Buena y Santa Pascua 2007  

        24 de noviembre de 2006

        Navidad 2006  

         

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PASCUA 2007

 


“Pedro y el otro discípulo salieron para el sepulcro. 
Pedro entró en el sepulcro y vio los lienzos por tierra.
Entonces entró también el otro discípulo,
el que había llegado primero, vio y creyó.
 Pues no habían entendido todavía la Escritura,
según la cual  era preciso que Él resucitase de entre los muertos.

(Jn 20, 3. 8. 9),  

 

 

 Queridos Hermanos  y

Miembros de las Fraternidades Nazarenas
 

   Cada año, en Pascua, la liturgia coloca el misterio del Cristo Resucitado en el corazón de nuestra vida. Y nosotros cantamos nuestra fe con alegres aleluya. Pero todos los relatos evangélicos que nos hablan del Resucitado tienen algo de misterioso que sólo la fe logra entrever.   

   Juan, elegido por la liturgia de Pascua de este año, nos recuerda su propia experiencia para llegar a creer en el Resucitado. Con Pedro, corre al sepulcro impulsado por  el incoercible amor hacia  el Maestro.  ¿Qué creen encontrar ambos en el sepulcro cuya piedra de entrada ha sido removida? ¿El robo del cuerpo del amado, como quiere hacer creer María Magdalena?  

    "Su Cristo" ha muerto y ha sido sepultado. De esto están seguros. Es necesario aceptar el hecho. Jesús no está ya en el sepulcro ni tampoco su cadáver: encuentran, en cambio, el sudario y las vendas, pequeños "signos", que Pedro, entrado el primero, reconoce  que habían pertenecido a Jesús muerto. Pero Él, Jesús, no está.    

   Aquellos pequeños "signos" bastan para despertar en el corazón de Juan el recuerdo de las palabras del Amado "después de tres días resucitaré”. La fe se hace certeza: cuando entró en el sepulcro "vio y creyó."  Ocurrió lo mismo al principio de su aventura con Jesús, cuando creyó aquellas palabras suyas, ahora más misteriosas: "venid y ved."   

   La resurrección de Cristo es una experiencia tan sorprendente e irresistible que también Pedro y Juan  han tenido que "esforzarse" para poder aceptarla y entenderla. Esperaban ver a un muerto, y perciben una nueva presencia, la del Resucitado, que supera cualquier experiencia hasta entonces vivida.   

    Juan, examinando aquellos pequeños "signos", intuye la verdad: "¡ved y creed!".

   La certeza le llega por haber creído en la Palabra de Jesús. La fe en el Resucitado nace de la fe en la Palabra: “Pues no habían entendido todavía la Escritura, según la cual  era preciso que Él resucitase de entre los muertos”. (Jn 20, 9). La certeza de que Jesús ha resucitado que pone el sello de la certeza sobre quién es y lo que nos dijo, hacen nacer en Juan también las intuiciones del amor, por ser "el discípulo que Jesús amaba". La sintonía de amor de lo interior, las señales humildes del exterior y  la memoria de su Palabra, engendran la certeza de su fe en el Resucitado.   

   En el momento histórico que estamos viviendo, también para nosotros el sepulcro de Cristo parece estar vacío. Sin embargo, para Juan, el descubrimiento del sepulcro vacío pone en movimiento a todos los personajes que creyeron en Él. Una vez en posesión de la experiencia del Resucitado, lo anuncia a pesar de la incredulidad de quien le  escucha.    

    También para nosotros hoy esto constituye un doble y continuo empeño: descubrir un sepulcro vacío y proclamar su resurrección. La experiencia del sepulcro vacío y la proclamación de su resurrección pueden convertirse en un programa de vida espiritual y apostólica para todo el Instituto. Pero exige, ante todo, correr al sepulcro con el amor de María y con la ansiedad apasionada de Pedro y Juan. 

    Estos son mis votos y deseo de Buena Pascua.   

    Que todos, Hermanos, miembros de las Fraternidades Nazarenas, amigos, redescubráis cada día más la fuerza y la verdadera libertad que la fe en el Resucitado nos da. 

    Que os dejéis sorprender de la presencia del Resucitado y lo acojáis con la fe, la esperanza y el amor del Hermano Gabriel Taborin, nuestro Fundador. 

 

¡BUENA Y SANTA PASCUA ¡

 

Fr. Lino Da Campo,  

Superior General  

 

2

 

      

 

"Entramos en el establo de Belén
y vemos a un Dios en un pesebre.
Su cuerpo siente frío,
pero su corazón arde de amor
por nuestra salvación.
Si llora es para lavar nuestras culpas…
También nosotros lloramos de ternura,
al ver a un Dios que tanto nos amó.
Como los pastores ofrezcámosle
nuestros corazones."
 

(Del "Tesoro de las Escuelas Cristianas"
o libro de lectura para los alumnos de los Hermanos de la Sagrada Familia)


En nombre propio y en el de todos los miembros de la Administración General los mejores deseos de 
      ¡una Feliz Navidad y
     un Próspero Año Nuevo 2007!

Hermano Lino Da Campo
Superior General

 
3

                                                                                    "… Qué hermosos son sobre los montes los pies del mensajero…
                                                                                                       que trae la buena nueva
". (Is 52, 7)
 

Queridos Hermanos y amigos: 

Como cada año, también en este mes de noviembre de 2006 os ofrezco una reflexión sobre un aspecto particular de la vida del Hermano Gabriel, nuestro padre Fundador. Me refiero al deseo que manifestó de ser “misionero ad gentes” en tierras lejanas.  

Me está sugerida al contemplar  lo que el Señor ha realizado y en estos momentos está realizando en nuestra Congregación: concretamente, la gracia de estar viviendo una destacada entrega en la evangelización y en la promoción del hombre; la capacidad y el coraje de  algunos Hermanos jóvenes, que dejando su tierra, su mundo con sus comodidades, les lleva a ir allá donde hay quien sufre, a menudo precisamente por el egoísmo de quienes podrían con un poco esfuerzo aliviar sus sufrimientos.   

Me permito recordar brevemente algunos acontecimientos muy significativos, sobre todo para una Congregación pequeña como la nuestra, para que, al mismo tiempo que damos gracias a Dios por la valentía y la generosidad de estos Hermanos, les acompañemos con la oración y el apoyo fraterno.   

El 27 de septiembre tres hermanos de la Provincia de  la Asunción (España), Fernando Cob, Saturnino Álvarez y Carlos Amor, llegaron a Bucaramanga, ciudad del Norte de Colombia, para fundar una nueva comunidad. Una comunidad deseosa de transmitir en aquellas tierras, no siempre en paz, la riqueza de nuestro carisma taboriniano y el don de su presencia hecha oración, atención a quien se encuentra en dificultad, sobre todo, a los más pequeños, a menudo víctimas de un sistema injusto.

No podemos olvidar el apoyo generoso en dinero de muchas personas  que, con el mismo espíritu que los Hermanos, quieren contribuir a una idéntica misión. 

Precisamente unos días antes, el 1° de octubre de 2006, se tuvo en Villa Brea el 4° Encuentro de los “Campistas SaFa", un simpático encuentro que ha vuelto a convocar a muchas personas jóvenes y menos jóvenes, que dedican parte de su tiempo y sus fuerzas para entablar fuertes relaciones de amistad y ayudar a vivir con esperanza su futuro. 

En esa ocasión se recordó, al ser presentado el libro biográfico de la escritora Cristina Siccardi, la vida y obra de un gran misionero, hijo espiritual del Hermano Gabriel Taborin, uno que ha interpretado con fuerza su sentido misionero. El Hermano Silvestro Pia, durante  46 años  transmitió en Burkina Faso  el carisma taboriniano con el testimonio de su vida, hecha sonrisa, atención, acogida del pobre, enseñanza a los jóvenes, sudor y sufrimiento. La presencia multitudinaria en  sus funerales fue, sin duda, la confirmación de que alguien les había querido de verdad y que por ellos, sobre todo por los más pobres y abandonados, fue capaz de gastar su vida.  

La última llamada "misionera" la estamos viviendo estos días  en la Curia General de Roma, donde un joven Hermano argentino, de 29 años, H. Miguel Del Corro, está pasando unos días entre nosotros antes de trasladarse a Filipinas, e integrarse en la Comunidad de Lasang  continuando así el camino misionero que nos trazó el Hermano Gabriel Taborin, como leemos en algunas de sus cartas al Obispo Mons. Joseph Cretin, con ocasión del el envío de cuatro Hermanos a su diócesis de  S. Paul de Minnesota  (EE.UU.).   

Releamos juntos algunos párrafos de su primera carta, escrita el 27 de febrero de 1854, de la que emana con evidencia y fuerza su gran deseo de ser misionero: 

 “…Qué dichoso me sentiría si alguno de nuestros Hermanos fuera a trabajar bajo su sabia dirección en la tierra del Padre de  familia que le ha tocado en suerte y llevar el buen olor de Jesucristo allende los mares. Si mi edad y los lazos indisolubles que me atan a la sede de nuestra Sociedad no fueran obstáculo, sería el primero en responder a su llamada pastoral, tan halagadora para nuestra Congregación que Dios bendice. Personalmente, deseo más el título de catequista en tierra de misiones que cualquier otro de dignidad humana.

Está por demás decirle, Monseñor. que estoy deseoso de enviarle un grupo de  catequistas y maestros, convencido de que, con el auxilio de la gracia divina y con sus consejos, harían mucho bien ".    

En la carta del 25/10/1854, expresa al Obispo sus esperanzas, sus deseos y su voluntad. Manifiesta su corazón de padre, preocupado por sus hijos: 

                        “Monseñor:

…Los cuatro Hermanos que os prometí salen hoy mismo de nuestra casa Madre rumbo a S. Pablo. Recíbalos, Monseñor, con su paternal bondad. Sin dejar de pertenecer a nuestra Sociedad, van a ser suyos.

La primera carta que tuve el honor de dirigir a Su Excelencia con fecha 27 de febrero pasado, le expuse las condiciones en las que le enviaba los Hermanos. Será usted, Monseñor, el encargado de proveer a sus necesidades en salud y enfermedad, a sus gastos de viaje en el caso de que, por cualquier motivo, tuvieran que volver.

Desearía ardientemente que, siguiendo nuestros Estatutos de los que los Hermanos le  entregarán un ejemplar, se abriera en su ciudad episcopal una casa noviciado del Instituto que daría Hermanos no sólo para su diócesis sino también para otras obras en América,

Podría también, Monseñor, abrir un pequeño pensionado que funcionase junto al noviciado. Proporcionaría algunos recursos económicos a la obra. En fin, Su Excelencia arreglará todo según su gran sabiduría y hará con nuestros Hermanos todo el bien que pueda, asignando a cada uno las funciones a las que deberán dedicarse. Espero sean todos hijos obedientes

Los Hermanos van a América con el deseo de hacer el bien. Aceptaron la misión con un fuerte espíritu de fe y han demostrado una gran generosidad de sacrificio al querer ir allende los mares, aunque les cuesta alejarse de sus padres, de sus Hermanos, y de su patria. Deseo que se acostumbren a la de Usted. Espero que Dios les dé las gracias necesarias y perseveren en su santa vocación. 

Le ruego, Monseñor, esté muy cerca de ellos para que las asechanzas del demonio o el deseo del dinero y otras cosas de este mundo, no hagan presa en ellos como por desgracia ha sucedido a sacerdotes y religiosos  de otras congregaciones. Rezo para que una tal desgracia no les suceda. Me causaría un gran dolor y preferiría, aunque mucho les quiero, verlos morir antes que enviarlos a su país, si supera que iban a cometer semejante apostasía”. 

            Nuestras Constituciones recogen esta herencia espiritual. Hay como un hilo ininterrumpido que va desde el Fundador a nuestros días, llevado adelante por muchos "Hermanos misioneros" que en lugares de "missio ad gentes" todavía levantan hoy la antorcha de la evangelización y el don del misterio de salvación que es Cristo (cf. Ef 3, 1-3.5-12.).    

            Estos Hermanos nuestros  nos recuerdan cada día que también nosotros tenemos que ser misioneros allí donde estemos y nos invitan a elevar la mirada hacia otros horizontes de evangelización, a los que el carisma del Hermano Gabriel puede ofrecer el don de la fraternidad, su concreto ideal nazareno y el anuncio explícito y fuerte del misterio de salvación que es Cristo y su Evangelio.   

            Hoy con alegría reconocemos que también muchos laicos, han entrado en este espíritu y su participación en nuestras misiones de Burkina y Ecuador lo confirman. La esperanza que tenemos y los votos que formulamos es de verlos pronto también como colaboradores en Filipinas, en la India y en Colombia.   

            Todos tenemos que reavivar cada día  nuestro empeño de "ser misioneros" donde estemos. Y podemos hacerlo con nuestra fraternidad, con nuestra palabra, anunciando la buena noticia de un mismo Padre que nos hace hermanos y nos recuerda que lo primero que debemos superar es nuestro egoísmo, el permanecer encerrados en nosotros mismos. Si queremos percibir el horizonte de su Reino tenemos que levantar la mirada a Dios más que a las fronteras de la tierra.  

            Con el Fundador vivimos la certeza evangélica que todo lo que hacemos a un hermano nuestro lo hacemos a Dios, y que por lo tanto también merece el sacrificio de la propia vida. 

                                                                            
Fr. Lino Da Campo 
                                                                               Superior General 
 


24 de noviembre de 2006:  
142° aniversario del nacimiento al cielo del Hermano Gabriel Taborin