Archivos de la A. I. S. F.

     
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P A L A B R A S   D E L   S U P E R I O R   G E N E R A L

Necesidad del diálogo en un contexto de pluralismo

Buenos días a todos,
sobre todo, un trabajo fructífero en fraternidad,
por el bien de los que Dios nos ha confiado (hijos, alumnos...)
y de cuantas personas con las que nos relacionamos.

     Porque creo que ésta es una de las tareas principales de una Asociación de Padres: empeñarse en que la sociedad sea cada vez más humana y fraterna respondiendo así al plan de Dios.
    Una fábula del lejano Tíbet dice: "Un día iba por la la montaña y de lejos vi una bestia; al acercarme, me di cuenta que era un hombre; al llegar junto a él, vi que era mi hermano." 
    La distancia, la lejanía y, también, los juicios prematuros, los prejuicio y las sospechas siembran confusión en los perfiles, originan miedos, crean monstruos, impiden una comprensión auténtica  y, sobre todo, hacen sufrir, marginan y suscitan a menudo reacciones de violencia.
    Hace falta acercarse, es decir, tratar de entender, afrontar a aquél que primero se consideró un peligro, o sencillamente alguien distinto, que no merecía la pena tener en consideración. Cuanto más se acortan las distancias, más emergen los verdaderos contornos, se descubren nuevos detalles. 
    Pero no es suficiente. Es necesario tener la valentía de ponerse frente al otro, de mirarle a los ojos, de hablarle, y, entonces, se descubrirá realmente lo que el otro es. Un escritor subrayó muy bien esta realidad: "No es con teorías u otros fenómenos de la naturaleza como nos santificamos, vivimos y queremos nuestro mundo,  sino a través de  la presencia de los inauditos centros de la vida que son los rostros humanos, unos rostros que hay que mirar, respetar, acariciar".
    En el evangelio de mañana leeremos el reproche que Jesús hace a Felipe porque en su rostro no ha descubierto todavía al Padre.
   ¡Cuántas veces nos debería hacer un reproche similar, ya que bajo una piel oscura, negra, amarilla… no sabemos descubrir al hermano, tratándolo de extraño, de diferente, de inferior.
    Hoy más que en el pasado, nosotros, Hermanos, y vosotros, miembros de una Asociación que quiere trabajar con espíritu taboriniano, no podemos dejarnos llevar por el miedo; un miedo que, a menudo, está motivado por el egoísmo, por el “dolce far niente” de la tranquilidad, por el sentido de pertenencia a una nación,  a un status social, a una cultura. Todas estas cosas originan discriminación y dolor.
    Tenemos que convencernos que no hemos sido llamados a trabajar únicamente “por” los demás sino a trabajar “con” los otros, porque esto nos ayudará a crecer como personas y nos enriquecerá con aquellos dones que Dios ha dado a todos los hombres sin distinción de raza o condición. 
    El tema que  habéis elegido para vuestro encuentro: "Educación intercultural, un reto de las sociedades plurales", con una referencia a los alumnos emigrantes, es un tema de un capítulo mucho más amplio, que trata, como dije antes, de una “relación” con el otro; un otro que no es un número ni un ser inferior sino una persona como nosotros, con la misma dignidad, con los mismos derechos.
    Es un hecho que, en la escuela, lo intercultural tiene que ser entendido como “paideia”, como vía ordinaria de educación, de una formación del ciudadano que pretende su integración en una sociedad plural. Y, por tanto, la interculturalidad tiene que atravesar los proyectos, los currículums, los recursos didácticos, los métodos educativos, los criterios de evaluación, la relación escuela-familia y escuela-territorio. 
    En el mes de enero de 2005, el difunto papa Juan Pablo II,  en vistas al día de la Emigración y del Refugiado, nos invitaba a echar la mirada sobre el fenómeno migratorio desde el punto de vista de la integración intercultural. Y subrayó lo que tiene que ser la integración, con referencias a la necesidad que los emigrantes se integren de verdad en los Países que los acogen. Nosotros sabemos que lo que esto significa y su práctica no se define fácilmente.
   Y, en la instrucción "Erga migrantes caritas Christi" no se presenta la integración como una “asimilación” que induce a suprimir o a olvidar la propia identidad cultural.  El contacto con el otro se concibe como el "secreto" que hay que descubrir, como un “abrirse” para acoger  los aspectos válidos  que se den y así contribuir a un mayor conocimiento de cada uno. Y esto, incluso, si a nadie se le escapa el conflicto de identidad que se ceba a menudo en el encuentro con personas de culturas diferentes. 
    Se requiere, por lo tanto, un equilibrio entre el respeto de la identidad propia y el reconocimiento de la ajena. Se tiene que reconocer la legítima pluralidad de las culturas presentes en un País. 
    Ante los modelos de marginalización de los emigrantes, hay que evitar modelos de asimilación que tienden a hacer de lo diferente una copia de lo propio. El camino que hay que seguir es el de la auténtica integración. Nace, por lo tanto, la necesidad del diálogo en un contexto de pluralismo, que vaya más allá de la simple tolerancia y llegue a la "simpatía". Tenemos que convencernos que es necesaria una fecundación recíproca de culturas. 
    Sobre el problema de la emigración, muchas realidades eclesiales han sabido proponer una amplia gama de solucciones que van de lo asistencial a lo promocional y formativo, y también lo han hecho con gestos y palabras proféticas. Hoy, las proponemos a nuestras escuelas Sagrada Familia. 
    Nuestra Administración General, en el encuentro con los Superiores Provinciales del 2002, estudió el tema y propuso una línea a seguir ante esta realidad, sobre todo pensando en la  plurireligiosidad en el contexto escolar de África y de Asia, países donde, en los Centros educativos de los Hermanos de la Sagrada Familia, están presentes jóvenes de religiones diferentes. Y al tratarlo, nos  percatamos que el problema también existía en algunas de nuestras escuelas europeas, en particular, francesas. Nuestros amigos franceses conocen muy bien este problema. Por eso siento una gran satisfacción que el tema sea propuesto hoy, ya que ni Italia ni España pueden cerrar los ojos ante este problema. 
    A decir verdad,  hubiera deseado que este encuentro de hoy fuese una “puesta en común”, con un serio trabajo proveniente de muchos lugares y realizado por el cuerpo de enseñantes y con la presencia de los padres de los centros SAFA. De Francia habríamos podido tener muchas informaciones valiosas para nuestra programación. 
    Porque ésta es la tarea de nuestra Asociación: enriquecer. Enriquecernos con la experiencia de quienes trabajan, como nosotros, en centros animados por el mismo espíritu que nos dejó el Hermano Gabriel Taborin.
    Por otra parte, es lo que reflejan los Estatutos de la AISF. En el art. V  leemos que la Asociación colabora en la misión del Instituto de los Hermanos de la Sagrada Fmilia y  organiza Congresos… que puedan resultar útiles al Proyecto Educativo.
    El deseo que, finalmente, os manifiesto, es que este nuestro encuentro no sea un punto final de un camino de reflexión y búsqueda, sino un punto de partida de una reflexión que beneficie no sólo la calidad de la escuela SAFA sino a aquellas personas que han puesto su confianza en una escuela católica, y lo pretenden de un Centro de los Hermanos de la Sagrada Familia. 
 

Hno Lino Da Campo
  Superior General

Madrid, 23 de abril de 2005
 

 

I N T E R V E N C I Ó N   D E   Á N G E L   A S T O R G A N O
EDUCACIÓN INTERCULTURAL
Un reto de las Sociedades plurales

0.  INTRODUCCIÓN

      La creciente presencia de minorías étnicas, culturales y religiosas en nuestros países y su incidencia en el ámbito escolar es un reto de máxima actualidad para las comunidades educativas de nuestras escuelas.
    La llegada de numerosas personas, procedentes de países menos desarrollados, que buscan en nuestro suelo condiciones de vida digna, es una realidad visible que tiene notable repercusión en el sistema educativo, no sólo en su aspecto cuantitativo sino, sobre todo, cualitativo.
    Junto a este fenómeno social novedoso, que reclama atención, hay que situar también las minorías culturales que forman parte de nuestras sociedades  desde hace varios siglos y que permanecen en situación de marginación, sin haber acertado suficientemente en las propuestas educativas que se han ofrecido. El pueblo gitano es un paradigma de esta situación, que sigue reclamando una actuación coordinada y global, orientada a la constitución de un futuro más justo.
    La educación de los niños y niñas de minorías étnicas, culturales o religiosas no es una concesión que se les hace abriéndoles las puertas de nuestras escuelas sino un derecho que ellos tienen, reconocido en la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “La educación debe capacitar a todas las personas para participar efectivamente en una sociedad libre y favorecer la comprensión, la tolerancia y la amistad entre todas las naciones y entre todos los grupos raciales”  (Art. 13.1).
    Podemos afirmar que en la actualidad, existe una creciente sensibilización no sólo por la escolarización de los niños y niñas de esas minorías, sino también por lo que es y supone la educación intercultural para conseguir una verdadera educación integral de todos los alumnos. Para la escuela es un desafío pedagógico responder a la demanda de una sociedad cada vez más pluricultural en la que la cultura dominante no puede ignorar ni silenciar  las culturas minoritarias.
    Felizmente, también va siendo cada vez más intensa la conciencia colectiva de lo que constituye la identidad cultural en cada ser humano en su proceso de socialización y desarrollo, Los derechos inherentes a la dignidad humana tienen una vertiente cultural que no puede obviarse en los enfoques educativos.
    Junto a unas consideraciones de carácter más técnico, que requieren investigación y estudio de las soluciones llevadas a la práctica en nuestro país y en los países de nuestro entorno, se necesita acrecentar la sensibilidad social de las comunidades educativas para detectar y valorar las dificultades escolares de los alumnos pertenecientes a esas minorías que, a la vez, son grupos deprimidos socio-económicamente.
    Es evidente que el profesorado no se siente suficientemente preparado para afrontar una demanda escolar que puede ser progresiva. También los padres de los alumnos, muy preocupados por la calidad de la enseñanza, pueden manifestar algunas reservas a la integración escolar de estos niños y adolescentes, si ello va en detrimento de la educación buscada. Nadie niega que la pluralidad de culturas es una riqueza en sí misma y que una escuela pluricultural, con un proyecto apropiado y con medios, apoyos y recursos imprescindibles, pueda ser un enriquecimiento para todos los alumnos. Pero falta saber cómo hacerlo y la preparación necesaria para trabajar educativamente esta situación.
    Estamos ante un problema muy complejo, es cierto. El fenómeno migratorio actual, como la población gitana, tiene unas características originales que han de tenerse en cuenta en cualquier planteamiento curricular que se realice.
    En todos los casos, las propuestas educativas para hacer frente a este problema, más económico y social que pedagógico, están colmadas de dificultades que ponen de manifiesto tanto los estudios sociológicos como la experiencia cotidiana de los maestros.
    Pero si es necesaria, aunque costosa, la promoción de los alumnos y alumnas de ambientes marginados, con culturas originarias propias, la presencia pluricultural en la escuela es sobre todo interesante para todos los alumnos autóctonos, que tienen en el aula la oportunidad de practicar el respeto, la acogida, la tolerancia y el diálogo, con un compañero de cultura, etnia o religión diferente. Las muestras de intolerancia, racismo y xenofobia hacia ciertos grupos de inmigrantes que se observan en la sociedad, son indicadores de la necesidad de educar desde una perspectiva nueva y abierta en los centros escolares.
    En este tema conviene observar a los que van por delante en la reflexión y en la experiencia. En los países de Europa con inmigración más estable, se ha dado una evolución de los enfoques educativos.
    En un primer momento el objetivo fue acoger a los hijos de los inmigrantes en la escuela, favoreciendo su escolarización. Los programas para estos niños extranjeros se basaban en el principio de la asimilación, por el cual la cultura dominante del país de acogida se brindaba e imponía a quienes accedían al sistema educativo.
    Más adelante, observando los problemas que estos alumnos presentaban, se planteó la necesidad de atender sus deficiencias mediante actividades de educación compensatoria.
    Actualmente el empeño es concebir y elaborar una educación con un enfoque intercultural, sustentada en el principio de la integración y dirigida a toda la población escolar, incluida la autóctona.
    La educación intercultural parte del hecho sociológico de la existencia de diferentes grupos culturales, uno mayoritario y otros en minoría, se fundamenta en el derecho de todos los ciudadanos a que sea respetada su cultura e implica el reconocimiento de las culturas presentes en el ámbito escolar, así como la valoración positiva que supone la relación recíproca entre ellas.
    Desde la perspectiva de la educación intercultural, tiene una especial importancia para la escuela el conocimiento del entorno: situación socio-económica y cultural de las familias, carencias y necesidades, su actitud ante la integración. Todos estos datos han de tenerse en cuenta al marcar los objetivos educativos de los alumnos procedentes de ese entorno. Pero la acción educativa será insuficiente si no se procuran ayudas sociales que cubran necesidades básicas y si no se establecen programas de formación familiar, dirigidos especialmente a los padres.
   También conviene señalar, por las consecuencias que implica, el influjo que pueden tener los medios de comunicación social, especialmente la radio y la televisión, en la sensibilización de la sociedad ante el problema de la inmigración y en el adecuado enfoque de la educación intercultural.
    La escuela, los profesores y los padres, en este tema como en tantos otros, tendrán que estar atentos a los mensajes que propician los medios, con actitud crítica, y ayudar a las nuevas generaciones a que se sitúen también con la misma actitud para poder analizar y valorar las noticias impartidas. 

1.  LA DIMENSIÓN INTERCULTURAL DE LA EDUCACIÓN

  La educación intercultural subraya, en primer lugar, el reconocimiento y la valoración de todas la culturas presentes en el ámbito y entorno escolar y el enriquecimiento mutuo que este hecho supone en todo el proceso educativo. Es un campo todavía poco explorado, en el que se han abierto líneas importantes de investigación-acción, con diversos modelos y enfoques en los variados programas puestos en marcha.
    Según los expertos, una de las finalidades más destacadas de la educación intercultural es la de preparar a todos los alumnos, también a los autóctonos, para comprender, adaptarse y relacionarse bien en una sociedad pluricultural. Ello implica incorporar este enfoque en el Proyecto Educativo y desarrollar en el aula y en la escuela una serie de actividades que posibiliten el conocimiento de las diferentes culturas presentes, el fomento de actitudes favorables ante la diversidad, la erradicación de prejuicios y, desde luego, programas específicos de aprendizaje de la lengua o lenguas del país de acogida, dirigidos a los niños extranjeros.
    Otra de las finalidades de la educación intercultural es la de conseguir una alto grado de igualdad de oportunidades para los niños y niñas procedentes de las minorías generalmente marginadas. Aunque este empeño requiere políticas sociales globales, no cabe duda de que la educación puede aportar una base importante mediante la posibilidad real de adaptaciones curriculares y los apoyos cualificados que puedan contribuir a esa meta educativa y social.
    En este sentido parecen necesarias algunas medidas de actuación para la mejora de la calidad de la enseñanza: 

  • La atención temprana de los colectivos infantiles con riesgo de problemas de aprendizaje.

  • La consideración especial de los centros docentes que atienden alumnos con probabilidades de fracaso escolar, favoreciendo licencias de estudio y apoyos a la investigación.

  • La dotación de profesores especialistas en los colegios rurales agrupados y en los centros de integración de alumnos con necesidades educativas especiales.

  • La oferta de programas específicos dirigidos a la formación de profesores que atienden alumnos pertenecientes a minorías deprimidas.

  • El incremento de programas para la formación de personas adultas.

  • El establecimiento de mecanismos compensatorios.

    Estas medidas deben ser aplicadas de igual forma en los centros públicos y en los centros privados que hagan opción en esa línea de igualdad de oportunidades.
    Pero, como en todos los campos, para que las finalidades declaradas no se queden en manifestación de buenas intenciones y sean verdaderamente operativas tendrán que aterrizar en programas muy concretos y bien planificados que atiendan: la formación en habilidades comunicativas, la educación para el conocimiento mutuo, la educación para la integración, etc. Todo ello requiere una análisis de la realidad escolar y del entorno socio-cultural para detectar necesidades y unos programas específicos para responder a ellas.
    Dos elementos son esenciales para que la educación intercultural vaya haciendo camino en la escuela: el currículo y el profesorado. Un currículo abierto, flexible, con posibilidades de adaptación, y un profesorado motivado, preparado y con medios didácticos. La intercomunicación entre centros es también necesaria.
    Interesa destacar que la educación intercultural, más allá de sus aspectos técnicos que requieren investigación y contraste de los proyectos que se están realizando con este enfoque, tiene su fundamento en un verdadero humanismo. Desde esta perspectiva se considera a cada alumno como persona en su singularidad, se posibilita el conocimiento cercano y afectivo de los rostros humanos distintos, se aprende a trabajar y a jugar juntos, se suscita la necesidad de construir entre todos, paso a paso, un futuro mejor, más fraterno y participativo, se posibilita un diálogo permanente. La educación intercultural se irá alcanzando con programas concretos pero sobre todo con la experiencia escolar educativa.

    2.   EL DESAFÍO DE LA EDUCACIÓN INTERCULTURAL EN NUESTROS PAÍSES

    Es cada vez más evidente que nuestra sociedad es pluricultural, Y en una sociedad como la nuestra, la educación tiene una doble tarea: por una parte, integrar a cada uno de los sujetos en el propio medio cultural a través de la lengua, las tradiciones, las maneras de relacionarse, los modos de interpretar la realidad, los valores más significativos, la formas de sentir, etc. Pero la educación no puede ignorar que ha de preparar también a cada persona para vivir responsablemente en un contexto pluricultural, y éste ha de ser un importante objetivo a conseguir.
     Aunque esta circunstancia tiene un enorme interés educativo, en estos momentos queremos poner la atención en el reto que supone para nuestra escuela la presencia en nuestro país de las culturas minoritarias marginadas.
     Hoy la migración, esa experiencia dolorosa y hondamente humana, adquiere un significado especial en España, dado que en muy poco tiempo se ha invertido la tendencia: de ser un país de emigración hace pocos años, hemos pasado a recibir inmigrantes que proceden de situaciones verdaderamente dramáticas. En los actuales momentos, es preciso tener en cuenta y valorar una serie de constataciones significativas al plantear este problema social desde el campo de la educación.
    La llegada y residencia de personas de distintas etnias, culturas y religiones, siempre minoritarias y, por lo general, de países del tercer Mundo, es creciente, progresiva e imparable.
    Este fenómeno, constatado en toda la Europa comunitaria, es más preocupante en nuestro país porque los tratados y compromisos comunitarios exigen cierta distribución equitativa de los porcentajes de inmigración.
    Estos niños y niñas, preadolescentes y adolescentes, de la familias inmigrantes tienen que acceder por derecho propio, y lo están haciendo cada vez en mayor número,  a un puesto escolar, lo que plantea una situación nueva en muchas escuelas públicas o privadas: en el mismo espacio y horario escolar tienen que convivir y aprender juntos alumnos de distintas etnias, culturas y religiones de origen, una de ellas minoritaria.
    Este hecho está exigiendo que la escuela replantee su intervención educativa en línea intercultural para no fracasar en los procesos de aprendizaje y en la socialización de todos los niños. Teniendo presente, como objetivo, la integración armónica, que significa formar a todos los alumnos en la disposición mutua de dar y aceptar, con actitud positiva de reconocimiento y de la riqueza que supone, la diversidad.
    Dada la precariedad socio-económica y la marginación que padecen los grupos étnicos y culturales procedentes de los países del Tercer Mundo, hay que atender diversos objetivos: solucionar sus problemas de vivienda, sanidad, trabajo; favorecer la participación activa de los implicados en la búsqueda de soluciones; fomentar un mayor grado de conocimiento, comprensión, convivencia entre los diferentes grupos culturales.
     La coordinación recíproca entre las diferentes políticas globales y la escuela será, sin duda, un factor muy positivo para la integración.
     A partir de la experiencias que ya existen, podemos afirmar que la presencia de niños procedentes de la inmigración, conlleva diferentes dificultades:
     Una serie de dificultades, por la deficiencias que estos alumnos tienen al incorporarse al sistema educativo español: bajos niveles de instrucción inicial, desconocimiento de las lenguas oficiales del Estado en cada lugar, situación de desventaja sociocultural, escasa autoestima, tendencia al aislacionismo individual o encerrarse en el pequeño grupo étnico marginal.
    Otra dificultad la provoca la actitud de reserva, rechazo o inhibición, explícita u oculta, en los alumnos autóctonos ante sus compañeros diferentes. El problema se acentúa cundo el sentimiento de rechazo está reforzado en la propia familia y, a veces, en los medios de comunicación.
     El status migratorio unido a la marginalidad socioeconómica y la conciencia de pertenencia a una minoría cultural marginal y, a veces, amenazada, suponen unas características que la comunidad educativa ha de poder aceptar, comprender e integrar en la propuesta educativa que se realice.

3. RECOMENDACIONES

       Ante la situación social y pluricultural de nuestra sociedad, que supone un nuevo desafío para la educación, nos atrevemos a indicar algunas recomendaciones para que, si se considera oportuno, se puedan tener en consideración.
     Estas recomendaciones deberán ser necesariamente diferentes si se refieren a los centros que no tienen alumnos de minorías marginales o si se consideran los centros que ya tienen alumnado de esas minorías procedentes de la inmigración de los países del Tercer Mundo.
     En el primer caso, podría parecer que el tema de la interculturalidad no les afecta y, sin embargo, educar para una sociedad pluricultural es algo ineludible en el momento presente. En el caso de los centros que ya han iniciado una experiencia de interculturalidad, la recomendación es que se afiance y se dé a conocer ampliamente el fruto de la experiencia. 

·        CENTROS QUE NO TIENEN MAYORÍA DE ALUMNOS DE MINORÍAS ÉTNICAS, CULTURALES O RELIGIOSAS. 

1.      Brindar en el Proyecto Educativo una oferta de valores éticos que contribuya a la acogida e integración de las minorías étnicas y culturales residentes en nuestro país. 

       Cada comunidad educativa estimará qué valores contribuyen a este enfoque. Pueden ayudar y orientar en la reflexión los criterios básicos que configuran la dimensión intercultural de la educación: la centralidad de cada ser humano, la aceptación de las diferencias como factor de maduración, el fomento de una conciencia crítica capaz de analizar y comprender las causas que provocan la migraciones, el cultivo metodológico del diálogo, el primado de la solidaridad operativa,... 

2.      Incorporar a la formación de los profesores la temática de la educación intercultural. 

     Todos constatamos que la sociedad es cada vez más compleja, y, entre los diversos factores que se interrelacionan, uno de ellos lo constituye la diversidad de grupos culturales y étnicos. La conciencia de la identidad y especificidad cultural de cada colectivo, cada vez más despierta, sitúa a estos grupos en tensión dialéctica, a veces, conflictiva, con la cultura mayoritaria dominante. La pretendida asimilación cultural, que pudo valer en otros momentos, ha de dar pasos hacia la integración y reconocimiento de las diferentes culturas que existen en la sociedad, y no cabe duda de que la educación tiene una tarea importante a realizar en este empeño. Para ello, la formación del profesorado es imprescindible.
     No basta la buena voluntad. Es necesario que los profesores se preparen para recibir y comprender a sus alumnos, a sus familias, a sus colegas procedentes de otros países; que respeten la diversidad de las lenguas, los modos de vida, los proyectos, los comportamientos, las religiones; que puedan manejar los conflictos que surjan y sepan aprovecharlos para enriquecer culturalmente a cada uno. En realidad la formación de los profesores es lka pieza clave de la educación intercultural. 

3.      Estar dispuestos a la escolarización de los niños y niñas de las minorías culturales procedentes de la inmigración.

     La demanda será diferente según la ubicación de cada centro escolar. Esto es obvio. Pero no se pueden poner dificultades a la atención de las solicitudes que hubiera, aunque suponga mucha complicación y encontremos justificadas resistencias.
     Es cierto que la sociedad pide calidad educativa. De lo que se trata es de que incorporemos la interculturalidad, con responsabilidad y preparación para que se incida también positivamente en la calidad educativa que pretendemos. 

 
CENTROS QUE YA TIENEN DE FORMA SIGNIFICATIVA ALUMNOS PROCEDENTES DE MINORÍAS ÉTNICAS Y CULTURALES 

1.      Profundizar, el claustro y toda la comunidad escolar, en el desafío que supone la incorporación de alumnado procedente de minorías, tanto para todos los alumnos, incluidos los autóctonos, como para la organización del centro y para los profesores.

     La primera previsión es la adscripción adecuada de cada uno de los alumnos inmigrantes a los niveles educativos. Cuanto antes hay que conocer y valorar los obstáculos y dificultades que impiden la incorporación (falta de conocimiento de la lengua del país de acogida, tendencia al autoaislamiento, etc.)  e implantar programas que desbloqueen la situación de marginación y faciliten la pronta normalización. Otra determinación es concretar el modo y el grado de incorporación a la escuela de la expresiones de la cultura de origen. Otra, cómo trabajar en la práctica la educación para la comprensión y aceptación de las diferencias.
     El refuerzo de los profesores de apoyo es absolutamente imprescindible para poder llevar adelante una propuesta educativa de interculturalidad.
     También es precisa una organización escolar que dé respuesta a las necesidades concretas de estos alumnos: análisis de la situación personal y escolar de cada niño/a, programa específico individual o de pequeño grupo para compensar sus deficiencias, metodología adecuada, profesorado capacitado para la intervención específica.
     A la vez, se han de fomentar en todos los alumnos actitudes de respeto y estima de la diversidad cultural, de modo que se logre una convivencia enriquecedora. 

2.      Incorporar al Proyecto educativo los enfoques de la educación intercultural: una educación para todos los alumnos, la introducción de elementos interculturales en los diseños curriculares y en las programaciones, la previsión de adaptaciones curriculares, la incorporación de programas específicos para el aprendizaje de la lengua común. 

      En el Proyecto educativo ha de quedar expresado con claridad el sistema de valores por el que opta la escuela, las posibilidades y límites de integración de los alumnos inmigrantes de modo que la calidad educativa quede asegurada para todos, la relación con el contexto, etc.
      Hemos de ser conscientes de que la educación intercultural afecta a todo el centro escolar, a los objetivos, a los programas, a las formas de trabajar. Poco a poco, la Dirección y los equipos de profesores irán introduciendo en el Proyecto curricular nuevos elementos de interculturalidad, a partir de ls necesidades y de la experiencia escolar. 

3.      Establecer una red de centros escolares que ya tienen escolarizados a niños y niños de minorías étnicas y culturales. Esta red de intercomunicación a nivel de zona, de ciudad, de comunidades autónomas, tendrá como objetivo el aunar esfuerzos y estudiar planteamiento comunes. 

     Posibles líneas a trabajar conjuntamente podrían ser éstas: formación de los profesores, desarrollo del currículo escolar, aspectos de organización, dificultades surgidas en función del origen del los alumnos/s.
     Algunos temas a estudiar en conjunto podrían ser: Elementos y valores culturales de las minorías presentes en cada escuela; Perfil de los alumnos de inmigración; metodologías específicas de intervención en el aula, metodologías que potencien la socialización de los niños y posibiliten la reducción de prejuicios.
     La formación de los profesores debe realizarse tanto a nivel teórico como práctico. En este sentido se podrían organizar grupos de profesores intercentros, con un programa de reflexión y acción, que incluya un marco de formación teórica.

Madrid, 23 de abril de 2005
 

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H I S T O R I A L

 
       1984        Barcelona         I  Olimpiada deportiva
       1988        Turín         II  Olimpiada deportiva
      1992        Lyon         III Olimpiada deportiva
      1997        Madrid         IV  Olimpiada deportiva
     2000        Turín - Villa Brea          V  Olimpiada deportiva
     2004        Gavà         VI  Olimpiada deportiva
     2008        Lyon          VI I Olimpiada deportiva