Prólogo de las Constituciones

 

             Hermano, bendice a Dios
      que te ha dado la existencia
      y te ha llamado a la vida cristiana

      y a la vida consagrada en el Instituto

      de los Hermanos de la Sagrada Familia.
 

  *  Tu vocación es
      un don precioso para la Iglesia.

      Sea tu alegría el amor del Padre

       que ha mirado tu pequeñez

       y ha querido que participes
       en su plenitud de amor  trinitario

       por la imitación del hogar de Nazaret.
 

   * Hermano,
     ama a tu Congregación.

     Recuerda que
     en la humilde casa de Nazaret

     encontrarás la sabiduría
     que te guiará en la vida.

     En las dificultades
     no te separes de Jesús, María y José.

     Contémplalos como familia,  tu familia,
     ámalos y confía en ellos.
 

    * Que su humildad profunda,
       su sencillez,

      su confianza en el plan de Dios,
      su caridad llenen tu vida.
 

   * No busques notoriedad o distinción

      ni en la Iglesia ni en el mundo.

      Ama a cada uno de tus Hermanos

      y a cuantos ponga Dios en tu camino

       con sencillez, alegría y humildad.
 

  * Por tu consagración
     Cristo te ha hecho testigo

     del amor del Padre a los hombres.
 

  + En diálogo íntimo
      con Dios y con tus hermanos

      eres en el mundo
      germen de unidad entre los hombres,

      signo de la Iglesia
      que prolonga en el tiempo

      el misterio de la Salvación.
 

  * Hermano, la Iglesia peregrina
     se reconoce en ti

     y ve en tu donación una "prenda"

     de la presencia transformadora del Espíritu.

  * En tu amor consagrado
     por el voto de castidad
     la Iglesia descubre

     y sabe que vive la caridad cristiana

      que es amor total a Dios y a los hombres.
 

  * En tu pobreza consagrada por voto
     la Iglesia descubre

     y sabe que vive anticipadamente,
     en confiada certeza,

     el goce de los bienes futuros.
 

  * En tu obediencia consagrada por voto
     la Iglesia descubre

     y sabe que vive
     su adhesión a la voluntad salvadora del Padre

     que prolonga la misión de Cristo.

     De ahí que tu vida debe manifestar

     las características del amor salvífico de Dios

     que la iglesia lleva a todos los hombres.
 

  * Tú, Hermano,
     signo de la vida trinitaria y de la Iglesia,

     vives en comunidad.

      Así haces presente hoy
      la voluntad del Padre

      que quiere que formemos
      una sola familia en Jesús, su Hijo,

      animada por el espíritu de comunión.
 

  * Tu vida religiosa
     no es mera unión de personas

     sino comunión de espíritus.

     Tus Hermanos son un don del Padre:

      cuídalos, ámalos.

      También ellos te consideran a ti como don del Padre.
 

 

*  Ante el Padre eres responsable de tus hermanos;

      Que tu alegría sea su alegría.

       Comparte sus penas, su ideal y sus esfuerzos.

      No los induzcas al mal.

      Sé una presencia continua de paz en medio de ellos.

      Ábrete a ellos y ellos se abrirán a ti.

      En el crisol del diálogo

      los valores del pasado, del presente y del futuro

      adquieren un aspecto familiar y atrayente.
 

 

 

* El Hermano Gabriel permanece entre nosotros:

     te corresponde asegurar su presencia,
      realizar y transmitir su mensaje

      multiplicar sus discípulos

      por medio de tu vida de fe, esperanza y caridad,

      tu diálogo constante con Dios,
      tu paciencia en las pruebas,

      tu entrega total y desinteresada,
      tu devoción a Jesús, María y José.
 

  * Esfuérzate por alcanzar la plenitud humana que te permita

     ser veraz sin dureza, darte sin egoísmo,

     aceptarte y aceptar a tu Hermano como es.

     Entonces serás comprensivo con quien se equivoca

     y vivirás el amor que es don de sí, descubrimiento
     y respeto del otro,

     búsqueda de la verdad y de la unión.
 

  * Alcanza una madurez religiosa
     que fundamente tu vida en la verdad
     de unas motivaciones profundas y auténticas,

     que haga de Dios el centro de sus perspectivas,
     porque Dios ha de ser incondicionalmente

     el primero en ser servido y amado.
 

  * Esta doble madurez te hace hermanos de todos.

     Se hace para ti ternura y firmeza,
      cordura y entusiasmo.

  *  Que tu amor no admita exclusivismos:
      todos son hermanos tuyos

      Entrégales tu vida:

      con ellos sufres; con ellos caminas;
      con ellos amas.

      Ama mucho a los Hermanos
      que el Señor pone a tu lado.

      Piensa en ellos más que en ti.

                       

   * Vive prioritariamente esa disponibilidad
       con los más pequeños, los inexpertos,
      los débiles, los enfermos, los que sufren.

      Que sientan muy cercana tu presencia fraternal.

      Haz el bien a todos con tu riqueza humana y religiosa.

 

  * Hermano, comparte el carisma de tu Fundador

     por tu dinamismo apostólico.

     Vive de nuevo la experiencia del Hermano Gabriel

     mostrándote sensible a las necesidades
     de tu época y de tu Iglesia.
 

  * Como hermano y como amigo,
     educa y guía a los jóvenes

     con tu presencia permanente y cercana.

     Por la catequesis y las celebraciones litúrgicas,

     abre el camino que lleva al misterio de Dios

     y les inicia en su experiencia.

     Esfuérzate para que
      el hombre nuevo nazca en cada corazón,

     como lo hicieron María y José
     consagrando su vida a Jesús.
 

  * Que la liturgia,  tu respeto al clero, tu entrega al trabajo,

      manifiesten claramente tu fe.

      Que tu amabilidad hacia los fieles,

      tu servicio desinteresado,  tu piedad profunda,
      se ajusten al modelo

     que ofrece el joven Gabriel en Belleydoux.
 

  * Sé constante en tu elección de Dios;

     Aunque haya temores, peligros y apatías en tu vocación,

     que jamás se de en ella la cobardía.

     Sé sincero.

     Que no haya segundas intenciones
      en tu donación libre y total.

 

  * Lleva a cabo en ti una conversión permanente

     con la aceptación auténtica de la cruz

     sin la que no puede haber resurrección.

     La Cruz es parte integrante
     del plan redentor de Dios sobre ti.
     Vive hasta el fondo la muerte total.

      De este modo mostrarás tu resurrección

      por la paz, la alegría, la fraternidd.
 

  * Hermano, tu vida es una palabra, tu ser una oración.

     Que tu acción y tus palabras

     marchen en convergencia hacia el encuentro diario

     con Quien te ha escogido y amado.

     En el vivo encuentro de cada día
     déjate transformar por Cristo,          
     comida y bebida de tu existencia.

     No pongas ningún obstáculo.

  * Vive intensamente el deseo

      del encuentro esperado más allá del tiempo,

      aguardándole fielmente.
 

  * De este modo
     tu vida hará digno de crédito el amor de Dios.