en las ceremonias religiosas que se celebraban en la capilla, a la gente que por lejanía o enfermedad no podían ir a la parroquia: ancianos, minusválidos, viajeros, fieles de las montañas. Así lo expresaba el Hermano Gabriel en una carta a Moseñor Billiet, arzobispo de Chambery: "Quiero que sepa, Excelencia, que (…) estas gentes de montaña, por vivir tan lejos de su parroquia no pueden asistir a los oficios (…). Las gentes de aquí viven muy lejos de sus iglesias por lo cual se encuentran en la alternativa de faltar a sus obligaciones religiosas, no oyendo Misa los días de precepto, o, de poner en peligro su salud corporal, yendo a la parroquia, durante el mal tiempo. Podrían correr también el peligro de que les robasen, al dejar abandonada la casa durante la mayor parte del día. (…) En modo alguno queremos hacer de nuestra capilla una parroquia: abrirla a los ancianos, a los enfermos, a los viajeros, a los fieles de las montañas es facilitarles los medios de salvación. (…) Por tanto, ofrecerles nuestra iglesia es hacerles un gran favor".

Tamie era para el Hermano Gabriel como realizar por fin aquello había anhelado toda su vida. Este sueño, compartido por los Hermanos, encontró desafortunadamente muchas oposiciones en los sacerdotes del lugar. Lo cual llevó a que los Hermanos tomaran la decisión de vender el monasterio a los Trapenses, dueños de la misma antes de la Revolución Francesa. Esto fue doloroso para el Hermano Gabriel, pero lo aceptó con disponibilidad al ser fruto del discernimiento comunitario en las reuniones del consejo de la casa madre.

4.3.- Flexibilidad administrativa y económica para llegar a todos, incluso a los más pobres.

En el capítulo precedente hemos visto como el Hermano Gabriel era flexible en la aplicación de los requerimientos económicos para la admisión en la Congregación de los candidatos con pocos recursos. En este apartado vamos a ver como esta misma flexibilidad fue aplicada por los Hermanos a los destinatarios de la misión.

La flexibilidad administrativa y económica estuvo presente desde la primera redacción de Constituciones que el Hermano Gabriel hizo para la fallida Orden de San José. Siempre y cuando se proporcionara a los Hermanos una mínima pensión anual, las parroquias solicitantes podían optar entre la gratuidad escolar o el pago de las cuotas mensuales de los alumnos.

En los inicios de la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, el Hermano Gabriel admitía "gratuitamente en su internado a algunos alumnos de este departamento, hijos de padres pobres". Así quedó reflejado en el certificado oficial de buena conducta que emitió Francisco Torombet, alcalde de Belmont. Esta práctica, asumida por los Hermanos, se convirtió en norma en la última redacción de la Regla de vida: en el registro de matrícula de los alumnos de la escuela se debía indicar si el interesado pagaba o era admitido gratuitamente. Esta flexibilidad permitía que los alumnos más pobres pudieran beneficiarse de la enseñanza de calidad impartida por los Hermanos.

El texto, extractado de una carta escrita por el Hermano Gabriel a un párroco interesado en tener Hermanos, muestra claramente que las condiciones eran razonable y asequibles: "Los municipios que desean tener Hermanos, deben comprometerse a proporcionar: 1° alojamiento conveniente, tanto en le referente a la habitación como a la escuela. 2° Un pequeño ajuar y mobiliario proporcionados al número de Hermanos que desean tener. 3º Asegurarles una remuneración que les permita pagar la comida que suelen hacer en la casa parroquial cuando están solos. 4º Asignarles una remuneración anual de 200 francos, de los cuales, 100 serán destinados a la casa de noviciado y los otros 100 para vestirse. 5º Abonar los pequeños gastos de traslado de la casa de noviciado a la parroquia, los gastos de viaje para volver a la casa de Belley para el retiro anual. Todos los gastos mencionados no suelen sobrepasar los 500 francos. En cuanto a los gastos de mobiliario y ajuar, tampoco son de consideración y una vez efectuados son suficientes para varios años. Como puede ver, señor Cura, por los detalles precedentes, el procurarse un Hermano está al alcance, hasta de las más pequeñas parroquias". Pero en el caso de que algún párroco no pudiera satisfacer estos requerimientos, a veces el Hermano Gabriel se contentaba con lo que en conciencia pudieran dar.

En los contratos con las autoridades competentes de los pueblos, el Hermano Gabriel trataba de conciliar unas mínimas condiciones que permitiera a los Hermanos vivir dignamente con la atención a los niños de poblaciones desatendidas. Muestra de ello es la hoja informativa con lo que se requería para la colocación de los Hermanos, y el modelo de contrato para obtener Hermanos de la Sagrada Familia que el Hermano Gabriel publicó en la circular de 1847.

Los municipios tenían que proveer anualmente a los Hermanos de lo mínimo necesario para su subsistencia, proporcionándoles un alojamiento, un mobiliario y un equipamiento convenientes, y un sueldo modesto por cada Hermano. Las aportaciones de los benefactores evitaban que fueran las familias las que tuvieran que costear los gastos de la escolarización de sus hijos y permitían la instrucción gratuita de los más pobres. Así sucedió con la donación de 4000 francos recibida por una parroquia en la que trabajaban los Hermanos.

4.4.- Escuelas de enseñanza primaria populares y gratuitas.

Los Hermanos dirigían escuelas públicas en Saboya. El gobierno saboyano confió muchas de las escuelas estatales a la Iglesia para mejorar la calidad de la educación. Una de las funciones del inspector nombrado por los superiores mayores era comprobar como enseñaban los Hermanos en las escuelas públicas.

La Congregación regentaba algunas escuelas en las que la enseñanza era gratuita para los alumnos. Así sucedió en la ciudad de Seyssel, donde los Hermanos educaban a los niños pobres; o en Alby (Saboya) donde la Congregación se hizo cargo durante 35 años de la escuela gratuita haciendo sacrificios económicos. Mención más detallada merecen las escuelas de Ars y Tamie.

Juan María Vianney, el santo cura de Ars, tras conocer al Hermano Gabriel y abrir una escuela gratuita para las niñas, quiso abrir una para los niños. Tras solicitar dos Hermanos a Monseñor Devie, obispo de Belley, el Hermano Gabriel se alegró y le envió tres Hermanos en 1849. Esta fundación se mantuvo gracias a las generosas donaciones que el Santo Cura hacía directamente o que canalizaba de otros benefactores como el Conde des Garets. Gracias a estas generosas fuentes de ingreso los Hermanos pudieron también abrir un internado. El Hermano Federico lo relataba así, en su biografía del Hermano Gabriel: "Los Hermanos abrieron un internado, dedicado especialmente, según quería el santo cura, a facilitar a los jóvenes de las parroquias vecinas, las ventajas de una sólida instrucción y de una educación cristiana".

En Tamié junto al Noviciado existía un externado gratuito para la enseñanza primaria. Su primer biógrafo nos da más detalles de esta fundación, que atendía a los niños de las montañas que ni siquiera podían ir a las escuelas del gobierno por las grandes distancias: "El Hermano Gabriel abrió ya aquel mismo otoño una escuela primaria en la que fueron admitidos gratuitamente niños de las aldeas vecinas. Esto era un gran favor para aquellos muchachos, que vivían tan lejos de las escuelas municipales".

Si bien es verdad que el trabajo educativo de los Hermanos en las escuelas públicas y gratuitas era endeble, pues dependía de la voluntad política de los gobiernos y de la generosidad de los benefactores; no lo es menos el hecho de que asumir este tipo de instituciones requiere arriesgar y esto sólo es posible gracias a la disponibilidad y la abnegación de muchas personas que están de acuerdo en el proyecto. Estas fundaciones existieron gracias a la generosidad y la dedicación del Hermano Gabriel y de los Hermanos de la Sagrada Familia.

4.5.- Niños y jóvenes de las clases pobres y obreras.

Los niños y los jóvenes de las clases pobres y obrera eran los grupos sociales destinatarios de la labor educativa de los Hermanos de la Sagrada Familia. El Hermano Gabriel expresó, en su carta al Papa pidiendo la aprobación del Instituto, su deseo de trabajar en la promoción integral de los jóvenes pobres: "Contando más con el auxilio del cielo que con nuestras fuerzas, nos atrevemos a asegurarle, Santo Padre, que pondremos todo nuestro celo y empeño para formar a la juventud de la clase pobre, en la piedad o instruirla, creando en ella hábitos de honradez y hacer buenos ciudadanos para el Estado y santos para el cielo".

En la circular a los Hermanos de 1848 explicaba que la misión de los Hermanos del Instituto consistía en "enseñar en las escuelas primarias a los niños de las clases pobres y obreras", y el modo como debían hacerlo: "inspirándoles el amor a Dios y al prójimo, al orden y al trabajo; apartarlos del mal y de las malas compañías, que hoy exhalan su veneno corruptor hasta en las chozas de las montañas más recónditas; dirigir esos queridos niños por las sendas de la virtud, más por el ejemplo que por la palabra, y recordarles que tienen un Dios y una patria a quien servir, un cielo que ganar y un infierno que evitar; enseñarlos a amar y honrar a sus padres, a respetar los bienes del prójimo y a no hacer a los demás lo que no quisieran que se les haga".

Estos dos ejemplos, que siguen, servirán para mostrar que las buenas intenciones y los proyectos no se quedaron en letra muerta, si no que se hicieron realidad. El Hermano Gabriel aceptó y acogió a un gran número de niños que no podía pagar la cuota en la escuela que abrió en Saint Claude en 1825. Los Hermanos que trabajaban como maestros municipales contribuyeron en la medida de sus posibilidades con la Sociedad del Príncipe imperial para los préstamos de la niñez al trabajo.

Un eclesiástico y un revolucionario testimoniaron que los Hermanos de la Sagrada Familia se dedicaban a la educación de los niños pobres de las clases humildes.

Monseñor Billiet, obispo de Chambery, afirmaba en su carta para secundar la petición de la aprobación de la Congregación en Roma: "Los Hermanos de esta nueva Congregación, a semejanza de los Hermanos de las Escuelas cristianas, pero con trabajos más humildes, se ocupan de la enseñanza de los niños pobres, menos favorecidos económicamente, que, por falta de recursos, no pueden educarse con los Hermanos de Lasalle y que, por eso, pueden hacerlo con los Hermanos de la Sagrada Familia".

Durante la revolución de 1848 el comité revolucionario de Belley tuvo sus reuniones en el comedor de la casa de los Hermanos, cedido para tales efectos por el Hermano Gabriel. El presidente del mismo respondió así a una pregunta malintencionada sobre las congregaciones religiosas: "Hay que distinguir; entre las congregaciones religiosas, las hay que en nada benefician al pueblo y, en consecuencia, son enemigas de la República; y luego hay otras, que son amigas de las clases humildes y que se dedican a la educación de los niños. A éstas hay que defenderlas y la que nos ha dejado esta sala, en la que nos encontramos reunidos es, sin duda alguna, de estas últimas".

4.6.- Alumnos con necesidades educativas especiales.

Los Hermanos de la Sagrada Familia prestaron atención especial a los alumnos de sus escuelas que se encontraban en situación de debilidad. Este era el caso de los alumnos pequeños, de los que tenían dificultades en el aprendizaje, de los que se comportaban mal, o de los que enfermaban.

Los alumnos que tenían menos edad y los que empezaban su escolarización eran objeto de atenciones especiales. A los principiantes se les reservaba una clase separada para que pudieran aprender sus primeras lecciones sin distracciones y se les hacían actividades especiales, como leer en corro. Cuando concluían las lecciones los más pequeños eran los que primero salían al patio para el recreo.

Los alumnos con dificultades de aprendizaje fueron motivo de preocupación para el Hermano Gabriel. A ellos dedicó varias páginas de sus escritos educativos dirigidos a los Hermanos. He aquí algunos de los consejos que los Hermanos de la Sagrada Familia pusieron más tarde en práctica:

- No desanimar a los que tienen menos facilidad para aprender, pues no todos los alumnos tienen la misma memoria.

-"No dejéis a la mayoría para atender al pequeño grupo que va más deprisa. Conoced bien a cada uno para saber lo que podéis exigir".

-"El niño que es corto de inteligencia no debe ser castigado por ese defecto natural. Las recompensas deben concederse no tanto a la capacidad física o intelectual cuanto al esfuerzo realizado por los niños".

- Hacer adaptaciones curriculares para los alumnos con dificultades de aprendizaje insistiendo en las asignaturas fundamentales.

Como siempre ha sucedido, en las clases de los Hermanos también había alumnos revoltosos. Los Hermanos tenían que procurar "reprender con suavidad a los desordenados e inquietos". Si las reprensiones que hacían los Hermanos eran importantes para corregir el mal comportamiento, no lo eran menos las acciones educativas encaminadas a prevenirlo: "Os quejáis, no obstante y con razón, de la insubordinación y mala conducta de algunos alumnos, pero no debéis abandonarlos por eso (…). Al mismo tiempo que les enseñáis las ciencias, debéis preservarlos del contagio del vicio, tan común en nuestros días". La labor de prevención de vicios en los jóvenes no se limitaba a los muros de la escuela. Los Hermanos eran educadores las 24 horas del día y los 7 días de la semana, por ello los domingos por la tarde, siguiendo el deseo del Fundador, trataban de reunir a los jóvenes para disfrutar juntos del ocio de una manera sana.

Los alumnos enfermos, en las escuelas o en los internados dirigidos por los Hermanos, debían ser objeto, según el Hermano Gabriel, de especiales cuidados paternales de modo que se sintieran como en casa. Los Hermanos debían aplicar estos mismos cuidados para evitar que los alumnos enfermaran: "Tendrán atención especial con los que vienen de lejos, sobre todo cuando hace mal tiempo y llegan a la escuela mojados. Si hace frío les dejarán que se calienten y no les permitirán beber agua fría si están acalorados. No les pondrán en las corrientes de aire ni cerca de las puertas o de las ventanas".

4.7.- Los niños huérfanos.

El Hermano Gabriel hablaba frecuentemente en sus escritos, especialmente en las cartas, sobre los huérfanos. Esta preocupación y el deseo de hacer algo por los niños sin padres, le llevó a acogerlos en las casas existentes o a abrir otras nuevas especialmente dedicadas a ellos. En esta obra no fue sólo suya, los demás Hermanos también se involucraron en la atención a estos niños desfavorecidos.

Desde los inicios de la Congregación el Hermano Gabriel soñó con poder atender a los niños huérfanos. En la primera redacción de las Constituciones de los Hermanos de la Sagrada Familia lo expresó de esta manera: "Cuando la Sociedad tenga recursos, fundará un hospicio donde los niños abandonados y los huérfanos pobres serán acogidos gratuitamente desde la edad de siete años (…). Estos niños serán formados en la piedad, la lectura, la escritura y el cálculo. Además se les enseñará algunos oficios que puedan ser útiles a la Sociedad y a ellos mismos cuando, dejada esta casa, se establezcan en el mundo".

La primera oportunidad para realizar este deseo llegó cuando Monseñor Devie planeó abrir un orfanato. A pesar de las limitaciones personales y de la carencia de recursos económicos ofreció con pronta disponibilidad su colaboración y la del Instituto: "Si Dios quiere servirse de mí y de mis cohermanos para satisfacer los deseos de nuestro santo Obispo, poniendo en esta diócesis los cimientos para una casa de asilo para huérfanos, me ofrezco de todo corazón".

El Hermano Gabriel expresaba frecuentemente en las cartas que uno de los fines principales de la Sociedad de la Sagrada Familia era acoger niños huérfanos pobres, a los que los Hermanos educaban, cuidan y alimentan gratuitamente, formándoles en la piedad, las ciencias y aprendieran un oficio para que más tarde pudieran ganarse la vida.

En la casa madre de Belmont había viviendo, además de los formandos, 3 huérfanos recogidos por caridad. Cuando esta fue trasladada a la sede episcopal de Belley, el Hermano Gabriel continuó acogiéndolos, llegaron a ser 6 o 7. Poco a poco fueron enviados por personas conocidas: Monseñor Devie, el Señor Rivière, la Señora Genin. Su llegada produjo alegría y la esperanza de las bendiciones divinas en los moradores de estas casas de formación.

Las solicitudes eran numerosas pero el Hermano Gabriel carecía de los suficientes recursos económicos para aumentar las admisiones. Por ello se limitó a admitir a aquellos que tenían intención de ser Hermanos. El Hermano Gabriel recibía de vez en cuando algún donativo para esta causa, o canalizaba donaciones que no podían ser utilizadas en otras obras; incluso escribió una carta a la reina María Cristina para pedir una subvención para este proyecto.

Desde 1843 a 1864 el Hermano Gabriel envió a sus Hermanos a una decena de orfelinatos. En estos orfanatos para niños pobres los Hermanos los educaban cristianamente y les enseñaban un oficio. La apertura de este tipo de obras caritativas vino dada por el cierre obligado de escuelas y produjo un aumento de número de comunidades.

En Autun, los Hermanos de la Sagrada Familia dirigieron un internado para huérfanos, desde 1847 a 1853. Otro fue el Orfanato de la Caridad en Beaune, diócesis de Dijon. Las gentes de esta población estaban satisfechas con el trabajo realizado por los Hermanos: los huérfanos habían mejorado. Escribieron al Hermano Gabriel para pedirle que enviara nuevamente Hermanos: "No queremos que se marchen los Hermanos (…). Entre muchas otras cualidades suyas hemos de destacar su celo, su permanente asiduidad, su inteligencia y su criterio, sin que, por el contrario, podamos reprocharles defecto alguno. Todas las autoridades están encantadas de su modo de actuar y de los éxitos obtenidos, así como de los que se esperan en el futuro. Deseamos que vuelvan otra vez los mismos, con preferencia a otros, si Vd. ve que es posible, pues nuestros jóvenes huérfanos experimentan una gran alegría por la nueva manera de tratarlos. Han cambiado su manera de ser, y su aspecto externo produce satisfacción".

4.8.- Al servicio del Evangelio: Catequesis para gente sencilla y Mision "ad gentes".

Una de las principales finalidades que el Hermano Gabriel Taborin tuvo al fundar la Congregación de los Hermanos de la Sagrada Familia, fue la de poner solución a la ignorancia religiosa por medio de la catequesis. Él estaba convencido de que la persona humana necesitaba de la religión para ser feliz y para salvarse. Encontró en la catequesis la respuesta a estas necesidades. "Los Hermanos no descuidarán nada para proporcionar a los niños, que frecuentan sus escuelas o las catequesis parroquiales, una sólida enseñanza religiosa".

El Hermano Gabriel, considerado "Catequista apostólico" por su Santidad Gregorio XVI, tenía en gran estima la labor catequética; fundamentalmente porque era muy apropiada para los destinatarios con los que los Hermanos trabajaban: la gente sencilla. "El método de enseñanza del catequista conviene mejor que ningún otro a los niños, a las personas sencillas, ignorantes y sin posibilidad de educarse por sí mismas, es decir, por lo menos a las tres cuartas partes del género humano. (…) Que la predicación sea el alimento sólido de los adultos se comprende, pero la catequesis seguirá siendo siempre la leche reservada especialmente a los más débiles, a los niños y a los ignorantes, y por tanto a la mayor parte de las personas".

El Hermano Gabriel quería que sus Hermanos ayudaran a propagar la fe en tierra de misiones acompañando y ayudando a los misioneros. Monseñor Crétin, obispo de Saint Paul, Minnesota (Estados Unidos de América), pidió algunos Hermanos para su incipiente diócesis. El Hermano Gabriel acogió con gusto esta petición y envió a cuatro Hermanos: Cirilo, Ernesto, María León y Timoteo. A finales de 1854 llegaron a su puesto de misión. El Fundador gozosamente hacía partícipe de esta buena nueva a los Hermanos en una carta circular: "Tenemos la satisfacción, queridos Hermanos, de anunciaros que los queridos Hermanos enviados el año pasado a América, como pago de nuestra cuota a la propagación de la fe, llegaron a destino la antevíspera del año nuevo".

El objetivo de esta nueva comunidad era doble: contribuir a la obra de las misiones según la misión del Instituto y reclutar nuevos candidatos para la Congregación. Abrir un tercer Noviciado permitiría formar a los futuros Hermanos americanos, los cuales se encargarían de trabajar por el Reino en el nuevo mundo. La noticias iniciales eran alentadoras: "Nuestros Hermanos de allende el mar gozan de buena salud, no han estado enfermos, ya comienzan a familiarizarse con la lengua inglesa y a cumplir con el fin para el que los hemos enviado". "En Saint Paul han abierto escuelas bajo la dirección de nuestro querido Hermano Cirilo, a quien Dios dio mucha facilidad para el aprendizaje de las lenguas extranjeras. Han levantado también un noviciado al que han entrado ya algunos candidatos irlandeses y canadienses, que dan muchas esperanzas para el bien que se puede hacer en América".

Sin embargo los éxitos iniciales con el pasar de los años se vieron truncados. Algunas de las causas del fracaso de esta fundación fueron: el no asumir el proyecto congregacional y sustituirlo por los proyectos personales, la lejanía y la falta de contacto frecuente con el Instituto, la desunión y la falta de concordia entre los Hermanos, y el desánimo. Éxitos y fracasos fueron compartidos por todos los Hermanos de la Congregación.

4.9.- Conclusión.

En este capítulo hemos podido comprobar como el Hermano Gabriel y los primeros Hermanos de la Sagrada Familia buscaron y discernieron juntos la voluntad de Dios respecto al trabajo pastoral con los pobres. En algunos casos no fue fácil y se encontraron con dificultades; pero gracias a la disponibilidad y a las aportaciones corresponsables de todos, fueron capaces de llevar adelante proyectos, en algunos casos pioneros, de atención a los necesitados.

El Hermano Gabriel fundó comunidades de Hermanos de la Sagrada Familia en los pueblos pequeños y pobres para poner solución a la ignorancia cultural y religiosa por medio de la educación, la catequesis y la animación litúrgica.

El Hermano Gabriel quiso que la acción de los Hermanos llegara al mayor número de niños. Por ello era flexible en la gestión administrativa y financiera: admitiendo alumnos pobres de forma gratuita y exigiendo condiciones razonables y asequibles en los contratos con los municipios con menos recursos económicos.

Los Hermanos dirigieron escuelas primarias públicas, gracias a las facilidades que los gobiernos daban a las congregaciones religiosas de Hermanos, y gratuitas, gracias a las donaciones de los benefactores y a los sacrificios económicos del Instituto.

Los destinatarios de la labor educativa de los Hermanos de la Sagrada Familia fueron: en general, los niños y los jóvenes de las clases humildes que no podían educarse en otras escuelas de Hermanos por no poder pagar las cuotas; y en particular, los alumnos con necesidades educativas especiales (pequeños, principiantes, cortos, lentos, revoltosos, hiperactivos, o enfermos) y los huérfanos (acogidos por el Hermano Gabriel en Belmont y Belley y cuidados por los Hermanos en diferentes orfanatos).

El Hermano Gabriel trabajó junto con sus Hermanos para combatir la ignorancia religiosa tanto en suelo francés como en el nuevo mundo. La catequesis fue la herramienta usada para educar en la fe a la gente sencilla de la tierra patria. El envío de Hermanos a Minnesota fue la contribución a la extensión del Reino de Dios en tierras de misión.


Conclusión: Operatio - Respuesta.

Dios en la "lectio divina" instruye sobre el creer y el obrar, y pide que el pensar, el hablar, el discernir, el juzgar y el obrar sean una respuesta de fe. El que practica la "lectio divina" realiza una etapa primera y fundamental de la "operatio" desde el momento en que toma conciencia de su pecado y se decide a la conversión. Partiendo de la "lectio divina" la palabra de Dios penetra en la persona, la transforma y la orienta resueltamente hacia una vida de caridad y de acción oblativa para con los hermanos. La acción es fruto de la contemplación. En este momento de la "lectio divina" hay que dejar que la Palabra fluya en la persona mientras está recogida, permitiendo que suscite iluminaciones, propuestas y proyectos operativos, y disponga a ponerlos en práctica.

El Hermano Gabriel esperó, escuchó, reflexionó, meditó, oró, contempló, compartió, discernió y puso en práctica la voluntad de Dios. La palabra de Dios penetró en su persona, le transformó y le orientó resueltamente hacia una vida de caridad y de acción oblativa para con sus prójimos necesitados. Es un ejemplo a seguir por los Hermanos de la Sagrada Familia en este proceso espiritual. Dios invita a los Hermanos a esperar, a escuchar, a reflexionar, a meditar, a orar, a contemplar, a compartir, a discernir y a poner en práctica su voluntad manifestada en la vida y obra del Hermano Gabriel. Esto ayudará a todos los Hermanos a reavivar nuestro celo en el servicio a los más necesitados y, al mismo tiempo, refundar nuestra misión carismática.

Esta última parte de la memoria en el momento de recoger los frutos: las conclusiones, las consecuencias y las aplicaciones de esta investigación que lleven a una conversión de vida. Para ello voy a retomar las preguntas que formulé al final de la introducción y a tratar de responderlas aplicándolas a la vida de los Hermanos de la Sagrada Familia. La vida y obra del Hermano Gabriel son las fuentes de las que se pueden sacar el agua viva que oriente las respuestas a los actuales gritos de los pobres.

¿Las situaciones de miseria interpelaron al Hermano Gabriel? ¿Se sintió miembro de la Iglesia de los pobres? ¿Participó de la opción preferencial de la Vida Consagrada por los pobres? La ignorancia, la falta de instrucción religiosa, la pobreza de los altares, y sobre todo la pobreza de humanidad fueron las situaciones de miseria que interpelaron al Hermano Gabriel. En el primer capítulo hemos visto como durante la Revolución Francesa la Iglesia vivió una situación de pobreza. Gabriel fue miembro de esta Iglesia perseguida. Las nuevas expresiones de Vida Consagrada, que nacieron en el periodo de la Restauración, optaron preferencialmente por poner solución a estas pobrezas de la Francia de la primera mitad del siglo XIX por medio de la instrucción primaria. El Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia fue una de esos Institutos Religiosos de Hermanos que respondió a las necesidades de la Iglesia y de la sociedad. Los Hermanos, a ejemplo del Hermano Gabriel, debemos dejar interpelarnos por las situaciones de miseria, optar preferencialmente por los pobres, ser miembros de la Iglesia de los pobres, denunciar las injusticias y comprometernos en la promoción de la justicia.

¿Se puso el Hermano Gabriel a favor de los últimos? ¿Se comprometió en suprimir las estructuras opresivas? ¿Promovió proyectos de solidaridad? ¿Animó actividades de voluntariado y organizaciones humanitarias? En el segundo capítulo hemos visto como el Hermano Gabriel estructuró el armazón congregacional que permitió a los Hermanos realizar acciones concretas de ayuda a los necesitados. La imitación de las virtudes que vivía la Sagrada Familia en Nazaret, ayudó a los Hermanos a hacerse uno con los pobres. El espíritu de familia ayudó a los Hermanos a asumir actitudes que les prepararon para suprimir estructuras opresivas. El Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia es el proyecto solidario y la organización humanitaria que el Hermano Gabriel fundó. Los Hermanos eran personas sencillas trabajan en el ambiente humilde de las pequeñas parroquias rurales ejerciendo fundamentalmente las funciones de maestro, catequista y sacristán. La opción educativa del Hermano Gabriel fue por las escuelas primarias rurales. La catequesis impartida por los Hermanos en las parroquias pobres del campo era de tipo popular. Este estilo de vida puede ayudar a los Hermanos de la Sagrada Familia del siglo XXI a preguntarse, en la reflexión sobre la nueva evangelización, sobre como llegar a los pobres, los enfermos, los jóvenes, los marginados; conforme al carisma fundacional.

¿Fue el Hermano Gabriel un "Hermano de los pobres" como Jesucristo? ¿Se encontraba a gusto con los pobres? ¿Se sintió cerca de ellos? ¿Compartió su situación? El capítulo 3 ha mostrado los diferentes rostros de los pobres con los que el Hermano Gabriel se sentía a gusto, cercano, hermano. Esta fue la gente necesitada con la que el Hermano Gabriel compartió su vida: los niños y niñas de Belleydoux, a los que sacó de la pobreza educativa y religiosa; los candidatos con pocos recursos económicos; los Hermanos legos, que por su pobre capacidad intelectual no pudieron dedicarse a enseñar; los Hermanos pobres y jubilados; los Hermanos pecadores, infieles a su vocación, expulsados o salidos de la Congregación, acusados injustamente; los familiares y sirvientes que estaban en situación de pobreza; los necesitados de oraciones; los pobres que mendigaban a su puerta; los enfermos y los presos. El testimonio del Hermano Gabriel ha de ser un acicate para los Hermanos, de modo que seamos capaces de anunciar apasionadamente Jesucristo a los pobres y de responder generosamente y con audacia a las nuevas pobrezas que nos rodean.

¿Sirvió realmente el Hermano Gabriel a los pobres? ¿Las obras apostólicas que emprendieron los Hermanos estaban al servicio de los pobres? El último capítulo responde a estas preguntas presentando el abanico de obras apostólicas de la Congregación al servicio de los pobres en tiempo del Fundador. El Hermano Gabriel fundó comunidades de Hermanos de la Sagrada Familia en los pueblos pequeños y pobres. El deseo de llegar al mayor número posible de niños necesitados le llevó a ser flexible en las condiciones de admisión y contratación. Los Hermanos dirigieron escuelas primarias públicas y gratuitas. A ellas acudían niños y jóvenes de las clases humildes, alumnos con necesidades educativas especiales y huérfanos. Los Hermanos combatieron la ignorancia religiosa por medio de la catequesis y las misiones. Este conjunto de realizaciones del pasado son motivo de inspiración para los Hermanos de hoy. Han de ayudarnos a poner en marcha nuevas formas de presencia en los frentes más avanzados de la pobreza, a abrirnos a la pobreza del Tercer Mundo, y a tender un puente de comprensión y de caridad entre los mundos primero y tercero.

Al final de esta memoria se puede afirmar que el Hermano Gabriel respondió a las necesidades de la Francia de la primera mitad del siglo XIX sirviendo a los pobres. El binomio: Hermano Gabriel – pobres, no puede entenderse como dos realidades contrapuestas que no tienen nada que ver la una con la otra, sino como una asociación fructífera e inspiradora para el presente binomio: Hermanos de la Sagrada Familia – pobres. Roguemos al Señor de la historia que así sea ahora y en el futuro. Amén.

 

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