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CAMPANERO DE MINAS
URUGUAY
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INTRODUCCIÓN
Los
Hermanos jóvenes del Instituto de los Hermanos
de la Sagrada Familia, nos hemos reunido en la
finca del Campanero (Minas, Uruguay), con el
objetivo de compartir nuestra vida, ver cómo
vivimos como Hermanos hoy y cómo ha de ser el
Hermano en el futuro.
Hemos compartido momentos de fraternidad a través
de la oración, el conocimiento mutuo,
expresiones culturales típicas, comidas,
charlas, deporte y juego. En todo ello hemos
experimentado de forma gozosa la vivencia del
espíritu de familia de Nazaret.
Hemos reflexionado sobre nuestra identidad,
nuestra vida de oración, nuestra vida
comunitaria y nuestra misión. Hemos compartido
nuestra diversidad de pensamientos y
sensibilidades, nos hemos enriquecido en el
diálogo y hemos encontrado algunas certezas,
desafíos e interrogantes comunes.
Hemos expuesto nuestra experiencia y nuestra
interioridad para poder juntos realizar una
búsqueda de las principales intuiciones que el
Espíritu Santo ha sembrado entre nosotros.
Queremos
comprometernos con lo descubierto en estos
días. Además queremos manifestar sobre todo a
vosotros Hermanos, miembros de las Fraternidades
Nazarenas, y también a vosotros laicos que
compartís nuestro carisma, sencillamente el
fruto de este momento de gracia, a fin de que
siga iluminando nuestro camino en clave
evangélica.
EXPERIENCIA DE DIOS
Certezas:
-
Creemos que Dios se ha hecho cercano,
accesible en Nazaret. Por lo tanto en la
sencillez y humildad de nuestra vida nosotros
haremos accesible
a
Dios.
-
Creemos que la experiencia de Dios del Hno.
Gabriel, especialmente su confianza y abandono a
Él, enriquece y sostiene nuestra experiencia de
Dios.
Desafíos:
-
Queremos mantener viva la conciencia de la
presencia de Dios en nuestra vida. Desde esta
experiencia queremos ser testigos.
-
Queremos que la experiencia de Dios se
comparta en comunidad.
- Queremos
que todos los Hermanos seamos accesibles,
cercanos, humanos, que escuchemos y acompañemos
y que vivamos el espíritu de
familia de Nazaret.
Preguntas:
-
Nos preguntamos cómo renovarnos
continuamente en una verdadera experiencia de
Dios.
- Nos
preguntamos cómo compartir entre los hermanos y
los demás la experiencia de Dios y la
espiritualidad.
ORACIÓN
Certezas:
-
Creemos que la oración eclesial,
comunitaria y personal es una dimensión esencial
y fundamental de nuestra vida religiosa.
-
Creemos que la oración es un espacio de encuentro
con Dios y con los hombres y de discernimiento
de la voluntad de Dios.
Desafíos:
-
Queremos encontrar un equilibrio entre
acción y contemplación. Para ello es necesario
conectar la oración y la vida: orar desde la
vida y llevar
nuestra
oración a la vida.
-
Queremos cultivar una espiritualidad apostólica
que apunta a la búsqueda de criterios
evangélicos que animen las decisiones concretas
de la
vida, las
actitudes y el modo de relacionarnos.
-
Queremos ser hombres de oración. Para ello
necesitamos cultivar la oración personal,
comunitaria y eclesial con fidelidad creativa
priorizando el
encuentro a
horarios, estructuras y cumplimientos.
Preguntas:
-
Nos
preguntamos cómo orar de forma creativa e
inculturada como Hermano de la Sagrada Familia.
FRATERNIDAD
Certezas:
-
Creemos
que la fraternidad hunde sus raíces en la
Trinidad. Es el Dios trinitario el que nos exige
aceptar la diversidad en la comunidad. Por lo
tanto la
fraternidad es un don: Dios nos llama a ser
fraternidad en la tierra.
-
Creemos que la fraternidad se construye con
el aporte personal de cada Hermano. Esto nos
pide negarnos a nosotros mismos, evitar los
prejuicios sobre los
Hermanos, conocernos a nosotros mismos para no
proyectar nuestros problemas y bloqueos,
querernos para querer a los
demás, y aceptar a los demás
como son.
Desafíos:
-
Queremos una vida de fraternidad que se base en la
transparencia de cada Hermano, que busca el
diálogo sincero y profundo y que nos ayuda a
asumir los
conflictos para poder superarlos.
-
Queremos una relación que nos ayude a crecer como
Hermanos desde la corrección fraterna, el
discernimiento comunitario, la acogida, los
detalles y la
alegría, sintiendo a Cristo como un Hermano y al
Hermano como si fuera Cristo.
-
Queremos que no se tenga miedo a que en
nuestras Comunidades haya expresiones más
afectivas y humanas. Que cada Hermano sea lo más
importante por
encima de estructuras y cumplimientos.
Preguntas:
-
Nos preguntamos cómo hacer que nuestra vida
comunitaria sea más VIDA, más fraterna y más
fecunda.
-
Nos preguntamos cómo realizar la corrección
fraterna que consideramos un elemento
importante.
MISIÓN
Certezas:
- Creemos
que Cristo confía la misión a la Comunidad. Por
lo tanto es la Comunidad quien evangeliza.
- Creemos
que nuestra misión tiene sentido si trabajamos
por el Reino de Dios y su justicia, poniendo a
Cristo en el centro y tomando las
opciones que Él
tomó.
-
Creemos que la vida apostólica ha de ser
expresión de la vida fraterna y de la oración
del Hermano.
Desafíos:
-
Queremos
que cada uno de los Hermanos nos sintamos
corresponsables con la misión de la Iglesia, del
Instituto y de la Comunidad. Para ello
vemos
esencial nuestra inserción en la Iglesia Local.
-
Queremos que todos los Hermanos nos
ocupemos comunitariamente de la Pastoral
Vocacional.
-
Queremos desarrollar todas las potencialidades de
nuestro carisma buscando nuevas posibilidades
que puedan abarcar el ámbito educativo,
catequético, y
litúrgico desde las necesidades de los hombres.
Apoyamos las nuevas presencias misioneras de
nuestro carisma en otros países.
-
Queremos discernir comunitariamente que
respuesta damos a las necesidades actuales de
los hombres.
Preguntas:
-
Nos
preguntamos cómo dar más cabida en nuestra
misión a los pobres.
-
Nos preguntamos como avanzar en el camino
de la misión compartida para superar el mero
trabajo compartido.
- Nos
preguntamos cómo acompañar, en las provincias
que tienen pocas vocaciones, la Pastoral
Vocacional.
CONCLUSIÓN
Agradecemos a Dios,
que es comunión de Personas, el que nos haya
reunido y hablado al corazón en estos días.
Agradecemos a la
Administración General que convocó,
impulsó y acompañó este Encuentro. Agradecemos a
la Provincia de San
José
(Uruguay) su disponibilidad para
acogernos y atendernos. Agradecemos a
todas las Provincias
su presencia y participación. Agradecemos en fin a
todos los que colaboraron
para que este Encuentro haya sido posible.
Queremos
invitar a cada comunidad y a cada Hermano a
acoger los frutos de este Encuentro para seguir
creciendo juntos. Continuemos alegres caminando
juntos, deteniéndonos en los pozos que calmen
nuestra sed (Jn 4) y atendiendo a los heridos
que yacen al borde del camino (Lc 10).
Que
Dios que se nos hizo cercano en Jesús, haga a
cada Hermano más cercano, humilde, alegre y
humano.
Que
Jesús, María y José bendigan nuestra
fraternidad, la acrecienten y nos iluminen
siempre con su sabiduría.
Unidos en
JMJ
Hermanos Jóvenes
Minas - Campanero
(Uruguay)
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PALABRAS DEL SUPERIOR GENERAL EN LA
CLAUSURA DEL ENCUENTRO
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A los Hermanos:
Paul Sawadogo,
Roberto Cabello
Alberto Redondo,
Carlos Raco,
Leocir Thomé,
Santiago Barrionuevo,
Mauro Romano.
Para su conocimiento, al Hno
Provincial .
Como os prometí,
os mando las palabras de clausura del Encuentro
del Campanero. Os las envío para mantener vivo
en el recuerdo el empeño asumido en aquellos
entrañables días de fraternidad.
Os las mando a
vosotros, como representantes de grupo, y a
vuestro Hermano Provincial, para que,
conjuntamente, veáis cómo podéis hacer llegar
este mensaje a los Hermanos jóvenes y a todas
las comunidades.
Por otra parte,
os pido que, pasado el tiempo de decantación, me
hagáis llegar aquellos recuerdos e impresiones
que permanecen en vuestro corazón, y así poder
mantener vivo el diálogo entre nosotros. Tales
recuerdos e impresiones serán publicados en el
Supplément o en el Entretien familial.
Además, os
recuerdo que, dado vuestro entusiasmo, os
comprometisteis a enviar a través de los
representantes del grupo de las Provincias,
informaciones, noticias, los resultados de
vuestros encuentros. Después de dos meses, ¿en
qué ha quedado ese empeño? En el caso de los
comunicados no olvidéis al Superior General que
ha querido estar a vuestro lado.
Otras iniciativas
las retomaremos a lo largo del año. Vuestras
sugerencias serán siempre útiles y bien
recibidas.
Gracias y
mantengámonos unidos en la casa de Nazaret.
Hno
Lino Da Campo, SG
1. Haciendo
MEMORIA:
El encuentro que estamos a punto de clausurar es
un acontecimiento de gracia. Estaba previsto
desde el principio de este sexenio, cuando la
Administración General, fiel a un deseo sincero
de “refundar” el servicio que se le confiaba, se
propuso un plan de acción para su mandato, y
creyó que la voz de los Hermanos jóvenes, el
futuro de la Congregación, no podía ni tenía que
faltar.
Este
encuentro ha sido una etapa importante y
significativa para el Instituto, como lo han
sido y serán: el nombramiento de las
Administraciones Provinciales (octubre de 2001);
el encuentro de los Provinciales con la
Administración General (octubre del 2002); los
Capítulos Provinciales (años 2002 y 2003); el
Encuentro Internacional de las Fraternidades
Nazarenas (julio de 2003); el nombramiento de
las Administraciones Provinciales (octubre de
2004); el encuentro de los Provinciales con la
Administración General (octubre de 2005); los
Capítulos provinciales antes del 36° CAPÍTULO
GENERAL (entre 2005-2007).
Será de suma importancia
que el Capítulo General del 2007, analice los
pasos de conversión que se han llevado a cabo y
el trabajo de refundación emprendido.
2. Qué significa
este Encuentro para el Instituto.
El Encuentro
ha pretendido ser un acto de fe y de confianza
en la presencia y obra del Espíritu Santo, que
habla a cada uno y a todas las edades, sobre
todo a los que en el futuro están llamados a
hacer vivir y poner en práctica el carisma.
El anhelo de
nuestro corazón es y ha sido siempre: "Oh
Espíritu Santo, sigue haciendo fecundo hoy el
carisma del Hermano Gabriel que hace más de 170
años suscitaste en la Iglesia."
Como ocurre
con todos los acontecimientos importantes que
tienen una preparación, también el nuestro la
tuvo. En ella se invitó a los Hermanos jóvenes a
dar una respuesta a algunos puntos fundamentales
de la vida del Hermano de la Sagrada Familia y a
transmitir su sentir, deseos y expectativas.
A nosotros
que hemos participado tan de cerca en la
preparación y desarrollo del Encuentro, ¿qué nos
dice hoy el Espíritu Santo, que tan sutilmente
se manifiesta que necesitamos el ojo y el oído
de la contemplación para poderlo percibir?
¿Qué nos está
pidiendo en nuestro comportamiento comunitario,
en nuestro trabajo, en el empleo de nuestro
tiempo, en las relaciones con nuestros Hermanos
y Superiores, y, sobre todo, en nuestra amistad
con Él?
¿Qué nos
surgiere para nuestros ratos de oración,
para los momentos de escucha, de diálogo, del
mutuo compartir, del descanso o del compromiso
apostólico?
Entre tantas
palabras que salieron de nuestra boca y las
imágenes que más llamaron nuestra atención,
busquemos lo que lleva la impronta del Espíritu,
un sello que reconoceremos a través de tres
criterios: el Evangelio, la Regla, la Comunidad.
Y al recordar nuestro encuentro hagamos de él
memoria.
3. Palabras de
vida.
En la oración
de la tarde del día 3 de enero de 2005, creo que
el Espíritu nos ofreció una luz de hondo calado
para nuestra fraternidad, uno de los temas
centrales de nuestro Encuentro.
Ante el altar
entregamos, por escrito, a Dios y a nuestros
Hermanos, algunas palabras nacidas de nuestra
propia experiencia de vida, unas palabras que
reflejaban nuestra esperanza y nos convoccban de
nuevo a un compromiso renovado y concreto.
Llegaban a
mis oídos como palabras llenas de vida. Al
terminar la oración las copié y os las ofrezco
ahora, como regalo del Espíritu, en orden
alfabético:
Acogida / Alegría / Alegría de
vivir como Hermanos / Apertura con humor /
Campanero / Cariño / Compartir / Compasión /
Conocernos / Construir juntos / Dejar entrar las
nuevas expresiones del vida, / El amor ha
vencido los límites y las diferencias /
Encuentro / Entrega / Espíritu de familia /
Familia / Felicidad / Fraternidad / Hermandad en
el diversidad / Hermanos / Hno. Gabriel /
Ilusión / Miedo a no ser consecuentes /
Multicultural / Nos / Obediencia / Paz /
Relaciones fraternas / Sencillez / Sintonía /
Unidad en el diversidad / Unión / Vida /
Algunas de estas palabras se repitieron, signo
de una resonancia particular en nuestro grupo.
Simplemente las recuerdo: alegría, entrega,
encuentro, ilusión…
Y en el
encuentro de la mañana del día 4 de enero, en el
momento de "pedidos y compromisos"
compartíamos nuestras esperanzas, anhelos y
empeños. Todavía sigo sorprendido por las
coincidencias sobre lo esencial y sobre algunos
sueños por los que merece la pena luchar. Uno
que es mayor que vosotros en años está aquí
porque ha sabido luchar por sus sueños de bien.
Ahora, es
importante que pidamos al Espíritu que nos ayude
en nuestro discernimiento y que nos dé la fuerza
necesaria para poner en práctica esos
buenos propósitos.
4. Nuestra
fraternidad: lo vivido estos días como
comunidad de vida.
En primer
lugar hemos tenido una experiencia viva de cómo
se puede convivir con nuestras limitaciones y
diferencias.
Un elemento a
destacar en este campo ha sido la necesidad no
tanto de "traducir" sino de "descodificar" las
palabras del mensaje que cada Hermano
transmitía.
Porque no se
trataba sólo de la traducción de una lengua a
otra, sino, sobre todo, de comprender la rica
profundidad de "lenguaje" que conllevan una
experiencia de vida, el lugar de donde el
Hermano viene, su mundo cultural, la aceptación
del otro, su cultura, su lengua y experiencia de
Dios.
En segundo
lugar hemos vido con gozo el inmenso don de ser
familia, una familia que vibra animada por el
mismo "espíritu de familia", una fraternidad que
se siente y respira mejor cuando conoce la
riqueza y la diversidad de los Hermanos que la
componen. Y cada uno ha podido ampliar y gozar
de un horizonte distinto del que estamos
acostumbrados.
La primera
experiencia concreta de inculturación la vivimos
en nuestras relaciones fraternas. En ellas hemos
podido constatar la vitalidad del carisma del
Instituto.
Si en la rica
variedad de nuestras relaciones vimos cómo se
puede manifestar el mismo espíritu de familia,
entonces podemos tener la certeza de que lo
mismo puede ocurrir con cualquier otro valor del
carisma. No hay dificultad de lengua, de
sensibilidad, que no puedan ser superadas para
constituir una fraternidad que nace del
Evangelio.
Si lográmos
mantener fuerte la experiencia vivida, tendremos
una palabra nueva que decir, siempre y en
cualquier lugar, porque encarnada en la
fraternidad, la podremos testimoniar por todas
partes.
Por
experiencia directa podemos testimoniar que es
posible vivir “como hermanos" más allá de
nuestras diferencias culturales, más aún, con la
alegría que da la diversidad.
Y entre
nosotros hemos compartido que la base del
diálogo entre culturas es posible y eficaz
cuando se empieza por un nivel de acogida
recíproca y vamos al encuentro del otro como si
fuese un hermano.
Y podemos
proclamar con fuerza que desaparece cualquier
temor cuando sentimos que el otro es mi hermano,
porque es hermano de Cristo.
Entonces la
fraternidad que tratamos de vivir, la sentiremos
como algo sagrado, por la presencia de los
Hermanos, de Cristo y del Espíritu: una familia
donde cada uno se revela como un don del mismo
Padre.
Testigos del
don recibido y experimentado, nos sentiremos
responsables de la construcción de una
fraternidad auténtica, dinámica, capaz de
amalgamar los distintas sensibilidades y
culturas, la diversidad de edades, conscientes
de que nadie nos es indiferente. Nos sentiremos
responsables para que allí donde vivimos, la
fraternidad sea una propuesta profética y no
escándalo, una invitación y no indiferencia o
rechazo.
5. Nuestra oración: lo vivido en estos días como
comunidad de oración.
En primer lugar, hemos vivido intensamente el "Ved:
qué dulzura, qué delicia convivir los hermanos
unidos”, en la casa del Padre, con su
Hermano Primogénito y animados por el mismo
Espíritu de Amor; una experiencia que el
autor del Salmo 133 trata de describir con
imágenes relacionadas con la liturgia y el medio
rural, vividas con gozo en un lugar como el
Campanero.
Hemos podido
gustar cómo en la oración podemos encontrar el
punto de convergencia y salida de todas las
relaciones que nuestro corazón puede desear y
nuestra mente imaginar y soñar
Pero, por
encima de todo, hemos podido gustar la
indescriptible belleza de ver con ojos de niño,
en los brazos del Padre en donde todo toma otra
dimensión.
La fidelidad
a los tiempos de oración nos ha recordado lo
importante que es Dios para cada uno de nosotros
y para nuestra comunidad de Hermanos, pero
también que para encontrarlo comunitariamente
debemos estar dispuestos dejar muchas otras
cosas. Los tiempos marcados para la oración nos
ha recordado el ritmo de una historia de
salvación que se construye día tras día con un
necesario encuentro, lo mismo que sucede con el
ritmo de los días, de las noches y de los
tiempos.
A veces
quisiéramos que el tiempo de oración se
prolongase, otras que se redujese. Lo que no
podemos dejar al albedrío del momento es el
encuentro comunitario de la oración con Dios,
porque la oración comunitaria, también y
siempre, es un encuentro entre Hermanos,
encuentro éste que necesita un mínimo de
organización para no caer o quedarse únicamente
en un nivel de sentimientos que van y vienen.
Nos hemos
recordado unos a otros, con los acentos propios
de las diferentes culturas, que en una comunidad
reunida en oración es donde mejor se manifiesta
la vida religiosa, que la oración es esencial
para nuestra vida de consagrados, y que sin
oración no hay comunidad religiosa.
Creo que
estamos convencidos de ello y que en nuestro
corazón hay auténtica hambre y sed de relación
con Dios. ¡La oración es nuestra respiración y
debe ser nuestra canción preferida por su
belleza!
Se ha hecho
notar, y el tiempo nos revela que es algo
fundamental, que no basta, obviamente, la
oración comunitaria, que necesitamos una fuerte
oración personal. Jesús nos invita a entrar a
solas con Dios en nuestra habitación e intimar
con El, para no perder poco a poco el gusto de
la oración comunitaria.
Y también
sabemos que cualquier lugar y momento son buenos
para la oración personal.
Es importante
mantenerse fieles a la oración personal y
comunitaria, y darle continuamente el sabor de
un amor que se renueva, que se fortalece, un
amor creativo. La creatividad aprovecha la
atmósfera del lugar donde uno vive. Es la que
podemos llamar "oración inculturata."
Pero nuestra
oración, siguiendo el ejemplo de nuestro
Fundador, tiene que saber sintonizar con la
oración universal de la Iglesia, una oración, de
ordinario, sobria, purificada de elementos no
esenciales.
6. Nuestro
apostolado: lo vivido estos días como comunidad
de apostolado.
Cuando en el encuentro de la tarde, cada grupo
trataba de exponer lo que se hace en la propia
Provincia religiosa, hemos descubierto que, en
todas partes, el Instituto está empeñado en
vivir, con fidelidad al carisma y creatividad,
el empeño por el Reino. En todas las Provincias
se manifiesta una verdadera pasión por Cristo y
por la humanidad en gestos concretos que van
desde la educación a las iniciativas
catequíticas y litúrgicas, en las que el Hermano
Gabriel se reconocería.
El Instituto,
en su conjunto, mantiene el carisma vivo y en su
plenitud. Cada Provincia participa, según las
posibilidades y opciones que ha hecho, en
la dimensión apostólica que le marca el carisma.
Habéis
manifestado el deseo que cada lugar (= cada
Provincia, cada Comunidad, cada Hermano?) pueda
expresar todas las posibilidades apostólicas del
carisma. Es importante tener siempre viva en el
corazón esta sensibilidad evangélica, que nos
mantiene en sintonía con el Fundador. Si alguno,
a vuestra edad, no sueña con un horizonte
amplio, probablemente está cortando las alas a
la pasión por Cristo y por los hermanos.
En cambio,
con nuestro Fundador y todos los Hermanos que
han vivido su carisma apostólico, sabemos lo
importante que es el ser enviado y estar apoyado
por la comunidad local, provincial y por el
Instituto.
Y aunque, a
veces, parezca que se está "mortificando" un
poco nuestro deseo de hacer el bien, tenemos que
recordar que el verdadero apóstol es sólo quien
es "enviado" en nombre de Cristo, por la
Iglesia, por el Instituto, por su Provincia y
por su Comunidad. Para nosotros es fundamental
tener presente que "es la comunidad" quien
evangeliza. La comunidad sabe que sólo si está
unida a Cristo, en su nombre y con su presencia,
continúa el mandato del Padre.
Un tema
importante es ciertamente el amor preferencial
por los pobres. Nos hemos dado cuenta que entre
nosotros las diferencias están más en el modo de
expresarnos que en nuestro compromiso y amor por
ellos.
Por otra
parte, no es difícil comprobar en cualquiera de
nuestras actividades respuestas concretas a las
nuevas pobrezas del hombre de hoy.
También en
este campo os invito a tener presente y hacer
referencia a la vida de Jesús a Nazaret con
María y José. Y una de las enseñanzas que
descubrimos es que ganaban el pan de cada día
con su trabajo. En esto todos, incluso los más
pobres, pueden mirar a cualquier Hermano de la
Sagrada Familia, porque, me atrevería decir, el
trabajo es la primera señal de nuestra pobreza
y nuestra cercanía a los pobres. .
Os invito,
además, a tener muy presente la verdadera y gran
pobreza con la que topamos en todas partes: la
de no conocer a Cristo ni su propuesta de vida:
la BUENA NOTICIA.
En el tiempo
en que vivió, el Hermano Gabriel buscó una
solución a las necesidades que le interpelaban y
la encontró en: formar "buenos ciudadanos y
buenos cristianos". Y fiel a esta consigna,
entregó su vida al hombre, en especial a la
parte más humilde, a los muchachos, como subrayó
con admiración Gregorio XVI al aprobar el
Instituto.
7. Cuál es
el punto fundamental.
Un Hermano
nuestro, con treinta años de apostolado entre
los musulmanes en Francia, me dijo que los
musulmanes recurrían a él porque, entre ellos se
decía: "Nos podemos fiar de él: es hombre de
oración, es un hombre de Dios! ".
Estos días hemos compartido de mil modos
distintos, -con palabras, cantos, gestos,
símbolos-, que ¡lo fundamental es nuestra
experiencia de Dios! De ahí parte todo lo demás.
Permitidme que os lo diga, como Hermano que ha
vivido algunos años más que vosotros: únicamente
si vivimos esta experiencia en la libertad del
corazón y de la mente, podremos ser testigos
transparentes y convincentes, entre nosotros y
con los demás.
Vuestra
experiencia de Dios, el amor que por Él tengáis,
y que derramaréis en las personas que os rodean
y sobre vosotros mismos, es la savia vital del
Instituto. Mientras esta savia circule, el
Instituto tendrá un futuro y seguirá haciendo el
bien.
8. Una familia
que se extiende por el mundo para el servicio
del Reino.
A veces lo
inmediato puede acortar nuestros intereses: que
si mi comunidad...que si mi provincia... que si
mi escuela... que si mi misión….
Nuestro
encuentro ha querido hacer entrever espacios más
amplios, los de una familia que supera el
reducido número de miembros de la comunidad
local, los muros de la casa, los confines de una
Provincia, para poder respirar las perspectivas
del Instituto. No ha habido demasiado tiempo
para poderlo experimentar, pero lo hemos podido
intuir.
Entre
nosotros se encuentra un Hermano que está
trabajando en India, en la promoción vocacional,
porque el carisma que nos anima, si no se
trasmite y es llevado adelante en el tiempo,
está destinado a desaparecer. Su experiencia nos
ha recordado a los Hermanos que trabajan en
Filipinas, México, Ecuador, Costa de Marfil…
todos, lugares donde el carisma del Instituto es
ofrecido a la iglesia local y no sin sacrificio.
La promoción
vocacional es la expresión más concreta del amor
a la "familia Instituto", para que pogrese allí
donde ya está presente y para ampliar su
presencia en la Iglesia universal. Estamos
convencidos que la vocación viene de Dios, pero
que siempre cuenta con la colaboración del
hombre. No sabemos por qué puede ser atraído un
joven en cuyo corazón resuena la llamada de
Dios, pero podemos pensar honestamente que un
joven sintoniza más fácilmente con el sentir de
otro joven. A vosotros, por lo tanto, os atañe
la importante preocupación de buscar y encontrar
quien os siga.
Cuando hemos
repetido que es necesario pensar en abrir nuevas
presencias, nosotros hemos querido que nuestro
corazón vibrase con el Fundador. También él
pensaba en la Iglesia universal aun viviendo
intensamente en Belleydoux o Belmont o Belley.
Pero para
poder ir a los lugares que amplían la presencia
del Instituto, tenemos que cultivar ya, allí
donde nos encontremos, aquellas calidades que
son patrimonio de un buen religioso, tenemos que
tener ya una gran disponibilidad y empeñarnos en
adquirir una buena preparación cultural, porque
lo improvisado no sirve. Sólo así se puede
contar con un Hermano.
9. Os pido:
Al dar por finalizado este encuentro os pido:
- Que mantengáis fuerte y
viva la fraternidad de Hermanos de la Sagrada
Familia;
- Que el amor a la
Sagrada Familia haga que en cada una de nuestras
comunidades brille su ejemplo de modo que sean
un nuevo hogar de Nazaret;
- Que el amor al Hermano
Gabriel Taborin nos lleve a sentirnos hijos
suyos y continuadores de su carisma;
- Que mantengáis viva
vuestra inteligencia, en el sentido fuerte de
saber leer dentro de uno mismo la propia vida
vida, y ver las necesidades a las que estamos
llamados a responder;
- Que hagáis de este
encuentro, acontecimiento de familia, un punto
de referencia para sentiros siempre sostenidos
por el deseo, empeñados y confiados que ”ser
Hermanos es bonito y posible."
- Que el agradecimiento
sea siempre en nosotros un sentimiento habitual,
el más importante, hacia Dios, hacia el
Fundador, hacia la Iglesia y el Instituto.
Gracias por haber venido con la disposición que
os han guiado y sostenido estos días.
Gracias por la experiencia de vida que hemos
compartido juntos.
Gracias a cuantos han contribuido a que hoy
estemos aquí, felices por encontranos juntos!
Hno Lino Da Campo
Superior General
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A
los Hermanos:
Paul Sawadogo,
Roberto Cabello,
Alberto Redondo,
Carlos Raco,
Leocir Thomé,
Santiago Barrionuevo,
Mauro Romano,
y para su conocimiento,
a los Hermanos Provinciales:
A comienzos del mes de marzo os envié las
palabras de clausura del "Encuentro de
jóvenes Hermanos". Para mantener vivos el
recuerdo y los compromisos asumidos en
aquellos hermosos días de fraternidad
vividos en el Campanero de Minas - Urugay,
os mando ahora algunas consideraciones bajo
el nombre de "peticiones y compromisos."
Transcurridos cinco meses, podemos releerlas
con atención y ver si siguen siendo
expresión de nuestro corazón enamorado de
Dios y de nuestra familia religiosa. Para
mí, aquellas observaciones, propuestas y
empeños mantienen toda
su vigencia. Y para
vosotros, ¿qué?
Como en el anterior envío, os las mando, en
especial, a vosotros, como representantes de
vuestro grupo, y a vuestro Provincial.
Desearía que fuera la ocasión para revivir
juntos vuestra pertenencia a la Provincia y
al Instituto y fortalecer vuestro entusiasmo
de Hermanos de la Sagrada Familia.
He recibido algunos recuerdos e impresiones.
No muchos, en verdad, pero suficientes para
entender que para algún Hermano el Encuentro
no fue un algo pasajero.
La reunión entre el Consejo General y los
Hermanos Provinciales del próximo mes de
octubre, será una buena ocasión para revivir
esos deseos, sugerencias, propuestas, y
también para comprobar si algunas promesas
han estado demasiado pronto arrinconadas.
Mantengámosnos unidos en la casa de Nazaret.
Fr. Lino Da
Campo, SG
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RECORDAR PARA
ENTENDER MEJOR Y COMPROMETERSE.
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La memoria es una de las más importantes
facultades para mantener viva la presencia.
Hace memoria quien desea dar sentido a su
presencia como base para un futuro
responsable. En la Eucaristía nosotros
"hacemos memoria de Cristo", nos insertamos
en su presencia salvífica y Él se hace
presente en nosotros como salvador. "Hacer
memoria" de algunos momentos particulares de
nuestra experiencia de fraternidad es
redescubrir el vigor y la ilusión por el
presente y por el futuro.
Por esto rezo, para que "haciendo memoria"
del Encuentro del Campanero, nuestra
fraternidad crezca en estímulo y ayuda.
En la mañana del día 4 de enero de 2005,
aprobado, y ya en posesión del menaje que
nos llevábamos como consigna, en dos grupos
distintos, vosotros, jóvenes Hermanos, en el
salón de las asambleas, y, nosotros,
miembros de la Administración, delante del
lago y con los ojos puestos en los momentos
de nuestro Encuentro, en la sala que fue
testigo de los desos de crecer en
fraternidad con perspectivas de futuro, en
la capilla para la oracíon, en el comedor
para el compartir y en las cabañas para el
descanso, nos recogimos en oración y
reflexionamos.
Cada grupo tuvo que contestar a dos
preguntas.
- Nosotros, miembros de la Administración
General, nos planteamos qué pedimos y
qué ofrecemos a los jóvenes Hermanos.
- Y vosotros, jóvenes Hermanos, os
preguntasteis lo que pedís y estáis
dispuestos a ofrecer al Instituto.
No se trataba de redactar un "contrato" en
vistas a una pacífica convivencia. Se
trataba de intensificar un profundo y
consciente deseo de revitabilizar los
criterios que hagan más fuertes nuestras
relaciones fraternas en nuestro Instituto,
empezando por nosotros mismos.
Es difícil poner por escrito todas las
repercusiones espirituales, psicológicas y
existenciales que pueden suscitar en
nosotros las expresiones que los
participasntes del Encuentro escribieron y
que encontraréis a continuación.
Sería mejor dejarse llevar por su desnuda
precariedad, para que, cada vez que
las retomemos en una reflexión u oración
personal, o las elijamos para un encuentro
comunitario, estas "palabras" provoquen en
nosotros el recuerdo del "porqué" las hemos
escrito y "con qué fin".
En Consejo General las hemos releído,
meditado y comentado. Y seguiremos
haciéndolo de modo que se hagan criterio
para la vida. Os pedimos que, también
vosotros, queridos Hermanos jóvenes, hagáis
lo mismo.
Fr. Lino Da
Campo, S.G.
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Lo que pide la
Administración General a los Hermanos
jóvenes del Instituto:
ü
Permanezcan en actitud de
escucha.
ü
Manténganse jóvenes todo el
tiempo posible.
ü
No tengan miedo, corran el
riesgo que el Espíritu les pida.
ü
Profundicen y compartan su
experiencia de Dios.
ü
Piensen más en lo que pueden
aportar a la fraternidad y a la vida
comunitaria, que en lo que la comunidad les
pueda dar.
ü
Siéntanse responsables de
llamar a los jóvenes a ser Hermanos.
Lo que se
compromete a realizar la Administración
General:
ü
Estamos dispuestos a
continuar escuchando.
ü
Mantener abierto el diálogo,
como crisol del encuentro.
ü
Favorecer las aportaciones
misioneras “ad gentes” en nombre del
Instituto.
ü
Profundizar la reflexión
acerca del tema de la opción por los pobres,
a partir de la realidad de cada lugar.
Lo
que piden los Hermanos jóvenes
a la Administración General:
ü
Que se escuche más a los HH.
jóvenes, no solo en un encuentro.
ü
Acentuar más la formación
para la misión.
ü
Que los Hermanos jóvenes
tengamos participación en la Administración
Provincial (Consejo Provincial).
ü
Enriquecimiento de los HH.
con intercambios puntuales entre Provincias
para actividades puntuales u otros
periodos
(un año o más).
ü
Repetir el encuentro.
Posibilidad de ser en Belley (con visita a
España).
ü
Como buenos padres, que se
nos exija más, dando oportunidades de
formación.
ü
Que apoyen la expansión del
Instituto.
ü
Mayor apertura a lo nuevo.
ü
Que responda a las
necesidades de nuestro entorno.
ü
Encuentros por continentes o
lugares cercanos.
ü
Que el espíritu que les ha
guiado para organizar este encuentro sea el
mismo que les siga guiando. Y se dejen
conducir.
ü
Desarrollar la solidaridad
entre provincias y obras.
ü
Apertura a la diversidad de
culturas.
ü
Mayor compromiso con los
pobres.
ü
Poder disponer los Hermanos
de espacios y medios de expresión y que se
confíe en nosotros.
ü
Si queremos vivir el
encuentro, pueden surgir conflictos en las
comunidades; pedimos que la Administración
nos apoye
para poder hacerlo.
ü
Que se cumplan las visitas
canónicas.
ü
Que nos ayude a vivir más
pobremente.
ü
Que se dejen modificar,
transformar, tocar por las demandas y
sensibilidades que aportamos. Creemos que
puede ayudar
a evitar dos riesgos en
los que se puede caer desde el servicio de
la autoridad: la tendencia a asegurar y
conservar en
lugar de promover vida y
el tratar de adaptar lo novedoso a los
esquemas institucionales y, así, anular la
novedad.
Lo
que se comprometen a hacer los Hermanos
jóvenes:
ü
Vivir más la presencia de
Dios.
ü
No tener miedo a los retos y
dificultades.
ü
Estar disponibles a las
necesidades del Instituto. Entrega generosa.
ü
Buscar caminos de diálogo con
los Hermanos mayores.
ü
Buscar caminos de diálogo
entre la cultura de los jóvenes y la vida de
Hermano.
ü
Testimoniar que Dios me amó,
me ama y me sigue amando.
ü
Asumir la formación:
espacios, momentos...
ü
Vivir la fraternidad en casa
para después salir a la misión.
ü
Vivir las conclusiones del
encuentro. Ser los primeros en dar ejemplo
en las comunidades.
ü
Trabajar para merecernos la
confianza de la Administración General.
ü
Creatividad y disponibilidad.
ü
Vivir sin miedo en la
comunidad en clave de lo dicho aquí.
ü
Posibilitar que lo que la
inculturación produce en una persona
pueda suceder en la comunidad.
ü
Atender y alentar la
diversidad.
ü
Construir la comunión en el
Instituto desde nuestras distintas culturas
y sensibilidades.
ü
Vivir la exigencia de la
pobreza evangélica.
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