France     Uruguay      Spain      Italy     Argentina
 

CARTA DEL HERMANO  FRANCISCO CABRERIZO

   
      Queridos Herman@s en la Fraternidad de Nazaret:
 

    Un saludo fraterno en este mes tan nuestro, donde recordamos la memoria viva del Venerable Hermano Gabriel.  

    En Iglesia, en comunidad fraterna, en familia, sentimos que el contenido cristiano de la fraternidad, el sentirse herman@, revitaliza incluso los lazos humanos de la carne y de la sangre, tan vivos en sí mismos. Descubrimos que la fraternidad es un don, un regalo del Padre, que necesita ser acogido. Requiere el aporte de nuestra colaboración para que pueda ejercer su eficacia pero, en definitiva, viene de fuera como regalo precioso. 

    El Venerable H. Gabriel supo expresar su vida en fraternidad, ser sencillamente Hermano, como fidelidad vocacional. Una vocación en y para la fraternidad, incluso en la incomprensión de sus contemporáneos más cualificados. Mantenía vivo el sentido de fidelidad, de respuesta vocacional a una llamada sentida y aceptada en el claro-oscuro, en el sueño, de la fe. “Si es obra de Dios, seguirá adelante. Si es obra mía, caerá en el olvido” se repetía para encontrar fuerza en el único Padre. 

    Entraba en Nazaret y cobraba fuerza en el “humilde techo” donde Jesús, María y José viven su vocación en familia, en la monotonía de la vida diaria, donde el gesto se hace palabra, la delicadeza resulta canción, la presencia se muestra  susurro de amor. Son treinta años de palabra silente, de gestos que gritan el amor compartido, del milagro escondido del Dios con nosotros. Ahí crece, aprende, acompaña, se hace nuestro, se nos entrega Dios. Aquí, en Nazaret, viven, responden a su vocación, siempre personal, en familia, inaugurando la fraternidad cristiana. Gabriel se encuentra en su casa. Es también nuestra casa. El lugar de encuentro. 

    Mateo y Lucas revelan a dúo en la genealogía de Jesucristo, Lucas en el texto de la anunciación y Mateo en el correspondiente del nacimiento de Jesucristo, que las vocaciones personales de José, María y Jesús son complementarias.  Es Jesús quien da sentido a toda vocación. La vocación de María, ser madre, y la de José, ser esposo, están en función de, para poder realizar la vocación de Jesús. Son vocaciones en familia, siempre complementarias, cada una en su lugar, todas importantes.  

    Vistas desde la Pascua adquieren un sentido fraterno. Aunque aparentemente se nos presentan como vocaciones individuales al servicio de la familia de Nazaret, brillan como vocaciones a la fraternidad, a la nueva familia que Cristo inaugura, que define como “aquellos que escuchan la Palabra de Dios y la guardan” En Nazaret es la Palabra quien convoca, quien une, quien resalta cumplida en la sencillez de la vida familiar. Es esta dimensión fraterna la que impacta al Venerable H. Gabriel, pero fijándose siempre en Nazaret como familia. El nos invita a mirar, a imitar a la Familia de Nazaret. 

    ¡Qué importante es ver la vocación de esposo/a, de madre, de padre, de hijo, de hermano…, como vocación cristiana! Y como tal, abocada a la fraternidad, vivida en el amor que se muestra natural en la familia, recibida como regalo a aceptar en el hermano, en la comunidad. ¡Cómo cambia la vida cuando se vive como respuesta vocacional! El compromiso se torna derecho, la obligación resulta ser necesidad, la atención al otro es simple exigencia de vida, el amor es empeño existencial de identidad. La alegría como plenitud, expresada en la serenidad y en la sonrisa, colorea y define la vida como característica de la personalidad. 

    Es Jesús quien da sentido a la vocación de María y de José, a la familia misma de Nazaret. El es siempre quien da sentido específico, en cristiano, a la familia humana, a la comunidad, a la fraternidad, a cada miembro. Es trabajo inútil construir una fraternidad si no está Jesús en el centro. Nunca se llega a formar una familia cristiana si falta Jesús. Tras treinta años de vida en Nazaret, haciendo familia, dirá después: “sin mí no podéis hacer nada” Y ciertamente, nada se puede hacer en cristiano si Cristo está marginado. 

    La Fraternidad Nazarena pretende ayudarnos a vivir estas dimensiones vocacionales cristianas en comunidad, mirando a Nazaret, en familia, en matrimonio como María y José. No siempre somos conscientes de la vivencia matrimonial de la vocación cristiana. Estamos más habituados a ver la vocación como respuesta puramente personal, un tanto influidos por el individualismo de nuestra sociedad. Puede que lleguemos a ver como la cosa más natural del mundo mi respuesta en solitario, a lo sumo contando con el asentimiento del cónyuge. Nazaret nos enseña a vivir la vocación en matrimonio.  

    José habla por sus obras: recibe a María, ya embarazada, en su casa, pone el nombre a Jesús, recibe a los pastores y los Reyes, cumple las órdenes de ir a Egipto, decide instalarse en Nazaret, busca a Jesús en Jerusalén, le enseña un oficio, comenta con María lo que ella rumia en su corazón, porque ninguno de los dos comprenden las situaciones que se presentan. Siempre en familia, en situaciones que afectan a la familia, buscando cuidar al Hijo. Van a Jerusalén por la pascua y a la sinagoga los sábados, “según su costumbre”, en familia. 

    Nazaret nos enseña a acoger a Jesús como cometido vocacional, a entregarle la vida día a día, a vivir pendiente de El, a meditar tantas sorpresas como nos presenta la vida, a aceptar los inconvenientes y las limitaciones de un lugar olvidado, sin futuro humano. Pablo nos recuerda que "entre vosotros no hay muchos sabios según la carne, ni muchos poderosos, ni muchos nobles. Lo plebeyo del mundo, el desecho, lo que no es nada, lo eligió Dios para anular a lo que es, para que nadie pueda gloriarse ante Dios" (1 Cor. 1, 26-31). Parece que está mirando a Nazaret cuando así se expresa. 

    El Venerable H. Gabriel también conoció este aspecto aparentemente sombrío de la vida. Nos dice: ANuestra profesión no tiene nada de atractivo según el mundo, ni desde el punto de vista del interés personal. Hacer el sacrificio de la libertad, de la juventud, de los talentos, de la salud, de la vida misma, para hacerse útil al prójimo@. Sin embargo nos invita a la perseverancia. AHe cumplido la misión que me ha asignado la Providencia. (Dichoso si lo he hecho de una manera digna de Dios, digna de la religión y digna de vosotros! Puedo, al menos, asegurar que ese ha sido mi deseo@

    Que la Sagrada Familia nos ayude a vivir con alegría y entrega nuestra vocación. Que sepamos responder con ellos, en su compañía. Que el Venerable Hermano Gabriel estimule nuestra fidelidad e inspire lo concreto de nuestra respuesta. 

    Un saludo fraternal para tod@s en Jesús, María y José y en la memoria del Venerable H. Gabriel.

 

Madrid, a 14 de Noviembre de 2006.

H. Francisco Cabrerizo

                                                                       

5