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El
grupo de colaboradores está formado y tenemos un objetivo inmediato:
la redacción de un manual de espiritualidad del Instituto.
Enviamos en esta
comunicación, que es complementaria de la precedente:
1)
Algunos criterios
para la redacción del manual
2)
El ya conocido
esquema de base del que partimos ( que puede ser modificado).
3)
Lo que puede ser el
primer punto o introducción (en una redacción provisional). La
redacción aproximada y también provisional de algunos de los
primeros puntos (el texto en lengua española puede ser accesible a
casi todos los colaboradores)
Así pues,
el camino está abierto y cada uno está invitado a colaborar según
sus posibilidades: sugerencias, redacción de alguno de las partes o
de algún punto que le resulte más familiar, etc.
1)
ALGUNOS CRITERIOS PARA LA REDACCION DEL MANUAL
-
Un texto sintético,
pero completo; con bases sólidas, pero sin gran desarrollo
doctrinal.
-
Destinado tanto a
los Hermanos como a los Laicos
-
Que indique la
relación entre la espiritualidad cristiana y la propia del Instituto
-
Que invite al
crecimiento y maduración en los diversos aspectos de la vida
cristiana
-
Que sea respetuoso
con las fuentes y al mismo tiempo esté redactado en un leguaje
actual
-
Un texto que esté
abierto a otros textos de referencia: Sagrada Escritura, documentos
de la Iglesia y del
Instituto etc.
-
Cuantos más
intervengan en la elaboración, más rico será en matices, aunque
habrá que armonizarlos.
-
Que sea fruto no
sólo de la reflexión sino también de la oración y el discenimiento
bajo la guía del Espíritu
Santo.
2)
LA ESPIRITUALIDAD DEL INSTITUTO DE LOS HERMANOS DE LA SAGRADA
FAMILIA.
1.
Naturaleza .
- Una
espiritualidad consiste en vivir la vida cristiana bajo la acción
del Espíritu Santo con la tonalidad particular que comporta el don
recibido de él.
2. Fuentes
vivas.
-
La liturgia
(celebración de los sacramentos, oración)
o
Los sacramentos de
la vida cotidiana del cristiano (eucaristía-reconciliación)
-
La Palabra de Dios
o
Evangelios de la
infancia de Cristo
o
Algunos pasajes del
AT y el N.T.
-
La experiencia de
vida
o
La vida y el
mensaje del Hno Gabriel Taborin:
§
portador del don
§
ejemplo de vida:
animador
- La historia y
la vida actual del instituto
- La regla de
vida
- La
vida y las enseñanzas de la Iglesia
o
Algunas opciones y
temas: vida consagrada, laicos, pastoral de la educación,
catequesis, liturgia, familia, misionera, pobres,…
- El mundo y las
diversas culturas con sus valores y sus carencias
3.
Contenidos.
a. La imagen de
Dios: "comunidad de amor", "familia" (Trinidad)
b. El misterio de
Nazaret: Jesús, Maria y José como familia ("Bajo el humilde
techo... "):
c. L' existencia
cristiana inspirada en Nazaret
-
En. Nazaret se
oraba
o
dimensión de
transcendencia - fe
§
ser hijos/hijas
-
En Nazaret se
trabajaba
o
dimensión de
encarnación - esperanza
§
ser
hombres/mujeres
-
En Nazaret se
amaba
o
dimensión de
comunión - caridad
o
ser
hermanos/hermanas
d. Algunas
actitudes características: sencillez, humildad, unión, obediencia,
generosidad
4. Métodos.
- la vida
cotidiana en todas sus dimensiones guiada por el espíritu de
familia
- la lectura y
meditación de todo el evangelio a la luz del misterio de Nazaret
- la
interpretación y discernimiento de los signos de los tiempos con
ojos nazarenos
- la construcción
de la comunidad a través de la reunión comunitaria y el proyecto de
vida
- las actividades
de la misión (compartida entre religiosos, laico y sacerdotes) e
integradas en la iglesia local y en
la
sociedad (en los ámbitos de la educación cristiana, de la
catequesis, de la animación litúrgica) y con una
atención especial a los más necesitados.
- la formación
según el carisma del Instituto: guía de formación
5. Finalidad:
Responder
comunitariamente a la llamada a la santidad recibida en el bautismo
.
3) LA
ESPIRITUALIDAD DEL INSTITUTO DE LOS HERMANOS DE LA SAGRADA FAMILIA.
1.
Introducción: una espiritualidad.
La
espiritualidad es el cultivo de la vida espiritual. Se trata, ante
todo, de la experiencia de vida de una persona o de un grupo. Por
espiritualidad entendemos el principio unificador y dinamizador de
todas las dimensiones de la persona que le lleva a la plena
realización de sí misma, en comunión con los demás, y a la
transformación positiva de su entorno.
Hay diversas
maneras de entender la espiritualidad según las diversas
concepciones del hombre, del mundo, de la transcendencia... Toda
espiritualidad tiene una base humana. La espíritualidad cristiana es
la manera de vivir en la Iglesia, bajo la acción del Espíritu Santo,
una existencia que transparenta la vida de Jesucristo en su relación
al Padre, a los hombres y al mundo, en unas condiciones concretas.
Existen múltiples formas de vivir la
existencia cristiana en función de las características personales y
sociales, históricas y culturales. Entre la unidad de la vida
cristiana en sus rasgos esenciales y la ilimitada variedad de las
maneras individuales de encarnarla, se dan afinidades de grupos, de
momentos históricos, de estados de vida, etc. que permiten hablar de
espiritualidad ceistiana en plural. Sin embargo, sólo recientemente
se ha aplicado en la Iglesia el término de espiritualidad para
sesignar esa diversidad de formas.
La diversificación tiene su origen en el
evangelio y en la mutiplicidad de los carismas del Espíritu Santo.
En efecto, el único evangelio de Jesucristo
se nos ha transmitido ya en cuatro “evangelios” con caracteristicas
bien diferenciadas, no sólo en su estilo de narrar los
acontecimeintos de la vida de Jesús, sino en cuanto a las
comunidades de origen y de destino, los tetimonios y visiones que
ofrecen sobre el contenido del mensaje cristiano, etc. Por otra
parte el mismo evangelio ha sido vivido a lo largo de la historia
por personas y grupos de muy distintas formas abriendo caminos muy
variados para encarnar su inagotable riqueza.
San Pablo, que afirma con fuerza la unidad de
la salvación por la fe en Cristo, presenta en una misma expresión la
variedad de los dones del Espíritu: “Un solo Señor, una fe, un
bautismo, un dios y Padre de todos, que está sobre todos y en todos.
A cada uno de nosotros ha sido dada la gracia en la medida del don
de Cristo” Ef 4, 5-6). “Hay diversidad de dones, pero uno mismo es
el Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero uno mismo es el
Señor. Hay diversidad de operaciones, pero uno mismo es Dios, que
obra todas las cosas en todos. Y a cada uno se le otortga la
manifestación del Espíritu para común utilidad” (1Cor 12, 4). Tales
carismas, sobre todo los que fundan los ministerios, llevan consigo
una vocación que pide una modalidad peculiar de vivir el misterio
cristiano y de situarse en la comunidad cristiana.
La llamada a la santidad cristiana comporta
esa misma tensión entre la unidad y la pluriformidad en la vida
cristiana. “Una misma es la
santidad que cultivan en cualquier clase de vida y de profesión los
que son guiados por el Espíritu de Dios y, obedeciendo a la voz del
Padre, adorando a Dios y al Padre en espíritu y verdad, siguen a
Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, para merecer la
participación de su gloria. Según eso, cada uno según los propios
dones y las gracias recibidas, debe caminar sin vacilación por el
camino de la fe viva, que excita la esperanza y obra por la caridad”
(L. G. 41).
Así pues, una espiritualidad consiste
en vivir la vida cristiana bajo la acción del Espíritu Santo con la
tonalidad particular que comporta el don recibido de él.
Una espiritualidad puede presentarse en
diversos grados de elaboración. Está ante todo el nivel fundamental
que es el de la experiencia individual o colectiva. La
espiritualidad se vive y se expresa esponteamente bajo la acción del
Espíritu Santo sin ninguna pretensión de estructuración. Pero poco a
poco a lo largo de la historia de un grupo y refiriéndose siempre a
las experiencias originarias y fundantes, se elaboran criterios y
normas de vida, se perciben sintonías evangélicas y fundamentos
doctrinales de algunos de sus aspectos. Finalmente puede llegarse a
síntesis orgánicas y más elaboradas que orientan en el camino de la
vida cristiana hacia la santidad. En la Iglesia han surgido a lo
largo de la historia las llamadas “escuelas de espiritualidad” en
torno a figuras relevantes como San Francisco de Asís, San Juan de
la Cruz, la Francisco de Sales o San Alfonso de Ligorio. Puede
hablarse también de una escuela agustiniana, benedictina, ignaciana
etc. Una escuela de espiritualidad supone una fuerte personalidad
carismática en los orígenes, una larga y amplia continuidad en el
tiempo y una sistematización doctrinal bien fundamentada.
Muchos Institutos religiosos y algunos
movimientos eclesiales actuales han insertado su espiritualidad en
una de las escuelas o corrientes de espiritualidad existentes en la
Iglesia matizádola con un “espíritu propio”. Otros se han mantenido
más autónomos, intentando recabar de un punto focal (misterio de la
vida de Cristo, virtud cristiana, etc.) indicaciones
caracterizadoras de los diversos aspectos de la vida cristiana y
orientaciones para llegar a su plenitud, sin que por ello pueda
hablarse de verdaderas espiritualidades en el sentido estricto del
término. Este parece ser el caso del Instituto de los Hermanos de la
Sagrada Familia.
Inspirándose en la vida y los escritos del
Hno. Gabriel Taborin, y en continuidad con su historia, el Instituto
de los Hermanos de la Sagrada Familia, presenta a la Sagrada Familia
de Nazaret como inspiradora del estilo de vida de los Hermnos y de
las personas que desean compartir su espiritualidad y su misión: “La
vida de Jesús, María y José, como familia, será siempre su punto de
referencia.... Esta espiritualidad nazarena animará toda su vida”
(C. 7).
Los pasos más significativos en la
elaboración de la espiritualidad del Instituto han sido:
- La
experiencia de vida y de fraternidad del Hno. Gabriel y de los
primeros Hermanos.
- La
designación de la Sagrada Familia como patrona del Instituto
- La
redacción de la Regla de vida del Instituto con las motivaciones y
explicaciones sobre los diferentes aspectos de la vida de los
Hermanos.
- La
sintesis de la espiritualidad en el lema: “En Nazaret se oraba, se
trabajaba y se amaba” (Hno. Amadeo°)
- Las
explicaciones sobre el espíritu de familia y la espiritualidad dadas
por el Hno Esteban Baffert y otros Hermanos.
- Le
reformulación de la espiritualidad del Instituto en las
Constituciones y otros documentos después del Vaticano II
- La
perspectiva actual de compartir la espiritualidad y misión entre
Hermanos y laicos.
En el camino recorrido por el Instituto
pueden distinguirse tres etapas, sin que pueda establecerse una
sucesión que las limite con precisión en el tiempo ni en el
contenido. Puede hablarse de una fase “devocional” en la que el
elemento caracterizador, sin descartar los otros, era la invocación;
una fase “imitativa”, en la que se insitía sobre todo en el aspecto
moral y ascético de considerar a la Sagrada Familia como modelo; y
finalmente una fase en la que se intenta vivir una espiritualidad en
la que todos los aspectos de la vida queden impregnados por el
misterio de Nazareth.
En los últimos años una orientación
importante dada por la Iglesia a los institutos religiosos y asumida
por el nuestro, ha sido la de compartir la espiritualidad y la
misión con los laicos. Esto implica una reelaboración de la
espiritualidad de manera que pueda ser vivida no solo en la forma de
vida religiosa laical (puesto que se trata de un Instituto de vida
religiosa laical), sino también en la forma de vida laical secular
(en las diversas modalidades de la vida de los laicos).
Las expresiones y los textos en que se ha
plasmado la espiritualidad del Instituto reflejan la mentalidad y
formas de expresión utilizadas en la Iglesia a lo largo de los años,
por ello habrá que estar continuamente atentos para distinguir en lo
posible el contenido del mensaje y las formas de expresión.
2. Fuentes
vivas.
La espiritualidad del Instituto de los Hermanos de la
Sagrada Familia brota de las mismas fuentes que toda vida cristiana:
los Sacramentos, la Palabra de Dios, la Oración y la vida misma en
todas sus relaciones y manifestaciones. Nuestra espiritualidad pone
el acento sobre algunos de sus elementos contribuyendo así a crear
su originalidad y un dinamismo propio.
2.1 La
liturgia (los Sacramentos, la Palabra de Dios, la Oración) .
En la
liturgia, cumbre y fuente de la vida eclesial, la Iglesia celebra
principalmente el misterio pascual por el que Cristo realiza la obra
de la salvación. En ella se manifiesta también la genuina naturaleza
de la Iglesia, Cuerpo de Cristo y pueblo de Dios, llamado a ser
signo y vínculo de unidad para la humanidad y colaborador en la
construcción del Reino de Dios.
A lo largo
del año litúrgico se desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la
Encarnación y la Navidad hasta la Ascensión, Pentecostés y la
expectativa de la dichosa esperanza y venida del Señor.
“Celebran especialmente la victoria pascual de
Cristo, origen de su fraternidad. Igualmente, durante el tiempo de
Navidad, participan con alegría de la intimidad familiar de Jesús,
María y José. C. 136
La fuerte
sensibilidad litúrgica del Hno. Gabriel, su colaboración en las
celebraciones a lo largo de toda su vida, desde su condición laical,
inspiran la participación y acción en la liturgia de todos los que
comparten su carisma.
2.1.1 Los
sacramentos.
Parte esencial y preponderante de la
liturgia son los sacramentos. Su celebración marca la vida entera
del cristiano. “Los siete sacramentos corresponden a todas
las etapas y todos los momentos importantes de la vida del
cristiano: dan nacimiento y crecimiento, curación y misión a la vida
de fe de los cristianos. Hay aquí una cierta semejanza entre las
etapas de la vida natural y las etapas de la vida espiritual”. CIC
1210.
La
espiritualidad del Instituto lleva a vivir con mayor intensidad la
relación concreta de los Sacramentos con el misterio de la
Encarnación y la valoración de su inserción en la vida cotidiana del
cristiano.
2.1.2 La
Eucaristía.
La Eucaristía, sacramento de la presencia
de Cristo, es el corazón de toda comunidad. "La Eucaristía
significa y realiza la comunión de vida con Dios y la unidad del
Pueblo de Dios por las que la Iglesia es ella misma. En ella se
encuentra a la vez la cumbre de la acción por la que, en Cristo,
Dios santifica al mundo, y del culto que en el Espíritu Santo los
hombres dan a Cristo y por él al Padre. Finalmente, por la
celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y
anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos En
resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe:
"Nuestra manera de pensar armoniza con la Eucaristía, y a su vez la
Eucaristía confirma nuestra manera de pensar ". (CIC 1325-1327)
La
espiritualidad del Instituto subraya la relación entre los misterios
de La Eucaristía y de la Encarnación. Eucaristía prolonga a lo largo
de los siglos el misterio de Nazaret, superando los límites de
tiempo y de espacio y haciéndonoslo siempre presente y actual. La
entrada de Dios en la historia humana continúa realizándose mediante
la celebración de la Eucaristía y a través de ella acompaña a la
Iglesia y a la humanidad hasta el fin de los tiempos.
Los mismos
elementos materiales elegidos por el Señor, el pan y el vino, nos
dicen algo de la inmediatez, de la sencillez y humildad del misterio
de Nazaret. Son elementos que no faltan en la vida de cada día, sin
descartar por ello el sentido de fiesta. Lo mismo hay que decir de
los gestos, las posturas, las acciones litúrgicas de la celebración
eucarística, que pretenden ayudarnos a que nos reconozcamos como la
familia de los hijos de Dios reunida en torno a su mesa.
La Iglesia ha
empleado durante mucho tiempo, incluso en la liturgia, la expresión
“Dios escondido” tomada del profeta Isaías (“Es verdad: Tú eres un
Dios escondido, el Dios de Israel, el Salvador”, 45, 15)
aplicándola tanto al misterio de Nazaret como al misterio de la
Eucaristía. En el primero subraya la “vida escondida” de Jesús con
relación a su "vida pública” y también su condición humana respecto
al Verbo en la Trinidad. En la Eucaristía, pone de manifiesto el
contraste entre la apariencia de las especies sacramentales y la
realidad de la presencia de Cristo. En ambos casos se nos invita a
la humildad y sencillez de los pastores que acudieron a Belén y
supieron descubrir con fe y amor al Salvador del mundo con María y
José.
El Hno.
Amadeo dice que la fundación del Instituto se debe al amor del Hno.
Gabriel por la Eucaristía.
La finalidad
de la animación laical del Hno. Gabriel era conducir al pueblo de
Dios a la Eucaristía. Ya en la edad infantil, asumiendo el clima de
clandestinidad que suponían ciertas celebraciones en la época
revolucionaria, y luego pasando de los juegos a una verdadera
responsabilidad de animación cristiana en su parroquia natal,
podemos decir que el conjunto de sus actividades consistía en
reunir, preparar, catequizar a sus compañeros, e incluso a las
personas adultas, para facilitar su encuentro con el Señor, sobre
todo en la celebración eucarística.
En su
período de actividad itinerante, el Hno. Gabriel, mientras trató de
poner los cimientos de su Congregación, entre sus actividades
catequísticas tenía como especialidad la de preparar los niños a la
primera comunión y la animación de la asamblea litúrgica. En sus
libros dedicados a los alumnos de las escuelas de los Hermanos, en
los destinados a las familias e incluso en los dirigidos a los
Hermanos, nunca falta una parte con comentarios sobre el misterio
eucarístico, avisos y orientaciones, textos y cantos para promover
la participación en las celebraciones. Sabemos también cuánto
influyó su experiencia personal de preparar todo lo relacionado con
las celebraciones litúrgicas (limpieza y ornamentación de la
iglesia, preparación de las ceremonias) y de animación (catequesis
litúrgica, asistencia al celebrante, canto) en la definición de su
carisma y en la identidad de su Instituto. Fue precisamente ese
aspecto del carisma una de las razones que en varias ocasiones
impidió la fusión con algunas instituciones que compartían otros
aspectos de la misión como la educación cristiana y la catequesis.
Para los
Hermanos la celebración de la Eucaristía es el acto más expresivo de
su consagración religiosa y de su incorporación al misterio pascual
de Cristo. (C. 132). Esta centralidad de la Eucaristía en la vida
del cristiano y del religioso es puesta de manifiesto en las
orientaciones que la Iglesia da a los religiosos. Entre otras
muchas, elegimos estas palabras de Pablo VI: “Reunidas en el nombre
de Cristo, vuestras comunidades tienen como centro la Eucaristía,
sacramento del amor, signo de unidad, vínculo de caridad. Es, pues,
conveniente que ellas se encuentren visiblemente reunidas en torno
al altar , donde la presencia de la Sagrada Eucaristía expresa y
realiza a la vez lo que debe ser la principal misión de toda familia
religiosa, como también de toda asamblea cristiana”(Evangelica
Testificatio, 48).
Sin
olvidar la finalidad principal de conservar la Eucaristía para
llevarla a los enfermos y su relación con la celebración, la Iglesia
invita a los fieles a la adoración silenciosa ante ella (Cf.
Eucharisticum mysterium, 50) y lo hace de modo especial a las
personas consagradas. Es en esos momentos de diálogo personal con el
Señor en donde se aprende poco a poco la familiaridad con Él, y de
donde nace la fuerza para la verdadera acción apostólica y para la
construcción de la comunidad. (cf. La vida fraterna en comunidad
n. 12 y 14). Las Constituciones piden que cada día los Hermanos
participen en la celebración eucarística y hagan una visita al
Santísimo Sacramento (art. 131).
2.1.3 La
reconciliación.
“El
sacramento de la reconciliación actualiza la fiesta que el Padre de
familia celebra cuando sus hijos vuelven a El” (C. 133
“Por los sacramentos de la iniciación
cristiana, el hombre recibe la vida nueva de Cristo. Ahora bien,
esta vida la llevamos en "vasos de barro" (2 Co 4,7). Actualmente
está todavía "escondida con Cristo en Dios" (Col 3,3). Nos hallamos
aún en "nuestra morada terrena" (2 Co 5,1), sometida al sufrimiento,
a la enfermedad y a la muerte. Esta vida nueva de hijo de Dios puede
ser debilitada e incluso perdida por el pecado. La conversión a
Cristo, el nuevo nacimiento por el Bautismo, el don del Espíritu
Santo, el Cuerpo y la Sangre de Cristo recibidos como alimento nos
han hecho "santos e inmaculados ante él" (Ef 1,4), como la Iglesia
misma, esposa de Cristo, es "santa e inmaculada ante él" (Ef 5,27).
Sin embargo, la vida nueva recibida en la iniciación cristiana no
suprimió la fragilidad y la debilidad de la naturaleza humana, ni la
inclinación al pecado que la tradición llama concupiscencia, y que
permanece en los bautizados a fin de que sirva de prueba en ellos en
el combate de la vida cristiana ayudados por la gracia de Dios. Esta
lucha es la de la conversión con miras a la santidad y la vida
eterna a la que el Señor no cesa de llamarnos”. (CIC 1420)
“Los Hermanos tienen presente que perdonar a
los otros es condición para ser perdonados por Dios. Su esfuerzo de
conversión llega a ser encuentro más íntimo con Dios, reconciliación
fraterna, inserción más profunda en el Cuerpo de Cristo y llamada a
una superación continua. Para fortalecer su fraternidad organizan
celebraciones comunitarias de la penitencia” (C. 133)
2.1.4 La
Eucaristía y la Reconciliación, sacramentos de la vida cotidiana del
cristiano.
La Eucaristía y
la reconciliación son los sacramentos de la vida cotidiana del
cristiano. Desde el misterio de Nazaret, que tiene a valorizar los
gestos y las acciones de la vida ordinaria como lugares de encuentro
con el Dios escondido en la historia, la constante participación en
ambos sacramentos queda así valorizada.
“La Eucaristía
y la Reconciliación son los dos sacramentos de la cotidianidad
cristiana y ambos se reclaman mutuamente. La Eucaristía es
sacrificio de reconciliación y de alabanza, pero sólo se puede
acceder a él con un corazón reconciliado, es decir, después de
remover los obstáculos que se oponen a la comunión con el Padre y
con los hermanos. Para que la Eucaristía produzca todo su fruto de
vida, es necesario acoger la continua invitación del Señor a la
conversión. Por otra parte la Eucaristía nos remite constantemente
al sacramento de la reconciliación y a la penitencia. Desde la
plenitud de vida que se nos ofrece en la Eucaristía, tomamos una
mayor conciencia de nuestras limitaciones y pecados, de todo aquello
que en nuestra vida personal y comunitaria es discordante con el
sacramento que celebramos. De aquí nace el sentido del esfuerzo que
tiene el combate espiritual y ascético para caminar en renovada
fidelidad al Señor y a los hermanos”.
Hno. Teodoro
Berzal
Belley marzo
2008
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