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Archivos de la A. I. S. F. |
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P A L A B R A S D E L S U P
E R I O R G E N E R A L
Necesidad
del diálogo en un contexto de pluralismo
Buenos
días a todos, sobre todo, un trabajo fructífero en fraternidad,
por el bien de los que Dios nos ha confiado (hijos, alumnos...)
y de cuantas personas con las que nos relacionamos.
Porque creo que ésta es
una de las tareas principales de una Asociación de Padres:
empeñarse en que la sociedad sea cada vez más humana y fraterna
respondiendo así al plan de Dios.
Una fábula del lejano Tíbet dice:
"Un día iba por la la montaña y de
lejos vi una bestia; al acercarme, me di cuenta que era un
hombre; al llegar junto a él, vi que era mi hermano."
La distancia, la lejanía y,
también, los juicios prematuros, los prejuicio y las sospechas
siembran confusión en los perfiles, originan miedos, crean
monstruos, impiden una comprensión auténtica y, sobre
todo, hacen sufrir, marginan y suscitan a menudo reacciones de
violencia.
Hace falta acercarse, es decir,
tratar de entender, afrontar a aquél que primero se consideró un
peligro, o sencillamente alguien distinto, que no merecía la
pena tener en consideración. Cuanto más se acortan las
distancias, más emergen los verdaderos contornos, se descubren
nuevos detalles.
Pero no es suficiente. Es
necesario tener la valentía de ponerse frente al otro, de
mirarle a los ojos, de hablarle, y, entonces, se descubrirá
realmente lo que el otro es. Un escritor subrayó muy bien esta
realidad: "No es con teorías u otros
fenómenos de la naturaleza como nos santificamos, vivimos y
queremos nuestro mundo, sino a través de la presencia de
los inauditos centros de la vida que son los rostros humanos,
unos rostros que hay que mirar, respetar, acariciar".
En el evangelio de mañana
leeremos el reproche que Jesús hace a Felipe porque en su rostro
no ha descubierto todavía al Padre.
¡Cuántas veces nos debería hacer
un reproche similar, ya que bajo una piel oscura, negra,
amarilla… no sabemos descubrir al hermano, tratándolo de
extraño, de diferente, de inferior.
Hoy más que en el pasado,
nosotros, Hermanos, y vosotros, miembros de una Asociación que
quiere trabajar con espíritu taboriniano, no podemos dejarnos
llevar por el miedo; un miedo que, a menudo, está motivado por
el egoísmo, por el “dolce far niente” de la tranquilidad, por el
sentido de pertenencia a una nación, a un status social, a una
cultura. Todas estas cosas originan discriminación y dolor.
Tenemos que convencernos que no
hemos sido llamados a trabajar únicamente “por” los demás sino a
trabajar “con” los otros, porque esto nos ayudará a crecer como
personas y nos enriquecerá con aquellos dones que Dios ha dado a
todos los hombres sin distinción de raza o condición.
El tema que habéis elegido
para vuestro encuentro: "Educación intercultural, un reto de
las sociedades plurales", con una referencia a los alumnos
emigrantes, es un tema de un capítulo mucho más amplio, que
trata, como dije antes, de una “relación” con el otro; un otro
que no es un número ni un ser inferior sino una persona como
nosotros, con la misma dignidad, con los mismos derechos.
Es un hecho que, en la escuela,
lo intercultural tiene que ser entendido como “paideia”, como
vía ordinaria de educación, de una formación del ciudadano que
pretende su integración en una sociedad plural. Y, por tanto, la
interculturalidad tiene que atravesar los proyectos, los
currículums, los recursos didácticos, los métodos educativos,
los criterios de evaluación, la relación escuela-familia y
escuela-territorio.
En el mes de enero de 2005, el
difunto papa Juan Pablo II, en vistas al día de la Emigración y
del Refugiado, nos invitaba a echar la mirada sobre el fenómeno
migratorio desde el punto de vista de la integración
intercultural. Y subrayó lo que tiene que ser la integración,
con referencias a la necesidad que los emigrantes se integren de
verdad en los Países que los acogen. Nosotros sabemos que lo que
esto significa y su práctica no se define fácilmente.
Y, en la instrucción "Erga
migrantes caritas Christi" no se presenta la integración
como una “asimilación” que induce a suprimir o a olvidar la
propia identidad cultural. El contacto con el otro se
concibe como el "secreto" que hay que descubrir, como un
“abrirse” para acoger los aspectos válidos que se den y
así contribuir a un mayor conocimiento de cada uno. Y esto,
incluso, si a nadie se le escapa el conflicto de identidad que
se ceba a menudo en el encuentro con personas de culturas
diferentes.
Se requiere, por lo tanto, un
equilibrio entre el respeto de la identidad propia y el
reconocimiento de la ajena. Se tiene que reconocer la legítima
pluralidad de las culturas presentes en un País.
Ante los modelos de
marginalización de los emigrantes, hay que evitar modelos de
asimilación que tienden a hacer de lo diferente una copia de lo
propio. El camino que hay que seguir es el de la auténtica
integración. Nace, por lo tanto, la necesidad del diálogo en un
contexto de pluralismo, que vaya más allá de la simple
tolerancia y llegue a la "simpatía".
Tenemos que convencernos
que es necesaria una fecundación recíproca de culturas.
Sobre el problema de la
emigración, muchas realidades eclesiales han sabido proponer una
amplia gama de solucciones que van de lo asistencial a lo
promocional y formativo, y también lo han hecho con gestos y
palabras proféticas. Hoy, las proponemos a nuestras escuelas
Sagrada Familia.
Nuestra Administración General,
en el encuentro con los Superiores Provinciales del 2002,
estudió el tema y propuso una línea a seguir ante esta realidad,
sobre todo pensando en la plurireligiosidad en el contexto
escolar de África y de Asia, países donde, en los Centros
educativos de los Hermanos de la Sagrada Familia, están
presentes jóvenes de religiones diferentes. Y al tratarlo, nos
percatamos que el problema también existía en algunas de
nuestras escuelas europeas, en particular, francesas. Nuestros
amigos franceses conocen muy bien este problema. Por eso siento
una gran satisfacción que el tema sea propuesto hoy, ya que ni
Italia ni España pueden cerrar los ojos ante este problema.
A decir verdad, hubiera
deseado que este encuentro de hoy fuese una “puesta en común”,
con un serio trabajo proveniente de muchos lugares y realizado
por el cuerpo de enseñantes y con la presencia de los padres de
los centros SAFA. De Francia habríamos podido tener muchas
informaciones valiosas para nuestra programación.
Porque ésta es la tarea de
nuestra Asociación: enriquecer. Enriquecernos con la experiencia
de quienes trabajan, como nosotros, en centros animados por el
mismo espíritu que nos dejó el Hermano Gabriel Taborin.
Por otra parte, es lo que
reflejan los Estatutos de la AISF. En el art. V leemos que la
Asociación colabora en la misión del Instituto de los Hermanos
de la Sagrada Fmilia y organiza Congresos… que puedan resultar
útiles al Proyecto Educativo.
El deseo que, finalmente, os
manifiesto, es que este nuestro encuentro no sea un punto final
de un camino de reflexión y búsqueda, sino un punto de partida
de una reflexión que beneficie no sólo la calidad de la escuela
SAFA sino a aquellas personas que han puesto su confianza en una
escuela católica, y lo pretenden de un Centro de los Hermanos de
la Sagrada Familia.
Hno
Lino Da Campo
Superior General
Madrid,
23 de abril de 2005 |
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I N T E R V E N
C I Ó N D E Á N G E L
A S T O R G A N O
EDUCACIÓN
INTERCULTURAL
Un reto de las Sociedades
plurales
0. INTRODUCCIÓN
La creciente presencia de minorías étnicas,
culturales y religiosas en nuestros países y su incidencia en el
ámbito escolar es un reto de máxima actualidad para las
comunidades educativas de nuestras escuelas.
La llegada de
numerosas personas, procedentes de países menos desarrollados,
que buscan en nuestro suelo condiciones de vida digna, es una
realidad visible que tiene notable repercusión en el sistema
educativo, no sólo en su aspecto cuantitativo sino, sobre todo,
cualitativo. Junto a este fenómeno
social novedoso, que reclama atención, hay que situar también
las minorías culturales que forman parte de nuestras sociedades
desde hace varios siglos y que permanecen en situación de
marginación, sin haber acertado suficientemente en las
propuestas educativas que se han ofrecido. El pueblo gitano es
un paradigma de esta situación, que sigue reclamando una
actuación coordinada y global, orientada a la constitución de un
futuro más justo. La educación de los
niños y niñas de minorías étnicas, culturales o religiosas no es
una concesión que se les hace abriéndoles las puertas de
nuestras escuelas sino un derecho que ellos tienen, reconocido
en la Declaración Universal de los Derechos Humanos:
“La educación debe capacitar a todas las personas para
participar efectivamente en una sociedad libre y favorecer la
comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones
y entre todos los grupos raciales” (Art. 13.1).
Podemos afirmar que en
la actualidad, existe una creciente sensibilización no sólo por
la escolarización de los niños y niñas de esas minorías, sino
también por lo que es y supone la educación intercultural para
conseguir una verdadera educación integral de todos los alumnos.
Para la escuela es un desafío pedagógico responder a la demanda
de una sociedad cada vez más pluricultural en la que la cultura
dominante no puede ignorar ni silenciar las culturas
minoritarias. Felizmente, también va
siendo cada vez más intensa la conciencia colectiva de lo que
constituye la identidad cultural en cada ser humano en su
proceso de socialización y desarrollo, Los derechos inherentes a
la dignidad humana tienen una vertiente cultural que no puede
obviarse en los enfoques educativos.
Junto a unas
consideraciones de carácter más técnico, que requieren
investigación y estudio de las soluciones llevadas a la práctica
en nuestro país y en los países de nuestro entorno, se necesita
acrecentar la sensibilidad social de las comunidades educativas
para detectar y valorar las dificultades escolares de los
alumnos pertenecientes a esas minorías que, a la vez, son grupos
deprimidos socio-económicamente.
Es evidente que el
profesorado no se siente suficientemente preparado para afrontar
una demanda escolar que puede ser progresiva. También los padres
de los alumnos, muy preocupados por la calidad de la enseñanza,
pueden manifestar algunas reservas a la integración escolar de
estos niños y adolescentes, si ello va en detrimento de la
educación buscada. Nadie niega que la pluralidad de culturas es
una riqueza en sí misma y que una escuela pluricultural, con un
proyecto apropiado y con medios, apoyos y recursos
imprescindibles, pueda ser un enriquecimiento para todos los
alumnos. Pero falta saber cómo hacerlo y la preparación
necesaria para trabajar educativamente esta situación.
Estamos ante un
problema muy complejo, es cierto. El fenómeno migratorio actual,
como la población gitana, tiene unas características originales
que han de tenerse en cuenta en cualquier planteamiento
curricular que se realice.
En todos los casos,
las propuestas educativas para hacer frente a este problema, más
económico y social que pedagógico, están colmadas de
dificultades que ponen de manifiesto tanto los estudios
sociológicos como la experiencia cotidiana de los maestros.
Pero si es necesaria,
aunque costosa, la promoción de los alumnos y alumnas de
ambientes marginados, con culturas originarias propias, la
presencia pluricultural en la escuela es sobre todo interesante
para todos los alumnos autóctonos, que tienen en el aula la
oportunidad de practicar el respeto, la acogida, la tolerancia y
el diálogo, con un compañero de cultura, etnia o religión
diferente. Las muestras de intolerancia, racismo y xenofobia
hacia ciertos grupos de inmigrantes que se observan en la
sociedad, son indicadores de la necesidad de educar desde una
perspectiva nueva y abierta en los centros escolares.
En este tema conviene
observar a los que van por delante en la reflexión y en la
experiencia. En los países de Europa con inmigración más
estable, se ha dado una evolución de los enfoques educativos.
En un primer momento
el objetivo fue acoger a los hijos de los inmigrantes en la
escuela, favoreciendo su escolarización. Los programas para
estos niños extranjeros se basaban en el principio de la
asimilación, por el cual la cultura dominante del país de
acogida se brindaba e imponía a quienes accedían al sistema
educativo. Más adelante,
observando los problemas que estos alumnos presentaban, se
planteó la necesidad de atender sus deficiencias mediante
actividades de educación compensatoria.
Actualmente el empeño
es concebir y elaborar una educación con un enfoque
intercultural, sustentada en el principio de la integración y
dirigida a toda la población escolar, incluida la autóctona.
La educación
intercultural parte del hecho sociológico de la existencia de
diferentes grupos culturales, uno mayoritario y otros en
minoría, se fundamenta en el derecho de todos los ciudadanos a
que sea respetada su cultura e implica el reconocimiento de las
culturas presentes en el ámbito escolar, así como la valoración
positiva que supone la relación recíproca entre ellas.
Desde la perspectiva
de la educación intercultural, tiene una especial importancia
para la escuela el conocimiento del entorno: situación
socio-económica y cultural de las familias, carencias y
necesidades, su actitud ante la integración. Todos estos datos
han de tenerse en cuenta al marcar los objetivos educativos de
los alumnos procedentes de ese entorno. Pero la acción educativa
será insuficiente si no se procuran ayudas sociales que cubran
necesidades básicas y si no se establecen programas de formación
familiar, dirigidos especialmente a los padres.
También conviene señalar,
por las consecuencias que implica, el influjo que pueden tener
los medios de comunicación social, especialmente la radio y la
televisión, en la sensibilización de la sociedad ante el
problema de la inmigración y en el adecuado enfoque de la
educación intercultural.
La escuela, los
profesores y los padres, en este tema como en tantos otros,
tendrán que estar atentos a los mensajes que propician los
medios, con actitud crítica, y ayudar a las nuevas generaciones
a que se sitúen también con la misma actitud para poder analizar
y valorar las noticias impartidas.
1. LA DIMENSIÓN
INTERCULTURAL DE LA EDUCACIÓN
La educación intercultural subraya, en primer lugar, el
reconocimiento y la valoración de todas la culturas presentes
en el ámbito y entorno escolar y el enriquecimiento mutuo que
este hecho supone en todo el proceso educativo. Es un campo
todavía poco explorado, en el que se han abierto líneas
importantes de investigación-acción, con diversos modelos y
enfoques en los variados programas puestos en marcha.
Según los expertos,
una de las finalidades más destacadas de la educación
intercultural es la de preparar a todos los alumnos, también a
los autóctonos, para comprender, adaptarse y relacionarse bien
en una sociedad pluricultural. Ello implica incorporar este
enfoque en el Proyecto Educativo y desarrollar en el aula y en
la escuela una serie de actividades que posibiliten el
conocimiento de las diferentes culturas presentes, el fomento
de actitudes favorables ante la diversidad, la erradicación de
prejuicios y, desde luego, programas específicos de
aprendizaje de la lengua o lenguas del país de acogida,
dirigidos a los niños extranjeros.
Otra de las
finalidades de la educación intercultural es la de conseguir
una alto grado de igualdad de oportunidades para los niños y
niñas procedentes de las minorías generalmente marginadas.
Aunque este empeño requiere políticas sociales globales, no
cabe duda de que la educación puede aportar una base
importante mediante la posibilidad real de adaptaciones
curriculares y los apoyos cualificados que puedan contribuir a
esa meta educativa y social.
En este sentido
parecen necesarias algunas medidas de actuación para la mejora
de la calidad de la enseñanza:
-
La atención temprana de los colectivos
infantiles con riesgo de problemas de aprendizaje.
-
La consideración especial de los centros
docentes que atienden alumnos con probabilidades de fracaso
escolar, favoreciendo licencias de estudio y apoyos a la
investigación.
-
La dotación de profesores especialistas en
los colegios rurales agrupados y en los centros de
integración de alumnos con necesidades educativas
especiales.
-
La oferta de programas específicos dirigidos
a la formación de profesores que atienden alumnos
pertenecientes a minorías deprimidas.
-
El incremento de programas para la formación
de personas adultas.
-
El establecimiento de mecanismos
compensatorios.
Estas medidas deben ser aplicadas de igual
forma en los centros públicos y en los centros privados que
hagan opción en esa línea de igualdad de oportunidades.
Pero, como en todos
los campos, para que las finalidades declaradas no se queden
en manifestación de buenas intenciones y sean verdaderamente
operativas tendrán que aterrizar en programas muy concretos y
bien planificados que atiendan: la formación en habilidades
comunicativas, la educación para el conocimiento mutuo, la
educación para la integración, etc. Todo ello requiere una
análisis de la realidad escolar y del entorno socio-cultural
para detectar necesidades y unos programas específicos para
responder a ellas.
Dos elementos son
esenciales para que la educación intercultural vaya haciendo
camino en la escuela: el currículo y el profesorado. Un
currículo abierto, flexible, con posibilidades de adaptación,
y un profesorado motivado, preparado y con medios didácticos.
La intercomunicación entre centros es también necesaria.
Interesa destacar
que la educación intercultural, más allá de sus aspectos
técnicos que requieren investigación y contraste de los
proyectos que se están realizando con este enfoque, tiene su
fundamento en un verdadero humanismo. Desde esta perspectiva
se considera a cada alumno como persona en su singularidad, se
posibilita el conocimiento cercano y afectivo de los rostros
humanos distintos, se aprende a trabajar y a jugar juntos, se
suscita la necesidad de construir entre todos, paso a paso, un
futuro mejor, más fraterno y participativo, se posibilita un
diálogo permanente. La educación intercultural se irá
alcanzando con programas concretos pero sobre todo con la
experiencia escolar educativa.
2. EL
DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL EN NUESTROS PAÍSES
Es cada vez más evidente que nuestra sociedad
es pluricultural, Y en una sociedad como la nuestra, la
educación tiene una doble tarea: por una parte, integrar a
cada uno de los sujetos en el propio medio cultural a través
de la lengua, las tradiciones, las maneras de relacionarse,
los modos de interpretar la realidad, los valores más
significativos, la formas de sentir, etc. Pero la educación no
puede ignorar que ha de preparar también a cada persona para
vivir responsablemente en un contexto pluricultural, y éste ha
de ser un importante objetivo a conseguir.
Aunque esta
circunstancia tiene un enorme interés educativo, en estos
momentos queremos poner la atención en el reto que supone para
nuestra escuela la presencia en nuestro país de las culturas
minoritarias marginadas.
Hoy la
migración, esa experiencia dolorosa y hondamente humana,
adquiere un significado especial en España, dado que en muy
poco tiempo se ha invertido la tendencia: de ser un país de
emigración hace pocos años, hemos pasado a recibir inmigrantes
que proceden de situaciones verdaderamente dramáticas. En los
actuales momentos, es preciso tener en cuenta y valorar una
serie de constataciones significativas al plantear este
problema social desde el campo de la educación.
La llegada y
residencia de personas de distintas etnias, culturas y
religiones, siempre minoritarias y, por lo general, de países
del tercer Mundo, es creciente, progresiva e imparable.
Este fenómeno,
constatado en toda la Europa comunitaria, es más preocupante
en nuestro país porque los tratados y compromisos comunitarios
exigen cierta distribución equitativa de los porcentajes de
inmigración. Estos niños y niñas,
preadolescentes y adolescentes, de la familias inmigrantes
tienen que acceder por derecho propio, y lo están haciendo
cada vez en mayor número, a un puesto escolar, lo que
plantea una situación nueva en muchas escuelas públicas o
privadas: en el mismo espacio y horario escolar tienen que
convivir y aprender juntos alumnos de distintas etnias,
culturas y religiones de origen, una de ellas minoritaria.
Este hecho está
exigiendo que la escuela replantee su intervención educativa
en línea intercultural para no fracasar en los procesos de
aprendizaje y en la socialización de todos los niños. Teniendo
presente, como objetivo, la integración armónica, que
significa formar a todos los alumnos en la disposición mutua
de dar y aceptar, con actitud positiva de reconocimiento y de
la riqueza que supone, la diversidad.
Dada la precariedad
socio-económica y la marginación que padecen los grupos
étnicos y culturales procedentes de los países del Tercer
Mundo, hay que atender diversos objetivos: solucionar sus
problemas de vivienda, sanidad, trabajo; favorecer la
participación activa de los implicados en la búsqueda de
soluciones; fomentar un mayor grado de conocimiento,
comprensión, convivencia entre los diferentes grupos
culturales. La
coordinación recíproca entre las diferentes políticas globales
y la escuela será, sin duda, un factor muy positivo para la
integración.
A partir de la
experiencias que ya existen, podemos afirmar que la presencia
de niños procedentes de la inmigración, conlleva diferentes
dificultades:
Una serie de
dificultades, por la deficiencias que estos alumnos tienen al
incorporarse al sistema educativo español: bajos niveles de
instrucción inicial, desconocimiento de las lenguas oficiales
del Estado en cada lugar, situación de desventaja
sociocultural, escasa autoestima, tendencia al aislacionismo
individual o encerrarse en el pequeño grupo étnico marginal.
Otra dificultad la
provoca la actitud de reserva, rechazo o inhibición, explícita
u oculta, en los alumnos autóctonos ante sus compañeros
diferentes. El problema se acentúa cundo el sentimiento de
rechazo está reforzado en la propia familia y, a veces, en los
medios de comunicación.
El status
migratorio unido a la marginalidad socioeconómica y la
conciencia de pertenencia a una minoría cultural marginal y, a
veces, amenazada, suponen unas características que la
comunidad educativa ha de poder aceptar, comprender e integrar
en la propuesta educativa que se realice.
3.
RECOMENDACIONES
Madrid, 23
de abril de 2005 |
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