CAMPANERO DE MINAS 
URUGUAY
 

CRECIENDO JUNTOS

 INTRODUCCIÓN 

     Los Hermanos jóvenes del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Familia, nos hemos reunido en la finca del Campanero (Minas, Uruguay), con el objetivo de compartir nuestra vida, ver cómo vivimos como Hermanos hoy y cómo ha de ser el Hermano en el futuro. 
     Hemos compartido momentos de fraternidad a través de la oración, el conocimiento mutuo, expresiones culturales típicas, comidas, charlas, deporte y juego. En todo ello hemos experimentado de forma gozosa la vivencia del espíritu de familia de Nazaret. 
     Hemos reflexionado sobre nuestra identidad, nuestra vida de oración, nuestra vida comunitaria y nuestra misión. Hemos compartido nuestra diversidad de pensamientos y sensibilidades, nos hemos enriquecido en el diálogo y hemos encontrado algunas certezas, desafíos e interrogantes comunes. 
     Hemos expuesto nuestra experiencia y nuestra interioridad para poder juntos realizar una búsqueda de las principales intuiciones que el Espíritu Santo ha sembrado entre nosotros. 
     Queremos comprometernos con lo descubierto en estos días. Además queremos manifestar sobre todo a vosotros Hermanos, miembros de las Fraternidades Nazarenas,  y también a vosotros laicos que compartís nuestro carisma, sencillamente el fruto de este momento de gracia, a fin de que siga iluminando nuestro camino en clave evangélica.  

EXPERIENCIA DE DIOS 

Certezas:
  - Creemos que Dios se ha hecho cercano, accesible en Nazaret. Por lo tanto en la sencillez y humildad de nuestra vida nosotros haremos accesible
     a Dios.
  - Creemos que la experiencia de Dios del Hno. Gabriel, especialmente su confianza y abandono a Él, enriquece y sostiene nuestra experiencia de
     Dios.

 Desafíos:
  -  Queremos mantener viva la conciencia de la presencia de Dios en nuestra vida. Desde esta experiencia queremos ser testigos.
  -  Queremos que la experiencia de Dios se comparta en comunidad.
  - Queremos que todos los Hermanos seamos accesibles, cercanos, humanos, que escuchemos y acompañemos y que vivamos el espíritu de
    familia de Nazaret.

Preguntas:
  - Nos preguntamos cómo renovarnos continuamente en una verdadera experiencia de Dios.
  - Nos preguntamos cómo compartir entre los hermanos y los demás la experiencia de Dios y la espiritualidad.

 ORACIÓN

 Certezas:
  -  Creemos que la oración eclesial, comunitaria y personal es una dimensión esencial y fundamental de nuestra vida religiosa.
  - Creemos que la oración es un espacio de encuentro con Dios y con los hombres y de discernimiento de la voluntad de Dios.

 Desafíos:
  -  Queremos encontrar un equilibrio entre acción y contemplación. Para ello es necesario conectar la oración y la vida: orar desde la vida y llevar
      nuestra oración a la vida.
  - Queremos cultivar una espiritualidad apostólica que apunta a la búsqueda de criterios evangélicos que animen las decisiones concretas de la
     vida, las actitudes y el modo de relacionarnos.
  - Queremos ser hombres de oración. Para ello necesitamos cultivar la oración personal, comunitaria y eclesial con fidelidad creativa priorizando el
     encuentro a  horarios, estructuras y cumplimientos.

 Preguntas:
  - Nos preguntamos cómo orar de forma creativa e inculturada como Hermano de la Sagrada Familia.

 FRATERNIDAD

 Certezas:
  -  Creemos que la fraternidad hunde sus raíces en la Trinidad. Es el Dios trinitario el que nos exige aceptar la diversidad en la comunidad. Por lo
    tanto la fraternidad es un don: Dios nos llama a ser fraternidad en la tierra.
- Creemos que la fraternidad se construye con el aporte personal de cada Hermano. Esto nos pide negarnos a nosotros mismos, evitar los
     prejuicios sobre los Hermanos, conocernos a nosotros mismos para no proyectar nuestros problemas y bloqueos, querernos para querer a los
     demás, y aceptar a los demás como son.

 Desafíos:
  - Queremos una vida de fraternidad que se base en la transparencia de cada Hermano, que busca el diálogo sincero y profundo y que nos ayuda a
     asumir los conflictos para poder superarlos.
  - Queremos una relación que nos ayude a crecer como Hermanos desde la corrección fraterna, el discernimiento comunitario, la acogida, los
     detalles y la alegría, sintiendo a Cristo como un Hermano y al Hermano como si fuera Cristo.
  - Queremos que no se tenga miedo a que en nuestras Comunidades haya expresiones más afectivas y humanas. Que cada Hermano sea lo más
     importante por encima de estructuras y cumplimientos.

 Preguntas:
  - Nos preguntamos cómo hacer que nuestra vida comunitaria sea más VIDA, más fraterna y más fecunda.
  -  Nos preguntamos cómo realizar la corrección fraterna que consideramos un elemento importante.

 MISIÓN

 Certezas:
  - Creemos que Cristo confía la misión a la Comunidad. Por lo tanto es la Comunidad quien evangeliza.
  - Creemos que nuestra misión tiene sentido si trabajamos por el Reino de Dios y su justicia, poniendo a Cristo en el centro y tomando las
     opciones que Él tomó.
  -  Creemos que la vida apostólica ha de ser expresión de la vida fraterna y de la oración del Hermano.

 Desafíos:
  -  Queremos que cada uno de los Hermanos nos sintamos corresponsables con la misión de la Iglesia, del Instituto y de la Comunidad. Para ello
     vemos esencial nuestra inserción en la Iglesia Local.
  -  Queremos que todos los Hermanos nos ocupemos comunitariamente de la Pastoral Vocacional.
  -  Queremos desarrollar todas las potencialidades de nuestro carisma buscando nuevas posibilidades que puedan abarcar el ámbito educativo,
     catequético, y litúrgico desde las necesidades de los hombres. Apoyamos las nuevas presencias misioneras de nuestro carisma en otros países.
  - Queremos discernir comunitariamente que respuesta damos a las necesidades actuales de los hombres.

 Preguntas:
  - Nos preguntamos cómo dar más cabida en nuestra misión a los pobres.
  -  Nos preguntamos como avanzar en el camino de la misión compartida para superar el mero trabajo compartido.
  - Nos preguntamos cómo acompañar, en las provincias que tienen pocas vocaciones, la Pastoral Vocacional.

 CONCLUSIÓN

  
Agradecemos a Dios, que es comunión de Personas, el que nos haya reunido y hablado al corazón en estos días. Agradecemos a la Administración General que convocó, impulsó y acompañó este Encuentro. Agradecemos a la Provincia de San José (Uruguay) su disponibilidad para acogernos y atendernos. Agradecemos a todas las Provincias su presencia y participación. Agradecemos en fin a todos los que colaboraron para que este Encuentro haya sido posible.    
 
    
Queremos invitar a cada comunidad y a cada Hermano a acoger los frutos de este Encuentro para seguir creciendo juntos. Continuemos alegres caminando juntos, deteniéndonos en los pozos que calmen nuestra sed (Jn 4) y atendiendo a los heridos que yacen al borde del camino (Lc 10). 

      Que Dios que se nos hizo cercano en Jesús, haga a cada Hermano más cercano, humilde, alegre y humano.
      Que Jesús, María y José bendigan nuestra fraternidad, la acrecienten y nos iluminen siempre con su sabiduría. 

Unidos en JMJ 

    Hermanos Jóvenes

Minas - Campanero  (Uruguay)
 

 

PALABRAS DEL SUPERIOR GENERAL EN LA CLAUSURA DEL ENCUENTRO

A los Hermanos:
Paul Sawadogo,
Roberto Cabello
Alberto Redondo,
Carlos Raco,
Leocir Thomé,
Santiago Barrionuevo,
Mauro Romano
.
Para su conocimiento, al Hno Provincial .

Como os prometí, os mando las palabras de clausura del Encuentro del Campanero. Os las envío para mantener vivo en el recuerdo el empeño asumido en aquellos entrañables días de fraternidad.

Os las mando a vosotros, como representantes de grupo, y a vuestro Hermano Provincial, para que, conjuntamente, veáis cómo podéis hacer llegar este mensaje a los Hermanos jóvenes y a todas las comunidades.

Por otra parte, os pido que, pasado el tiempo de decantación, me hagáis llegar aquellos recuerdos e impresiones que permanecen en vuestro corazón, y así poder mantener vivo el diálogo entre nosotros. Tales recuerdos e impresiones serán publicados en el Supplément o en el Entretien familial.

Además, os recuerdo que, dado vuestro entusiasmo, os comprometisteis a enviar a través de los representantes del grupo de las Provincias, informaciones, noticias, los resultados de vuestros encuentros. Después de dos meses, ¿en qué ha quedado ese empeño? En el caso de los comunicados no olvidéis al Superior General que ha querido estar a vuestro lado.

Otras iniciativas las retomaremos a lo largo del año. Vuestras sugerencias serán siempre útiles y bien recibidas.

Gracias y mantengámonos unidos en la casa de Nazaret.

 Hno Lino Da Campo, SG

 

1. Haciendo MEMORIA: 
            El encuentro que estamos a punto de clausurar es un acontecimiento de gracia. Estaba previsto desde el principio de este sexenio, cuando la Administración General, fiel a un deseo sincero de “refundar” el servicio que se le confiaba, se propuso un plan de acción para su mandato, y creyó que la voz de los Hermanos jóvenes, el futuro de la Congregación, no podía ni tenía que faltar. 
            Este encuentro ha sido una etapa importante y significativa para el Instituto, como lo han sido y serán: el nombramiento de las Administraciones Provinciales (octubre de 2001); el encuentro de los Provinciales con la Administración General (octubre del 2002); los Capítulos Provinciales (años 2002 y 2003); el Encuentro Internacional de las Fraternidades Nazarenas (julio de 2003); el nombramiento de las Administraciones Provinciales (octubre de 2004); el encuentro de los Provinciales con la Administración General (octubre de 2005); los Capítulos provinciales antes del 36° CAPÍTULO GENERAL (entre 2005-2007). 
          Será de suma importancia que el Capítulo General del 2007, analice los pasos de conversión que se han llevado a cabo y el trabajo de refundación emprendido. 


2. Qué significa este Encuentro para el Instituto.  
            El Encuentro ha pretendido ser un acto de fe y de confianza en la presencia y obra del Espíritu Santo, que habla a cada uno y a todas las edades, sobre todo a los que en el futuro están llamados a hacer vivir y poner en práctica el carisma. 
            El anhelo de nuestro corazón es y ha sido siempre: "Oh Espíritu Santo, sigue haciendo fecundo hoy el carisma del Hermano Gabriel que hace más de 170 años suscitaste en la Iglesia." 
            Como ocurre con todos los acontecimientos importantes que tienen una preparación, también el nuestro la tuvo. En ella se invitó a los Hermanos jóvenes a dar una respuesta a algunos puntos fundamentales de la vida del Hermano de la Sagrada Familia y a transmitir su sentir, deseos y expectativas.  
            A nosotros que hemos participado tan de cerca en la preparación y desarrollo del Encuentro, ¿qué nos dice hoy el Espíritu Santo, que tan sutilmente se manifiesta que necesitamos el ojo y el oído de la contemplación para poderlo percibir?
            ¿Qué nos está pidiendo en nuestro comportamiento comunitario, en nuestro trabajo, en el empleo de nuestro tiempo, en las relaciones con nuestros Hermanos y Superiores, y, sobre todo, en nuestra amistad con Él? 
            ¿Qué nos surgiere para  nuestros ratos de oración, para los momentos de escucha, de diálogo, del mutuo compartir, del descanso o del compromiso apostólico? 
            Entre tantas palabras que salieron de nuestra boca y las imágenes que más llamaron nuestra atención, busquemos lo que lleva la impronta del Espíritu, un sello que reconoceremos a través de tres criterios: el Evangelio, la Regla, la Comunidad. Y al recordar nuestro encuentro hagamos de él memoria.  


3. Palabras de vida. 
            En la oración de la tarde del día 3 de enero de 2005, creo que el Espíritu nos ofreció una luz de hondo calado para nuestra fraternidad, uno de los temas centrales de nuestro Encuentro.  
            Ante el altar entregamos, por escrito, a Dios y a nuestros Hermanos, algunas palabras nacidas de nuestra propia experiencia de vida, unas palabras que reflejaban nuestra esperanza y nos convoccban de nuevo a un compromiso renovado y concreto.  
            Llegaban a mis oídos como palabras llenas de vida. Al terminar la oración las copié y os las ofrezco ahora, como regalo del Espíritu, en orden alfabético:   

Acogida / Alegría / Alegría de vivir como Hermanos / Apertura con humor / Campanero / Cariño / Compartir / Compasión / Conocernos / Construir juntos / Dejar entrar las nuevas expresiones del vida, / El amor ha vencido los límites y las diferencias / Encuentro / Entrega / Espíritu de familia / Familia / Felicidad / Fraternidad / Hermandad en el diversidad / Hermanos / Hno. Gabriel / Ilusión / Miedo a no ser consecuentes / Multicultural / Nos / Obediencia / Paz / Relaciones fraternas / Sencillez / Sintonía / Unidad en el diversidad / Unión / Vida /   

            Algunas de estas palabras se repitieron, signo de una resonancia particular en nuestro grupo. Simplemente las recuerdo: alegría, entrega, encuentro, ilusión… 
            Y en el encuentro de la mañana del día 4 de enero, en el momento de "pedidos y compromisos" compartíamos nuestras esperanzas, anhelos y empeños. Todavía sigo sorprendido por las coincidencias sobre lo esencial y sobre algunos sueños por los que merece la pena luchar. Uno que es mayor que vosotros en años está aquí porque ha sabido luchar por sus sueños de bien. 
            Ahora, es importante que pidamos al Espíritu que nos ayude en nuestro discernimiento y que nos dé la fuerza necesaria para poner  en práctica esos  buenos propósitos. 


4. Nuestra fraternidad: lo vivido  estos días como comunidad de vida. 
            En primer lugar hemos tenido una experiencia viva de cómo se puede convivir con nuestras limitaciones y  diferencias.  
            Un elemento a destacar en este campo ha sido la necesidad no tanto de "traducir" sino de "descodificar" las palabras del mensaje que cada Hermano transmitía. 
            Porque no se trataba sólo de la traducción de una lengua a otra, sino, sobre todo, de comprender la rica profundidad de "lenguaje" que conllevan una experiencia de vida, el lugar de donde el Hermano viene, su mundo cultural, la aceptación del otro, su cultura, su lengua y experiencia de Dios.  
            En segundo lugar hemos vido con gozo el inmenso don de ser familia, una familia que vibra animada por el mismo "espíritu de familia", una fraternidad que se siente y respira mejor cuando conoce la riqueza y la diversidad de los Hermanos que la componen. Y cada uno ha podido ampliar y gozar de un horizonte distinto del que estamos acostumbrados. 
            La primera experiencia concreta de inculturación la vivimos en nuestras relaciones fraternas. En ellas hemos podido constatar la vitalidad del carisma del Instituto.  
            Si en la rica variedad de nuestras relaciones vimos cómo se puede manifestar el mismo espíritu de familia, entonces podemos tener la certeza de que lo mismo puede ocurrir con cualquier otro valor del carisma. No hay dificultad de lengua, de sensibilidad, que no puedan ser superadas para constituir una fraternidad que nace del Evangelio.  
            Si lográmos mantener fuerte la experiencia vivida, tendremos una palabra nueva que decir, siempre y en cualquier lugar, porque encarnada en la fraternidad, la podremos testimoniar por todas partes. 
            Por experiencia directa podemos testimoniar que es posible vivir “como hermanos" más allá de nuestras diferencias culturales, más aún, con la alegría que da la diversidad.  
            Y entre nosotros hemos compartido que la base del diálogo entre culturas es posible y eficaz cuando se empieza por un nivel de acogida recíproca y vamos al encuentro del otro como si fuese un hermano. 
            Y podemos proclamar con fuerza que desaparece cualquier temor cuando sentimos que el otro es mi hermano, porque es hermano de Cristo. 
            Entonces la fraternidad que tratamos de vivir, la sentiremos como algo sagrado, por la presencia de los Hermanos, de Cristo y del Espíritu: una familia donde cada uno se revela como un don del mismo Padre. 
            Testigos del don recibido y experimentado, nos sentiremos responsables de la construcción de una fraternidad auténtica, dinámica, capaz de amalgamar los distintas sensibilidades y culturas, la diversidad de edades, conscientes de que nadie nos es indiferente. Nos sentiremos  responsables para que allí donde vivimos, la fraternidad sea una propuesta profética y no escándalo, una invitación y no indiferencia o rechazo.  


5. Nuestra oración: lo vivido en estos días como comunidad de oración. 

            En primer lugar, hemos vivido intensamente el "Ved: qué dulzura, qué delicia convivir los hermanos unidos”, en la casa del Padre, con su Hermano Primogénito y animados por el mismo Espíritu de Amor;  una experiencia que el autor del Salmo 133 trata de describir con imágenes relacionadas con la liturgia y el medio rural, vividas con gozo en un lugar como el Campanero.
            Hemos podido gustar cómo en la oración podemos encontrar el punto de convergencia y salida de todas las relaciones que nuestro corazón puede desear y nuestra mente imaginar y soñar
            Pero, por encima de todo, hemos podido gustar la indescriptible belleza de ver con ojos de niño, en  los brazos del Padre en donde todo toma otra dimensión
[1].   
            La fidelidad a los tiempos de oración nos ha recordado lo importante que es Dios para cada uno de nosotros y para nuestra comunidad de Hermanos, pero también que para encontrarlo comunitariamente debemos estar dispuestos dejar muchas otras cosas. Los tiempos marcados para la oración nos ha recordado el ritmo de una historia de salvación que se construye día tras día con un necesario encuentro, lo mismo que sucede con el ritmo de los días, de las noches y de los tiempos. 
            A veces quisiéramos que el tiempo de oración se prolongase, otras que se redujese. Lo que no podemos dejar al albedrío del momento es el encuentro comunitario de la oración con Dios, porque la oración comunitaria, también y siempre, es un encuentro entre Hermanos, encuentro éste que necesita un mínimo de organización para no caer o quedarse únicamente en un nivel de sentimientos que van y vienen.  
            Nos hemos recordado unos a otros, con los acentos propios de las diferentes culturas, que en una comunidad reunida en oración es donde mejor se manifiesta la vida religiosa, que la oración es esencial para nuestra vida de consagrados, y que sin oración no hay comunidad religiosa.  
            Creo que estamos convencidos de ello y que en nuestro corazón hay auténtica hambre y sed de relación con Dios. ¡La oración es nuestra respiración y debe ser nuestra canción preferida por su belleza!  
            Se ha hecho notar, y el tiempo nos revela que es algo fundamental, que no basta, obviamente, la oración comunitaria, que necesitamos una fuerte oración personal. Jesús nos invita a entrar a solas con Dios en nuestra habitación e intimar con El, para no perder poco a poco el gusto de la oración comunitaria.  
            Y también sabemos que cualquier lugar y momento son buenos para la oración personal.
            Es importante mantenerse fieles a la oración personal y comunitaria, y darle continuamente el sabor de un amor que se renueva, que se fortalece, un amor creativo. La creatividad aprovecha la atmósfera del lugar donde uno vive. Es la que podemos llamar "oración inculturata."  
            Pero nuestra oración, siguiendo el ejemplo de nuestro Fundador, tiene que saber sintonizar con la oración universal de la Iglesia, una oración, de ordinario, sobria, purificada de elementos no esenciales. 


6. Nuestro apostolado: lo vivido estos días como comunidad de apostolado. 
            Cuando en el encuentro de la tarde, cada grupo trataba de exponer lo que se hace en la propia Provincia religiosa, hemos descubierto que, en todas partes, el Instituto está empeñado en vivir, con fidelidad al carisma y creatividad, el empeño por el Reino. En todas las Provincias se manifiesta una verdadera pasión por Cristo y por la humanidad en gestos concretos que van desde la educación a las iniciativas catequíticas y litúrgicas, en las que el Hermano Gabriel se reconocería.  
            El Instituto, en su conjunto, mantiene el carisma vivo y en su plenitud. Cada Provincia participa, según las posibilidades y opciones que ha hecho,  en la dimensión apostólica que le marca el carisma.
            Habéis manifestado el deseo que cada lugar (= cada Provincia, cada Comunidad, cada Hermano?) pueda expresar todas las posibilidades apostólicas del carisma. Es importante tener siempre viva en el corazón esta sensibilidad evangélica, que nos mantiene en sintonía con el Fundador. Si alguno, a vuestra edad, no sueña con un horizonte amplio, probablemente está cortando las alas a la pasión por Cristo y por los hermanos. 
            En cambio, con nuestro Fundador y todos los Hermanos que han vivido su carisma apostólico, sabemos lo importante que es el ser enviado y estar apoyado por la comunidad local, provincial y por el Instituto. 
            Y aunque, a veces, parezca que se está "mortificando" un poco nuestro deseo de hacer el bien, tenemos que recordar que el verdadero apóstol es sólo quien es "enviado" en nombre de Cristo, por la Iglesia, por el Instituto, por su Provincia y por su Comunidad. Para nosotros es fundamental tener presente que "es la comunidad" quien evangeliza. La comunidad sabe que sólo si está unida a Cristo, en su nombre y con su presencia, continúa el mandato del Padre.  
            Un tema importante es ciertamente el amor preferencial por los pobres. Nos hemos dado cuenta que entre nosotros las diferencias están más en el modo de expresarnos que en nuestro compromiso y amor por ellos.  
            Por otra parte, no es difícil comprobar en cualquiera de nuestras actividades respuestas concretas a las nuevas pobrezas del hombre de hoy.  
            También en este campo os invito a tener presente y hacer referencia a la vida de Jesús a Nazaret con María y José. Y una de las enseñanzas que descubrimos es que ganaban el pan de cada día con su trabajo. En esto todos, incluso los más pobres, pueden mirar a cualquier Hermano de la Sagrada Familia, porque, me atrevería decir, el trabajo es  la primera señal de nuestra pobreza y nuestra cercanía a los pobres.  .
            Os invito, además, a tener muy presente la verdadera y gran pobreza con la que topamos en todas partes: la de no conocer a Cristo ni su propuesta de vida: la BUENA NOTICIA.  
            En el tiempo en que vivió, el Hermano Gabriel buscó una solución a las necesidades que le interpelaban y la encontró en: formar "buenos ciudadanos y buenos cristianos". Y fiel a esta consigna, entregó su vida al hombre, en especial a la parte más humilde, a los muchachos, como subrayó con admiración Gregorio XVI al aprobar el Instituto.  


7. Cuál es el punto fundamental. 
            Un Hermano nuestro, con treinta años de apostolado entre los musulmanes en Francia, me dijo que los musulmanes recurrían a él porque, entre ellos se decía: "Nos podemos fiar de él: es hombre de oración, es un hombre de Dios! ".  
            Estos días hemos compartido de mil modos distintos, -con palabras, cantos, gestos, símbolos-, que  ¡lo fundamental es nuestra experiencia de Dios! De ahí parte todo lo demás. Permitidme que os lo diga, como Hermano que ha vivido algunos años más que vosotros: únicamente si vivimos esta experiencia en la libertad del corazón y de la mente, podremos ser testigos transparentes y convincentes, entre nosotros y con los demás.  
            Vuestra experiencia de Dios, el amor que por Él tengáis, y que derramaréis en las personas que os rodean y sobre vosotros mismos, es la savia vital del Instituto. Mientras  esta savia circule, el Instituto tendrá un futuro y seguirá haciendo el bien.  

8. Una familia que se extiende por el mundo para el servicio del Reino. 
            A veces lo inmediato puede acortar nuestros intereses: que si mi comunidad...que si mi provincia... que si mi escuela... que si mi misión….  
            Nuestro encuentro ha querido hacer entrever espacios más amplios, los de una familia que supera el reducido número de miembros de la comunidad local, los muros de la casa, los confines de una Provincia,  para poder respirar las perspectivas del Instituto. No ha habido demasiado tiempo para poderlo experimentar, pero lo hemos podido intuir.   
            Entre nosotros se encuentra un Hermano que está trabajando en India, en la promoción vocacional, porque el carisma que nos anima, si no se trasmite y es llevado adelante en el tiempo, está destinado a desaparecer. Su experiencia nos ha recordado a los Hermanos que trabajan en Filipinas, México, Ecuador, Costa de Marfil… todos, lugares donde el carisma del Instituto es ofrecido a la iglesia local y no sin sacrificio. 
            La promoción vocacional es la expresión más concreta del amor a la "familia Instituto", para que pogrese allí donde ya está presente y para ampliar su presencia en la Iglesia universal. Estamos convencidos que la vocación viene de Dios, pero que siempre cuenta con la colaboración del hombre. No sabemos por qué puede ser atraído un joven en cuyo corazón resuena la llamada de Dios, pero podemos pensar honestamente que un joven sintoniza más fácilmente con el sentir de otro joven. A vosotros, por lo tanto, os atañe la importante preocupación de buscar y encontrar quien os siga. 
            Cuando hemos repetido que es necesario pensar en abrir nuevas presencias, nosotros hemos querido que nuestro corazón vibrase con el Fundador. También él pensaba en la Iglesia universal aun viviendo intensamente en Belleydoux o Belmont o Belley. 
            Pero para poder ir a los lugares que amplían la presencia del Instituto, tenemos que cultivar ya, allí donde nos encontremos, aquellas calidades que son patrimonio de un buen religioso, tenemos que tener ya una gran disponibilidad y empeñarnos en adquirir una buena preparación cultural, porque lo improvisado no sirve. Sólo así se puede contar con un Hermano.  

9. Os pido: 
            Al dar por finalizado este encuentro os pido: 

- Que mantengáis fuerte y viva la fraternidad de Hermanos de la Sagrada Familia;
- Que el amor a la Sagrada Familia haga que en cada una de nuestras comunidades brille su ejemplo de modo que sean un nuevo hogar de Nazaret; 
- Que el amor al Hermano Gabriel Taborin nos lleve a sentirnos hijos suyos y continuadores de su carisma; 
- Que mantengáis viva vuestra inteligencia, en el sentido fuerte de saber leer dentro de uno mismo la propia vida vida, y ver las necesidades a las que estamos llamados a responder; 
- Que hagáis de este encuentro, acontecimiento de familia, un punto de referencia para sentiros siempre sostenidos por el deseo, empeñados y confiados que ”ser Hermanos es bonito y posible." 
- Que el agradecimiento sea siempre en nosotros un sentimiento habitual, el más importante, hacia Dios, hacia el Fundador, hacia la Iglesia y el Instituto. 

      Gracias por  haber venido con la disposición que os han guiado y sostenido estos días. 
     Gracias por la experiencia de vida que hemos compartido juntos. 
     Gracias a cuantos han contribuido a que hoy estemos aquí, felices por encontranos juntos! 

Hno Lino Da Campo
Superior General
 

 

CINCO MESES DESPUÉS

A los Hermanos:
Paul Sawadogo,
Roberto Cabello,
Alberto Redondo,
Carlos Raco,
Leocir Thomé,
Santiago Barrionuevo,
Mauro Romano,   

y para su conocimiento,
a los Hermanos Provinciales: 

              A comienzos del mes de marzo os envié las palabras de clausura del "Encuentro de jóvenes Hermanos". Para mantener vivos el recuerdo y los compromisos asumidos en aquellos hermosos días de fraternidad vividos en el Campanero de Minas - Urugay, os mando ahora algunas consideraciones bajo el nombre de "peticiones y compromisos."   

            Transcurridos cinco meses, podemos releerlas con atención y ver si siguen siendo expresión de nuestro corazón enamorado de Dios y de nuestra familia religiosa. Para mí, aquellas observaciones, propuestas y empeños mantienen toda su vigencia. Y para vosotros, ¿qué?   

            Como en el anterior envío, os las mando, en especial, a vosotros, como representantes de vuestro grupo, y a vuestro Provincial. Desearía que fuera la ocasión para revivir juntos vuestra pertenencia a la Provincia y al Instituto y fortalecer vuestro entusiasmo de Hermanos de la Sagrada Familia.   

            He recibido algunos recuerdos e impresiones. No muchos, en verdad, pero suficientes para entender que para algún Hermano el Encuentro no fue un algo pasajero.   

            La reunión entre el Consejo General y los Hermanos Provinciales del próximo mes de octubre, será una buena ocasión para revivir esos deseos, sugerencias, propuestas, y también para comprobar si algunas promesas han estado demasiado pronto arrinconadas.    

            Mantengámosnos unidos en la casa de Nazaret.   

    Fr. Lino Da Campo, SG 
 

RECORDAR PARA ENTENDER MEJOR Y COMPROMETERSE. 

            La memoria es una de las más importantes facultades para mantener viva la presencia. Hace memoria quien desea dar sentido a su presencia como base para un futuro responsable. En la Eucaristía nosotros "hacemos memoria de Cristo", nos insertamos en su presencia salvífica y Él se hace presente en nosotros como salvador. "Hacer memoria" de algunos momentos particulares de nuestra experiencia de fraternidad es redescubrir el vigor y la ilusión por el presente y por el futuro.   

            Por esto rezo, para que "haciendo memoria" del Encuentro del Campanero, nuestra fraternidad crezca en estímulo y ayuda.   

            En la mañana del día 4 de enero de 2005, aprobado, y ya en posesión del menaje que nos llevábamos como consigna, en dos grupos distintos, vosotros, jóvenes Hermanos, en el salón de las asambleas, y,  nosotros, miembros de la Administración, delante del lago y con los ojos puestos en los momentos de nuestro Encuentro, en la sala que fue testigo de los desos de crecer en fraternidad con perspectivas de futuro, en la capilla para la oracíon, en el comedor para el compartir y en las cabañas para el descanso, nos recogimos en oración y reflexionamos.   

            Cada grupo tuvo que contestar a dos preguntas. 
- Nosotros, miembros de la Administración General, nos planteamos qué pedimos y  qué ofrecemos a los jóvenes Hermanos. 
- Y vosotros, jóvenes Hermanos, os preguntasteis lo que pedís y estáis dispuestos a ofrecer al Instituto.   

            No se trataba de redactar un "contrato" en vistas a una pacífica convivencia. Se trataba de intensificar un profundo y consciente deseo de revitabilizar los criterios que hagan más fuertes nuestras relaciones fraternas en nuestro Instituto, empezando por nosotros mismos.    

            Es difícil poner por escrito todas las repercusiones espirituales, psicológicas y existenciales que pueden suscitar en nosotros las expresiones que los participasntes del Encuentro escribieron y que encontraréis a continuación.    

            Sería mejor dejarse llevar por su desnuda precariedad,  para que, cada vez que las retomemos en una reflexión u oración personal, o las elijamos para un encuentro comunitario, estas "palabras" provoquen en nosotros el recuerdo del "porqué" las hemos escrito y "con qué fin".     

            En Consejo General las hemos releído, meditado y comentado. Y seguiremos haciéndolo de modo que se hagan criterio para la vida. Os pedimos que, también vosotros, queridos Hermanos jóvenes, hagáis lo mismo.   

    Fr. Lino Da Campo, S.G.  
 


Lo que pide la Administración General a los Hermanos jóvenes del Instituto: 

ü      Permanezcan en actitud de escucha.
ü
     
Manténganse jóvenes todo el tiempo posible.
ü
     
No tengan miedo, corran el riesgo que el Espíritu les pida.
ü
     
Profundicen y compartan su experiencia de Dios.
ü
     
Piensen más en lo que pueden aportar a la fraternidad y a la vida comunitaria, que en lo que la comunidad les pueda dar.
ü
     
Siéntanse responsables de llamar a los jóvenes a ser Hermanos. 

Lo que se compromete a realizar la Administración General: 

ü      Estamos dispuestos a continuar escuchando.
ü
     
Mantener abierto el diálogo, como crisol del encuentro.
ü
     
Favorecer las aportaciones misioneras “ad gentes” en nombre del Instituto.
ü
     
Profundizar la reflexión acerca del tema de la opción por los pobres, a partir de la realidad de cada lugar.

 Lo que piden los Hermanos jóvenes a la Administración General: 

ü      Que se escuche más a los HH. jóvenes, no solo en un encuentro.
ü
     
Acentuar más la formación para la misión.
ü
     
Que los Hermanos jóvenes tengamos participación en la Administración Provincial (Consejo Provincial).
ü
     
Enriquecimiento de los HH. con intercambios puntuales entre Provincias para actividades  puntuales u otros periodos
          (un año o más).

ü
     
Repetir el encuentro. Posibilidad de ser en Belley (con visita a España).
ü
     
Como buenos padres, que se nos exija más, dando oportunidades de formación.
ü
     
Que apoyen la expansión del Instituto.
ü
     
Mayor apertura a lo nuevo.
ü
     
Que responda a las necesidades de nuestro entorno.
ü
     
Encuentros por continentes o lugares cercanos.
ü
     
Que el espíritu que les ha guiado para organizar este encuentro sea el mismo que les siga guiando. Y se dejen conducir.
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Desarrollar la solidaridad entre provincias y obras.
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Apertura a la diversidad de culturas.
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Mayor compromiso con los pobres.
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Poder disponer los Hermanos de espacios y medios de expresión y que se confíe en nosotros.
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Si queremos vivir el encuentro, pueden surgir conflictos en las comunidades; pedimos que la Administración nos apoye
          para poder hacerlo.

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Que se cumplan las visitas canónicas.
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Que nos ayude a vivir más pobremente.
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Que se dejen modificar, transformar, tocar por las demandas y sensibilidades que aportamos. Creemos que puede ayudar
          a evitar dos riesgos en los que se puede caer desde el servicio de la autoridad: la tendencia a asegurar y conservar en
          lugar de promover vida y el tratar de adaptar lo novedoso a los esquemas institucionales y, así, anular la novedad.

 Lo que se comprometen a hacer los Hermanos jóvenes:

ü      Vivir más la presencia de Dios.
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No tener miedo a los retos y dificultades.
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Estar disponibles a las necesidades del Instituto. Entrega generosa.
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Buscar caminos de diálogo con los Hermanos mayores.
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Buscar caminos de diálogo entre la cultura de los jóvenes y la vida de Hermano.
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Testimoniar que Dios me amó, me ama y me sigue amando.
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Asumir la formación: espacios, momentos...
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Vivir la fraternidad en casa para después salir a la misión.
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Vivir las conclusiones del encuentro. Ser los primeros en dar ejemplo en las comunidades.
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Trabajar para merecernos la confianza de la Administración General.
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Creatividad y disponibilidad.
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Vivir sin miedo en la comunidad en clave de lo dicho aquí.
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Posibilitar que lo que la inculturación produce en  una persona pueda suceder en la comunidad.
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Atender y alentar la diversidad.
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Construir la comunión en el Instituto desde nuestras distintas culturas y sensibilidades.
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Vivir la exigencia de la pobreza evangélica.